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Anne Rice y los ángeles

AutorRaquel Vallés el 7 de agosto de 2010 en Noticias

La hora del ángel

Fiel a su amenaza Anne Rice continúa intentando demostrar que los ángeles son los nuevos vampiros, en términos de personajes literarios superventas, claro está. La escritora de Nueva Orleans inició en octubre de 2009 la publicación de una nueva serie de novelas, Songs of the Seraphim, que llegará a España el quince de septiembre con La hora del ángel y cuyo segundo volumen, Of love and evil, verá la luz en Estados Unidos en noviembre de este año. El tiempo dirá si Songs of the Seraphim llega al nivel de influencia de las Crónicas Vampíricas; al no ser los ángeles seres literarios si no mitológicos no hay posibilidad de cargarse ningún canon.

En La hora del ángel conocemos al protagonista de la serie, Toby O’Dare, un despiadado asesino a sueldo, contratado por un tal Hombre Justo. Pero a O’Dare se le ofrece una oportunidad para cambiar su vida y salvar vidas en lugar de acabar con ellas. Esta oportunidad de salvación le será dada por un serafín y llevará a O’Dare hasta la Inglaterra del siglo XIII. Como podemos comprobar poco o nada que ver, a priori, con el otro ejemplo de ángeles literarios que ha llegado a nuestro país, Fallen de Lauren Kate.

Anne Rice se convirtió, gracias a sus Crónicas Vampíricas, en una escritora de gran éxito. Según la autora en sus obras vampíricas se puede encontrar la constante lucha contra la maldad y la búsqueda de Dios, mientras sus vampiros eran metáforas de la frágil moral y de la debilidad humanas. Ahora, a parte de saber que os tenéis que releer las novelas de Lestat, quizás quede más claro lo de la equivalencia entre ángeles y vampiros. Os recordamos que, a finales de los noventa, Anne Rice tuvo una especie de renacimiento cristiano y rechazó volver a escribir sobre temas sobrenaturales, al tiempo que dedicaba talento literario a glosar la figura de Jesucristo. De esta aparente contradicción nace una serie sobre la vida de Cristo que continúa escribiendo y, ahora, compaginando con la de los ángeles.

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Oscuros

Descansa en paz, de John Ajvide Lindqvist

AutorAlfredo Álamo el 6 de agosto de 2010 en Reseñas

Descansa en paz

Lo primero que se me ocurre al tratar de definir este libro es que Descansa en paz es una novela de zombies que no es una novela de zombies.

Me explicaré mejor: John Ajvide Lindqvist ya sorprendió a propios y extraños con su visión del vampirismo con Déjame entrar, publicada en plena moda de colmillos afilados y que poco tenía que ver con el resto de obras publicadas al mismo tiempo.

Descansa en paz es un caso muy parecido. ¿Es una novela de zombies al uso, como las que están proliferando en estos momentos? No, Lindqvist se aleja bastante del zombie pop en el que se basan la mayoría de historias post-Romero y no juega tanto con la amenaza del otro, del diferente, de la masa sin cerebro. El autor sueco nos lleva por otro camino, todavía inmersos en el terror, pero que poco tiene que ver con infectados saltimbanquis devoradores de cerebros o lentos redivivos que escapan de sus tumbas con el estómago vacío.

De entrada, la propuesta de Lindqvist es más intimista: nos narra la historia a través de una serie de personajes y de sus propios problemas con la muerte. Esto es importante, ya que los zombies que salen en Descansa en paz son más revinientes que nuestros típicos amigos podridos: el «fenómeno» que los devuelve a la tierra sólo afecta a aquellos que llevaran menos de tres meses muertos, y tan sólo en una zona de Suecia.

