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Libros para disfrutar de la serie Templarios

AutorAlfredo Álamo el 20 de junio de 2014 en Divulgación

Caballeros Templarios

Los templarios han fascinado a cientos de escritores y millones de lectores a lo largo de los siglos. Esta orden militar, fundada en 1119 tras la Primera Cruzada, logró acumular un gran poder gracias no sólo a su poderío con las armas, sino por su inteligente manera de administrar sus finanzas. El resultado es conocido por todos: el Papa Clemente V cedió a las presiones de Felipe IV de Francia y la orden fue disuelta, no sin antes lanzar a la hoguera y torturar a muchos de sus miembros. El final de los templarios fue tan rápido como brutal, sin apenas tiempo para explicaciones políticas, así que lo que caló entre la cultura popular fueron las acusaciones de magia negra, misterios esotéricos y tesoros ocultos que todavía perduran hoy en día.

El Canal Historia, en su actual línea de ficción, acaba de estrenar una serie de televisión documental dedicada a los templarios, donde pretende aportar una línea fiel a la historia, aunque estoy seguro que será incapaz de abstraerse de alguna de las leyendas que rodean a la orden. En cualquier caso, os vamos a recomendar algunas lecturas para que podáis seguir la serie inmersos en su universo medieval en medio de las grandes Cruzadas.

La novela histórica.

La Trilogía Templaria, de Nicholas Wilcox. Aventuras y más aventuras que recorren varios siglos con los templarios como protagonistas o bien como excusa. Eslava Galán se vuelve anglosajón en esta serie de libros, de los que recomendaría especialmente el primero.

La venganza templaria, de Michael Jecks. Este autor inglés ha escrito numerosas novelas de misterio y asesinato sobre los templarios, de los que varios han sido traducidos al castellano. Sus protagonistas principales son Simon Puttock y Sir Baldwin, auténticos detectives medievales.

Otro de los grandes de la novela histórica, Paul Doherty, no podía dejar de lado este tema. De manera sorprendente, porque el tema le viene ni que pintado, su novela El templario se aleja de su habitual mezcla de misterio e historia para acercarse más a la novela histórica tradicional. También de Doherty, y más en su línea, podéis leer El brujo templario.

Bonus: El bestseller.

Iacobus, de Matilde Asensi, es el superventas en castellano más conocido sobre templarios. Misterios, conjuras y aventuras sobre el enfrentamiento entre la Orden de los Hospitalarios y la Orden del Temple a través del Camino de Santiago.

Los ensayos.

Los templarios en los reinos de España, de Gonzalo Martínez Diez se aleja de la parafernalia esotérica habitual en cualquier libro sobre templarios y nos ofrece un riguroso ensayo sobre la orden militar. Para aquellos que busquen una visión clásica.

Juan Eslava Galán, además de sus novelas, también tiene unos ensayos interesantes sobre el tema, como Los templarios y otros enigmas medievales, donde sí que encontraremos referencias a sus supuestos secretos, como la Mesa de Salomón.

Un viaje por la historia de los templarios en España, de Xavier Musquera, une los dos anteriores: lugares de España con influencia de la orden y misterios sin resolver. Es especialmente interesante como guía de viaje a través de parajes muy, pero que muy curiosos.

Por último, recomendar Jacques de Molay. El último gran maestre templario, de Marcelo Dos Santos, ensayo biográfico sobre la figura más controvertida de la Orden del Temple y sobre el que recayó toda la leyenda negra impuesta por Felipe IV.

¿Y vosotros? ¿Os interesan los caballeros templarios? ¿Su leyenda o su historia? Os esperamos, como siempre, en los comentarios.

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Consejos para escribir de grandes autores

AutorAlfredo Álamo el 19 de junio de 2014 en Divulgación

Consejos escribir

Como dice el dicho popular, cada maestrillo tiene su librillo, y en el caso de los escritores parece ser que casi todos tienen sus métodos y consejos a la hora de ponerse a escribir. Desde Lecturalia vamos a analizar muchos de estos consejos de autores reconocidos y vamos a ofreceros una selección de aquellos que consideramos más interesantes.

