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Los hombres de paja, de Michael Marshall

AutorAlfredo Álamo el 23 de agosto de 2009 en Reseñas

Los hombres de paja

El primer libro que leí de Michael Marshall fue una novela de ciencia ficción, un género para el cual firma con su nombre completo: Michael Marshall Smith, llamada Clones. A mi me gustó bastante, aunque reconozco que era algo tramposa y muchos aficionados al género no comparten mi opinión, así que desde entonces considero a Michael Marshall como un autor al que seguirle la pista.

Mientras picoteaba en la caseta de Negra y Criminal en la Semana Negra me quedé con su última novela: Los hombres de paja, editada por Random House en su sello dedicado a la novela negra Roja y Negra. Como tenía un largo trayecto para volver a casa, me hice fuerte en la butaca del tren y empecé a leer la primera novela negrocriminal de Marshall que caía en mis manos.

Los hombres de paja empieza con una gran masacre americana, un recuerdo de la famosa Columbine, donde ya se nos deja claro que la lectura del libro no va a ser complaciente ni agradable. En Los hombres de paja se habla del mal, del mal casi absoluto, a medio camino entre las novelas de Connelly y de Connolly, moviéndose en un territorio ambiguo que podría llegar a ser pesado si no fuera por el estilo escogido por Marshall para escribir.

Por momentos, la historia se convierte en una novela Hard-Boiled, en una auténtica sinfonía de tiros, persecuciones, personajes sin alma, desesperación, más tiros, conspiraciones, muertos -muchos muertos-; un auténtico road-book norteamericano lleno de venganza y odio.

La novela se lee de manera fluida, tiene pocos lugares comunes y supone una bocanada de aire fresco tras cierta sobredosis de autores nórdicos, espeluznantes en los crímenes pero que en ocasiones pecan de demasiada reflexión y de un tempo a veces demasiado lento.

Los hombres de paja es el primer libro de una prometida trilogía y termina con final un tanto abrupto después de la descarga de adrenalina. Quizá por ese motivo se incluye el primer capítulo de su continuación, para quitarnos un poco el mono.

A señalar la sorprendente mala corrección del libro, con faltas ortográficas demasiado dolorosas a la vista como para no mencionarlo. En una editorial como Random House -y con lo que cuesta una novedad- es algo que nunca debería suceder.

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Un culebrón universitario

AutorGabriella Campbell el 22 de agosto de 2009 en Noticias

Walcott

Suele decirse que un gran escritor va siempre acompañado de un gran ego. Si bien esta afirmación no es siempre cierta, todos tenemos en mente a algún que otro autor inflado, polémico y destructivo que gusta de aparecer en medios de comunicación a diestro y siniestro, ahogando de insultos al rival más cercano. Determinados escritores no gozan de simpatía generalizada por su personalidad controvertida, y más de un lector se habrá sentido decepcionado, tras leer una obra magnífica, al ver al autor de ésta entrevistado en televisión o en su periódico de cabecera, provocando una subida en el precio del pan con cada palabra surgida de su boca augusta.

