Lecturalia Blog: reseñas, noticias literarias y libro electrónico

113.480 libros, 24.682 autores y 95.042 usuarios registrados

Escritores y sin embargo hermanos (I)

AutorJuan Manuel Santiago el 12 de agosto de 2013 en Divulgación

El desencanto

En una entrada de este blog hablábamos de Gerald Durrell, y de cómo su inmenso talento como zoólogo queda ensombrecido (aunque, para quien esto escribe, tal vez no tanto) por el de su hermano mayor Lawrence. No es el primer caso de hermanos escritores, ni el último. Aunque los estilos, temáticas e intereses de ambos Durrell se parecían como un huevo a una castaña, lo cierto es que haber crecido en el mismo sustrato cultural ayuda a adquirir aficiones o profesiones similares.

Muchas veces, estos hermanos pueden crecer como literatos a la sombra de un padre omnipresente, como en el caso de los Panero, cuya existencia conoce la mayoría gracias al díptico fílmico formado por El desencanto (Jaime Chávarri, 1976) y Después de tantos años (Ricardo Franco, 1994) o la canción de Nacho Vegas, pero cuyas obras tal vez no sean tan conocidas, por desgracia. Leopoldo Panero, poeta áulico del régimen franquista y hermano asimismo de otro poeta, Juan, se casó con la también escritora Felicidad Blanc y engendró tres hijos que acabaron siendo escritores: Juan Luis, el ya mentado Michi y, por supuesto, el divina y locamente genial Leopoldo María.

Las sagas literarias son habituales. Si los Panero se convirtieron en una metáfora del franquismo porque la sombra de un padre estricto que encarnaba los valores de un régimen opresivo los desarraigó y convirtió en malditos (no me lo invento yo, lo dicen ellos en El desencanto), los Goytisolo no les van a la zaga. El detonante de la poética de la familia Goytisolo es la muerte de la madre, Julia Gay, en 1938 durante uno de los durísimos bombardeos franquistas a Barcelona. Ello explica el exilio voluntario de Juan en París y Marraquech, y el enfoque de la realidad española que realiza en Señas de identidad o Reivindicación del conde don Julián. También explica la trayectoria poética del mayor de los hermanos, José Agustín, que le dedicó a su madre uno de los poemas más famosos de la Generación de los 50: Palabras para Julia. Y, por supuesto, explica los artificios literarios del pequeño de la saga, Luis, quien se atrevió a enmendarles la plana nada menos que a Stanislaw Lem, James Joyce y Patrick Hannahan.

Aunque claro, para hermanos literatos, los Machado, Antonio y Manuel. Puestos a convertir familias en metáforas, los Machado lo son de las dos Españas, de la que ha de helarte el corazón y de la otra, pues la guerra civil los enfrentó: Antonio quedó en el bando republicano, y Manuel, en el nacional. La peor parte, en lo personal, se la llevó Antonio, claro está, que falleció en el exilio de Collioure pocas semanas después del fin de la contienda, aunque justo es reconocer que los méritos literarios de Manuel son innegables y, en ocasiones, no tienen nada que envidiar a los de Antonio. En todo caso, también nos quedan sus colaboraciones, que las hubo. Y ese será el asunto de otra entrada de este blog: la de los hermanos literatos que escriben en coautoría.

Pero puestos a rizar el rizo, acá va un póker de hermanos escritores: Charlotte, Emily, Anne y el benjamín Branwell Brontë, autores de Jane Eyre, Cumbres borrascosas, Agnes Grey y… y…, bueno, ¿quién se acuerda?, respectivamente.

Autores relacionados Autores relacionados:
Anne Brontë
Antonio Machado
Charlotte Brontë
Emily Brontë
Gerald Durrell

Calibre, la biblioteca del ebook

AutorAlfredo Álamo el 10 de agosto de 2013 en Divulgación

Calibre

Descargar ebooks está sustituyendo el tradicional viaje a la librería de la esquina y muchos, bien por estar en contra del DRM, por tener un ereader que sólo lee un formato específico o bien por pura comodidad, necesitan de un un buen gestor de libros electrónicos.

Calibre es el gestor de ebooks más usado del mundo, algo debido en gran parte a que fue uno de los primeros programas gratuitos que, además de funcionar como biblioteca, incorporaban funciones que hoy en día se han demostrado como imprescindibles. Ya desde 2006, Calibre presentaba la capacidad de convertir formatos, como por ejemplo de .azw o .mobi (los que lee el Kindle) a ePub o PDF.

