Lecturalia Blog: reseñas, noticias literarias y libro electrónico

113.483 libros, 24.682 autores y 95.056 usuarios registrados

Mis (primeros) 400 libros, de Jordi Sierra i Fabra

AutorAlfredo Álamo el 17 de noviembre de 2012 en Reseñas

Mis (primeros) 400 libros, de Jordi Sierra i Fabra

Hay títulos que resultan todo un homenaje al autor, como estas memorias literarias que publica este mes SM, dedicadas a uno de los autores más prolíficos y premiados de las letras españolas: Jordi Sierra i Fabra.

En estas memorias, Sierra i Fabra habla uno por uno de todos sus libros publicados hasta el momento, tanto los ensayos dedicados a la música en el comienzo de su carrera como las novelas para adultos y los libros dedicados a la literatura infantil y juvenil. Es envidiable cómo este verdadero monstruo de las letras va enlazando libro tras libro a través también de su propia vida y de sus circunstancias. De este modo, Sierra i Fabra divide su carrera en varias etapas, los años rockeros, los años de la reflexión, los años del crecimiento, los años realistas y los años de la luz, desde 1971 hasta 2012.

Sierra i Fabra ha acumulado los premios por decenas, con varios Gran Angular, Barco de Vapor o Edebé en su haber, entre otros muchos, así como el reconocimiento que le llegó con el Nacional de Literatura Infantil y Juvenil por Kafka y la muñeca viajera y el Cervantes Chico de 2012 a toda su larga obra. Hay que decir que ya son varias las generaciones de niños que han crecido leyendo, en un momento u otro de sus vidas, las historias de este escritor incombustible.

El libro en cuestión es material de primera necesidad para todos los que en algún momento se les pase por la cabeza dedicarse al mundo de la literatura. La voz de la experiencia y del trabajo, que conoce tanto el fracaso como el éxito, aparece en las notas de estas memorias que celebran una carrera que merece, desde hace tiempo, el reconocimiento internacional del Premio Andersen, al que ya ha sido nominado en dos ocasiones.

Autores relacionados Autores relacionados:
Jordi Sierra i Fabra
Libros relacionados Libros relacionados:
Mis (primeros) 400 libros. Memorias literarias de Jordi Sierra i Fabra

Novelas post-mortem (I)

AutorGabriella Campbell el 16 de noviembre de 2012 en Divulgación

Verne - Agencia Thompson y Cia

Aunque es difícil separar al texto de su creador, sobre todo en una sociedad en la que la identidad del escritor va estrictamente asociada a lo que produce, y donde los derechos de autor son fuente de riqueza, prestigio o conflicto, es inevitable que en ocasiones las obras tomen una vida propia, más allá de los deseos de sus creadores, más allá, incluso, de la vida de estos. Y no hablamos solo de aquellos textos que sobreviven a los que escriben, textos que se convierten en testimonio y legado de un escritor de mayor éxito que sus colegas y coetáneos, sino de aquellos que van más allá de la propia voluntad de su demiurgo, aquellos que perduran en contra de su deseo o de manera diferente a como éste habría querido en vida.

Más allá de las obras publicadas de manera póstuma, podemos encontrar un buen número de libros y textos atribuidos a grandes nombres de la literatura pero que posiblemente fueran creados por otros autores, deseosos de aprovechar la fama y viabilidad comercial de sus predecesores. Esto es lo que se sospecha que ocurrió con gran parte de la producción publicada después de la muerte de Julio Verne. Basándose seguramente en manuscritos de su padre, se cree que Michel Verne escribió gran parte de estas novelas póstumas, de entre las cuales destacan títulos como La agencia Thompson y Cía o La asombrosa aventura de la misión Barsac. El investigador italiano Piero Gondolo della Riva ha ido aportado numerosos datos que hacen dudar de la autoría de algunas de estas novelas póstumas, basándose, entre otras muchas características, en una clara diferencia de estilo y en los manuscritos aportados al copista que se encargaba de transcribir los libros de Julio Verne.