Neil Gaiman es un autor de literatura fantástica reconocido a nivel internacional, varias de sus obras han sido llevadas al cine y es un reconocido conferenciante. ¿Qué nos puede decir?

Recuerda: cuando la gente te dice que algo está mal o que no funciona para ellos, casi siempre tienen razón. Cuando te dicen exactamente qué piensan que está mal y cómo arreglarlo, casi siempre están equivocados.

P.D. James es una de las autoras más veteranas de la novela criminal. Creadora de personajes tan famosos como el policía y poeta Adam Dalgliesh, también tiene algún consejo para futuros escritores:

Abre tu mente a nuevas experiencias, en particular sobre el estudio de otras personas. Nada que le ocurre a un escritor -bien sea feliz o trágico- se desperdicia por completo.

Grande entre los grandes del género de acción y maestro de toda una hornada de autores americanos, Elmore Leonard tiene las cosas claras:

No entres en grandes detalles al escribir lugares y cosas.

George Orwell, autor de clásicos como 1984 o Rebelión en la granja, era otro de los autores alérgicos al relleno:

Nunca uses una palabra más larga donde otra más corta funcione.

Kurt Vonnegut poseía uno de los sentidos del humor más sarcásticos de la literatura americana y era conocido por no cortarse en sus opiniones:

Dale a tus lectores toda la información que puedas lo antes posible. A la mierda con el suspense. Los lectores deberían tener tal comprensión de lo que está sucediendo, dónde y por qué, que pudieran terminar la historia ellos mismos, y las cucarachas comerse las últimas páginas.

El autor de Trópico de Cáncer, uno de los renovadores de la literatura americana del siglo XX, Henry Miller nos aporta un punto muy valioso:

Olvida los libros que quieres escribir. Piensa sólo en el libro que estás escribiendo.

Y por último, por ahora, el consejo de Margaret Atwood para todos aquellos que se enfrentan a una situación sin salida en mitad de una novela:

No te sientes en mitad del bosque. Si estás perdido en la historia o bloqueado, vuelve sobre tus pasos hasta donde te equivocaste. Entonces toma el otro camino. Y/o cambia la persona. Cambia la forma. Cambia la primera página.

¿Qué os parecen estos consejos? Hay muchos más, desde luego, y apropiados para las más variadas situaciones. ¿Conocéis alguno más que os haya servido de inspiración? Os esperamos, como siempre, en los comentarios.

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Buenos escritores, malas personas

AutorAlfredo Álamo el 18 de junio de 2014 en Divulgación

Bueno y malo

¿Debería la obra de un escritor estar desligada de su vida personal? ¿Acaso nos debería importar que un autor fuera un encanto de persona o, por el contrario, un racista o un machista declarado?

Convivir con un escritor no parece ser tarea fácil. Si se obsesionan con su trabajo puede que pasen días ensimismados, tomando notas sin hablar con nadie, escribiendo hasta altas horas de la madrugada… y no sólo eso. Faulkner decía que:

El novelista ha de estar dispuesto a mentir, robar, falsear e incluso a vender a su madre con tal de conseguir crear la Obra.

Ahí es nada. Pero, a fin de cuentas, esa actitud de compromiso con la propia obra es comprensible. Ser huraño o un poco egocéntrico son actitudes dentro de lo razonable, sobre todo si se vive la escritura de manera pasional.

Sin embargo, hay escritores cuya obra artística, de primer orden, se puede ver manchada por sus opiniones racistas o machistas, o incluso por sus propias acciones criminales, por no hablar de aquellos autores que han apoyado regímenes dictatoriales.

Hablar de estos autores es hablar de Celine, claro. La polémica alrededor de este autor francés saltó hace unos años cuando se le intentó hacer un homenaje: su pasado como colaboracionista nazi le ha perseguido más allá de la tumba y todavía hoy está marcado como un apestado, pese a haber escrito algunas de las mejores páginas de la literatura francesa contemporánea.

