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Las mejores apps para leer ebooks en tu Android

AutorAlfredo Álamo el 4 de septiembre de 2013 en Divulgación

Moon+

Desde Lecturalia os recomendamos leer ebooks en un ereader de tinta electrónica: es lo mejor para vuestra vista y la experiencia acaba siendo mucho más inmersiva que en dispositivos multimedia y cargados de notificaciones que acaban por distraer. Dicho esto, son muchas las veces que bien no tenemos nuestro reader a mano o, sencillamente, nos vale con el teléfono o la tableta y no necesitamos más dispositivos.

En el caso de que usemos el sistema operativo Android tenemos a nuestra disposición un buen número de aplicaciones que podemos encontrar en la Play Store de Google, pero, por simplificar, voy a recomendaros dos de las mejor valoradas y que más funciones tienen. Desde luego, no son las únicas, tened eso en mente, pero después de probar varias la verdad es que son unas apps muy bien diseñadas. Ambas vienen en versión gratuita y también de pago.

Aldiko: Veterana de la Play Store, Aldiko es una herramienta sencilla. Metemos los libros en el teléfono, le damos a buscar y pronto aparecerán en nuestra estantería virtual. ¿Qué nos ofrece Aldiko? Sobre todo una buena experiencia en formato ePub y PDF, con especial atención a su compatibilidad con el Adobe DRM.

Por lo demás, lo habitual: escalado de la tipografía, uso del modo noche (imprescindible para no dejarse los ojos y alargar la batería), dejando elementos básicos como el subrayado y las notas para la versión de pago, que también incluye widgets y quita los anuncios (que no son nada molestos, en cualquier caso).

Moon+ Reader: La auténtica navaja suiza de los readers en Android. Lo lee prácticamente todo (epub, pdf, mobi, chm, cbr, cbz, umd, fb2, txt, html, rar, zip y OPDS) y, como el Aldiko, permite elegir tipografías, brillo y alineación del texto. También tiene modo día y noche y se adapta perfectamente a las tabletas con su presentación de doble página. Es más configurable que otros de sus competidores y habría que destacar detalles como la sincronización con Dropobox (en la de pago). Se puede subrayar y tomar notas, pero dejan la posibilidad de compartirlas para la versión PRO, al igual que el motor Text-to-Speech y una mayor libertad a la hora de personalizar su funcionamiento y aspecto.

Cualquiera de las dos apps nos podría servir: si queremos algo sencillo para leer epubs, lo mejor es Aldiko. Si necesitamos más formatos y nos gusta controlar hasta el último detalle, Moon+ Reader es la solución más adecuada. En cualquier caso, por tres euros las versiones PRO ofrecen muchísimo más que sus competidores, de entre los que habría que nombrar, en cualquier caso, otras apps como Ebook Reader o Mantano Reader.

Actualización: Hemos añadido otras aplicaciones interesantes para leer ebooks en Más apps para leer ebooks en tu Android.

Publicado después de morir

AutorGabriella Campbell el 3 de septiembre de 2013 en Divulgación

Salinger

Una de las grandes noticias recientes en el mundo literario ha sido el rumor de que próximamente se publicarán obras desconocidas de Salinger, aquel escritor estadounidense que se hizo conocido por su novela El guardián entre el centeno. Salinger capturó las mentes de incontables adolescentes, que veían algo de sí mismos, aunque fuera mínimo, en la perspectiva del protagonista, Holden Caulfield. Según un documental y un libro que aparecerán en breve (ambos titulados Salinger), el autor dejó instrucciones en su testamento para que se publicaran ciertas obras suyas a partir del 2015. Estas serían varios relatos, una novela y una novela corta, además de un libro relacionado con la filosofía hinduista vedanta, en la que siempre estuvo muy interesado. Por otra parte, el documental y el libro mencionados (ambos compañeros), ofrecerán información muy reveladora acerca de la vida de este escritor, que siempre fue muy celoso de su intimidad.