Capaz de sincronizar con la práctica totalidad de e-readers, Calibre se encarga de descargar datos e imágenes de cada libro y complementar de esa manera la información de la biblioteca. Además, otra de las grandes utilidades de Calibre es poder descargar varias fuentes de RSS y pasarlas a ePub antes de sincronizar con el reader.

Para los que tienen problemas para pasar formatos, como el .doc, Calibre tiene varios plugins que podéis encontrar e instalar con facilidad. Os recomiendo leer la ayuda del programa, sobre todo si queréis modificar ligeramente los epubs, ya que a veces, bien de origen o en la conversión de formatos, podemos encontrarnos con un ebook mal maquetado. Con cuatro ajustes lo podremos solucionar.

Otra de las ventajas de Calibre es que al ser el más utilizado, también tiene una gran comunidad de usuarios y de “manitas” que no hacen más que aportar nuevos trucos. Por ejemplo, si subes tu biblioteca de Calibre a Dropbox luego podrás sincronizar tu ereader en cualquier lado donde puedas acceder a tu cuenta. Son cosas sencillas, pero que dan mucho juego.

Sinceramente, Calibre me gusta más que el resto de programas que suelen sincronizar los ereaders, aunque hay que matizar una cosa: si vas a cumplir las condiciones legales de los ebooks que hayas comprado no te servirá para la mayoría de ellos: no es compatible con el Adobe DRM.

Las 5 mejores novelas de J. G. Ballard

AutorJuan Manuel Santiago el 9 de agosto de 2013 en Divulgación

La isla de hormigón - J. G. Ballard

Lo ideal habría sido hablar de las cinco mejores antologías de relatos de J. G. Ballard, pero el anuncio de la próxima publicación en castellano de sus cuentos completos hace ociosa esta tarea (de todos modos, no desesperen: seguro que escribo acerca de sus cinco mejores cuentos), por lo que nos centraremos en sus novelas. Como sucedía en la entrada sobre las cinco mejores novelas de Philip K. Dick, estas cosas van según el día que tenga uno: seguro que si hubiera escrito este artículo mañana, o ayer, estaría hablándoles de otras cinco novelas, como por ejemplo El mundo de cristal, La sequía, Rascacielos, El imperio del sol o Noches de cocaína, todas ellas magistrales. El caso es que las obras mencionadas en esta entrada son plenamente recomendables, y nos permiten hablar de uno de los autores visionarios que ha ayudado a redefinir el espacio interior de miles de lectores de todo el mundo.

El mundo sumergido (publicada en 1962). El Londres poscatastrófico que nos presenta esta novela, en la que el mundo regresa a su estado prehistórico y los instintos humanos se rebajan al cerebro reptiliano, se puede sondear en obras tan dispares como El club de la lucha, de Chuck Palahniuk (con las proclamas de Tyler Durden hablando de cómo será el mundo después del triunfo de su revolución), o la película Doce monos, de Terry Gilliam, en la que vemos como el paisaje interior, el subconsciente reprimido, emergen al mundo exterior y pueblan las calles con nuestros miedos y sueños en forma de animales de zoológico huyendo en desbandada. Ballard va más allá de las novelas de catástrofes y nos ofrece un alucinante viaje interior y exterior hacia un mundo descabellado y fascinante a partes iguales. Además, Kerans es un prototipo de personaje ballardiano, individualista e insondable.

Crash (publicada en 1973). Tal vez la más conocida de las novelas de Ballard, gracias sobre todo a la impecable adaptación que realizó David Cronenberg en 1995, Crash siempre ha sido objeto de debate: ¿es o no es ciencia ficción? En mi opinión, sí lo era en el momento de su escritura, y tal vez en el de la aparición de la película, pero ahora es realismo puro y duro. Cosa que, por otro lado, es muy frecuente en la obra de Ballard. El tratamiento que da de la sexualidad mutante propiciada por el elemento tecnológico, con arreglo al cual somos unos cíborgs incapaces de excitarnos sin ayudas externas y mecánicas, unos seres que jamás alcanzaremos el orgasmo si no median accidentes de coche y celebrities, es de lo más enfermizo que se ha escrito nunca… lo cual incluye libros muy enfermizos del propio Ballard, como la recopilación de relatos La exhibición de atrocidades.