Pero hay más ejemplos. V. S. Naipaul se ganó una buena bronca cuando afirmó que las mujeres eran incapaces de crear una gran obra literaria, ya que eran «sentimentales y con una limitada visión del mundo». Estas declaraciones provocaron que muchas mujeres apartaran su obra de sus lecturas pendientes, pese a la más que evidente calidad del autor.

El antisemitismo ha sido quizá el elemento más constante en la lista de defectos de muchos autores, aunque en este caso me atrevería a decir que viene más de la propia sociedad en la que muchos han crecido. T. S. Eliot fue acusado de antisemitismo en numerosas ocasiones y, para ser exactos, en su obra sí que se aprecia este racismo.

Pero hay más ejemplos: Aguantar a Dickens era un verdadero tormento, Flaubert pagaba por tener sexo con adolescentes y Norman Mailer tenía ataques de ira tan intensos que trató de matar a su mujer. En España también se han dado casos en los que un pasado político ha manchado la obra de un autor. A Agustín de Foxá, falangista y franquista, al que se le iba a hacer un homenaje a su obra literaria (que, por otro lado, es bastante política), le ocurrió lo mismo que a Celine.

¿Qué opináis? ¿Se puede ser aséptico y disfrutar una obra sin que influya saber quién es el autor? ¿Arte y vida son indisolubles? ¿Cuánto tiempo debe pasar para que el pasado social o político de un escritor desaparezca?

Os esperamos, como siempre, en los comentarios.

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Los libros más vendidos de la Feria del Libro

AutorAlfredo Álamo el 17 de junio de 2014 en Noticias
Las tres bodas de ManolitaTusquets

Termina la Feria del Libro de Madrid, la más importante de España, y ya comienzan a sonar los nombres de los autores que más han vendido estos días. En general, la feria ha ido bastante bien, mejor, incluso, que la del año pasado, con un cinco por ciento más de ventas: unos siete millones y medio de euros. Esto no corrige la tendencia a la baja del siete por ciento que los libreros están anunciando, pero no son malas noticias. Ahora habrá que ver si el efecto se prolonga o las librerías siguen tan vacías como últimamente.

Esta feria ha sido la de Gabriel García Márquez, claro, la reedición de sus obras por parte de Penguin Random House era una de las citas más esperadas. También se ha vendido bastante bien Nos vemos allá arriba, de Pierre Lemaître ganador del Premio Goncourt y que publica Salamandra. Almudena Grandes también ha estado en lo más alto con Las tres bodas de Manolita (Tusquets), junto con un libro generacional: Yo fui a EGB (Plaza y Janés), de Ikaz y Díaz.

En el apartado juvenil tenemos a Bajo la misma estrella, de John Green, un libro que ha funcionado muy bien con el boca-oreja, pero hay que destacar el éxito imparable de El libro troll, de El Rubius. Para los que no conozcan a elrubius en YouTube, decir que es uno de los videobloggers más conocidos entre los más jóvenes y su libro -que es una especie de libro y desafío- ha sido la sorpresa de la feria.

Quino ha sido otro de los autores más vendidos en la feria gracias al empujón mediático del Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades. Sin embargo, no se ha hablado mucho de Benjamin Black y La rubia de ojos negros (Príncipe de Asturias de las Letras), aunque se comenta que han logrado un buen último fin de semana.

¿Y vosotros? ¿Habéis aprovechado la feria del libro para comprar algo? ¿Cuáles son vuestras capturas más preciadas? Os esperamos, como siempre, en los comentarios.

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Cuando el seudónimo es público y notorio

AutorAlfredo Álamo el 16 de junio de 2014 en Divulgación

Seudónimo

A lo largo de la historia de la literatura han sido cientos los autores que, en un momento u otro de sus vidas, han sentido la necesidad de usar otro nombre para firmar sus obras. Los motivos eran, y siguen siendo, de lo más variados: persecución política, marketing, no querer confundir al lector con diferentes géneros o incluso, como Orwell, no incomodar a sus padres con sus escritos.