Así que no tenemos un plaga zombie, más bien un problema de salud pública y luego de control para los familiares, ya que los muertos parecen recordar, a un nivel muy, muy básico, qué hacían de vivos. Y todos sabemos lo difícil que es escapar a la rutina. De hecho Lindqvist trabaja mejor cuando no suelta prenda de lo que sucede y nos pinta el retrato de las familias frente a sus muertos, de los recién muertos, de aquellos que habían comenzado a olvidar… es en la parte final del libro, con sus explicaciones algo deslavazadas, que el libro se tambalea un poco dejando un regusto agridulce.

Pese a todo, Descansa en paz es un libro entretenido y con momentos muy logrados, tanto en el plano de los sentimientos como en el de el terror puro y duro. Esa capacidad del autor sueco es, en mi opinión, lo que marca la diferencia actual entre sus obras y la mayoría de autores dedicados al género del horror.

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Descansa en paz

La ciudad perdida de Z, de David Grann

AutorAlfredo Álamo el 5 de agosto de 2010 en Reseñas

La ciudad perdida de Z

Pese a lo que puede parecer en estas fechas donde el fenómeno zombie parece haber invadido las estanterías de nuestras librerías favoritas, La ciudad perdida de Z no tiene nada que ver, ni de lejos, con nuestros amigos los muertos vivientes hambrientos de cerebros.

En realidad, La ciudad perdida de Z es un libro de viajes, un ensayo biográfico y un reportaje periodístico todo en uno, en el que David Grann nos cuenta la historia de Percy Fawcett, el último de los grandes exploradores del siglo XX, en una época en la que los avances técnicos comenzaban a desplazar al instinto de supervivencia pero en la que también quedaban muchos misterios que descubrir en cada selva, océano y casquete polar de la Tierra.

Grann nos cuenta tanto la preparación de su artículo como la vida de Percy Fawcett y sus expediciones, al mismo tiempo que nos intriga con el gran misterio que Fawcett buscaba, La ciudad perdida de Z, la mítica ciudad de El Dorado perdida en la selva brasileña. En realidad Fawcett no creía a pies juntillas en la idea de una ciudad de oro, se inclinaba más por la existencia de una antigua civilización destruida tras la llegada de los conquistadores. Pero más que la ciudad o la civilización, la búsqueda de Z era una búsqueda de orgullo.

La desaparición de Fawcett también da para varios capítulos del libro, sobre todo la cantidad de voluntarios que se presentaron para su búsqueda: desde actores de cine a buscavidas, de tramperos a militares. Decenas de hombres perdieron su vida adentrándose Amazonas arriba en busca del mítico explorador, de tal forma que el gobierno brasileño tuvo que prohibir las expediciones en su busca. Todavía 50 años tras su último contacto, hay gente dispuesta a seguir su rastro y a contar decenas de leyendas sobre si sobrevivió, escapó o dio realmente con una puerta a la leyenda.

Grann, que ni siquiera había hecho una noche de acampada en su vida, se lanza también a la aventura de seguir los pasos de Fawcett, primero de papel en papel, de archivo en archivo, hasta adentrarse en la selva amazónica, llegando a lugares donde el hombre blanco es poco más que una presencia incómoda y fugaz.

La ciudad perdida de Z es fruto de un gran trabajo de investigación y David Grann logra presentarnos una emocionante historia con la que sorprende, tanto por su recreación de ese mundo de exploradores enfrentados en busca de la gloria, como por su propia investigación en busca de las huellas de esa fuerza de la naturaleza indestructible que fue Percy Fawcett.

Un libro recomendable para todos los amantes de la exploración, las aventuras en blanco y negro, y aquellos que mantengan intacto ese sentido de la maravilla que de niños nos hacía disfrutar con selvas, desiertos y océanos inabarcables.

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Tirant lo Blanc y Capella de Ministrers

AutorRaquel Vallés el 4 de agosto de 2010 en Noticias

Ausias Capella de Ministrers

Capella de Ministrers es un grupo nacido en Valencia en los años ochenta bajo la dirección de Carles Magraner y dedicados a la recuperación de música antigua, medieval y renacentista y a la recuperación de instrumentos musicales de estas épocas.

