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Una princesa y una rana

AutorGabriella Campbell el 30 de septiembre de 2013 en Divulgación

Princesa y la rana

¿Quién no ha escuchado alguna variante de la famosa frase hay que besar muchas ranas (o sapos) antes de encontrar a un príncipe? El cuento de la princesa que besó a una rana (o a un sapo, según la versión) es otra de esas historias que sobrevive generación tras generación, y ahora, con la más reciente interpretación de Disney (si bien esta tiene más relación con la obra de E. D. Baker, La princesa rana, que con el cuento tradicional), es más popular que nunca.

El argumento más conocido es el siguiente: una princesa está jugando en el jardín con una pelota dorada, y se le cae a un pozo. Una rana encantada le ofrece devolverle la pelota si accede a darle un beso. La princesa, aunque asqueada, se muestra de acuerdo y besa al anfibio. Entonces este se transforma en príncipe, revelando que había sido convertido en rana por alguna bruja, brujo o lo que fuera, se casan y comen perdices y etc.

Como suele ocurrir con los cuentos infantiles, esta no es más que la versión simplificada que ha llegado hasta nuestros días. En la historia original, procedente de Alemania y recogida por los hermanos Grimm, es bastante más elaborada. En esta, la princesa no besa a la rana, el acuerdo es muy distinto: la rana recupera la pelota dorada para la princesa a cambio de que esta sea su amiga, que lo comparta todo con él: comida, tiempo, incluso cama. Una vez tiene su pelota de vuelta, la princesa ignora su parte del trato e intenta huir de la rana, pero su padre el rey, al conocer el acuerdo entre ellos, la obliga a cumplir con su palabra. Comen juntos y, más tarde, la repulsiva rana intenta introducirse en su cama. La princesa la expulsa de su lecho una y otra vez hasta que, finalmente, indignada, agarra al anfibio y lo lanza contra la pared. Con el golpe, se rompe el hechizo y la rana recupera su forma original de apuesto príncipe. Parece que esta forma le resulta más aceptable a la princesa, ya que a partir de ahí permite al hombre-rana que acceda a su cama y duermen juntos “con placer” (sic). Obviamente el tema ha sido carne de especulación para psicoanalistas y todo tipo de intérpretes, pues la idea de que una joven virgen se comporte como una niña malcriada hasta que se introduce un varón en su lecho da bastante de sí.

El final del cuento es menos conocido aún, y es el que da título alternativo al cuento tradicional, Enrique el Férreo. Tras la noche de placer del príncipe y la princesa, montan en un carruaje para regresar al reino de este. Escuchan un terrible sonido y descubren que son unas bandas de hierro que se rompen: las que Enrique, el sirviente más fiel del príncipe y su chófer, se había colocado alrededor del corazón para impedir que este se rompiera cuando descubrió que su señor había sido transformado en rana. Esta parte del cuento podría derivar de una leyenda alemana mucho más antigua, titulada Pobre Enrique (pero esa, podríamos decir, ya es otra historia).

Por otro lado, existe otro cuento popular muy distinto en el que la rana es una princesa que supera diversas pruebas para casarse con un príncipe, que luego a su vez debe superar numerosos obstáculos para reencontrarse con ella y vivir felices para siempre. Esta historia es bastante diferente al texto alemán de los Grimm, sus orígenes se encuentran tanto en el folclore ruso como en el italiano, con la aparición estelar de uno de los personajes más populares del acervo ruso: la bruja Baba Yaga. De cualquier manera, podemos deducir, como suele ocurrir con todas las narraciones modernas basadas en cuentos populares, que los textos tradicionales suelen ser bastante más interesantes.

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Carta de H. G. Wells a James Joyce

AutorGabriella Campbell el 30 de septiembre de 2013 en Divulgación

Carta de H. G. Wells

Todos sabemos que la prosa de Joyce no era (ni es) del gusto de todos, sobre todo cuando es tan inescrutable como el Ulises o Finnegan’s Wake. Parece que uno de los padres de la ciencia ficción moderna, creador de La guerra de los mundos y de La máquina del tiempo, era uno de sus detractores, a pesar del cariño que le profesaba a nivel personal. Queda aquí patente, en la carta que le escribió al escritor irlandés el 23 de noviembre de 1928 (la traducción es mía, así que disculpad posibles errores):

“Mi querido Joyce:

