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Alfredo Álamo (Página 120)

Los libros más vendidos de la Feria del Libro

AutorAlfredo Álamo el 17 de junio de 2014 en Noticias
Las tres bodas de ManolitaTusquets

Termina la Feria del Libro de Madrid, la más importante de España, y ya comienzan a sonar los nombres de los autores que más han vendido estos días. En general, la feria ha ido bastante bien, mejor, incluso, que la del año pasado, con un cinco por ciento más de ventas: unos siete millones y medio de euros. Esto no corrige la tendencia a la baja del siete por ciento que los libreros están anunciando, pero no son malas noticias. Ahora habrá que ver si el efecto se prolonga o las librerías siguen tan vacías como últimamente.

Esta feria ha sido la de Gabriel García Márquez, claro, la reedición de sus obras por parte de Penguin Random House era una de las citas más esperadas. También se ha vendido bastante bien Nos vemos allá arriba, de Pierre Lemaître ganador del Premio Goncourt y que publica Salamandra. Almudena Grandes también ha estado en lo más alto con Las tres bodas de Manolita (Tusquets), junto con un libro generacional: Yo fui a EGB (Plaza y Janés), de Ikaz y Díaz.

En el apartado juvenil tenemos a Bajo la misma estrella, de John Green, un libro que ha funcionado muy bien con el boca-oreja, pero hay que destacar el éxito imparable de El libro troll, de El Rubius. Para los que no conozcan a elrubius en YouTube, decir que es uno de los videobloggers más conocidos entre los más jóvenes y su libro -que es una especie de libro y desafío- ha sido la sorpresa de la feria.

Quino ha sido otro de los autores más vendidos en la feria gracias al empujón mediático del Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades. Sin embargo, no se ha hablado mucho de Benjamin Black y La rubia de ojos negros (Príncipe de Asturias de las Letras), aunque se comenta que han logrado un buen último fin de semana.

¿Y vosotros? ¿Habéis aprovechado la feria del libro para comprar algo? ¿Cuáles son vuestras capturas más preciadas? Os esperamos, como siempre, en los comentarios.

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Cuando el seudónimo es público y notorio

AutorAlfredo Álamo el 16 de junio de 2014 en Divulgación

Seudónimo

A lo largo de la historia de la literatura han sido cientos los autores que, en un momento u otro de sus vidas, han sentido la necesidad de usar otro nombre para firmar sus obras. Los motivos eran, y siguen siendo, de lo más variados: persecución política, marketing, no querer confundir al lector con diferentes géneros o incluso, como Orwell, no incomodar a sus padres con sus escritos.

Lo cierto es que hay autores que coleccionan seudónimos como si fueran caramelos, como Eleanor Alice Burford Hibbert, más conocida como Jean Plaidy, Philippa Carr, Victoria Elbur Ford, Kathleen Kellow o Ellalice Tate, pero hoy me gustaría hablar de qué sucede cuando esa doble identidad creada se hace pública y todo el mundo (bueno, o casi todo el mundo) sabe quién se esconde bajo ese nombre ficticio.

Los hay que nunca se han escondido, claro. El ejemplo claro de esta posición sería el reciente ganador del Príncipe de Asturias de las Letras, John Banville, que marca una clara barrera entre su obra más personal y sus novelas de género negro, que firma como Benjamin Black. Para Banville, las novelas que firma con su nombre son arte y las que publica bajo el paraguas de Black son artesanía. Interesante diferenciación. La verdad es que con el tiempo las novelas de Black han alcanzado más popularidad a nivel internacional que las de Banville y hoy en día ambos nombres son casi igual de conocidos.

Stephen King trató de probar suerte con el seudónimo de Richard Bachman, bajo el que publicó títulos como La larga marcha, Rabia o Maleficio. Un librero de Washington descubrió similitudes entre el estilo de Bachman y King y logró hacerse con un documento de la Biblioteca del Congreso donde se relacionaba a ambos autores. King decidió matar a Bachman de «cáncer de seudónimo» aunque luego hablaría de su relación con este alter ego en su novela La mitad oscura.

Un caso parecido ha sido el de J. K. Rowling. Decidida a cambiar de registro por completo, Rowling se inventó a Robert Galbraith, autor de género policiaco. Pese a ser descubierta apenas unos meses después del lanzamiento de su primera novela, Rowling ha decidido seguir usando este nombre para sus novelas de intriga policial y ya se está anunciando su segundo libro, El gusano de seda. Al parecer, ha superado que todo el mundo sepa que ella es la autora y el empujón de ventas no le ha desagradado demasiado.