Tras una dilatada carrera llena de premios y reconocimientos es una de las formaciones de música antigua más respetadas de Europa. Coincidiendo con el Año Joanot Martorell, del que ya os hablamos, Capella de Ministrers edita un trabajo centrado en el Tirant lo Blanc, poniendo música a las aventuras y desventuras del caballero bretón. La edición estará acompañada por textos de Mario Vargas Llosa, admirador de la obra de Joanot Martorell.

A través de la música viajaremos desde la Europa del siglo XV hasta el Imperio Otomano y el norte de África, con canciones tradicionales andalusíes, griegas y otomanas u obras de compositores europeos del siglo XV como el franco-flamento Guillaume Dufay o los catalanes Joan D’Oriola o Mateu Fletxa. No es la primera vez que Capella de Ministrers homenajea a un escritor valenciano de la edad de oro. En el 2009 publicaron Fantasiant. Música y Poesia per a Ausiàs March, donde ponían música a varios poemas del escritor de Gandía, coincidiendo en esa ocasión con el quinientos cincuenta aniversario del nacimiento de Ausiàs March. Al igual que en el caso de Martorell la Biblioteca Virtual Cervantes mantiene un portal sobre la vida y obra del poeta.

Igual a algunos de vosotros todo esto (música medieval, autores del Siglo de Oro) os ha asustado un poco, así que os recomiendo escuchar alguna de las obras de Capella de Ministrers en Deezer, por ejemplo. Aquí tenéis la dirección de Fantasiant. Música i Poesia per a Ausiàs March para este servicio streaming de música: Capella De Minitrers/Carles Magraner – Music And Poetry Ausias March.

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Tempus Fugit, de Javier Ruescas

AutorRaquel Vallés el 3 de agosto de 2010 en Reseñas

Tempus Fugit

Tempus fugit es el último libro de Javier Ruescas una de las promesas de la literatura juvenil española, tanto por su juventud y como por su producción ya que esta es su tercera novela.

La historia es entretenida aunque peca un poco de lineal, aun así es una buena lectura de verano, corta y autoconclusiva, con algunos fallos que podemos achacar a la juventud del escritor pero que no impiden pasar un buen rato sin complicaciones. Por mi parte, tengo claro que debería leer más literatura juvenil para poder valorar realmente este tipo de libros.

La amenaza del cambio climático se ha hecho realidad y el mundo ha sido asolado por las aguas, quedando pocas zonas de tierra firme, islas de civilización en las que el miedo a las inundaciones y el problema del espacio son dos constantes. Mientras una extraña plaga de la que nadie parece querer hablar va extendiéndose por Nuevomundo, la empresa Tempus Fugit, que está a punto de celebrar su aniversario, ha conseguido un gran éxito con sus cabinas de teletransporte que permiten conectar cualquier zona civilizada sin necesidad de grandes infraestructuras y de manera casi inmediata, sin pérdida de tiempo.

El tiempo es también clave en la aparición de los tres protagonistas principales: Pablo, un joven que viaja en el tiempo desde la Castilla del siglo XVIII persiguiendo a un desconocido y que solo quiere regresar a su casa, Hanna, una joven que no quiere hablar de su pasado y que se niega a utilizar el teletransporte y Kleid un adolescente con un trabajo peculiar y clandestino: ladrón de futuros.

En un principio la aparición de corporaciones, inventos revolucionarios y apocalipsis medio ambientales nos podría hacer pensar que estamos ante un libro de ciencia ficción pero la historia bien pronto gira hacia la fantasía, género en el que se nota más cómodo al autor: la técnica no deja de hacer en este libro la función que en otros hace la magia.