Caso aparte es el de franquicias como Tarzán, el monarca de los monos creado por el estadounidense Edgar Rice Burroughs. Burroughs aprovechó de sobra el éxito de su personaje, y escribió más de veinte novelas de aventuras protagonizadas por el hombre criado en la selva. Pero parece ser que no eran suficientes, ya que tras su publicación comenzó a aparecer toda una serie de novelitas protagonizadas por Tarzán que procedían claramente de otras plumas. En Estados Unidos surgían bajo nombres ajenos y muchos fueron retirados de los comercios por los herederos de Burroughs, pero a nivel internacional les resultó mucho más difícil seguirles la pista. Los textos no iban firmados (los lectores asumían que habían sido creados por Burroughs) y gozaron de gran éxito en países como Argentina, Israel, o Siria (donde Tarzán era un héroe de la lucha árabe y ayudaba a sus amigos a frustrar los planes de sus enemigos israelíes).

Otra novela apócrifa que ha dado mucho de que hablar ha sido La novela de Violeta, una obra erótica que durante bastante tiempo se atribuyó a Alejandro Dumas. Se desconoce quién fue el verdadero autor, y algunos de los nombres que se han relacionado con ella han sido la marquesa Mannoury d’Ectot, Guy de Maupassant o Théophile Gautier. Se trata de otro texto cuyo verdadero origen se desconoce, por lo que cabe preguntarse cuántas otras obras se han publicado bajo nombres ajenos a lo largo de la historia, con la seguridad de que la muerte del supuesto autor ha cerrado su boca para siempre. En la segunda parte del artículo, sin embargo, nos centraremos no tanto en obras publicadas por herederos y escritores ajenos, sino en textos publicados bien contra la voluntad de su autor o bien de manera incompleta.

Autores relacionados Autores relacionados:
Alejandro Dumas
Edgar Rice Burroughs
Guy de Maupassant
Julio Verne
Théophile Gautier
Libros relacionados Libros relacionados:
Agencia Thompson y Cía
La Novela de Violeta

El sindicato de policía yiddish, de Michael Chabon

AutorAlfredo Álamo el 15 de noviembre de 2012 en Reseñas

El sindicato de policía yiddish - Michael Chabon

Michael Chabon es una de las mejores voces actuales de la literatura americana, encumbrado en 2001 al ganar el Premio Pulitzer por su novela Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay. Chabon, que también ha hecho sus pinitos en el mundo del cómic, ha desarrollado desde entonces una carrera dispar, con duras críticas y grandes halagos.

En 2007 publicó la que hasta ahora es su última novela, El sindicato de policía yiddish, obra que ha recibido premios como el Nebula, el Locus, el Hugo, el Sidewise, el Bafta y el Edgar. Sí, son todos premios otorgados desde el mundo de la literatura fantástica, y por una buena razón: pese a que el envoltorio de género de la novela es pura novela negra hard-boiled, Chabon crea una historia alternativa donde situar la acción.

Chabon inventa una línea temporal en la que tras la II Guerra Mundial se ceden una serie de terrenos en Alaska para que judíos de todo el mundo puedan refugiarse. La destrucción del incipiente estado de Israel convertirá este territorio en un centro neurálgico del pueblo judío. Setenta años después ese asentamiento, convertido en una gran metrópolis, Sitka, va a volver a manos americanas, dejando un futuro incierto a sus habitantes. En medio de todo esta situación, el detective Landsman -duro, alcohólico, con el corazón roto, pero buen tipo- tendrá que encargarse del asesinato de un yonki, de un don nadie que, al principio, sólo le importa a él.

Ni que decir tiene que como buena novela hard-boiled, El sindicato de policía yiddish se desarrolla a lo grande, partiendo de ese, en apariencia, poco importante asesinato hasta encontrar ramificaciones políticas y mafiosas que llegan a lo más alto de la sociedad de Sitka y hasta de los Estados Unidos. Chabon logra una recreación asombrosa de lo que podría ser esa ciudad imaginaria de judíos expatriados con una influencia americana y encerrados en un territorio a la vez tan salvaje y tan concentrado. Los detalles, el lenguaje, la idiosincrasia judía, de filtran en esa historia de novela negra creando una historia que merece la pena para cualquier tipo de lector, no ya sólo para los amantes de la historia alternativa o la novela de detectives.

La novela estuvo en manos de los hermanos Coen para realizar una adaptación cinematográfica, pero, por desgracia, parece que el proyecto no se llevó a buen término, lo que, en mi opinión, es una verdadera lástima ya que el estilo de El sindicato de policía yiddish se ajusta perfectamente al tipo de película que los Coen suelen ofrecernos.

