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Agatha Christie y el caso de la Asesina Persa

AutorRaquel Vallés el 25 de mayo de 2009 en Noticias

Asesinato en Mesopotamia

Irán. Año 2009. Una mujer perturbada con una infancia difícil y aficionada, como tantos iraníes, a las novelas de Agatha Christie. Un problema de dinero que parece fácil de solucionar: asesinar mujeres para robarles sus joyas siguiendo las directrices aprendidas en las novelas de la dama del crimen. Pero la exitosa carrera de la primera asesina en serie de Irán, se ve truncada por una detención por tráfico. Y es en estos momentos cuando se puede decir que la realidad supera a la ficción.

Todo este drama que se ha saldado con la muerte de cuatro mujeres y un varón, se ha producido a unos 150 kilómetros de Teherán en la ciudad de Qazvin donde la joven Mahin ha confesado tras su detención estos asesinatos, al tiempo que ha apuntado que fueron los libros de Agatha Christie los que le dieron las ideas para los crímenes.

Sus víctimas eran mujeres de mediana edad y que, tras conversar con ellas, le recordaban a su madre. Se trataba de atraer a mujeres que estaban orando en las capillas de la ciudad y a las que recogía para llevarlas a casa. Una vez allí las drogaba y las asfixiaba para robarles las joyas. Una huella de un pie fue lo que permitió a la policía saber que se trataba de una mujer y poner sobre aviso a la prensa, lo que permitió que una mujer que había leído sobre los crímenes avisara a la policía de que había visto a una sospechosa huyendo en un coche. No hay duda de que en lugar de leer novelas de principios del XX nuestra asesina debería ver CSI y no ir dejando huellas por ahí.

No han dicho qué libros de Agatha Christie eran concretamente los que seguía la joven de treinta años para cometer sus crímenes pero está claro que en occidente ya se estaría preparando una edición especial. No sabemos si ese será el caso en Irán aunque esperamos que al menos, después de este caso, no decidan prohibir las novelas de la autora inglesa por perniciosas o algo similar, teniendo en cuenta además que se trata, curiosamente, de una autora muy vendida en ese país.

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Joseph Roth, cuentista extraordinario

AutorGabriella Campbell el 25 de mayo de 2009 en Divulgación

Roth

Existen dos sujetos intra y extraliterarios. Dos seres que conviven con la realidad (entendida la realidad como aquella percibida por la mayoría de las personas) y con la ficción (entendida la ficción como aquello que no resiste a la demostración científica ni al escepticismo de la mayoría de las personas). Estos seres, estas entidades, si puede denominárseles así, son el narrador y el escritor. El narrador cuenta, hilvana, embellece, exagera, resume, embelesa. El escritor realiza la misma función pero sobre el papel (o el teclado, seamos tecnológicamente correctos). Uno nunca sabe si lo que el narrador cuenta se corresponde a esta realidad aceptada o no, pero el hecho de que algo esté escrito, transcrito, plasmado en papel, con una gran etiqueta de Ficción en la contraportada (o de no ficción cuando la editorial no sabe muy bien cómo clasificar obras que se definen como veraces pero que escapan a cualquier comprensibilidad y coherencia de lo real, como podría ser Caballo de Troya de J.J.Benítez) nos indica que lo que vamos a leer puede ser absurdo, mágico y extremo y que, una vez finalizada la lectura y agotado el pacto, podemos regresar a la cotidianeidad y a lo demostrable. En contadas ocasiones la figura del narrador y del escritor se solapan, dentro y fuera de los libros.

