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La labor del corrector: Entrevista a Juan Manuel Santiago (II)

AutorGabriella Campbell el 6 de agosto de 2012 en Entrevistas

Los juegos del hambre

Seguimos con la entrevista que comenzamos con el corrector y ensayista Juan Manuel Santiago.

-¿Alguna vez te has encontrado con un texto tan aberrante, tan mal escrito, que has rechazado la posibilidad de corregirlo?

¡Paso palabra! Dada la situación del sector, hay que comulgar con ruedas de molino, y eso incluye aceptar textos imposibles, aunque siempre te queda el derecho a la ironía: por ejemplo, la más visible de mis canas lleva el nombre de una de mis editoriales favoritas, y ahí lo dejo. Me echo a temblar cuando los textos vienen con recomendaciones expresas del cliente como «No toques demasiado, que el autor es muy suyo» o «Limítate a unificar»: suelen ser los peores.

No hace mucho, corregí un ensayo de un autor extranjero… traducido por él mismo. Para colmo, solo entregó la mitad del manuscrito. Por suerte, una profesional acabó la traducción y, por desgracia para mí, lo hizo tan rematadamente bien que luego no hizo falta pasarle corrección de estilo.

Guardo pésimos recuerdos de un texto de un pope de la biología. La traductora no tenía ni idea de inglés ni de español ni, ay, de biología. En un momento dado se refería a un bicho de la orden de los anfibios, en femenino, como si las ranas fueran monjes templarios, o qué sé yo.

También recuerdo una ristra de textos insalvables que encadenó una empresa de servicios editoriales. El más llamativo fue un libro de un psiquiatra que, como vivía en los Estados Unidos, pensaba en inglés, con lo que no había quien entendiera nada. Es el único cliente que me alegro de haber perdido.

Luego hubo otro de un político muy conocido que acepté porque, aunque ya me habían dicho que no necesitaba corrección de estilo sino un milagro, me pudo más la curiosidad. ¡En mala hora! Los originales que escriben los políticos son de lo peor que hay: comunican especialmente mal por escrito, como si no tuvieran claro lo que quieren transmitir, y eso no es nada tranquilizador. ¿Cómo vas a hacer que el país salga adelante si no eres capaz de explicar las soluciones que propones? (Por cierto: mi nivel de redacción es entre correcto y bueno, me considero empático y creativo y, en resumen, no pongo reparos a la posibilidad de trabajar como negro literario.)

-¿De qué libros guardas excelentes recuerdos, a cuáles les tienes especial cariño?

Me encantó corregir Los Juegos del Hambre, de Suzanne Collins, Los nuevos charlatanes, de Damian Thompson, Las chorradas de mi padre, de Justin Halpern, Traficantes de información, de Pascual Serrano, El pasaje, de Justin Cronin y algunos de Taschen (Los archivos de Pedro Almodóvar, la biografía de Muhammad Alí o MoonFire, de Norman Mailer), pero mis favoritos son Hecho a mano, de Dan Lepard (por el trabajo en equipo con el traductor, Ibán Yarza), El lunes empieza el sábado, de Arkadi y Borís Strugatski (de nuevo, por el trabajo en equipo con la traductora, Raquel Marqués), Noticias desde un universo desconocido, de Frank Schätzing (porque fue el primer encargo relevante que recibí, y gracias a él me salieron las cuentas y me pude hacer autónomo) y todo lo que editó Pily B. con el sello NGC Ficción!

-¿Cuál crees que debe ser la labor del corrector en el mundo del libro digital, donde la autoedición está cada vez más presente? ¿Crees que los libros electrónicos que los autores venden a precios mínimos en Amazon, por ejemplo, pueden justificar el coste de una corrección?

Una buena corrección es tan necesaria como una buena maquetación. Algunos autores y autoeditores creen que se están liberando de esas pijadas que les imponen las editoriales, pero en realidad se están disparando en un pie: si careces del paraguas que supone el hecho de que otro (el editor) se está gastando su dinero en editar tu producto, se incrementará tu porcentaje de beneficios si las cosas te van bien, cierto, pero también el de pérdidas si las cosas te van mal. En este sentido, la corrección, por leve que sea, debería considerarse una inversión necesaria para ofrecer un producto competitivo que te ayude a sobrevivir como autor y autoeditor.