Autores relacionados Autores relacionados:
Michael Chabon
Libros relacionados Libros relacionados:
El sindicato de policia Yiddish

Llega Liquidación final, de Petros Márkaris

AutorAlfredo Álamo el 14 de noviembre de 2012 en Noticias

Liquidación final - Petros Márkaris

Leo con satisfacción que este mes de noviembre llega a las librerías españolas el último caso del comisario Kostas Jaritos, uno de los detectives de ficción que más me gustan de la narrativa de novela negra actual. El caso es que Jaritos es creación del autor griego Petros Márkaris, un escritor que no se muerde la lengua a la hora de denunciar públicamente la situación política y social de su país, tanto en ensayos, no hay más que leer La espada de Damocles, como en sus novelas.

Ese punto es el que más me gusta de las novelas de Márkaris, ya que recoge ese aspecto de denuncia social que la buena novela negra siempre ha hecho gala y que últimamente estaba siendo desplazada en favor del «caso más increíble todavía» o del «menú gastronómico más suculento». No es que tenga nada en contra de estos estilos, de hecho, me gustan, pero se agradece ver que Márkaris vuelve más combativo que nunca.

De entrada, Jaritos es un personaje amable, pero con un pasado. El pasado de ser policía durante la dictadura de los coroneles, una época durante la que muchos hicieron cosas de las que hoy en día se arrepienten. Aquí me gustaría hacer un inciso para explicar algo que, para mi sorpresa, mucha gente ignora. De 1967 a 1974 Grecia estuvo bajo una dictadura militar para luego pasar a una especie de plutocracia familiar que todavía dura. A muchos les suena raro que hoy en día haya un partido neonazi en auge. Sumen dos y dos y empiecen a preocuparse como lo hace Márkaris.

Pero a lo que vamos. Al comisario Jaritos le cae un verdadero marrón encima en Liquidación final. Con una Grecia polarizada, con ricos evadiendo impuestos y pobres cada vez más pobres, aparece un justiciero social que se cobra su primera víctima. Jaritos, con el sueldo recortado y con su hija buscando salidas en el extranjero, se enfrenta a un asesino que, pese a todo, cuenta con cierto apoyo en la calle.

Así que ya lo ven, Márkaris coge el toro por los cuernos y se lanza a una novela negra en la que analiza bien la crisis económica y cómo se encuentra socialmente su país. El autor griego estudió Economía antes de dedicarse a las literatura, así que, en esta ocasión, no vamos a encontrar a alguien que habla de oídas.

Autores relacionados Autores relacionados:
Petros Márkaris
Libros relacionados Libros relacionados:
La espada de Damocles
Liquidación final

Malas críticas a buenos libros

AutorGabriella Campbell el 13 de noviembre de 2012 en Divulgación

Hojas de hierba - Walt Whitman

Hasta los mejores escritores han tenido que lidiar con esa gran pesadilla que es el crítico listillo (y hasta con el que no es listillo, sino serio y razonable y respetado en su campo). Ya fuera porque se adelantaran a su tiempo, porque fueran unos incomprendidos o simplemente porque cayeran mal, ha habido casos notorios de libros que hoy consideramos clásicos, que en su momento recibieron algún que otro varapalo de parte de los asesores del gusto público.

De Hojas de hierba, del afamado poeta estadounidense Walt Whitman, dijo en 1855 el London Critic, el desconocimiento de Whitman para con el arte es como el del cerdo para con las matemáticas. Un golpe bastante duro para uno de los poetas más revolucionarios y más influyentes de su tiempo. En cuanto a la conocidísima y celebrada Naranja mecánica de Burgess, de ella opinaron que era un tour de force interesante, aunque no a la altura de sus dos novelas anteriores.

En el New York Herald Tribune consideraron que lo que nunca ha estado vivo no puede seguir viviendo. Así que este es un libro solo de esta época (…) respecto al Gran Gatsby de F. Scott Fitzgerald, probablemente uno de los libros más leídos de la cultura anglosajona. Y no se queda atrás la favorita de tantos, Cumbres borrascosas, de quien opinaron en el North British Review que contenía todos los defectos de Jane Eyre (de Charlotte Brontë), multiplicados por mil, con el único consuelo de que no lo leerán muchos. También hay quien no se muerde la lengua con la archiconocida El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger, con un comentario de lo más despectivo: Este Salinger es un tipo de relato corto. Y sabe escribir sobre chavales. Pero este libro es demasiado largo. Se hace monótono. Y tendría que haber quitado todo eso de los idiotas y su colegio cutre. Me deprimen. La reseña es de James Stern para el New York Times, en 1951.