Pero no sólo en los mass media cuecen habas. Ese lugar reverenciado y respetado, la universidad, el centro del saber, ha sido testigo de más de una riña monstruosa; donde aquellos que deberían ser ejemplo de civismo y de profesionalidad se comportan a veces con el saber hacer de un niño de cinco años. El caso reciente más importante ha sido, sin duda, el de la pelea entre titanes por una de las posiciones más prestigiosas del mundo universitario: la cátedra de poesía de la Universidad de Oxford. Derek Walcott, premio Nobel de Literatura y uno de los dramaturgos y poetas más importantes de nuestro tiempo, se vio obligado a renunciar a la cátedra tras una intensa campaña anónima de desacreditación en su contra que sacaba a la luz las acusaciones por acoso sexual que sufrió el escritor santaluciano en dos ocasiones, una de una alumna suya de Harvard, y otra de parte de una alumna de Boston. El autor retiró su candidatura, siendo el favorito para obtener la cátedra, tras la divulgación de estas acusaciones a la prensa amarilla y a los propios miembros docentes del departamento de literatura de Oxford. De esta forma, Ruth Padel, de 63 años, obtuvo la cátedra, convirtiéndose en la primera mujer en ocupar este puesto. Padel expresó su desánimo por la retirada de Walcott, tachando la jugarreta anónima como de mal gusto y cruel. Sin embargo, su actitud duró poco, unas semanas más tarde se vio obligada ella misma a renunciar al puesto, ya que salió a la luz que la responsable de esta campaña de vilipendio era ella misma. Padel expresó que había actuado “por el bien de los estudiantes”, y que no había proporcionado ninguna información que no fuera del dominio público. Las propias acusaciones de las alumnas son de hace unos treinta años, la primera resultó en una reprimenda por parte de Harvard, y la segunda se resolvió fuera de juicio. La segunda chica llegó a enviar una carta abierta a Oxford en la que solicitaba que se dejara a un lado la vida personal de Walcott y se centrara la competición en los méritos literarios y profesionales de éste, asegurando que “no es una mala persona, tal vez demasiado apasionado”. Ninguna de estas acusaciones ha sido probada, pero la presunción de inocencia, obviamente, queda descartada en una carrera agresiva, pública y sucia hacia uno de los grandes honores de la Literatura (así, con mayúscula); cierto es que Walcott siempre ha gozado de fama de “apasionado”, pero Padel abandona la carrera con el cartel de mentirosa.

Por supuesto en España también disfrutamos de las justas universitarias entre profesores prestigiosos que desempeñan también función autorial (o de autores prestigiosos que desempeñan función docente, nunca queda muy claro). Muchos recuerdan las famosas acusaciones de Luis García Montero hacia José Antonio Fortes en El País, por las que la facultad de Filosofía y Letras hervía más de lo acostumbrado de broncas, enfrentamientos y uso frecuente de la palabra “fascista”. La postura política de Fortes, y la implicación de dicha postura en su visión de Federico García Lorca y de otros poetas del 27 y de la postguerra le hizo merecedor de una larga lista de improperios públicos por parte de García Montero, quien se vio obligado a enfrentarse a las consecuencias legales. El tema levantó ampollas entre defensores de un lado y otro. Aun siendo licenciada por esta misma facultad, y conocedora de algunas de las disputas que en ésta llevan años fraguándose, no voy a decantarme públicamente por un lado u otro, pero sí afirmaré que, tanto en el caso de la polémica granadina como en la oxfordiana, sólo una frase se me viene a la cabeza: “¿Pero nosotros no veníamos aquí para aprender?

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Dorian Gray, de Oliver Parker

AutorAlfredo Álamo el 21 de agosto de 2009 en Noticias

Dorian

Bien, nueva adaptación victoriana que se nos viene encima, en este caso con la adaptación de todo un clásico de Oscar Wilde, El retrato de Dorian Gray, oda y castigo al narcisismo mal entendido.

Siguiendo el esquema mefistotélico del libro, Dorian Gray es un joven que -bueno, voy a poner la palabra Spoiler aquí por si alguien no sabe de qué va el libro- SPOILER: que vende su alma al diablo para permanecer siempre perfecto, joven para siempre, y que todo lo que le pasa es trasladado a un cuadro que Dorian Gray guarda en el desván de su casa. FIN DEL SPOILER

No es la primera vez que se adapta la novela, o al personaje, destacable la versión de 1945 protagonizada por George Sanders, aunque la verdad es que hace bastante tiempo -si descartamos su aparición en La liga de los hombres extraordinarios– que no se ha recuperado para el gran público.

