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Las joyas (descatalogadas) de la serpiente (II)

AutorJuan Manuel Santiago el 18 de febrero de 2013 en Divulgación

Joyas de la serpiente

Como veíamos en la entrega anterior, elaborar un canon de la literatura fantástica española es una tarea condenada al fracaso, entre otras cosas porque muchas de las obras que lo integrarían están descatalogadas, e incluso inencontrables en los mercadillos y librerías de segunda mano, reales o virtuales. Es una verdadera lástima, porque las nuevas generaciones de lectores se están perdiendo una buena cantidad de obras que no solo les sorprenderían sino que también podrían influir en su manera de valorar el género e, incluso (y aquí tiro con bala, y que me entienda quien quiera), de escribirlo.

Ya hemos hablado de una obra de Alfonso Sastre, un dramaturgo adscrito a la corriente realista y con buena reputación en el stablishment, y de otra de Gabriel Bermúdez, un gran autor cuyos dos grandes pecados han consistido en publicar en colecciones especializadas y en adelantarse un par de décadas al resto de la ciencia ficción española.

Las joyas de la serpiente fue la primera novela publicada de Pilar Pedraza, una autora que no necesita presentación. Quería hablar de la que considero su mejor obra, La fase del rubí, pero mientras me documentaba para este artículo descubrí que Valdemar la reeditó hace tres años. Lo lógico sería que la editorial madrileña hiciera otro tanto con Las joyas de la serpiente, cuya primera publicación data de 1984, y que nos muestra una trama de dobles, ambigüedad sexual, pasiones ocultas, mucho morbo, pulsiones reptilianas, vampirismo, tradiciones orales y ambientación histórica (un siglo xvii que parece sacado de una película del Visconti, el Fellini o el Pasolini más desatados). El periplo amoroso y sexual de Bartolomé por una ciudad castellana indefinible y onírica (¿Toledo? ¿Salamanca?) lo enfrenta a sus fantasmas interiores, y produce escenas cuya insania es de tal calibre que solo se ha podido leer en otras obras de la autora. Pedraza nos ofrece un vanitas al estilo de la pintura de la época (Juan de Valdés Leal, por ejemplo) y prefigura un estilo personal y arrebatador que nos ha deleitado durante treinta años, y la ha confirmado como uno de los puntos de referencia del terror español, tanto en el campo narrativo como en el ensayístico. Y todo, absolutamente todo eso, comenzó con esta Las joyas de la serpiente, hoy descatalogada y, sin duda, al nivel de La fase del rubí o Paisaje con reptiles.

Por último, un título que seguramente esté condenado a permanecer descatalogado de manera indefinida, ya que su autor falleció en 2011 y, hasta donde se sabe, no ha dejado herederos: El enfrentamiento, de Juan Carlos Planells. Publicada en 1996 por Miraguano, fue escrita al menos quince años antes, ya que el autor la mencionaba en un ensayo sobre Philip K. Dick que apareció en el número 145 de la mítica revista Nueva Dimensión, en 1982. El propio autor era consciente de las similitudes con una de las obras cumbre de Dick, El hombre en el castillo, aunque cambiando ligeramente el escenario. El enfrentamiento nos ofrece varias tramas de universos paralelos cuyas acciones transcurren siempre en Barcelona, ya sea la ciudad ocupada por unos nazis que ganaron la segunda guerra mundial, ya sea la que padece los designios de un dictador llamado Ronald Reagan que prohíbe escribir ficción (y aquí tenemos ecos de otra novela de Dick, Radio Libre Albemuth, y de la paranoia del autor estadounidense con el presidente Nixon), ya sea la de hoy en día. Planells remata una más que estimable novela de universos paralelos con un verdadero ensayo novelado sobre la evolución de la cultura popular en la Barcelona del franquismo. En 1997 apareció lo que hoy llamaríamos un spin-off, el relato Una oveja negra y varios lobos, ambientado en el mismo marco referencial.

Por el momento lo dejo aquí, pero seguro que habrá más joyas descatalogadas de las que hablar.

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Más que libros, lectores

AutorAlfredo Álamo el 16 de febrero de 2013 en Opinión

Lectores y libros

En Lecturalia llevamos unos cuantos años hablando sobre la revolución del libro digital y la importancia de encontrarnos con un medio tecnológico capaz de ofrecer acceso casi instantáneo a millones de libros. Si sumamos a los e-readers las tabletas digitales, tenemos un parque de dispositivos en constante aumento con una capacidad para ofrecer información como no ha habido antes en toda la historia de la humanidad. Sin embargo, seguimos siendo humanos, nos pongamos como nos pongamos, y si la información nos sigue llegando vía texto me temo que seguimos con las mismas limitaciones a las que nos enfrentábamos con los libros de papel. Se lee lo que se puede, sea digital o no.