La lista sigue y sigue, y nos hace cuestionarnos, una vez más, qué es lo que define la calidad literaria (o tal vez qué es lo que define al crítico profesional). El Saturday Review dijo en 1858: No creemos que su reputación vaya a durar… nuestros hijos se preguntarán en qué pensaban sus ancestros al colocar a Dickens a la cabeza de los novelistas de nuestro tiempo. Queda claro que esa reseña no fue, ni mucho menos, premonitoria. Odessa Courier dijo de Anna Karenina en 1877: Basura sentimental. Muéstrame una sola página que contenga una idea, y Le Figaro dijo de Madame Bovary en 1857 que Flaubert no era escritor.

Todo esto no quita, desde luego, que haya libros que la historia haya sobrevalorado, que las modas hayan enaltecido, y cuyas reseñas negativas apuntaban hacia defectos que realmente estaban ahí. Del mismo modo, hay obras pobres que atraen, como es de esperar, críticas poco favorecedoras. Pero, como podéis ver, hasta las obras mejor valoradas se han llevado su correspondiente ronda de ataques, lo que nos recuerda que, para bien o para mal, gran parte del texto crítico puede ser subjetivo; y para gustos, colores.

Autores relacionados Autores relacionados:
Anthony Burgess
Charles Dickens
Francis Scott Fitzgerald
Gustave Flaubert
J. D. Salinger
Libros relacionados Libros relacionados:
Ana Karenina
Cumbres borrascosas
El gran Gatsby
El guardián entre el centeno
Hojas de hierba

La historia de tu vida, de Ted Chiang

AutorGabriella Campbell el 12 de noviembre de 2012 en Reseñas

La historia de tu vida - Ted Chiang

El género del relato no es, ni mucho menos, un género popular. Si bien en el mundo de la ciencia ficción siempre ha tenido un peso importante (sobre todo en el desarrollo de nuevas tendencias, gracias a la influencia de revistas y publicaciones especializadas), no llega a alcanzar las ventas de la novela, obras narrativas más largas y atractivas. Tal vez por esto llama tanto la atención el caso de Ted Chiang.

Chiang no es un escritor profesional, en el sentido de que se dedique de forma exclusiva a la escritura ni de que viva de ello. Es informático, y queda patente en sus textos que se trata de una persona con una gran inquietud intelectual y científica. Pero sus relatos han servido de referencia para muchos de los grandes escritores de ficción especulativa de hoy, y aficionados y críticos por igual no dejan de alabar la inmensa originalidad y trascendencia de sus escritos. Personalmente, nunca había oído hablar tanto de un escritor de relatos en el mundo de la ci-fi desde Philip K. Dick, por lo que La historia de tu vida se convirtió en una lectura obligatoria.

Chiang tiene una gran virtud y un gran defecto, por lo menos desde mi perspectiva de lectora no científica. La virtud es que consigue algo que está a la altura de muy pocos: hace que el lector se sienta inteligente. Sus cuentos pueden resultar densos y utiliza con frecuencia un léxico muy técnico, propio de diversas disciplinas o campos de conocimiento, pero ninguno de ellos está tan alejado, tan especializado, como para que el lector medio no pueda entenderlos aplicando un pequeño esfuerzo. Por desgracia esta virtud puede convertirse en su mayor defecto, ya que a veces su intención especulativa y su pasión por la ciencia lo llevan a olvidarse de la propia estructura narrativa, y sacrifica el ritmo, o incluso el final, por una resolución más interesante desde el punto de vista de la conjetura que de la trama. Por supuesto, hay excepciones, y algunas de sus historias poseen una estructura impecable, con terminaciones sutiles que se enquistan en el cerebro y viven allí durante horas, como ocurre también con los cuentos de Kazuo Ishiguro, que de primeras parecen inocentes, inocuos, pero que rondan en la mente del lector hasta que de repente explotan, tal vez un par de días después de haber terminado el lector con el relato. Apuntaría en concreto el cuento que da nombre a la recopilación, La historia de tu vida, con una clara y maravillosa influencia de Vonnegut, y El infierno es la ausencia de Dios como las narraciones más conseguidas e intensas.

