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El huésped de Drácula, de Bram Stoker

AutorAlfredo Álamo el 20 de mayo de 2009 en Reseñas

Bram Stoker será siempre recordado en la historia de la literatura por crear al más famoso vampiro de todos los tiempos, Drácula, figura mítica donde las haya, evolución de ese Vlad Tepes histórico al que el escritor irlandés convirtió en el máximo exponente del romanticismo al dotarlo de amor, vida y hambre inmortal.

Drácula se publicó en 1897. Su argumento es famoso: El Conde Drácula está cansado de vivir en Transilvania y decide comprarse unos terrenos en la vieja Inglaterra para cambiar de aires. Reclama la presencia de sus abogados ingleses y allí que van, primero el probre Reinfield, que acaba loco y esclavizado por el vampiro, y luego Harker, de cuya prometida acaba Drácula locamente enamorado al reconocer en ella a la reencarnación de su amor eterno. De las andanzas de Drácula por la Inglaterra victoriana da buena cuenta el libro, así como sus decenas de adaptaciones al cine o al teatro, recomendable como uno de los grandes clásicos de la literatura de terror.

Sin embargo, tras la muerte de Stoker, su viuda, Florence Stoker, recuperó un pequeño texto que iba a dar bastante que hablar. Se trataba, en principio, de una parte de Drácula que Stoker había decidido dejar fuera de la historia y que fue publicado en 1914 junto con otras historias cortas. El huésped de Drácula pasó a ser considerado como el primer -o segundo- capítulo original de Drácula y en muchas ediciones pasó a integrarse en el cuerpo de la novela.

¿Qué se nos cuenta en El huésped de Drácula?

Drácula

Desde un punto de vista anónimo, puede ser, como opinan muchos, el de Jonathan Harker, aunque bien podría ser el inicio de la locura de Reinfield, se nos narra el viaje en Rumanía de un abogado que va a visitar al Conde Drácula. Como buen y flemático inglés, desprecia las advertencias de la gente del lugar sobre la conveniencia de viajar durante la Noche de Walpurgis -la del 30 de Abril al 1 de Mayo, celebración pagana de la primavera y noche clásica para el disfrute de aquelarres y encuentros con el más allá-, así que prueba suerte perdiéndose por un profundo bosque.

Como era de esperar, su aventura no acaba de salir bien y termina, atemorizado y muerto de frío, junto a una tumba, la de la Condesa Dolingen, que, maldita casualidad, es también una vampira. En su lápida hay un mensaje críptico: Los muertos viajan deprisa. Y prisa es la que tiene el pobre inglés en librarse de la vampira, pero apenas sobrevive gracias a un rayo misterioso que alcanza a la condesa y a un lobo gigantesco que protege al protagonista de una mágica tormenta de nieve.

Finalmente, Harker -o Reinfield– es salvado por el alguacil del pueblo que lo devuelve al hostal de donde no debería haber escapado. Allí le muestra una nota del Conde Drácula donde le pide a la autoridad que tengan cuidado con el inglés:

Tenga cuidado con mi huésped: su seguridad me es preciosa. Si algo le ocurriera, o lo echasen a faltar, no ahorre medios para hallarle y garantizar su seguridad. Es inglés, y por consiguiente aventurero. A menudo hay peligro con la nieve y los lobos y la noche. No pierda un momento si teme que le haya ocurrido algo. Respaldaré su celo con mi fortuna. – Drácula

¿Quién es esa misteriosa Condesa Dolingen de Gratz? ¿Es enemiga de Drácula? Eso parece. Podría ser una de sus antiguas parejas, una novia de Drácula exiliada y despechada. ¿Cómo se salva el inglés? La intervención de un rayo podría ser la intervención del Conde, y es posible que el lobo fuera el mismísmo Drácula o alguno de sus esclavos.

Desde 1980 se considera que el estilo de El huésped de Drácula no concuerda con el resto de la novela y que es más que probable que ni siquiera fuera parte del libro, si acaso un cuento independiente anterior a la novela. Sin embargo, la leyenda dice que la primera versión de Drácula era todavía más larga y que revelaba secretos sobre la Golden Dawn, la sociedad secreta a la que Stoker pertenecía junto a la Gran Bestia, Aleisteir Crowley. Al parecer, gran parte de la novela fue expurgada, sobre todo los primeros capítulos entre los que se encontraría El huésped de Drácula.