Comentábamos en 2009 que España es un país en el que no se lee demasiado. Esa situación apenas ha cambiado, aunque las estadísticas desde entonces han mejorado un poco, pese a que el mundo editorial ha empezado a sufrir no sólo las consecuencias de la crisis económica sino también la del cambio de percepción del objeto libro por parte de los lectores, sobre todo los más jóvenes.

La reverencia ancestral al libro, esa que llevamos dentro todos los que tenemos más de treinta años, se diluye a medida que hablamos con gente que ha crecido y se relaciona a partir de pantallas. Desde luego que la capacidad del papel para transmitir sensaciones es superior, pero eso no nos debe distraer de la verdad: la mayor parte de lo que consumimos culturalmente de manera habitual entra en la categoría del usar y tirar. Sí, hay títulos, canciones, series de televisión y películas que siguen alcanzando cotas de excelencia capaces de hacernos volver a ellas una y otra vez, pero son las menos y compiten con el constante bombardeo de producciones azucaradas y creadas en laboratorios de márketing donde nos conocen mejor que nuestros propios padres gracias al análisis de nuestro historial de navegación. Si el cerebro se acostumbra a pagar menos de un euro por golosinas brillantes y adictivas es muy difícil conseguir que se pague algo más por un producto que no sólo es menos bonito a la vista, sino que requiere un esfuerzo mayor por ser consumido.

Productores y consumidores. A eso me lleva esta reflexión. ¿Nos acercamos a un futuro en el que el mundo del libro se va a dividir? Me pregunto si la edición electrónica no va a acaparar un mundo entero de ruido en el que va a ser imposible destacar, a través del cual el SPAM en redes sociales va a ser insoportable y el diálogo se va a convertir más en un encuentro multitudinario en el que competir a ver quién habla más alto y más lejos, mientras que las editoriales independientes, muchas de las cuales no están interesadas ni de lejos en pasarse al ebook, se van a quedar con esas pequeñas joyas que se descatalogan luego con demasiada facilidad y que no hay manera de encontrar, ni gratis, ni pagando. Es cierto que también surgen nuevas iniciativas que buscan alternativas en el crowdfunding, la impresión bajo demanda e incluso apelando al «precio libre» donde cada lector paga lo que quiere -o puede- por un ebook. Quizá sea ese el futuro, la de la miríada de opciones, la de la oferta infinita, en definitiva, la del creador de filtros.

¿Qué quiero decir con esto? Es el mismo mensaje de siempre, quizás algo más triste ya que se ven pocos cambios, tanto en lectores como en editores o escritores. Sí, hay que cambiar muchas cosas en el mercado editorial, sobre todo en precios y derechos digitales, pero hay algo fundamental para que este mercado eclosione, y no es otra cosa que un mayor número de lectores. Unos lectores con sentido crítico y ansiosos de compartir sus opiniones y recomendaciones a través de las pantallas que tan bien conocen. Por desgracia, tal y como se plantea el futuro, tengo poca confianza en que las editoriales presten atención a algo fuera de su propia esfera de influencia.

Las joyas (descatalogadas) de la serpiente (I)

AutorJuan Manuel Santiago el 15 de febrero de 2013 en Divulgación

Las noches lúgubres

Uno de los inconvenientes con los que se enfrenta el aficionado a la literatura fantástica española de calidad es la falta de reediciones. Resulta imposible hacerse una idea cabal de las dimensiones exactas del género si la mitad de las obras digamos canónicas (no, no voy a embarcarme en la escritura de ningún canon de la literatura fantástica española) están descatalogadas o inencontrables. Si el problema son los costos de reeditar en papel unas obras que tal vez solo les interesen unos cuantos centenares de bibliófilos y completistas, el libro electrónico podría suplir algunas de estas carencias que, en algunos casos flagrantes, me atrevo a calificar de intolerables y propias de un país de paletos sin la menor conciencia de los tesoros literarios que ha producido. Si se debe al mero descuido o despiste, sin duda este artículo le alegrará la vida a más de un editor diligente.

El caso es que, si me obligaran a enumerar mis obras favoritas de la literatura fantástica española (incluyo fantasía, ciencia ficción y terror), aparecerían cuatro títulos (correspondientes a otras tantas décadas) que en estos momentos están descatalogados o, al menos, no constan como reeditados de diez años para acá ni en la página web de la Biblioteca Nacional de España ni en la de la Agencia Española del ISBN. ¿Me lee algún editor dispuesto a reparar este despropósito?