Es posible que Chiang no sea un autor para todos los públicos. No es lectura fácil, ni en un sentido intelectual ni moral. Pero sí que es cierto que sus relatos tienen un extraordinario poder de succión: una vez dentro, es complicado salir. La torre de Babilonia, por ejemplo, que abre la antología, es una de las narraciones más hermosas que ha caído en mis manos en mucho tiempo, con la detallada y fascinante descripción de una sociedad formada alrededor de una torre casi infinita. Comprender ofrece una visión única de lo que podría ser gozar de superinteligencia y conocer la propia mente. Dividido entre cero revalúa lo que significan las matemáticas, no solo como ciencia sino también de manera personal, como garante de la armonía y del orden. Lo bueno de un libro de relatos es que puedes quedarte solo con los que te apasionen. Dadle a Chiang una oportunidad, os aseguro que se la merece.

Autores relacionados Autores relacionados:
Kazuo Ishiguro
Kurt Vonnegut
Philip K. Dick
Ted Chiang
Libros relacionados Libros relacionados:
La historia de tu vida

Grandes autores que se quitaron la vida

AutorAlfredo Álamo el 10 de noviembre de 2012 en Divulgación

Escritores y suicidio

El suicidio es un tema considerado tabú, tanto por sus implicaciones emocionales, normalmente muy negativas, como por un cierto temor a un supuesto «efecto llamada» en el caso de que el hecho de quitarse la vida llegara a percibirse como algo más habitual de lo que a primera vista parece. Sin embargo, cuando el suicidio afecta a figuras públicas, como músicos o escritores, es mucho más difícil que pase desapercibido y trasciende hasta el gran público… o no. Hoy en Lecturalia os vamos a hablar de varios escritores que decidieron poner punto y final a sus vidas en un momento determinado.

Jack London fue un viajero incansable y un hombre comprometido políticamente durante toda su vida. Sus aventuras reales son casi superiores a las que describió en muchos de sus libros y recomiendo encarecidamente sus textos sobre viajes. Pese a todo, London siempre fue una persona atormentada y con numerosos problemas de alcoholismo. Muchos piensan que el 22 de noviembre de 1916, London acabó con su vida con una sobredosis de morfina.

Hunter S. Thompson, cuya figura está ahora recibiendo nuevos homenajes, fue el creador del periodismo Gonzo, no sé si más por necesidad que por buscar caminos nuevos. Thompson vivió sus últimos años entre el alcohol y las drogas, arriesgándose incluso a infiltrarse en la banda de motoristas de Los ángeles del inferno. Se suicidó a los 67 años, 17 más de los que, según él, necesitaba o quería. Se disparó con su propia arma.

Sylvia Plath fue una poeta de gran intensidad pero que jamás fue feliz en este mundo. Después de varios intentos de suicidio a lo largo de los años, Plath murió por una intoxicación de dióxido de carbono. Para saber más de esta autora americana, imprescindible su libro La campana de cristal. En 2001, el psicólogo James C. Kaufman presentó una investigación en la que hablaba del Efecto Sylvia Plath. Según su trabajo, los poetas son más dados a sufrir de enfermedades mentales que el resto de escritores, agravándose esta situación en el caso de que el poeta en cuestión sea mujer.

Otra poeta cuya vida se detuvo por su propia mano fue la argentina Alejandra Pizarnik, autora de poemarios como Los trabajos y las noches o El infierno musical, y muy conocida por La condesa sangrienta. Con 36 años, y tras varios intentos anteriores, Pizarnik se suicidó con una sobredosis de pastillas. A lo largo de su trayectoria había recibido una beca Guggenheim y una Fullbright.

Vsévolod Garshin no es uno de los autores rusos más conocidos. Hace poco reseñamos su obra La flor roja, un claro ejemplo de su desgraciado conocimiento de las instituciones mentales de su época. Garshin apuntaba a convertirse en uno de los grandes escritores de su generación. En 1882 se lanzó por el hueco de una escalera. Tenía sólo 33 años.

