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Después del terremoto, de Haruki Murakami

AutorJuan Manuel Santiago el 8 de noviembre de 2013 en Reseñas

Después del terremoto - Haruki Murakami

Las redes sociales se cebaron este mes con Haruki Murakami debido a que, para variar, partía como favorito en todas las quinielas del Premio Nobel de Literatura y, para variar, no se lo llevó. Un tuitero particularmente inspirado estableció un paralelismo con la condescendencia de la candidatura olímpica de Madrid con respecto a la de Tokio, y se valió, en tono mordaz, del argumento definitivo por el que nos hicieron creer que la capital japonesa no contaba con posibilidades: la tragedia de Fukushima. Debo reconocer que el tuit me hizo gracia, y además me da pie a hablar de esta antología de relatos: tal vez no le hayan dado el Premio Nobel a Murakami por culpa de la catástrofe de Fukushima, pero no cabe la menor duda de que se merecería ganar el premio literario más prestigioso del mundo por el solo hecho de haber escrito esta recopilación de relatos cuyo nexo de unión es el terremoto que destruyó Kobe en 1995.

Que nadie se llame a engaño: Después del terremoto no habla del seísmo propiamente dicho, sino del impacto que este ejerció sobre las vidas de media docena de japoneses, tantos como relatos ha escrito Murakami. No veremos salvamentos heroicos ni escenas de bandidaje, sino a personas solitarias para las que el terremoto no es sino una manera aún más extrema de perder las raíces; personas a las que, tal como expresa de manera muy gráfica la fotografía de la cubierta, la tierra se ha abierto y los ha hecho caer al abismo, de manera tanto literal como metafórica. Las acciones de los relatos transcurren poco antes o poco después de que se haya producido un terremoto que en ningún momento recibe el tratamiento de fenómeno de la naturaleza, sino que aparece dotado de atributos casi humanos. El terremoto es el protagonista al que no vemos pero de quien lo sabemos todo (y no sabemos nada) en función de los testimonios y vivencias de terceros, a la manera de las primeras páginas de El tercer hombre, de Graham Greene, que nos preparan para la aparición de un Harry Lime que se había pasado media novela fuera de foco y que, evidentemente, no es como nos lo esperábamos. El terremoto ejerce un efecto catártico sobre los protagonistas de estos relatos, es una manera de mejorarlos o empeorarlos como personas, de redimirlos de sus grises existencias o enfangarlos hasta lo indigno.

A Komura, el protagonista de «Un ovni aterriza en Kushiro», le sirve para sobrellevar un divorcio y, quién sabe, tal vez echar una canita al aire.

A Junko, la de «Paisaje con plancha», le regala el don de la amistad del señor Miyake, en una historia donde confluyen dos tipos extremos de fatalismo existencialista, el de la adolescente emo y el anciano vacío de vida.

A Yoshiya, el de «Todos los hijos de Dios bailan», lo curte y lo prepara para vivir una experiencia religiosa.

A Junpei, el de «La torta de miel», lo enfrenta a un trío amoroso imposible y una relación paterno-filial más imposible todavía, al tiempo que le hace ver los mecanismos del bloqueo creativo y la diferencia entre talento y genio literarios.

A Katagiri, el gris oficinista de «Rana salva a Tokio», lo pone en la tesitura de convertirse en un superhéroe gracias a un ser que parece salido de una película de Miyazaki.

Y a Satsuki, la protagonista de «Tailandia», la sumerge en una durísima reflexión sobre el poder del odio y el papel catártico del complejo de culpa.

Es imposible desentrañar más detalles de este relato sin contar aspectos decisivos de la trama; baste decir que es uno de los relatos más opresivos y desesperanzados que este reseñador haya leído jamás, y probablemente el mejor de la trayectoria de Murakami, una verdadera obra maestra que hace indispensable esta recopilación.

