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Las mejores historias mitológicas (III)

AutorGabriella Campbell el 11 de octubre de 2013 en Divulgación

Tu Er Shen

Como muchos sabréis, otra mitología repleta de belleza y de historias curiosas es la china. Sus leyendas están llenas de afecto por lo maravilloso: por la magia, los hechizos, las pociones y las criaturas extraordinarias. Es difícil elegir en un fondo tan inmenso de textos, pero una de las historias que me ha resultado más llamativa ha sido la de Tu Er Shen, el dios conejo, la divinidad que protege y ayuda a los hombres homosexuales.

Tu Er Shen era, en principio, un hombre mortal, llamado Hu Tianbao. Se enamoró con locura de un magistrado local, que era guapo e inteligente, y lo seguía allí donde iba. Finalmente, lo pillaron espiando al magistrado mientras este estaba desnudo (o haciendo sus necesidades, la información que he encontrado es confusa en este aspecto). El magistrado montó en cólera e hizo que lo apalearan, hasta que confesó que su crimen se debía al hecho de que estaba enamorado del hermoso funcionario. Esto no hizo sino incrementar la ira del objeto de su afecto, quien ordenó que siguieran apalizándolo hasta su muerte.

A los encargados del inframundo esto les pareció muy injusto, ya que el pecado de Hu Tianbao había sido por amor, y consideraban que la muerte había sido un castigo muy extremo. Así que le concedieron dones divinos, y pudo aparecérsele a un conocido suyo del distrito de Fujian, a quien le explicó su nuevo carácter sobrenatural y le solicitó que construyera un templo en su honor. El culto a la nueva divinidad, Tu Er Shen, se propagó con cierta rapidez y bastante cariño, y en varias provincias de China pueden todavía encontrarse templos, imágenes y referencias a su seguimiento. La imagen más conocida de su culto es la de dos hombres que se abrazan, uno mayor y otro más joven (lo que nos recuerda a la relación entre erastés y erómeno en la tradición griega), si bien más adelante, con la influencia del cristianismo y de ciertas escuelas budistas y taoístas, esta imagen comenzó a atribuirse a una simple relación de hermanos o incluso de hombres luchando uno contra otro.

No es la única historia que relata deseo y amor homosexual en la tradición mitológica china. Era corriente en esta textualidad, por ejemplo, que los espíritus o xian buscaran mantener relaciones con seres humanos, para lo que adoptaban forma corpórea; a estos seres poco parecía importarles el sexo de su amante. En otras ocasiones la relación homoerótica responde a otra necesidad: según la creencia en el karma, amantes que en otras vidas eran de sexos opuestos podían reencontrarse en una nueva vida como miembros del mismo sexo, como ocurre en la leyenda del sabio y del hombre zorro, donde el sabio había sido una hermosa mujer que había preferido quitarse la vida antes que ser violada por bandidos. Como en el budismo tradicional se consideraba que la condición masculina estaba por encima de la femenina, la mujer fue recompensada por su castidad reencarnándose en hombre, mientras que su amado marido, que acabó por unirse a los mismos bandidos y llevar una vida malvada, se reencarnó en un zorro. Buscando a su querida esposa, consiguió gracias a la alquimia transformarse de nuevo en hombre. Al encontrarse con el sabio que en otro tiempo había sido su mujer, el hombre zorro no tuvo ningún problema para mantener relaciones con este, perpetuando la noción de que, en el amor de verdad, el sexo de cada uno es lo de menos.

Premio Nobel de Literatura 2013: Alice Munro

AutorAlfredo Álamo el 10 de octubre de 2013 en Noticias

Alice Munro Premio Nobel

Alice Munro es la ganadora del Premio Nobel de Literatura 2013, en una decisión que, reconoce la excelencia y la importancia de la obra de esta autora canadiense dentro de la literatura universal. ¿Ganadora al gusto de todos? No, claro, cada año tenemos nuestros autores favoritos en mente y, al parecer, la Academia Sueca es incapaz de acertar a gusto de todos, por no hablar de los que se arriesgaron en las casas de apuestas y hoy no han tenido la suerte de cara.

De entre la obra de Munro habría que destacar títulos como La vista desde Castle Rock, Las lunas de Júpiter o Mi vida querida (su última antología publicada) donde demuestra su maestría en el relato, campo en el que ha destacado siempre como una de las grandes autoras en lengua inglesa. Ganadora en 2009 del Premio Man Booker, uno de los más importantes de la literatura anglosajona, así como del Governor General’s Literary Award en tres ocasiones, que destaca la mejor obra literaria canadiense del año.