Los personajes están bastante bien definidos aunque rechina un poco la gran capacidad de adaptación del castellano viajero del tiempo, capaz de asumir cosas como que una joven le ordene que hacer de manera casi natural; siendo, con perdón, un palurdo del siglo XVIII se esperaría más que buscara una iglesia y se pusiese a rezar; claro está que entonces la historia de amor no hubiese sido tan fácil. Ruescas hubiese podido hacer “viajar” a un chico del siglo XX, sin alterar prácticamente la historia y consiguiendo un resultado más redondo.

Lo mejor de la obra es la forma en cómo las acciones de los personajes se ven influidos por sus sentimientos: miedo, venganza, egoísmo,… son los motores que mueven a los protagonistas, aunque tengamos historia de amor y algo de heroísmo, sin duda la venganza es la que mueve el mundo, como en las mejores novelas de aventuras.

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Los muertos solitarios, de Michael Marshall Smith

AutorAlfredo Álamo el 2 de agosto de 2010 en Reseñas

Los muertos solitarios

El año pasado, por estas mismas fechas, terminé de leer Los hombres de paja, novela de Michael Marshall Smith en su faceta de autor de novela negra -podéis leer aquí la crítica que sacamos en su momento-, y, tras un nuevo paso por la Semana Negra de Gijón, no pude evitar hacerme con el siguiente volumen de las aventuras en contra de ese mal absoluto que parecen representar Los hombres de paja.

Así pues, Los muertos solitarios es una continuación directa del anterior libro y sigue, sobre todo al principio, las mismas pautas. Nos encontramos de nuevo ante un ejemplo de moderna novela hard-boiled, en la que los personajes no es que piensen demasiado, siendo arrastrados por una espiral de odio, violencia y venganza que se hace cada vez más violenta, como un torbellino de disparos.

Aquí Marshall Smith nos lleva a seguir al Hombre de Pie tras los hechos de los Hombres de Paja, de los que, aparentemente, también se nos revela gran parte de su origen y de los motivos para tanto muerto arriba y abajo. La verdad es que los aficionados a la novela negra más clásica puede que se encuentren algo descolocados en la parte final del libro: el autor se aleja mucho –muchísimo– de ese punto sucio, en apariencia realista, que iba enseñando para lanzarse a un mundo de pseudociencia y megaconspiraciones históricas que genera momentos de zozobra en la lectura. Si se aceptan, la novela es muy divertida, si no se esperan… bueno, puede que alguno se lo tome como una tomadura de pelo.

En lo que respecta al libro, entretenido, con mucho humor negro, grandes diálogos y algunos momentos muy emocionantes. No hay una gran evolución en los personajes, pero tampoco lo demandan a gritos, siendo una «novela intermedia» preparatoria del próximo desenlace.

Así que tendremos que leer la siguiente parte para ver si lo que se nos cuenta aquí ha sido un sueño alucinógeno o la cosa va a más, eso sí, por lo menos ya no nos pillará de sorpresa e iremos sobre aviso para que duelan menos esas explicaciones algo sacadas de la manga.

A destacar la gran mejora en la traducción y el cuidado de la edición con respecto a Los hombres de paja.

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Las viudas negras

AutorGabriella Campbell el 1 de agosto de 2010 en Divulgación

Viuda Negra

Es de conocimiento general que en muchas ocasiones son las personas que nos rodean las que más influyen en nuestra forma de escribir, y a veces son determinantes a la hora de decidir si enviamos nuestros escritos a editoriales para probar suerte en el arduo mundo de la publicación. Más allá de esta influencia lógica existen familiares que gestionan nuestro legado literario, generalmente después de nuestra muerte, como ha ocurrido en el conflictivo caso Larsson o con el célebre hijísimo Tolkien, ya sea para bien o para mal. El conocido autor de fantasía Neil Gaiman habló en su blog hace ya tiempo de la necesidad de crear un “testamento literario” en vida que aclarase el futuro póstumo de nuestras obras (puso el triste ejemplo de un colega escritor cuyas regalías y obras no publicadas fueron a parar a su ex-mujer, una mujer que nunca había apoyado su carrera literaria, mientras que la mujer que vivía con él, que lo cuidó antes de morir y gracias a quien pudo desarrollar su talento, se quedó con las manos vacías).