Del tráiler podemos decir que nos presenta, como es habitual de un tiempo a esta parte, una estética oscura y unos esplendorosos planos digitales del Londres victoriano, y parece prometer más sexo de lo que nos habían ofrecido hasta ahora, una especie de trama social, planos demasiado cortos y movimientos de cámara mareantes.

En cuanto a los actores, tenemos a Ben Barnes (Las crónicas de Narnia) como Dorian Gray, a Colin Firth (La importancia de llamarse Ernesto, La última legión, El paciente inglés…) como Lord Henry Wotton y a Rebecca Hall (Vicky Cristina Barcelona, El Prestigio) como Emily Wotton. El director, Oliver Parker, ha realizado varias películas menores entre las que cabría destacar una adaptación de Otelo y otra de La importancia de llamarse Ernesto.

Sin más dilación, aquí os dejamos el tráiler de Dorian Gray, prevista para otoño de este año, pero sin fecha fija de estreno.

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Autores de renombre y ciencia-ficción

AutorAlfredo Álamo el 20 de agosto de 2009 en Divulgación

CF Pulp

El término Ciencia Ficción es posiblemente uno de los estigmas más dolorosos que se puede imponer a fuego en los lomos (literarios) de algunos autores de renombre. La existencia de una ciencia ficción pulp con mucho éxito popular, de escasa calidad y muchas veces en el límite de las reglas ortográficas, ha condicionado toda aquella novela que pudiera entrar en el enorme cul-de-sac en que el término del género se ha convertido.

Así pues, con la sacrosanta regla genérica en la mano, es ciencia ficción La mano izquierda de la Oscuridad y la novela romántica de viajes en el tiempo El highlander inmortal, siendo posiblemente los dos libros más diferentes que se pudieran comparar. Así, para muchos escritores, y editores asustadizos, el hecho de escribir ciencia ficción era, instantáneamente, pasar a escribir novelas sobre dinosaurios parlantes del espacio exterior que acosan a amazonas de abundantes pechos enamoradas de viajeros nazis del espacio.

De esa forma surgió el extraño concepto de “lo mío no es ciencia ficción, que es mala, lo mío es otra cosa igual que la ciencia ficción, pero en bueno”. Agarrados a ese paradigma como a una biblia frente a una horda de vampiros sedientos de sangre, nos encontramos a algunos excelentes escritores de nuestro tiempo.

Primo Levi, por ejemplo, publicó un libro de cuentos de literatura fantástica, me atrevería a decir que varios de ellos entran dentro de la ciencia-ficción, bajo el seudónimo de Damiano Malabaila. Al parecer, un superviviente de un campo de concentración no podía escribir sobre cosas imaginarias, eso le restaría validez a su testimonio sobre los campos, al parecer. Según él no era ciencia ficción “si por ciencia ficción se entiende futurismo, la fantasía futurista barata. Estas historias son más posibles que muchas otras”. Vamos, que es lo mismo que decir que no es ciencia ficción si la ciencia ficción es un gamusino verde borracho dentro de un saco de arpillera.

Otra gran escritora de nuestro tiempo que se tiró al monte armada de un fusil para defenderse de los aficionados de ciencia ficción que se atrevieron a premiarla con el Arthur C. Clarke y nominarla al Premio Nébula, es Margaret Atwood, que llegó a declararse ofendida por considerar su obra como ciencia ficción, una obra, El cuento de la criada, distópica de connotaciones sociales en la línea de muchas otras obras -buenas obras- de género. Del mismo modo que Levi, opinaba que si la ciencia ficción era “calamares hablando en el espacio” su obra no era ciencia ficción. A la anterior comparación anterior del gamusino verde me remito.