En los últimos años, el Nobel ha ido a parar a manos de autores como Mo Yan, cuya novela Sorgo Rojo fue llevada al cine con gran éxito, o los poetas Tomas Tranströmer y Herta Müller. No podemos olvidar, claro, a Mario Vargas Llosa, que estrena libro precisamente en estas fechas.

El Premio Nobel de Literatura supone uno de los eventos más importantes del calendario literario anual y su fallo es seguido por millones de personas. Su relevancia convierte a los autores premiados en referente durante varios meses y ayuda a la difusión de literaturas minoritarias o poco conocidas. Es, sin duda, uno de los mayores reconocimientos posibles a la carrera literaria de un escritor.

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Astérix y los Pictos, la vuelta de un clásico

AutorAlfredo Álamo el 9 de octubre de 2013 en Noticias

AStérix y los pictos

Astérix y Obélix son dos de los personajes de cómic más conocidos y queridos del mundo. A lo largo de más de cuarenta años nos han acompañado gracias a la maestría de Goscinny y Uderzo, con títulos inolvidables como Astérix el Galo, La vuelta a la Galia o Astérix en Roma (por mencionar alguno entre muchos).

Tras la sentida desaparición de Goscinny, fue el propio Uderzo el que intentó, con un acierto más que discutible, ponerse a los mandos del guión. Ahora, tras varios años de espera, el gran dibujante francés ha decidido pasar el relevo a una nueva generación a la que, no obstante, vigila de cerca.

Con textos de Jean-Yves Ferri y dibujo de Didier Conrad llega a nuestras librerías el día 24 de octubre la nueva entrega de las aventuras de Astérix, Astérix y los Pictos, en la que los irreductibles galos viajarán hasta las tierras más allá del Muro de Adriano, la actual Escocia, donde se encontrarán con uno de los pueblos más temidos por los romanos: Los Pictos.

¿Estarán a la altura los nuevos responsables del cómic? Desde luego, la historia da para mucho, con toda la parafernalia escocesa para hacer chistes de falditas de cuadros, gaitas y apellidos peculiares. ¿Qué opináis? ¿Hacía falta continuar con la serie de Astérix o sois de los que dejaron de leer los cómics tras la muerte de Goscinny?

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El francotirador paciente: El Pérez-Reverte más urbano

AutorAlfredo Álamo el 8 de octubre de 2013 en Noticias

Francotirador - Bansky - Reverte

El francotirador paciente es el título de la nueva novela de Arturo Pérez-Reverte, que llega cuando todavía colea su anterior novela, El tango de la Guardia Vieja, y que será publicada por Alfaguara el 27 de noviembre, justo a tiempo para la temporada de Navidad.

Reverte, que ha hablado de su novela por Twitter -donde es muy activo-, ha cifrado la extensión de la novela en unas 300 páginas y, aquí viene lo interesante, ha comentado que va a tratar sobre el mundo del grafiti y el arte urbano, así como sobre la mentira que rodea a todo lo que rodea al arte contemporáneo actual.

Conocedor de la cultura del grafiti por motivos personales, Reverte traza una historia ambientada en Lisboa, Verona, Nápoles y Madrid, donde trata de reflejar la vida de unos chicos rebeldes, disidente y marginales, que se niegan a aceptar las normas establecidas y acatar la autoridad. Son grafiteros y poseen su propio código y su propio lenguaje.

Reverte ha pasado tiempo entre grupos de grafiteros, tanto en España como en el extranjero, y pretende mostrar su realidad, su manera de vivir, cómo hablan y hasta la música que escuchan. Para los protagonistas, Reverte presenta un trasunto de Bansky llamado Sniper, al que una experta en arte urbano tiene que encontrar a través de su obra en diferentes países, pero también siguiendo el rastro de la agitación social que es capaz de producir.

Así pues, El francotirador paciente es una novela con grandes dosis de intriga y acción, ambientada en entornos urbanos y con un importante análisis de hacia dónde se dirige toda una generación de jóvenes acostumbrados a vivir bajo sus propias reglas.