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El caso del mayordomo asesinado, de Marco Malvaldi

AutorAlfredo Álamo el 7 de noviembre de 2013 en Reseñas

El caso del mayordomo asesinado - Marco Malvaldi

Marco Malvaldi se aleja de sus anteriores novelas policiacas para presentar El caso del mayordomo asesinado, un libro que podría considerarse un ejercicio de estilo en el que el autor italiano da rienda suelta a su pasión por los misterios decimonónicos.

Malvaldi se divierte al imitar, no sin cierto ánimo paródico, una narración típica del siglo XIX, en la que no se ahorra numerosos guiños y explicaciones cómplices con el lector. No busca tanto la excelencia literaria como crear una novela divertida y con toques de ingenio, un sentido homenaje a las novelas de Sherlock Holmes y Auguste Dupin. Sin embargo, como buen autor de novela criminal italiano, hay que poner comida. Mucha comida. Para eso aprovecha la figura de Pellegrino Artusi (1820-1911), gastrónomo y autor del primer libro de cocina moderno, a quien convierte en uno de los protagonistas de El caso del mayordomo asesinado.

Uno de los grandes aciertos de la novela es la construcción de personajes, caricaturas irónicas de la época -finales del XIX- varios de ellos miembros de una refinada, aunque decadente, familia aristocrática. Los diálogos y las situaciones resultan en ocasiones hilarantes y la narración a través de distintos puntos de vista funciona a la perfección.

En cualquier caso, nos encontramos ante la típica novela enigma en la que hay que resolver un misterio imposible, en concreto, El caso del mayordomo asesinado entraría dentro del subgénero de «crimen en habitación cerrada». En esta ocasión el mayordomo, como indica el título, no ha podido ser el culpable ya que, para su desgracia, resulta ser la víctima.

Malvaldi se deja llevar por el espíritu festivo, sobre todo en la parte final del libro, y utiliza quizá con demasiada alegría la excusa de la intuición, dejando a un lado la fría deducción lógica. Un detalle menor en un libro que no busca precisamente deslumbrar con la intriga sino con la ambientación, los personajes y el humor.

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Recetas literarias de cocina

AutorJuan Manuel Santiago el 7 de noviembre de 2013 en Divulgación

Festín de Hielo y Fuego

Podría parecer que los libros, esos objetos planos en los que fijas la vista en una pantallita o un libro, no exaltan ni despiertan algunos sentidos como el gusto o el olfato (salvo que tengan ese evocador olor a libro viejo), y son más táctiles y, por supuesto, visuales. Sin embargo, sus páginas pueden estimular los sentidos y hacernos salivar de mala manera. Por supuesto, no hablo de los libros de cocina al uso, sino de esos recetarios que se nos cuelan de tapadillo, entre las páginas de ensayos o novelas, y que hacen que nos rujan las tripas por lo que estamos leyendo, y casi, casi, sintamos que nos estamos dando un auténtico festín al tiempo que los personajes de los libros.

La cocina es una magnífica manera de entender el contexto en que se desarrolla la obra: antes de la globalización, pocas cosas había tan características de una sociedad como su manera de comer. Los autores de las novelas históricas, de aventuras o de fantasía, así como de los libros de viajes, se valen de lo que comen los personajes para mostrarnos las diferencias culturales entre los viajeros y los aborígenes, entre el pasado o el futuro remotos de la narración y el presente del lector. Esto se puede hacer extremando el humor, como hace Stanislaw Lem en uno de los relatos de Ijon Tichy presentes en Diarios de las estrellas. Viajes, en el que confunde al embajador de un planeta con una lata de refrescos y, de paso, provoca el primer conflicto interestelar de la humanidad, pero también se puede hacer con un afán detallista que nos introduce en situación y nos hace comer (y, por lo tanto, pensar) igual que los personajes: baste leer cualquier novela con ambientación histórica para saber de qué hablo. ¿Un ejemplo? Amada de los dioses, de Javier Negrete, cuya acción transcurre en la Grecia clásica y que deja con ganas de fidelizarse a la dieta mediterránea para los restos.