Es curioso pensar que uno de los actos más importantes de la gran representación de un autor pueda ocurrir una vez este ya no esté con vida para presenciarlo. Quién puede olvidar el caso concreto de The Quarry, la última novela de Iain Banks, que tiene como protagonista a un personaje enfermo de cáncer terminal, idea que desarrolló en la obra aun antes de saber que él mismo también moriría de cáncer, apenas unos meses después. La salida del libro ha sido un evento agridulce para sus aficionados, felices por tener una obra más del escritor en sus manos, y a la vez desolados por su pérdida.

Como era de esperar, incluso las novelas inconclusas son aprovechadas por las grandes editoriales cuando sus joyas favoritas pasan a mejor vida. Esto mismo ocurrió con Latitudes piratas, de Michael Crichton, autor de superventas como Parque jurásico, que fue descubierta por su ayudante entre los archivos de su ordenador tras su muerte. Y ahí tenemos otras grandes sin terminar, como El rey pálido de Foster Wallace. En ocasiones las editoriales asignan autores especializados para terminar las obras incompletas (como ocurrió con Crichton y, por ejemplo, con la saga de La rueda del tiempo de Robert Jordan).

También hay casos en los que las editoriales ignoran una obra, el autor se hace famoso, muere, y alguien aprovecha la coyuntura para publicarla. Sucedió con La abadía de Northanger, de Jane Austen. Fue la primera novela que terminó (aunque ya había empezado a trabajar con las conocidísimas Sentido y sensibilidad y Orgullo y prejuicio). Fue comprada por una editorial londinense, que nunca la publicó. El hermano de Jane, Henry Austen, se la compró a su vez a la editorial de vuelta (por la misma suma), unos años más tarde. Como Jane publicaba de manera anónima, la editorial desconocía el tremendo éxito que ya había obtenido la autora. La autora la revisó, con intención de conseguir que se publicara, y al poco tiempo falleció. Fue su hermano Henry el que la sacó a la luz tras su muerte, y quien le otorgó su título actual.

¿Qué otros libros póstumos os llaman la atención? ¿Conocéis más historias curiosas sobre obras que han aparecido tras la muerte de su autor? Esperamos vuestras aportaciones en los comentarios.

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Ben Wheatley adaptará Rascacielos, de J. G. Ballard

AutorAlfredo Álamo el 2 de septiembre de 2013 en Noticias

Rascacielos - Ballard

Ballard es uno de los autores de la ciencia ficción escrita en los años 70 que mejor han proyectado la situación actual en la que se mueve nuestra sociedad. Sombrío e inteligente, sus novelas son una lectura necesaria y ya han sido varias las que se han llevado al cine, como Crash o La exhibición de atrocidades, además, claro, de sus memorias, que Spielberg bordó en El imperio del Sol.

En esta ocasión hablamos de Rascacielos (High End) (1975), la historia de un edificio que representa un reflejo social: cuanto más alto vives, mejor te crees; desde los pisos más bajos, ocupados por clase media, hasta el ático donde vive el arquitecto, creador del edificio. La convivencia entre pisos se va complicando a medida que el propio rascacielos deja de funcionar poco a poco… basura, hambre, sed… la civilizada estructura se derrumba deprisa mostrando la verdadera naturaleza animal del ser humano. Todo eso, además, sin dejar de mostrar la fachada exterior, donde nada malo puede pasar en el edificio.

No es una de las obras más conocidas de Ballard, ni de las mejores, me atrevería a decir, pero presenta una buena base para rodar una adaptación de presupuesto ajustado. La historia puede llegar a ser impactante si consiguen un guión adecuado al tiempo presente. La desigualdad social nunca ha estado más presente en la sociedad contemporánea, así como la progresiva decadencia de la clase media.

El director elegido para esta tarea es Ben Wheatley, que quizá algunos conozcáis de su película Kill List, que no estuvo del todo mal, y que viene de rodar una cinta que podríamos llamar experimental en A Field in England. También es guionista y se ha documentado bien gracias al archivo que se mantiene sobre la obra de Ballard. Esta es la tercera ocasión en la que se intenta llevar Rascacielos al cine, esperemos que sea la definitiva.