Canopus

En dirección contraria, sin frenos y tocando el claxón para que Levi y Atwood se aparten del camino, tenemos a la Premio Nobel Doriss Lessing, autora de una serie de novelas de ciencia ficción (Canopus en Argos) a la que no le duelen prendas en reconocer que lo suyo era ciencia ficción de verdad y que dentro del género se encuentran algunas de las obras sobre la sociedad moderna más interesantes. Lástima que la incursión de Lessing en el género sea menor en su carrera. (Diablos, el libro de Atwood es mucho mejor que los de Lessing)

¿Qué tenemos más? Una novela de corte post-apocalíptico como La carretera de Cormac McCarthy tampoco entraba en el género. Vaya. Nunca me abandones, de Ishiguro, tampoco. ¿Por? Porque el concepto de lo que es la ciencia ficción se reduce de nuevo a la literatura pulp y al cine para adolescentes. Y entonces claro, si eso es cf, lo suyo no lo es, de ninguna de las maneras.

Después de todo, también es cierto, ¿acaso tiene alguna importancia? Puede que sólo para los que no se indignan cuando les conceden algún premio de nombre ignoto y entienden que la literatura sólo debería dividirse entre buena y mala, y que todo lo demás, como se suele decir, es tontería.

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Modelo famosa y polémica busca negro

AutorVíctor Miguel Gallardo el 19 de agosto de 2009 en Noticias

Wener

Para la gran mayoría de los aficionados a la lectura el nombre de Louise Wener no les dirá absolutamente nada. Si, como datos biográficos, añado que da clases tanto de escritura creativa como de póquer, que vive en el mismo barrio londinense donde lo hace Clive Barker (Crouch End), que escribió un célebre artículo sobre su maternidad en el diario The Guardian o que es aficionada del West Ham, estoy seguro de que Wener seguirá resultándoles una completa desconocida.

En realidad Wener fue, a su manera, una pequeña celebridad durante los años 90 dentro del mundo de la música pop británica, siendo la vocalista y líder indiscutible del grupo Sleeper. No es, desde luego, uno de los grupos señeros dentro del brit-pop, pero tuvieron tres discos de estudio bastante exitosos, fueron teloneros habituales de bandas importantes como Blur o REM, y una de sus canciones (en realidad una versión del grupo Blondie) se incluyó en la banda sonora de una de las películas británicas más importantes de esa década, Trainspotting. Sin embargo, Wener decidió dar un giro a su vida y decidió dedicarse a tiempo casi completo a la literatura. Así es como vieron la luz sus novelas, todavía no traducidas al español, Goodnight Steve McQueen, The Big Blind (que después fue renombrada como The Perfect Play), The Half Life of Stars y Worldwide Adventures In Love, que han tenido bastante repercusión en su país de origen. Wener ha decidido seguir haciendo lo que le gusta, escribir, al tiempo que ha formado una nueva banda, Huge Advance, que sólo da conciertos en algunas salas del norte de Londres.

Pues según parece, o así lo han publicado algunos tabloides ingleses, la siguiente novela de Wener no saldrá bajo su nombre, sino bajo el de uno de los personajes más mediáticos de la actualidad, la modelo Kate Moss. Moss había comentado recientemente su intención de escribir una novela, protagonizada por una modelo pero de temática ficticia, siguiendo los pasos de otras ex compañeras de profesión que hicieron lo propio (Naomi Campbell, sin ir más lejos, también escribió una obra de ficción cuya protagonista era, vaya sorpresa, una modelo). También Victoria Beckham escribió un libro: con una buena ayuda y dinero, cualquiera puede. Y el libro se venderá, igual que ha ocurrido siempre, a pesar de que el lector sea más o menos consciente de que el nombre que aparece en la portada no se corresponde con el del hombre o mujer que ha de ser considerado a todos los efectos como su autor.

La figura del negro literario ha existido casi desde que ha habido literatura, y son muchos los autores reconocidos que se sabe o se sospecha que recurrieron o recurren a ellos con frecuencia, tal es el caso de Alejandro Dumas, Camilo José Cela o, más recientemente, Fernando Sánchez Dragó (aunque él lo reconoció públicamente, incluso en el prólogo de uno de “sus” libros). Quiero pensar, sin embargo, que el servicio de un negro literario (o “ghost writers”, escritores fantasma) es más usual cuando el supuesto “escritor” es un famoso que, bien porque tiene algo que contar pero no se siente capacitado para hacerlo, bien por hacer caja gracias a su popularidad, se decide a contactar con una de las numerosas agencias que pueden proporcionarte a un profesional en esto de la escritura.