Te he estado estudiando mucho, y pensando en ti. El resultado es que no creo que pueda hacer nada respecto a la promoción de tu obra. Tengo un enorme respeto por tu genio desde tus primeras obras, y ahora siento una gran simpatía por ti, pero tú y yo seguimos caminos muy diferentes. Tu formación ha sido católica, irlandesa, subversiva; la mía, la poca que tuve, fue científica, constructiva y supongo que inglesa. Mi mente se enmarca en un mundo donde un proceso grande de unificación y concentración es posible (un incremento del poder y del alcance gracias a la economía y a la concentración de esfuerzo), un progreso no inevitable, pero interesante y posible. Ese juego me atrajo y me tiene sujeto. Para él necesito un lenguaje, una expresión, lo más sencilla y clara posible. Tú comenzaste siendo católico, es decir, que empezaste con un sistema de valores en claro contraste con la realidad. Tu existencia mental está obsesionada con un sistema monstruoso de contradicciones. Puede que creas en la castidad, la pureza y el Dios personal, y por eso siempre estás soltando gritos de coño, mierda e infierno. Como no creo en estas cosas más que como valores muy personales, mi mente nunca se ha escandalizado por la existencia de váteres y vendas menstruales, e infortunios inmerecidos. Y mientras que a ti te criaron con la ilusión de la represión política, a mí me criaron con la ilusión de la responsabilidad política. Esto puede parecer una cosa genial ante la que rebelarte y con la que cortar. Para mí no lo es, en absoluto.

Ahora, en cuanto a este experimento literario tuyo. Es algo digno de consideración, porque tú eres un hombre muy digno de consideración y tienes en tu composición abarrotada un genio grandioso para la expresión, un genio libre de restricciones. Pero no creo que nos lleve a ninguna parte. Le has dado la espalda al hombre común, a sus necesidades básicas y a su limitado tiempo e inteligencia, y lo has hecho todo más complicado. ¿Cuál es el resultado? Grandes acertijos. Tus últimas dos obras han sido mucho más divertidas y emocionantes de escribir que jamás lo serán de leer. Tómame a mí como lector común. ¿Obtengo mucho placer de este trabajo? No. ¿Siento que obtengo algo nuevo e iluminador como cuando leo la horrible traducción de Anrep de ese libro mal escrito de Pavlov sobre reflejos condicionados? No. Así que pregunto: ¿quién diablos es este Joyce que exige tantas horas del escaso par de miles que me quedan por vivir para poder apreciar de forma adecuada sus manías y caprichos y destellos de representación?

Todo esto desde mi punto de vista. A lo mejor tú tienes razón, y yo estoy equivocado por completo. Tu trabajo es un experimento extraordinario y yo me tomaría muchas molestias por salvarlo de cualquier interrupción destructiva o restrictiva. Tiene sus creyentes y su seguimiento. Que disfruten de ello. Para mí es un callejón sin salida.

Mis mejores deseos para ti, Joyce. No puedo seguir tu bandera de la misma forma que tú no puedes seguir la mía. Pero el mundo es ancho y hay espacio para que ambos estemos equivocados.

Tuyo,

H. G. Wells

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El oscuro invierno, de David Mark

AutorAlfredo Álamo el 28 de septiembre de 2013 en Reseñas

El oscuro invierno - David Mark

David Mark ha trabajado durante años cubriendo crónica negra para el Yorkshire Post y se nota que a lo largo de su carrera ha asistido a más de un crimen mediático. En El oscuro invierno, Mark nos lleva hasta Hull, donde él mismo reside, una zona pesquera del noreste inglés, golpeada primero por las grandes reconversiones de los años 80 y luego por la actual crisis económica.

En este escenario nos presenta al sargento Aector McAvoy, un corpulento policía escocés cuyo aspecto resulta intimidante, pero cuya conducta suele ser incluso delicada. Es interesante que Mark cree un pasado para McAvoy que podría ocupar, sin problemas, todo un libro anterior. De hecho, tuve que comprobar que, en efecto, este era el primer caso del sargento y que no me había saltado un volumen. McAvoy es un policía cuya honradez casi acaba por matarle a manos de un grupo de policías corruptos. Despreciado por muchos de sus compañeros, se afana en hacer su trabajo de la mejor manera posible, buscando, quizá, el respeto de sus nuevos compañeros.