La teórica y crítica Cynthia Ozick ha insistido repetidamente en el peligro de las viudas, quienes se sienten frecuentemente poseedoras de un legado literario que realmente no es suyo. Pone de ejemplo lo que ocurrió con la viuda de Joseph Conrad, el conocido autor de El corazón de las tinieblas (obra que inspiró Apocalypse Now de Ford Coppola), quien se resistía a permitir la publicación de la obra de su marido. Recientemente ha fallecido Inna Hecker Grade, la viuda de Chaim Grade, nombre que seguramente no os dirá nada, pero que es de vital importancia para el mundo literario ya que es uno de los muy escasos grandes escritores en lengua yiddish, la variante oriental del judeoalemán que decayó significativamente después del exterminio nazi. Inna, insistiendo en que ningún traductor podía captar la esencia de los textos de su esposo, se había negado a ceder sus escritos a diversas editoriales y académicos interesados, que conocían la obra de Grade gracias a algunas traducciones al inglés que se habían podido llevar a cabo estando éste en vida. El fallecimiento de su viuda, que no ha dejado ningún tipo de testamento ni documento parecido, deja abierto el tesoro al mayor postor. En estos momentos los más interesados son el YIVO (el Instituto de Investigación de Yiddish de Manhattan), la Biblioteca Pública de Nueva York, el Centro Nacional Yiddish del Libro de Amherst y la Universidad de Harvard.

Otro caso conflictivo es el de la viuda de Jorge Luis Borges, María Kodama, quien quedó como heredera de todos los derechos de autor de su marido al fallecer éste. Esto ha significado complejos casos jurídicos, siendo la disputa más conocida la que ha mantenido con la editorial francesa Gallimard, y en concreto con el editor Jean Pierre Bernés, quien trabajó con Borges en una edición de sus obras completas poco antes de morir, grabándose entre ellos unas veinte cintas de comentarios y anotaciones. Kodama supuestamente reclama el 100% de los derechos de esta edición y las cintas para realizar una edición propia, mientras que Bernés se mantiene firme en su derecho a llevar a cabo la edición con Gallimard usando las cintas en las que trabajó. Kodama es también famosa por llevar a juicio a cualquier biógrafo no autorizado de su marido, entre los que destaca el mejor amigo de éste, Adolfo Bioy Casares, cuyo retrato de la viuda no es precisamente favorable. La figura de Kodama parece situarse al mismo tiempo en dos ejes de la opinión pública: los que la ven como guardiana y defensora del legado del escritor, y los que la ven como una manipuladora que vela por sus propios intereses.

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Día uno. Así empezó la era atómica, de Peter Wyden

AutorVíctor Miguel Gallardo el 31 de julio de 2010 en Reseñas

Explosión

La Segunda Guerra Mundial fue un conflicto global en el más amplio sentido de la palabra: no sólo estuvieron involucradas naciones de los cinco continentes, sino que hubo acciones bélicas en casi cualquier parte del planeta. Para los europeos nos son mucho más conocidas las batallas desarrolladas en nuestro continente y en el norte de África, igual que para los estadounidenses fue la guerra en el Pacífico la que verdaderamente marcó a toda una generación, pero no hay que olvidar que hubo batallas navales en América del Sur, que en la India y en China se libraron algunos de los combates más arduos del conflicto o que durante mucho tiempo Australia y Nueva Zelanda estuvieron seriamente amenazadas por la Armada del Imperio Japonés. También, debido a décadas de propaganda estadounidense, tendemos a pensar que la guerra se ganó finalmente gracias a la intervención del gigante norteamericano, obviando que fue la Unión Soviética la verdadera desencadenante del fin nazi, o que el Reino Unido pudo resistir gracias a la intervención de tropas provenientes de Canadá, Australia y Nueva Zelanda, sin las cuales el Tercer Reich y sus aliados habrían conquistado Europa y sus colonias con relativa facilidad.

