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Las interpretaciones menos conocidas de textos muy conocidos (II)

AutorGabriella Campbell el 25 de enero de 2013 en Divulgación

Alicia País de las Maravillas matemáticas

En la primera parte de este artículo os hablábamos de algunas teorías e interpretaciones curiosas que rodeaban a algunos textos literarios muy famosos. Como podréis imaginar, hay unas cuantas más, y de nuevo nos quedamos con las que nos resultan más interesantes.

Es muy probable que hayáis escuchado o leído alguna interpretación política o social acerca de la obra más importante de J. R. R. Tolkien, El señor de los anillos. La más popular es seguramente aquella que insiste en que todo el libro es una gran metáfora de la Segunda Guerra Mundial, y que el Anillo Único de Sauron que tantos quebraderos de cabeza le proporciona al pobre Frodo es, realmente, la bomba atómica. Si bien esta interpretación se presta además a una elaboración muy detallada (las equivalencias entre las regiones de la Tierra Media y la Europa de la época pueden llegar a ser bastante convincentes), el propio Tolkien negó en rotundo que su obra estuviera basada en la guerra. Insistió en que comenzó a escribirla mucho antes de que empezaran los conflictos bélicos, y que de hecho aborrecía las alegorías literarias en general, por lo que había intentado concebir un mundo que existiera por sí mismo, lejos de símiles y comparaciones. Está claro que nadie escribe desde el vacío, y que el contexto histórico y social influye a un escritor hasta cierto punto, lo quiera o no, pero es muy diferente que escriba una obra con un significado concreto en mente, que en el caso de Tolkien no fue así, o por lo menos es lo que asegura el autor de fantasía épica.

Para terminar con esta lista de interpretaciones curiosas, nos quedamos con una de las obras que más quebraderos de cabeza le ha proporcionado a críticos y teóricos a lo largo de los últimos 148 años: Alicia en el país de las maravillas, del reverendo Charles Lutwidge Dodgson, más conocido como Lewis Carroll. Por lo general se ha especulado acerca de la calidad y tipo de drogas que pudieron influir en la creación de un texto tan surrealista y absurdo, pero hay dos teorías que han cobrado bastante fuerza en los últimos tiempos. Ambas tienen bastante sentido, pero le confieren una nota aún más extraña a esta obra supuestamente infantil. Por un lado, Carina Garland indica que el mundo entero creado por Carroll en este texto se expresa a través de representaciones de comida y apetito. Alicia se mueve por impulsos de hambre, y conforme crece o disminuye en tamaño su relación con las demás criaturas varía, sube y baja en la cadena alimenticia. Hay muchas referencias al canibalismo, ya que los animales de la historia se alimentan de otros animales tan antropomórficos como ellos. Garland concluye asimismo que la sonrisa del Gato de Cheshire es un recordatorio carnívoro de nuestra propia mortalidad. ¿Curioso, verdad? Pues no tan curioso como la segunda teoría.

Para otros teóricos, la historia de Alicia no es más que un gran compendio de nociones matemáticas. Ya sea una sátira, donde Carroll se burlaba de las nuevas tendencias matemáticas que comenzaban a surgir en su tiempo (sobre todo aquellas que se referían a las geometrías no euclídeas), o un estudio real que alabase las posibilidades de esta nueva clase de matemáticas, aparecen a lo largo del texto todo tipo de conceptos relacionados con este campo de saber: el límite de una función, sistemas de numeración diferentes a la decimal, cambio de variables… No hay que olvidar que, ante todo, Carroll era científico. Incluso hubo rumores (si bien Carroll los negó en varias ocasiones) de que cuando la reina de Inglaterra terminó de leer su obra infantil y expresó su deseo de recibir más libros de este escritor tan maravilloso, este le envió uno de sus tratados matemáticos.

¿Qué otras interpretaciones extrañas y alternativas conocéis de textos famosos? Esperamos vuestra aportación, como siempre, en los comentarios.