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Esta noche arderá el cielo, de Emilio Bueso

AutorRaquel Vallés el 7 de octubre de 2013 en Reseñas

Esta noche arderá el cielo, de Emilio Bueso

Esta noche arderá el cielo es el nuevo libro de Emilio Bueso, autor de las aclamadas Cenital y Diástole, y, como hemos comentado en otras ocasiones, uno de los autores de género que ha conseguido una voz propia dentro del panorama literario español. Es también uno de los escritores a los que seguir en su trayectoria, ya que siempre tiene algo interesante que contar y una manera muy especial de hacerlo.

Siguiendo el ritmo que parece haberse impuesto de una novela por año, Esta noche arderá el cielo aparece en 2013 no sabemos si esperando repetir con el Celsius a mejor novela que lleva consiguiendo dos años seguidos.

Esta noche arderá el cielo es una novela más arriesgada que las dos anteriores, sin dejar de ser totalmente reconocible el estilo de Bueso, con varias tramas entremezcladas que avanzan hacia un final casi anunciado en el título.

Con esta novela Bueso parece haber querido dejar claro que lo suyo es la fantasía, la aventura pura y dura de personajes enfrentados a situaciones que les superan en busca de la redención. El escenario en que se desarrolla la acción en este caso no podía ser más llamativo, la Trans-taiga una carretera que atraviesa la taiga canadiense, un desértico paisaje donde la naturaleza es la reina y donde la civilización puede ser olvidada. La prosa cortante de Bueso no hace sino acrecentar la sensación de límite, de personajes perdidos en un entorno inhóspito mientras intentan recuperar el hilo de sus vidas.

Mac, escondido en la rutina de un taller de motos, su gran pasión, es el protagonista de la historia. Su vida ha girado en torno a las motos y al recuerdo del amor de su juventud; el día que su relación se rompió Mac dejó de avanzar girando sobre sí mismo y sus neuras, usando su trabajo como manta de seguridad. Para Perla, la otra parte de la naranja, la ruptura fue un intento de madurez, un dejar de jugar a los motoristas rebeldes, a quemar rueda y avanzar hacia el infinito. Sienta la cabeza, ten una familia, abúrrete pero hazlo con una barbacoa los domingos.

Pero años después Perla aparece en la puerta de Mac y él, congelado como está en el tiempo, no duda no un instante. Las motos, la carretera infinita, el sentido de su vida está esperándole. Las preguntas, por qué ahora, y tu hijo, quedan para otro momento, no vaya a romperse el encantamiento. Así es como el protagonista, Mac busca, junto a su recuperada novia, Perla, y sus motos, una huida hacia delante que le permita superar sus traumas, sus miedos, su tiempo perdido sin su chica. Perla, también huye, como siempre. Y huyen de su realidad para meterse de lleno en una pesadilla con forma de trama de traficantes y secretos de estado.

Como es habitual en Bueso sus personajes se construyen a base de flashbacks lo que le permite explicarnos en cada momento aquello que le interesa de cada intrahistoria para hacer avanzar la acción sin revelarnos ningún final. Pero en este caso la construcción que ayuda a la historia no lo hace con el pobre Mac, que es menos creíble con cada escena que pasa. No pasa lo mismo con Perla, menos explicada quizás, pero mejor definida siendo un personaje más real cuyas contradicciones le hacen más humana.

Al igual que en Diástole o Cenital, la acción avanza con los personajes, creando caminos que acaban convergiendo, pero, así como en las dos anteriores novelas las casualidades era menos, en ésta la acción, la convergencia, es demasiado forzada. Todo pasa cuando tiene que pasar con tal precisión que en los últimos capítulos consigue saltar por los aires la verosimilitud, ya forzada por algunos de los elementos de la trama, temiéndote que en algún momento todo sea producto de un mal viaje del protagonista (y no precisamente en moto). Y es que un deus ex machina por mucho que avise el autor que lo es, no deja de ser un recurso muy peligroso, más aún cuando se acumula. Quizás un final menos atropellado hubiese mejorado la experiencia.

En definitiva, una novela recomendable como aventura entretenida pero que frena la evolución del autor, no en cuanto a complejidad ni atrevimiento, pero si en el resultado final, siendo una historia menos redonda de lo que esperábamos.

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Mongoliad 1, de Neal Stephenson, Greg Bear y otros (muchos)

AutorAlfredo Álamo el 4 de octubre de 2013 en Reseñas

Mongoliad 1

Mongoliad (La Mongoliada, por así decirlo) es una novela histórica, una ucronía, para ser exactos, en la que un nutrido grupo de autores, encabezados por Neal Stephenson y Greg Bear, han desarrollado no sólo una historia, sino una nueva forma de narrar aprovechando Internet.