No obstante, la guerra en Europa terminó meses antes que la guerra en el Pacífico. Con el fin de la Alemania nazi los gobiernos de las potencias aliadas dieron por hecho que la guerra con Japón todavía duraría varios años. Las batallas que se desarrollaron en las islas del Pacífico daban a entender que el fin japonés sólo se conseguiría a base de mucho esfuerzo… y muchas vidas. Fueron miles los caídos por ambos bandos en cada batalla o escaramuza, y todo hacía indicar que la única manera de rendir a los japoneses, aunque estos ya se encontraban en la primavera de 1945 con una carestía importante de los recursos estratégicos fundamentales para mantener su maquinaria de guerra, sería yendo de isla en isla hasta desembarcar en el propio archipiélago nipón. El Estado Mayor estadounidense temía esta posibilidad: si los soldados japoneses se habían mostrado tan aguerridos y combativos defendiendo posiciones en mitad del océano, algunas no más que pequeños atolones o islotes sin valor, ¿qué no harían para proteger a su patria de una invasión extranjera? Todo esto, unido a que la Unión Soviética parecía reticente a atacar a las fuerzas japonesas apostadas en Manchuria y Corea (pese a que se había comprometido a ello en la Conferencia de Yalta), parecía presagiar una larga guerra. Sin embargo, esto no ocurrió: tras el lanzamiento de dos ingenios nucleares sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, cuyas deflagraciones asesinaron a cientos de miles de civiles japoneses, el emperador Hirohito se vio forzado a convencer a su Gabinete para aceptar la rendición, temeroso de que más bombas asolaran la Madre Patria. Él no podía saber que los estadounidenses, en esos momentos, no contaban con más bombas atómicas, y que una tercera de ellas se habría demorado todavía unos meses.

Pero Peter Wyden, autor de Día Uno. Así empezó la era atómica, si bien dedica la segunda mitad de su libro íntegramente al ataque a Hiroshima, entrevistando a docenas de supervivientes de la explosión, también se interesa por las razones que llevaron a los Estados Unidos a utilizar una tecnología que todavía no entendían del todo sobre el archipiélago japonés. En realidad, el eje de esa primera parte del libro sería ya no sólo los hombres que fabricaron la bomba (destacando entre ellos, de forma determinante, Robert J. Oppenheimer, director del proyecto), sino los teóricos que, inconscientemente, hicieron posible la más mortífera arma que el ser humano ha desarrollado, entre ellos científicos tan reputados como Leo Szilard o Albert Einstein.

Bomba

De algún modo, el sacrificio de miles de civiles japoneses, al acelerar la rendición del Imperio nipón, evitó seguramente muchas más muertes, tanto japonesas como estadounidenses, pero esta postura, magnificada por la propaganda aliada, es relativa: la Unión Soviética, en los días posteriores al primer lanzamiento, ocupó Manchuria y Corea, en donde había un millón o más de soldados japoneses, muchos de los cuales murieron en batallas en las que el rodillo del Ejército Rojo los aplastó casi literalmente. Para esos miles de soldados poco importó que en esos momentos se estuviera ya negociando una rendición.

La era atómica había empezado. Tras la caída alemana se demostró que los nazis no habían andado lejos de poseer su propia bomba atómica; también Japón tenía un programa atómico, aunque las fuerzas de ocupación estadounidenses pudieron comprobar que los asiáticos no habían tenido demasiado éxito. En 1949 un segundo país se unió al “club atómico”, la Unión Soviética, en parte gracias a las filtraciones del proyecto estadounidense: entre los participantes en el proyecto Manhattan había agentes soviéticos infiltrados, tal es el caso del conocido Klaus Fuchs.