La isla de hormigón (publicada en 1974). ¿Cómo? ¿Que estoy equivocado y su verdadero título es La isla de cemento? Pues depende. En la edición antigua de Minotauro, sí; pero en la última reedición de RBA el título es La isla de hormigón. En todo caso, se trata de la «robinsonada» más extrema de la historia de la literatura: Maitland, el protagonista, queda encallado en una isla situada en la ronda de circunvalación de Londres. Los automóviles de paso, incapaces de reparar en nada que no sea la carretera, lo separan de una ciudad de ocho millones de habitantes, lo cual acentúa su soledad (y la nuestra, por ende), y lo condena a formar su propia sociedad, apartado de todo y, sin embargo, apenas a unos metros de la civilización. Una metáfora brutal de la soledad y la incomunicación a las que nos somete la tecnología moderna.

Furia feroz (publicada en 1988). Esta novelita corta, que tardó dios y ayuda en aparecer publicada en español, es la piedra angular de la última etapa de Ballard. Sin ella no existirían ni Noches de cocaína (que es la novela que casi todos habríais incluido en este listado, como representante de la última etapa de Ballard, ¿a que sí?) ni Super Cannes ni Milenio Negro. La historia entrecruzada de un asesinato múltiple en una urbanización de lujo con la desaparición y posterior aparición de sus habitantes más jóvenes nos habla de un mundo instalado en el aquí y el ahora, sin ningún maquillaje ni decorado tecnológicos o naturales que nos distraigan: el futuro, evidentemente a peor, está gestándose aquí y ahora, y tiene protagonistas a los hijos de las clases acomodadas. Los pijos heredarán la tierra… no sin antes liarla parda. Una novela que de verdad, de verdad que quita el aliento.

La bondad de las mujeres (1991). Las novelas autobiográficas de J. G. Ballard son las grandes incomprendidas de su producción literaria, acaso por la larguísima sombra de la predecesora de esta, El imperio del sol (1984), que todos conocemos gracias a la película de Steven Spielberg. Pero lo bueno, lo realmente bueno, comienza cuando el pequeño Jim sale de Shanghái y aterriza en un Reino Unido de posguerra que, a decir verdad, era mucho más marciano que la China invadida por los japoneses. Vemos aquí los veinte siguientes años en la vida de Jim, y todo el proceso que lo lleva a convertirse en J. G. Ballard, escritor alucinado, visionario imprescindible, mitómano femenino impenitente, y frágil padre viudo de familia. Tal vez lo cuente mejor en Milagros de vida, pero se trata de una autobiografía, mientras que La bondad de las mujeres es una novela autobiográfica. No es lo mismo, y esta entrada versa sobre las novelas de Ballard.

Autores relacionados Autores relacionados:
James Graham Ballard
Libros relacionados Libros relacionados:
Crash
El mundo sumergido
Furia feroz
La bondad de las mujeres
La isla de cemento

La búsqueda del tesoro, de Andrea Camilleri

AutorAlfredo Álamo el 8 de agosto de 2013 en Reseñas

Como cada año tenemos cita con la nueva novela de Andrea Camilleri y el comisario Montalbano, una fecha anotada en el calendario de todos los fieles seguidores de la obra del autor italiano, que sigue fiel a su estilo irónico y fresco, afilado como una cuchilla con la que diseccionar el comportamiento humano.

Este es el libro protagonizado por el comisario siciliano que hace veinticuatro, una cifra que se dice pronto pero que revela toda una vida ligada a un personaje. Para aquellos que no sepan nada de esta divertida serie de novela criminal, explicarles que Silvio Montalbano es comisario en la ciudad siciliana de Vigata, donde las cosas se hacen con calma, el calor en verano es terrible, las playas son hermosas y, en ocasiones, suceden los más terribles actos de violencia.

En esta ocasión Camilleri aprieta más el acelerador que de costumbre. La trama se inicia con un tiroteo y con el propio Montalbano ejerciendo de héroe, algo que no le gusta nada y le sienta peor. La búsqueda del tesoro llevará al comisario a una competición enferma, a disputar un juego que empieza como una anécdota, un pasatiempo, pero que acabará por enfrentarle a uno de los mayores retos de su carrera. Al mismo tiempo, y como es habitual, tendrá que lidiar con su complicada situación personal -en la que intervendrán dos muñecas hinchables- y librarse del control de sus superiores a base de echarle muchísimo morro.

