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Libros malditos (II): El coleccionista, de John Fowles

AutorAlfredo Álamo el 1 de agosto de 2014 en Divulgación

Mariposa

A veces un libro se puede convertir en una obsesión, sobre todo cuando el mensaje que intenta transmitir se percibe como un reconocimiento, una excusa para que ciertas terribles necesidades salgan a la luz. Libros que se convierten en coartadas para mentes enfermas y que a lo largo de los años van adquiriendo cierta leyenda funesta.

John Fowles publicó en 1963 El coleccionista, una de las primeras novelas de terror psicológico que analizaba la figura del asesino en serie, aunque con una fuerte carga filosófica, ya que Fowles pretendía explorar el peligro de la división entre clases sociales e intelectuales, dando a entender la diferencia entre una élite minoritaria y una gran masa conformista. Pese a que el autor niega un trasfondo fascista en este planteamiento, su idea de individuos superiores inmersos en una sociedad que no les comprende caló inmediatamente entre muchos lectores que se veían como marginados de manera injusta.

Por desgracia, entre esas personas se encontraban tanto un buen puñado de artistas -que luego harían referencia a El coleccionista en sus obras, como The Jam, Slipknot o Duran Duran- como algunos psicópatas. El éxito de la adaptación cinematográfica de 1965 no hizo sino aumentar la fama del libro, y darlo a conocer a todavía más gente.

Leonard Lake y Charles Ng mataron entre 11 y 25 personas, manifestando la necesidad de encontrar su versión de Miranda, la protagonista de El coleccionista. Lake dejó claras sus intenciones en una cinta de vídeo y llamó todo su montaje Operación Miranda. Otro admirador del libro fue Christopher Wilder, el asesino de la Reina de la Belleza, que raptó y asesinó a 12 mujeres (como mínimo). Wilder había memorizado El coleccionista casi palabra por palabra y se encontró una copia del libro tras su suicido. Robert Berdella mató seis hombres de 1984 a 1987 y tras ser detenido dijo que la inspiración para sus secuestros la encontró en la versión cinematográfica de El coleccionista.

Es indudable que Fowles no pretendía que su novela se convirtiera en espejo de nadie, y mucho menos en inspiración de estos psicópatas. Pero el libro se ha vuelto, a lo largo de los años, en una obra con la fama de maldita, de lectura obligatoria para aquellos que sufren de ciertas pulsiones inconfesables. El coleccionista tiene a sus espaldas una fama funesta de difícil solución y por eso, sin duda, incluimos este libro en nuestra lista de malditos.

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Libros sobre bibliófilos, libreros y lectores.

AutorAlfredo Álamo el 31 de julio de 2014 en Divulgación

Bibliofilia

Es difícil recomendar libros sobre libros, o con muchos libros, a los amantes de los libros, ya que estos son avezados cazadores de los catálogos editoriales; la mayor parte de las veces, ya conocen los títulos que más les interesan o que hablan de su propia, y benigna, enfermedad: la bibliofilia. Así que en esta ocasión vamos a hablar de algunos libros sobre amantes de los libros, sobre libreros empedernidos, sobre editores embarullados y también sobre el mundo de la lectura. No son novedades -al menos, no todos-, pero siguen siendo a día de hoy libros más que recomendables y que el público en general no conoce demasiado.

Me gustaría destacar dos libros sobre bibliofilia manifiesta. Primero, El escritor en su paraíso, de Ángel Esteban. Un libro delicioso que nos habla de escritores y bibliotecas. Treinta historias, como las de Carroll, Borges, Casanova o Stephen King, que desnudan el amor de todo bibliófilo por estos templos del libro. El segundo libro es Libros malditos, malditos libros, de Juan Carlos Díez Jayo, un anecdotario de ficción basado en hechos reales a través de todas las épocas. Una joya.