-Desde Lecturalia te damos las gracias por tu tiempo.

Muchas gracias a vosotros, por acordaros de esta profesión tan necesaria como poco valorada.

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Reseñar o no reseñar. El dilema de los libros autoeditados (I)

AutorGabriella Campbell el 4 de agosto de 2012 en Opinión

Gav Reads

El blog Gav Reads (Gav lee) es uno de esos blogs de reseñas que atrae bastante visitas en el mundo anglosajón. Al igual que hacen en España muchos lectores ávidos que dedican su bitácora a opinar sobre los libros que han leído, el tal Gav reseña una gran cantidad de libros y obtiene, a cambio, un seguimiento fiel de personas interesadas en conocer su punto de vista. Para ello, como ocurre cada vez más también en nuestro país, muchas editoriales le envían servicio de prensa (es decir, libros gratis), para que los reseñe.

Gav ha intentado explicarle a su público por qué a él, y a otros blogueros similares, le cuesta mucho reseñar libros que no vengan directamente de una editorial, sino de la mano del escritor cuando ha editado su propio libro. Ha dado una serie de razones para justificar su política de no aceptar libros de ficción autoeditados, razones que, aunque perjudican a este tipo de escritor, tienen bastante sentido.

Una de las razones de peso de Gav es que, si bien con los servicios de prensa de editoriales uno puede sentirse libre de dar su valoración sin cortarse, esto es más difícil con el autor autoeditado. Como éste es, a la vez, escritor, editor y relaciones públicas de su obra, no hay ninguna editorial por medio que le pare un poco los pies o que actúe de intermediaria entre el escritor y el crítico. Así, son notorios los casos en los que los blogs de críticos se han visto invadidos por una oleada de mensajes ofensivos del autor cuyo libro no terminó de gustarle al bloguero.

Otra razón, vinculada a este aspecto más personal del libro autoeditado, es que si el bloguero no tiene posibilidad de leer la obra, se sentirá culpable por ello. Al recibir el libro directamente del autor, se crea un contacto directo (que además puede influir en la valoración del libro) muy diferente al establecido por una editorial. El bloguero será, además, consciente de que mientras que para una editorial el envío de un libro como servicio de prensa no le implicará un esfuerzo ni un gasto importante, para el escritor autoeditado, que pone cada ejemplar de su propio bolsillo, puede que sí, lo que crea en el bloguero una responsabilidad que no tiene para con otras obras de edición al uso.

De una manera más egoísta, el dueño de la bitácora sabe que reseñar un libro de un escritor autoeditado desconocido no va a atraer visitas a su página. Muchos blogueros, de hecho, solo reseñan libros muy populares, por el efecto rebote que puede tener dicha reseña (los que busquen información sobre el libro llegarán al blog, y si les gusta, se quedarán).

(Continúa en la segunda parte del artículo)

La labor del corrector: Entrevista a Juan Manuel Santiago (I)

AutorGabriella Campbell el 3 de agosto de 2012 en Entrevistas

Juanma Santiago

En esta segunda entrega de entrevistas con profesionales relacionados con el sector del libro, hemos querido ofreceros la perspectiva del corrector, esa persona por cuyas manos pasa un texto para ser pulido y perfeccionado para ofrecerse al lector de la mejor manera posible.

-Algo que seguramente se habrán preguntado algunos lectores es qué es exactamente un corrector de estilo, qué es un corrector ortotipográfico y si hay alguna diferencia entre ambos.

La corrección es una de las fases del proceso de edición de cualquier texto. Por muy buenos que sean el autor y la editorial, siempre habrá algún aspecto susceptible de mejorar, para que la edición sea perfecta, o casi. (¡Siempre hay imponderables!)

