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El negacionismo

AutorVíctor Miguel Gallardo el 1 de noviembre de 2010 en Divulgación

Negacionismo

No son muchos, pero existen: algunos “historiadores” (las comillas no son gratuitas), de marcado carácter revisionista, vienen negando el Holocausto desde hace décadas. Pero que sean pocos no es óbice para ocultar la realidad de que, en ciertos ámbitos, se tiene por seguro que la denominada “Solución Final” no existió. Que no hubo ningún proyecto milimétricamente planeado para asesinar a millones de personas. Que en los campos de concentración no hubo cámaras de gas.

No podemos decir que el Negacionismo haya ganado fuerza en los últimos tiempos: sigue siendo una corriente historiográfica (por llamarla de alguna forma) muy minoritaria, radicada sobre todo en la ultraderecha europea y estadounidense y en los círculos islamistas. Fue precisamente Radio Islam, otrora una emisora escandinava y en la actualidad una página web con miles de visitas diarias, una de las más firmes promotoras de la negación del Holocausto. Pero el Negacionismo ha salpicado, si se me permite la expresión, a varios intelectuales reputados de todo el mundo, el menor de los cuales no es precisamente Noam Chomsky. El que es uno de los grandes filósofos y lingüistas de nuestros tiempos fue acusado de colaborar con las posiciones que niegan el Holocausto después de su defensa de la libertad de expresión en torno al caso Faurisson. Robert Faurisson publicó en 1979 un artículo (que luego generaría un libro) en el que defendía posturas negacionistas, tras lo cual fue expulsado de su puesto como analista de textos en la Universidad de Lyon basándose en la legislación francesa que condena cualquier menoscabo público de los crímenes de guerra nazis (algo que es común en gran parte del continente europeo). Chomsky, en virtud del derecho fundamental de la libertad de expresión, se manifestó en contra de las sanciones a Faurisson, lo que desencadenó un cruce de acusaciones por parte de intelectuales y críticos de todo el planeta, que tildaron a Chomsky de antisemita. Tema peliagudo, desde luego, dado que las legislaciones europeas son, en sí mismas, un lastre a la tan cacareada libertad de expresión desde el mismo momento en que, y dependiendo del país, condenan la propaganda nazi, la exhibición de sus símbolos, la revisión de la historia “oficial”, etc., hasta el ridículo punto de que, por ejemplo, el logotipo representativo de la famosa banda de rock Kiss está prohibido en Alemania y Austria debido a la similitud (sospechosa similitud) de las dos eses de su nombre con el infausto símbolo rúnico de las SS.

En irónica contraposición al caso de Salman Rushdie, grupos radicales judíos pusieron precio a la cabeza de Farisson, que finalmente fue brutalmente golpeado en 1989 en Francia, pero las agresiones, de mayor o menor importancia, lo han acompañado estas últimas tres décadas allá donde iba para difundir sus posturas en conferencias y demás. No es, desde luego, el único que ha publicado artículos y libros que defienden este tipo de revisionismo: los hay de todo tipo, siendo particularmente interesantes, desde el punto de vista sociológico más que histórico, los que pretenden rehabilitar la figura de Adolf Hitler quitándole peso específico, a veces hasta la nulidad, en las responsabilidades de la Solución Final. Según esos “historiadores”, Hitler no sólo no fue el principal responsable de uno de los mayores genocidios de la historia (y de largo el más publicitado y documentado), sino que, en esencia, no sabía nada. Algunos han llevado su descaro un punto más lejos, presentando documentación, obviamente descontextualizada, que convierte a Adolf Hitler como por arte de magia en un defensor de la causa judía.

Algunos famosos autores negacionistas, cuyas obras se pueden encontrar fácilmente en eBay y en librerías afines al revisionismo histórico, que haberlas haylas tanto en España como en Latinoamérica, serían Paul Rassinier, Harry Elmer Barnes, el argentino Norberto Ceresole, Léon Degrelle (el nazi “español” más famoso) o, sobre todo, el popular y siempre polémico historiador inglés David Irving.