La cocina puede ser un elemento circunstancial de la narración, pero también su razón de ser. A Como agua para chocolate, de Laura Esquivel, o Chocolat, de Joanne Harris, los remito, si quieren ver los efectos del estimulante chocolate en obras de ficción. Pero también puede ser el hilo conductor de libros de ensayo, como es el caso de La mafia se sienta a la mesa, de Jacques Kermoal y Martine Bartolomei, que plantea un recorrido por la historia de la Cosa Nostra a ambos lados del Atlántico, planteado a través de los menús más significativos para los eventos más destacados de su historia. No verán, claro está, las albóndigas que el emparanoiado Ray Liotta prepara durante el cuarto de hora más desquiciado de Uno de los nuestros, de Martin Scorsese, pero sí se les detallará la receta del menú con el que los primeros capos agasajaron a un inocentísimo Garibaldi que estaba convencido de que liberaba Sicilia del yugo opresor, en vez de entregársela a la mafia para siempre, o qué comía Don Vito Cascio Ferro entre matanza y matanza, o cuáles eran los caldos favoritos de Lucky Luciano. Antropología, historia, crimen, cocina, ensayo y psicología unidas en un libro la mar de curioso y recomendable.

Dejamos para el final el nivel supremo de frikismo culinario: las recetas inspiradas en obras de fantasía o ciencia ficción. El bibliófilo que se mueva en el mercado francófono podrá dar con un recetario de cocina basado en las obras del recientemente fallecido Jack Vance, cuya referencia exacta he sido incapaz de encontrar pero sé que existe porque le vi un ejemplar al escritor y estudioso de la ciencia ficción Carlos Saiz Cidoncha; en todo caso, hay foros y más foros de Internet con asuntos abiertos sobre lo que comen los personajes de las series de Lyonesse, los Valerosos Hombres Libres o Alastor. Evidentemente, cualquier friki que se precie habrá tomado hidromiel, algún torpe simulacro de lembas (que, de manera invariable, acaba pareciéndose al pan de los enanos de Mundodisco) o incluso cerveza romulana en eventos especializados en J. R. R. Tolkien o Star Trek; por no hablar del supuesto garum que adereza las cenas temáticas que celebran los aficionados a las novelas de romanos, y que por lo general no es más que un triste revoltijo de aceitunas y anchoas mal prensadas. Y ahora mismo, gracias a Festín de hielo y fuego, cualquiera tiene al alcance de su mano las recetas originales que animan sobremanera los acontecimientos sociales de la serie Canción de Hielo y Fuego, de George R. R. Martin.

Por lo que a mí respecta, déjenme que celebre a mi manera el décimo aniversario de la muerte del inefable Manuel Vázquez Montalbán: tratando de preparar alguna de las recetas que se cocinaba Pepe Carvalho entre caso y caso. Pero de las del principio, ojo, que eran mucho menos estragantes y barrocas que las de las últimas novelas.

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Avalancha de políticos en las librerías

AutorAlfredo Álamo el 6 de noviembre de 2013 en Divulgación

El dilema

Como bien dice George R. R. Martin, se acerca el invierno, y con él, añado, las Navidades. Ese periodo de recogimiento familiar en el que se concentra gran parte del consumo de todo el año, siendo una época especialmente importante para el sector editorial. Y es que no hay regalo como un buen libro, ¿verdad? Aunque a veces no está muy claro qué elegir, porque, a fin de cuentas, ¿quién lee en este país? Así que a veces hay que arriesgarse y elegir un título que parezca, por lo menos, interesante. Si no quieres ir a por el best-seller de turno (cada vez más escaso) la opción más resultona suele ser comprar una biografía, y si es de alguien muy conocido, pues mejor. Eso sí, si crees que la biografía de Belén Esteban no es lo que estabas buscando, no hay problema, estos meses vienen plagados con libros firmados por políticos españoles, elegidos, claro, por su prosa y visión personal del mundo.