Para echar un vistazo al texto original, lo tenéis disponible en Ciudadseva.

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Acerca del fallecimiento de un uruguayo universal

AutorGabriella Campbell el 19 de mayo de 2009 en Divulgación

Benedetti

Ayer 17 de mayo falleció Mario Orlando Hamlet Hardy Brenno Benedetti Farugia, aunque es posible que os suene más el nombre con el que se le designaba habitualmente, Mario Benedetti. El gobierno uruguayo decretó un día de duelo nacional.

Pero Uruguay no siempre amó a Benedetti, un poeta de exilio, de añoranza y kilómetros que lo separaban de sus seres y tierras amadas, desarmado por la política. Si nos preguntamos qué puede contener la obra de este escritor que establezca un flujo comunicativo tan eficiente entre sus versos y lectores de todas las edades y condiciones, puede que parte de la explicación se halle aquí. Todos nos sentimos exiliados de algo: no necesariamente de un país o de una ciudad, pero sí de un grupo, de una cultura o de cualquier aspecto de nuestras vidas en el que sintamos que somos diferentes y extraños, en el que cierta parte de nosotros crea disponer de un punto de regreso (la infancia, el hogar de los padres, el primer amor, el primer coche) cuyo recuerdo nos impulse a la nostalgia, rememorando una seguridad y bienestar que seguramente los años se han encargado de idealizar. A esto es preciso añadir un lenguaje sencillo y modesto y un claro deseo de expresar lo universal; en Benedetti se reconoce el amor, la memoria, la vejez, la lucha y el gusto por la belleza, y obtenemos una receta perfecta para todos los públicos. De alguna manera, es como si todos esos versos que tenemos escondidos en algún entresijo de la cajonera de los quince años tomaran nueva forma bajo una pluma exacta y matemática que analizara nuestras emociones para transformarlas en palabras sensoriales y tempos eufónicos. Así, hasta el tema más ansioso adquiere la tranquilidad del haiku; el tema más terrible adquiere la dulzura de un soneto; pero sin adscribirse al constreñimiento de estas formas, de la misma manera que el poeta uruguayo no se dejó reducir a ninguna jaula social ni personal.

Su En defensa de la alegría busca, desde el optimismo habitual del autor, encontrar una verdadera felicidad profunda, trascendente, más allá de la frivolidad de la euforia artificial. En las antípodas de la poesía terrible y maldita, la obra de Benedetti habla de situaciones tristes e injustas que encierran luminarias felices. Cada vez que leemos a Benedetti sorprende la serenidad que abunda en los textos de un hombre que se vio obligado a vivir durante doce años alejado de la mujer a la que amaba, por citar un solo ejemplo de su ajetreada y compleja existencia. Defensor de la cultura, de los débiles, de los transgresores, de la verdad, la tranquilidad con la que podía expresar frases tan lapidarias como “(…) muchas veces la verdad es molesta. Como intelectual no tengo la menor esperanza que lo que yo escriba o hagan otros intelectuales modifique la conducta de los gobiernos”, y al mismo tiempo intentar influir con toda su energía no sólo en el gobierno, sino en la propia sociedad, nos demuestra cómo una postura pacífica y resignada, pero a la vez insistente y activa, puede ejercer tanta presión sobre el poder. Desconcierta que una pluma periodística, narradora pero ante todo lírica, pueda asustar tanto a una autoridad como para buscar la destrucción de dicha pluma, como atestigua el constante exilio y huida del escritor, que vivió tanto tiempo lejos de Uruguay, llegando a ser un hijo adoptivo de medio mundo hispanohablante, España incluida, pero rechazado por un país que tardó en reconocer al hijo pródigo.

Benedetti vivió 88 años y dejó un gran legado. Ese no es motivo de lamento, sino de celebración y homenaje. Mario ha muerto, dicen. Se cierran las escuelas, se organizan grandes pompas fúnebres. Pero en algún rincón del planeta alguien está leyendo Canciones del más acá y tararea, sonriente.