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Samhain, Halloween y Todos los santos

AutorAlfredo Álamo el 31 de octubre de 2010 en Divulgación

Mujer abrazada a un cuervo

Llega la noche del 31 de octubre y con ella un sinfín de tradiciones cristianas y paganas. Para los culturalmente globalizados, como yo, es una noche de tintes terroríficos y que lleva asociada desde maratones de películas de serie B a cuentacuentos sentados junto al fuego.

Es cierto que el origen de todo esto es el Samhain celta, más antiguo que cualquier otra celebración y que significa el comienzo de un nuevo año tras la cosecha. Se acaba el buen tiempo y llegan las noches largas y frías, así que algo habrá que celebrar antes de que las tardes se llenen de hojarasca y el cielo se tinte de gris plomizo. Lo ideal es salir a pasear hasta que las brujas decidan hacer sus aquelarres, pero como no todo el mundo es joven y atrevido para desafiar a las fuerzas de la oscuridad, desde Lecturalia vamos a recomendar unas cuantas lecturas para los que decidan quedarse abrigados en la supuesta seguridad de sus casas.

Si en realidad hay poco tiempo para leer, lo mejor es dedicarse a los minicuentos, pequeñas dosis de terror encerradas en apenas unas líneas, unas palabras escogidas para enroscarse alrededor de vuestra columna vertebral y producir dolorosos escalofríos. A ese respecto, Nocte, la asociación de escritores de terror, ha preparado como todos los años una recopilación de lo más interesante: Hatajo perverso. Libro gratuito para su descarga en la web de la editorial y en formato ePub gracias a 23 escalones.

Con algo más de tiempo que dedicarle a la lectura llegamos a los cuentos. Piezas de relojería creadas con el único interés de agarrar del cuello al lector y sumergirlo en el mundo deforme y extraño que el escritor ha creado para exorcizar sus propios demonios. A destacar una novedad reciente: Aquelarre, una antología de lo mejorcito del terror contemporáneo español con nombres como Somoza, Pilar Pedraza, Cristina Fernández Cubas que Salto de Página ha editado con mucho cuidado en un tomo imprescindible para los amantes del género.

Ahora hay que hablar para aquellos que ya tienen lista la manta y el sofá, la sopa caliente y las pantuflas, y no piensan moverse esta noche más que para acercarse a la cama. Para ellos lo mejor es recomendar una novela, así que vamos a hablaros de dos. La primera es extranjera, su autor es el hijo del príncipe de las tinieblas (es decir, Stephen King). Estamos hablando de Joe Hill que vuelve a las librerías con Cuernos, una historia en la que un hombre se va transformando en un encantador diablo… Después de El traje del muerto, Hill promete horas de inquietud y diversión con esta novela.

La otra novedad recomendable tiene un título mucho más poético, Mujer abrazada a un cuervo, de Ismael Martínez Biurrun, mezcla géneros sin ningún tipo de complejo, anunciando la llegada apocalíptica de la posmodernidad. Investigación, fantástico y terror en una novela difícil de clasificar y que atrapará a todos los amantes de la línea difusa que separa el sueño de la vigilia.

Si de todas formas eres un clásico romántico y perverso aunque te quedes en casa esta noche, siempre puedes echar mano de las viejas ediciones de Le Fanú o Poe, los poemas de Baudelaire o Rimbaud, las obras de Stoker o de Washington Irving. Todo por no pasar una noche aburrida más como otras que ya han pasado y que eres incapaz de recordar.

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El depredador de Seattle

AutorVíctor Miguel Gallardo el 30 de octubre de 2010 en Divulgación

Ted Bundy

Ted Bundy fue uno de los asesinos en serie más famosos del siglo XX, y sobre su figura se han realizado películas, mini-series y, por supuesto, infinidad de libros que intentan explicar las motivaciones de un hombre al que, aunque oficialmente se le atribuyen algo más de treinta asesinatos, algunas fuentes indican que pudo llegar al centenar de chicas asesinadas. Sus víctimas respondían a un patrón claro, determinado por un amor de juventud: chicas blancas, de pelo lacio y moreno habitualmente peinado con raya en medio. Sus edades variaron bastante, desde chicas cercanas a la treintena hasta una niña de doce años que fue una de sus últimas víctimas.