Tres ejemplos claros: el autor que quiere diferenciar su obra y al que le da igual ser reconocido, el que una vez descubierto el pastel, desiste de usar su seudónimo y la que, al salir a la luz, decide seguir adelante.

¿Qué opináis? ¿Es el uso de los seudónimos necesario si no hay motivos graves de por medio, como persecución política o religiosa? ¿Qué me decís de los autores que usan nombres anglosajones escribiendo en castellano?

Os esperamos, como siempre, en los comentarios.

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La ira de los ángeles, de John Connolly

AutorAlfredo Álamo el 13 de junio de 2014 en Reseñas
La ira de los ángelesTusquets

Tras la aparición de la antología Nocturnos, la novela corta de Más allá del espejo y Malvados -una de sus primeras obras- John Connolly (o más bien Tusquets) vuelve a retomar el pulso de su personaje fetiche, el detective Charlie Parker, en una historia que muchos esperábamos desde hacía tiempo.

Para aquellos que no conozcan la trayectoria de John Connolly, decirles que ya son once los libros de la serie de Charlie Parker y que, si bien son, en su mayoría, disfrutables de manera individual, hemos llegado a un punto en la historia en el que recomiendo la lectura por orden, empezando por Todo lo que muere.

Connolly mezcla desde el primer momento de su serie el terror con la novela negra, con un estilo que varía desde libros más centrados en lo paranormal e inexplicable con otros más terrenales. En cualquier caso, la mezcla está asegurada cuando Charlie Parker tiene que enfrentarse a los demonios que viven tanto dentro de él como en los profundos bosques de Nueva Inglaterra.

Tras unas cuantas entregas algo contemporizadoras, Connolly decide por fin continuar las tramas abiertas en El ángel negro -para mí uno de sus mejores libros- comenzando a plantar lo que a mi juicio parece el principio del fin de Charlie Parker. En La ira de los ángeles nos encontramos de nuevo al Coleccionista y también a las entidades de El ángel negro -no diré más por no avanzar demasiado la trama-, en un conflicto a más de tres bandas que mantiene la tensión durante todo el libro.

Según su sinopsis:

En las profundidades de los bosques de Maine se descubren los restos de un avión siniestrado. No hay cadáveres. Nunca se informó de la desaparición de dicho avión. Pero hombres de toda laya lo buscan desde hace mucho, mucho tiempo, pues, al parecer, los restos del aparato esconden algo crucial. Eso atrae al detective privado Charlie Parker, un hombre que conoce bien la naturaleza del Mal que intenta imponerse en el mundo. También capta la atención de otros: una mujer hermosa, de cara marcada, con afición a matar; un niño taciturno que recuerda su propia muerte; y el asesino en serie conocido como el Coleccionista, que busca nuevas víctimas para sus sacrificios. Pero a medida que las fuerzas rivales se abaten sobre el lugar, el bosque se prepara para recibirlos, ya que en su espesura oculta un secreto: algo sobrevivió al accidente. Y está esperando.

La ira de los ángeles me ha gustado mucho más que Cuervos o Voces que susurran. Connolly se pega más al thriller y el regusto a novela negra es más intenso, al igual que el terror sobrenatural, donde mezcla sus ideas sobre los ángeles caídos junto a esas entidades fantasmales que tan bien describe. Los secundarios habituales, como Ángel y Louis, están mucho más comedidos que en otras ocasiones y la novela deja con ganas de seguir leyendo. Ahora a esperar a The Wolf in Winter.

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El futuro de la prescripción literaria

AutorAlfredo Álamo el 12 de junio de 2014 en Opinión

Futuro libro

Lee este libro, que te va a gustar. Esa es la frase que todos, como lectores, buscamos alguna vez. A veces tenemos que entresacar esta información de críticas y reseñas escritas a mayor gloria del reseñador, sea este de un medio tradicional o haya publicado sus impresiones en un blog literario.

Se discute estos días el futuro de la prescripción literaria, es decir, de dónde se va a sacar la información decisiva para adquirir una próxima lectura. Hasta hace poco, esto estaba en manos de libreros y críticos literarios, pero en los últimos años, con la aparición de las nuevas tecnologías de la comunicación, han surgido nuevas voces que han alejado de los medios tradicionales gran parte de estas recomendaciones. En cuanto a los libreros, pasa como con muchos establecimientos pequeños, ya casi nadie se pasa por allí para preguntar, con lo que si el librero no se reconvierte en prescriptor digital, el trabajo se le complica bastante.