Si queréis libros sobre librerías, otras dos recomendaciones. El Sr. Penumbra y su librería 24 horas abierta, de Robin Sloan, con el que nos vamos ya de manera clara a la ficción, pero que está llena de amor por los libros y el oficio de librero, y La librería, de Penelope Fitzgerald, una tragicomedia que demuestra un conocimiento milimétrico de la fauna y flora librera.

Ahora llegamos al mundo de los bibliófilos embarullados, metidos en líos y tramas rocambolescas. Sin duda, uno de los libros que mejor habla de la trastienda editorial y al mismo tiempo genera una trama tan complicada como el mejor de los seriales, es El péndulo de Foucault, de Umberto Eco, cuya sola bibliografía ya daría para otro libro más. El segundo de los libros que encajan aquí sería Bibliomanía de Gustave Flaubert, basado en una «leyenda urbana» inventada por Charles Nodier y que junta asesinatos truculentos con el amor por los libros.

Finalmente, citar Una historia de la lectura, de Alberto Manguel, un libro apasionante sobre los lectores, sobre el acto de leer como un acto privado, cargado de poder y significado. Un ensayo magnífico (aunque en ocasiones peque de cierto personalismo) pero que resulta imprescindible para todos aquellos que siempre se preguntan sobre la naturaleza del libro y la literatura.

¿Y vosotros? ¿Os gusta leer sobre temas relacionados con los libros? ¿Cuáles son vuestros favoritos? Os esperamos, como siempre, en los comentarios.

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Leyendas urbanas y literatura

AutorAlfredo Álamo el 30 de julio de 2014 en Divulgación

Coche

Las leyendas urbanas se han convertido en el folclore contemporáneo, los mitos que resuenan a nuestro alrededor a veces por boca de amigos y conocidos o, como es cada vez más habitual, mediante las redes sociales. Historias de origen muchas veces desconocido que, a base de repetirse, de contarse una y otra vez, acaban deformadas, con detalles exóticos, convirtiéndose en rarezas mutantes de nuestra sociedad de la información.

La relación de estas leyendas con la literatura se puede estudiar desde varios ángulos. Por un lado está el propio análisis de estas leyendas, desde puntos de vista más o menos rigurosos, como por ejemplo podemos leer en El fabuloso libro de las leyendas urbanas, de Jan Harold Brunvand -un compendio muy norteamericano-, o bien en Leyendas urbanas, del divulgador del misterio Iker Jiménez. A mí me gusta especialmente Mentiras populares, leyendas urbanas y otros engaños, de Bruno Cardeñosa.

Pero un material tan jugoso, ¿ha sido utilizado como toca por la literatura? ¿Son las leyendas urbanas base de nuevos libros? Pues no demasiado, al menos por el momento. Es el cine el que más usa estos nuevos mitos, pero podemos encontrar algunos ejemplos interesantes.

Clive Barker se sumerge no sólo en la creación de un mito urbano en Candyman, sino que a través de la historia nos habla de la semiótica y la sociología del fenómeno. En Candyman, Barker fusiona dos de las grandes leyendas urbanas: María Sangrienta y El hombre del garfio. María Sangrienta tiene muchas variantes, pero todas coinciden en que hay que repetir su nombre delante del espejo tres veces para que aparezca. En cuanto al hombre del garfio… bueno, es un tipo con un garfio por mano que se dedica a destripar adolescentes.

El coche asesino en Christine, de Stephen King, tiene su equivalente en las leyendas urbanas. Según se cuenta, un Dodge 330 «Golden Eagle» tiene a sus espaldas más de catorce muertes entre suicidios, asesinatos y accidentes. Durante los años 80 y 90 se trató de destrozar el coche, pero aquellos que lo intentaron también acabaron muertos. Su actual dueño calcula 32 muertes entre directas e indirectas… ¿mito sacado del libro de King? ¿Realidad? ¿O tal vez la leyenda llegó a King en sus inicios?¿Y vosotros? ¿Conocéis más leyendas urbanas que hayan aparecido en un libro? Os esperamos, como siempre, en los comentarios.