Uno de los libros más interesantes acerca de Bundy fue redactado en base a sus confesiones a la policía del estado de Florida, lugar en donde finalmente fue cazado. En Ted Bundy: conversaciones con un asesino, de Stephen G. Michaud y Hugh Aynesworth, sorprende descubrir a un hombre que bien podría ser nuestro vecino de enfrente o el cajero de nuestro banco. Con gran seguridad en sí mismo, Bundy (que había estudiado Psicología y Derecho) llegó a defenderse a sí mismo en el primer juicio al que fue sometido, aunque al final fue contraproducente ya que, aunque empezó la vista con gran aplomo, acabó perdiendo los papeles en varias ocasiones. Tampoco contribuyó el hecho de que, durante una visita a la biblioteca de los juzgados para documentar su caso, saltó desde una ventana y huyó. Estuvo una semana escondido en una caravana abandonada hasta que la policía dio con él.

No fue su único intento de fuga. Hubo otro aun más exitoso, cuando se evadió de la cárcel y pudo trasladarse con una identidad falsa hasta Florida, en donde mataría por última vez siguiendo el modus operandi que ya había utilizado en los estados de Utah y Washington. Fue allí donde cometió el error de intentar asaltar a la hija de un policía local (hay que decir que no hubiera sido la primera víctima de estas características: en Utah a asesinó a la hija de un sheriff), que salió indemne gracias a su hermano, y que fue en última instancia la que, en la comisaría de su padre, identificó al hasta entonces preso fugado.

Para los aficionados a los detalles morbosos puede resultar muy interesante el pequeño libro Ted Bundy, el depredador de Seattle, escrito al alimón por Nuria Fontanet Rodríguez y Ángel Ferris Fulla. Baste decir que solía golpear a las chicas en la cabeza, a veces con brutal saña, que las solía violar y sodomizar, que a varias les arrancó la cabeza para “decorar” su apartamento o que, según los forenses del estado de Florida, llegó a practicar la necrofilia. Fue muy habitual, sobre todo en los primeros tiempos, el que se hiciera pasar por un incapacitado (bien con unas maletas, bien con un brazo en cabestrillo) para solicitar ayuda a las chicas que él deseaba raptar y matar, lo que hizo que su pareja en aquellos tiempos empezara a sospechar de él (localizó unas muletas en su casa, aunque sabía a ciencia cierta que él no se había lesionado recientemente). Tras una llamada anónima de la chica a la policía ésta determinó que Bundy no era el asesino que estaban buscando. Un auténtico error: al menos dos docenas de mujeres habrían salvado la vida de haberse producido la detención en ese momento.

Ya he hablado de su brutalidad. También, en consonancia con otros asesinos en serie, poco a poco se fue haciendo más descuidado. Si fallaba en un rapto, inmediatamente buscaba a otra chica para desquitarse, lo que le hacía actuar de forma precipitada. Aunque lo habitual fue el asesinato de una chica por día, uno de sus crímenes más mediáticos sucedió en un campus universitario cuando, precisamente por haber fallado en un secuestro, irrumpió en una fraternidad femenina, atacando y matando a varias estudiantes. Una de ellas, escondida, fue otra de las testigos estrellas (junto con una chica que fue atacada en un coche haciéndose él pasar por policía) en el juicio que acabó condenando a Bundy a la silla eléctrica.

En Asesinos en serie, de Tom Schatman y Robert K. Ressler, se puede conseguir aún más información sobre uno de los más sanguinarios personajes de la historia reciente de los Estados Unidos.