Durante más de dos años varios autores han ido escribiendo Mongoliad y publicando capítulos para los suscriptores de su web (así como imágenes e información complementaria al texto literario). Además, a partir de la creación de ese mundo ucrónico, más autores han participado escribiendo novelas cortas ambientadas en ese mundo. Tras dar por finalizado el arco principal, los escritores pulieron los textos para formar tres novelas, digamos «canónicas», la primera de las cuales es la que nos ocupa hoy.

Mongoliad transcurre en un siglo XII en el que el Imperio Mongol, bajo el mandato del hijo de Genghis Khan, Ogodei, sigue resuelto a expandirse por todos los rincones del mundo y mantiene bajo presión a todas las monarquías europeas, que se ven incapaces de frenar el avance de los guerreros mongoles. Con la Europa del Este en ruinas, un grupo de monjes guerreros pertenecientes a la Ordo Militium Vindicis Intactae (Hermandad del Escudo, para los amigos) traman una solución descabellada a la invasión. Al mismo tiempo, en Karakórum, la capital del Imperio, el joven guerrero Gansuj trata de sobrevivir en una corte llena de peligros al mismo tiempo que observa cómo el gran kahn se ha convertido en un alcohólico.

Mongoliad es un libro de aventuras puro y duro, donde abunda el detalle histórico y se nos ofrece una buena ración de batallas y peleas, descritas con especial cuidado. Además, esa visión ucrónica de una Europa devastada forma un escenario atractivo y curioso, ya que mezcla elementos conocidos con otros ficticios de manera muy bien hilvanada. El apartado de la corte en Karakórum sirve para ir conociendo la sociedad mongola y su sistema de valores, y cómo se transforma al conquistar China.

Este primer volumen de Mongoliad se lee con rapidez, es divertido y debería gustar por igual a los aficionados a la narrativa histórica como a los que disfrutan con las ucronías, o incluso la fantasía épica. Eso sí, su final es completamente abierto y deja con ganas de más, así que habrá que esperar con impaciencia a que publiquen las siguientes dos entregas.

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La maravillosa carta de Robert Heinlein a Theodore Sturgeon

AutorGabriella Campbell el 3 de octubre de 2013 en Divulgación

Robert Heinlein

Aunque hoy en día, gracias al éxito de libros como El señor de los anillos o Harry Potter, y a películas de ciencia ficción con grandes efectos especiales, el género fantástico en general goza de una aceptación bastante popular, este es un fenómeno relativamente reciente. Los grandes pioneros de la ci-fi tuvieron que luchar por hacerse hueco en un entorno literario en el que lo fantástico se consideraba un subgénero y, como ocurre en cualquier formación o grupo de personas con gustos minoritarios, se forman vínculos muy especiales de amor y odio. Algo así debía de sucederles a dos de los grandes de la ciencia ficción, Robert Heinlein y Theodore Sturgeon, dos escritores con estilos y temáticas muy distintas, pero unidos por una pasión en común por la ficción especulativa.

En 1962, Sturgeon dio un discurso como invitado de honor en la convención mundial de ciencia ficción de Chicago. En este, narró una anécdota acerca del problema de la página en blanco y de cómo Heinlein lo ayudó a salir de su bloqueo:

“Una vez tuve una racha horrible de sequía creativa. Fue una sequía desesperada, y había muchas cosas que dependían de que yo volviera a escribir. Finalmente, le escribí a Bob Heinlein. Le conté mis problemas; que no podía escribir (tal vez porque no tenía ideas en mi cabeza con las que contar una historia). Y no sé cómo lo hizo, pero en su carta de vuelta me envió 26 ideas para una historia. Algunas tenían una página y media de extensión; otras solo eran un renglón o dos. Quiero decir que eran ideas para historias por las que algunos escritores habrían dado su oreja izquierda. Algunas eran simplemente sugerencias; solo pequeñas pistas, cosas que inspirarían a un escritor, como “el fantasma de un gatito recorriendo la eternidad, buscando un regazo familiar donde sentarse”.

Este Heinlein mecánico, recubierto de cromo, tiene un gran corazón. Le había hablado de mis problemas para escribir, pero no le había dicho nada de mis demás contrariedades, sin embargo, junto a la pila de ideas para historias había un cheque por cien dólares, con una nota escrita a mano que decía tengo la sospecha de que tu crédito anda torcido.