Con el rumor de las enormes cantidades que se han pagado como adelanto por estos libros, habría que destacar el desembargo de algunas personalidades por primera vez en esto de la literatura política-biográfica. Como por ejemplo, José Luis Rodríguez Zapatero, que en lugar de sacar pecho y busca un grafismo contundente con un libro llamado ZP, ha decidido que sus memorias políticas lleven el título de El dilema, donde trata de explicar los movimientos que tuvo que hacer con la llegada de la crisis económica.

Otro que es nuevo (en lo de las memorias), y que viene a colación del anterior, es Pedro Solbes, que publica Recuerdos, libro que no sólo trata su última etapa en el gobierno de España, sino que se remonta a sus inicios en política y paso por Europa, en una carrera al servicio de la administración de más de cuarenta años. Habrá que ver si se moja y habla de cuáles fueron sus previsiones sobre las últimas crisis y si sus recomendaciones fueron las aplicadas por Zapatero. Será interesante comparar una y otra.

Junto a estos debutantes tenemos a dos veteranos que se suman a la fiesta del político: El primero es José María Aznar, que vuelve a primera línea de la actualidad con la segunda parte de sus memorias, El compromiso del poder, en el que nos desvela algunas de sus conversaciones inéditas con personajes como Hugo Chávez, además de reivindicar sus posiciones en el 11-M y la guerra de Irak. Un libro que, desde luego, no dejará a nadie indiferente.

Por último, destacar un nuevo libro de Felipe González, En busca de respuestas, en la línea del expresidente de hablar sobre la política actual desde su perspectiva de «hombre de estado retirado pero que sabe mucho de esto». Busca fomentar el debate sobre la crisis actual y marcar la línea de cómo conseguir soluciones a la situación que nos atenaza. Otra cosa, claro, es que nos liste dichas soluciones.

Este es un listado incompleto, ya que en los últimos años son muchos los políticos que han publicado sus «secretos» como es el caso de Ramón Tamames, Alfonso Guerra, González Pons, José Bono, Julio Anguita o Miguel Ángel Revilla, que lleva unos meses vendiendo bastante bien con Nadie es más que nadie. También aparecen como setas las biografías escritas por profesionales, como El zorro rojo, en la que Paul Preston analiza la controvertida figura de Carrillo.

¿Y vosotros? ¿Sabéis de algún otro libro de político que resulte especialmente jugoso? Os esperamos, como siempre, en los comentarios.

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No confíes en Peter Pan, de John Verdon: Un nuevo y sangriento puzle

AutorAlfredo Álamo el 5 de noviembre de 2013 en Reseñas

No confíes en Peter Pan

John Verdon es un autor cuyo éxito en Estados Unidos va en aumento a cada libro que publica. Sin embargo, habría que destacar un dato curioso: su acogida en el mercado español es superior y corresponde a todo un superventas hasta tal punto que su nuevo libro, No confíes en Peter Pan, aparecerá mucho más tarde en su país de origen, algo que sucede en muy pocas ocasiones.

Verdon, publicista durante años antes de dedicarse a la literatura, sigue con su personaje fetiche en No confíes en Peter Pan, el detective de homicidios retirado David Gurney, quien se ve envuelto una vez más en una trama llena de mentiras, equívocos y misterios que sólo él puede resolver, pese a que en su última aventura, Deja en paz al diablo, estuvo a punto de morir.

Aquí su sinopsis oficial:

Han pasado cuatro meses desde que David Gurney resolvió el caso del Buen Pastor y las consecuencias han sido terribles: se perdieron vidas y hubo carreras profesionales afectadas.
Uno de los que más ha sufrido ha sido Jack Hardwick, que violó la normativa por ayudar a Gurney. Los superiores de Hardwick pensaron que despidiéndole arreglaban todos sus problemas. En realidad, se buscaron un enemigo acérrimo.