Lo cierto es que hay autores que coleccionan seudónimos como si fueran caramelos, como Eleanor Alice Burford Hibbert, más conocida como Jean Plaidy, Philippa Carr, Victoria Elbur Ford, Kathleen Kellow o Ellalice Tate, pero hoy me gustaría hablar de qué sucede cuando esa doble identidad creada se hace pública y todo el mundo (bueno, o casi todo el mundo) sabe quién se esconde bajo ese nombre ficticio.

Los hay que nunca se han escondido, claro. El ejemplo claro de esta posición sería el reciente ganador del Príncipe de Asturias de las Letras, John Banville, que marca una clara barrera entre su obra más personal y sus novelas de género negro, que firma como Benjamin Black. Para Banville, las novelas que firma con su nombre son arte y las que publica bajo el paraguas de Black son artesanía. Interesante diferenciación. La verdad es que con el tiempo las novelas de Black han alcanzado más popularidad a nivel internacional que las de Banville y hoy en día ambos nombres son casi igual de conocidos.

Stephen King trató de probar suerte con el seudónimo de Richard Bachman, bajo el que publicó títulos como La larga marcha, Rabia o Maleficio. Un librero de Washington descubrió similitudes entre el estilo de Bachman y King y logró hacerse con un documento de la Biblioteca del Congreso donde se relacionaba a ambos autores. King decidió matar a Bachman de «cáncer de seudónimo» aunque luego hablaría de su relación con este alter ego en su novela La mitad oscura.

Un caso parecido ha sido el de J. K. Rowling. Decidida a cambiar de registro por completo, Rowling se inventó a Robert Galbraith, autor de género policiaco. Pese a ser descubierta apenas unos meses después del lanzamiento de su primera novela, Rowling ha decidido seguir usando este nombre para sus novelas de intriga policial y ya se está anunciando su segundo libro, El gusano de seda. Al parecer, ha superado que todo el mundo sepa que ella es la autora y el empujón de ventas no le ha desagradado demasiado.

Tres ejemplos claros: el autor que quiere diferenciar su obra y al que le da igual ser reconocido, el que una vez descubierto el pastel, desiste de usar su seudónimo y la que, al salir a la luz, decide seguir adelante.

¿Qué opináis? ¿Es el uso de los seudónimos necesario si no hay motivos graves de por medio, como persecución política o religiosa? ¿Qué me decís de los autores que usan nombres anglosajones escribiendo en castellano?

Os esperamos, como siempre, en los comentarios.

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La ira de los ángeles, de John Connolly

AutorAlfredo Álamo el 13 de junio de 2014 en Reseñas
La ira de los ángelesTusquets

Tras la aparición de la antología Nocturnos, la novela corta de Más allá del espejo y Malvados -una de sus primeras obras- John Connolly (o más bien Tusquets) vuelve a retomar el pulso de su personaje fetiche, el detective Charlie Parker, en una historia que muchos esperábamos desde hacía tiempo.

Para aquellos que no conozcan la trayectoria de John Connolly, decirles que ya son once los libros de la serie de Charlie Parker y que, si bien son, en su mayoría, disfrutables de manera individual, hemos llegado a un punto en la historia en el que recomiendo la lectura por orden, empezando por Todo lo que muere.

Connolly mezcla desde el primer momento de su serie el terror con la novela negra, con un estilo que varía desde libros más centrados en lo paranormal e inexplicable con otros más terrenales. En cualquier caso, la mezcla está asegurada cuando Charlie Parker tiene que enfrentarse a los demonios que viven tanto dentro de él como en los profundos bosques de Nueva Inglaterra.

Tras unas cuantas entregas algo contemporizadoras, Connolly decide por fin continuar las tramas abiertas en El ángel negro -para mí uno de sus mejores libros- comenzando a plantar lo que a mi juicio parece el principio del fin de Charlie Parker. En La ira de los ángeles nos encontramos de nuevo al Coleccionista y también a las entidades de El ángel negro -no diré más por no avanzar demasiado la trama-, en un conflicto a más de tres bandas que mantiene la tensión durante todo el libro.