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Lunar Park, de Bret Easton Ellis

AutorAlfredo Álamo el 18 de agosto de 2009 en Reseñas

Lunar park

Bret Easton Ellis es un tipo listo, o al menos lo parece.

Después de lograr el éxito de su vida con American Psycho y entrar en el top ten de los autores mejor pagados -además de ganar una buena cantidad de dinero con los derechos de la película y, supongo, de su espantosa secuela– había pasado un poco de puntillas por el mercado editorial, al menos el europeo, con Glamourama, que no llegó al mismo nivel de superventas que su anterior libro -lo que no quiere decir que no vendiera una barbaridad-.

Lo cierto es que Glamourama era una especie de continuación de American Psycho, quizá una repetición de la misma plantilla pasada al mundo de la fama y los modelos. A mi me gustó bastante, pero Ellis me tiene atrapado desde que leí Menos que cero. Cosas de la edad, supongo.

Lunar Park es a la vez un buen libro y un monumento a su propio ego. Ellis construye una realidad paralela a la nuestra en la que se mezcla realidad y ficción a partes iguales a la hora de crearse un escenario perfecto para una historia típica de fantasmas, solo que al pasarla por el tamiz de su propia vida nos deja una novela más que diga, menos impactante que American Psycho, pero mucho más madura a la hora de narrar.

En Lunar Park, Ellis está casado con una actriz llamada Jayne Dennis. Además tiene una hija, Robby, y una hijastra, Sarah. El escritor está en proceso de desintoxicación por drogas y alcohol, aunque lo hace más o menos a su propia manera. La historia gira en torno a una maldición o embrujo que ronda la casa en la que vive la familia y a una muñeca en forma de pájaro -un Terby, vamos, una especie de Furby– que es poseído en diversas ocasiones.

Mientras Ellis mantiene que la casa está embrujada, su familia no lo cree y lo achacan todo al abuso de drogas y alcohol, abuso, por otra parte, más que cierto. Digamos que Lunar Park es la clásica historia de fantasmas pasada por el estilo de Ellis. Me gustaría poner un ejemplo televisivo: Lunar Park es Poltergeist mezclado con Californication.

Al final es un libro difícil de recomendar por inclasificable. Para seguidores de Ellis es una pieza indispensable, pero quizá sea demasiado autorreferencial y de género para mucha gente. Lo cierto es que es un buen libro, que tampoco intenta cambiar nada en la historia de la literatura, se lee de manera agradecida y a mi me hizo pasar un rato de lo más entretenido.

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Exposición sobre Tarzán

AutorRaquel Vallés el 17 de agosto de 2009 en Noticias

Tarzan por F.Frazzeta

Edgar R.Burroughs publicó Tarzán de los monos en 1914 comenzando una de las sagas más exitosas de la literatura pulp, creando unos personajes llevados al cine en muchas ocasiones y convirtiéndose en un icono de la cultura popular del siglo XX. Burroughs cuenta como un accidente lleva al niño de una familia aristocrática a ser criado en África, tras la muerte de sus padres y su adopción por una simio manganí, especie inventada por Burroughs, que acaba de perder a su cría.

Tarzán, piel blanca en el lenguaje de los manganí, se irá adaptando a su nueva vida mientras consigue aprender a leer gracias a los libros que encuentra en la cabina del avión de sus padres. Siendo adulto será encontrado por hombres “civilizados” con los que volverá al que debía haber sido su sitio como hijo de lord y lady Greystoke, sin conseguirse adaptar ese nuevo mundo.