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Hanshichi, de Kidô Okamoto

AutorAlfredo Álamo el 31 de agosto de 2013 en Reseñas

Hanshichi

Kidô Okamoto nació justo en medio de la gran transformación que sufrió Japón en la época Meiji, una revolución que modernizó el país en pocas décadas y que dejó atrás un pasado feudal de férreas tradiciones y costumbres. Okamoto siempre fue un enamorado del pasado reciente de Tokio (cuando todavía se llamaba Edo) y se lamentaba de que muchos jóvenes apenas sabían nada de su historia al adoptar los nuevos usos más occidentalizados y modernos. Gran aficionado al teatro Kabuki y las novelas de Sherlock Holmes (Okamoto dominaba perfectamente el inglés), pronto decidió dedicarse a la literatura publicando una serie de cuentos que lograron un enorme éxito.

Parte de estos cuentos nacieron a partir de la obra de Doyle, protagonizados por el inspector Hanshichi, con la intención tanto de profundizar en la narración detectivesca -casi inédita en Japón- como de recuperar el ambiente de la Era Edo. Narrados a través de un joven periodista, los cuentos del inspector Hanshichi tienen cierto aire holmesiano, aunque, bien es cierto, Okamoto no pretende tanto lucir la lógica impecable del personaje como de mostrar un escenario concreto.

La colección de relatos que presenta Quaterni en este volumen se disfruta con rapidez. Las historias son breves y Okamoto se detiene apenas en los detalles que más le interesan: cómo vivía la gente, ciertas fiestas concretas, el Kabuki, las costumbres y diferencias entre las clases sociales (sobre todo con los samuráis) dejando a Hanshichi como un hombre que busca resolver casos, tratando siempre de que el mayor número de gente salga bien parada. En este sentido, los casos realmente graves acaban antes con un suicidio que con una detención; los enredos menores se resuelven con confesiones una vez Hanshichi muestra su conocimiento del culpable.

La obra de Okamoto ha resultado de gran influencia en la literatura popular japonesa contemporánea y ha inspirado numerosos personajes novelescos, así como en el manga, la televisión y el cine. Sin duda, un excelente método de conocer los últimos años antes de la era Meiji en un Japón supersticioso y lleno de leyendas al mismo tiempo que se disfruta con unas divertidas historias detectivescas.

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Nuestros monstruos favoritos (II)

AutorGabriella Campbell el 30 de agosto de 2013 en Divulgación

Miedo a los payasos

En la primera entrega de esta serie hablamos de los monstruos literarios que más nos gustan, aquellos que nos hacen temblar pero a la vez emocionarnos, y de distintos puntos de vista relacionados con las representaciones clásicas de criaturas de pesadilla. Hablamos de Frankenstein, de la bestia revivida cuyo nombre acabó asociándose al personaje que lo trajo de regreso de la muerte.

La siguiente bestia terrible de la lista es el payaso. La coulrofobia, el miedo irracional a los payasos, existe. Suele atribuirse al maquillaje excesivo que oculta la identidad de la persona, pero al mencionar la palabra payaso en un artículo sobre monstruos, todos habéis pensado en el mismo: en Pennywise, la pesadilla andante que creó Stephen King para It que a muchos nos ha perseguido desde que tuvimos el libro en nuestras manos (o desde que vimos la película, con aquella interpretación magistral de Tim Curry). Pennywise puede adoptar la forma que desee, ya sea aquella que seduzca a sus víctimas, para conseguir que se acerquen a él, o aquella que les produzca más miedo, para deleitarse con su terror mientras los devora. Y está claro que King sabía lo que se hacía al utilizar la figura del payaso para su representación más común: es a la vez una entidad que se asocia a algo atractivo (diversión, fiestas, risas) y a algo terrible (no hay más que ver los dientes que le asoman y el maquillaje repugnante que le cubre todo el rostro, donde sobresalen unos horribles ojos amarillos).

Es muy probable que de esta fuente bebiera Clown, el hediondo payaso demoníaco bajo el que se camufla Violator, uno de los antagonistas principales de Spawn, en el cómic del mismo nombre. El enviado infernal adopta esta forma que tan bien le sienta: su personalidad entre traviesa y directamente malvada se combina con un gusto por lo morboso y obsceno, con un aspecto físico descuidado y grotesco. No obstante, este personaje, a pesar de su asquerosidad y sadismo evidente, es, de una forma extraña, carismático y atractivo. Más que terror produce un asco indulgente. En ocasiones sirve incluso de contrapunto cómico, al burlarse del siempre atormentado y melodramático engendro protagonista. Un papel similar es el que ocupa el Joker clásico de los cómics de Batman, otro payaso maléfico que, según el dibujante y guionista, puede hacernos reír o estremecernos de miedo. El oscuro adversario interpretado por Heath Ledger en la película de Nolan bebe de las interpretaciones de Frank Miller y Alan Moore, entre otros, para pasar de gamberro adorable a psicópata de pesadilla, un agente caótico malvado que gusta de torturar, matar, hacer explotar cosas y volver a sus enemigos tan locos como él.