Una de las diferencias de este detective respecto a otras novelas estriba en su vida familiar: McAvoy es feliz en su matrimonio, su mujer está enamorada de él sin fisuras y su hijo pequeño es todo un encanto. Nada de problemas con el alcohol o un pasado oscuro que le haya convertido en un personaje torturado. La verdad es que se agradece.

En cuanto a la trama, McAvoy tiene que investigar una serie de asesinatos que parecen no tener nada que ver unos con otros… diferentes razas, diferentes armas, diferentes lugares… sólo una conexión: las víctimas son supervivientes de alguna horrible tragedia. La verdad es que Mark riza lo verosímil en varias ocasiones durante el libro, pero se mantiene dentro de unos límites aceptables. El proceso policial y la investigación están muy bien resueltos y la verdad es que el protagonista y los secundarios están trabajados con oficio.

El oscuro invierno es el primero de los libros protagonizados por McAvoy -ya hay una continuación, todavía inédita en castellano- y resulta una novela entretenida que apunta maneras propias a la hora de narrar, alejándose de tópicos y lugares comunes. Entretenida y recomendable para los amantes del género.

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Las mejores historias mitológicas (I)

AutorGabriella Campbell el 27 de septiembre de 2013 en Divulgación

Muchas páginas se han llenado acerca de las diferencias teóricas y prácticas entre mito, leyenda y cuento popular. El mito suele pertenecer a una categoría superior, es un texto versátil que se adapta al paso del tiempo pero que permanece, a la vez, en la mente colectiva, que sobrevive a modas y a épocas, una entidad que sirve para explicar los grandes misterios de la humanidad, que atrapa y encandila al hombre de ahora tanto como al de antes. Por supuesto, la línea divisoria entre el mito y el cuento es entrecortada; muchas de las funciones del cuento clásico, cualquiera de las señaladas por Vladimir Propp, por ejemplo, pueden observarse en determinados mitos. Pero en lo que muchos teóricos suelen coincidir es en que el mito posee elementos de significado universal, y que contiene un poder de atractivo innegable.

Uno de mis mitos favoritos es el que atañe a las estaciones del año, en concreto a las estaciones de siembra y recogida, que a fin de cuentas era lo importante en los tiempos en los que el mito arraigó. Hay muchas historias que explican el cambio de las estaciones, todas poéticas, algunas románticas, pero pocas son tan imaginativas como el mito de Perséfone. La bella y joven Perséfone era la hija de Deméter, diosa del cereal y de los campos en general. Deméter era una Madre Tierra clásica, representación de la fertilidad, de la nutrición, del crecimiento. Formaba parte del panteón principal de las divinidades de la Antigua Grecia, era hermana de Zeus, señor de los dioses del Olimpo, e hija de Cronos, representación divina del tiempo, y de Rea, la madre protectora que salvó a Zeus de ser devorado por su padre. Por su carácter ahistórico, es muy probable que Deméter proviniera de un culto anterior al olímpico, ya que la figura de una divinidad fértil para los campos nace con la mismísima agricultura. Teniendo en cuenta que los dioses por aquel entonces eran pocos, y bastante incestuosos, no es de extrañar que tuviera una hija, Perséfone, con su propio hermano, Zeus.

Perséfone fue raptada por Hades, señor de los infiernos, hermano a su vez de Zeus y de Deméter, que vio en su sobrina un trozo bastante apetecible de carne olímpica. La historia es larga, pero para resumir y ahorrarnos múltiples versiones y desarrollos secundarios, concluyamos en que al final, tras variados enfrentamientos por este tema entre Hades y Deméter, que quería a su hija de regreso, se acordó que Hades permitiría que la hermosa Perséfone pudiera salir del inframundo durante nueve meses al año, mientras que los restantes tres los pasaría con el señor de los muertos (no he encontrado mención alguna acerca de qué opinaba la pobre Perséfone de todo este entuerto). Y es por esta razón por la que durante nueve meses, en los que Deméter tiene a su hija en casa, los campos brotan y florecen, mientras que durante los otros tres, los meses de invierno, todo está vacío y estéril, ya que la diosa de la agricultura llora la ausencia de su pequeña. Y sí, no es así de sencillo, no son exactamente tres y seis meses, y con el desarrollo de la agricultura, el barbecho y la rotación de cultivos, esto ha dejado de ser determinante en la cosecha, pero sigue siendo una historia curiosa, una bella forma de explicar el cambio de las estaciones.