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Dragones en la literatura

AutorAlfredo Álamo el 29 de julio de 2014 en Divulgación

Dragones

Si hay un ser mítico que ha calado en la literatura fantástica, con mayor o peor fortuna, ese es el dragón. Común en prácticamente a todas las culturas, los dragones, esas serpientes terribles, han acompañado los sueños y pesadillas del ser humano desde los lejanos tiempos de Babilonia hasta la actualidad. ¿Héroes? ¿Villanos? Lo cierto es que forman parte de nuestros mitos desde siempre y hoy en día se siguen utilizando, eso sí, muchas veces desde una perspectiva en la que poco queda de su fuerza original. ¿Cuáles son los dragones más importantes? ¿Cómo se usa esta figura? Hoy os traemos algunos ejemplos.

Uno de los dragones más antiguos es Nidhug, que se alimentaba de las raíces del árbol del mundo, Yggdrasil, y que dio forma al resto de dragones que aparecen en la mitología germana y vikinga. De ese modo aparece Fafnir en el Cantar de los Nibelungos, a quien Sigfrido da muerte (para luego bañarse en su sangre y volverse invulnerable). En cualquier caso, Fafnir era un enano convertido en dragón por su avaricia.

Muy en la línea de estos dragones tenemos también la, ahora muy, pero que muy famosa, creación de J. R. R. Tolkien para El Hobbit: Smaug. Smaug es uno de los dragones más poderosos e inteligentes descritos en la fantasía contemporánea y, desde luego, sirvió como modelo para la mayoría de los creados en las últimas décadas.

Si buscamos precisamente a un dragón fantástico actual que nada tenga que ver con Smaug, ese sería Fújur, una de las creaciones más hermosas de Michael Ende para La historia interminable. Más parecido a los dragones orientales, Fújur es un dragón de la buena fortuna, sin alas y con escamas de color madreperla. El peluche alargado que todos imaginamos es cosa de la película.

George R. R. Martin usa los dragones en Canción de Hielo y Fuego como animales sin demasiadas luces, peligrosos y capaces de decantar batallas. Los tres que aparecen junto a Daenerys son Drogon, Rhaegal y Viserion. Este punto de vista animalesco y sin gran inteligencia se puede apreciar en otros libros como Cómo entrenar a tu dragón. En la serie Temerario, de Naomi Novik, situada en unas ucrónicas guerras napoleónicas donde los dragones son el sustituto de la caballería, los dragones son más inteligentes y hasta pueden comunicarse con humanos.

Como ejemplo de dragones fantásticos con base europea, al estilo Smaug, pero muy bien definidos y con un tratamiento que los iguala a la base mitológica original, habría que mencionar Un mago de terramar, de Ursula K. Le Guin, donde los dragones son semidioses conocedores del mismo lenguaje de la creación.

Así pues, los dragones aparecen en numerosas obras de fantasía popular, como ya hemos dicho, como la serie de Eragon o en las Crónicas de la Dragonlance, muchas veces conocidas como dragonadas, que han dado pie a las parodias de Terry Pratchett en ¡Guardias! ¡Guardias! o El color de la magia.

¿Y vosotros? ¿Qué os parecen estos seres mitológicos? ¿Tenéis vuestros favoritos? Os esperamos, como siempre, en los comentarios.

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Las mejores películas de animación basadas en libros

AutorAlfredo Álamo el 28 de julio de 2014 en Divulgación

Cine animación

La relación entre literatura y cine siempre ha sido tan fluida como compleja, ya que es muy difícil plasmar la visión de un autor de manera tan certera y fiel como a todos nos gustaría. En ocasiones, la imaginación del escritor puede superar tanto a la realidad que sea prácticamente imposible pasar a imágenes reales el contenido del libro, dando paso a una técnica muy diferente: la animación. Muchas veces relegada al campo infantil, las películas de animación son casi tan antiguas como las de imagen real y han demostrado su madurez desde hace décadas. Hoy os hablaremos de algunas de las mejores animaciones basadas en libros.