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Cuentos infantiles tradicionales: Afanásiev

AutorRaquel Vallés el 19 de mayo de 2009 en Divulgación

Afanásiev

Alexander Afanásiev fue un folclorista ruso del siglo XIX que se dedicó a la ardua tarea de recuperar los cuentos tradicionales de una Rusia cuyas clase alta estaba totalmente afrancesada. La recopilación de unos relatos que hasta entonces habían permanecidos circunscritos al mundo oral y las clases más deprimidas, le llevó a viajar por toda la Vieja Rusia, aquella que no había sufrido la occidentalización desde arriba y que aún conservaba la tradición ortodoxa-eslava, fuente principal del trabajo como folclorista de Afanásiev.

Este trabajo le llevó a reunir más de seiscientos ochenta cuentos que, junto al resto de sus obras, no fueron publicados en su país debido a su amistad con Alexander Herzen, pensador muy crítico con la sociedad de la servidumbre que imperaba en la Rusia zarista y que abogaba por una Revolución Campesina previa a la instauración del socialismo.

Afanásiev es uno de los autores que podemos disfrutar a través de internet gracias a la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes dentro de su Biblioteca de Literatura Infantil y Juvenil con traducción de Tatiana Enco de Valera. Entre los cuentos que podemos encontrar están El Campesino, El Oso y la Zorra o La bruja Baba-Yaga.

Descargar cuentos de Afanásiev en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

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Premio Fernando Lara de Novela: Susana Fortes

AutorAlfredo Álamo el 18 de mayo de 2009 en Noticias

Susana Fortes

Susana Fortes recibió el pasado fin de semana el Premio Fernando Lara de Novela por su obra, todavía en título provisional -aunque yo creo que será el definitivo- Esperando a Robert Capa. Una historia que, como su título ya va indicando, sucede durante la Guerra Civil española. Para ser concreto, narra la historia de una chica judía y un fotógrafo -de ahí lo de Robert Capa- inmersos en la contienda.

El Premio Fernando Lara es otorgado por la Editorial Planeta y está dotado con unos envidiables 120,200 euros, lo que lo convierte en uno de los premios mejor pagados del panorama literario en español.

Al premio se presentaron 208 novelas, 96 de las cuales eran de origen español, 21 desde américa y también de lugares tan lejanos como Vietnam.

Susana Fortes lleva una trayectoria ascendente desde que ganara el Premio Nuevos Narradores por Querido Corto Maltés. También quedó finalista del premio Planeta y sus últimas novelas están centradas en la novela histórica, tal y como mandan los cánones del mercado.

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Hoy el mundo es un poco más triste

AutorAlfredo Álamo el 18 de mayo de 2009 en Opinión

Benedetti

Muere Benedetti y todos nos quedamos huérfanos de tristezas y melaconlías, el mundo parece mucho más extraño, dolorosamente real, y apenas quedan ganas de reseñar premios y noticias sobre lectores electrónicos.

Se va Benedetti y nos deja poemas y canciones. Algo más habrá que decir, pero de momento sólo se me ocurre dejar uno de sus poemas. Hay muchos más en sus libros.


No te salves, de Mario Benedetti.

No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma

no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios

no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo

pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana

y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.

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100 novelas que debes leer (y IV)

AutorGabriella Campbell el 18 de mayo de 2009 en Divulgación
  • Descubre los 25 libros imprescindibles para cualquier lector.
  • Encontrarás clásicos de la literatura contemporánea como el Ulises de Joyce o 1984.

Terminamos nuestra lista de novelas recomendadas en Telegraph.es con los últimos 24:

24. Ulises, de James Joyce

Una adaptación muy especial de la Odisea de Homero, y una de esas obras terriblemente densas que parecen determinar si uno es un lector competente o no. Contiene una de las oraciones más largas del idioma anglosajón: nada más y nada menos que 4391 palabras. Muy recomendable para curar el insomnio.

23. Madame Bovary, de Gustave Flaubert

Al igual que el exceso de libros de caballería llevó a Don Quijote a la locura, el exceso de novelas románticas empuja a la Bovary a una perspectiva muy distinta de su matrimonio, el amor, y la existencia en general.

22. Pasaje a la India, de E.M. Forster

Otra novela sobre la oposición Occidente-Oriente. Una falsa acusación pone de relieve la tiranía británica sobre sus dominios en India.

