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Alfredo Álamo (Página 210)

Ciudad de huesos, de Michael Connelly

AutorAlfredo Álamo el 28 de junio de 2009 en Reseñas

Ciudad de huesos

Ciudad de huesos [Zeta Bolsillo] es el primer libro de Connelly que leo, y la verdad es que, según todos los indicios, crítica, premios, comentarios en general, me iba a encontrar con uno de los mejores escritores de novela negra contemporáneos. Quizá esa expectación ha sido determinante a la hora de juzgar el libro, pero la verdad es que no me ha convencido, al menos no como debiera haberlo hecho.

No me malinterpretéis: Connelly escribe muy bien. Es capaz de situar un escenario creíble en un capítulo y medio y hacerte familiar con Harry Bosch sin ningún problema. Lo cierto es que domina los tiempos, prepara bien la intriga y sabe administrar con cuentagotas la información necesaria para crear ese estado de ansiedad necesario en toda novela negra.

¿Cuál es el problema que me he encontrado con Ciudad de huesos? Que, pese a estar bien contada, la historia no me decía absolutamente nada. Siendo una historia tan dura, ese niño perdido, esos huesos abandonados hace tanto tiempo, todo el asunto de la pederastia, esa maldad que tendría que enfermarme, no existe. Harry Bosch no conecta conmigo, su odisea interior me da exactamente igual. Todos los problemas de su infancia y su pose no son lo que yo esperaba, de nuevo chocando con las expectativas creadas, supongo.

No sé si es que el ambiente de Los Ángeles creado por Connelly choca directamente con el Los Ángeles de Ellroy que se me ha quedado grabado en la cabeza y que sí me impresiona y me mantiene atado con cada página. Demasiado frío, al menos en este libro, me ha dejado el premiado escritor americano.

De todas formas, son apreciaciones personales: me doy cuenta a medida que las escribo que en realidad la novela funciona, que tengo que darle otra oportunidad a Connelly, quizás cuando no tenga ni a Ellroy con su Los Ángeles o a Connolly con su abrumadora maldad dentro de la cabeza.

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Cazadores de tendencias: Los hombres que no amaban a las ovejas

AutorAlfredo Álamo el 27 de junio de 2009 en Divulgación

Mundo espejo

Se pone de moda contar las últimas invenciones del marketing para averiguar qué es lo que en realidad necesitamos en lugar de lo que tenemos: los cazadores de tendencias, una manera de trabajar llamada coolhunting.

Que empiece a haber gente que analiza las últimas vanguardias o estudie el comportamiento de la gente para saber si una determinada marca o producto va a funcionar en el mercado no me habría llamado demasiado la atención si no fuera por un libro de William Gibson llamado Mundo Espejo.

Gibson se mueve unos cuantos años -hacia atrás para definir esta profesión de cazadores de tendencias, pero hacia delante a la hora de situar su historia- para mostrarnos, como suele hacer el escritor canadiense, hacia dónde podría dirigirse todo ese ambiente social-publicitario.

En realidad no me interesa la figura del cazador de tendencias -a menos que fuera como la protagonista del libro de Gibson, una enferma a quien las marcas le producen verdadera alergia física, es la afirmación de Gibson de que paralelamente al cazador de tendencias aparece también el sembrador de las mismas.

Las empresas no van a dejar que ciertas inversiones se dejen al incomprensible libre albedrío de la sociedad, eso sería un error ya que el boca-oreja suele dar sorpresas y también grandes disgustos. El boca-oreja, ese gran mito. Pongamos un ejemplo imaginario, pensemos en un libro que no exista no sé, Los hombre que no amaban a las ovejas. Ha habido cierto ruido mediático y el nombre es pegadizo, así que cuando esa chica/chico interesante a la que miras expectante en la barra del bar hable contigo y te diga que es lo último que se ha leído, la mayor parte de las veces dirás “Sí, yo también. Está muy bien”, y en otras irás a comprarlo para poder luego hacerte el interesante. El libro –o los pantalones de marca, o la película Z– se convierten en elemento de transmisión social, luego producto estrella y finalmente tendencia, logrando que los libros sobre ovejas de escritores escoceses tengan de repente un éxito insospechado.