La búsqueda del tesoro me ha parecido una historia mucho más dinámica que los últimos libros de Camilleri, donde el diálogo interior de Montalbano y sus reflexiones sobre la vejez y la enfermedad se hacían eternas y repetitivas. En esta ocasión la trama posee más interés sin dejar de lado esos momentos «Montalbano hablando con Montalbano» que ya son marca de la casa. Como siempre, la novela termina cuando acaba el caso, sin epílogos ni explicaciones accesorias, dejando caer el telón cuando la obra lo necesita.

Autores relacionados Autores relacionados:
Andrea Camilleri
Libros relacionados Libros relacionados:
La búsqueda del tesoro

Historias interminables (II)

AutorGabriella Campbell el 7 de agosto de 2013 en Divulgación

Saga de los Aznar

En la primera entrega de este artículo os hablamos de una serie alemana, Perry Rhodan, que probablemente sea la saga de libros más larga de la historia. Hay muchas otras sagas larguísimas, de múltiples volúmenes, pero pocas pueden siquiera acercarse a esta producción de space opera de más de 2600 tomos, que además sigue sumando volúmenes. Y no es la única saga alemana que quita el hipo, si entramos en el terreno fértil del libro infantil, la obra TKKG (el título está formado por las iniciales de los niños protagonistas) lleva más de 160 tomos y es una de las series de detectives más populares del país. Goza, además, de una exitosa adaptación a audio y a videojuego.

Una de las sagas más conocidas, aunque no la más larga, es la serie de fantasía épica La rueda del tiempo, escrita por Robert Jordan, que quedó en manos de Brandon Sanderson tras la muerte del autor original y que ha terminado hace relativamente poco, gracias a las anotaciones y textos dejados por su predecesor. Consta de catorce libros (veinte en la edición española), así que, como veis, aunque suele mencionarse como referente de sagas largas, no es, ni mucho menos, de las más extensas. Las novelas vinculadas al Mundodisco, por ejemplo, de Terry Pratchett (aunque no forman un solo arco argumental), se acercan ya a los cuarenta tomos, y la de Wild Cards, escrita por bastantes autores distintos en un universo común de superhéroes, supera ya las veinte entregas. Todos estos ejemplos pertenecen al género de lo fantástico: está claro que la creación de mundos maravillosos da mucho de sí en cuanto a desarrollo y extensión.

En España, más allá de las novelas por entregas y del folletín tradicional, despuntan algunas colecciones que se han hecho un lugar en nuestro canon literario. El ejemplo más conocido es, sin duda, el de Los episodios nacionales de Benito Pérez Galdós, una novelización histórica que contaba con la friolera de 46 obras, divididas en cinco historias, donde el autor insertaba personajes ficticios que aportaban una perspectiva muy personal a eventos reales de la historia de España. Pero también hay obras larguísimas que no han entrado en el acervo clásico y que, sin embargo, han contado con un seguimiento fervoroso por parte de sus lectores. De nuevo nos encontramos con el género de la ciencia ficción, en concreto con la space opera: hablamos de La saga de los Aznar, de Pascual Enguídanos, que escribió la serie con el seudónimo de George H. White. Se trata de 54 novelas, que en 1978 recibieron el premio de Mejor serie europea de ciencia ficción en la EuroCon de Bruselas y que a día de hoy siguen gozando de buena salud en determinados círculos de aficionados.

¿Qué otras series de libros larguísimas conocéis? ¿Creéis que merece la pena engancharse a una saga, sabiendo lo que nos queda por delante (por no hablar de la posibilidad de cancelaciones, pérdida de calidad a lo largo del tiempo o incluso la muerte del autor)? Esperamos vuestras opiniones en los comentarios.