Comienzo con Las noches lúgubres, de Alfonso Sastre. Publicada en 1964 (en una edición incompleta, todo hay que decirlo), justo cuando los Veinticinco Años de Paz y el auge de la corriente realista, este libro nadó contracorriente de todo lo que se estaba haciendo en aquel momento. Su estilo, a veces gongorino y muy por encima de lo que ofrecía la literatura fantástica española por aquella época, nos lleva a los barrios de casas bajas que estaban a punto de ser derribados por el boom inmobiliario de los años sesenta. En uno de estos barrios, el de las Ventas del Espíritu Santo (donde, en la actualidad, la M-30 transita al pie de las moles de la avenida Donostiarra, genialmente retratadas por Pedro Almodóvar en ¿Qué he hecho yo para merecer esto?), se cruzan las vidas de Zarco, Amalia y el vampiro húngaro Arpad Vászary. Esta obra, una de las piedras angulares del terror español, no se reedita desde 1998 (cuando lo hizo la editorial navarra Hiru).

En 1978 apareció El Señor de la Rueda, la novela más redonda del máximo exponente de la ciencia ficción española en su vertiente cañí, Gabriel Bermúdez Castillo. Popularizada entre los frikis de mi quinta por la Biblioteca Orbis de Ciencia Ficción, El Señor de la Rueda era un space opera entrañable, narrado en clave de novela de caballerías, por sir Pertinax le Percutens, un trasunto del rey Arturo en un planeta en el que, por motivos que se nos explican más adelante, la sociedad es una curiosa mezcla de Camelot y las películas de Mad Max. La valía de un caballero se mide por la cantidad de aditamentos que pueda añadirle a su medio de transporte (llamado «patito» en su estadio más elemental, y «castillocar» cuando adquiere sus máximas dimensiones), del que no puede bajarse bajo ninguna circunstancia, ni siquiera para hacer la compra en los llamados asteroides omnia res. Suena tan pop y camp que casi parece inocente, pero la mala leche de Bermúdez la convierte en una novela deliciosa, pícara, sexual y, sobre todo, muy divertida, tal vez una de las tres o cuatro mejores de toda la historia de la ciencia ficción española. Padeció una edición pirata en 2003, que de hecho tuvo que ser retirada del mercado tras una denuncia del autor (eso es lo que pasa cuando intentas tangar a alguien que trabaja de notario), por lo que no la incluyo en el cómputo: a todos los efectos, permanece inédita desde 1987. Y eso es una tragedia para quienes se han aficionado a la ciencia ficción española a raíz del auge de los años noventa.

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Los Premios Oscar más literarios de 2013

AutorAlfredo Álamo el 14 de febrero de 2013 en Noticias

Argo - Oscar - Libro

Como cada año, se acerca la gran noche de la industria del cine americano, la de la entrega de los premios Oscar, momento en el que actores, directores, guionistas, compositores y el resto de técnicos, sacan a pasear sus mejores galas. Con las quinielas de los Oscar pasa como con la selección de fútbol, cada uno tiene claro quiénes son los mejores y normalmente su elección no coincide con la de nadie más. Nosotros en Lecturalia os vamos a ofrecer la selección literaria de estos Premios Oscar 2013.

Dentro de las elegidas para optar al premio de Mejor Película encontramos un buen filón de materia prima inspirada en el mundo de la literatura y el ensayo. Las dos películas que acumulan más candidaturas son La vida de Pi, con once, y Lincoln, con doce, y ambas son adaptaciones.

La vida de Pi está basada en la obra de Yann Martel del mismo nombre, publicada originalmente en 2002 y que había pasado prácticamente desapercibida para el gran público hasta que Ang Lee lograra llevar adelante su proyecto. El resultado es muy visual y para ser disfrutado en pantalla grande. El mensaje, optimista. Un favorito claro.

Enfrente tendrá a Lincoln, de Steven Spielberg, cuyo guión está adaptado del ensayo Team of Rivals: The Political Genius of Abraham Lincoln, de Doris Kearns Goodwin, inédito todavía en castellano, centrado en las posiciones antiabolicionistas del presidente americano y su papel en la guerra. A favor tiene que es una película sobre Lincoln dirigida por Spielberg, exactamente lo mismo que tiene en contra.

La película sorpresa es, sin duda, Argo, dirigida por Ben Affleck y que se ha ido llevando premios a su paso como el BAFTA o el Globo de Oro. Argo es un guión elaborado parcialmente a partir del libro de Tony Mendez, protagonista real de la historia y que trabajó para la CIA en numerosas operaciones encubiertas.