El lenguaje es un código que se ha creado para facilitar la comunicación entre personas. Cuanto más uniforme sea este código, menos errores de interpretación tendremos, y más fácil le resultará al autor transmitir el mensaje que pretende transmitir con su texto.

Por simplificar mucho, existen dos tipos principales de corrección, aunque no son los únicos. La de estilo se encarga de hacer que el texto sea legible, no exista ningún aspecto oscuro desde el punto de vista gramatical o de significado, y se adapte a las normas específicas de cada editorial. La ortotipográfica repara todos los errores ortográficos y de tecleo, lo que de manera coloquial (incluso en algunas editoriales) se llama «poner bien las comas».

-¿Cuál dirías que es la mayor dificultad que sueles encontrarte al realizar una corrección?

Los plazos de entrega. Corregir consiste en leer un texto varias veces, volviendo atrás una y otra vez para unificar aspectos en los que no habías reparado al principio, o para rectificar criterios cuando cambian de una página para otra, y esto requiere tiempo y atención.

También es difícil determinar el nivel de intervención necesario. En ocasiones corregirías más a fondo de lo que te piden, pero no puedes hacerlo, porque te han solicitado que seas respetuoso con el estilo del autor, que es quien tiene la última palabra, y te arriesgas a que te rechace todos los cambios.

-¿Cuáles son los errores más comunes que te encuentras en textos de tipo literario? ¿Cuál es esa metedura de pata de la que parece que no se libra ningún escritor?

Soy admirador incondicional de los textos escritos en español pero repletos de falsos amigos, pasivas y mayúsculas provenientes del inglés. ¡Es como si el autor quisiera demostrar que solo lee en versión original! Otro asunto que me epata son los catalanismos y castellanismos de algunos textos editados, respectivamente, en Barcelona y en Madrid. No es infrecuente que se cuelen nuevos de trinca o la dije. Por no hablar de lo mucho que cogemos en textos que se van a distribuir en Latinoamérica. Me parece bien que los autores escriban así, dado que son sus variedades lingüísticas y luego se corregirán, pero no es de recibo que estos detalles aparezcan sin enmendar en un texto ya editado.

(Continuará en la segunda parte de la entrevista).

Literatura efímera

AutorGabriella Campbell el 2 de agosto de 2012 en Divulgación

El libro que no puede esperar

Bajo la expresión literatura efímera se engloban varias clases de producción literaria. Muchos entienden que con este término se define la micronarrativa, que podría tener un carácter efímero, volátil, debido a su carácter hiperbreve y a su existencia a veces igualmente breve, perdida en las inmensidades de la red, o a las propiedades poco duraderas de las publicaciones sencillas y de fácil deterioro (plaquettes, fanzines, incluso libros descargables como los que ofrece Nanoediciones). Algunos lo asocian a la literatura producida por y para internet, creada para la lectura rápida en pantalla. Para otros, la literatura efímera es aquella que no se guarda en papel, aquella que es parte de una representación oral y/o visual, como podría ser un recital, una performance, una lectura pública o una improvisación.

Pero en todos estos casos suele utilizarse efímero como adjetivo metafórico, para describir un tipo de creación literaria que no se conserva en un soporte duradero. ¿Y qué ocurriría con una literatura efímera en el sentido más literal, una literatura que solo durase físicamente un tiempo limitado?

Esto es lo que se han preguntado los responsables de El libro que no puede esperar, una obra argentina publicada por la librería y pequeña editorial Eterna Cadencia, que lleva un tiempo reflexionando sobre el papel de los libros tradicionales en una era cada vez más digitalizada. Eterna Cadencia ha intentado prestarle al libro físico la misma urgencia y rapidez de su equivalente digital, dándole un tiempo de vida limitado, concediéndole una mortalidad mucho más rápida que la del libro medio, que con cuidado y respeto puede sobrevivir en nuestra estantería durante muchos años, sin importar si se ha leído o no.