Roth

Este es el caso de Joseph Roth, judío, austrohúngaro, alemán y francés, escritor y cuentista, pacifista y soldado, marido y amante. El 27 de mayo de este año se cumplen setenta años desde su muerte. Es sencillo hablar de su muerte, en la cama de un hospital parisino, posiblemente recordando el deceso de su mujer, “eutanasiada” por los nazis en un sanatorio mental que prometía acabar con su esquizofrenia. Pero no es tan sencillo hablar de su vida, porque ésta contaba con diversos niveles de sentido y existencia: la que él creaba para sí mismo y la que recogió su biógrafo David Bronsen en 1974, buscando entre la maraña de sucesos y palabras y señalando los acontecimientos comúnmente aceptados como verdaderos. En su tumba aparecía la frase “escritor austríaco fallecido en París”, como si eso fuera lo único probado y legítimo de su existencia que, a caballo entre la fantasía, el miedo al nazismo y el delirium tremens, no hacía más que saltar de contraposición a contradicción: en la religión (del judaísmo al catolicismo), en la política (del conservadurismo monárquico al socialismo), en el estilo literario (que finalmente cobró fuerza con un elaborado realismo decimonónico) y en la propia patria (que nunca encontró). La disolución del reino austrohúngaro en el que se había criado le dejó con un profundo sentimiento de desorientación del que no pudo escapar, si bien lo intentó una y otra vez, hasta el punto de crear su obra maestra, La marcha Radetzky, en un sentido pero perverso homenaje al viejo mundo que idealizaba y añoraba. Roth ahogaba su desencanto en la sátira, en el alcohol y en un periodismo diferente, literario, que lo hizo célebre, llegando a ser el corresponsal mejor pagado de Alemania. No en vano uno de sus héroes (o antihéroes, o héroes por accidente) es Trotta von Sipolje, figura destacada de la Batalla de Solferino, siendo solferino el color del vino tinto joven. Roth es un mago de la antítesis, de los opuestos, un contador de historias que beben de su copa, su pluma y, en ocasiones, hasta de su propia vida.

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Valentina, de Guido Crepax

AutorRaquel Vallés el 24 de mayo de 2009 en Reseñas

Valentina

Valentina apareció como personaje secundario en 1965, en las páginas de la revista italiana Linus en la historia La curva de Lesmo. Valentina es la amante de Philip Rembrandt, crítico de arte, que no es otro que el poderoso Neutrón, quien iba a ser el protagonista principal de la historia. Rembrandt viaja desde los Estados Unidos a Milán para desbaratar los planes del correspondiente malvado, en este caso llamado Carothers, quien planea asesinar a un famoso piloto de fórmula uno, haciendo, como buen mafioso, que parezca un accidente. Aunque Neutrón nos muestre sus poderes y consiga su objetivo, su presencia se ve superada claramente por la bella Valentina. Valentina es una fotógrafa hermosa y atrevida, con una gran imaginación que se ve envuelta en diversas aventuras en muchas ocasiones junto al mismo Neutrón.

Valentina

Crepax dio al cómic un nuevo estilo gráfico al tiempo que mezclaba en sus historias, con un fuerte componente erótico, momentos oníricos o surrealistas, con continuas referencias al cine y la literatura, de forma que Valentina podía encontrarse entre un cuento de Cortázar y una película de Antonioni o parecer un personaje de Truffaut. Este aspecto hace que en ocasiones la historia sea un poco complicada de leer, pero al fin y al cabo estamos frente a un cómic para adultos. El componente erótico es otro factor importante en la historia que, además, hace continuas referencias al mundo del arte o del cine. Después de La curva de Lesmol Crepax hace aparecer a Valentina junto a Neutrón en otras aventuras como la trilogía Viaje al centro de la historia, donde descubren una civilización subterránea y el origen de los poderes de Neutrón o nos remontamos a la infancia y adolescencia de Valentina como es el caso de Valentina intrépida, donde, por cierto, nos enteramos de que Valentina sufría anorexia.

Guido Crepax comenzó como publicista, ilustrador de libros o discos de jazz, con un estilo muy personal que desarrolla en otras obras también con protagonistas femeninas, como en el caso de Anita, basada en la Anita Ekberg de la Dolce Vita, o en la adaptación que hace de algunos clásicos de la literatura erótica como Historia de O o Emmanuelle. También ha adaptado clásicos de la literatura como El doctor Jekyll y Mr.Hyde o Frankenstein, la que fue su última obra antes de su muerte en 2003.