Autores relacionados Autores relacionados:
Benito Pérez Galdós
Brandon Sanderson
Pascual Enguídanos Usach
Robert Jordan
Terry Pratchett
Libros relacionados Libros relacionados:
Episodios nacionales I

Extraños textos sin descifrar: El manuscrito Voynich

AutorGabriella Campbell el 6 de agosto de 2013 en Divulgación

Manuscrito Voynich

A lo largo del tiempo, se han ido encontrando determinados textos que, a día de hoy, siguen dejando perplejos a historiadores, lingüistas y criptógrafos. Uno de los casos más famosos es el manuscrito Voynich, un texto fechado en el siglo XV que contiene numerosas ilustraciones de lo más curiosas, además de estar escrito en un lenguaje indescifrable. Su función y contenido han vuelto locos a expertos de todo el mundo, y entre las teorías más populares destaca la creencia de que podría tratarse de un herbario (por la gran cantidad de imágenes de plantas que aparecen, si bien estas no se corresponden con plantas conocidas), ya fuera alquímico (en la línea de libros repletos de plantas inexistentes que creaban los curanderos para impresionar a clientes potenciales) o astrológico.

Se ha postulado que podría tratarse de una gran estafa, de un texto escrito en un lenguaje inventado sin sentido, pero investigaciones recientes han puesto en duda esta hipótesis: el Dr. Marcelo Montemurro de la Universidad de Manchester y el Dr. Damian Zanette del Centro Atómico Bariloche e Instituto Balseiro de Argentina aseguran haber encontrado patrones lingüísticos en el texto, por lo que este sí contendría un mensaje. Esta teoría, no obstante, la niega de manera enfática el lingüista Gordon Rugg, que defiende desde el 2003 el carácter fraudulento del misterioso escrito, afirmando que el hecho de que las secuencias no sean aleatorias no prueba que se trate de algún tipo de lengua desconocida.

El texto recibió su nombre en honor a Wilfrid Voynich, el anticuario que lo tuvo en su posesión desde 1912 hasta su muerte en 1930. Se trata de un libro pequeño de 23,5 cm por 16,2 cm, de unas 240 páginas, llenas de ilustraciones. Se sabe que perteneció a Rodolfo II, Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico (entre 1576 y 1612), que lo compró por 600 ducados de oro (unos 70000 euros en dinero de hoy en día) y que creía que había sido creado por Roger Bacon; Rodolfo era un coleccionista ávido de peculiaridades, y el texto lo cautivó por completo. La autoría del manuscrito es desconocida, pero hay todo tipo de teorías que apuntan hacia el propio Bacon; hacia John Dee, un astrólogo de peso de la época; o hacia Edward Kelley, el compañero alquimista de Dee, famoso por mantener largas conversaciones con ángeles y similares, que hablaban en el idioma de Enoc. Se postula que, igual que pudo inventar el “enoquiano”, también podría haber creado la lengua utilizada en el manuscrito Voynich. El descubrimiento, por otro lado, en 1921, de unas palabras casi borradas en la primera página del manuscrito apuntan a Jacobus Sinapsius, médico personal de Rodolfo II, que fue también dueño del texto. Aunque la creencia de que fue Bacon su creador es la más popular, la autoría del manuscrito sigue siendo un misterio absoluto.

Como era de esperar, este texto, escrito de derecha a izquierda con un margen irregular, se ha convertido, por lo extraño de su escritura y lo bello de sus imágenes, en un favorito de aficionados a la criptografía, por no hablar de amantes de lo sobrenatural y esotérico. Lo cierto es que la propia estética de la obra recuerda a creaciones tan oscuras como la pintura de Hieronymus Bosch: ininteligible pero hermoso a la vez. Por ahora el manuscrito mantiene su misterio, y dudo que pierda nunca su capacidad de fascinación.

Lecturas veraniegas: Unas cuantas de piratas

AutorJuan Manuel Santiago el 5 de agosto de 2013 en Divulgación

Historia de la piratería

Aunque la franquicia de la Disney (ya saben, la de Johnny Depp) y algunas novelas como En costas extrañas de Tim Powers llevan un par de décadas intentando resucitar el género de piratas, lo cierto es que esta temática no parece levantar cabeza, ni ser sombra de lo que fue. De hecho, y si exceptuamos de manera colateral el videojuego Monkey Island, a duras penas podríamos afirmar que las novelas y películas de piratas formen parte de la educación sentimental de cualquiera que tenga menos de cuarenta y tantos años. Atrás quedaron las películas de Burt Lancaster y Errol Flynn, la teleserie Sandokán, o incluso la película de Roman Polanski que, intuyo, intentaba relanzar el género y no hizo más que echarle la paletada definitiva a su tumba, hasta que Johnny Depp lo resucitó.