¿Hasta qué punto somos conscientes de la manipulación a la que nos someten lejos de los soportes tradicionales? ¿Habrá llegado también esa legión de boca-orejistas, instruidos para generar tendencias que luego puedan ser identificadas y potenciadas? Desconfía si te recomiendan libros en la barra de un bar a medianoche, sin apenas luz y con jazz de fondo;, todo el mundo sabe que los lectores habituales no son de fiar.

Además, toda esta historia es un rumor, no sé quién me lo contó, pero parece cierto. No hace falta que lo extiendas para crear algún tipo de tendencia. A menos, claro, que necesites hacerte el interesante en la barra de algún bar

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Mundo espejo

¿Google Edition?

AutorAlfredo Álamo el 26 de junio de 2009 en Noticias

google edition

Leo en Dosdoce una explicación de cómo parece que va a ser el modelo, o al menos uno de los modelos, que va a plantear Google a la hora de trabajar con los libros y las editoriales.

Además de la compra tradicional, pago por descarga y ya está, parece que Google tiene interés en aplicar la tecnología de nube –cloud computing– a todo el sistema de Google Books.

¿Qué quiere decir eso? Que además de nuestro archivo descargado, tendríamos acceso al libro o revista que hubiéramos comprado desde cualquier dispositivo capaz de contectarse a internet. Esto, claro, lleva a otras posibilidades de mercado: La suscripción -con todas sus variantes que desee la editorial- y la compra por tiempo limitado (esto lo veo interesante: no todos los libros se merecen una relectura o se tiene tiempo para dedicarles de nuevo atención)

Esta idea se aleja de la idea de Amazon de unir contenedor físico y digital y atar los libros a una plataforma en específico, pero se rumorea que es un estadio que se estaban planteando dejar atrás y abrirse más a nuevos dispositivos. Más les vale, ya que, de nuevo más rumores, se comenta que Google estaría negociando con Plastic Logic -una empresa fabricante de e-readers– para llegar un acuerdo similar al que se firmó con Sony, es decir, acceso directo a Google Books.

La idea de Google resuelve uno de los problemas sobre la “virtualidad” de los ebooks, al disponer de ellos en cualquier lugar, momento o dispositivo -sea un móvil, un e-reader, un pc o la misma televisión-, creando para cada usuario de Google Books su propia biblioteca portátil además de librería instantánea.

El inconveniente, claro, es la dependencia de una empresa para tener acceso a tus libros, aunque sea una tan poderosa como Google.

Corazón de tinta, de Cornelia Funke: libro y película

AutorAlfredo Álamo el 26 de junio de 2009 en Noticias

Corazón de tinta

En Lecturalia ya hemos hablado con anterioridad de esta escritora alemana, un verdadero fenómeno de superventas por todo el mundo y que acaba de asomarse a nuestras pantallas gracias a la primera adaptación de sus novelas: Corazón de tinta.

Cuando ves una película destinada al público juvenil nunca sabes lo que te puedes encontrar. Existen verdaderos tostones basados en libros decentes -como Las Crónicas de Narnia, sin ir más lejos- o adaptaciones preciosistas como Coraline. ¿Dónde meter a Corazón de tinta en todo esto?

En mi opinión, la película funciona a varios niveles, pero siempre del lado juvenil. Eso quiere decir que tienes que hacer un ligero esfuerzo al principio de la película por situarte en la historia, pero luego todo fluye de una manera correcta. Además, carece de la moralina constante de otras películas recientes como City of Ember que acababan por lastrar una idea más que correcta.