Escritor romántico por excelencia, Mariano José de Larra se suicidó con 27 años, siguiendo de fiel manera el trágico sentimiento de la vida en el que se vio envuelto. ¿La causa? Siendo un romántico del siglo XIX no podía ser otra que la del amor. Su separación de Dolores Armijo lo hundió en una severa depresión de la que sólo pudo escapar de un tiro en la sien.

Más reciente tenemos el caso de David Foster Wallace, novelista americano que parecía destinado a revolucionar por completo el panorama literario anglosajón gracias a obras como La broma infinita. Wallace se ahorcó en 2008, tras ser incapaz de superar una depresión que le había acompañado los últimos veinte años de su vida.

Un autor cuyo suicidio marcó su obra de una manera diferente a la de los demás fue John Kennedy Toole. Ninguna editorial quiso publicar la genial La conjura de los necios, algo que afectó al joven escritor de tal manera que acabó quitándose la vida al inundar su coche con el humo del tubo de escape de su coche. Años más tarde ganaría el Pulitzer de manera póstuma.

Sin duda, la muerte de Ernest Hemingway es uno de los suicidios más conocidos de la historia. Autor venerado en su país y de una influencia enorme en todo el mundo, Hemingway acabó sus días con un disparo de escopeta en 1961, harto de sufrir una enfermedad que en los últimos años había minado su salud y de la que no encontraba salida.

Emilio Salgari se quitó la vida al estilo del suicidio ritual japonés tras varios años de frustración completa al ver cómo sus obras se vendían por todo el mundo mientras que él, como autor, apenas recibía dinero de sus editores. Su carta de despedida fue una acusación muy dura y se levantó una fuerte polémica a su alrededor.

Ryunosuke Akutagawa fue uno de los principales escritores de Japón; en su homenaje se entrega actualmente el más importante de los premios literarios de su país. Akutagawa fue otro de los que murieron demasiado pronto, con apenas 35 años decidió tomar una sobredosis de barbital al no poder sobrellevar los síntomas de una incipiente esquizofrenia.

Uno de los autores que gozaron de una gran popularidad y que luego fueron olvidados fue Sándor Márai, escritor húngaro cuyo estilo realista y su activismo político contra los nazis le llevaron al exilio en Estados Unidos. En 1989 acabó con su vida de un disparo, cansado de luchar contra un duro cáncer. Hoy en día su obra se está recuperando y se le sitúa al mismo nivel que otros autores como Joseph Roth.

Cesare Pavese destacó tanto por su obra literaria, de las más importantes del siglo XX italiano, como por su compromiso social y político. Precisamente, su desengaño sobre la política y problemas personales desembocaron en una depresión de la que sólo escapó con una sobredosis de barbitúricos en 1950. Ese año ganó el Premio Strega, el más prestigioso de su país.

La lista no acaba ahí, claro. Es mucho más larga. Estremecedoramente larga, diría. Me hace pensar si es por el hecho, como ya he comentado, de ser figuras públicas o si la vida al filo del escritor influye en buscar este tipo de salida. Resulta entristecedor leer sobre todos esos jóvenes autores, con apenas 30 años, que no encontraron su lugar en este mundo cuando tenían tanto que ofrecer. Una verdadera lástima.

Autores relacionados Autores relacionados:
Alejandra Pizarnik
Cesare Pavese
David Foster Wallace
Emilio Salgari
Ernest Hemingway
Libros relacionados Libros relacionados:
La campana de cristal
La condesa sangrienta
La conjura de los necios
La flor roja

La subasta del lote 49, de Thomas Pynchon

AutorAlfredo Álamo el 9 de noviembre de 2012 en Reseñas

La subasta del lote 49 - Thomas Pynchon

Es difícil entrar a hacer una reseña de La subasta del lote 49. No quiero decir que el resto de la obra de Pynchon sea fácil de analizar, pero lo cierto es que esta novela corta, que podría ser leída incluso como una novela dentro de otra novela, o algo así, no me hagan mucho caso, se disfruta mucho más si uno, como lector, no trata de buscarle un sentido más allá del sentirse espectador de un espectáculo terrible.