Sin embargo, no quiero hablarles de novelas de piratas, sino de la bibliografía en la que suelen basarse estos. En efecto, casi todas las narraciones de piratas escritas de siglo y medio para acá beben, en mayor o menor medida, de dos ensayos monumentales, creo que bastante accesibles y muy entretenidos que merece la pena leer. Y de una autobiografía, no sabemos si fiable pero igualmente entretenida.

Por un lado tenemos la Historia general de los robos y asesinatos de los piratas más famosos, obra de 1724 firmada por un tal capitán Charles Johnson y que suele atribuirse a Daniel Defoe (sí, el de Robinson Crusoe, Diario del año de la peste y Moll Flanders), aunque también podría ser de un tal Nathaniel Mist. Se trata de una cuarentena de biografías, desde Barbanegra hasta William Kidd, que vienen a describir lo mejor de cada casa, sobre todo si esta casa estaba en el mar Caribe. Para bien y para mal, este ensayo configuró la idea general que tenemos de los piratas, ya que sirvió de inspiración para La isla del tesoro, de Robert Louis Stevenson…

… hasta que llegó Philip Gosse y nos regaló la Historia general de la piratería (1932), una obra muchísimo más documentada, fidedigna y, si me quieren entender, próxima al realismo sucio, que configuró la idea general que los narradores de la segunda mitad del siglo XX se formaron de los piratas, no solo de los caribeños sino también de los mares del Sur. Tal vez no sea tan entretenida como la de ¿Daniel Defoe?, pero sí es mucho más erudita, e igualmente disfrutable.

Pero claro, estas dos obras no dejan de ser ensayos basados en opiniones de segunda mano. Si quieren un testimonio directo y fidedigno de lo que era la vida pirata, no dejen de leerse la autobiografía de uno de ellos… o, más bien, del médico de a bordo de un barco pirata. Bucaneros de América, de Alexandre Olivier Exquemelin, apareció nada menos que en 1678, cuando la piratería británica y holandesa se encontraba en el apogeo de su actividad y ponía en peligro real (¡y de qué manera!) la economía española. Exquemelin nos cuenta cómo es secuestrado por unos piratas, llevado a la isla de la Tortuga y, una vez allí, se da a la vida pirata, como cirujano de a bordo del famosísimo pirata Morgan. La parte en la que narra el asedio de Panamá es de traca, créanme. Imposible encontrar más épica y más barbaridades en tan pocas páginas.

Autores relacionados Autores relacionados:
Daniel Defoe
Libros relacionados Libros relacionados:
Historia general de los robos y asesinatos de los más famosos piratas

Escritores y sin embargo, parejas (II)

AutorJuan Manuel Santiago el 3 de agosto de 2013 en Divulgación

En otra entrada veíamos varios ejemplos de escritores emparejados con gente del gremio, tanto autores como editores, agentes, publicistas, traductores o fotógrafos. Prosigamos.

Una de las edades de oro de las relaciones creativas se produjo en los primeros años del siglo XX, tanto en París como en Inglaterra. En un ejercicio de creatividad literaria, no cuesta nada imaginarse las vidas cruzadas de tres de estas relaciones, cuyos caminos debieron de confluir en más de una ocasión, documentada o no.

Observarán que no empleo el término pareja porque, en ocasiones, las relaciones iban algo más allá. ¿Cómo obviar el trío que formaron Henry Miller, su mujer June y Anaïs Nin? ¿Algún crítico o estudioso podría ilustrarnos con un diagrama de barras que nos mostrara qué miembros del Círculo de Bloomsbury estuvieron o dejaron de estar liados con qué otros?

A veces la cosa era menos convencional para los parámetros de la época, como la relación entre Gertrude Stein y Alice B. Toklas, dos de los pilares de la Generación Perdida en París. Y qué decir de la que mantuvieron Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir…

Si nos ceñimos a nuestras fronteras, resulta obligado hablar de Rafael Alberti y María Teresa León, otra de esas relaciones de larguísima duración en las que a veces resulta difícil distinguir dónde termina uno y dónde comienza el otro. Pruebe el lector a alternar las lecturas de Memoria de la melancolía y La arboleda perdida, dejar pasar un tiempo, evocar pasajes concretos de ambas y ¡descubrir que ya no sabe a cuál de las dos obras pertenece!