En Corazón de Tinta se aprovecha a la perfección la idea de Funke, se traslada de una manera correcta -que en estos días ya es decir mucho– el universo creado por la escritora. Los efectos especiales son adecuados, ni chirrían ni roban la historia, y hasta Brendan Fraser se aleja de sus papeles más histriónicos, aunque no puede dejar de ser él mismo, y eso para muchos ya es de por sí un obstáculo.

La historia es la misma, aunque con más protagonismo para el personaje de Fraser: Meggie niña de 12 años, hija de un encuadernador, acaba secuestrada por el malvado Capricornio. Meggie tiene el poder de sacar de los libros aquello que lee en voz alta, incluyendo personas o cosas. Luego todo son aventuras, problemas, crecimiento y valentía: lo que se dice un libro juvenil, vamos.

El director, Ian Softley, tiene una carrera con ciertos altibajos, pero que se mueve con facilidad entre géneros, ofreciendo siempre un cierto nivel mínimo. Suyas son películas como La llave del mal -una serie B de terror que no estaba mal-, K-Pax, incomprendida e incomprensible, o la favorita de las repeticiones de sábados por la tarde, Hackers, piratas informáticos, donde dio el salto a la fama un joven Angelina Jolie.

Es posible que a aquellos no interesados en las historias fantásticas o que esperen una aventura épica de considerables proporciones se sientan muy decepcionados. En realidad Corazón de tinta es una historia de andar por casa, con cierto regusto casero. A mi, personalmente, son las que mejor recuerdo me dejan.

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Y luego dicen que la poesía no da dinero

AutorAlfredo Álamo el 25 de junio de 2009 en Noticias

Poema de Dylan

Imaginad que hace cincuenta y dos años trabajáis en un campamento de verano. Como actividad para los chavales decides montar una especie de periódico o gacetilla. Te entregan algunos cuentos, unas noticias y un poema de dos páginas sobre la muerte de un perro. ¿Bien? Sin duda, publicar ese poema adolescente fue la mejor idea que pudiste tener. O quizás lo fue quedarte con el original escrito a bolígrafo.

Ese poema “oscuro y lúgubre” estaba firmado por Bobby Zimmermann, nombre que no le dirá nada a la mayoría, pero que es con el que nació uno de los más afamados músicos norteamericanos de nuestro tiempo: Bob Dylan.

Así que el poema, junto con otros lotes del mundo de la música como un póster de los Beatles firmado por los integrantes del grupo, o una guitarra de Kurt Cobain, entró a subasta en la famosa casa Christie’s donde, finalmente, se vendió por unos nada desdeñables 12.500 dólares que sin duda ayudarán a la jubilación del inteligente miembro del campamento de verano.

Así que, monitores del mundo, el próximo poema que os entregue un niño, escrito de su puña y letra, es mejor que lo guardéis en una carpeta dentro de la caja fuerte. Nunca se sabe si dentro de cincuenta años tendrás a un Dylan que vender, aunque viendo como va la cosa es más fácil que te acabes encontrando con un “Canto del loco” original.

Vía: Revista Ñ

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Príncipe de Asturias de las Letras 2009: Ismail Kadaré

AutorAlfredo Álamo el 24 de junio de 2009 en Noticias

kadare

Al final el jurado no se decidió por volver a entregar el premio a un escritor en lengua castellana como algunos rumores daban a entender durante las deliberaciones. El Príncipe de Asturias de las Letras ha recaído en el albanés Ismail Kadaré, uno de los nombres que desde ayer por la tarde sonaban fuerte en los mentideros de los expertos.

Kadaré le ha ganado la partida a escritores como Murakami, Nooteboom, Kundera o Galeano, algunos nombres de los que optaban a recibir el galardón. Kadaré es uno de los pensadores con más prestigio dentro de Europa, y ha abordado de manera interesante el tema de las dictaduras, la literatura, así como el terrible tema de la guerra de los Balcanes.