Ahora, Hardwick se propone demostrar la ineptitud de sus antiguos empleadores presentando pruebas que sirvan para revisar algunas condenas muy sonadas. Empieza con el caso Spalter, un rico empresario y promotor asesinado en el funeral de su madre. Su infiel esposa Kay fue condenada a cadena perpetua pero Hardwick está seguro de que a la mujer le hizo la cama un detective corrupto y quiere que Gurney le ayude a probarlo.

Muy pronto Gurney se encuentra enfrentándose a un fiscal sin escrúpulos, un detective completamente corrupto, un jefe mafioso extrañamente amable y un famoso criminal griego, Petros Panikos, Peter Pan, un hombre menudo que esconde un insaciable apetito por el asesinato. Todo por alguien que, después de todo, puede que sea realmente culpable…

En No confíes en Peter Pan, Verdon profundiza más en la figura de Hardwick, dejando claro que bajo esa apariencia de tipo duro y fanfarrón hay un detective inteligente que, aunque no quiere verse involucrado más de lo necesario, todavía conserva el interés por hacer justicia. De la misma manera que en sus anteriores novelas, Gurney se enfrentará a un asesino fuera de lo normal, capaz de pasar desapercibido y carente del más mínimo freno moral a la hora de lograr sus objetivos. Además, la situación personal de Gurney con su esposa Madeleine sigue deteriorándose debido a la obsesión del detective por ponerse en primera línea de tiro de psicópatas y asesinos.

No confíes en Peter Pan es la cuarta entrega de las novelas de John Verdon y mantiene el mismo estilo dedicado a la resolución de puzles con especial atención al proceso analítico del protagonista, que a algunos lectores puede parecerles demasiado exhaustivo aunque sea un libro más ligero de leer que algunos de sus antecesores, como Deja en paz al diablo. En esta ocasión sí que recomendaría leer la serie en su orden original, ya que No confíes en Peter Pan es una continuación directa de las anteriores aventuras de David Gurney.

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300 lugares de verdad que parecen de mentira, de Sergio Parra

AutorJuan Manuel Santiago el 4 de noviembre de 2013 en Reseñas

300 lugares de verdad que parecen de mentira

Confieso que me encanta lo que Philip K. Dick llamaría kipple; es decir, acumular objetos y conocimientos tal vez superfluos pero que te hacen desarrollar esa culturilla de crucigrama o de concurso televisivo que caracteriza a casi todos los frikis a los que conocéis. Recuerdo haberme pasado la infancia enganchado a libros de divulgación como los Dime quién es o Dime cómo funciona, en los que te ofrecían quinientas fichas con otros tantos perfiles biográficos o de descubrimientos: aquello era Jauja. Y absorbía casi todos aquellos conocimientos como si se tratara de un juego. Hoy en día, Internet le ha quitado el encanto a esos libros enciclopédicos, y por eso se agradecen iniciativas como 300 lugares de verdad que parecen mentira, la última obra de Sergio Parra, que tiene continuidad en su propia página web.

El ensayo está estructurado en nueve partes, que nos muestran, respectivamente, lugares de mentira, de ciencia ficción, de dinero, diminutos, virtuales, subterráneos, malditos, mágicos, y que fueron y ya no son. Algunas entradas son más elaboradas que otras, verdaderos ensayos dotados de auténtica densidad, pero el tono general es divertido y divulgativo, muy asequible para todo aquel a quien le interesa estar informado acerca de conceptos tan dispares como carreteras que poseen una fuerza electromagnética especial, los lugares favoritos de los suicidas, el pueblo cuyos habitantes tienen los nombres más extravagantes, la pedanía francesa que técnicamente es un estado independiente, el lugar donde puedes escuchar y sentir el bombardeo de los aliados a la ciudad alemana de Dresde, la región con más mutantes del mundo o, siempre, siempre, las omnipresentes Australia e Islandia (esta última, de mención obligada en todas las obras del autor, como el Imperio Austrohúngaro de las películas de Berlanga).