Roald Dahl fue uno de los autores de literatura infantil más importantes del siglo XX. Muchos de sus libros han sido adaptados al cine, pero me gustaría destacar dos de ellos: James y el Melocotón Gigante y El fantástico Sr. Fox. Ambas rodadas con la técnica stop-motion y, desde luego, dos películas maravillosas, que lograron captar el peculiar sentido del humor de Dahl.

Una de las películas animadas más famosas de los últimos años ha sido Shrek, que ha generado varias secuelas. Pocos saben que las aventuras de este gigantón verde están basadas en un divertido libro de 1990, escrito por William Steig. Shrek! es un homenaje a los cuentos clásicos con un interesante cambio de roles.

Una de mis películas favoritas es El gigante de hierro, una bonita historia que nos enseña la ciencia ficción clásica de los años 50 y que está basada en la novela El hombre de hierro de Ted Hughes, publicada por primera vez a finales de los años 60. Como curiosidad, antes de la película, Pete Towsend, de los Who, realizó en 1989 una ópera rock basada en el libro.

Del cómic al cine hay muchísimos ejemplos, pero me gustaría destacar dos. Por un lado Akira, película basada en el manga de Otomo del mismo nombre, y que supuso el salto al mercado occidental de la armada japonesa de animación. Por otro, Persépolis, basada en el tebeo de Marjane Satrapi y que refleja con gran sensibilidad la historia de una niña en el Irán de las últimas décadas.

Una mezcla entre animación japonesa y literatura occidental sería El castillo ambulante, una obra maestra de Miyazaki basada en la novela juvenil de Diana Wynne Jones. Interesante comprobar cómo las obsesiones del autor japonés dan forma a las ideas originales de la escritora inglesa. Algo parecido puede observarse en Metrópolis, anime basado en un manga escrito a partir del libro/película original.

Por último, recomendar dos películas más recientes: Cómo entrenar a tu dragón, cuya base literaria es un entretenido libro de Cressida Cowell, y Coraline, una historia de Neil Gaiman que también firmó el guión cinematográfico.

¿Y vosotros? ¿Conocéis más películas de animación basadas en libros? Sí, claro, además de las clásicas como Alicia en el país de las maravillas, Pinocho, La bella durmiente… Os esperamos, como siempre, en los comentarios.

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Libros malditos (I): Malleus Maleficarum

AutorAlfredo Álamo el 25 de julio de 2014 en Divulgación

Malleus Maleficarum

A lo largo de los siglos, varios libros han significado un antes y un después para la historia de la humanidad. Algunos con luces, otros en una difícil penumbra y otros que, los mires por donde los mires, no han traído más que desgracias. Algunos de ellos han sido responsables de la muerte de miles de personas, demostrando el tremendo poder de la palabra en determinadas circunstancias. Hoy os hablaremos del Malleus Maleficarum, el martillo de las brujas, un libro publicado por primera vez en 1487 por Heinrich Kramer.

Kramer era un sacerdote católico alemán de la orden de los dominicos, predicador y teólogo, además de encargado por el Papa Inocencio VIII de investigar casos de brujería en el norte de Alemania. Hay que tener en cuenta que hasta 1484 la Iglesia Católica desmentía la existencia de las brujas y que creer en su existencia había sido considerado una herejía. Kramer y Sprenger -a quien se le atribuye en ocasiones la coautoría del Malleus Maleficarum– recorrieron numerosos pueblos en los siguientes años, recogiendo casos y experiencias que fueron plasmadas en este libro. Este compendio, que recoge pruebas de la existencia de la brujería y de cómo se relacionan las brujas con Satán, también habla de sus hechizos y secretos, así como de los medios necesarios para acabar con las brujas. La verdad es que no se esforzaron demasiado: la tortura era el método recomendado para arrancar confesiones.