21. 1984, de George Orwell

Orwell, donde se originó la siniestra figura del Gran Hermano (no confundir con el programa de televisión). De cómo la política y propaganda adecuada puede destruir incluso aquello que consideramos trascendental e intocable.

20. Tristram Shandy (La vida y las opiniones del caballero Tristram Shandy) de Laurence Sterne

Publicada en nueve volúmenes a lo largo de varios años, Tristram Shandy resultó ser un inmenso éxito comercial, pero la crítica se ensañó con ella por su extravagancia, una extravagancia que la convirtió en una de las obras satíricas más revolucionarias de su época.

19. La guerra de los mundos, de H.G. Wells

Conocido sobre todo por el pánico que causó al ser radiada por Orson Welles, este clásico de la ciencia ficción es posiblemente la primera novela que describe una invasión alienígena de nuestro planeta. Se ha adaptado cuatro veces al cine, siendo la protagonizada por Tom Cruise y dirigida por Spielberg la más reciente, y la que la crítica habitualmente considera como más fiel al espíritu de la novela (si obviamos que se centra en Estados Unidos en vez de en Inglaterra).

18. Scoop, de Evelyn Waugh

La historia de un pobre periodista novato que es enviado a Etiopía a cubrir la guerra civil se nos presenta como una feroz sátira al mundo periodístico en general, con diversos personajes basados en personas reales del entorno de Waugh.

17. Tess de D’Urbervilles, de Thomas Hardy

El tono trágico de Hardy envuelve la narración de un personaje femenino de destino predeterminado y mucha mala suerte. La brillante prosa del autor complementa a la perfección un argumento basado en la doble moralidad de la relación entre sexos en un entorno rural de inspirado detallismo.

16. Brighton Rock de Graham Greene

Emocionante novela negra del ganador del Nobel Graham Greene. Un estudio sobre la muerte, el matrimonio y la moralidad.

15. El código de los Wooster, de P.G. Wodehouse

El código de los Wooster nos presenta a dos de los personajes más celebrados del autor cómico Wodehouse: el aristocrático Bertie Wooster y su mayordomo Jeeves. Estos personajes se hicieron aún más famosos gracias a la interpretación de Hugh Laurie y Stephen Fry en la serie realizada por la cadena británica ITV.

14. Cumbres borrascosas, de Emily Brontë

Posiblemente la obra más leída de las hermanas Brontë, y considerada un clásico del romanticismo inglés, Cumbres borrascosas mezcla pasión, desigualdad social y entidades fantasmagóricas para presentar a una de las parejas más desafortunadas y complejas de la literatura universal.

13. David Copperfield, de Charles Dickens

No confundáis al protagonista de esta novela con el archiconocido ilusionista estadounidense. La historia del pobre huerfanito adoptado por su tía y rodeado de una serie de personajes esperpénticos a lo largo de su curioso desarrollo personal no tiene ninguna relación con la magia ni con Claudia Schiffer.

12. Robinson Crusoe, de Daniel Defoe

La narración que inició la temática del náufrago en una isla desierta. Robinson Crusoe se encuentra abandonado en un territorio desconocido, donde se dedica a cazar, adoptar mascotas, construirse un refugio e intentar convertir a un nativo al cristianismo.

11. Orgullo y prejuicio, por Jane Austen

Sobre cómo las primeras impresiones no son siempre las que cuentan, y cómo una historia puede adaptarse hasta la saciedad si incluye a Colin Firth como el Sr. Darcy (desde la versión de la televisión británica hasta Bridget Jones).

10. El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes

No podemos decir nada sobre El Quijote que no se haya dicho ya. En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme…

9. La Sra. Dalloway, de Virginia Woolf

Aquellos que hayan leído Las horas de Michael Cunningham (o visto la adaptación cinematográfica), recordarán la historia de Clarissa Dalloway y su relación con el poeta suicida Septimus, si bien en la obra original la narración, en formato flujo de conciencia, se desarrolla en el periodo de entreguerras. Woolf tuvo la oportunidad de publicar el Ulises de Joyce en Inglaterra y la rechazó, y algunos críticos creen ver en La Sra. Dalloway una respuesta a esta obra, que trata temas de feminismo, sexualidad y psicología.