Es cierto que la edición no favorece la lectura (habría sido deseable algún acompañamiento gráfico en forma de ilustraciones… y, desde luego, es un libro que pide a gritos una edición electrónica e interactiva), y que bajo ningún concepto recomiendo leerlo de un tirón: es una obra que hay que ir degustando poco a poco, a modo de libro de consulta, dejándose guiar por el índice temático o abriendo sus páginas al azar.

Sergio Parra está llamado a ser, junto con América Valenzuela, uno de los puntos de referencia de la divulgación científica española. En su estilo depurado y claro se perciben ecos de sus contrastadas dotes narrativas. En efecto, casi toda su obra de ficción se caracteriza por el rigor científico y la búsqueda de elementos y lugares pintorescos o llamativos, de esos muchos mundos que están en este. Basta con leer esa versión extremadamente racional de Harry Potter que es el díptico formado por Jitanjáfora y Jitanjáfora: Desencanto, o esa historia de terror con médicos e islandeses que es Frío para comprender hasta qué punto lo extraño y poco convencional le interesa a Parra, y cómo sus facetas narrativa y ensayística se retroalimentan mutuamente. Leyendo las páginas de este ensayo he descubierto muchas de las claves y preocupaciones del otro Sergio Parra, el autor de literatura fantástica. En cierto modo, este libro no deja de ser el cajón de ideas de su obra de ficción. Y, desde luego, hará las delicias de los frikis buscadores de kipple informativo.

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Los autores de best-sellers se pasan a la literatura juvenil

AutorAlfredo Álamo el 1 de noviembre de 2013 en Divulgación

Theodore Boone

Es un hecho que los libros dedicados a un público juvenil, o de jóvenes adultos, han experimentado en los últimos años una tendencia al alza dentro ya no sólo del mercado en castellano, sino en el mundo entero. Fruto de este éxito hemos asistido a la publicación de cientos de nuevos títulos y al surgimiento de fenómenos exclusivos, como el de la autora autopublicada y superventas internacional Amanda Hocking. Por eso no es de extrañar que algunos escritores, verdaderas leyendas del best-seller para adultos, hayan decidido dar un paso hacia delante y adentrarse dentro de la literatura juvenil. Hoy voy a poneros tres claros ejemplos.

El primero responde más a la búsqueda de las editoriales por colocar un buen libro juvenil que atraiga las miradas de los adultos que a un verdadero interés del autor, ya que El secreto de los Estudios Kellerman es una de las primeras novelas de Ken Follett, publicada en 1976 y que permanecía inédita hasta ahora en castellano. En su momento Follett la firmó bajó el seudónimo de Martin Martinsen y con el título de The Mystery Hideout. Que nadie espere una obra monumental al estilo de las últimas novelas río de Follett sino una clásica historia de investigación con un par de jóvenes que acaban de iniciar una peculiar amistad.

El segundo sí que corresponde a una producción nueva del autor, en este caso John Grisham, que no renuncia, sin embargo, a sus historias de abogados, ya que la serie de Theodore Boone tiene como protagonista a un joven de trece años -nacido y criado en una familia de abogados- que se ve envuelto en un montón de intrigas que le llevan, como no podía ser de otra forma, hasta los tribunales. Grisham ya lleva cuatro entregas de la serie, que ha cosechado un gran éxito en Estados Unidos.

Por último, Simon Scarrow, que también se ha decidido por adaptar sus exitosas novelas históricas ambientadas en la Antigua Roma en una serie titulada Gladiador, en la que el protagonista es Marco, el hijo de un centurión cuya vida pasa por numerosas desgracias, hasta verse incluso vendido como esclavo. Scarrow ha publicado ya tres entregas que combina con la serie adulta Arena, todavía inédita en España.