La idea de El libro que no puede esperar es que, una vez abierto, debe leerse. Una vez roto el envoltorio y expuesto el libro a la luz, la tinta impresa en la obra comienza a desvanecerse poco a poco, hasta desaparecer al completo al cabo de unos dos meses. Así, si queremos aprovechar el dinero invertido y disfrutar de la lectura del libro, debemos hacerlo en este espacio de tiempo. Para su editorial, además, significa mucho más, se trata de un concepto aplicable a la vida profesional de los nuevos escritores a los que pretende publicar: si nadie lee al escritor novel, éste desaparece. El carácter efímero de la obra obliga a sus lectores a leerlo, a negarse a que sus letras se pierdan para siempre, como si al leerlo y disfrutarlo se llevara a cabo una misión de protección y perpetuación a lo Farenheit 451.

La primera obra escogida para este singular tipo de impresión (realizada en tinta rosa, seguramente serigrafiada) ha sido El futuro no es nuestro, una antología de cuentos de escritores jóvenes latinoamericanos, y ha gozado de una aceptación fabulosa (ya se ha agotado la primera edición). El tiempo nos dirá si la iniciativa consigue arrastrar a un público fiel de lectores o si solo se trata de una novedad que pronto pasará de moda, añadiendo así un nuevo matiz de literatura efímera a estos peculiares libros.

150 años de Alicia

AutorGabriella Campbell el 1 de agosto de 2012 en Divulgación

Alicia en el País de las Maravillas

Este año se celebra el centésimo quincuagésimo cumpleaños de Alicia en el País de las Maravillas. Hace 150 años que el matemático y escritor británico Lewis Carroll le narró a las tres hermanas Liddell, a la sombra de unos almiares, la estrafalaria historia de Alicia, la niña que se cayó por un agujero mientras perseguía un conejo blanco. Tres años más tarde apareció la primera publicación en papel, y desde entonces este texto ha ido más allá de lo literario, convirtiéndose en un referente cultural.

No hay duda de que lo visual ha tenido mucho que ver con el éxito de Alicia, gracias tanto a los coloridos y tiernos dibujos animados de Disney como a las peculiares ilustraciones de John Tenniel para las ediciones originales, no solo de este libro sino también para su continuación, A través del espejo y lo que Alicia encontró allí. Seguramente estas dos interpretaciones en imágenes son las más conocidas, si bien a lo largo del tiempo ha habido miles de adaptaciones, desde la visión surrealista de Dalí hasta la salvaje encarnación para videojuego de American McGee.

Y no son pocos los actos que se organizan para conmemorar la creación de esta fantasía de Carroll. Como fue en Oxford donde se produjo esa primera narración, el museo Storybook Museum de la ciudad, que ya organiza un Día de Alicia todos los años, lo celebra con varias aventuras disparatadas: puestas en escena, teatro callejero, una carrera del Caucus con bailes y espectáculos, y gigantescas partidas de ajedrez y de croquet en los jardines del museo.

Para esta ocasión tan especial, se recomienda asistir a tomar el té a cualquiera de los locales de temática especial que podemos encontrar por todo el mundo. Destacamos, por ejemplo, el Alice’s Tea Cup, de Nueva York; el restaurante de temática Alice del prestigioso barrio Ginza de Tokio, en Japón ; o el bar Divine Wonderland de Bali, que tiene sillas gigantes donde uno puede sentarse e imaginar que se ha tragado alguna pócima mágica reductora. Si lo que apetece es pasarse la noche bailando, siempre podemos hacerle una visita a una de las tres discotecas de la cadena Wonderland que hay en el Reino Unido.

Ahora, más que nunca, tenemos una selección inmensa de adaptaciones de Alicia para todo tipo de gustos y formatos. En el cine ha sido una fuente de inspiración continua, y tenemos para elegir según nuestros intereses: dibujos animados, cintas extravagantes como la de 2010 de Tim Burton o producciones extrañas de los 70, como aquel musical pornográfico Alicia en el país de las pornomaravillas, una de las películas eróticas más taquilleras de la historia del cine. Pero en estos casos siempre es mejor acudir al origen, regresar a la fuente de inspiración. Releamos a Carroll y reencontrémonos con Alicia: seguro que entenderemos de nuevo por qué esta historia ha encandilado a tantas generaciones de niños y adultos.