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Los libros de autoayuda ya no son lo que eran (I)

AutorGabriella Campbell el 24 de enero de 2013 en Divulgación

Autoayuda y superación

Ante la palabra autoayuda, se despiertan en nuestro cerebro varias ideas relacionadas, y es posible que muchas de estas ideas sean de lo más críticas. Se trata de una tendencia, un tema, un subgénero que podemos encontrar en el mercado editorial y que puede asociarse a obras repletas de palabrería barata, fábulas ingenuas, fórmulas mágicas y muchísima tomadura de pelo en general.

Pero el mercado avanza, nuestros gustos cambian, y a pesar de la abundancia de charlatanes, supersticiones y del pensamiento mágico enamorado de las soluciones fáciles y milagrosas, vemos con cierta curiosidad cómo los libros que antes prometían resolver todos nuestros problemas han ido cambiando. Poco a poco esas fórmulas han evolucionado. Hay un señor llamado Paulo Coelho que opina que el Ulises de James Joyce es un libro vacío, y que vende, aun ahora, una cantidad de ejemplares nada despreciable, al igual que otros enamorados del cuento y de la parábola como Jorge Bucay y similares. Pero estos ahora son puentes, libros intermedios entre aquella profusión de obras que prometían hacernos felices y la nueva corriente que lleva un tiempo abriéndose paso en nuestras librerías. Lo que se nos viene encima es mucho más gordo pero, sorprendentemente, bastante más inteligente.

La nueva ola de autoayuda ya no se llama autoayuda. Hay demasiadas connotaciones negativas y anticuadas en este sentido. Con la nueva ola hablamos de superación personal o incluso de life hacking, una expresión que simboliza a la perfección esta nueva tendencia de buscar atajos o hacks para mejorar nuestra vida. El uso de un término asociado a la informática y a la tecnología de la comunicación no es gratuito; esta nueva ola nace, sobre todo, en línea, en los blogs y webs especializadas. Muchos de los libros de esta nueva corriente surgen, precisamente, de estos sitios web, y muchos son autoediciones, por obra y gracia de Amazon o Kickstarter, pero otros son los niños predilectos de sellos editoriales tradicionales. Como en todo, hay charlatanes y promesas vacías, pero el discurso carece de credibilidad si no va acompañado de una demostrada documentación o una larga experiencia en el campo tratado. Los nuevos autores de superación personal no son solo los autores, son los sujetos de sus propios experimentos, hombres y mujeres aparentemente normales que han alcanzado cotas de productividad y superación muy notables. Y no uso la palabra productividad en vano, ya que esta se ha convertido en la nueva panacea de este mercado de no ficción: donde antes queríamos ser más felices, ahora parece que queremos ser, ante todo, más productivos e independientes. La eficiencia se ha convertido en la máxima virtud.

Al mismo tiempo, aparece una contraposición clara a esta necesidad de rentabilidad laboral y personal, una corriente que busca los mismos objetivos (máximo rendimiento con mínimo estrés) a través de caminos muy distintos. Frente al lifehacking de autores como Tim Ferriss, Gina Trapani o David Allen, otros autores recurren a la meditación, al budismo zen y al minimalismo para obtener los mismos resultados. ¿Pero dónde comenzó este cambio, este paso del sentimentalismo a la metodología fría y calculada de los nuevos escritores de autoayuda? Lo veremos en la segunda parte del artículo.

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Las interpretaciones menos conocidas de textos muy conocidos (I)

AutorGabriella Campbell el 23 de enero de 2013 en Divulgación

Sherlock Watson

Las teorías de la conspiración no se aplican solo al mundo político y económico; cualquiera que le haya echado un simple vistazo al mundo de la crítica literaria (sobre todo a la académica) se habrá dado cuenta de que este está repleto de hermenéutica un tanto cogida por los pelos, por no decir absurda. No obstante, algunas de estas interpretaciones nos hacen dudar, ya que tienen cierta lógica retorcida, o directamente nos hacen reír. A continuación os enunciaré las más disparatadas, curiosas e intrigantes que he podido encontrar.