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Ojos de Agua, de Domingo Villlar

AutorAlfredo Álamo el 23 de mayo de 2009 en Reseñas

Ojos de Agua

Ojos de agua [Siruela] es la primera novela del gallego Domingo Villar y que ha funcionado bastante bien en mercado de la novela negra. De hecho, ya está a la venta su segunda novela, La playa de los ahogados, protagonizada por el mismo inspector, que va camino de convertirse en su personaje fetiche, Leo Caldas.

Compré Ojos de Agua en la Semana Negra de Gijón hipnotizado por los ojos de serpiente del dueño de Negraycriminal. Allí, junto a la playa, empecé a leer con ganas el libro de Villar, y la verdad, el resultado no estuvo del todo mal.

Leo Caldas es un inspector gallego. Galleguísimo, podríamos decir. Y el contraste con su ayudante, Estévez, aragonés, podriamos decir: aragonesísimo, da mucho juego dentro de la novela. Caldas pertenece a la tradición Carvalhista de la novela negra, es un personaje que disfruta y se deleita con la comida y la pausa, también al mejor estilo Camilleri, que, por supuesto, también homenajea al maestro Montalbán.

Ojos de Agua no deja de ser una primera novela, una presentación de personajes con un gran trasfondo, un Vigo que se adapta perfectamente a la novela negra y muestra unos escenarios, como el primero de ellos, esa torre de apartamentos heredada de los años 70 en medio de una isla, que son capaces de absorber gran parte de la historia. Es posiblemente ese aspecto visual el que ha interesado para iniciar el proceso de adaptación al cine de la novela, un proyecto que parecía seguro hace un año, pero del que, por ahora, no parece que haya avanzado demasiado.

El único pero puede ser la trama, que empieza muy bien, con uno de los asesinatos más dolorosos que he tenido la desgracia de leer -si lo habéis leído sabéis a lo que me refiero-, para luego trampear un poco, lo justo, y jugar con los conflictos personales, derivando poco a poco hacia la novela enigma.

Por otra parte, me gana enseguida con las continuas referencias a la música de jazz, el asesinado es músico, y a la comida de la zona. Son esos pequeños detalles los que hacen que te sientas cómodo delante de un libro divertido y que funciona bastante bien. Por ahora, Ojos de agua ya ha sido traducida al italiano y al alemán.

Ahora sólo tengo que esperar un par de meses. Seguro que en la Semana Negra de este año acabo de nuevo bajo el influjo de algún librero y compro La playa de los ahogados. Como si lo viera

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El primer Biopic de Almodóvar: Marcos Ana, el poeta comunista

AutorVíctor Miguel Gallardo el 22 de mayo de 2009 en Noticias

Marcos Ana

No es extraño que al leer la historia de Fernando Macarro Castillo, nombre real del poeta Marcos Ana, uno tenga la sensación de estar descubriendo a un personaje singular al que merece la pena conocer, leer y escuchar. Y eso debió de pensar el cineasta manchego, que tras descubrir al autor a través de las páginas del suplemento cultural de El País, quiso rápidamente reunirse con él. Tras conocerse, Pedro Almodóvar lo tuvo claro: quería comprar los derechos para convertir en película Decidme cómo es un árbol, su biografía, publicada en 2007.

Marcos Ana nació en una familia pobre y católica, y descubrió el marxismo mientras repartía propaganda cristiana en mítines socialistas. Al escuchar las arengas izquierdistas se vio reflejado, él y los suyos, lo que hizo que se afiliara a las Juventudes Socialistas Unificadas (aunque, paradójicamente, en estos primeros tiempos no se olvidara de rezar sus oraciones cada noche, como él mismo ha explicado). Al empezar la guerra formó parte de un batallón de las JSU denominado Libertad que tomó posiciones en la sierra de Madrid. Tras la regularización del ejército republicano tuvo que abandonar el frente ya que era menor de edad. Ya afiliado al Partido Comunista, se convirtió durante la Guerra Civil en secretario general del partido en la comarca de Alcalá de Henares y en comisario político de una unidad del ejército. Cuando la guerra ya estaba perdida se trasladó a Alicante para ser evacuado del país, ya que los representantes políticos de la izquierda eran uno de los objetivos del bando nacional, pero los barcos que debían sacarlo de España, a él y a miles como él, nunca llegaron. Ingresó en prisión, donde conoció a Buero Vallejo y a Miguel Hernández, entre otros, sin duda sin pensar que se convertiría en el más longevo preso de las cárceles franquistas.