Digo terrible, claro, en el mejor -o peor- de sus sentidos, el de encontrarnos ante algo de gran poder y que nos resulta ajeno, diferente, extraño y fascinante. Así es La subasta del lote 49, con su mundo y su submundo, con la extraña historia de Edipa Mass en su alienante búsqueda de la verdad y de sí misma a través del entramado creado -o no- por Pierce Inverarity y que nos lleva desde el teatro al demonio de Maxwell pasando por la apasionante historia del correo.

Sí, he dicho correo. Me resisto a explicar mucho más del asunto ya que forma parte del disfrute de este libro. Pynchon crea una de las historias secretas del mundo con tanta facilidad que acaba por convencerte de que podría ser cierta, y a mí no me gustaría enfrentarme a la gente del Tristero. Dejo caer, eso sí, que si ven dibujado en algún sitio una trompeta con sordina, lo mejor que pueden hacer es disimular y hacer como si no la hubieran visto. Es un consejo por si quieren mantener su cordura a salvo.

La subasta del lote 49 se enmarca perfectamente como muestra corta del estilo pynchonanio que junta erudición y fantasía, juego literario y dominio del lenguaje. Eso sí, es posible que el final no resuelva las dudas que han sido generadas durante la narración, pero, después de todo, confirma la sensación de que sólo hemos sido unos neros invitados a la escena que el autor ha creado en su imaginación.

Autores relacionados Autores relacionados:
Thomas Pynchon
Libros relacionados Libros relacionados:
La subasta del lote 49

Personajes que leen

AutorGabriella Campbell el 8 de noviembre de 2012 en Divulgación

Tess

Existe un recurso en el mundo de la escritura que se ha convertido en todo un tópico facilón: el intentar definir a un personaje a través de los libros que él o ella está leyendo. Esto explica la sensación de contradicción que nos invade cuando un personaje que en el resto de la obra se nos muestra vacío, inculto o frívolo tiene encima de la mesilla de noche a Umberto Eco o, peor, cita, sin venir a cuento, a Emily Dickinson en una conversación mundana. Menos habitual es dar con un protagonista inteligente y cultivado que se deleita con revistas anodinas o libros de escasa calidad, a no ser que se trate de un recurso efectista del autor, un juego de contrastes a propósito que busca expresar cómo funciona la personalidad compleja de su títere.

Por esto mismo se ha criticado a personajes poco redondeados que han intentado definirse a través de su lectura. Las ventas de Cumbres borrascosas subieron de manera notable por su aparición estelar de la mano de Bella Swan, protagonista de Crepúsculo. Asumimos que la intención de la autora era realizar una contraposición entre la atormentada relación de Catherine y Heathcliff y la de Bella y Edward, al mismo tiempo que pretendía presentar a la joven Swan como una chica refinada de gustos literarios exquisitos y románticos (en el sentido histórico-literario de la palabra). Del mismo modo, la estudiante de literatura Anastasia Steele, protagonista de 50 sombras de Grey, analiza y relee a Tess de los d’Urberville, y muchos lectores podrían plantearse si existe una correlación entre el vínculo Anastasia-Christian y el de Tess y su violador, Alec d’Uberville (esperamos que no, debido a la naturaleza enfermiza de dicha relación). Si el modelo femenino de Ana Steele es Tess (y ella misma se pregunta por ello al compararse con las grandes heroínas de sus libros favoritos; del mismo modo que Christian se presenta ante ella como un personaje similar al de Alec), se hace un flaco favor a sí misma. Tal vez alguien que no muriese al final del libro, víctima de los dobles estándares de la sociedad que la rodea y del escarnio de los dos hombres que la desean y atormentan a la vez, fuera un personaje más adecuado como referente. En cualquier caso, las ventas de la novela de Hardy se han multiplicado, como cabría esperar.

Sean cuales sean las virtudes y defectos de las dos obras que he mencionado, no puede haber nada de malo en el hecho de que un personaje popular consiga, mediante su interés por algún clásico literario, que sus lectores y fans se interesen por dicha obra. No desdeñaría, por ejemplo, la lista de lectura de la sin par Matilda Wormwood (de Matilda, de Roald Dahl): en ésta encontramos a Dickens, a Austen, a Charlotte Brontë, a Hemingway y a Steinbeck. Con todo, si tengo que elegir, me quedo con la lista de un personaje pop de lo más entrañable, Lisa Simpson, cuyas lecturas incluyen títulos como Ghost World de Daniel Clowes, Los hermanos Karamazov de Dostoievski o Las correcciones, de Jonathan Franzen.