Tal vez mi favorita sea la que desarrolló un grupo de psicólogos acerca de Winnie The Pooh, ese entrañable osito que vive en un mundo idílico rodeado de amiguitos que son, como él, peluches en forma de animales que conviven con el niño Christopher Robin. La publicación científica Canadian Medical Investigation Journal presentó un artículo en el año 2000 en el que diagnosticaba a cada uno de los miembros de este feliz mundo con una dolencia mental: Pooh tenía un caso severo de déficit de atención; Piglet sufría de ansiedad; el burrito Eeyore, por supuesto, era depresivo; Tigger era hiperactivo y el dulce Christopher Robin mostraba predisposición a sufrir problemas de identidad sexual.

Otra teoría que no deja de ser llamativa es la que propuso la página web estadounidense Cracked. Si bien este sitio es de humor, y no hay que tomárselo demasiado en serio, la idea tiene su gracia: Hogwarts es todo un producto de la imaginación de Harry Potter. Potter es en realidad un niño maltratado, que crea un mundo de fantasía en su mente para evadirse de su dura realidad; las tropecientas veces que Harry acaba en la enfermería por heridas relacionadas con grandes batallas mágicas son en realidad el resultado de las palizas recibidas por parte de familiares abusivos. Una teoría, como veis, de lo más deprimente.

La teoría más popular, sobre todo ahora que tenemos tantas versiones de cine y televisión interpretadas por actores jóvenes y atractivos, es aquella que insiste en la relación homosexual entre los personajes de Conan Doyle: Sherlock Holmes y su fiel Watson. Los aficionados a esta teoría insisten en el subtexto, en esa lectura entre líneas de dos hombres que vivían juntos y adoraban su mutua compañía, por mucho que uno de ellos terminara por casarse (aun así, su relación con Holmes no cambiaba) y que el otro manifestara cierto interés por una de las pocas mentes que pudo vencer a la suya: la fabulosa Irene Adler. No obstante, el interés de Holmes por Adler parece ser meramente platónico y de sincera admiración; parece más interesado, en un sentido casi pasional, por su némesis Moriarty. Holmes rechaza la presencia de mujeres en su vida por una razón fría y lógica: considera que serían una distracción para su trabajo, lo cual implica que el sexo femenino sí tiene poder, en teoría, para distraerlo, para interesarlo. Watson sería un compañero ideal para sus pesquisas intelectuales, al no despertarle la más mínima emoción. Aun así, las interpretaciones más recientes de la obra de Conan Doyle, aquellas que hemos visto últimamente en la gran y pequeña pantalla, juegan con descaro con las inferencias contemporáneas de dos hombres que viven y trabajan juntos y que demuestran poco o escaso interés en el sexo opuesto. Toda una herramienta de guionistas modernos, sin duda, pero os dejo un pequeñísimo detalle de lo más curioso: hay teorías que apuntan a que el responsable de que Conan Doyle no abandonara a su personaje más conocido tras la publicación de Estudio en escarlata fue Oscar Wilde, tras un encuentro en el hotel Langham de Londres. El encuentro fue para cenar con un editor estadounidense, pero parece ser que ambos escritores quedaron encantados el uno con el otro, y que se inspiraron mutuamente.

En la segunda parte del artículo os hablaremos de más interpretaciones y teorías llamativas acerca de libros muy conocidos.

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Ciudad abierta, de Teju Cole

AutorRaquel Vallés el 22 de enero de 2013 en Reseñas

Ciudad abierta - Teju Cole

Ciudad abierta es la primera novela larga de Teju Cole y con ella consiguió hacerse con el premio Pen Hemingway en 2012.

El protagonista es Julius, un joven psiquiatra de origen nigeriano, que da largos paseos por la ciudad de Nueva York. De carácter solitario e introvertido, su visión de la rutina, de la cotidianidad, ofrece una imagen personal de la ciudad, como no podría ser de otro modo, pues es a través de estos paseos en los que nos cuenta qué ve, sus conversaciones con desconocidos, sus divagaciones, como vamos conociendo al protagonista en un monólogo continuo trufado de referencias a la cultura, la música clásica o a la historia europea.