La mayoría de las opiniones que he leído, a favor o en contra de estos nuevos «reseñadores», que están en Facebook, Twitter o en su propio blog, coinciden en que el uso de las redes sociales hoy en día es fundamental. Sin embargo, y ahí es donde me asombra, siguen manteniendo la idea del prescriptor individual, la de la persona de confianza, que te recomienda, según su criterio, una lectura. Algo que no está mal, pero no deja de ser el mismo modelo que teníamos antes, ahora con un acceso un poco más horizontal.

Para mí, y lo veo cada día en primera fila, el futuro de la prescripción literaria pasa tanto por estas figuras, llamémoslas «de autoridad» o «de referencia», junto con las redes sociales literarias. Ahí estamos nosotros, Lecturalia, al igual que otras como Goodreads. La opinión combinada de decenas de personas nos permite, de un vistazo, recibir muchísima información sobre una novela. El barajar diferentes puntos de vista nos proporciona una mayor riqueza a la hora de valorar, y, desde luego, conocer a aquellos que comentan y comparar sus gustos con los nuestros, nos puede dar el empujón definitivo.

Por eso creo que dejar fuera de la ecuación la prescripción colectiva -no nos engañemos: el boca-oreja de toda la vida- responde a no saber ver más allá de los modelos clásicos, útiles, sí, pero que frente a la potencia del conocimiento colectivo se convertirán, en un futuro no muy lejano, en complementarios.

¿Y vosotros? ¿Qué opináis? ¿Cómo decidís vuestras próximas lecturas? Os esperamos, como siempre, en los comentarios.

El incidente Moberly-Jourdain: una aventura en el tiempo

AutorAlfredo Álamo el 11 de junio de 2014 en Reseñas

Moberly-Jourdain Versalles

El 10 de agosto de 1901, Charlotte Anne Moberly y su amiga Eleanor Jourdain disfrutaban de un largo paseo por los jardines de Versalles. Tras recorrer con tranquilidad la parte conocida como Petit Trianon, se encontraron que el Grand Trianon estaba cerrado al público. Llevaban una buena guía, pero se perdieron tratando de encontrar el camino principal que lleva a la salida. Caminando por un camino desconocido se encontraron una pequeña casa donde una mujer les hacía señales, así como con un grupo de jardineros, oficiales vestidos con extraños uniformes… a las dos les afectó una extraña sensación, como de opresión e irrealidad.

Siguieron avanzando y tuvieron otro encuentro, esta vez con un hombre con el rostro afectado por la viruela y una mirada cargada de furia. Las dos mujeres se alejaron a toda prisa hasta cruzar un puente y alejarse de los jardines, donde una joven dibujaba sobre la hierba, vestida con un traje muy antiguo. Al poco de seguir andando, llegaron a palacio, donde se unieron a otros visitantes y tomaron té.

Para Charlotte Anne Moberly y Eleanor Jourdain, aquella visita se convirtió en algo sumamente especial. Comparando datos y fechas, descubrieron que en las mismas fechas que ellas estuvieron en Versalles se había dado el levantamiento de 1792 y muchas de las cosas que habían visto se correspondían con la época: los trajes, los uniformes, la disposición de los jardines… ¿se habían encontrado con fantasmas? ¿habían viajado en el tiempo?

Moberly y Jourdain eran dos mujeres muy preparadas para la época. Moberly era responsable de College de Oxford, St Hugh’s y Jourdain su ayudante. Obsesionadas con este hecho, las dos mujeres publicaron sus experiencias bajo seudónimo en 1911. Que Meberly afirmara que la joven que se había encontrado era María Antonieta hizo el libro muy popular. Hasta 1931 no se reveló la identidad de las autoras del libro.

Ahora, la gente de Ediciones Nevsky nos trae Una aventura en el tiempo, la historia de estas dos mujeres que jamás volvieron a encontrar ese extraño sendero en los jardines de Versalles que les llevó a experimentar la aventura más increíble de su vida, pese a que volvieron allí en numerosas ocasiones.