En la segunda parte del artículo hablaremos de otros mitos curiosos, de otras historias que han sobrevivido, de una forma u otra, hasta nuestros días.

Corona de flores, de Javier Calvo

AutorAlfredo Álamo el 26 de septiembre de 2013 en Reseñas

Corona de flores - Javier Calvo

Me es difícil hablar de Corona de flores ya que a medida que leía la novela me daba la impresión de que el autor había estado arrancando imágenes de mi cabeza, ideas que guardaba para mis propios relatos, y me las estaba lanzando una tras otra, construyendo una historia que contiene numerosos guiños a un cierto inconsciente colectivo de los amantes a lo oscuro, grotesco, decadente y artificioso.

Dicho esto, y así ya os pongo sobre aviso, Corona de flores es una novela criminal ambientada en la Barcelona de finales del siglo XIX, una ciudad industrial en la que las diferencias sociales entre obreros, burgueses y aristócratas han formado un hervidero en el que los anarquistas son un peligro social y las cargas policiales a caballo, el pan nuestro de cada día. En medio de esa ciudad de contrastes Calvo traza la historia de unos crueles asesinatos y su posterior investigación, a cargo primero del enano y sádico inspector Semproni de Paula y luego el desquiciado e inteligente Menelaus Roca, más conocido como El Trasgo por su aversión a la luz solar.

Corona de flores es un compendio de personajes dañados, llenos de fisuras por los que pierden la vida y el alma. Algunos de ellos luchan por mantenerse, por lo menos, vivos, mientras que otros ya muestran al exterior su imagen de muertos por dentro. El estilo que Calvo dibuja se acerca más al decadentismo propio de autores como Emilio Carrere e incluye en ellos buena parte de una imaginería propia del romanticismo y de la literatura gótica, heredero de Poe, pero también de Machen o Doyle. Así nos encontraremos con catacumbas, experimentos prohibidos, simbología ocultista y bohemios nihilistas. Todo envuelto en esa ciudad de Barcelona, en pleno proceso de expansión y de cambio, tanto físico como social, con un toque final que recuerda mucho al mejor Joan Perucho.

En definitiva, una novela no apta para todos los gustos, en la que hay que dejarse llevar por el escenario que plantea Calvo a riesgo de perder el interés demasiado pronto, que no se corta a la hora de mostrar casquería, depravación y sexo a partes iguales, pero que enganchará a la primera a todos aquellos que busquen una novela de género diferente, cuidada y con un estilo preciosista a su decadente manera de ser.

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Grandes escritores y sus musas (II)

AutorGabriella Campbell el 25 de septiembre de 2013 en Divulgación

Salman Rushdie

En la primera parte de este artículo hablamos de algunos binomios bastante conocidos de inspirados e inspiradores. A continuación nos detendremos en algunos ejemplos más. Es digno de mención que la musa es, en la mayoría de las ocasiones, una entidad traviesa y maléfica, que proporciona al artista mayor gloria y talento cuanto mayor es su duelo. Se dice que del sufrimiento nacen las grandes obras, y de la armonía el arte más blando y comercial, y aunque habrá musas dulces, generosas y buenas, las más influyentes han sido crueles, representantes del amor atormentado, de amores no correspondidos o rechazados por la sociedad. Empezamos de nuevo con los sufridos griegos:

4. Propercio y Cintia: Sexto Propercio dedicó la mayor parte de su vida poética a la mujer conocida como Cintia. Su nombre real era Hostia, y se presupone que era una liberta o cortesana bastante veleta en sus relaciones, exigente y culta, también poeta. Propercio le dedicó innumerables versos de gran potencia lírica. Aunque el corazón del poeta terminó por enfriarse, al parecer por los interminables desprecios de su amada, tras la muerte de esta volvió a escribirle, esta vez con versos reflexivos, dominados por una pasión triste y morbosa, como atestiguan algunas de sus palabras más famosas, las del fantasma de Cintia cuando se le aparece y le increpa, celosa, el polvo de tus huesos se mezclará con el de los míos.