El lado bueno de las cosas también forma parte de las películas nominadas de este año que tuvieron un inicio plenamente literario. La novela de Matthew Quick, titulada originalmente en castellano Un final feliz, ha sido reeditada hace poco con el título de la película. Otro film cargado de buenos sentimientos para una época triste.

Hemos dejado para casi el final la adaptación más conocida, pero también la más rocambolesca, ya que Los miserables no está basada directamente en la obra de Víctor Hugo, sino en la conocida versión musical que se estrenó en 1985 y que todavía se sigue representando hoy día con gran éxito. En cualquier caso, una excelente manera de acercarse a la obra de Hugo y comprobar cómo era la vida cuando ciertas mentalidades dominaban la Tierra.

Y aunque no está basada en un libro, no podemos dejar de mencionar Bestias del sur salvaje, que también resulta ser una adaptación, aunque en su caso se trata de una obra de teatro. ¿Alguien ha visto o leído la obra original? Porque el resultado es excelente.

¿Cuál es vuestra favorita? ¿Apostáis por el espectáculo de La vida de Pi o por la sobriedad de Spielberg? ¿Ha conseguido Ben Affleck vencer todos los recelos? ¿O El lado bueno de las cosas se ha ganado vuestro corazón? Os esperamos, como siempre, en los comentarios.

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La peor profesión del mundo (II)

AutorGabriella Campbell el 13 de febrero de 2013 en Divulgación

Quejas de escritores

Como decíamos en la primera parte del artículo, Philip Roth se ha retirado. Ha anunciado que no escribirá más. Dos semanas antes de la primicia, que surgió de una entrevista del escritor con una revista francesa, aconsejó a un joven novelista que abandonara el cruel mundo de la escritura, ahora que todavía podía.

Con 78 años, asegura que no ha escrito nada en los últimos tres años, que no escribirá más novelas. Tras una vida entera dedicada a la creación literaria, con una lista interminable de títulos publicados, tampoco es tan sorprendente que el escritor haya decidido descansar y dedicarse a otras cosas. Lo que sí resulta más curioso es su actitud de conclusión, de resignación ante un periodo de su vida que ha finalizado. A los 74, consciente de que sus años restantes podían estar contados, se dedicó a releer sus libros favoritos y sus propias obras, en orden cronológico inverso. Tras esto, decidió que ya había terminado con la ficción, que no quería leer ni escribir más. Asegura que ha dedicado su vida a la novela: ha estudiado, ha enseñado, ha escrito y ha leído. Excluyendo casi todo lo demás. Considera que ya es suficiente, y que ya no siente ese impulso fanático por escribir que ha tenido toda su vida.

No obstante, sus palabras a Tepper parecen haber irritado a algunos escritores, todavía muy enamorados del arte de escribir. Destaca la respuesta de Elizabeth Gilbert, autora de superventas como Come, reza, ama, que fue adaptado a la gran pantalla recientemente y que ha obtenido un éxito extraordinario. Gilbert le contestó a Roth en la web sobre libros Bookish.

Porque, en serio, ¿es tan difícil escribir? Sí, lo es, lo sé por propia experiencia, ¿pero tanto más difícil que otras profesiones? ¿Es más difícil que trabajar en una planta siderúrgica, o criar a un hijo si eres madre soltera o padre soltero, o pasarte tres horas al día en el metro para llegar a tu aburrido trabajo de oficina, o lavar la ropa en una residencia de ancianos, o dirigir una planta de hospital, o despachar equipaje, o cavar fosas sépticas, o ser camarero en una tienda de delicatessen, o cualquier otra cosa que hagan otras personas?

Así que ya sabéis, amigos escritores, la próxima vez que os quejéis de que os duelen los riñones y la espalda después de tantas largas horas sentados delante del ordenador (las mismas que pasa un diseñador web o un traductor o un administrativo), de la tremenda frustración y estrés que tenéis que soportar (la misma que soporta un programador informático, un ilustrador o cualquiera que trabaje en atención al cliente) y la escasísima remuneración de vuestro oficio (la misma que cualquier trabajador que obtiene una retribución ridícula por muchísimas horas de esfuerzo, que en España de esos tenemos unos cuantos), recordad las palabras de Gilbert. No es tan horrible, y podría ser mucho peor. No estáis picando en la mina, precisamente.