El padre del poeta murió durante la guerra; la madre, en las cercanías de la prisión de Burgos mientras intentaba, infructuosamente, ponerse en contacto con su hijo: en su honor Fernando Macarro Castillo adoptó los nombres de ambos para conformar su pseudónimo, Marcos Ana, bajo el que empezarían a circular poemas en el exterior de la cárcel que eran sacados de allí de forma clandestina. Su vida (y la de sus compañeros) en la cárcel merece ser escuchada con atención: pequeños y sentidos homenajes a Miguel Hernández o Neruda, fabricación de revistas, formación de una biblioteca obrera escondida entre las páginas de vidas de santos. Represión. Tortura. Sin embargo, Pedro Almodóvar ha manifestado que hará hincapié en su vida tras la cárcel, igualmente interesante.

Decidme cómo es un árbol

Cuando Marcos Ana fue excarcelado en 1961, tras una campaña internacional a su favor, contaba con cuarenta y un años y había pasado los últimos veintitrés en prisión. Lo que encontró fuera lo descolocó completamente: vomitaba la comida, se mareaba en los espacios abiertos y sentía temor a los coches. También era un cuarentón virgen que fue obligado por un amigo a pasar una noche con una prostituta que, al verlo tembloroso, pensó que estaba borracho. Se pasaron la noche hablando, él contándole a ella su historia y ella emocionada ante aquel niño con piel de hombre. Así sería siempre: Marcos Ana, en 2002, afirmó que no contaba con ochenta y dos años, sino cincuenta y nueve. Los años en prisión, después de todo, no cuentan.

La historia de Marcos Ana es mucho más extensa: su huida a Francia, su trabajo codo con codo con Pablo Picasso en el Centro de Información y Solidaridad con España, su regreso a su tierra tras la muerte de Franco… Está por ver qué hace nuestro director más universal para reflejar la vida del que, a sus casi noventa años, sigue siendo uno de los símbolos más importantes de la lucha por la libertad.

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150 aniversario del nacimiento de Conan Doyle

AutorAlfredo Álamo el 22 de mayo de 2009 en Divulgación

Se cumplen 150 años del nacimiento de Arthur Conan Doyle, creador del famoso Sherlock Holmes, así que he pensado hacerle un pequeño homenaje en forma de minicuento.

Holmes

El doctor Watson revisó el armario de su mujer. Al encontrar el maquillaje para disfraces, la pipa y la gorra afelpada se giró hacia la cama donde ella todavía parecía dormida. No pudo evitar el desmayarse cuando ella susurró, con esa voz de barítono que tan bien conocía, las palabras Elemental, querido Watson.

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El Instituto Cervantes crea el día E para promocionar el castellano

AutorRaquel Vallés el 22 de mayo de 2009 en Noticias

El día E

El Día E es el nombre con que ha bautizado el Instituto Cervantes el veinte de junio consagrándolo como Día del Español. Esta actividad está dentro de las muchas que realiza el Instituto Cervantes para la promoción y el conocimiento del castellano en todo el mundo, una labor muchas veces desconocida dentro de nuestro país.

Las protagonistas del Día E serán las palabras, pero no cualquier palabra, solo aquellas elegidas por los internautas como sus favoritas. Para hacer esta selección se ha habilitado una página web en la que se pueden ver las más votadas, hacer propuestas o enviar vídeos. Las palabras que encabezan por ahora la lista son chapuza y abrazo, así que si nadie lo remedia estas serán las que adornen camisetas y otros artículos de marqueting en ese día.

Esta iniciativa tiene intención de continuar a lo largo de los años siendo muy interesante la elección de fecha: aunque este año sea el veinte de junio, es simplemente por que es el último sábado antes del solsticio de verano, así que algún año podremos celebrar el Día E junto a las hogueras.

Por cierto, mi palabra favorita en castellano es entropía, no creo que le gane a chapuza pero no me negaréis que es más poética.