A Julius su propio carácter le obliga a mirar el mundo desde cierta distancia, aunque quizás sea el desarraigo, el hecho de ser un mestizo en su país, hijo de un nigeriano y de una alemana, y un africano en el resto. Este desarraigo puede ser el que le lleva hasta Bruselas en busca de su abuela, alemana de Berlín que tuvo que sufrir, como toda Europa, la Segunda Guerra Mundial.

La ciudad abierta, Nueva York en este caso, es una ciudad de acogida, donde tienen cabida los desarraigados, aquellos que huyen, donde no es necesario buscarse porque está tan herida como ellos mismos. Como ciudad de acogida, Nueva York ha abierto sus brazos a judíos huidos de la Alemania nazi, a otros europeos llegados de las diferentes guerras y hambrunas, a africanos en busca de futuro desde un continente a la deriva… y ha construido su carácter a través de las historias de los refugiados. Pero no es hasta el 11-S cuando comprendió a aquellos a los que acogía, cuando no fueron los huidos sino que el terror lo que llegó.

Ciudad abierta no es una novela al uso, no hay una historia que seguir, ni unos personajes con los que empatizar mientras buscan el éxito superando dificultades. Es una novela que nos regala una visión de nosotros, que nos obliga a preguntar qué es aquello que nos define, son nuestras raíces, nuestra historia, es como nos ven los otros, o son nuestros actos. O finalmente, lo que nos define ¿no será aquello de lo que huimos?

Hasta dónde puede llegar nuestra capacidad para el autoengaño, para tapar heridas propias o ajenas, hasta qué punto podemos cerrar una herida narrando la historia de otra forma o construyendo un monumento.

Teju Cole ofrece una historia breve, sensible pero nada amable, llena de referencias y de pequeñas historias, de las que apetece releer apenas acabada la última página. Un libro para regalar y recomendar.

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Premios literarios para 2013 (II)

AutorAlfredo Álamo el 21 de enero de 2013 en Noticias

Grandes premios literarios 2013

Seguimos con nuestro repaso a algunos de los premios literarios más importantes en lengua castellana que se convocan cada año, con la esperanza de que alguno de vosotros, nuestros lectores, se anime a participar y, por qué no, acabe por ganarlo.

La literatura infantil y juvenil se ha convertido en uno de los sectores más importantes de la industria editorial, así que sus premios más importantes son objeto de deseo por parte de numerosos autores. Si queréis probar suerte en este complicado mundo de la LIJ, lo mejor es que tengáis en cuenta certámenes como los que convoca SM, Gran Angular para juvenil y El barco de vapor para infantil, que cuentan con 50.000 euros de premio, el Premio Edebé, con 25.000 para la modalidad infantil y 30.000 para la juvenil, y el Ala Delta, de Edelvives, con 12.100 euros para el ganador.

Si lo tuyo no es tanto la narrativa como el arte de la poesía, además de un buen número de convocatorias locales deberías prestar atención al Hiperión, que cuenta con gran prestigio pero ninguna dotación, excepto la publicación, el Loewe, que sí que cuenta con una gran dotación: ¡20.000 euros!, y el Adonáis (siempre que tengáis menos de 35 años).

Para los aficionados al cuento también hay numerosas convocatorias. Destacaría algunas como el Max Aub, con 8.000 euros de premio, el Juan Rulfo, con 5.000, o el de Narrativa Breve de Ribera del Duero, que se convoca cada dos años y ofrece nada más y nada menos que 50.000 euros al ganador. Casi nada.

En cuanto al ensayo, la oferta es más reducida, pero tenemos el Isabel de Polanco (que convoca Taurus) con 100.000 dólares de dotación, el Anagrama, que otorga 8.000, o el Jovellanos, con 21.000. También hay que decir que el nivel de exigencia formal y temática de estos premios es muy alta, así que es mejor participar con obras revisadas cien veces (por lo menos).