El libro se hizo muy popular a finales del siglo XV y principios del XVI pese a la posterior prohibición de la Iglesia para que fuera utilizado como referencia. En una época muy convulsa a nivel social, se desató una caza de brujas que se expandió fuera de Alemania y que causó decenas de miles de muertes (cuando no cientos de miles) a lo largo de más de trescientos años. Tanto católicos como protestantes hicieron suyas las enseñanzas del Malleus Maleficarum, llegando su uso hasta bien entrado el siglo XVIII.

Las claves del Malleus Maleficarum son varias, pero se basan en la prueba diabólica, es decir: las brujas existen y el que no esté de acuerdo, o es brujo, o cómplice de algún modo, y además las acusadas deben demostrar su inocencia, eso si no han confesado bajo tortura. Un sistema cerrado del que nadie podía escapar.

Sin duda, el Malleus Maleficarum es uno de los libros que más dolor han causado a lo largo de la historia, funcionando casi cuatrocientos años como martillo de mujeres indefensas y proporcionando excusas para la tortura y la humillación, todo bajo un tono didáctico y académico con el que se imbuyó de una falsa autoridad.

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Las más famosas islas literarias

AutorAlfredo Álamo el 24 de julio de 2014 en Divulgación

Isla

Abandonadas, selváticas, misteriosas, desconocidas, llenas de secretos… las islas tienen algo de especial que fascina a escritores y lectores. A lo largo de la historia de la literatura son miles las historias que se han ambientado en uno de estos singulares parajes, desde los autores griegos a la literatura contemporánea. Algo deben tener las islas cuando, en ocasiones, hasta se les atribuye personalidad propia. Hoy en Lecturalia repasaremos algunas de las más conocidas.

Lo mejor es comenzar por los clásicos. Según Homero La bella y poderosa Circe gobernaba en la isla de Eea, donde Odiseo hizo una parada en su larga vuelta a casa. Circe convirtió a la mitad de su tripulación en cerdos, pero cuando no pudo hacerlo con el héroe griego -que contaba con la ayuda de Hermes- se enamoró de él, ayudándolo en su viaje. Eso sí, después de que se quedara un año con ella, disfrutando de las playas del Egeo. Esta historia fue continuada por otros autores griegos, como Hesíodo o Dionisio de Halicarnaso, con la presencia de los hijos de Odiseo y Circe.

Otra isla clásica es la Atlántida. Las primeras menciones podemos encontrarlas en Platón, donde describe una gigantesca isla de gran poder militar, desaparecida tras un violento maremoto. El mito de la Atlántida se mantuvo presente hasta que a mediados del XIX tuvo un resurgimiento romántico y hoy en día forma parte de la cultura popular dedicada a lo oculto y misterioso.

Ávalon sería otra de esas míticas islas mágicas, nacida de la mitología celta y fundamental en el desarrollo de las leyendas artúricas. Lugar donde residen las reinas de las hadas y al que Morgana llevó al Rey Arturo, moribundo tras su batalla con Mordred. La ubicación de este lugar se ha discutido durante siglos, pasando de Glastonbury a Cumberland o incluso, según Graves, Mallorca.

Demos un salto hasta Shakespeare. Su isla más famosa no tiene nombre, es en la que se desarrolla La tempestad. Una isla, casi un islote, donde Próspero vive con su hija Miranda y el salvaje Calibán. Es una de las primeras historias donde la propia isla es un elemento fundamental en la narración.

Si hay una isla famosa en la literatura, esa es La isla del Tesoro, nacida de la imaginación de Robert Louis Stevenson. Basada en retazos de historia y de leyendas marítimas, la Isla del Tesoro es una mezcla de todos esos escondrijos de piratas en las Islas Vírgenes, donde enterraban cofres y abandonaban a los traidores.

H. G. Wells también inventó una isla fabulosa, y también sin nombre, en su novela de 1896 La isla del Doctor Moreau. Excusa para abordar los límites de la experimentación con animales y sus posibles futuros, lo cierto es que de nuevo el aislamiento que otorga una isla se vuelve fundamental para contar este clásico de la ciencia ficción.