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De la televisión al libro: La ficción se devora a sí misma

AutorAlfredo Álamo el 29 de octubre de 2010 en Divulgación

Ola de Calor, de Richard Castle

Hasta ahora habíamos visto numerosas adaptaciones de libros al cine, no en vano el séptimo arte se dedica a coger todo lo que puede de donde puede para salir adelante. Luego, con el tiempo, llegó la misma idea a la televisión, medio del que se nos dijo que era ideal para plasmar una novela; lejos de los tiempos medidos con lupa del cine, en la pequeña pantalla la narración podía alargarse durante horas, días, e incluso seguir más allá de la obra original.

De ese modo tenemos, por poner algunos ejemplos, miniseries televisivas sobre El día de los trífidos o Los pilares de la tierra, de Ken Follet, y se han llevado acabo curiosas y mestizas adaptaciones de Alicia en el País de las Maravillas o El mago de Oz.

Lo curioso es que, a diferencia de la mayor parte del cine actual, en la televisión parece que se ha refugiado una generación de guionistas de primera calidad, muchos de ellos novelistas, y que no parecen necesitar de libros anteriores para estructurar sus creaciones. Fruto de esa inventiva son series como Los Soprano, The Wire, Weeds o Californication por poner algunos ejemplos.

Me gustaría destacar dos novedades del mundo editorial que han dado el salto televisión-libro, pero no en el sentido habitual de La filosofía y los Simpson y otros libros que usan personajes televisivos como excusa, sino como mezcla de realidad y ficción. Una de ellas viene de la serie Mad Men, una premiada serie sobre el mundo de la publicidad en la América de los 50 y de la que surge la biografía de uno de sus personajes carismáticos, Roger Sterling.

De este modo el equipo guionista va más allá y recrea la vida y filosofía de su personaje más «paradigmático», el que representa un buen montón de connotaciones negativas derivadas de la época que vive y disfruta.

El otro ejemplo es una vuelta de tuerca más sobre el mismo tema. En la serie de ficción criminal Castle, Richard Castle es un escritor de intriga y suspense de gran éxito que acompaña a la policía en algunos casos de homicidio. Gracias a esa colaboración, Castle escribe dos libros (en la ficción) Ola de Calor y Naked Heat, que reflejan su trabajo policial. Pues bien, esas dos novelas fueron publicadas en EEUU (el primero de ellos ya está en España) con gran éxito en el mundo real. Incluso se utiliza a un personaje Jameson Rook que es el personaje de Castle en su propia ficción.

Otros casos son los textos que el equipo de guionistas recoge al terminar una serie, procesos, pensamientos, reflexiones, textos inéditos. Un buen ejemplo sería The Wire, firmado por David Simon y publicado por Errata Naturae.

¿Creéis que aparecerá más ficción desde la televisión? No estamos hablando de novelizar las series -algo que se ha hecho toda la vida-, sino de que elementos concretos, partes, den el salto hacia la literatura. A mi, de entrada, me gusta mucho este juego.

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Escritores y redes sociales

AutorAlfredo Álamo el 28 de octubre de 2010 en Divulgación

Hablar en Redes sociales

Una de las principales consecuencias de este rápido avance de la tecnología en la que todo va a ritmo social 2.0, con Facebook, Twitter, Tuenti marcando la jornada diaria de miles de personas, es que desde las editoriales se apremia a los autores a que se acerquen a las redes sociales.

Ya no es que un autor haya crecido en el medio digital o bien que haya encontrado una manera genial de hacerse un nombre participando aquí o allá, como antes se hacía a base de cartas al director o enviando poemas escritos a máquina vía postal a una revista desconocida, ahora el acercarse a los lectores ha llegado también a todo tipo de autores, conocidos, medio conocidos, insoportablemente desconocidos sin que ellos lo sepan, estrellas mediáticas o futuros gurús de la autoayuda u las dietas sanas.