Shakespeare: 400 aniversario de sus sonetos

AutorAlfredo Álamo el 21 de mayo de 2009 en Divulgación

Sonetos

Se cumplen 400 años (y un día) desde que Thomas Thorpe recibió el permiso para publicar uno de los libros más famosos de la historia de la poesía: Los Sonetos de William Shakespeare.

Considerados objeto de estudio, y hasta de adoración, por cientos de estudiosos de la lengua inglesa, los Sonetos suponen un cambio de la enrevesada poesía renacentista a una autenticidad íntima, que resulta rompedora para su época.

Sin embargo, de esa idolatría se ha empezado a pasar a una nueva corriente de pensamiento en la que se duda de esa autenticidad. En los sonetos se aprecia cierta soledad y retraimiento, falta de éxito, algo que no se corresponde en absoluto si atendemos a las biografías canónicas del autor inglés. Claro que también empiezan a surgir voces discordantes sobre la versión oficial, la de que Shakespeare surgió de la nada para alcanzar las más altas cimas del éxito, quizá, entonces, esos sonetos sí que hablen del verdadero Shakespeare.

De nuevo tenemos una vuelta de tuerca, una duda fantasma sobre la figura del más grande bardo inglés, que parece destinado a engañarnos y sorprendernos todavía durante muchos años.

Por el momento nos quedaremos con lo que tenemos: sus obras y poemas. Para muestra, mi favorito de sus sonetos:

Cuando cierro mis ojos es cuando mejor veo.
Todo el día mirando, cosas sin ningún mérito.
Pero al estar dormido, en mis sueños te miran,
y oscuramente brillan, guiando mis tinieblas.

Tú, cuya sombra vuelve, brillante la penumbra.
¡Cómo tu sombra haría un feliz espectáculo,
para el brillante día al ser tu luz más clara,
cuándo para ojos ciegos así brilla tu sombra!

¡Cuánto podría, digo, bendecir a mis ojos,
al poder contemplarte a plena luz del día,
cuándo en la noche muerta, tu incierta y bella sombra,
en el pesado sueño, te ven mis ojos ciegos!

Los días son cual noches, para mí, hasta no verte,
y las noches son días, cuando en sueños te veo.

Todos los Sonetos de Shakespeare, por si tenéis curiosidad, los podéis encontrar en formato digital gracias a la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Vía: Papercuts

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Los límites de la traducción

AutorGabriella Campbell el 21 de mayo de 2009 en Divulgación

Hemingway

En una reciente conversación con la Agencia Efe, el Premio Nacional de Traducción Miguel Martínez-Lage habló sobre la necesidad de actualizar las ediciones del escritor estadounidense Ernest Hemingway. Martínez-Lage señaló los múltiples fallos del autor en ediciones imperfectas, no por erratas gramaticales, ortográficas o estilísticas, sino de conocimiento y percepción, en especial aquellas que se refieren a las fiestas españolas, como es el caso de los sanfermines. Especificó que la edición de algunas obras de Hemingway era deficiente, y que las propias traducciones distaban mucho de compensar esta deficiencia.

Una vez más nos encontramos con el planteamiento de una duda que ronda foros y reuniones de traductores desde los albores de la profesión: ¿es legítimo que un traductor modifique el texto original más allá de lo que exige la adaptación semántica y estilística? Si bien es un caso peliagudo en cualquier tipo de texto, es particularmente arriesgado en documentos de tipo legal o contractual, ya que la modificación de cualquier término podría alterar por completo el sentido de éste. Habitualmente los traductores jurados y especializados en traducción jurídica suelen realizar anotaciones a pie de página indicando la corrección, intentando evitar, en lo posible, realizar la corrección in situ. Pero esta pregunta se extiende también a lo literario: si corregimos diversos errores del autor original, ¿estamos mejorando el texto? ¿O estamos haciendo que pierda algo de su valor original? En cualquier caso, ¿estamos legitimados para realizar esta modificación?