Aunque, a quién voy a engañar, yo estoy con Roth. Pocas cosas hay tan ingratas como el arte de la escritura. Y todavía es temprano para Gilbert que, con sus millones de ventas a nivel mundial y su edad relativamente joven, está muy lejos de los 78 de un Roth que ha terminado saturado de una vida dominada por completo por una obsesión que le ha permitido muy poco tiempo para cualquier otro interés, afición o trabajo. ¿Y con quién estáis vosotros? Entendéis las duras palabras de Roth a Tepper o creéis, como Gilbert, que su consejo es un tanto amargo y quejica? Esperamos, como siempre, vuestras opiniones en los comentarios.

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La peor profesión del mundo (I)

AutorGabriella Campbell el 12 de febrero de 2013 en Divulgación

Philip Roth

Imagínate que estás en tu bar favorito y de repente descubres en la mesa de al lado a tu ídolo, a ese escritor a quien siempre has admirado y que te ha inspirado desde que leíste, hace ya años, la primera obra de su autoría que cayó en tus manos. Sabes que no volverás a tener una oportunidad como esta, así que reúnes todo tu coraje y te acercas a saludarlo y a ver si, por alguna suerte extraordinaria, estaría dispuesto a leer tu libro y darte su opinión. Imagínate que, en vez de aceptar, el escritor te dijera que desistieras, que la vida del escritor es dura y está repleta de frustraciones y de insatisfacción (aunque esta podría ser una maniobra habitual del susodicho para quitarse de encima a pesados aspirantes a juntaletras). Más allá de la conveniencia de darle tu libro a un escritor famoso (¿cuántas veces le habrá ocurrido lo mismo, cuántos manuscritos y obras publicadas llegarán a sus manos? Es probable que ¿le importaría leerse mi libro de 652 páginas? no sea lo que más le apetezca escuchar cuando está tomándose una cerveza o un café con toda tranquilidad), es posible que consiga que te lo pienses dos veces antes de volver a ponerte delante del teclado del ordenador y enfrentarte a la hoja en blanco del Word (o de cualquier otro procesador de texto, ya sea informático o manual).

Algo similar le ocurrió a Julian Tepper, mientras trabajaba en una tienda de delicatessen (una deli estadounidense, o un establecimiento donde se venden y se consumen alimentos selectos) a la que solía acudir el conocidísimo autor Philip Roth. Tepper, un gran admirador de la obra de Roth, le regaló un ejemplar de su primera novela, Balls (Pelotas), que acababa de ser publicada. Roth fue muy amable y aceptó el regalo con gusto, pero también le dijo que dejara de escribir. Sus palabras fueron:

Yo lo dejaría ahora que puedes. De verdad. Es un campo horrible. Tortura. Escribes y escribes, y entonces tienes que tirar la mayor parte porque no está a la altura. Yo te diría que lo dejases ahora. No quieres hacerte esto a ti mismo. Este es mi consejo.

Podéis leer la historia completa, de boca del propio Tepper, en el Paris Review (en inglés). Eso sí, la respuesta de este fue de lo más sincera y realista: Es demasiado tarde, señor Roth. Ya no hay vuelta atrás. Estoy dentro.

Dos semanas después de este encuentro con Tepper, Roth anunció que se retiraba del mundo de la escritura, y que la obra Némesis sería su último libro. Seguiremos hablando de la jubilación de Roth y de la respuesta de otros escritores a su consejo para Tepper en la segunda parte del artículo. Porque no todo el mundo está de acuerdo con sus palabras acerca del torturado oficio de escribir, como era de esperar.

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Cuatro tópicos del terror, revisados (¡y descatalogados!)

AutorJuan Manuel Santiago el 11 de febrero de 2013 en Divulgación

Frankenstein unbound

De un lustro a esta parte, parece que el género de terror les ha ganado la partida a sus hermanitas venidas a menos, la fantasía y la ciencia ficción, por una serie de motivos que sería muy interesante discutir pero que me dejarían sin espacio para esta entrada. (No obstante, si ustedes gustan, pueden hablar de ello en los comentarios.) La proliferación de zombis y vampiros ha barrido de los escaparates a los jóvenes magos y las fieles espadas triunfadoras, aunque la proliferación de distopías con adolescentes implicados en variantes más o menos (generalmente, menos) originales de Los Juegos del Hambre hace prever un repunte de la ciencia ficción. Por todo ello podría parecer que ya se ha editado y se ha reeditado todito el material relacionado con los tópicos al uso de la literatura de terror.

Nada más lejos de la realidad. La sobresaturación de la oferta ha hecho que nos olvidemos de algunas novelas más que respetables que no se han reeditado ni aun a la estela de los crepúsculos y muertos andantes de rigor. Pongo solo cuatro ejemplos.