Pero Pennywise no fue el primer payaso temible. Muy anterior es la figura del bufón asesino, que ya utilizó Edgar Allan Poe en su cuento Hop-Frog, donde un enano convence a su rey y a parte de la corte de que se disfracen de orangutanes encadenados, para luego colgarlos de un gancho y prenderles fuego. Maquillaje, sonrisas y bromas pesadas: los ingredientes perfectos para una historia de miedo.

¿Y vosotros? ¿Hay algún payaso que os haya quitado el sueño? Esperamos vuestras respuestas, como siempre, en los comentarios.

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Libros sobre editores y editoriales

AutorJuan Manuel Santiago el 29 de agosto de 2013 en Divulgación

Happiness TM

Como ya está explicando Alfredo Álamo en este blog, pegas una patada a un televisor y te aparece una serie ambientada en el mundo editorial o de la escritura. Con la narrativa sucede otro tanto, sobre todo desde que los autores transrealistas decidieron incluirse a sí mismos como elemento narrativo y anularon la delicada y no siempre delimitada barrera que separa la realidad de la ficción. Michel Houellebecq, Bret Easton Ellis o Philip K. Dick han creado trasuntos de sí mismos, en ocasiones llamados como ellos mismos, pero los ejemplos son incontables.

Sin embargo, ¿cuántas novelas, películas o series televisivas conocen ustedes que estén ambientadas en editoriales? Claro, en el mundo de la publicidad hay muchísimas, no necesariamente por el tirón de la serie Mad Men: podríamos remontarnos incluso a los relatos de ciencia ficción de Alfred Bester, que en la década de 1950 trabajaba en agencias publicitarias y dio buena fe de ello en algunas de sus historias. ¿Revistas? Las que quieran, desde Betty la Fea hasta Yo soy Bea, Sexo en Nueva York y, en general, un porcentaje sospechosamente elevado de narraciones de chick-lit. ¿El mundo de las imprentas? Denle un buen tiento a novelas como La noche a través del espejo o relatos como «Etaoin Shrldu», ambos de Fredric Brown. ¿Editoriales?

Repito: ¿editoriales?

Bueno, pues el caso es que no hay demasiado material; al menos, de ficción, claro. Si desean un punto de vista realista y comprometido de lo que es el mundo editorial visto desde dentro, no dejen de leer Editing. Arte de poner los puntos sobre las íes… y difundirlas, de Jacobo Muchnick, una conmovedora autobiografía laboral del que fue uno de los editores fundamentales de las letras en lengua española. Y es solo un ejemplo.

Como digo, no es que haya gran cosa. Supongo que el mundo editorial es demasiado aburrido per se, y los escritores ya tienen suficiente con el hecho de que los editores sean sus archienemigos como para que, encima, se les pase por la cabeza la mera idea de sublimarlos, mitificarlos o literaturizarlos, aunque sea para ponerlos a caer de un burro.

Porque los ejemplos más característicos de novelas ambientadas en el mundo editorial son, evidentemente, exagerados hasta la parodia. Veamos:

Por un lado, claro está, tenemos El diario de Bridget Jones (y su secuela, Sobreviviré), de Helen Fielding. Bridget trabaja en una editorial, al igual que la protagonista de ¿Quién te lo ha contado?, de Marian Keyes. Aparte del retrato del mundo editorial, resulta destacable el paralelismo con Orgullo y prejuicio, de Jane Austen, en un ejercicio de metaliteratura que no por evidente es menos meritorio. Pero aunque los personajes del mundillo están ahí, apenas son meros secundarios, lo importante es la historia de Bridget, que podría trabajar en cualquier otra cosa. El negocio editorial es una mera excusa.