Si, pese a todo, estáis empeñados en la novela tradicional, además de los que os comentamos en el artículo anterior, no estaría de más hablaros del Biblioteca Breve, que organiza Seix Barral, el Fernando Lara o el Café Gijón.

Suites Imperiales, de Bret Easton Ellis

AutorAlfredo Álamo el 19 de enero de 2013 en Reseñas

Suites Imperiales - Bret Easton Ellis

Bret Easton Ellis es uno de los nombres más conocidos de la literatura estadounidense contemporánea. Aunque el bombazo internacional le llegó con American Psycho -y su adaptación al cine-, Ellis comenzó su carrera con un libro prometedor, Menos que cero (también adaptado a la gran pantalla), que decidió recuperar veinticinco años después con Suites Imperiales.

Así pues, Ellis recoge a los mismos personajes que dejó a mitad de sus vidas y vuelve a explotar la fórmula de la autoficción, arriesgada moda literaria, que, sin embargo, en sus manos funciona perfectamente. Siguiendo un poco el estilo de Lunar Park, aunque menos metido en sí mismo, seguimos a un Ellis/Clay guionista, escritor y paranoico a través del universo paralelo del Los Ángeles de los ricos y famosos. Nada que ver con la locura de Glamourama, pero sí que toca ciertos temas comunes en sus últimos libros: la sensación de sentirse vigilado, el no poder escapar de una situación decadente, la línea difusa entre el mundo de las drogas y el real…

Ellis muestra la preproducción de una película y el enjambre que se monta a su alrededor, la sensación de poder de los productores, el director, el guionista y la necesidad, el hambre casi doloroso, de fama que buscan actores y actrices, muchas veces convertidos en meros trozos de carne. Clay -el álter ego de Ellis-, se ve atrapado en esa espiral de dominio y dependencia mientras trata de sobrevivir a trompicones, reaccionando con cada golpe que recibe siempre en busca de su propio beneficio.

Lo cierto es que en Suites Imperiales, una novela corta, Ellis es capaz de contarnos mucho más de los que otros consiguen con mil páginas llenas de relleno. Imprescindible para sus seguidores del autor americano y para todos los que se sientan atraídos por conocer la trastienda más sórdida del negocio del cine.

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Seis personajes literarios en busca de un buen bofetón (II)

AutorJuan Manuel Santiago el 18 de enero de 2013 en Divulgación

Personajes que buscan que les peguen

Los méritos de los personajes masculinos abofeteables que enumerábamos en la entrada anterior palidecen al lado de personajes femeninos como la ya de por sí pálida Bella Swan, la niñata que protagoniza las novelas de la serie Crepúsculo, de Stephenie Meyer. El problemón, inmenso, es que Meyer concibió este personaje para que las lectoras de la saga se identificaran con él, y ya ven ustedes el ejemplo que da. Porque a fin de cuentas, sus peripecias en Crepúsculo tienen su razón de ser: es nueva en la ciudad, un poquito inadaptada debido a sus circunstancias familiares, y vamos, que le falta un hervorcillo. Pero a partir de Luna nueva, de verdad, de verdad de la buena que se merece todo lo que le pasa. Mucho más insufrible que la Sookie Stackhouse de Charlaine Harris (quien, a fin de cuentas, tiene sentido del humor y una gracia pizpireta que hace que incluso nos caiga bien, a ratos), Bella consigue eclipsar a todos sus rivales en la reñidísima categoría de protagonistas tontolabas de novela juvenil. (Venga, confiesen que ustedes también rezaban para que la Comadreja se cepillase de la manera más dolorosa posible a Katniss nada más comenzar los Juegos del Hambre.) No es poco mérito.