El ejemplo más reciente ha sacudido las redes españolas y hasta ha llegado al extranjero, Pérez Reverte burlándose del ex-ministro de exteriores Moratinos y luego insultándole desde su cuenta de Twitter. Hay que decir que Reverte lleva usando el Twitter desde hace tiempo y la verdad es que lo hace manteniendo el mismo nivel que usa para sus columnas semanales. Lo cierto es que en esta ocasión a muchos les ha parecido que se le ha ido la mano, aunque leyendo el resto de sus opiniones habituales tampoco es que se vaya mucho de su habitual chascarrillo cruel.

Lo cierto es que lo que me parece más importante es la presencia de un autor superventas en Twitter, con una participación muy activa (aunque tras leer su timeline me lo imagine con una botella de orujo frotándose las manos como un troll de la vieja escuela esperando que se metan con él), algo que pronto veremos más a menudo, sobre todo a medida que las editoriales hagan presión sobre los autores e incorporen cierta dedicación a perfiles sociales dentro de los contratos.

Esto, que puede parecer un acercamiento directo autor-lector, puede derivar en situaciones incómodas para muchos, tanto autores como lectores. Las redes sociales tienen sus códigos y reglas, muchas veces desconocidas al principio, y, lo que es peor, pueden ayudar a descubrir qué tipo de escritor o escritora es ese capaz de reflejar tu vida en palabras: genial, torpe, tímido, soberbio o insoportable.

De hecho me imagino como serían los tuits de algunos grandes literatos de la historia si tuvieran que explicarse. Algo así como:

@Byron: a mi mujer no le gusta que me lo haga con mi hermana :( @Shelley , vámonos de fiesta a Suiza

@Rimbaud: en cuanto termine esta venta de armas saco pasta para publicar otro poemario

@HMiller: hoy he terminado el tratamiento de purgaciones. Ah, la France.

@Dragó: Nunca he tenido trato erótico con menores.

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Howard Jacobson ganador del Man Booker por The Finkler Question

AutorGabriella Campbell el 27 de octubre de 2010 en Noticias

The Finkler question en castellano

Howard Jacobson ha sido el ganador de este año del prestigioso premio británico Man Booker, por su novela The Finkler Question (que podría traducirse como La cuestión Finkler, o El caso Finkler). El premiado debió de sentirse sorprendido, ya que las casas de apuestas se decantaban casi con unanimidad por Tom McCarthy, con su novela C, que había recibido tal preferencia en las apuestas que la organización del Man Booker llegó a plantearse suspender el premio este año, por miedo a que hubiese algún tipo de filtración o soplo (si bien la decisión final del jurado demuestra lo contrario). Jacobson no es precisamente un escritor novato, antes de esta obra ganadora ya tenía diez libros publicados en su biografía literaria, y se define como un “Jane Austen judío”, aunque los críticos añaden que es también el “Philip Roth británico”. Es probable que tenga un poco de ambos escritores, ya que su amor por el costumbrismo de la Austen se entremezcla con el ingenio y el descaro del escritor estadounidense.

Aunque la calidad del galardonado no entra en discusión (el Booker es notorio por seleccionar novelas de gran éxito tanto crítico como comercial), es posible que el premio de este año sea uno de los menos interesantes para el público lector más allá de las fronteras británicas. El libro se trata de una narración cómica, observadora y satírica, pero este mismo aspecto cómico funciona gracias a su estudio de una sociedad muy concreta: la sociedad judía y, en particular, la sociedad judía anglosajona. El protagonista de la obra, Julian Treslove, es un hombre no judío que sufre un ataque que sospecha podría ser antisemita. A raíz de esto, Julian analiza su relación con sus dos amigos más cercanos, ambos judíos, y comienza a preguntarse sobre los aspectos de sí mismo que son propios de un estereotipo judío. Las observaciones de Julian, tanto sobre sí mismo como sobre sus amigos y otros judíos que los rodean (incluyendo personalidades variopintas como el judío “moderno-chic” que asegura entender el antisemitismo, o el judío que muestra una severa crisis de pensamiento tras los sucesos de la Franja de Gaza) son desternillantes, a veces crueles, a veces injustas, pero siempre con un ápice de verdad que las hace interesantes. Sin embargo se trata de personalidades desarrolladas en un entorno muy diferente al nuestro, donde la cultura moderna judía no se halla tan arraigada y donde, seguramente, la confluencia de ésta con la idiosincrasia propia del entorno español produciría resultados muy diferentes a los observados en Gran Bretaña por Finkler. Para el lector medio español, el análisis social de Finkler puede tener algún mérito, pero el aspecto cómico se perderá por completo debido a que se basa en una cultura dentro de una cultura, un contexto muy particular extraño para nosotros.