5. Sor Juana Inés de la Cruz y María Luisa Manrique de Lara, marquesa de la Laguna: Sor Juana Inés era una de las mujeres más inteligentes de su tiempo, y tuvo varias mecenas femeninas a las que les escribió poesía al estilo de la época, pero ninguna tan ardiente como la que le dedicaba a su amiga la marquesa, su principal benefactora. La joya favorita de la corte del virreinato mexicano en pleno siglo XVII, la vida de Juana Inés Asbaje y Ramírez de Santillana estaba abocada al matrimonio, pero consiguió evitarlo ingresando en una orden monástica. Se ha llegado a considerar que su repugnancia hacia las nupcias podría deberse a una posible homosexualidad, pero las restricciones que este tipo de unión le impondrían a una mujer tan excepcional eran mucho mayores que las que le imponía la vida religiosa, que en su caso no era muy severa y le permitía recibir visitas, poseer una amplia biblioteca y participar en la vida intelectual de Nueva España; por lo que esta elección fue seguramente más racional que amorosa. Juana Inés escribía poesía ardiente al estilo de su tiempo, marcado por las formas del amor cortés, pero sí es cierto que los versos dedicados a su amiga María Luisa reflejan una devoción que, aunque no necesariamente carnal, debía de ser muy profunda.

Hemos hablado de apenas un puñado de musas y escritores (y escritoras), pero sin duda hay muchos más. Tenemos a Vivienne Eliot, esposa del poeta y crítico estadounidense T. S. Eliot; a Lucía Joyce, hija del afamado James, y toda una princesa de entre las flappers de los años 20; a la modelo y actriz Padma Lakshmi, casada durante tres años con el novelista Salman Rushdie, que se inspiró en ella para crear uno de los personajes principales de la novela Furia. ¿De qué otras grandes musas no hemos hablado? ¿Cuáles son vuestras favoritas? Esperamos, como siempre, vuestras respuestas en los comentarios.

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Doctor Sueño: La secuela de El resplandor

AutorAlfredo Álamo el 24 de septiembre de 2013 en Reseñas

Doctor Sueño Stephen King

Atención. Este artículo puede contener pequeños spoilers.

El resplandor (1977) es una de las novelas de terror contemporáneo mejor valoradas y cuyo éxito dio lugar a una mítica película dirigida por Stanley Kubrik en su empeño por rodar una obra maestra en cada género. Es difícil no leer la obra de King sin tener en la mente a Jack Nicholson en el papel de Jack Torrance, tecleando sonámbulo en la máquina de escribir o bien hacha en mano.

Pues bien, más de 35 años después, Stephen King ha sentido la necesidad de retomar la historia de El resplandor en Doctor Sueño, a través de Dan Torrance, único superviviente de la anterior novela, ya bastante crecido. Sin embargo, no penséis que la historia de los viejos fantasmas de hotel se va a repetir, en esta ocasión King ha decidido explicar el extraño poder que posee Dan, el resplandor. Además nos encontraremos con un gato que adivina el futuro y una oscura organización de asesinos, todo como preludio de uno de esos grandes enfrentamientos entre el bien y el mal que tanto le gustan al autor norteamericano.

Para King, Doctor Sueño es una obra más madura que El resplandor y ha declarado que está algo intranquilo ante la recepción de la novela. Tiene miedo de que la gente se dedique más a comparar los dos títulos que en apreciar el nuevo libro, que él considera mejor que el anterior.

King decidió retomar la historia en parte por la insistencia de muchos lectores, intrigados por el destino de Dan Torrance al final de El resplandor, así como por desarrollar mejor la idea de los poderes psíquicos que posee el personaje. ¿Será Doctor Sueño una vuelta de King al terror que le dio a conocer en los años 70? Sus últimas entregas han sido irregulares desde un punto de vista internacional, no así en los Estados Unidos, y ahora está de nuevo en todos los escaparates gracias al éxito de la serie de televisión basada en su novela La cúpula.

¿Qué esperáis de Doctor Sueño? ¿Una historia al estilo Apocalipsis o encontraremos al King de La historia de Lisey? Os esperamos, como siempre, en los comentarios.