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Libros veraniegos para jóvenes (y II)

AutorGabriella Campbell el 31 de julio de 2012 en Divulgación

La princesa prometida - libro

Como continuación de la primera parte del artículo, donde os ofrecíamos la opinión de varios lectores jóvenes acerca de qué libros habían disfrutado ya o pensaban disfrutar a lo largo del verano, ahora hemos querido acercaros el punto de vista de los que se dedican a escribir estos libros. Hemos seleccionado algunos de los nombres de autores españoles que han aparecido en las sugerencias de los lectores y les hemos preguntado qué libros les recomendarían ellos a los propios adolescentes para estas vacaciones.

Sofía Rhei (autora de Flores de sombra), menciona a Joan Manuel Gisbert, a Michael Ende, a Terry Pratchett, a Douglas Adams y a Ray Bradbury. También aboga por la serie de Artemis Fowl, por El legado de los Grimm de Polly Shulman, por la trilogía de El castillo ambulante de Diana Wynne Jones, por Magia de una noche de verano de Maite Carranza y por la serie Fablehaven.

José Antonio Cotrina (El ciclo de la luna roja), apunta también a Michael Ende, y dos clásicos de la ciencia ficción: Flores para Algernon, de Daniel Keyes y El juego de Ender, de Orson Scott Card. También coincide con Sofía al recomendar a Bradbury. Añade asimismo a su lista a Terry Pratchett y a Roald Dahl.

Javier Ruescas (Los cuentos de Bereth) anima a leer Bajo la misma estrella de John Green (de la que comenta que es “una preciosa novela realista sobre la lucha de dos jóvenes con cáncer que cuenta con un mensaje lleno de esperanza e ilusión que emocionará a jóvenes y adultos”); Olvidados, de Michael Grant (“una novela juvenil que lo tiene todo: jóvenes abocados a sobrevivir sin adultos, superpoderes, romance, intriga, muchísima acción, amor y un toque de ciencia ficción muy particula”); la saga de El bosque de Esther Sanz (“un romance paranormal con aire castizo repleto de acción y tensión amorosa, y un estilo sutil y trabajado”); y Oblivion, de Francesc Miralles (“como en sus otras novelas, el autor logra mezclar lo real con lo onírico hasta el punto de convertir las dudas y la emoción del primer amor en algo de lo más evocador”). De otros títulos más antiguos selecciona a Los gondoleros silenciosos de William Goldman.

Susana Vallejo (Porta Coeli) recomienda el último premio Edebé: La isla de Bowen, de César Mallorquí. En cuanto a los menos actuales, nombra Ella, de Henry R. Haggard, Cordeluna de Elia Barceló y Memorias de Idhún de Laura Gallego.

Javier Araguz (El mundo de Komori) se queda con La princesa prometida de William Goldman, y coincide con varios de sus compañeros al recomendar a Terry Pratchett.

Ahora que tenemos una larga lista de títulos y autores de los que disfrutar este verano, ¿qué opináis vosotros? Nos encantaría que dejarais vuestras propias sugerencias en los comentarios del artículo. Y esperamos que este compendio de títulos sirva para que no haya duda ninguna a la hora de elegir lecturas para este verano, como veis hay muchísimo para elegir.

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Libros veraniegos para jóvenes (I)

AutorGabriella Campbell el 30 de julio de 2012 en Divulgación

La historia interminable

Con el verano llegan para muchos las vacaciones, el calor, la playa y las largas tardes de ocio. Lejos de las listas de lectura obligada y de las interminables horas de colegio e instituto, es el mejor momento para los más jóvenes que quieren disfrutar de una buena lectura. Pero ¿qué libros escoger de entre una oferta tan variada? ¿Cuáles son las mejores lecturas para disfrutar durante estas vacaciones? He querido preguntárselo a los que más saben de esto: a los escritores de literatura juvenil y a los propios lectores adolescentes.