Parece ser que la editorial Miscelánea se atreverá con la traducción y publicación en España, será interesante ver cómo adapta la obra y cuál es la respuesta del público lector de nuestro país.

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OYO, el e-reader silencioso

AutorAlfredo Álamo el 26 de octubre de 2010 en Noticias

OYO

Kindle, Papyre, Sony Reader, Inves, Nook, Ilyad, Booq, Fnacbook… a cualquiera interesado en el mundo del libro electrónico le sonarán estos lectores de e-books. Es normal, son las puntas de lanza de librerías tan importantes como Amazon, Barnes & Noble o la Fnac, aquellos que ofrecen una alta calidad y una buena campaña mediática.

Muchos de ellos se pueden comprar desde España y otros pronto lo harán, queda la incógnita de si el Fnacbook llegará a España y con qué operadora telefónica, ya que, al igual que el Kindle, ofrece conexión 3G para descargar sus libros desde cualquier parte.

El diseño del Fnacbook es bastante original y diferente, estando su precio alrededor de unos 250 euros, no demasiado alto si tenemos en cuenta esa conexión que se nos ofrece. Pero… tras una pequeña búsqueda por Internet nos encontramos con que ese diseño no es exclusivo de la Fnac, el Fnacbook tiene un hermano del que apenas conocemos nada, el OYO.

OYO es el nombre con que Bertelsmann-Direct Group, uno de los conglomerados editoriales más importantes de Europa, va a sacar su e-reader, un lector de libros electrónicos similar al Fnacbook pero sin gran parte de su conectividad. Tras alcanzar acuerdos en Francia, Holanda y Alemania -ahí es nada-, OYO se venderá por 149 euros… un precio que lo sitúa en el tramo más bajo de los lectores de tinta electrónica.

Por lo visto el lector OYO no tiene 3G y no se sabe nada de si incorporará WiFi, pero con ese diseño, la pantalla táctil y una buena calidad, desde luego que nos encontramos con un dispositivo muy interesante y que estará disponible mucho más cerca de lo que pensamos.

Por ahora no se sabe nada de si Direct Group en España, socios de Editorial Planeta en Círculo de Lectores, piensa lanzar el OYO también en el mercado español o bien seguirán a la espera de que alguien de el primer paso para hacerse con la mayoría del mercado.

El hombre del balcón, de Maj Sjöwall y Per Wahlöö

AutorRaquel Vallés el 25 de octubre de 2010 en Reseñas

El hombre del balcón

El hombre del balcón es la tercera entrega de la serie protagonizada por Martin Beck de la pareja de escritores suecos Maj Sjöwall y Per Wahlöö y es, de nuevo, todo un ejemplo de novela policíaca. Así como en Roseanna Beck debía investigar el asesinato y violación de una mujer desconocida en el ciudad de Motala y en El hombre que se esfumó acaba en Budapest investigando una desaparición donde nada es lo que parece, en El hombre del balcón debe hacer frente a un violador y asesino de niñas, un pederasta que pone a la ciudad de Estocolmo en un estado de histeria que, si bien es comprensible, de poco sirve para ayudar al trabajo policial, más bien al contrario.