Aunque para niñata inaguantable, la simpar Pollyanna, de Eleanor H. Porter. El optimismo casi patológico de Pollyanna roza el conformismo y lo reaccionario, hace que todas las protagonistas de novelones románticos decimonónicos parezcan unas señoras centradas (desde Emma Bovary hasta Anna Karenina, pasando por las hermanas Dashwood y, fíjense en lo que les digo, por Catherine la de Cumbres borrascosas) y, de paso, puede decirse que se inventa los libros de autoayuda. Ah, qué lástima que la autora no hubiera nacido medio siglo después: en vez de vender sus obras en los estantes de literatura infantil y juvenil, habrían tenido que ponerla entre El caballero de la armadura oxidada y las obras completas de Paulo Coelho. De verdad que no habíamos visto a ningún personaje de ficción más desconectado de la realidad desde el niño de La vida es bella; pero claro, el problema es que las novelas de Pollyanna marcaron a toda una generación de optimistas casi patológicos que se las leyeron mientras cruzaban el Atlántico camino de alguna trinchera en la batalla del Marne, y así les fue; no sé si me explico.

Y a modo de conclusión, allá va el único de los seis personajes cuya inclusión tuve clara desde que se me ocurrió escribir esta entrada del blog: Galadriel. Sí, señores, ¿de verdad alguien se cree el rollo de la superioridad moral de los elfos, esos personajes que consiguen encabronar a todas las razas de la Tierra Media entre sí para que provoquen una guerra devastadora que, de hecho, acaba con la Tercera Edad, y acto seguido pongan pies en polvorosa largándose a Avalon como un alguacil de campo de concentración cualquiera que aprovechase la confusión subsiguiente a la caída del régimen para aposentar sus reales en un resort cualquiera de la Costa del Sol o de la Patagonia? ¡Pero un poquito de por favor! Galadriel es una manipuladora que se camela a un pueblerino voluble como Frodo para exponerlo a una muerte que habría sido segura si no fuera porque J. R. R. Tolkien se tiró el rollo y lo convirtió en el héroe de la historia. Un bicho, un auténtico bicho de mírame y no me toques que, encima, va de santita por la vida. Ya le gustaría a Cersei Lannister llegarle a la punta de las orejas…

A todo esto, ¿cuáles son vuestros personajes literarios más abofeteables? Os esperamos, como siempre, en los comentarios.

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Nuevo libro de Dan Brown en 2013: Inferno

AutorAlfredo Álamo el 17 de enero de 2013 en Noticias

Inferno nueva novela Dan Brown

Como siempre que Dan Brown anuncia nuevo libro, el sector editorial se mueve con alegría: Inferno, así se titula, tendrá un lanzamiento editorial mundial el 14 de mayo de 2013 y su publicación en castellano correrá a cargo de Planeta.

En Inferno, Brown retoma las aventuras de su personaje fetiche, el experto en iconología y simbología religiosa Robert Langdon, que, al parecer, volverá a perderse un semestre de clases en Harvard para enfrentarse a un nuevo misterio. En esta ocasión, el profesor Langdon tratará de averiguar las claves secretas ocultas en la obra más famosa de Dante Alighieri, la Divina comedia, con especial atención, está claro, a la parte dedicada al Infierno. La novela estará ambientada en Europa, así que supongo que la ciudad de Florencia -donde Dante escribió La divina comedia- tendrá un papel fundamental en la historia.

La Divina comedia es una obra fundamental, por no decir LA fundamental, de la literatura italiana. Dante tardó más de diez años en escribirla y de sus primeras ediciones no se ha salvado ningún ejemplar. Es a partir del siglo XV cuando aparecen ya unas versiones establecidas que han conformado el texto tal y como lo conocemos. El Infierno es el primero de los lugares que visita Dante junto con Virgilio -que también le acompañará en el Purgatorio, pero no en el Paraíso-, y seguro que en la mente de todos está la estructura de los nueve círculos llenos de pecadores que Brown va a utilizar en su novela.

Con Inferno, Dan Brown busca volver a ocupar el primer puesto de ventas en todo el mundo, algo que consiguió con El código Da Vinci (de hecho es la novela más vendida de los últimos treinta años) y que no le salió tan bien con El símbolo perdido que, pese a su indudable éxito, no logró el mismo nivel.