En lo que respecta a los lectores, en cuanto comencé a preguntar a conocidos personales y virtuales, surgió un aluvión de opciones, algunos defendidos con verdadera pasión. Lo sorprendente fue que algunas de estas recomendaciones venían de la mano no solo de menores de 18 años, sino de adultos, ya fueran padres o no, quienes afirmaban ser muy aficionados a algunas obras de literatura juvenil, lo que demuestra que este género se está volviendo cada vez más complejo y atractivo. Enseguida obtuve respuesta de personas de mi entorno, de las redes sociales e incluso de foros especializados. La avalancha de títulos fue tal que he intentado ceñirme a los que parecían repetirse, los que gozaban de mayor aceptación.

Hemos recibido respuesta tanto de jóvenes (de entre 12 y 18 años de edad) como de sus padres, quienes nos comentaban qué obras andaban leyendo o querían leer sus hijos. La dueña indiscutible del sondeo popular ha sido Laura Gallego, que sigue arrasando con Memorias de Idhún (dándose el curioso caso de hermanos y hermanas mayores que les habían pasado estos libros a sus hermanos más pequeños, con lo que la obra se convertía en un objeto de herencia, del mismo modo que ha ocurrido con grandes sagas como Harry Potter de J. K. Rowling). Y luego están los clásicos que pasan de padres a hijos, como La historia interminable o Momo, ambas de Michael Ende, El Hobbit y El señor de los anillos de Tolkien, o los libros de Roald Dahl que, si bien están enfocados a un público infantil, hacen gala de una malicia y surrealismo que atraen a lectores de todos las edades. También hubo quien abogaba por la obra de Philip Pullman y las sagas de la Dragonlance, que aún a día de hoy mantienen una gran popularidad.

Sería muy inocente pensar que los jóvenes solo leen libros estrictamente dirigidos al público juvenil, y por ello nos encontramos con recomendaciones que ya entran en el terreno adulto pero que siguen en el terreno de lo fantástico: Canción de hielo y fuego de George R. R. Martin; El nombre del viento y El temor de un hombre sabio, de Patrick Rothfuss; y todas las obras de la saga del Mundodisco de Terry Pratchett (Pratchett de hecho tiene libros específicamente juveniles, pero parece ser que los libros del Mundodisco dirigidos al público adulto son los que más gustan a todos sus lectores). Fuera del género fantástico, triunfa Federico Moccia con sus obras románticas y algún que otro título propio del realismo mágico como Como agua para chocolate de Laura Esquivel.

Por lo demás, y dentro de los libros dirigidos al público adolescente en general, surgen títulos de la popular Cornelia Funke; la Trilogía (ya de cuatro libros) de Bartimeo, de Jonathan Stroud; Despierta, de Beth Revis; Night School de C. J. Daugherty y la siempre presente Crepúsculo de Stephenie Meyer. En cuanto a producción nacional, destacan la ya mencionada Laura Gallego, José Antonio Cotrina con su Ciclo de la luna roja, El ejército negro de Santiago García-Clairac, Flores de sombra de Sofía Rhei, y varios títulos de escritores como Javier Ruescas, Víctor Conde o Susana Vallejo. Así que he recurrido precisamente a estos escritores nacionales para preguntarles a ellos qué libros recomendarían para el público al que se dirigen sus propias obras. En la segunda parte del artículo conoceréis sus respuestas.

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Todo oscuro, sin estrellas, de Stephen King

AutorAlfredo Álamo el 28 de julio de 2012 en Reseñas

Todo oscuro, sin estrellas, Stephen King

A Stephen King no hay que presentarlo, es uno de los autores más vendidos de los últimos treinta años, y fruto de sus novelas se han rodado decenas de películas, algunas con mayor acierto que otras, todo hay que decirlo.

Pero además de las novelas, King destaca especialmente en las distancias cortas. Personalmente, hace años que no logro engancharme con sus libros de más de mil páginas, en las que no encuentro demasiado interés, pero, sin embargo, reconozco que con sus cuentos y novelas cortas me tiene ganado.