Es muy difícil que palabras como gracias puedan servir para un hombre capaz de hacer una cosa así”.

No sé qué pensaréis vosotros, pero a mí me emociona la idea de que dos grandes de la literatura de ciencia ficción, dos padres de la ci-fi tal y como hoy la conocemos, tuvieran una relación tan productiva. Y tal vez sirva para que muchos veamos a Heinlein, a quien la crítica ha acusado en varias ocasiones (sobre todo tras la aparición de su obra Tropas del espacio) de fascismo y militarismo, con una luz muy distinta. Por otro lado, la carta completa de ideas que le envió a Sturgeon aturde, por la mente tan poderosa que produce, en una sola sentada, una cantidad de preguntas y nociones que tendrían ocupado a un escritor de ciencia ficción durante toda su vida. Podéis leer la epístola completa de Heinlein, traducida por Eduardo López para la revista Cuásar, en este enlace.

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Las mejores historias mitológicas (II)

AutorGabriella Campbell el 2 de octubre de 2013 en Divulgación

Minotauro

Más allá de sentarnos alrededor de una hoguera, como en tiempos pretéritos, y de narrar buenas historias a la luz de la lumbre, acerquémonos a las posibilidades que nos concede este medio. No tenemos lumbre (bueno, tal vez alguno de los que leéis tenéis chimenea encendida en casa, aunque sería raro en estas fechas), ni ambiente de historias, pero tenemos esta pantalla y estas palabras para introducirnos en uno de los temas que, personalmente, más me han fascinado desde que aprendí a leer. Ya hablemos de dioses griegos, romanos, hindúes, egipcios, héroes escandinavos o britanos, las gestas de los grandes hombres y mujeres (sean trágicas o cómicas, aunque, reconozcámoslo, las mejores son las terriblemente tristes) suelen ser hipnóticas. Algunas son muy concretas, como las aventuras de Ulises al regresar de la guerra de Troya, gracias al arte de Homero (o de quien escribiera la Odisea), pero otras son eternas, se transforman conforme una cultura invade a otra, se mantiene su esencia con el paso de los años. Tal vez por esto se repite, una y otra vez, en cine, televisión, literatura, el mito del minotauro.

La mitología griega está repleta de monstruos nacidos de un padre humano o una madre humana junto con una bestia. De esta combinación pueden nacer bellezas, sobre todo si el animal era realmente un dios, como ocurrió con Helena de Troya, la misma por la que se originó la conocida guerra de Troya (y la Ilíada), que salió de un huevo de su madre Leda, quien copuló con un Zeus transformado en cisne. Pero también ocurren desgracias cuando se unen mujeres divinas con animales, y por esto, cuando la reina Pasífae de Creta tuvo relaciones con un impresionante toro blanco (impulsada por un deseo incontenible debido a una maldición de Poseidón, o de Afrodita, según la versión), de ella salió el Minotauro, una criatura terrible que el rey cornudo de Creta encerró en un laberinto. Le sacrificaba jóvenes de estados y ciudades conquistadas, y hasta la llegada de Teseo vivió perdido en aquella curiosa cárcel. El famoso héroe ateniense, con la ayuda de la princesa Ariadna, pudo entrar en el laberinto, derrotar a la bestia, y encontrar la salida valiéndose de un hilo que había atado a la entrada.

El mito tiene muchas ramificaciones: la historia de Ariadna, que escapó de Creta y de su padre para acabar abandonada en una isla por Teseo; el mito del propio Teseo, uno de los héroes fundadores de Grecia, protagonista de innumerables aventuras; o la narración acerca de Dédalo, el sabio que construyó el laberinto para el rey de Creta, y que luego intentó escapar de las garras de este junto con su hijo, Ícaro, quien se acercó demasiado al sol y perdió las alas de cera que lo sostenían en el aire. Pero el fiero monstruo Minotauro, con cuerpo de hombre y cabeza de toro, es seguramente el más atractivo; pese a su carácter sanguinario es difícil no sentir cierta lástima por el hijo bastardo, no deseado, despreciado por sus progenitores y por la sociedad en la que nació, encerrado para siempre en una prisión puzle. Tal vez por esto ha permanecido su imagen en el mundo artístico, por mucho que se hayan ofrecido explicaciones y teorías verosímiles acerca de la realidad de su existencia: un sacerdote con una cabeza de toro como casco; un instrumento de tortura en la Antigüedad con forma de toro, en el que se introducía a las víctimas y se calentaba hasta asarlos vivos; incluso como metáfora del poder de Creta al devorar a pueblos vecinos.