Burroughs se inspiró en diferentes historias, como la de Mowgli en El libro de la selva de Kipling o en la leyenda clásica de Rómulo y Remo y, a pesar del poco reconocimiento de la crítica consiguió, además de convertirse en un escritor de éxito, crear toda una leyenda.

Esta historia es ahora repasada en la exposición ¡Tarzán! O Rousseau entre los Waziri, que se puede visitar en el Museo du quai Branly, centro etnográfico a orillas del Sena, que cuenta con una gran colección de arte africano y de la época colonial. En la exposición no sólo encontraremos al Tarzán literario sino también al cinematográfico o a la versión en cómic, intentando abarcar la influencia que tuvo Tarzán en la cultura popular, traspasando ampliamente los limites de cualquier héroe pulp. A quien no veremos será a la mona Chita, otro icono selvático, aunque en este caso sólo aparecía en las versiones cinematográficas. La muestra estará abierta hasta el 27 de septiembre, así que aun hay tiempo de incluirla en alguna ruta de vacaciones.

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Conversaciones literarias en Mallorca

AutorRaquel Vallés el 16 de agosto de 2009 en Noticias

Formentor

En mayo de 1959 Camilo José Cela puso en marcha las Conservaciones literarias de Formentor, tertulias organizadas en el hotel Formentor de Mallorca y a las que acudieron un gran número de poetas y escritores de toda Europa, formando el Club de los poetas como lugar para la discusión y reflexión alrededor de la literatura. Carmen Laforet o Jaime Gil de Biedma fueron algunos de los participantes a aquellas jornadas que, dos años después, se materializarían en los Premios Formentor y en el impulso a la publicación de obras inéditas en castellano a través de acuerdos con editoriales. El momento actual del sector editorial en España es muy diferente, pero siempre son bienvenidas, y necesarias, iniciativas que busquen dinamizar el mundo de la literatura.

En agosto de 2008 volvieron al Hotel Formentor las Conversaciones literarias y este año, entre el 25 y el 27 de agosto tendrá lugar su segunda edición en esta nueva época que, a pesar de lo dicho y negado el año pasado, si parece va a suponer el renacimiento de los Premios Formentor, aprovechando el cincuenta aniversario del nacimiento de las primeras Conversaciones.

Durante esos tres días, escritores, agentes, editores, críticos y periodistas, discutirán sobre diversos aspectos del mundo editorial y de la literatura, sobre el reto del libro electrónico, la generación de los cincuenta o la relación entre literatura y disidencia; coloquios en los que participarán, entre muchos otros, escritores como José Saramago, Félix de Arrua o Carme Riera y donde se rendirá homenaje al recientemente desaparecido Baltasar Porcel.

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Rechazo de un premio

AutorAlfredo Álamo el 15 de agosto de 2009 en Noticias

Goytisolo

Leo en El País un artículo de opinión de Juan Goytisolo en el que explica sus razones para rechazar el Premio Internacional de Literatura, un premio otorgado con la financiación de la Yamahiriya Libia Popular Democrática, vamos, el gobierno libio en manos de Muammar al-Gadaffi.

Las razones esgrimidas por Goytisolo para rechazar el premio, pese al respeto que muestra al jurado que decidió darle el honor y los 150.000 euros que conlleva el galardón, por una cuestión ética, ya que Goytisolo se ha posicionado en contra de los regímenes, tanto dictatoriales como de apariencia democrática, que, según el, hacen que el mundo árabe sea incapaz de avanzar de acuerdo a los tiempos que corren.

Goytisolo ha dicho “Gracias pero no” y de esa forma afianza su postura pública y ética. Sin embargo, al leer los comentarios a la noticia, tanto el propio periódico como en otros medios, surgen varias preguntas recurrentes. ¿No podía haber aceptado el premio y donado esa cantidad de dinero a una obra benéfica? Otros incluso van más allá y opinan que esos 150.000 euros deberían haber terminado en manos de grupos opositores a Gadafi. Los hay, claro, que simplemente acusan a Goytisolo de vanidoso…

En mi opinión, ha hecho lo correcto. El hecho, el simple gesto de aceptar el premio haría que su nombre fuera relacionado para siempre en todas las enciclopedias, wikis o bases de datos, con independencia de qué hiciera luego con el premio, dotando de reconocimiento o validez a la institución que lo organiza, algo que, por lo dicho, no quería que sucediese.