Según su sinopsis:

En las profundidades de los bosques de Maine se descubren los restos de un avión siniestrado. No hay cadáveres. Nunca se informó de la desaparición de dicho avión. Pero hombres de toda laya lo buscan desde hace mucho, mucho tiempo, pues, al parecer, los restos del aparato esconden algo crucial. Eso atrae al detective privado Charlie Parker, un hombre que conoce bien la naturaleza del Mal que intenta imponerse en el mundo. También capta la atención de otros: una mujer hermosa, de cara marcada, con afición a matar; un niño taciturno que recuerda su propia muerte; y el asesino en serie conocido como el Coleccionista, que busca nuevas víctimas para sus sacrificios. Pero a medida que las fuerzas rivales se abaten sobre el lugar, el bosque se prepara para recibirlos, ya que en su espesura oculta un secreto: algo sobrevivió al accidente. Y está esperando.

La ira de los ángeles me ha gustado mucho más que Cuervos o Voces que susurran. Connolly se pega más al thriller y el regusto a novela negra es más intenso, al igual que el terror sobrenatural, donde mezcla sus ideas sobre los ángeles caídos junto a esas entidades fantasmales que tan bien describe. Los secundarios habituales, como Ángel y Louis, están mucho más comedidos que en otras ocasiones y la novela deja con ganas de seguir leyendo. Ahora a esperar a The Wolf in Winter.

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El futuro de la prescripción literaria

AutorAlfredo Álamo el 12 de junio de 2014 en Opinión

Futuro libro

Lee este libro, que te va a gustar. Esa es la frase que todos, como lectores, buscamos alguna vez. A veces tenemos que entresacar esta información de críticas y reseñas escritas a mayor gloria del reseñador, sea este de un medio tradicional o haya publicado sus impresiones en un blog literario.

Se discute estos días el futuro de la prescripción literaria, es decir, de dónde se va a sacar la información decisiva para adquirir una próxima lectura. Hasta hace poco, esto estaba en manos de libreros y críticos literarios, pero en los últimos años, con la aparición de las nuevas tecnologías de la comunicación, han surgido nuevas voces que han alejado de los medios tradicionales gran parte de estas recomendaciones. En cuanto a los libreros, pasa como con muchos establecimientos pequeños, ya casi nadie se pasa por allí para preguntar, con lo que si el librero no se reconvierte en prescriptor digital, el trabajo se le complica bastante.

La mayoría de las opiniones que he leído, a favor o en contra de estos nuevos «reseñadores», que están en Facebook, Twitter o en su propio blog, coinciden en que el uso de las redes sociales hoy en día es fundamental. Sin embargo, y ahí es donde me asombra, siguen manteniendo la idea del prescriptor individual, la de la persona de confianza, que te recomienda, según su criterio, una lectura. Algo que no está mal, pero no deja de ser el mismo modelo que teníamos antes, ahora con un acceso un poco más horizontal.

Para mí, y lo veo cada día en primera fila, el futuro de la prescripción literaria pasa tanto por estas figuras, llamémoslas «de autoridad» o «de referencia», junto con las redes sociales literarias. Ahí estamos nosotros, Lecturalia, al igual que otras como Goodreads. La opinión combinada de decenas de personas nos permite, de un vistazo, recibir muchísima información sobre una novela. El barajar diferentes puntos de vista nos proporciona una mayor riqueza a la hora de valorar, y, desde luego, conocer a aquellos que comentan y comparar sus gustos con los nuestros, nos puede dar el empujón definitivo.

Por eso creo que dejar fuera de la ecuación la prescripción colectiva -no nos engañemos: el boca-oreja de toda la vida- responde a no saber ver más allá de los modelos clásicos, útiles, sí, pero que frente a la potencia del conocimiento colectivo se convertirán, en un futuro no muy lejano, en complementarios.

¿Y vosotros? ¿Qué opináis? ¿Cómo decidís vuestras próximas lecturas? Os esperamos, como siempre, en los comentarios.