Y aquí es donde Happiness, de Will Ferguson, marca la diferencia. Aun en el supuesto de que no quedara claro en los paratextos del libro, nos quedaría claro desde el principio que Ferguson ha editado libros de autoayuda, que conoce el mundo editorial muy bien, y que sus intenciones van más allá de la parodia: quiere hacer sangre, vengarse de ese mundo de locos. La persecución de un manuscrito rechazado por los basureros de la ciudad es una de las escenas más delirantes de la historia de la literatura moderna, así como la premisa de la novela: existe el libro de autoayuda definitivo, de verdad que puede ayudar a la gente… y, de paso, cambiar el mundo, no necesariamente para bien. Se le pueden disculpar las últimas cien páginas, duelo con autor demente incluido. Lo que importa es lo siguiente: es, tal vez, el libro más pasado de rosca que se ha escrito sobre el mundo literario, y uno de los que mejor lo retratan.

¿Se les ocurren más novelas, películas, series o cómics protagonizados por editores o ambientados en editoriales?

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Nuestros monstruos favoritos (I)

AutorGabriella Campbell el 28 de agosto de 2013 en Divulgación

Monstruos

Los monstruos, o cualquier criatura que concibamos como terrible, deforme, extraña y malvada (o, en cualquier caso, lo suficientemente caótica como para causar maldades) son seres que han fascinado al hombre desde siempre, y esto se ha reflejado, como era de esperar, en la literatura universal. Muchos provienen de nuestros miedos atávicos (la bestia que se esconde en la oscuridad, donde no podemos verla, aquella que nos clavará garras y colmillos mientras dormimos; surgen de lo desconocido, de la enfermedad, la muerte y la podredumbre) y se actualizan, poco a poco, para adaptarse al tiempo y a sus nuevas exigencias de representaciones de entidades de destrucción. Así, podemos encontrarnos con monstruos clásicos, cuya leyenda nos persigue desde épocas antiguas (la banshee, el vampiro, el hombre lobo, el fantasma) o monstruos actualizados (el supervillano que busca dominar el mundo o acabar con la humanidad, el alienígena repulsivo y homicida, el asesino en serie). La literatura parece cada vez más interesada en describir a monstruos realistas, presentes entre nosotros (como el mencionado asesino), e incluso se narran historias desde la perspectiva del ser monstruoso que, muchas de las veces, no es más que una criatura mal entendida que se rige por códigos éticos o políticos diferentes a las personas “normales”, o que representa, simplemente, aquello que el hombre considera diferente (un excelente ejemplo de esto es todo el universo de la Patrulla X, donde los mutantes son los monstruos en una sociedad que los teme y no alcanza a comprenderlos). A continuación vamos a enumerar a algunos de los monstruos literarios que más han impactado, sorprendido y aterrorizado a sus lectores.

Cualquier lista de monstruos suele empezar por la obra de Mary Shelley, y es fácil entender por qué. La criatura revivida del Dr. Frankenstein asusta no solo por su condición de muerto viviente, de zombi consciente (aunque en muchas adaptaciones posteriores se le convirtiera en una fiera barbotante y torpe, sin inteligencia ninguna, más como el zombi de Romero que como un ser atormentado por su propia naturaleza), sino por la manera en la que fue concebida, aquella noche en la que Shelley soñó su terrible pesadilla y decidió compartirla durante la misma sesión de cuentos de terror de la que surgirían dos de los monstruos más famosos de la historia literaria: la criatura de Frankenstein y el vampiro romántico, que tomó forma en la narración iniciada e inspirada por Lord Byron y finalmente atribuida a Polidori: El vampiro.