A caballo entre la ocupación nazi de su país y luego el férreo estalinismo que sufrió Albania durante varias décadas, Kadaré tampoco se ha sentido cómodo con la instauración del capitalismo. Exiliado en París desde 1990, mantiene una posición crítica y ácida con la actual sociedad europea.

Kadaré ha ganado premios como el Booker Internacional y ha sido propuesto varias veces al Premio Nobel de Literatura.

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La reina en el palacio de las corrientes de aire

AutorAlfredo Álamo el 24 de junio de 2009 en Reseñas

La reina en el palacio de las corrientes de aire

Después de leer La reina en el palacio de las corrientes de aire, me viene a la cabeza la inmortal frase de Ladrillo en la película Snatch: Cerdos y diamantes.

¿Sabes lo que significa némesis? Una justa aplicación de retribución llevada a cabo por un agente apropiado. Personificado en este caso por un cabrónyo.

En el último libro de la trilogía Millenium hay mucho de justa retribución llevada a cabo de manera apropiada, si es que la manera apropiada es la que entiende Larsson, es decir: pura violencia y venganza justificada por la histórica violencia machista.

Lo cierto es que digan lo que digan algunos políticos en los últimos días -me pregunto si alguno se ha leído el libro o simplemente aprovechan el tirón populista del best seller-, a Larsson se le va mano con los personajes femeninos. Se pueden dividir en aquellos que adoptan roles masculinos o los que directamente usan la violencia de manera directa. Es cierto que el personaje de Salander ha sufrido más allá de lo imaginable y ha acabado como una sociópata, pero Larsson, enamorado del personaje que ha creado, acaba de nuevo dotándola de inimaginables poderes.

En La reina en el palacio… encontramos a Salander aislada en el hospital mientras trata de recuperarse del tiro en la cabeza que casi acaba con su vida, mientras, Zalachenko, su malvado padre, se recupera del hachazo en la cabeza a escasos veinte metros de distancia. Como en el primero de los libros, es Mikael Blomkvist quien lleva la mayor parte de la acción durante el libro, ahondando más en la parte conspirativa y llevando la historia hacia el terreno de la novela de espionaje.

A mi entender es ahí donde Larsson se equivoca. Durante gran parte del libro -alargando de forma interminable el segundo acto de la historia- nos desgrana la gran conspiración creada alrededor del viejo desertor soviético dentro de la Sapö, el servicio de inteligencia Sueco, al mismo tiempo que intenta crear una tensión alrededor de la estabilidad constitucional de su país, cosa que, en mi caso, no consigue que me crea. Además, ya desde el principio va marcando perfectamente por dónde va a circular la historia del juicio a Salander. Desde que entran en el tribunal no hay un sólo giro, altibajo o contratiempo. Los hombres malos son muy malos y muy tontos, las mujeres buenas son muy buenas y muy listas.

Este maniqueísmo en el que las acciones de justa retribución abundan cada cierto rato acaban por convertirse en exageradas. Como si la única solución a la violencia contra las mujeres fuera que estas cogieran una porra extensible y calentaran los lomos a todos aquellos que se pasaran de la raya. Larsson es un buen populista, es cierto que como lector a mi también me dan ganas de darles con la porra a la caterva de anormales que retrata, pero juega con esa idea para que ninguna acción tenga su consecuencia.

No podía faltar un par de escenas de acción por parte de Salander en las que de nuevo se muestra rápida y letal, pero la verdad es que Larsson quizá peca de visual, de utilizar un lenguaje demasiado peliculero -que no cinematográfico- a la hora de describir los enfrentamientos.

En definitiva, un buen libro de género con sus momentos flojos -en más de 800 páginas, como para no tenerlos- que en mi opinión mejora La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, y que se convierte en un libro fácil de leer y muy entretenido. Ideal para aquellos que disfrutaron con las dos anteriores entregas y quieran pasar un verano tranquilo leyendo sobre las aventuras y desventuras de Lisbeth Salander.