Por solera y antigüedad, lo justo sería comenzar con Más oscuro de lo que pensáis, de Jack Williamson, uno de los clasicazos de la Edad de Oro de la ciencia ficción (apareció nada menos que en 1940). Esta novela nos habla de los hombres lobo desde un punto de vista entre místico y mistérico, bastante alejado de la testosterona al uso con que se ha popularizado últimamente tan popular y peluda figura (pero ¡por favor!, si parece que todos son una banda de moteros traficantes de MDMA). ¿Que se ha quedado un poquito anticuada? Pues claro que sí, a quién vamos a engañar, pero que lleva sin reeditarse desde 1990 y ya va tocando que algún editor diligente la rescate, pues también.

Otra obra que no se reedita desde 1990, aunque ha visto alguna que otra reimpresión, es Frankenstein desencadenado, de Brian W. Aldiss (1973), que sirvió de base para una película de Roger Corman que era una auténtica ida de olla. Aldiss se apuntó una de sus novelas más extrañas (que ya es decir), un jalón más de su revisión de clichés del género fantástico británico victoriano (que lo llevaron a escribir monumentos como La otra isla del doctor Moreau o El árbol de saliva). En esta novela le mete mano a la relación entre Mary Shelley y su monstruo, con idas y venidas espaciotemporales y, en resumen, un escenario completamente alejado de la estética decimonónica que se le suele adjudicar al moderno Prometeo.

Puede que Un poco de tu sangre (1961) no sea la mejor novela de Theodore Sturgeon, el genial autor de dos de las novelas clave de la ciencia ficción, Los cristales soñadores y Más que humano, y probablemente uno de los mejores cuentistas que ha dado el siglo xx, sin distinción de género literario ni nacionalidad. No obstante, se trata de una novela sorprendente, elaborada en forma de sesiones entre un militar retirado del servicio y su psiquiatra. ¿Les suena a Entrevista con el vampiro? Pues sí, pero no. Para empezar, se adelanta en quince años a Anne Rice. Para seguir, la ambientación es contemporánea y en clave manifiestamente realista. Y, para terminar, la conclusión es de las que le revuelven las tripas incluso al lector menos timorato (no conviene leerla durante esos días). Todavía no se ha editado en español como novela independiente (apareció de tapadillo en una recopilación de relatos apadrinados por Alfred Hitchcock), y de verdad que merece la pena.

Dejo para el final la temática estrella del género de terror en los últimos años: los zombis. Para ello, nada mejor que hablar de Ojos verdes, de Lucius Shepard (1986), que editó la fenecida Júcar allá por 1989, con bastante éxito de crítica. Shepard venía a hacer con la temática zombi lo mismo que había hecho Richard Matheson con la vampírica en Soy leyenda: darle una explicación científica. A semejanza de Un poco de tu sangre, también ahonda en las sesiones clínicas entre sujeto experimental (Donnell) y terapeuta (Jocundra), aunque con una estética próxima a lo que ahora llamaríamos thriller científico. Dada la sobrexplotación que ha sufrido la temática zombi, no se entiende que no la haya reeditado algún editor con dos dedos de frente. Venga ya, pero si le da cien vueltas al ochenta por ciento de lo que se está publicando ahora mismo…

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Desmontando el Barómetro de Lectura 2012

AutorAlfredo Álamo el 9 de febrero de 2013 en Opinión

Lectura

Como cada año, la Federación de Gremios de Editores de España presenta su informe sobre qué y cómo se lee en España, con una gran cantidad de información, no siempre presentada de la mejor manera. Desde luego, el análisis del barómetro da para muchas interpretaciones, algunas de las cuales son preocupantes.

Las buenas noticias primero. Se lee más. Los porcentajes han subido un poco, algo que no es de extrañar, ya que si uno de los principales problemas que argumentan los encuestados para no leer es la falta de tiempo, el brutal incremento del paro en los dos últimos años ha dejado, por desgracia, a mucha gente con más tiempo para leer del que les gustaría. Curiosamente, también se han vendido menos libros y se ha aumentado la frecuencia de visitas a las bibliotecas. La situación económica cambia la forma y los hábitos de los españoles a la hora de enfrentarse a la lectura.

También nos encontramos con que el libro más leído en 2012 sigue siendo la trilogía Millenium, seguido, cómo no, de 50 sombras, y me llama la atención que no haya libros de 2012, fuera de sagas de años anteriores, entre los 25 primeros. Es más, si quitamos las novelas de E. L. James, este podría ser el listado de 2011 sin ningún problema. Esta estadística cambia cuando hablamos de más vendidos, con las sorpresas de El abuelo que saltó por la ventana y se largó o El lector de Julio Verne. A destacar, tanto en lectura como en ventas, Canción de hielo y fuego, de George R. R. Martin, creo que nunca una serie de fantasía había ocupado los puestos más altos de la lista.