El muerto revivido ha tenido miles de interpretaciones a lo largo del tiempo, y se recrea en el pánico hacia aquello que sobrevive en un mundo desconocido, el de la muerte, atribuyéndole maldad y caos en su desdén hacia lo vivo. Hoy en día adopta, además, nuevas formas gracias a los avances tecnológicos, e Isaac Asimov llegó a acuñar el término complejo de Frankenstein para referirse a la fobia hacia los robots. Y es que el monstruo de Frankenstein es el androide original, creado de implantes primitivos de carne y tuercas y energía eléctrica, una pesadilla que se asocia también con la teoría estética del valle inquietante, una hipótesis que afirma que si algo antropomórfico actúa y se mueve de una forma muy similar (pero no idéntica) a la humana, nos causa una gran repulsión. La criatura de Frankenstein es lo suficientemente antropomórfica, y a la vez lo suficientemente alienígena (ya que proviene de la muerte, está fabricada de cadáveres y de una energía poco conocida, extraña) como para producirnos rechazo y terror. Y esto, desde el punto de vista del monstruo en sí, dotado de conciencia, es un material de primera para crear tragedias emocionantes.

En la segunda entrega del artículo examinaremos a otros grandes monstruos literarios, ya sea por su trascendencia en el mundo de la literatura, por su rareza o por lo terrorífico de su comportamiento y apariencia.

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Lecturas veraniegas: Trilogía de Nuestros Antepasados, de Italo Calvino

AutorJuan Manuel Santiago el 27 de agosto de 2013 en Divulgación

El barón rampante de Italo Calvino

Por algún motivo, El barón rampante siempre fue mi libro favorito de Italo Calvino, y siempre me pareció un libro «veraniego», de los que te lees en una tarde estival en tu casita de campo o el bosque más cercano, bajo la sombra de uno de esos árboles a los que, quién sabe, tal vez haya trepado algún niño rebelde, dispuesto a convertirse en el nuevo Cosimo Piovasco de Rondò.

La historia es la siguiente. Cosimo tiene doce años, es el heredero de una baronía situada en la Liguria del siglo XVIII, y un buen día se alza contra las imposiciones de su estricta madre y de su calzonazos padre. Para ello no se le ocurre cosa mejor que gritar que no le gustan los caracoles y trepar a un árbol, del que promete solemnemente no bajarse nunca. Promesa que, como veremos en las trescientas páginas que vienen a continuación, cumple.

Pero Cosimo no pierde el tiempo, ni se aísla del mundo. Todo lo contrario, es un actor determinante de los acontecimientos de su baronía: la Ilustración, las invasiones napoleónicas (el encuentro con Napoleón en persona es desopilante). Y, por supuesto, tiene tiempo para vivir, comer, leer… y amar. Todo ello, sin bajarse del árbol. Cosimo es una mezcla del Buen Salvaje de Rousseau, de Tarzán de los Monos y de buen gobernante ilustrado, y nos depara momentos de grata lectura y un final apoteósico que, ya digo, hace que esta sea mi obra favorita de Italo Calvino, por encima de sus inmensas novelas sobre la segunda guerra mundial (El sendero de los nidos de araña), sus inmensos homenajes a Jorge Luis Borges (Las ciudades invisibles) y sus inmensas muestras de erudición (El motel de los destinos cruzados).

Pero ¡ah! El barón rampante forma parte de una (falsa) trilogía histórica en la que Calvino se vale de la ambientación histórica para construir metáforas universales. Si El barón rampante es un optimista canto a la libertad a la par que una reescritura de Rousseau, El vizconde demediado es una novela mucho más sombría (y breve) sobre la dualidad de la naturaleza humana a la par que una escritura de El Dr. Jeckyll y Mr. Hyde de Robert Louis Stevenson, y El caballero inexistente nos habla de la alienación humana, el sinsentido de la vida, la nada que se esconde debajo de nuestra apariencia externa y, en resumen, todas las coordenadas de la novela existencialista tan en boga durante el segundo tercio del siglo XX.

La trilogía se puede disfrutar en conjunto o por separado, ya que se trata de novelas autoconclusivas, pero ya que estamos, les recomiendo que se las lean todas: de este modo, el placer de leer a Italo Calvino será triple.

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La verdad sobre el caso Harry Quebert, de Joël Dicker

AutorAlfredo Álamo el 26 de agosto de 2013 en Reseñas

La verdad sobre el caso Harry Quebert

Designado como libro del año antes incluso de ponerse a la venta, La verdad sobre el caso Harry Quebert viene avalado por una avalancha de premios tan importantes como el Lire o el de la Academia Francesa (también el Goncourt des Lycéens, que queda bonito, pero no hay que confundirlo con el Goncourt: este está otorgado por 2000 alumnos de instituto). Con los derechos vendidos a más de treinta idiomas está claro que la industria editorial busca en este libro un nuevo best-seller al más puro estilo Millenium.