Alberti y León eran dos talentos con inquietudes temáticas y artísticas similares, pero otras sociedades igualmente talentosas suelen llevar unas trayectorias literarias casi antitéticas de las de sus parejas. ¿Qué puntos de encuentro hay entre las obras de Almudena Grandes, la autora de novelones como Las edades de Lulú o Inés y la alegría, y las de su esposo Luis García Montero, uno de los mejores poetas españoles vivos? ¿En qué punto se dan la mano Manolito Gafotas, la genial creación de Elvira Lindo, y novelas fundamentales del último tercio de siglo como Beltenebros, El jinete polaco y Ardor guerrero, de Antonio Muñoz Molina?

Una pareja que tuvo claro que la mejor manera de potenciar sus respectivas obras era escribir en colaboración fue la que formaron Catherine L. Moore y Henry Kuttner, a veces bajo el seudónimo de Lewis Padgett y a veces con sus verdaderos nombres. Juntos crearon algunos de los relatos más entrañables de la llamada Edad de Oro de la ciencia ficción.

Aunque claro, en ocasiones las parejas se rompen de mala manera, y no solo resulta imposible la colaboración sino que además afloran los egos o incluso los talentos ocultos. El caso más singular al respecto es el de Joan D. y Vernor Vinge. La primera fue forjando una sólida carrera como autora de ciencia ficción a finales de la década de 1970, que culminó con obras como Ojos de ámbar y Reina de la nieve, y comenzó un lento declinar durante las dos décadas siguientes… justo cuando la carrera literaria de su ya exmarido, que hasta aquel momento había sido mediocre, por decirlo fino, comenzó a despegar con clásicos indiscutibles del ciberpunk, la ciencia ficción dura y del space opera como True Names, la serie de las Burbujas (La guerra de la paz y Naufragio en tiempo real) y Un fuego sobre el abismo, respectivamente.

Autores relacionados Autores relacionados:
Almudena Grandes
Anaïs Nin
Antonio Muñoz Molina
Catherine L. Moore
Elvira Lindo
Libros relacionados Libros relacionados:
Ardor guerrero
Beltenebros
El jinete polaco
Inés y la alegría
Las edades de Lulú

Historias interminables (I)

AutorGabriella Campbell el 2 de agosto de 2013 en Divulgación

Perry Rhodan

¿Cuántas veces os habéis interesado por un libro pero habéis decidido no leerlo porque formaba parte de una trilogía, una tetralogía o incluso una saga? Es inevitable que nos dé pereza empezar con un grupo de libros que necesitan de una continuación tras otra: sabemos que invertiremos tiempo y dinero en una historia que podría engancharnos por simple intriga, incluso en el caso de ser una lectura mediocre.

No obstante, de vez en cuando picamos y nos sumergimos en mundos complejísimos, desarrollados a lo largo de varios volúmenes. Y antes de que alguien piense en el ejemplo más evidente, esa saga que a todos nos dio miedo empezar porque ni siquiera está acabada (sí, Canción de hielo y fuego), os diré que la cosa podría ser muchísimo peor.

Podríamos hablar, por ejemplo, de una de las sagas de libros más largas de la historia: Perry Rhodan. Esta serie alemana de novelitas tipo pulp enmarcadas en la space opera es, posiblemente, la serie de ciencia ficción de mayor éxito del mundo, aunque parece ser que nunca se ha traducido al español. Y no es de extrañar, cualquier traductor se llevaría las manos a la cabeza si tuviera que enfrentarse a más de 2600 libros. Sí, habéis leído bien. La serie comenzó allá por el 1961, y de ella han surgido numerosos spin-offs y todo tipo de adaptaciones (cine, música, videojuego…). Aunque fue creada por K. H. Scheer y Clark Dalton, hoy en día está en manos de un grupo especializado de autores, que se reúnen de forma periódica para decidir futuros arcos argumentales de la obra y establecer tramas a largo plazo. Con motivo del quincuagésimo aniversario de la World Con (convención mundial de fantasía y ciencia ficción), en 2011 se inició una publicación llamada Perry Rhodan Neo, que pretendía ser una especie de reinicio de la serie, que esta vez comenzaba en el año 2036 (en la serie original se iniciaba en 1971, con la llegada del hombre a la Luna). La serie original sigue vivita y coleando: la publicación más reciente que he podido encontrar es de mayo de 2013. Parece que queda Perry Rhodan para rato, aunque es muy probable que nunca lo veamos en nuestro idioma. Y es una auténtica lástima: aunque es inevitable que en una serie tan larga haya unos cuantos volúmenes infumables, el universo en el que se mueve Perry es de lo más interesante: multiversos, hiperespacio, superinteligencias… sin duda hace uso de lo más divertido de su género. Pero ninguna editorial de fuera de Alemania ha sido capaz de seguirle el ritmo; lo han intentado estadounidenses, finlandeses, brasileños y muchos más, pero nunca han llegado a traducir y publicar todos los ejemplares. Los que más se han acercado han sido los holandeses, que llegaron a ofrecer dos mil volúmenes.