En cualquier caso, creo que se aprecia poca renovación en títulos y temáticas, uno de los grandes problemas de las editoriales en España, en busca de dar el pelotazo con best-sellers de fuera y luego publicar un montón de libros clónicos con portadas tan semejantes que dan vergüenza ajena.

El apartado que menos me ha gustado es el que han dedicado a la situación del libro electrónico, quizá demasiado confuso y buscando resaltar algunas de las cifras para que se acomoden mejor a sus propios intereses como editores. Queda claro que ha aumentado mucho el parque de dispositivos lectores y que la gente lee cada vez más en formato digital. Esto es en lo positivo, en lo negativo aparece que ha bajado el porcentaje de usuarios que compraron algún ebook en 2012: tan sólo un 32% se pasó por alguna tienda online. El resto, el 68%, nada menos, se las apañó bien con libros sin derechos, bajo Creative Commons o descargadas desde alguna página amiga.

Además, el barómetro indica que los que pagan por ebooks sólo compran «4,5 de cada 10 libros». Desconozco los motivos que han llevado a presentar este dato así, cuando decir 45% queda mucho más claro. Tampoco se nos dice cuántos libros se compran, ni cuantos se leen, algo que habría sido de mucha utilidad. Ese 45% se acerca mucho a la compra en papel, si tenemos en cuenta libros que nos presten los amigos o saquemos de la biblioteca. El dato que hay que analizar es el otro, el de ese 68% en aumento que no ha comprado un sólo ebook. ¿Qué es lo que falla en el sistema? ¿Precios? ¿DRM? ¿Oferta? Sin duda un tema que se van a tener que plantear las editoriales de una vez por todas si no quieren perder el mercado digital.

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Alternativas a 50 sombras… para hombres

AutorAlfredo Álamo el 8 de febrero de 2013 en Divulgación

Erotismo para hombres

Te lo han contado y no acabas de creértelo: 50 sombras de Grey desata las pasiones más ocultas de las mujeres. Intrigado, te acercas a ese libro con portada de colonia Brummel y lo abres con respeto y reverencia, esperando encontrar las claves ocultas que te aseguran la satisfacción sexual de cualquier mujer… y aburrido en la página cincuenta, cierras el libro y lo usas como tope de puerta. Esto es así.

Y es que 50 sombras de Grey desatará pasiones en (parte) del género femenino, pero está claro que no se hizo con los hombres en mente. Demasiada cháchara, demasiada diosa interior, demasiado morderse el labio (de la boca) y nada de…, bueno, nada de lo que toca. Tampoco es que tenga que empezar con una chica esperando al repartidor de pizzas (o al técnico de la fotocopiadora, o al mecánico del coche con su llave inglesa), pero un poquito de complicidad masculina se echa de menos.

Desde Lecturalia queremos ayudaros a encontrar esos libros que empiezas a leer con dos manos, siguen con una y acaban en un atril. Así que si estáis buscando literatura erótica, sacad papel y boli, o abrid el notepad, y apuntad estos títulos. Si sois mujeres, también podéis hacerlo, aunque no os aseguramos un romance en el que un duro ejecutivo le caliente los lomos a una jovencita virginal para luego acabar… bueno, como acabamos todos. Qué os vamos a contar.

Delta de Venus, de Anaïs Nin. Bien, este ya lo recomendamos para mujeres, pero la verdad es que está más orientado a un público masculino, ya que se escribió por encargo para un coleccionista privado y sólo se hizo público tras la muerte de la autora. Sexo explícito bien narrado, eso sí, desde el peculiar punto de vista de Nin.

Andreu Martín ganó el Sonrisa Vertical -veremos algunos ganadores más por aquí- con Espera, ponte así, una historia ambientada en el mundo del teatro que nos muestra la obsesión de un director por una joven actriz y su búsqueda de placer (y dolor). Si a eso le ponemos una dosis de novela negra y macabro sentido del humor (marca de la casa) tenemos otro libro imprescindible.

Vamos con un clásico, clásico. Las once mil vergas, o los amores de un hospodar, de Apollinaire, cuya publicación en 1907 se realizó de manera clandestina. Ensalzada como obra surrealista y pornográfica, hay que matizar que es para todo tipo de hombres, ya que las combinaciones sexuales de Las once mil vergas no se limitan al sexo cotidiano y hay de todo, como en la viña del señor. Incluyendo latigazos, claro. Codazo, codazo, guiño, guiño.