8. Desgracia, de J. M. Coetzee

Con el lenguaje preciso e intenso al que nos tiene acostumbrados, Coetzee explora las consecuencias sociales de la conquista de una estudiante por parte de un profesor universitario que intenta romper los convencionalismos de la sociedad post-apartheid sudafricana.

7. Jane Eyre, de Charlotte Brontë

La historia de la Cenicienta con un amargo giro de acontecimientos, o de cómo una pobre y poco agraciada institutriz enamora a un ricachón gruñón.

6. En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust

Una meditación de siete volúmenes sobre la memoria involuntaria, recreada con extraordinario detalle y una prosa elaborada.

5. El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad

Considerada una obra de culto sobre la ambición del colonialismo, Francis Ford Coppola se inspiró en este relato del escritor polaco para crear Apocalypse Now, en un estudio tan intenso como el original de la oscuridad del corazón humano.

4. Retrato de una dama, de Henry James

Las desventuras de la dama estadounidense de Henry James dan una vuelta de tuerca a la clásica novela anglosajona de relaciones sociales en las clases pudientes de finales del XIX. El perspectivismo de James abrió una ventana a una nueva forma de afrontar la narración y los personajes.

3. Anna Karenina, de León Tolstoi

La larga desventura de Anna, que busca la redención a través de los caminos menos recomendables, es, junto con Madame Bovary y La Regenta, una de las historias más conocidas referentes a la tragedia que planea sobre el adulterio.

2. Moby-Dick, de Herman Melville

De forma obsesiva, en una relación de amor-odio, el capitán Ahab busca la ballena blanca que lo dejó sin pierna. Su carácter enciclopédico puede explicar por qué esta novela no gozó inicialmente de éxito comercial.

1. Middlemarch, de George Eliot

La fabulosa recreación de Mary Ann Evans, que escribía con seudónimo masculino, del entorno provinciano de una pequeña comunidad rural inglesa, del ahogo intelectual de su protagonista y de la triste mediocridad del ser humano, se eleva a obra de arte gracias a su amor por el realismo, la creación de personajes memorables y la exposición de cuadros vitales con la maestría de una de las mejores escritoras de la narrativa anglosajona.


Las 100 novelas que debes leer. Índice de artículos

  • Página 1: Las mejores novelas del 100 al 75
  • Página 2: Las mejores novelas del 75 al 50
  • Página 3: Las mejores novelas del 50 al 25
  • PÁGINA 4: Las mejores novelas del 25 al 1


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El sesgo sobre la piratería en la prensa

AutorAlfredo Álamo el 17 de mayo de 2009 en Opinión

Ebook pirata

No es novedad encontrarse con ciertas orejeras selectivas en la prensa escrita de este país, pero a veces llama la atención la deliberada manipulación de la información que, encima, han preparado otros.

Hace pocos días salía un pequeño reportaje en el New York Times, donde se analizaba el repunte de copias digitales en la red sin el correspondiente permiso de autores o editores. También se hablaba de sitios como Scribd, donde, por el momento, el control de dichas obra no es tan eficiente como debería. Para ilustrar el caso se toman unas declaraciones de Ursula K. Le Guin, muy indignada -que la autora de Los desposeídos se altere por infracciones menores de copyright es para estudiarlo- y del presidente de la Asociación Americana de Autores de Ciencia Ficción -uno de los grupos más beligerantes frente a la copia digital- en la que arrimaba, como es lógico y normal, el ascua a su sardina de derechos. Hasta ahí todo normal. La situación del e-book es delicada y el mundo editorial no quiere caer en el error de la industria de la música y ser demonizada por los internautas, sin apenas capacidad para convencer a los usuarios de que pagar por el libro electrónico se convertirá en un acto normal y corriente. Que no se hable de otros errores como el DRM y el precio inicial de los e-books ya es otra cuestión, pero eso ya es cosa del que hace la entrevista y el entrevistador.

Lo que me indigna un poco es que en algunos grandes diarios terminen su noticia ahí. Titulan con “La piratería”, terminan con “La piratería”. En el artículo del New York Times se acaba con la opinión de Cory Doctorow, un autor que se cuela en las listas de más vendidos en Estados Unidos y que ofrece, al mismo tiempo que el libro en papel, una copia digital completamente gratuita.