Este es el caso de Todo oscuro, sin estrellas, una recopilación de cuatro historias en las que King se permite una notable variación de registros sin que pierda fuelle en ningún momento. Además, toca varias teclas que son referentes en su literatura, como en 1922, donde traza un relato en apariencia realista en la América profunda, bordeando la línea entre el terror fantástico y la locura de manera magistral.

Con Camionero grande pasamos a otra de sus obsesiones: el escritor en la carretera. A saber qué le habrá pasado a Stephen King durante sus primeros años como autor conocido, cuando le tocaba ir en coche de ciudad en ciudad firmando libros, para que todavía hoy siga escribiendo relatos sobre el tema.

En Una extensión justa toca el tema de la enfermedad, de la muerte sin remedio y de qué seríamos capaces de hacer para evitarla, por muy seguros que estemos en un principio de nuestra ética y valores. El más corto de los cuentos, pero muy impactante.

Mi favorito es con el que cierra: Un buen matrimonio. Historia de secretos, pequeñas mentiras y un horror cotidiano en el que nos logra poner en la incómoda posición de la mujer protagonista al descubrir que su vida estaba basada en una terrible verdad… no cuento más, pero la verdad es que es un gran broche para una gran antología.

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Tiempo para leer (y II)

AutorGabriella Campbell el 27 de julio de 2012 en Divulgación

Tiempo para leer

Seguimos con nuestra lista de ideas para aquellos que afirman que no tienen tiempo para la lectura. En el artículo anterior os dimos alguna sugerencia para convertir la lectura en una tarea compatible con acciones cotidianas que no impliquen pensar mucho, como esperar a que pite el microondas o estar de pie en la cola de un banco.

-Otra buena idea es convertir la lectura en algo familiar, ya sea con la pareja (leerle uno al otro algún párrafo o un par de versos antes de dormir puede ser muy divertido e interesante; o dedicarle el tiempo que emplearíais en ver la televisión juntos a leer un libro) o con los niños (esto, además, fomenta el saludable vicio de la lectura en ellos desde una edad temprana).

-Hay quien pasa el tiempo leyendo cuando va al gimnasio. Suena muy bien aquello de ejercitar el cuerpo y la mente a la vez, ya sea sobre una bicicleta estática, una elíptica o una cinta de correr, pero habría que preguntarse si esto nos permite realizar un ejercicio cardiovascular adecuado. Tal vez sería mejor llevarnos un audiolibro, algo muy recomendable también para los paseos a pie o en coche. Y por supuesto el camino de ida y vuelta del trabajo realizado en metro o autobús se presta muy bien a la lectura, ya sea en papel o en formato electrónico. Si eres estudiante, aprovéchate de los momentos de tranquilidad entre clase y clase; está claro que ante todo es útil llevar el libro adonde vayamos, para que podamos tenerlo a mano en cualquier momento.

-También es provechoso recordarnos de vez en cuando lo que hemos leído y lo que queremos leer, para motivarnos a no perder el hábito y a buscar todos los días ese hueco para agarrar el libro. Podéis tener una lista que llevéis encima o en el ordenador, votar y comentar vuestras obras recién leídas en Lecturalia, compartir vuestras lecturas más recientes en Internet o, mejor aún, formar un club de lectura con vuestros amigos. Convertir la lectura en un acto social es un paso muy eficiente para volver a incorporarla a nuestras vidas.

-Por otro lado, hay lugares que piden a gritos la compañía de un buen libro (y si el libro es algo que realmente nos apetece leer, algo que disfrutemos, no ese libro serio y recomendadísimo que todos tenemos en la estantería para quedar bien pero que nunca abriremos, más nos motivará abrirlo). Destaca, cómo no, el cuarto de baño, al que no le vendría mal tener un mueble o estante solo para nuestra lectura diaria.