Autores relacionados Autores relacionados:
Charles Dickens
Charlotte Brontë
Daniel Gillespie Clowes
Emily Dickinson
Ernest Hemingway
Libros relacionados Libros relacionados:
Cincuenta sombras de Grey
Ghost World. Mundo fantasmal
Las correcciones
Los hermanos Karamázov
Tess de los d'Uberville

Premios rechazados

AutorGabriella Campbell el 7 de noviembre de 2012 en Divulgación

Los enamoramientos - Premio Nacional Literatura

Javier Marías sorprendió al mundo literario cuando dio una firme negativa a los veinte mil euros del Premio Nacional de Narrativa. Marías ya había afirmado con anterioridad que no aceptaría premios estatales, y parece que con este gesto ha querido desligarse de la institucionalización de la cultura, además de protestar contra el comportamiento del gobierno para con las artes en general.

Por supuesto, no es el primero. En el 2010 Santiago Sierra se negó a aceptar el Premio Nacional de Artes Plásticas, aduciendo que el Estado pretendía “instrumentalizar” su prestigio con este premio. Y parece que estamos en racha, ya que hace poco el poeta estadounidense Lawrence Ferlinghetti rechazó un galardón patrocinado de manera parcial por el gobierno de Hungría, debido a su postura frente a la actuación de dicho gobierno (Ferlinghetti afirma que la política del gobierno húngaro actual tiende hacia el autoritarismo y hacia la represión de la libertad de expresión, entre otros abusos contra los derechos civiles).

Si volvemos la vista atrás, la lista es larguísima. Gracias a la intervención de la cadena anglosajona BBC, parece ser que han salido a la luz determinados documentos oficiales que indican que los escritores J. G. Ballard, Graham Greene, John le Carré, Robert Graves, Aldous Huxley, Evelyn Waugh y Roald Dahl rechazaron el título de sir concedido por la corona británica . Para muchos se trata de una cuestión política, para otros un asunto relacionado con sus principios personales. Jean-Paul Sartre, por ejemplo, creía que escribir era su tarea personal, por lo que se negaba a recibir premios y honores por una labor que consideraba simplemente que formaba parte de su identidad de autor y filósofo. Del mismo modo que Marías, Sartre consideraba que la obtención de un premio u honor asociaba al escritor con la institución que lo concedía, algo que le parecía inapropiado. Explicó sus motivos para rechazar el Nobel de manera detallada en una carta que envió al periódico Le Figaro en 1964. Por las mismas razones, tampoco aceptó la medalla de la Legión de Honor francesa.

Por otro lado, el escritor estadounidense Sinclair Lewis se hizo bastante conocido por ser el primer autor en rechazar el premio Pulitzer de Literatura, en concreto por su obra Doctor Arrowsmith. Lewis explicó que no podía aceptar el premio ya que renegaba de lo que representaba para él dicho galardón, que se definía como una recompensa para novelas americanas que representasen la forma de vida americana, una filosofía que, según Lewis, no era estable y dependía de la ideología de cada época, por lo que se anteponía una serie de modas y exigencias pasajeras a la calidad literaria de una obra. No parece, sin embargo, que tuviera problemas para aceptar otros premios, ya que recibió el Nobel más adelante sin ninguna queja. Las malas lenguas aseguran que la publicidad y la recaudación en ventas de su obra al rechazar el Pulitzer le resultaban bastante más rentables que los mil dólares que acompañaban al premio en 1926.

Muy diferente fue el caso de Boris Pasternak, autor de la conocida y celebrada Doctor Zhivago, quien se vio obligado a renunciar al premio tras una fuerte presión por parte de la Unión Soviética, que parece ser que llegó a amenazarle con el exilio si lo aceptaba. Se le informó de que si viajaba a Estocolmo para recogerlo, no podría volver a entrar en su país. La decisión fue muy dura para el escritor; su hijo Yevgenii narró más adelante que le costaba reconocer a su padre aquella noche. Ya nada importa, afirmó. He rechazado el premio.

Autores relacionados Autores relacionados:
Aldous Huxley
Boris Pasternak
Evelyn Waugh
Graham Greene
James Graham Ballard