Si buscáis una novela que no desentone mucho con las que tiene vuestra pareja en la mesilla y que, gracias a su adaptación al cine, tiene un título que suena mucho, os recomendamos Las edades de Lulú, de Almudena Grandes, llena de sueños y fantasías a través de la protagonista, Lulú, que se lanza a una orgía… de experimentación sexual en busca de su propia identidad. Vamos, que hay tema.

Muchos conoceréis a José Carlos Somoza, sobre todo por sus historias de terror e intriga, pero lo que no todo el mundo sabe es que ganó también el Sonrisa vertical gracias a Silencio de Blanca, la historia de una obsesión (qué atormentado es esto del erotismo, por favor) que une música y sexo, musa y artista, en una espiral silenciosa que acaba… bueno, que no acaba como 50 sombras, vamos. Aprovecho también para reclamar la recuperación del premio de La sonrisa vertical; con el auge de este tipo de literatura seguro que sería un reclamo imbatible.

Pues ese es nuestro pequeño listado para ti, hombre, que estás buscando algo de erotismo que llevarte a las manos y competir con las chicas del metro que muestran, sin ningún tapujo, que están leyendo historias de dominación y sadomasoquismo con una sonrisa en los labios. Como siempre, si quieres aportar más títulos, te esperamos en los comentarios.

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Silencio de Blanca

Lecturas maratonianas: ¿Una nueva vida para el libro?

AutorGabriella Campbell el 7 de febrero de 2013 en Opinión

Leer en público

Por mucho amor que le tengamos al papel de un libro o a la pantalla de nuestro ebook, sabemos que hay otras maneras de leer, y algunas nos pueden resultar muy atractivas. Hay dos que tienen bastante peso en el mundo anglosajón, pero que en nuestro país no terminan de cobrar la misma importancia: Por una parte tenemos el audiolibro y, por otra, las lecturas en grupo.

Ya hemos hablado de lo aburridas que pueden llegar a ser las lecturas en presentaciones y actos similares, ya sea en España o en cualquier parte del mundo, y de cómo algunos escritores se han planteado si esta forma de promocionar sus obras es la más adecuada. Pero parece que comienza a ponerse de moda otra forma de llevar a cabo estas lecturas, que no involucraría al escritor, sino solo a sus propios seguidores. Hablamos de las lecturas públicas maratonianas.

Por estos lares ya hay costumbre de leer El Quijote por turnos como plato fuerte de determinados actos culturales (sin duda una forma más amena de enfrentarse a un texto que, sobre todo para los lectores más jóvenes, puede resultar arduo, pero que no es el único al que se le pueden dedicar horas de lectura en grupo). Desde hace un tiempo se pone de moda celebrar grandes encuentros de lectura interactiva en Estados Unidos, si bien sus características son bastante diferentes a las que solemos encontrar por aquí. Estos encuentros son un nuevo punto de reunión, el nuevo lugar in adonde acuden las jóvenes promesas, los bohemios a la última y las estrellas del periodismo cultural a dejarse ver e incluso a turnarse para ofrecer su propia representación, sobre un altar/escenario, de un pasaje de texto clásico. Artistas, escritores y músicos leen en alto, uno a uno, en un proceso que puede llevar muchísimas horas, como la lectura de Moby Dick que se celebró en noviembre en varias librerías independientes de Nueva York. Esta en concreto se realizó durante tres jornadas, cada una de ocho horas. La idea era que uno podía entrar y quedarse cuando quisiera y el tiempo que quisiera; para la de Moby Dick aguantaron las 24 horas completas cuatro personas, a las que se les premió al final con pequeños obsequios. Algunos de ellos nunca habían leído el libro, por lo que esta maratón fue su primer contacto con él (aquí podéis leer un artículo en inglés del Wall Street Journal sobre el acto).

Es precisamente este toque de glamour cultural lo que diferencia a estas jornadas de otros tipos de lecturas públicas y literarias. Se ofrece, así, como alternativa a otras actividades sociales: en vez de ir a tomar un café o una cerveza con los amigos uno se los puede llevar a un acto que promete embelesar; por lo menos en lo que se refiere a gran parte de los que suben a leer, artistas de talento reconocido a la hora de hipnotizar a su audiencia. Desconozco si en España se están llevando a cabo iniciativas de este mismo nivel, con un fuerte componente social, interdisciplinar (por la participación de músicos, actores, etc. que ofrecen versiones originales y diferentes a la lectura clásica) y de entretenimiento. Si es así, no dejéis de recomendárnoslas en los comentarios. Ya nos está faltando tiempo para empezar a crear actos de este tipo, que sirvan además para atraer usuarios y clientes a bibliotecas y librerías.

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