Es la primera vez que vemos a Beck trabajando en un caso que está sucediendo, donde tras el primer cadáver se espera que aparezcan más; no se trata solo de cerrar un caso o resolver un misterio, si no de cazar a un asesino. Pero Beck sigue sin ser poco más que un policía mediocre con asomos de instinto y el funcionamiento de la policía de Estocolmo tampoco mejora este aspecto.

Además de los compañeros habituales de Beck, como Kollberg o Melander, un nuevo policía se asoma a la ficción de Sjöwall y Walhöö, el detective Gunvald Larsson, grosero, maleducado y poco eficiente, uno de esos personajes a los que difícilmente se le puede coger cariño. Es el encargado de investigar otro caso que está superando la capacidad de su comisaría, un violento ladrón que actúa en los parques de la ciudad y que ya lleva varias víctimas.

Como en los otros casos hay que destacar el prólogo, escrito en esta ocasión por Jo Nesbo, creador del detective Harry Hole. Nesbo, aparte de reconocer su deuda con los autores sueco, pone el acento en la maestría del primer capítulo y del propio título del libro. Por mi parte, destacaría también los esbozos sobre la sociedad sueca de finales de los sesenta, apuntes en gris sucio que convierten a estas novelas en mucho más que divertimentos.

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El autor umbral

AutorAlfredo Álamo el 24 de octubre de 2010 en Opinión

Autor Umbral

Tras pasar por un par de eventos dedicados tanto a la literatura como al mundo del cómic no puedo dejar de pensar en algunas de las reflexiones y conversaciones que he mantenido con compañeros y visitantes, sobre todo las dedicadas al mundo profesional y al salto que hay del amateurismo a la semi-profesionalidad.

Lo primero, y esto es algo que me hicieron notar, yo soy de natural despistado, la mayor parte de los interesados en conferencias, presentaciones y otros eventos, eran, en su mayoría, aspirantes a escritores o dibujantes -o editores, que el masoquismo no siempre va en la misma dirección-, con un pequeño bagaje a sus espaldas pero con unas ganas tremendas por conseguir el sueño definitivo: vivir de hacer lo que más les gusta, crear.

No tengo que decir que el mundo de la literatura, el del cómic, igual que otros dedicados a la creación, es un lugar en el que convive el profesional absoluto, a los que se pueden contar con los dedos de una mano -Zafón, Somoza, Reverte-, con aquellos que en mayor o menor medida pueden acortar su jornada laboral para dedicarle más tiempo a la escritura. Luego están los más, los que necesitan arrancarle horas al sueño cada noche para pulir un par de páginas y que, más o menos, están en el proceso de ser profesionales. Alrededor, y mirando, están los que, manuscritos en mano, aguardan su oportunidad para avanzar un par de círculos en el infierno editorial.

Muchos de ellos se cansan de esperar y optan por la autoedición o la coedición, convirtiéndose en objetivo deseado de numerosas editoriales que, hoy más que nunca, ofrecen precios muy competitivos. Además, claro, tenemos la facilidad de publicar vía web: nunca antes fue tan sencillo compartir nuestra obra con los demás, aunque luego queda el detalle de conseguir a alguien que quiera prestarnos atención.

Entonces, ¿cuáles son los ánimos para todos esos profesionales en potencia? Poco hay que decir excepto que toda obra es susceptible de mejora y que no hay que hacer demasiado caso a los que, tras leerte, se asombran de que no hayas sido publicado. Las palmaditas en la espalda están bien, pero lo que todo escritor necesita es sangre en las páginas y puñaladas traperas para mejorar los textos. Con el trabajo constante, la paciencia y el movimiento se consiguen resultados… normalmente.

Desde luego que nos acercamos a una revolución, que no será tan rápida como creen algunos, en la que el modelo tradicional (buscarse un agente, encontrar una editorial, lanzar miles de ejemplares) tendrá que ajustarse a la realidad social y económica del libro digital y las tiradas bajo demanda. Si bien no hay que dejar de lado a las nuevas tecnologías y sus usos creativos, todavía no podemos apartarnos, los autores umbral, al menos, de las editoriales y sus sistemas tradicionales, que siguen siendo la referencia en el mercado.