Dicker elabora en La verdad sobre el caso Harry Quebert una novela criminal con fuertes referencias cinematográficas a la hora de narrar, algo que evidencia en el uso de los flashbacks y de la descripción, que en ocasiones se asemeja mucho al de un guión, aunque trata de mantener una estructura clásica en el desarrollo (no en vano, en el fondo, es una novela sobre cómo escribir una novela).

La historia nos remite a grandes hitos de la literatura, como Lolita, y nos presenta la figura del joven escritor abrumado por el éxito y que se enfrenta a un bloqueo creativo. Tras buscar refugio en la casa de su antiguo amigo y mentor, un consagrado autor americano, se desarrolla la historia dentro de la historia: la resolución de un asesinato cometido hace treinta años y que llena la narración de giros narrativos y sorprendentes revelaciones. De ese modo tenemos un libro que funciona a dos niveles: el presente del escritor Marcus Goldman y su libro y la vida de Nola Kellergan, joven de 15 años desaparecida en 1975. Las dos historias avanzan imbricadas y la verdad es que el artefacto funciona bastante bien.

La verdad es que cuando una novela viene con tanto empuje editorial detrás siempre dan ganas de sacar el hacha y darle duro en las costuras, es lo más fácil. La verdad sobre el caso Harry Quebert es una novela que se lee con rapidez y se disfruta con indulgencia. ¿Sus puntos menos brillantes? Los diálogos, en ocasiones demasiado impostados, así como los consejos literarios de Harry Quebert, que van decayendo capítulo a capítulo y acaban por hacerse pesados. Nada que lastre el libro, la verdad.

Sin embargo, esa falta de realismo de los diálogos se extiende en ocasiones a la narración: en mi opinión es demasiado blanca, le falta suciedad y eso hace que pierda garra para convertirse en un fenómeno como lo fue Millenium (novelas, por otra parte, algo peores literariamente hablando).

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Osama, de Lavie Tidhar

AutorAlfredo Álamo el 24 de agosto de 2013 en Reseñas

Osama - Lavie Tidhar

Lavie Thidar ha conseguido un importante palmarés con su novela Osama al llevarse premios tan importantes como el John W. Campbell o el World Fantasy Award. Tidhar no era nuevo en estas lides, con su anterior trabajo Camera Obscura también había logrado bastantes galardones, pero ha sido Osama el libro que ha conseguido que dé el salto al mercado internacional.

Sin duda Osama nos hace un planteamiento en apariencia original: Joe, un detective privado, es contratado por una misteriosa mujer para encontrar a Mike Longshott, un escritor dedicado a publicar novelitas de a duro protagonizadas por un tal Osama Bin Laden en la que se describen numerosos atentados como los de Nueva York, Madrid o Londres. En la realidad en la que vive Joe no existe la guerra contra el terror y Bin Laden es sólo un personaje de ficción. Sin embargo, a medida que su investigación avanza, Joe se encuentra con no pocos obstáculos que tratan de impedir su trabajo mientras el ambiente se vuelve cada vez más onírico y opresivo.

Osama me ha producido reacciones contrapuestas. Por un lado me gusta el estilo de Tidhar, en ocasiones surrealista y divertido, que lleva la narración de una manera suave y pausada, transmitiendo perfectamente el estado de estupefacción, o drogadicción, del protagonista. La visión de la historia alternativa es interesante -digamos que vive en un presente con la tecnología de los años 70- y capítulos como el de la convención de fans de los libros de Osama, la OsamaCon, no tienen desperdicio.

Atención SPOILER

Por otro lado, desde el principio del libro tuve la sensación de que ya me lo había leído, en formato terror: Osama es un deudor directo de El corazón del Ángel, hasta tal punto que a mitad de libro me interesaba más el cómo me contaba la historia que la historia en sí misma.

Fin del SPOILER

En cualquier caso, Osama es una buena novela de historia alternativa con numerosas referencias a libros y películas clásicas, como Casablanca, aire de novela negra chandleriana y una historia sorprendente (para algunos). Recomendable, pero sin pasarse.

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