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El cuarto libro de Stieg Larsson para Millenium

AutorAlfredo Álamo el 22 de junio de 2009 en Noticias

Larsson

Rumore Rumore!

Bien, mientras todo el mundo parece estar con la cabeza metida entre los lomos de La reina en el palacio de las corrientes de aire -yo también: en estos momentos voy por la página 450-, surgen, como es lógico, preguntas acerca del legado de Larsson.

La moda de los manuscritos perdidos, a medio terminar, o su elaboración a partir de notas escritas en la parte de atrás de una servilleta, está a la orden del día. Lo hemos visto en el caso más sangrante sobre la obra de Michael Chrichton y, en menor medida, con Bolaño. La pregunta es, ¿qué pasa con Larsson?

Los rumores que se escuchan hablan sobre los diez libros que Larsson tenía en preparación. Según su amigo Kurdo Baksi -ey, acabo de pasar por ese personaje hace poco en el libro- Larsson escribía varios de los libros a la vez, en paralelo. Entonces, ¿qué hay de cierto de ese cuarto libro?

Hay quien comenta que la compañera de Larsson habría escondido el portátil con el libro –en lugar de copiar el archivo y borrarlo del ordenador- en medio del problema surgido sobre los derechos de autor de Larsson, una agria discusión judicial entre el padre del escritor y su pareja. Sin embargo, lo que parece ahora es que Larsson decidió borrar el cuarto libro por completo al no estar satisfecho de cómo le había quedado (algo que solía hacer durante el proceso de creación) y que lo que queda escrito son las primeras 300 páginas del un hasta ahora desconocido quinto volumen.

En la red ha surgido una iniciativa para ayudar económicamente a la compañera de Larsson en su lucha judicial: aceptan donativos de fans larssonistas para pagar las facturas de sus abogados.

¿Qué hay de cierto en todo esto? A saber. No existen datos fiables sobre qué dejó el escritor. Hay que tener en cuanta que la trilogía ya hace tiempo que se publicó en Suecia y desde allí no han llegado noticias de que piensen “terminar” ningún trabajo iniciado por Larsson, aunque si el éxito de ventas de Millenium sigue el ritmo que lleva en todo el mundo no sería de extrañar ver a algunos editores rondar el cementerio de Estocolmo, pala en una mano, fanal en la otra, dispuestos a cavar tres metros de tierra fresca en busca de algún resto de manuscrito.

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Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift

AutorAlfredo Álamo el 22 de junio de 2009 en Divulgación

Gulliver

Pese a lo que parece ser un pensamiento común, Los viajes de Gulliver no es literatura infantil. El error es común, todos tenemos en la mente la imagen de los diminutos liliputienses atando a Gulliver en la playa con sus pequeñas cuerdas, martillos y remaches.

Lo cierto es que el viaje a Liliput -y a Blefuscu, sus vecinos enfrentados- sólo es la primera parte de los viajes que Swift inventó para Gulliver. Esa apariencia de cuento quizá es lo que más ha perdurado, ya que el resto de viajes son mucho menos conocidos, sobre todo fuera del mundo anglosajón.

Swift escribió una novela satírica en la que se despachó a gusto contra la situación política de su época, así como con los amantes de la ciencia, las academias y la filosofía natural. Para que nos hagamos una idea, los viajes de Gulliver son cuatro, a cada cual más extraño que el anterior.

El segundo de los viajes, después de dejar Liliput, lleva a Gulliver hasta Brobdingnag, donde la gente es gigantesca, y él es exhibido por su pequeño tamaño. Su fama se extiende y acaba como favorito en la corte real.

En el tercero de los viajes llega hasta Laputa, una isla donde sus habitantes se dedican a la música y a la matemática. Aquí es donde Swift carga contra los científicos de su época con bastante mala idea. En Laputa se encuentra con los Struldbrugs, inmortales viejos para siempre.