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Libros para disfrutar de la serie Penny Dreadful

AutorAlfredo Álamo el 10 de junio de 2014 en Divulgación

Fin del mundo

Penny Dreadful -traducible como Horrores de a penique o (como yo lo haría) Truculencias de a duro– era un tipo de revista que se hizo muy popular en la Inglaterra del siglo XIX. En sus páginas se podían encontrar historias tremebundas, horrorosas y, casi siempre, sangrientas. Relatos clásicos de los penny dreadfuls de la época eran, por ejemplo, los crímenes de Sweeney Todd, el barbero, o las aventuras ficticias de Dick Turpin, el mítico bandolero inglés.

Partiendo de esta base, John Logan y Sam Mendes decidieron crear una serie de televisión ambientada en el Londres de la época victoriana. La idea era transmitir esa sensación de truculencia, pasión por el morbo y reutilización de personajes e historias populares. El resultado recuerda a una versión de La liga de los hombres extraordinarios pero con el triple de sangre y bastante más inquina.

En Penny Dreadful no hacen más que aparecer referencias y es difícil cazarlas todas al vuelo. Lo mejor es revisar los libros de los que provienen la mayoría de personajes. A saber.

Drácula, de Bram Stoker. Aunque los vampiros de Penny Dreadful no se parecen demasiado en ocasiones a los del autor irlandés, poco a poco vamos encontrando las pistas que nos llevarán al mismísimo Vlad y hasta a Van Helsing.

Frankenstein, de Mary Shelley. Aunque aquí los motivos y secretos de Víctor Von Frankenstein son diferentes del original, su criatura sigue buscando lo mismo que el libro: una compañera que le acompañe en su maldición inmortal.

El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde. Un Dorian Gray sacado de la obra de Wilde pero con muchas sombras -perdón por el juego de palabras, no lo he podido evitar-, que muestra el lado más oscuro del ser humano.

Las minas del Rey Salomón, de Henry Rider Haggard. Allan Quatermain es la base para el personaje del mítico explorador inglés, que se ve transformado en esta serie en un hombre atormentado en busca de su hija.

La liga de los caballeros extraordinarios, de Alan Moore. Necesario para ver de dónde sale esa fantástica idea de juntar mitos de la literatura y darles una nueva imagen, poniéndolos a todos juntos sin perder el espíritu pulp.

Estos son unos cuantos, pero hay más. Faltaría la lectura obligatoria de Los crímenes de la calle Morgue, de Edgar Allan Poe, Moby Dick, de Melville, o El fantasma de la ópera, de Gastón Leroux. Pero cualquier libro sobre monstruos clásicos, como la momia o el hombre lobo, serviría. Toda referencia es poca.

¿Y vosotros? ¿Os interesa Penny Dreadful y ese caleidoscopio de influencias victorianas? ¿Cuál es vuestro personaje favorito? Os esperamos, como siempre, en los comentarios.

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Los libros inacabados más famosos de la literatura

AutorAlfredo Álamo el 9 de junio de 2014 en Divulgación

Libros sin terminar

A veces, por un motivo o por otro, nos encontramos algunos manuscritos sin acabar, obra de algunos de los más importantes autores de la historia. A algunos les sobrevino la muerte antes de terminar su obra, otros, sencillamente, dejaron de lado la escritura sin mayor explicación. Algunos de esos libros han acabado siendo publicados -pese a no ser finalizados por sus autores- e incluso se han dado casos en que otros escritores han sido llamados a darles un final.

Hoy en Lecturalia os hablaremos de algunos de los libros sin terminar más conocidos y algunas de las circunstancias que rodearon su historia.

Los 120 días de Sodoma fue escrito por el Marqués de Sade durante su encierro en La Bastilla, apenas en unas páginas finísimas y con una letra diminuta, lo que viene a confirmar las dificultades del marqués al escribir la novela. No sabemos si Sade decidió continuar los capítulos apenas esbozados al final de la trama, ya que su hijo Claude-Armand quemó todos los manuscritos inéditos tras la muerte de su padre.

El misterio de Edwin Drood fue la última novela de Charles Dickens que se publicó, como era habitual, en forma de entregas mensuales. Sin embargo, la repentina muerte de Dickens llegó cuando sólo se habían publicado seis de las doce partes previstas. Las teorías sobre la resolución del misterio en cuestión se vienen discutiendo desde 1870.

La torre de marfil, de Henry James, quedó inacabada en 1917. James pretendía hablar de la codicia y rapacidad de la sociedad americana de la época, desde el privilegiado punto de vista que le permitía su exilio voluntario en Europa. La torre de marfil estuvo inédita en castellano hasta 2003.