El incidente Moberly-Jourdain: una aventura en el tiempo

AutorAlfredo Álamo el 11 de junio de 2014 en Reseñas

Moberly-Jourdain Versalles

El 10 de agosto de 1901, Charlotte Anne Moberly y su amiga Eleanor Jourdain disfrutaban de un largo paseo por los jardines de Versalles. Tras recorrer con tranquilidad la parte conocida como Petit Trianon, se encontraron que el Grand Trianon estaba cerrado al público. Llevaban una buena guía, pero se perdieron tratando de encontrar el camino principal que lleva a la salida. Caminando por un camino desconocido se encontraron una pequeña casa donde una mujer les hacía señales, así como con un grupo de jardineros, oficiales vestidos con extraños uniformes… a las dos les afectó una extraña sensación, como de opresión e irrealidad.

Siguieron avanzando y tuvieron otro encuentro, esta vez con un hombre con el rostro afectado por la viruela y una mirada cargada de furia. Las dos mujeres se alejaron a toda prisa hasta cruzar un puente y alejarse de los jardines, donde una joven dibujaba sobre la hierba, vestida con un traje muy antiguo. Al poco de seguir andando, llegaron a palacio, donde se unieron a otros visitantes y tomaron té.

Para Charlotte Anne Moberly y Eleanor Jourdain, aquella visita se convirtió en algo sumamente especial. Comparando datos y fechas, descubrieron que en las mismas fechas que ellas estuvieron en Versalles se había dado el levantamiento de 1792 y muchas de las cosas que habían visto se correspondían con la época: los trajes, los uniformes, la disposición de los jardines… ¿se habían encontrado con fantasmas? ¿habían viajado en el tiempo?

Moberly y Jourdain eran dos mujeres muy preparadas para la época. Moberly era responsable de College de Oxford, St Hugh’s y Jourdain su ayudante. Obsesionadas con este hecho, las dos mujeres publicaron sus experiencias bajo seudónimo en 1911. Que Meberly afirmara que la joven que se había encontrado era María Antonieta hizo el libro muy popular. Hasta 1931 no se reveló la identidad de las autoras del libro.

Ahora, la gente de Ediciones Nevsky nos trae Una aventura en el tiempo, la historia de estas dos mujeres que jamás volvieron a encontrar ese extraño sendero en los jardines de Versalles que les llevó a experimentar la aventura más increíble de su vida, pese a que volvieron allí en numerosas ocasiones.

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Libros para disfrutar de la serie Penny Dreadful

AutorAlfredo Álamo el 10 de junio de 2014 en Divulgación

Fin del mundo

Penny Dreadful -traducible como Horrores de a penique o (como yo lo haría) Truculencias de a duro– era un tipo de revista que se hizo muy popular en la Inglaterra del siglo XIX. En sus páginas se podían encontrar historias tremebundas, horrorosas y, casi siempre, sangrientas. Relatos clásicos de los penny dreadfuls de la época eran, por ejemplo, los crímenes de Sweeney Todd, el barbero, o las aventuras ficticias de Dick Turpin, el mítico bandolero inglés.

Partiendo de esta base, John Logan y Sam Mendes decidieron crear una serie de televisión ambientada en el Londres de la época victoriana. La idea era transmitir esa sensación de truculencia, pasión por el morbo y reutilización de personajes e historias populares. El resultado recuerda a una versión de La liga de los hombres extraordinarios pero con el triple de sangre y bastante más inquina.

En Penny Dreadful no hacen más que aparecer referencias y es difícil cazarlas todas al vuelo. Lo mejor es revisar los libros de los que provienen la mayoría de personajes. A saber.

Drácula, de Bram Stoker. Aunque los vampiros de Penny Dreadful no se parecen demasiado en ocasiones a los del autor irlandés, poco a poco vamos encontrando las pistas que nos llevarán al mismísimo Vlad y hasta a Van Helsing.

Frankenstein, de Mary Shelley. Aunque aquí los motivos y secretos de Víctor Von Frankenstein son diferentes del original, su criatura sigue buscando lo mismo que el libro: una compañera que le acompañe en su maldición inmortal.

El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde. Un Dorian Gray sacado de la obra de Wilde pero con muchas sombras -perdón por el juego de palabras, no lo he podido evitar-, que muestra el lado más oscuro del ser humano.