Para Doctorow,

Pienso que mi problema no es la piratería. Es la oscuridad.

¿Tanto costaba mostrar el lado normal de la evolución tecnológica y un uso racional de los recursos de la red? Se ve que el martillo de la criminalización de cualquier iniciativa que no se corresponda con el copyright tradicional ha comenzado incluso antes de que dispongamos de lectores (e-readers) a precios asequibles. Las políticas dictadas por el miedo al cambio siempre fracasan, eso es algo que la industria editorial sí tendría que haber aprendido de la de la música.

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Ilión y Olympo, de Dan Simmons

AutorAlfredo Álamo el 16 de mayo de 2009 en Reseñas

Olimpo

Desde Zeta Bolsillo nos presentan la reedición de un buen número de clásicos de la ciencia ficción gracias al catálogo de Ediciones Nova. Son títulos que siempre han tenido unas buenas ventas y algunos de ellos eran esperados con ganas por muchos aficionados al género.

Así tenemos Los viajes de Tuf, de George R.R. Martin, Maestro cantor, de Card, Cuentos completos de Asimov o La nave del millón de años, escrita por Poul Anderson. Una selección, como ya he dicho, de lo más clásica que se completa con los cuatro volúmenes del último gran éxito de Dan Simmons, Ilyon y Olympo.

Lo que en Estados Unidos eran dos libros de gran tamaño se convirtieron en cuatro al llegar a España, por lo que su aparición en bolsillo era algo deseado y esperado por muchos. Simmons se ganó un puesto muy alto en la ciencia ficción gracias a su mejor novela: Hyperión, así que podemos hablar de un valor seguro, aunque tanto Ilión como Olympo no son novelas fáciles de vender a cualquiera.

Imaginemos un futuro post-humano en el que en Marte se recrea el universo clásico griego, con una Troya asediada y unos dioses presentes. Solo que no son dioses, al menos no del todo. También hay que añadir que la Tierra está habitada por unos humanos, posthumanos más bien, junto con sus siervos robóticos. A todo esto aparecen los Moravecs, desde Galileo -la luna de Júpiter– unos seres diferentes a toda concepción humana.

Y eso no es más que el principo.

Simmons desarrolla una versión cuántica de la guerra de Troya -y otro montón de mitos griegos por el medio- en el que los héroes griegos y aqueos toman forma frente a los dioses tecnificados. Y lo hace con estilo, entreteniendo, dando ritmo y divirtiéndose como nadie al escribir Ilyon. Quizá esa fuerza se va agotando al entrar en el segundo libro, Olimpo, en el que pierde algo de fuelle sin dejar de mostrar el excelente sentido de la maravilla, y, a su modo, de fidelidad al estilo y mito original, del que siempre hace gala.

Sin embargo, la visión homérica posthumana aleja de manera casi instantánea al lector no habitual de ciencia ficción, provocando, lástima, que no puedan apreciar la maestría como narrador de acción que tiene Simmons. A destacar la traducción de Rafa Marín, que viendo el tamaño del original, no tuvo que ser una tarea nada fácil.

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Pamuk y el genocidio armenio

AutorAlfredo Álamo el 16 de mayo de 2009 en Noticias

Pamuk

Al hilo del discurso de Murakami al recibir el Premio Jerusalén, habría que aplaudir al premio Nobel de literatura Orhan Pamuk por comportarse como lo hace. Ser un escritor de fama internacional, con una voz que es escuchada y reflejada en cientos de medios de comunicación conlleva una responsabilidad, una actitud ética. Los hay, claro, que prefieren lanzarse a la demagogia y a los canapés -en España tendríamos buenos ejemplos de ambos-, sin mojarse de verdad con las situaciones que realmente importan.

En el caso de Pamuk, ha denunciado en varias ocasiones el genocidio armenio y kurdo que se ha llevado a cabo en Turquía desde principios del siglo XX. Esa situación, más de treinta mil kurdos y un millón -sí, lo repito un millón– de armenios han sido asesinados, es una de las vergüenzas nacionales que Turquía no está dispuesta a admitir.