El castillo, de Franz Kafka es una de las novelas más conocidas del autor checo y que no llegó a terminar, aunque no se sabe si debido a la tuberculosis que acabó con su vida o bien por no estar satisfecho con su obra. Esto era una constante para Kafka, que pidió a Max Brod que quemara sus textos tras su muerte, algo que, por suerte, no llegó a suceder. De hecho, El proceso, otra de sus grandes historias, tampoco está terminada.

Otra novela que debería haber sido destruida, pero que sobrevivió a los deseos de su autor, fue El original de Laura, de Vladimir Nabokov. Esta primera versión, el embrión de lo que Nabokov quería mostrar, tardó más de treinta años en ver la luz, tiempo en el que su esposa guardó el manuscrito sin saber bien qué hacer con él.

Los sinsabores del verdadero policía, de Roberto Bolaño, tampoco está terminada por completo. La temprana muerte del autor chileno le impidió dar el punto final a esta obra que se publicó de manera póstuma. De Bolaño se han llegado a publicar de esta manera hasta tres libros.

¿Qué os parece? ¿Son interesantes estos textos sin acabar o revisar? Desde luego, hay autores que jamás habrían permitido mostrar así sus obras, pero, como lectores, ¿podemos resistir la tentación de hacernos con ellos? Os esperamos, como siempre, en los comentarios.

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La historia del muy literario Reino de Redonda

AutorAlfredo Álamo el 7 de junio de 2014 en Divulgación

Isla

En pleno Caribe, cerca de la isla de Antigua, existe una pequeña isla conocida como Redonda. Apenas es un peñasco que aguanta los envites del mar y está deshabitada. Entonces, ¿qué tiene de especial?

La historia de Redonda se remonta a 1865, cuando Matthew Shiel compró la isla y le pidió -o al menos así cuenta la leyenda- a la Reina Victoria el título de Rey de Redonda, que le fue concedido mientras no se opusiera a los intereses del Imperio Británico. Esta anécdota podría haber quedado aquí si no fuera por la desbordante imaginación del hijo de Matthew Shiel, el escritor conocido como M. P. Shiel.

Shiel inventó -¿o tal vez no?- su coronación por un obispo de Antigua como rey a los quince años y mantuvo en varios de sus escritos referencias a la isla, algo que comenzó a hacer a partir de 1929. M. P. Shiel fue un reconocido autor de ciencia ficción y fantasía, autor de numerosas obras y seriales de las que La nube púrpura es la más conocida en castellano, aunque su Yellow Danger (anticipación del personaje de Fu-Manchú) logró un gran éxito internacional.

Lo cierto es que este reino ¿inventado? pasó a manos de un protegido de Shiel, el también escritor John Gawsworth. Aquí el asunto se vuelve más complicado. Al parecer Gawsworth fue nombrando herederos y vendiendo el título a varios escritores… hasta que Jon Wynne Tyson reclama el trono tras comprar los derechos de la obra de Shiel… algo que, por lo visto, también había sido revendido en otras ocasiones.

A partir de aquí se suceden los monarcas literarios, como Marvin Kitman, William Scott Home o Aleph Kamal, aunque la línea más oficialista parece aceptar que Wynne Tyson cedió el trono al español Javier Marías en 1997. Hoy en día, sin embargo, hay dos aspirantes al trono literario de Redonda, y cada uno de los cuales cuenta con una corte al uso, con numerosos títulos nobiliarios otorgados.

De hecho, hay varias sociedades literarias basadas en el Reino de Redonda que se reúnen de vez en cuando la Fitzroy Tavern de Londres, para discutir de libros y de política redondina. Marías, el Rey Xavier I, le ha dado el nombre de Reino de Redonda a la editorial que dirige.

Sin duda, el Reino de Redonda es uno de esos lugares míticos del imaginario literario, con una historia casi fantástica, ideales para dejar volar los sueños y crear uno, o varios, reinos literarios apropiados para cada ocasión. ¿Qué opináis? Os esperamos, como siempre, en los comentarios.

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Los juegos del hambre: de la ficción a la realidad

AutorAlfredo Álamo el 6 de junio de 2014 en Noticias

Tailandia

Es una imagen que muchos tienen en la cabeza: un hombre mayor, en medio de la multitud, levanta la mano con tres dedos extendidos, con el pulgar y el meñique recogidos. Se hace el silencio. Luego, el resto de la gente repite el gesto. Frente a ellos, a la joven Katniss se le encoge el corazón cuando las fuerzas de seguridad sacan al anciano de entre el público, lo arrodillan y le vuelan la cabeza de un disparo.