Y hasta aquí nuestro primer listado de islas literarias. En los próximos días os traeremos algunas de las más conocidas de los últimos años. ¡Estad atentos! Os esperamos, como siempre, en los comentarios.

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Libros legendarios: El Códice Atlántico, de Leonardo Da Vinci

AutorAlfredo Álamo el 23 de julio de 2014 en Divulgación

Da Vinci

Leonardo Da Vinci fue uno de los grandes genios de la historia de la humanidad y uno de los máximos exponentes del Renacimiento. Trató tantos temas como pudo, poco se le escapó, siendo un maestro tanto en arte como en ingeniería. Fue un trabajador febril y un observador incansable, su curiosidad no conocía límites y su objetivo era desentrañar la esencia misma de la creación. A lo largo de su vida tomó miles de notas y realizó numerosos diagramas y dibujos sobre sus teorías e inventos, muchas de las cuales hoy en día se han perdido. El corpus más grande de su obra es posiblemente el Códice Atlántico, que hoy día se guarda en la Biblioteca Ambrosiana de Milán.

Su historia comienza justo tras la muerte de Da Vinci, cuando el escultor Pompeo Leoni compró gran parte de sus escritos a Francesco Melzi. En principio debía constar de más material, pero se separaron varios cuadernos de esta obra magna, algunos de los cuales pueden ser el origen de otros famosos códices, como los de Madrid, el de Leicester o el Arundel.

¿Qué es lo que contiene? Pues gran cantidad de diagramas y teorías sobre mecánica, hidráulica, matemáticas, filosofía, medicina… y una gran cantidad de inventos avanzados para su época, como un curioso paracaídas, así como algunas de las armas que le fueron encargadas por el Duque de Milán. Estos escritos se completarían con los Códices de Madrid, parte del legado original, pero que fueron llevados a España por Pompeo Leoni y que acabaron en manos de Juan de Espina, un peculiar inventor. En 1712 los códices llegaron a la Biblioteca Real Española y desde entonces hasta ¡1964! se les perdió la pista.

Una tercera parte de los papeles de Da Vinci se encuentran reunidos en el Códice Arundel, actualmente en la National Library británica. El Conde de Arundel compró estos papeles en España en 1630 y los incorporó a su biblioteca, al igual que el Códice Leicester.

Todos estos papeles formarían parte del Códice Atlántico original, la mayor compilación del trabajo de uno de los mayores genios del Renacimiento. Ingeniería, matemáticas, geometría… todo un compendio de la sabiduría existente en su época, así como sus posibles aplicaciones prácticas.

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Literatura para el verano: Space Opera

AutorAlfredo Álamo el 22 de julio de 2014 en Divulgación

Space Opera

¡Grandes imperios galácticos! ¡Tramas de espionaje en colonias perdidas! ¡Tropas lanzadas de uno a otro confín del universo! ¡Romance! ¡Emoción! ¡Intriga! ¡Dolor de barriga (por la gravedad cero)! Todo esto y mucho más es lo que podéis encontrar en los grandes libros de space opera (y digo grandes, porque además de interesantes suelen ser bastante gordos), novelas perfectas para aparcar el culo en una toalla y el cerebro en las estrellas. Vamos con un listado a todas luces incompleto.

Hace pocos meses nos dejó uno de los grandes autores de ciencia ficción de las últimas décadas, Iain M. Banks, cuya serie de La Cultura nos viene como anillo al dedo para empezar a hablar de space opera. Pensad en Flebas nos sitúa en mitad de una guerra brutal, un conflicto cósmico con hondas raíces morales y religiosas. Un libro excepcional.