La obra de Wyden es un libro imprescindible tanto para conocer los entresijos científicos de la bomba atómica, como las motivaciones de Estados Unidos para construirla y lanzarla. Y, por supuesto, en su parte final, para acercarse de forma cercana a las terribles consecuencias de aquella primera utilización con fines bélicos sobre Japón.

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No es el cacharro, chicos: son los libros

AutorAlfredo Álamo el 30 de julio de 2010 en Opinión

Kindle 3

Amazon se lanza a la guerra abierta para el control del libro electrónico y lo hace con ganas: el Kindle 3 se va a poner a la venta rozando el límite psicológico de los 100 euros. Si, 100, da igual que ayer fuerais a la tienda electrónica más de moda o a las rebajas del Cortinglés y os encontrarais con unos lectores del año pasado por 250 €: la última novedad del gigante de los e-books se queda en 139$.

Estamos hablando del Kindle 3 Wifi que, a semejanza del movimiento de Barnes & Noble con su Nook Wifi, abarata un poco más el precio con la eliminación del 3G (el dispositivo valdrá 189 $para los amantes de la movilidad absoluta) y viene cargado de un montón de novedades interesantes, como son su mejor contraste, definición, duración de la batería y la capacidad de poder tomar notas sobre documentos PDF, entre otras pequeñas mejoras.

Amazon golpea la mesa con su Kindle -es mejor que nosotros no lo hagamos, sus pantallas no son exactamente de acero- y exclama un «Pa chulo yo» que deja al resto de fabricantes temblando en el mercado americano, hoy por hoy el más importante. En el resto del mundo se espera expectante la fecha de envío internacional y la posibilidad, lejana todavía, de que Amazon pueda ofrecer los libros que hoy por hoy sólo Libranda pone para mayoristas.

¿Cuál es el truco? Pues que el Kindle es un dispositivo cerrado: su DRM es propio y excluyente -al menos por ahora-, así que el argumento se complica a un estás conmigo (barato) o contra mí (oferta más amplia y libre, al menos en Europa). Amazon quiere hacerse con la mayoría del mercado y parece que si sigue con esta guerra de precios será inevitable que lo consiga si nadie hace nada por evitarlo.

La verdad es que con la salida del Kindle3 queda claro que lo importante es crear una gran comunidad de lectores atados a un lector que pasa por una única tienda. Un lector para atarlos a todos en las tinieblas, vaya, aunque Amazon pierda ahora dinero por cada Kindle que venda, es una inversión a largo plazo que puede significar un cambio radical en el panorama editorial tal y como lo conocemos.

Hoy por hoy, claro, es la única opción barata y de calidad pero, por desgracia, todavía no lee los Adobe DRM de Libranda, algo que sí que hace su competencia directa –Nook– que, vaya hombre, no se puede pedir a los Estados Unidos. Sí que hay una vaga promesa de que en un futuro se podrá leer ese DRM, pero pueden pasar meses antes de que haya un movimiento en firme, que dependerá, seguro, de las posiciones alcanzadas por las grandes empresas del sector.

La leyenda de Finn McCool

AutorGabriella Campbell el 29 de julio de 2010 en Divulgación

Calzada

La mitología de las diferentes culturas, ya haya llegado a nosotros por tradición oral o lengua escrita, siempre es una fuente de diversas elaboraciones de cuentos, historias y anécdotas. Tienen especial interés las historias que procuran explicar el origen de accidentes geográficos, y tal vez sea Fionn mac Cumhaill (o Finn McCool, como se le conoció en el Romanticismo) uno de los personajes mitológicos al que más despropósitos se le atribuyan en ese sentido.