notas

Algunos traductores contestarán afirmativamente, máxime cuando a su labor de traducción se une el de corrección de estilo; otros se negarán en rotundo, recurriendo al pie de página, al consabido “N. del T.”, en un intento de conservar al máximo la integridad del texto original. Encontramos aquí más obstáculos que superar: una edición crítica puede permitirse rellenar páginas y páginas de apreciaciones en una fuente minúscula tipo Cátedra; una edición genérica, no. ¿Pero y si algunos de esos “errores” encontrados por el traductor no sean tales, o con el tiempo se conviertan en un rasgo característico y relevante para entender mejor al escritor y a su obra? ¿Estamos perdiendo contacto con la realidad del texto? ¿O acaso no será interesante para el lector percibir que Hemingway contaba mal los toros que aparecían, o que malinterpretaba algunas costumbres locales? Tal vez, llegados a este punto, se trasciende la labor del traductor y entramos en el terreno del filólogo o incluso del teórico literario: lamentablemente la filología, la teoría y la crítica literaria no suelen mostrar gran interés por la Traductología; y por otro lado muchos traductores carecen de una base filológica y de teoría literaria adecuada.

Por supuesto, esta es una encrucijada a la que el traductor se enfrenta al interpretar a los grandes escritores, aquellos que, por la naturaleza de sus escritos y la inmunidad que le confiere la crítica y el canon, gozan de la duda, aquella que nos empuja a preguntarnos si el error merece permanecer, si necesita de una aclaración o si debemos corregirlo ipso facto. Y es que realizar esta corrección no es moco de pavo, estamos hablando de una traducción que será leída y apreciada por miles de receptores. En el caso de autores menores, me temo, la consideración no es la misma, y sus incoherencias, erratas o incluso su estilo, pueden caer bajo el efecto devastador del traductor profesional, perseverante y cumplidor.

III Premio Internacional de Novela Negra RBA

AutorRaquel Vallés el 20 de mayo de 2009 en Noticias

Camilleri

Según nos cuentan en negraycriminal ya están publicadas las bases del III Premio Internacional de Novela Negra RBA, el mejor dotado económicamente del género con 125.000 euros de premio, junto a la consabida publicación del ganador. La recepción de originales se cerrará el 15 de junio, podrán ser en inglés o castellano y con un mínimo de 150 folios. El año pasado se recibieron casi doscientos manuscritos, la mayoría de Latinoamérica y España, aunque algunos llegaron desde lugares tan lejanos como Japón

Este premio se ha situado en muy poco tiempo entre los más interesantes del año, no sólo por su cuantía, sino por tener detrás a una editorial muy fuerte que vende muy bien el premio y, sobre todo, por haber estado concedido en sus dos anteriores convocatorias a dos pesos pesados de la literatura, González Ledesma y Camilleri. Aunque este hecho pueda hacer que miremos el premio con un poco de sospecha (después de todo son dos autores que te van a asegurar publicidad y ventas) la calidad de las propuestas de estos dos autores no deja lugar a dudas.

El primer Premio RBA fue concedido a Francisco González Ledesma por una nueva aventura del inspector Méndez, Una novela de barrio. Como ya os comentamos, Méndez ha celebrado hace poco sus 25 años al servicio de la literatura, lo que fue celebrado con un nuevo libro, No hay que morir dos veces, publicada por Planeta este mismo año. En Una historia de barrio, Méndez se enfrenta a un caso que empezó muchos años atrás en una Barcelona muy diferente a la que ahora le toca vivir.

Por su parte, Camilleri consiguió el premio en 2008 con La muerte de Amalia Sacerdote en la que, al contrario que González Ledesma, no aparece el personaje que le ha hecho famoso, el comisario Montalbano Ambientada en Palermo, la muerte de Amalia Sacerdote, hija del poderoso Antonio Sacerdote, parece ser obra del hijo de un diputado. Quien se encargue del caso tendrá que hacer frente a muchos problemas derivados del clientelismo y la mafia y tendrá que poder moverse en una intrincada red de poder.

Esperamos que el jurado de este año siga apostando por la calidad aunque también nos gustaría que el premio sirviera para dar a conocer a nuevos autores. El tres de septiembre saldremos de dudas.

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