¿Y vosotros? ¿Qué hubierais hecho?

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Alfred Hitchcock presenta…

AutorAlfredo Álamo el 14 de agosto de 2009 en Divulgación

Psycho

Aprovechando las fechas, ayer habría cumplido 110 años el genio del suspense, y que los viernes toca hablar de cine y literatura, creo que no estaría de más dedicarle unas líneas a Alfred Hitchcock.

Hitchcok fue el maestro dentro del género de intriga y suspense durante gran parte del siglo XX, obras como Con la muerte en los talones, Rebeca, La soga, Psicosis o Los pájaros, son verdaderas obras maestras que son capaces, hoy en día, de mantenernos pegados al asiento.

Para comenzar a hablar de la relación de Hitchcock con la literatura nada mejor que una de sus más celebradas, y copiadas, películas: Psicosis. El director inglés se basó en la novela homónima de Robert Bloch, escritor ganador de premios como el Hugo o el Bram Stoker, que se inspiró en el serial killer Ed Gein para crear al personaje que luego encarnaría Anthony Perkins.

Otra gran novela que luego Hitchcock lanzaría al éxito es Rebeca, basada en la obra de Daphne du Maurier, escritora que siempre le dio vueltas a los personajes femeninos cargados de misoginia y cierta perversidad. Yo destacaría dentro de su obra El manzano, una recopilación de relatos de lo más interesante.

Topaz es otra obra basada en un libro, en este caso del escritor americano Leon Uris, y que se adentraba en el mundo de la guerra fría, la alianza ruso-cubana y un baile de espías que Hitchcok no logró convertir en uno de sus mejores trabajos, también bastante limitado por imposiciones desde la Universal.

Tres investigadores

Pero la relación de Hitchcock con la literatura no se limitan a la adaptación de libros para sus películas -o la escritura de sus guiones, que en ocasiones raya a gran altura-, su nombre aparece también en distintos títulos, incluso como personaje de ficción.

Tal es el caso de la serie juvenil Alfred Hitchcock y los tres investigadores, en la que el director aparecía como un importante personaje secundario. Al morir Hitchcock, no volvió a aparecer en los libros y hasta se cambió el título a la serie para pasar a ser simplemente Los tres investigadores.

También, si se tiene cierta edad, podemos recordar una serie de antologías de bolsillo, de cuando se vendían a puñados en los kioskos, con la reconocible silueta de Hitchcock en la portada. Son los famosos libritos de “Alfred Hitchcock presenta”, aprovechando el gran tirón de la serie de televisión del mismo nombre. De todas formas, el director sólo ponía el nombre y ni siquiera escribía las introducciones, pero el efecto psicológico sobre el lector era exactamente el mismo.

El único relato como tal escrito por Hitchcok fue The Murder of Monty Woolley, una cuento publicado en la revista Look en el que se jugaba con los lectores en distintas fotos para averiguar quién era el asesino en cuestión.

Claro que también hay otro buen montón de libros sobre el propio director, su vida, su carrera y su visión sobre el cine. A destacar los libros del también director de cine François Truffaut, uno basado en conversaciones y el otro directamente de análisis. Para los amantes del cine, también acaba de salir un libro escrito por Guillermo del Toro que habla sobre la figura del gran maestro y en el que analiza varias de sus técnicas.

Con todo, tan sólo es una pequeña parte de lo que podríamos contar de uno de los directores de cine que, con toda seguridad, más ha influido en la novela de misterio y suspense actuales.

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