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Parodias literarias (I): Book-a-Minute

AutorJuan Manuel Santiago el 19 de septiembre de 2013 en Divulgación

Corpúsculo

Por suerte, el mundo de las parodias literarias es muy fecundo, hasta el extremo de que tal vez harían falta varias entradas como esta para esbozarlo, y aun así me quedaría corto. Entre cuentas de Twitter, perfiles falsos de Twitter, libros de parodias escritos «a la manera de» otros autores (ya llegaremos a ellos, pero apunten dos títulos para ir haciendo boca: Nueva historia universal de la infamia, de Rhys Hughes, y Guía del dragonstopista galáctico al campo de batalla estelar de Covenant en el límite de Dune: Odisea Dos, de David Langford), novelas o cuentos que les «toman prestada» la estructura o los personajes a otras obras y andanadas de profundidad varias, les aseguro que uno empieza y no acaba. Sin embargo, en esta entrada quería ceñirme a una sola página web que, a buen seguro, los colmará de solaz, risas y diversión.

Nacida en 1997 del choque de los talentos de David J. Parker, Samuel Stoddard, Geoffrey Brent y otros, Book-A-Minute («Libros en un minuto», en grosera traducción aproximada) parte de una premisa nada estúpida: vivimos en una sociedad cuyos tiempos son tan rápidos que apenas nos dejan un minuto libre, por lo que ¿para qué perder días o incluso semanas leyendo los grandes clásicos de la literatura si podemos tenerlos condensados en un solo párrafo o incluso en una sola frase? Ahora, con Twitter, la idea tal vez haya sido sobreexplotada, pero hablamos de mediados del Internet de la década de 1990.

Así pues, Book-A-Minute está estructurada en tres partes: ciencia ficción, cuentos infantiles y grandes clásicos de la literatura. Y además tiene una página hermana, Movie-A-Minute, dedicada a hacer lo mismo, pero con películas.

Por supuesto, cada cual tendrá sus favoritos, pero la idea es siempre la misma: descomponer el material de partida hasta su mínima expresión, para ridiculizarlo y, aunque parezca mentira, explicarlo a la perfección. Sorprende la lucidez que se desprende de las insensateces que llegan a leerse en esta página, sobre todo cuando destripan en una sola frase hilarante el sentido último de algún novelón trascendente.

Como todo esto es hablar por hablar, les ofrecemos algunos ejemplos, en traducción libérrima (el original está en inglés, y no nos consta que haya ni edición ni páginas web equivalentes en español), para que se hagan una idea de por dónde van los tiros.

Crepúsculo, de Stephenie Meyer
Edward Cullen: ¡Ay, omá, no sé si beberme tu sangre o darte un beso apasionado!
Bella Swan: Me has puesto cachonda.

Dune, de Frank Herbert
Frank Herbert: ¡Soy mucho más listo que vosotros! ¡Os reto a entender aunque sea uno solo de los párrafos de mi libro!
Lector: Veeenga, vaaaale, Frank Herbert, eres muy listo. Ni siquiera entendemos de qué va la trama.

Obras completas de Jane Austen
Protagonista femenina: Estoy enamorada en secreto del protagonista masculino, pero él no debe enterarse.
Protagonista masculino: Estoy enamorado en secreto de la protagonista femenina, pero ella no debe enterarse.
(Se enteran.)

Billy Budd, de Herman Melville
Capitán Vere: Billy Budd, como buen producto de la moda literaria, tus virtudes me recuerdan a las de Adán, padre de la humanidad.
(Está a punto de producirse un motín.)
John Claggart: La culpa de todo la tiene Billy Budd.
Capitán Vere: Ni por asomo: Billy Budd es inocente y puro. Pero colguémoslo de todos modos.
(Lo cuelgan.)

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Animales fantásticos y dónde encontrarlos: la película

AutorAlfredo Álamo el 18 de septiembre de 2013 en Noticias

Animales fantásticos y dónde encontrarlos

Tras el aluvión de noticias sobre J. K. Rowling y sus nuevas novelas de intriga y crimen nos había llegado también alguna que otra declaración de la autora inglesa hablando sobre lo que añoraba escribir en el mundo de Harry Potter. Parece que ese punto nostálgico, y algo de dinero, para qué nos vamos a engañar, ha llevado a Rowling a aceptar escribir el guión de Animales fantásticos y dónde encontrarlos.

Para aquellos que no conozcan demasiado de los libros juveniles de Rowling, decirles que este se publicó en 2001, junto con Quidditch a través de los tiempos, y formó parte de una iniciativa benéfica que recaudó más de 20 millones de euros para la fundación Comic Relief.