Si hablamos de maestras de la ciencia ficción y de la space opera en concreto, hay que nombrar irremediablemente a Lois McMaster Bujold que, con su serie protagonizada por Miles Vorkosigan, ha conseguido hacerse con numerosos Premios Hugo. La serie se puede empezar por El aprendiz de guerrero, pero cualquiera de los primeros libros sirve como iniciación a esta fantástica saga de espionaje y batallas galácticas (y algo de romance).

Para conjura política (galáctica) de altos vuelos podemos escoger un clásico con los ojos cerrados: Dune, de Frank Herbert. Todo un universo dominado por la especia, con sus casas nobles enfrentadas, los Harkonen, los Atreides; todo eso sublimado en Dune, el planeta de los gusanos de arena y la especia. Tiene continuaciones, sí. Yo, personalmente, me quedaría sólo con el primero.

Para disfrutar de más acción y un argumento más sencillo y menos dado al mesianismo que Dune tenemos La vieja guardia, de John Scalzi. Space opera siguiendo los pasos de un grupo de veteranos (no os imagináis cuanto) en el cuerpo de Defensa Colonial de la Tierra. Muy entretenido y con mucho humor.

Por último: Hyperion, de Dan Simmons, no sólo un clásico de la space opera sino de la ciencia ficción en general. Simmons compone un universo absorbente y unos personajes inolvidables dentro de un complejo sistema galáctico. Guerra, espionaje, amor; uno de los grandes libros del género. Si no lo habéis leído, es indispensable.

Estos son cinco de los mejores libros de space opera, pero hay más, claro, como la serie de La Fundación o El juego de Ender (y continuaciones). ¿Os gusta este tipo de aventuras galácticas? ¿Cuál es vuestra space opera favorita? Os esperamos, como siempre, en los comentarios.

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Anécdotas de escritores (XI)

AutorAlfredo Álamo el 21 de julio de 2014 en Divulgación

Taxi

Ah, los escritores. Gente peculiar, sin duda. Muchos de ellos absortos en sus obras, buscando inspiración en lugares extraños o, simplemente, con una capacidad especial para aburrirse de lo lindo. En cualquier caso, caldo de cultivo ideal para una buena ración de divertidas anécdotas que, a buen seguro, os van a interesar.

Alejandro Dumas era un lector compulsivo. Una tarde, su hijo lo encontró completamente absorto en la lectura de un manuscrito y no pudo evitar preguntarle por el libro.

-¡Es una novela fascinante! No puedo esperar para averiguar qué les va a pasar a los personajes.
-¿Y quién es el autor?
-¡Yo! ¡Lo he escrito yo!

No hay que extrañarse demasiado. Quizá Dumas encontró uno de los libros que había firmado como autor, pero que pertenecía a su factoría de autores que alimentaban los diarios de folletines con su nombre.

Goethe era un asiduo practicante del género epistolar. Sus cartas eran famosas por su ingenio y sagacidad. En una ocasión contestó a un amigo con una carta mucho más larga de lo habitual. Al final, como disculpa, escribió una posdata:

Siento mucho mandarte una carta tan larga, no he encontrado tiempo para poder escribir una más corta.

Thomas Mann recibió a un joven autor que acudía a él en busca de consejo. Éste le presentó su manuscrito y esperó impaciente la opinión del maestro.

-Creo que debería leer mucho más -dijo Mann.
-¿Por qué? -preguntó el joven.
– Porque si lee mucho, así no tendrá tiempo para escribir.

Se cuenta que bien entrada una noche, Enrique Vila-Matas se subió a un taxi y, antes de nada, le dijo al taxista:

-Usted no lo sabe, pero soy el diablo.
El conductor suspiró, ajustó el retrovisor y dijo:
-Ya lo sé, señor Vila-Matas, ya lo sé.

Lo que ya no cuenta el rumor es si el taxista devolvió al infierno a Vila-Matas.

Y hasta aquí nuestras anécdotas de hoy. Pronto volveremos con nuevos rumores y sucesos sobre los autores más conocidos. Os esperamos, como siempre, en los comentarios.

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