Una de las leyendas más significativas, que ha cambiado y evolucionado a lo largo de los siglos, según los diferentes autores y pueblos que se han hecho eco de ella, es la relacionada con este épico personaje y la Calzada de los Gigantes, un paso impresionante de roca que se supone unió Irlanda y Escocia al principio de los tiempos. Hace unos 50 ó 60 millones de años, la actividad volcánica de la zona ocasionó ríos de lava que disolvió este paso, dándole al enfriarse una apariencia singular, formando inmensas columnas de basalto pentagonal y hexagonal que crearon una especie de montaña escalonada que hoy en día es un punto de visita obligado para cualquier turista. Obviamente en la época en la que se formó el inicio de la mitología irlandesa y escocesa no andaban muy informados en lo que a geología se refiere, y atribuyeron la destrucción de este paso, con su singular formación, a una rencilla entre sus héroes locales: los gigantes Fionn mac Cumhaill (irlandés) y Benandonner (escocés). La historia presenta diversas variaciones, pero la más común muestra a un Fionn agresivo que decide cruzar el paso que unía Irlanda y Escocia para enfrentarse a Benandonner, pero que al ver el poderío de éste, se echó atrás. Benandonner, envalentonado, decidió hacerle una visita, y la esposa de Fionn, asustada, decidió disfrazarlo de bebé, asegurándole a Benandonner que la criatura que había en la cuna era el hijo del gigante irlandés. Benandonner, viendo el tamaño descomunal del infante, se pensó mejor el desafiar al padre, y huyó aterrorizado de regreso a Escocia, destruyendo la Calzada a su paso, para evitar que éste le siguiera a su tierra. A historias parecidas deben su existencia, según las leyendas, la Isla de Man, el peñón de Rockall o la Cueva de Fingal, entre otros. Ya de por sí se decía que la propia Calzada original había sido construido, bloque a bloque, por el propio Fionn, para evitar mojarse los pies cada vez que hiciera una visita a Escocia.

Fion

La figura de Fionn creció, y las leyendas se multiplicaron, sobre todo aquellas referentes a sus descendientes y seguidores, los Fianna. Fionn se convirtió en una referencia para los irlandeses (y hasta cierto punto también para los escoceses) similar a la del Rey Arturo en Inglaterra: un rey durmiente que regresaría al mundo de los vivos para proteger a su pueblo de alguna gran catástrofe y/o para liderarlos hacia la gloria. Este sentimiento nacionalista en torno a la imagen de un héroe mítico se asentó, como en tantos países, con la llegada del Romanticismo, y se ha mantenido hasta la modernidad, el mismísimo Finnegans Wake de James Joyce se cree que es un juego de palabras con “Finn again is awake” (Finn de nuevo está despierto), en referencia a la venida del gigante. El poeta romántico James Macpherson anunció en 1761 el “descubrimiento” de una serie de manuscritos escritos por el bardo o poeta Ossian (de Oisín, el que se consideraba el propio hijo del héroe Fionn). Fue aquí donde el nombre de Fionn evolucionó hasta llegar al hoy en día más popular y conocido Finn McCool. Oisín, hijo de Finn y de su esposa, Sadbh, habría escrito los poemas épicos componentes del Fiannaidheacht o Ciclo Fenian, narrando las aventuras de Finn y de los suyos. Los poemas de Oisín/Ossian fueron inmensamente populares, hasta que comenzó a dudarse de su autoría. Macpherson había presentado los poemas como una traducción de documentos antiguos, sin embargo todo apuntaba a que se trataba de obras escritas y concebidas por él mismo. Con el tiempo, los estudiosos muestran cada vez mayor convicción de que, si bien Macpherson había sido el autor del ciclo de poemas, éstos se basaban en leyendas ya existentes de la tradición gaélica, y que probablemente hubiera dispuesto de algún documento original en el que basarse. Lamentablemente, su escarnio fue tal que los poemas perdieron popularidad, cobrando mayor notoriedad su existencia como estafa literaria en toda regla por encima de su tremendo valor literario e histórico.

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