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Perseguidos por su éxito (II): Philip K. Dick

AutorJuan Manuel Santiago el 1 de octubre de 2013 en Divulgación

Philip K. Dick

Aunque Philip K. Dick fue un autor popular y reconocido en vida, no cabe duda de que el auténtico éxito le llegó a raíz de su muerte prematura en 1982. Películas como Blade Runner y Minority Report, basadas en obras suyas, o la acuñación del calificativo «dickiano» para referirse a las situaciones narrativas en las que se pone en tela de juicio nuestra percepción subjetiva de la realidad (y ahí caben desde Matrix hasta Olvídate de mí) han convertido a Dick en el autor de ciencia ficción más influyente, superando de largo a los cuatro nombres intocables de la Edad de Oro (Asimov, Bradbury, Clarke y Heinlein) y las luminarias que más están influyendo en los autores del canon literario de principios de milenio (Ballard, Gibson, Lem o Vonnegut). Podría parecer que la ciencia ficción era algo consustancial a Philip K. Dick, pero, si rascamos un poco, descubriremos que no.

Remontémonos a los primeros años de la década de 1950. El veinteañero Dick deja la tienda de discos donde trabajaba para dedicarse a tiempo completo a la escritura. Consigue vender sus relatos a las revistas de ciencia ficción punteras de la época (Planet Stories y Galaxy, en particular) y, como es muy prolífico, no tarda en publicar un centenar de historias. Pero lo que le gusta de verdad es la música clásica y la narrativa contemporánea, así que, animado por su subversiva segunda esposa, Kleo Apostolides, se embarcó en la escritura de seis novelas de literatura general, muy influidas por el espíritu beatnik de la época, en las que reflejaba las vidas de varias parejas como él, de clase media y entorno urbano en la región de Berkeley y San Francisco. Les puso mucho empeño, muchas ganas, mucha ilusión y muchísimo estilo literario. Y, sin embargo, no consiguió vender ninguna; es más, su agente literario se las rechazó en bloque, y solo pudo publicar una de ellas en vida, Confesiones de un artista de mierda, que tiene algunas de las escenas más brutales y delirantes de la carrera de Dick (solo dos pistas, por no hacer spoilers: una matanza de animales y una espera frustrante del fin del mundo). Las otras han ido apareciendo después de su muerte, y el consenso es que hay de todo, aunque, en líneas generales, son novelas costumbristas de interés muy variable, pero que anticipan muchas de sus constantes narrativas. Por ejemplo, Mary, la protagonista de Mary y el gigante, es el prototipo de mujer dickiana, y debo decir que es uno de sus personajes femeninos más logrados.

Para los interesados en el asunto, estas novelas son (en orden de escritura) Voices from the Street, Gather Yourselves Together, Mary y el gigante, A Time for Georges Stavros, Pilgrim on the Hill, The Broken Bubble of Thisbe Holt, Ir tirando, In Milton Lumky Territory, Confesiones de un artista de mierda, The Man Whose Teeth Were Exactly Alike y Humpty Dumpty in Oakland. Como ven, solo tres de ellas se han traducido al español.

¿Qué ocurrió con Dick después del mazazo moral que a buen seguro debió de suponer el que los agentes tiraran a la basura prácticamente toda su producción novelística de la década de 1950? Bueno, su tercera mujer, Anne, era mucho más práctica y puso a Dick a trabajar a destajo en lo que realmente sabía vender: las novelas de ciencia ficción. Fagocitó muchas de estas ideas de novelas de literatura general y las incorporó a obras de ciencia ficción ambientadas en la muy costumbrista California de las décadas de 1950 y 1960. Así fue como nacieron o crecieron Tiempo desarticulado, El hombre en el castillo, Tiempo de Marte y Podemos construirle.