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Alejados del mundanal ruido: Escritores ermitaños

AutorGabriella Campbell el 16 de enero de 2013 en Divulgación

Escritores ermitaños

En el artículo que publicamos en Lecturalia sobre Emily Dickinson, hablamos de la personalidad casera y aislada de la poeta estadounidense. Pero Dickinson es solo una más en una larga lista de escritores que han preferido la vida retirada y oculta frente a las luces y el espectáculo de la fama que han perseguido muchos de sus colegas.

Ya sea porque realmente necesitan paz y tranquilidad para escribir, porque no han sabido lidiar con las mieles agridulces del éxito o por su naturaleza introvertida, tenemos un buen manojo de ejemplos en este sentido. Uno de los más famosos es Cormac McCarthy, de quien hasta hace poco no se sabía casi nada: no acudía a entregas de premios ni aceptaba entrevistas. Perdió esta costumbre durante un tiempo muy limitado, cuando apareció, para sorpresa de todos, en la entrega del Oscar para la película No es país para viejos, basada en su obra homónima; más tarde incluso apareció en un programa tan conocido como Oprah. Este entusiasmo le duró poco, y enseguida regresó a su hogar en algún lugar de Nuevo México.

Otro recluso popular es Bill Watterson. Puede que su nombre no os resulte familiar, pero seguro que conocéis su creación más aplaudida: la serie de viñetas de Calvin y Hobbes, que narra las aventuras de un niño muy imaginativo y su mejor amigo, un tigre de peluche. No solo se mantuvo alejado del contacto con los medios de comunicación; durante toda su vida se ha negado a que se comercialicen sus personajes, para evitar que pierdan integridad al convertirse en meros productos de merchandising. Dejó de publicar en 1995, y a día de hoy nadie parece saber por dónde anda.

Algunos han llevado esta reclusión más lejos. J. D. Salinger, autor del famosísimo El guardián entre el centeno, no solo se resistía a las entrevistas y a las apariciones en público, sino que escribía texto tras texto sin terminar de decidirse por su publicación. Uno de sus vecinos aseguraba que el autor le había confesado que tenía unas quince novelas sin entregar a ninguna editorial; Salinger definía el acto de publicar como una maldita interrupción. Sus pocas apariciones mediáticas eran aquellas que realizaba como parte de procesos judiciales: participó en unos cuantos para intentar impedir la publicación de biografías no autorizadas y otras obras relacionadas de forma directa con su escritura y su persona (de entre estos casos destaca la secuela a El guardián entre el centeno que lleva años intentando publicar una editorial sueca).

Y cómo olvidar a Proust que, tras la muerte de sus padres en 1903 y 1905, se aisló en su apartamento parisino, donde se dedicaba exclusivamente a escribir, escribir y escribir. Apenas dejaba su vivienda, en la que destacaba un dormitorio insonorizado con paredes de corcho para que nada lo molestara, y donde perdía por completo la noción del tiempo. Eso, desde luego, es dedicación al oficio (con un toque de locura).

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Seis personajes literarios en busca de un buen bofetón (I)

AutorJuan Manuel Santiago el 15 de enero de 2013 en Divulgación

Personajes que buscan que les peguen

Observarán que no he titulado esta entrada Los cinco personajes literarios MÁS abofeteables porque la historia de la literatura es tan rica y compleja que resulta imposible abarcarlo todo. Esta es, pues, una lista poco exhaustiva, y completamente subjetiva.

¿Quién no se ha desesperado leyendo una buena novela cuyo protagonista es un sieso y, digámoslo claro, realmente hostiable? Por supuesto, la estulticia de algunos de ellos es un efecto buscado por los autores. ¿Qué gracia tendría incluir en este listado a Joffrey Baratheon? Ya está claro que es hostiable; es más, tanto George R. R. Martin como los guionistas de HBO se encargan de que el muchacho reciba hasta en el carné de identidad. Y a manos de su tío el enano, que duele más. O qué decir de Augustus Gloop y Veruca Salt, los consumidores compulsivos de chocolate más famosos de la historia de la literatura, con permiso de Bridget Jones… (¡Te queremos, Roald Dahl!)