Al parecer, la unión de un nombre conocido y la temática juvenil se ha vuelto muy atractiva. ¿Qué os parece? ¿Qué autor superventas os gustaría ver en terreno juvenil? ¿Alguien ha dicho Las aventuras del joven Profesor Langdon y el Código Da Vinci? Espero que no…

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P. D. James caza a un asesino

AutorAlfredo Álamo el 31 de octubre de 2013 en Noticias

P.D. James

O eso dice ella. Lo cierto es que ya hace tiempo que el crimen en cuestión se cometió: se refiere al asesinato de Julia Wallace en 1931 que resultó, en su época, de un interés mundial, llegando a ser comparado con los asesinatos de Jack el Destripador por la cantidad de artículos, cuentos y novelas que ha inspirado a lo largo de los años. De hecho, la propia James escribió La calavera bajo la piel en 1982 donde se puede apreciar una gran similitud entre ambos casos.

William Wallace fue acusado de matar a su mujer a golpes. Su única coartada era una extraña llamada a su club de ajedrez en la que un desconocido dejó un recado para encontrarse con él en una dirección que resultó no existir. Según el marido, cuando llegó a casa su mujer estaba muerta. Durante el juicio, el fiscal insistió en que aquella llamada la había realizado el propio Wallace y, finalmente, fue declarado culpable y condenado a la horca. Sin embargo, en una posterior apelación su coartada funcionó mejor y se le puso en libertad.

Ahora, años después, P. D. James afirma que sí, que aquella llamada existió, pero que fue una broma de un joven local conocido de Wallace que quería hacerle pasar una mala tarde. Quizá una broma que llevó al límite a Wallace, una persona irascible y depresiva, que, después de todo, sí que fue el culpable del asesinato.

James ha anunciado sus conclusiones y ahora está un paso más de parecerse a Jessica Fletcher como autora e investigadora, aunque el caso, como ya hemos dicho, estuviera un poco más que frío. Eso sí, no es la única, otras autoras como Patricia Cornwell -de la que os hablamos aquí– es una verdadera detective aficionada y ha intervenido en varios casos reales, además de afirmar, igual de resuelta que James, que el pintor Walter Sickert era el culpable de los crímenes de Jack el Destripador.

¿Y vosotros? ¿Conocéis a algún otro autor que haya dado el paso de la ficción a la realidad convirtiéndose en todo un detective? Os recordamos que Richard Castle, pese a sus libros, sigue siendo un personaje de ficción.

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La agencia literaria como editorial de autoedición: la reinvención del negocio

AutorAlfredo Álamo el 30 de octubre de 2013 en Opinión

SB e-books

Dentro del mundo editorial, los agentes literarios son ese escaso bien al que muchos autores noveles aspiran para dar el primer paso dentro su carrera y lograr acceder a una editorial con cierto prestigio. Durante años, las agencias han manejado una cartera importante de autores e incluso alguna que otra ha dado un fuerte golpe en la mesa a la hora de manejar los derechos digitales de sus representados. Pero los tiempos cambian, cada vez más deprisa, y desde los tiempos en que las editoriales se peleaban por el próximo descubrimiento hemos llegado a una situación de saturación en la que las grandes sólo apuestan a tiro hecho y en la que las medianas incluso se están transformando en empresas de autoedición.

Para un agente literario no es un buen panorama, desde luego. Lo que podía parecer una bendición -la sobreabundancia de posibles clientes- ha llegado a un punto de inflexión en el que es muy difícil colocar un manuscrito de alguien desconocido, además de que la facilidad para la autoedición está alejando del mercado tradicional -y los agentes- a un buen número de autores. Así pues, dadas estas circunstancias, ¿qué hacer?

El primer ejemplo de cómo adaptarse a una nueva situación lo encontramos en la Agencia Literaria Sandra Bruna que ha decidido transformarse -parcialmente, eso sí- en una editorial virtual. Según ellos, los manuscritos entregados siguen un proceso de selección interno, luego se paga y finalmente aparece en los mercados virtuales más conocidos. Preconizan, como ya hemos dicho, que las grandes no fichan nuevos, pero que sí prestan atención a los autores que gocen de un cierto éxito en el mundo del ebook.