¿Se olvidó Dick de la literatura general? Sí y no. Su carrera siguió por los senderos de la ciencia ficción, confinado a ella porque era lo que vendía; pero su poética transrealista lo hacía hablar mucho de sí mismo y de su entorno, por lo que sus últimas obras, aunque claramente de ciencia ficción, también son claramente realistas, en el sentido de que retratan esa California devastada por las drogas y los restos de la cultura beatnik. Woodstock y la cultura ácida habían cambiado el concepto de realidad y, por lo tanto, el de realismo. Las novelas de su etapa final, desde Una mirada a la oscuridad hasta La invasión divina, pasando por Valis y, por supuesto, La transmigración de Timothy Archer, vuelven a ser realistas, pero de otro tipo. Pueden comenzar con el asesinato de John Lennon o con el suicidio de una amiga. Dick está en ellas, y con él todo su entorno. Pero, a pesar de ello, se comercializaron como ciencia ficción, un campo en el que Dick era conocido. El tren de la literatura general había pasado muchos años antes para Philip K. Dick… curiosamente, y de manera paradójica, justo antes de que la literatura general adoptara a Dick como uno de sus santos patrones.

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Una princesa y una rana

AutorGabriella Campbell el 30 de septiembre de 2013 en Divulgación

Princesa y la rana

¿Quién no ha escuchado alguna variante de la famosa frase hay que besar muchas ranas (o sapos) antes de encontrar a un príncipe? El cuento de la princesa que besó a una rana (o a un sapo, según la versión) es otra de esas historias que sobrevive generación tras generación, y ahora, con la más reciente interpretación de Disney (si bien esta tiene más relación con la obra de E. D. Baker, La princesa rana, que con el cuento tradicional), es más popular que nunca.

El argumento más conocido es el siguiente: una princesa está jugando en el jardín con una pelota dorada, y se le cae a un pozo. Una rana encantada le ofrece devolverle la pelota si accede a darle un beso. La princesa, aunque asqueada, se muestra de acuerdo y besa al anfibio. Entonces este se transforma en príncipe, revelando que había sido convertido en rana por alguna bruja, brujo o lo que fuera, se casan y comen perdices y etc.

Como suele ocurrir con los cuentos infantiles, esta no es más que la versión simplificada que ha llegado hasta nuestros días. En la historia original, procedente de Alemania y recogida por los hermanos Grimm, es bastante más elaborada. En esta, la princesa no besa a la rana, el acuerdo es muy distinto: la rana recupera la pelota dorada para la princesa a cambio de que esta sea su amiga, que lo comparta todo con él: comida, tiempo, incluso cama. Una vez tiene su pelota de vuelta, la princesa ignora su parte del trato e intenta huir de la rana, pero su padre el rey, al conocer el acuerdo entre ellos, la obliga a cumplir con su palabra. Comen juntos y, más tarde, la repulsiva rana intenta introducirse en su cama. La princesa la expulsa de su lecho una y otra vez hasta que, finalmente, indignada, agarra al anfibio y lo lanza contra la pared. Con el golpe, se rompe el hechizo y la rana recupera su forma original de apuesto príncipe. Parece que esta forma le resulta más aceptable a la princesa, ya que a partir de ahí permite al hombre-rana que acceda a su cama y duermen juntos “con placer” (sic). Obviamente el tema ha sido carne de especulación para psicoanalistas y todo tipo de intérpretes, pues la idea de que una joven virgen se comporte como una niña malcriada hasta que se introduce un varón en su lecho da bastante de sí.

El final del cuento es menos conocido aún, y es el que da título alternativo al cuento tradicional, Enrique el Férreo. Tras la noche de placer del príncipe y la princesa, montan en un carruaje para regresar al reino de este. Escuchan un terrible sonido y descubren que son unas bandas de hierro que se rompen: las que Enrique, el sirviente más fiel del príncipe y su chófer, se había colocado alrededor del corazón para impedir que este se rompiera cuando descubrió que su señor había sido transformado en rana. Esta parte del cuento podría derivar de una leyenda alemana mucho más antigua, titulada Pobre Enrique (pero esa, podríamos decir, ya es otra historia).

Por otro lado, existe otro cuento popular muy distinto en el que la rana es una princesa que supera diversas pruebas para casarse con un príncipe, que luego a su vez debe superar numerosos obstáculos para reencontrarse con ella y vivir felices para siempre. Esta historia es bastante diferente al texto alemán de los Grimm, sus orígenes se encuentran tanto en el folclore ruso como en el italiano, con la aparición estelar de uno de los personajes más populares del acervo ruso: la bruja Baba Yaga. De cualquier manera, podemos deducir, como suele ocurrir con todas las narraciones modernas basadas en cuentos populares, que los textos tradicionales suelen ser bastante más interesantes.

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