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Algunos libros de recetas de famosos

AutorVíctor Miguel Gallardo el 23 de octubre de 2010 en Divulgación

Roger Ebert cocina

No es poco frecuente que algunos famosos (desde actores y actrices hasta deportistas, políticos, habituales de la prensa del corazón o cantantes) aprovechen su fama para llenar las estanterías de las librerías de todo tipo de obras: los más habituales son las autobiografías, la mayor de las veces escritas por encargo gracias a esos “negros” literarios que todo el mundo sabe que existen y que nunca dan ruedas de prensa ni acuden a presentaciones, pese a ser los responsables de una parte nada despreciable de la producción editorial actual. Otras veces los autores de esas biografías son también conocidos periodistas o literatos, que se prestan a este particular juego por afinidad con los protagonistas de la biografía o, simplemente, y como ya he mencionado, por encargos que las editoriales les hacen.

Sin embargo, no son sólo biografías lo que vamos a encontrar con una gran foto del famoso en cuestión en la cubierta: también hay libros de chistes, de autoayuda, de fitness y salud en general, de cuentos infantiles e incluso, y de eso vamos a hablar hoy, de recetas de cocina. Uno de los últimos famosos en subirse al carro de los recetarios es Roger Ebert.

Roger Ebert es relativamente famoso en todo el mundo, sobre todo entre los aficionados al cine: estamos hablando de uno de los críticos cinematográficos más importantes e influyentes del mundo, que lleva décadas comentando las últimas novedades del séptimo arte, siempre desde su sección en el Chicago Sun-Times y el Chicago Tribune, aunque empezó a desarrollar esa función en 1961 en otros medios más modestos. Ebert, además, fue el primer crítico de cine en ganar el premio Pulitzer, distinción que le fue otorgada en 1975, e incluso ha patrocinado un festival de cine en Champaign, Illinois. Que Ebert sea el nuevo famoso en sacar un libro de recetas no tendría la menor trascendencia de no ser porque él ya no puede comer: después de múltiples operaciones quirúrgicas derivadas de un cáncer tiroideo que se le manifestó en 2002, Ebert ha perdido gran parte de su mandíbula inferior, por lo que no puede alimentarse más que con sonda. Ha perdido también el olfato, para más inri. No obstante, se las ha arreglado para escribir un recetario basado en su memoria sensitiva, libro que seguramente no pasará desapercibido ya que, en cierto sentido, Ebert es para los aficionados al cine lo que Harold Bloom para muchos aficionados a la literatura.

En España no hace mucho hubo otro libro de cocina que contó con la ayuda de varios famosos intolerantes al gluten. El prestigioso chef Sergi Arola incluyó varias recetas aptas para celíacos, a lo que hay que sumar las aportaciones de, entre otras personas, las actrices María Valverde y Silvia Marsó, el subcampeón de España de culturismo Leo Carballo o la Condesa de Romanones. El libro tiene un título muy explícito: “Celíacos famosos”. Hay que tener en cuenta que sólo en España este colectivo cuenta con cerca de medio millón de personas, por lo que el público para este recetario es más que amplio.

Otros famosos con libro de recetas serían Gwyneth Paltrow (con un recetario dedicado a su padre), Frank Sinatra, Gerard Depardieu (que aparte es propietario de dos restaurantes y tiene sus propios viñedos, aunque suene a tópico de buen francés adinerado), el matrimonio formado por Gloria y Emilio Estefan (con 60 recetas de cocina tradicional cubana), Sofía Loren (con muchas recetas de su abuela, típicas napolitanas) o incluso Forrest Gump. Sí, a raíz del éxito de esta película protagonizada por Tom Hanks apareció un libro de recetas como si hubiera sido escrito por el personaje principal de la película, y basado en postres dulces. También hay recetas para hacer chocolates, recetas muy fáciles ya que, es de perogrullo, Forrest Gump no es precisamente Roger Ebert.

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