Las minas del Rey Salomón, de Henry Rider Haggard. Allan Quatermain es la base para el personaje del mítico explorador inglés, que se ve transformado en esta serie en un hombre atormentado en busca de su hija.

La liga de los caballeros extraordinarios, de Alan Moore. Necesario para ver de dónde sale esa fantástica idea de juntar mitos de la literatura y darles una nueva imagen, poniéndolos a todos juntos sin perder el espíritu pulp.

Estos son unos cuantos, pero hay más. Faltaría la lectura obligatoria de Los crímenes de la calle Morgue, de Edgar Allan Poe, Moby Dick, de Melville, o El fantasma de la ópera, de Gastón Leroux. Pero cualquier libro sobre monstruos clásicos, como la momia o el hombre lobo, serviría. Toda referencia es poca.

¿Y vosotros? ¿Os interesa Penny Dreadful y ese caleidoscopio de influencias victorianas? ¿Cuál es vuestro personaje favorito? Os esperamos, como siempre, en los comentarios.

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Los libros inacabados más famosos de la literatura

AutorAlfredo Álamo el 9 de junio de 2014 en Divulgación

Libros sin terminar

A veces, por un motivo o por otro, nos encontramos algunos manuscritos sin acabar, obra de algunos de los más importantes autores de la historia. A algunos les sobrevino la muerte antes de terminar su obra, otros, sencillamente, dejaron de lado la escritura sin mayor explicación. Algunos de esos libros han acabado siendo publicados -pese a no ser finalizados por sus autores- e incluso se han dado casos en que otros escritores han sido llamados a darles un final.

Hoy en Lecturalia os hablaremos de algunos de los libros sin terminar más conocidos y algunas de las circunstancias que rodearon su historia.

Los 120 días de Sodoma fue escrito por el Marqués de Sade durante su encierro en La Bastilla, apenas en unas páginas finísimas y con una letra diminuta, lo que viene a confirmar las dificultades del marqués al escribir la novela. No sabemos si Sade decidió continuar los capítulos apenas esbozados al final de la trama, ya que su hijo Claude-Armand quemó todos los manuscritos inéditos tras la muerte de su padre.

El misterio de Edwin Drood fue la última novela de Charles Dickens que se publicó, como era habitual, en forma de entregas mensuales. Sin embargo, la repentina muerte de Dickens llegó cuando sólo se habían publicado seis de las doce partes previstas. Las teorías sobre la resolución del misterio en cuestión se vienen discutiendo desde 1870.

La torre de marfil, de Henry James, quedó inacabada en 1917. James pretendía hablar de la codicia y rapacidad de la sociedad americana de la época, desde el privilegiado punto de vista que le permitía su exilio voluntario en Europa. La torre de marfil estuvo inédita en castellano hasta 2003.

El castillo, de Franz Kafka es una de las novelas más conocidas del autor checo y que no llegó a terminar, aunque no se sabe si debido a la tuberculosis que acabó con su vida o bien por no estar satisfecho con su obra. Esto era una constante para Kafka, que pidió a Max Brod que quemara sus textos tras su muerte, algo que, por suerte, no llegó a suceder. De hecho, El proceso, otra de sus grandes historias, tampoco está terminada.

Otra novela que debería haber sido destruida, pero que sobrevivió a los deseos de su autor, fue El original de Laura, de Vladimir Nabokov. Esta primera versión, el embrión de lo que Nabokov quería mostrar, tardó más de treinta años en ver la luz, tiempo en el que su esposa guardó el manuscrito sin saber bien qué hacer con él.

Los sinsabores del verdadero policía, de Roberto Bolaño, tampoco está terminada por completo. La temprana muerte del autor chileno le impidió dar el punto final a esta obra que se publicó de manera póstuma. De Bolaño se han llegado a publicar de esta manera hasta tres libros.

¿Qué os parece? ¿Son interesantes estos textos sin acabar o revisar? Desde luego, hay autores que jamás habrían permitido mostrar así sus obras, pero, como lectores, ¿podemos resistir la tentación de hacernos con ellos? Os esperamos, como siempre, en los comentarios.

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