Su último viaje es quizá el más extraño de todos. Abandonado a su suerte por la tripulación de su barco -hay que aclarar que Gulliver no era un personaje que despertara cariño entre sus semejantes- encuentra a los Houyhnhnms, caballos inteligentes que dominan a los Yahoos, humanos sin apenas razón. Encantado con la forma de vivir de los houyhnhms, Gulliver intenta quedarse en la isla, pero también es expulsado de ella.

La vuelta a casa de Gulliver es triste. Acostumbrado al modo de vida houyhnhnm ya no soporta a los yahoos -es decir, al resto de humanos- así que acaba sus días encerrado en casa y hablando con sus caballos en los establos.

Clásico de la literatura, Los viajes de Gulliver ha resultado una fuente de inspiración para cientos de libros y películas. Este libro se puede consultar o descargar de manera gratuita desde la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

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Los grandes editores frente al reto digital

AutorAlfredo Álamo el 21 de junio de 2009 en Opinión

Tusquets

Leo en los últimos días dos pequeñas entrevistas a Jorge Herralde, de Anagrama, y a Beatriz de Moura y Antonio López, Tusquets, ambas por los cuarenta años que llevan en la brecha editorial, siempre sacando material más que interesante y descubriendo un mundo literario que todos los lectores agradecemos.

Sin embargo no puedo dejar de leer un poco preocupado la actitud que mantienen, en principio, frente a la revolución que se nos viene encima con digitalizaciones, ebooks y demás cambios que la nueva era digital va a lanzar sobre la estructura tradicional del libro.

Es cierto que son auténticos profesionales y, sin duda, saben más del mundo del libro de lo que yo sabré en toda mi vida, pero la actitud me parece muy parecida a la de la industria de la música, una industria a la que le está cayendo encima un tremendo correctivo y que después de varios años apenas empieza a levantar cabeza con iniciativas como la de Virgin -va a lanzar un sistema de suscripción sin DRM para toda su música, algo que hace tres o cuatro años habría reventado el mercado a su favor y que hoy por hoy es un movimiento necesario- pese a que el grueso corporativo busque más la vía coercitiva que la innovación.

Por eso, cuando escucho a Herralde decir que a lo mejor el ebook resulta no ser tan marginal como él pensaba, pero que ya se apañarán, no sé qué pensar. Los clientes mayoritarios de e-readers -y compradores de ebooks- no son jóvenes tecnificados, son gente de más de cuarenta años que agradece las ventajas de peso, comodidad y, sobre todo, ajuste del tamaño de la letra en pantalla.

Además, para rematarme, leo a Beatriz de Moura y Toni López decir que lo peor de los últimos cuarenta años es Google -añadiendo: sin comentarios-, lo que me deja un poco helado. Es cierto que el proceso de digitalización y venta de libros -algo que se ha hecho casi a la fuerza- no es el mejor método, pero lo cierto es que la industria editorial no ha hecho absolutamente nada en los últimos años más que dejarse llevar y llorar de vez en cuando frente a los cambios tecnológicos. Dentro del mundo capitalista en el que vivimos existe un axioma clásico: encuentra una necesidad y satisfácela. Eso es exactamente lo que ha hecho Google. Además, claro, de ser vehículo de conocimiento -como el resto de grandes buscadores- que ha facilitado el acceso a la información sobre, por ejemplo, las propias editoriales, sus catálogos y sus autores.

Parece que la actitud de los grandes editores está clara: aguantar como estamos hasta que dure el paradigma en el que nos encontramos. Que inventen otros, con la confianza en que los grandes cambios no llegarán hasta dentro de diez o doce años. Quizá deberían hacer un poco de memoria tecnológica y mirar cómo era un teléfono móvil de hace quince años y ponerlo al lado de un IPhone antes de fiar tan larga una revolución que está girando la vuelta de la esquina.

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