No, en realidad quiero hablarles de seis personajes (tres chicos y tres chicas) que se merecen la peor de las suertes a pesar de sus autores, quienes, sospecho, tienen muy buen concepto de ellos, e incluso los consideran sublimes. Pongámonos, pues, manos (y puños, llegado el caso) a la obra.

Comenzaré con Kvothe, el protagonista de la Crónica del Asesino de Reyes, de Patrick Rothfuss, de la que hasta el momento han aparecido dos entregas de más de mil páginas cada una: El nombre del viento y El temor de un hombre sabio. ¿Qué tiene Kvothe que lo convierte en un cretino de armas tomar? Para empezar, el rollito ese retrospectivo de que sepas que yo soy un tío que ha hecho cosas terribles, que supongo que veremos en la tercera parte, porque lo que es en las dos primeras, lo más chungo que ha hecho es pasarse trescientas páginas jugando a ser Karate Kid y persiguiendo como un imbécil a una chica que no hace más que jugar con él y calentarle la bragueta (pero ¿es que no lo ve?). ¿Kvothe ha fidelizado a su público lector haciéndonos empatizar con un personaje igualico que sus lectores? Podría ser. Porque como nuestro aprendiz de mago favorito no espabile en la tercera entrega de la serie, muy complicado va a tener que lo quite de la lista negra. Y miren, al incluir a Kvothe ya sobrentendemos a la interminable legión de trasuntos del Héroe de las Mil Caras, desde Frodo Bolsón hasta Ender Wiggin, pasando por Harry Potter y Paul Atreides.

Pero vamos, nada que ver con lo que cualquier lector con dos dedos de frente acabaría haciéndole a Daniel, el protagonista de La posibilidad de una isla, de Michel Houellebecq, de quien es un clarísimo álter ego. Sin la gracia del álter ego de Bret Easton Ellis en Lunar Park, llega un momento en el que nos la trae absolutamente floja lo que le pase o le deje de pasar en el trasunto de secta raeliana en la que se ve inmerso, y hasta consigue que nos caiga bien la pedorra de su mujer: pobrecita, aguantar a un pieza así… Vale, no es un héroe al uso, y seguro que la intención del autor era convertirlo en un antihéroe, y desde luego no consigue fastidiarnos la que por otro lado es una buena novela, pero qué quieren que les diga, es el único personaje prescindible de La posibilidad de una isla…; al menos, en la trama que se desarrolla en el tiempo presente. Luego se despersonaliza, por así decir, y gana enteros e interés. Y total, para qué molestarse en hostiarlo, si bastante tiene con lo que tiene…

Aunque para personaje exasperante, Hamlet, el auténtico y original príncipe de Dinamarca. Recapitulemos, y dígannos si existe algún otro personaje que perpetre mayor cantidad de despropósitos por línea de diálogo a lo largo de la historia de la literatura. Para empezar, pierde una oportunidad de oro para quitarse de en medio a su tío magnicida. Después deja que los invasores noruegos le entren hasta la cocina porque está demasiado pendiente de dilucidar si quiere o no quiere a Ofelia. A continuación va y mata a su mejor amigo por no saber distinguir al fantasma de su padre. Por si fuera poco, le hace luz de gas a Ofelia hasta que esta se vuelve tarumba… Y todo esto, nada más que a mitad de obra. ¿Quieren que siga? En resumen, Hamlet es uno de los principales responsables de la mindundización imparable de la sociedad occidental, que encima va y adopta como arquetipo canónico al personaje más borderline que ha dado la literatura británica, mucho más que Romeo Montesco, quien al fin y al cabo no era más que un adolescente en plena efervescencia hormonal, y caaaasi al mismo nivel que Winston Smith, un chollo de súbdito para cualquier Gran Hermano que se precie.

Pero no se crean que aquí solo pringarán los personajes masculinos. Tenemos tres personajes femeninos que demuestran que la abofeteabilidad literaria no entiende de género, ni de época, ni de idioma, ni de cultura. Ya verán, ya verán.

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