Animales fantásticos y dónde encontrarlos es uno de los libros de texto que aparecen en Harry Pottery la piedra filosofal y está escrito, en la ficción, claro, por el magizoólogo Newt Scatmander, con prólogo, no podía ser de otra forma, de Albus Dumbledore. En el libro nos habla de más de 70 especies mágicas de las que Scatmander recogió información a principios del siglo XX. La primera edición data de 1927 y ya lleva 52 reediciones. No está mal para un libro que no existe.

Es de suponer que el guión que está preparando Rowling girará más acerca de los viajes y aventuras de Newt Scatmander (que contaba con 25 años de edad durante la elaboración del libro) que en un sencillo listado de seres mitológicos. En cualquier caso, la película servirá para demostrar que la gente de Hufflepuff también es capaz de vivir grandes aventuras.

En cuanto a los detalles técnicos de la película, todavía no se sabe quién será el director ni del presupuesto que contará. Lo único que han dicho desde Warner es que no será, en ningún caso, una precuela a las historias de Harry Potter sino una extensión del universo creado por la autora.

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Grandes escritores y sus musas (I)

AutorGabriella Campbell el 17 de septiembre de 2013 en Divulgación

Zelda Sayre

Las musas, aquellas hermosas divinidades que bajaban del monte Parnaso para inspirar a los artistas durante la Antigüedad, fueron convirtiéndose poco a poco en personas de carne y hueso. Una mujer bella inspiraba un soneto o una estatua, una mujer valiente inspiraba un poema épico o una tragedia, una mujer de talento inspiraba una danza. Por supuesto eran casi siempre mujeres, mientras fueron los hombres los que escribieron, compusieron y pintaron; con el paso de los siglos y la presencia cada vez más notable de la mujer artista, comenzaron a cobrar importancia también las musas masculinas, los inspiradores hombres, ya fuera por belleza, inteligencia o pasión.

Las musas no son siempre amantes de sus artistas, pero esto, como era de esperar, ayuda. Nada como lo sexual y amoroso para despertar los efluvios del arte y la creación. Nada como el acto de procreación para procrear. No obstante, las relaciones platónicas, propias por ejemplo del amor más espiritual y elevado, o del afecto y admiración entre buenos amigos o familiares, también han resultado ser excelentes incentivos. A continuación hablaremos de algunas de las parejas más conocidas de artistas e inspiradores.

1. Catulo y Lesbia: El pobre Gayo Valerio Catulo, que nació en el 84 a. C. y se dio a conocer como poeta en los círculos nobles de Roma, se enamoró de una mujer casada, Clodia, a la que le escribió versos con el nombre de Lesbia, en referencia al amor que ambos compartían por la obra de la poetisa Safo de Lesbos. Parece ser que Clodia era de cascos ligeros y que, por mucho que le prometiera amor y fidelidad a Catulo, era incapaz de resistirse a los encantos de otros hombres. Esto atormentaba al pobre artista, pero a este amor terrible le dedicó sus mejores palabras. No fue Clodia su única musa, eso sí; también escribió versos amorosos al joven y bello Juvencio.

2. Lewis Carroll y Alice Liddell: Una de las relaciones más polémicas de la literatura, debido a la afición del autor de Alicia en el país de las maravillas por la fotografía de menores en paños ídem. Aunque algunos argumentan que se trataba de una práctica más o menos habitual en la época, el tipo de afecto de Carroll por Liddell ha sido cuestionado en múltiples ocasiones. Sea como fuere, el resultado fue una historia que marcó a la literatura fantástica, y la imaginación de niños y adultos, para siempre.

3. Si se le preguntara al estadounidense medio por la gran novela americana, algunos hablarían de Hemingway, otros de Faulkner y otros de Salinger, pero tarde o temprano saldría mencionado El gran Gatsby. F. Scott Fitzgerald trabajó duro para conseguir la mano de la favorita de la alta sociedad Zelda Sayre, y no dejó de perseguirla hasta que la obtuvo. Zelda fue su principal motor e inspiración durante años, pero también un aliciente para su alcoholismo y una vida de opulencia que no podía permitirse a nivel económico. Era, además, una mujer inestable que sufría de esquizofrenia y que pasó gran parte de su vida en distintas instituciones mentales.

En la segunda parte de este artículo hablaremos de otras musas que han marcado el mundo de la literatura. Sin ellas, la obra de los escritores que estamos analizando habría sido bastante diferente a la que hoy en día disfrutamos.

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