Si aun así no os veis capaces de animaros a coger un libro ahora mismo, proponéoslo como un reto que empiece poco a poco, con tan solo cinco minutos diarios, y luego podéis ir colando cada vez una cantidad mayor de tiempo. También podéis retaros con amigos y familiares para conseguir leer determinado número de libros al mes, o al año, y calcular cuántos minutos diarios necesitaríais para alcanzar vuestra meta. Como podéis ver, la excusa del «no tengo tiempo» ya no es válida, así que otorgaos el privilegio de enriquecer vuestro día a día con una buena lectura. No os arrepentiréis.

Celsius 232, un nuevo festival de género fantástico

AutorGabriella Campbell el 26 de julio de 2012 en Noticias

Arya y Martin

Un fenómeno de masas como George R. R. Martin es un reclamo lo bastante grande como para poder organizar todo un encuentro especializado a su alrededor, y para muchos eso era precisamente lo que implicaba el festival Celsius 232 que se estrenaba este año en Avilés. Sin embargo, una vez allí, pudimos atestiguar que se trataba de un encuentro más que válido por sí mismo.

Aprovechando la presencia del archiconocido autor de la popularísima saga de Canción de hielo y fuego (que se ve ahora, además, acompañada por el estreno de la versión televisiva de la HBO en Antena 3), una cantidad abrumadora de aficionados se presentó en la ciudad asturiana, libros en mano, buscando una firma del autor. Las larguísimas colas de lectores aguardaban el garabato del ilustre invitado, que se vio, tal vez, sobrepasado por las largas horas de pacientes firmas. También resultó espectacular la fila formada para obtener una dedicatoria de Laura Gallego, que el sábado 21 apareció por el festival para ofrecer una estupenda conferencia que llenó el auditorio de la Casa de la cultura de Avilés. Si bien Martin y Gallego fueron los pesos pesados del encuentro, el festival presentaba una larga lista de escritores y expertos del mundo fantástico, de la ciencia ficción y el terror: el fenómeno Juego de tronos convivió con variadas y muy amenas charlas, mesas redondas y conferencias que contaban con autores como Félix J. Palma, Adam Nevill, Peter Berling, Joe Abercrombie o la propia Lisa Tuttle, coautora con Martin de la obra El refugio del viento. El festival organizó también un menú audiovisual de lo más atractivo, con proyecciones en pantalla gigante de películas como Conan o La princesa prometida junto con capítulos de Juego de tronos. También se hallaba presente la ya famosa butaca-trono ofrecida por Canal + donde acudían los aficionados a hacerse la obligada foto. Junto al Celsius se celebró también la Asturcon de este año, un encuentro periódico que lleva ya más de diez años promocionando al género fantástico español con charlas y encuentros de autores y lectores, y cuyo punto álgido llega en la tradicional espicha con concurso de disfraces, que este año contó con la presencia del propio Martin y de varios de los demás invitados del Celsius, rodeados de asistentes ataviados con sus mejores galas de ciencia ficción y fantasía: los temas más destacados entre los disfrazados fueron el steampunk y la propia Canción de hielo y fuego.

El Celsius 232 ha querido recopilar todas las celebraciones del fantástico que hasta ahora se desarrollaban en conjunción con la Semana Negra de Gijón y llevarlos a un nuevo terreno, en un marco espectacular que además contaba con el ambiente del Festival Intercéltico que se celebraba de manera simultánea. Lo que muchos podrían interpretar en un principio como una prolongación de la fiesta gijonesa ha resultado ser un hito independiente y único, una marca de gran importancia en la afición al género, no solo para los aguerridos aficionados más fieles, sino también para aquellos que acaban de descubrirlo.

Para cerrar esta pequeña narración, que no podrá resumir lo que ha significado esta reunión maravillosa de actos divertidos (todo un soplo de aire fresco, donde tan pronto podía encontrarse una charla-coloquio de literatura juvenil presentada por el desternillante Martín Piñol como un taller práctico de supervivencia a un posible holocausto zombi de la mano del experto en muertos vivientes Sergi Viciana), os dejo con la entrañable foto de George R. R. Martin con su fan más joven, una niña de apenas unos meses a quien sus padres decidieron ponerle de nombre Arya.

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