En mi opinión, habría que matizar dos cosas. La primera, que no es cierto que se deje de lado a los autores noveles. Están ahí, salen de vez en cuando, aunque es cierto que los días de las tiradas enormes y el riesgo se han ido para no volver en mucho tiempo. Y que si bien se presta atención a las listas de ventas en Amazon, hay que pensar que hoy en día con cincuenta ejemplares colocados te plantas en un número uno imbatible. Además, lo que están ofreciendo es un servicio de autoedición, respaldado por un buen nombre, eso sí, pero autoedición al fin y al cabo.

No me parece mal, después de todo, ya que existe una oportunidad de negocio interesante y así es posible ver muchas obras que se iban a quedar, posiblemente, en el tintero. ¿Demasiadas? Tal vez. Se viene a sumar a otras iniciativas del mismo calado que han puesto en marcha editoriales de todo tamaño y que en la última edición de la Feria de Frankfurt han sonado con mucha fuerza. Al parecer, el mercado de la autoedición -con todas sus gradaciones posibles- va camino de convertirse en uno de los más importantes dentro de la industria y nadie quiere perder su lugar en la cola.

El océano al final del camino, de Neil Gaiman

AutorAlfredo Álamo el 29 de octubre de 2013 en Reseñas

El océano al final del camino - Neil Gaiman

La vuelta a la novela de Neil Gaiman se hacía esperar tras varios años en los que el autor inglés se ha lanzado casi por completo a la literatura juvenil y al guión, así que el lanzamiento de El océano al final del camino ha sido uno de los más celebrados por sus seguidores y los aficionados a la fantasía en general.

Aquí su sinopsis oficial:

Hace cuarenta años, cuando nuestro narrador contaba apenas siete, el hombre que alquilaba la habitación sobrante en la casa familiar se suicidó dentro del coche de su padre, un acontecimiento que provocó que antiguos poderes dormidos cobraran vida y que criaturas de más allá de este mundo se liberaran. El horror, la amenaza, se congregan a partir de entonces para destruir a la familia del protagonista. Su única defensa la constituirán las tres mujeres que viven en la granja desvencijada al final del camino. La más joven de ellas, Lettie, afirma que el estanque es, en realidad, un océano. La mayor dice que recuerda el Big Bang.

El océano al final del camino es, sin embargo, una novela de difícil clasificación. ¿Es un libro para adultos? ¿Es juvenil? Yo diría que ni una cosa ni la otra: es una fábula, un cuento de hadas tenebroso y oscuro pero que al mismo tiempo mantiene abierta siempre una puerta a la esperanza que lo convierte en disfrutable por cualquiera. La dualidad que mantiene en el narrador, un niño que cuenta su historia a través de un adulto, permite a Gaiman jugar con las imágenes y la reflexión, el sentido de la maravilla de una primera historia junto a la chimenea y la percepción de aquel que entiende más allá del humo y los espejos.

Gaiman vuelve a introducirnos en su mundo de viejas leyendas y folclore reinventado en el que se mueve tan bien, contándonos una historia en la que encaja personajes y leyendas antiguas en nuestro mundo con sorprendente facilidad. Es una constante que llevó al límite en American Gods y que presenta aquí con mayor fluidez. La verdad es que la novela es un homenaje a todas esas aventuras que soñamos cuando niños y creo que muchos lectores no habituales de Gaiman podrán disfrutar de la lectura de El océano al final del camino.

En el apartado negativo, una cuestión de gustos, ya que esa misma cualidad que convierte a El océano al final del camino en una novela para todos los públicos puede ahuyentar a aquellos lectores que busquen una narración más adulta y con muchas más aristas que la que ha alambicado Gaiman en esta ocasión.

En cualquier caso, un cuento clásico disfrazado de novela con el que recuperar con ojos de niño una aventura que nos lleva desde el principio de los tiempos hasta los primeros recuerdos de nuestra infancia.

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