En 2005 Pamuk fue enjuiciado por “insulto contra la identidad turca” al hacer las siguientes declaraciones:

Treinta mil kurdos y un millón de armenios han sido asesinados en Turquía. Nadie se atreve a mencionarlo. Por eso yo lo digo

Ahora, pese a la absolución del primer proceso, un juzgado está preparando una nueva causa contra el único premio Nobel turco, por decir en voz alta lo que muchos turcos callan. Un atentado contra la libertad de expresión y una buena muestra de la necesidad de que los escritores devuelvan a la sociedad parte de lo que reciben de ella.

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Howard y Hanks, ¿Ángeles o Demonios?

AutorVíctor Miguel Gallardo el 15 de mayo de 2009 en Divulgación

Ángeles y demonios

Ron Howard no es de los mejores cineastas de los últimos treinta años, pero sí de los mas prolíficos y, desde luego, se puede afirmar que desde que vio la luz Grand Theft Auto en 1977, su primera película de éxito, ha mantenido un nivel de calidad e interés medio en sus películas, algo que no se puede decir de muchos directores que hayan trabajado durante un período tan amplio. Cocinero (actor) antes que fraile (director), suyas son algunas películas interesantes como Turno de noche (1982), Cocoon (1985), Willow (1988), Llamaradas (1991), Apolo XIII (1995), Una mente maravillosa (2001), Cinderella man (2005) o El desafío: Frost contra Nixon (2008), película ésta con la que consiguió reconciliarnos con su saber hacer tras la infumable adaptación de la novela de Dan Brown El Código Da Vinci.

Curiosamente, y al tiempo que Howard ha conseguido sacar lo mejor de sí mismos a actores como Russell Crowe (que bajo su dirección ha firmado sus mejores trabajos) o Michael Keaton, en dicha película Tom Hanks, un actor habitualmente notable en todas sus interpretaciones, se nos mostraba completamente fuera de juego, en la que es, en mi opinión, su peor actuación desde la década de los ochenta. Howard ya había trabajado junto con Hanks en 1, 2, 3… Splash (1984) y en Apollo XIII, en donde Hanks es devorado literalmente por un guión muy flojo y por las evidentes dotes de un excelente, como casi siempre, Ed Harris. No es cuestión, pues, de desconocimiento de métodos de trabajo o de aptitudes. ¿Qué falló, entonces, con El Código Da Vinci (aparte del guión, la actuación de los secundarios, la música, el montaje o la casi inexistente tensión argumental: me estoy refiriendo exclusivamente a la actuación de uno de los actores más cotizados del mundo)?

Ángeles y demonios

El Código Da Vinci, la novela, era un caramelo apetitoso para cualquier productora. La adaptación al cine, al menos sobre el papel, podía dar millones. La película cristalizó tras escaso tiempo de pre-producción y preparación de guión, localizaciones, etc., ya que, literalmente, urgía que viera la luz antes de que se desinflara el globo creado por Dan Brown, sus editores, la Iglesia Católica y el inefable y cacareado “boca a boca inicial” (fenómeno este último que todavía muchos creen a pies juntillas). La película fue un éxito porque, más allá de las excelencias cinematográficas de Ron Howard, el reparto (a priori interesante) y la historia, estaba la ira de miles de cristianos militantes de todo el mundo. La ira creó acusaciones, polémicas, amenazas y golpes de pecho; la ira también creó el morbo, ese mismo morbo que hace que uno pague religiosamente (nótese el juego de palabras) en taquilla para ver películas como La Pasión, Camino o Jesucristo Superstar, que de otra manera no querrían ni alquilar en el video-club.

En cuanto a argumento, Ángeles y Demonios, la novela, me resulta bastante más interesante que El Código Da Vinci. Al menos, durante su lectura (francamente entretenida) uno no tiene la sensación de estar leyendo un refrito de teorías de la conspiración paleocristianas. Es moderadamente original y muy divertida, algo imprescindible para cualquier best-seller de estas características. La pelota queda ahora en el tejado de Ron Howard y, en menor medida, en las manos de Tom Hanks. Robert Langdon no es el personaje mejor construido de la historia de la literatura, es evidente, pero tampoco era tan frío, soso e inexpresivo como nos hizo ver el laureado actor. ¿Será mejor esta adaptación? Habrá que ir al cine para comprobarlo, después de todo.

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