Es una de las escenas de Los juegos del hambre, la novela de Suzanne Collins, hoy en día todo un éxito internacional cuyas adaptaciones al cine han llegado a casi todo el mundo. Ese gesto que os contamos es el de apoyo a la rebelión, al inconformismo, una constante en la distopía presentada por Collins.

Pues bien, ese gesto ha traspasado las páginas del libro y la pantalla de cine para ser utilizado en la vida real. Tras el último golpe de estado militar en Tailandia, cientos de personas han comenzado a usar el saludo descrito por Collins como forma de reclamar un cambio democrático en su país. Las autoridades tailandesas se han dado cuenta y ya han comenzado a vigilar su uso. Según algunas fuentes, no van a detener a una persona que lo haga en solitario, pero la cosa podría cambiar si lo hacen en grupo.

Me parece fascinante que un gesto concebido en Estados Unidos para una distopía juvenil acabe como símbolo de un movimiento social en Tailandia. Esto va más allá que el uso de las caretas de Guy Fawks de V de Vendetta en las numerosas protestas de hace unos años, así como por el colectivo Anonymous. En esta ocasión el salto es tan grande que parece imposible. La globalización cultural está aquí, desde luego, y parece que ha llegado para quedarse.

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Libros para disfrutar de la serie Hannibal

AutorAlfredo Álamo el 5 de junio de 2014 en Divulgación

Hannibal

Hannibal es una serie de televisión producida por la NBC de la mano de Bryan Fuller, que ya había probado suerte antes en la televisión con series magistrales, Tan muertos como yo, Wonderfalls o Criando malvas -todas injustamente canceladas-, basada en la obra de Thomas Harris.

Todos recordamos a Hannibal, claro, el incomparable protagonista (o antagonista) de El silencio de los corderos y que Anthony Hopkins dio vida con una maestría insuperable. No sólo esta novela de Harris fue adaptada al cine, ya que Hannibal, Hannibal, el origen del mal y El dragón rojo también fueron llevadas a la gran pantalla… aunque no todas con el mismo éxito.

La serie de Hannibal se basa en El dragón rojo, el primero de los libros que escribió Harris con Hannibal como pieza central, aunque en realidad es Will Graham, un experto en perfiles del FBI, el protagonista. Lecter ayuda a Graham en la búsqueda de un asesino en serie mientras la relación entre los dos va más allá de lo profesional.

Lo cierto es que la adaptación en la serie alarga un pequeño momento del libro y lo transforma completamente. Sin duda El dragón rojo es un libro genial para aprender de dónde viene Hannibal, pero, a mi juicio, la serie amplía con acierto la relación entre los dos y es más rica en cuanto a simbolismo.

Para saber más sobre los asesinos en serie y cómo se confeccionan los perfiles psicológicos, además de para conocer de cerca a aquellos que se dedican a perseguir a este tipo de monstruos, recomiendo dos libros de Robert K. Ressler:

Dentro del monstruo, escrito junto a Tom Schachtman, nos enseña dos entrevistas en profundidad a John Wayne Gacy y Jeffrey Dahmer, dos verdaderos «Hannibals» de la vida real. No apto para estómagos sensibles.

En Asesinos en serie, Kessler habla más sobre su trabajo. Hay que tener en cuenta que fue él el que acuñó el término «asesino en serie» y que fue pionero en el desarrollo de perfiles psicológicos. De hecho, incluso fue asesor para la película de El silencio de los corderos.

Si estáis interesados en el tema y queréis ampliar vuestros conocimientos en asesinos famosos, nada mejor que el libro de Juan Antonio Cebrián, Psicokillers, donde nos habla desde el Vampiro de Düsseldorf al Ogro de Nueva York.

Como curiosidad, hace poco que salió La sabiduría de los psicópatas, de Kevin Dutton, donde se analiza cómo para triunfar en el siglo XXI se exigen cualidades muy cercanas a las de estos asesinos: ser atrevido, carismático, implacable, frío y seguro de sí mismo.

¿Y vosotros? ¿Qué os parece Hannibal? ¿Os gustan más los libros sobre el doctor Lecter? Os esperamos, como siempre, en los comentarios.

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