Hay muchas más sagas dignas de mención, aunque ninguna llega a los niveles de este gigante alemán. En la próxima entrega de este artículo analizaremos algunas de ellas.

Escritores y sin embargo, parejas (I)

AutorJuan Manuel Santiago el 1 de agosto de 2013 en Divulgación

Miller y Monroe

La escritura, como la política, produce extraños compañeros de cama. Y no me refiero a las crónicas rosas de los festivales literarios, sino a los casos (bastante frecuentes, todo hay que decirlo) en los que ambos miembros de una pareja se dedican al noble arte de la escritura, o a disciplinas relacionadas. Hagámonos cargo: el mundo editorial es profundamente endogámico, todo el mundo se conoce y, en un momento determinado, es inevitable que una cosa lleve a la otra.

Tenemos casos de parejas famosas de escritores desde hace mucho, mucho tiempo. Podríamos remontarnos a Percy y Mary Shelley para encontrar una sociedad literaria y afectiva funcional. Más allá de la famosísima velada en Villa Diodati que dio origen al Frankenstein de Mary Shelley, la sociedad formada por esta pareja se extendió más allá de la (trágica) separación, pues, como veremos en otros casos, Mary se aventuró en una prolífica (y muy desconocida) carrera literaria y, no menos importante, se encargó de custodiar el legado de Percy; en ser su agente literario, editora y albacea, que diríamos ahora. No es el primer caso de miembro de una pareja que preserva y difunde el legado narrativo de su compañero fallecido, ni el único, aunque sí uno de los más llamativos. Aquí podríamos dar nombres, y sacar a colación premios Nobel gallegos, o argentinos ciegos, pero esto tal vez daría para una entrada aparte. Bástenos citar otro ejemplo de asociación bastante funcional y ventajosa: el premio Nobel portugués José Saramago y su traductora y compañera, Pilar del Río.

Estas relaciones pueden ser impredecibles, como el caso de la famosísima aviadora Amelia Earhart, quien se casó con George Putnam, el encargado de publicitar sus travesías aéreas y, más tarde, verdadero agente literario y editor, amén de (y aquí entramos en la crónica negra) el organizador de las expediciones encaminadas, sin éxito, a encontrar el avión a bordo del que se encontraba Earhart en el momento de su desaparición mientras sobrevolaba el océano Pacífico.

Otra relación algo chocante, aunque lógica dadas las trayectorias ideológicas y personales de ambos, fue la que unió al escritor Dashiell Hammett, el padre de la novela negra tal como la conocemos (doy por hecho que todos ustedes han leído Cosecha roja o La llave de cristal, ¿verdad?), con la crítica literaria, dramaturga y guionista Lillian Hellman (La loba, La calumnia). Si quieren saber más sobre Hellman, vean esa maravillosa película que es Julia (basada en una obra suya, Pentiment).

Aunque claro, si hablamos de escritores intelectualísimos emparejados con la última persona con quien uno esperaría que se emparejaran, supongo que todos ustedes pensarían en Arthur Miller y Marilyn Monroe. O, si son demasiado eruditos, en Arthur Miller y la fotógrafa Inge Morath.

Como ven, hay muchos ejemplos de relaciones entre escritores; tantos que necesitaremos otra entrada para comentarlos todos.

Autores relacionados Autores relacionados:
Arthur Miller
José Saramago
Lillian Hellman
Marilyn Monroe
Mary W. Shelley
Libros relacionados Libros relacionados:
Cosecha roja
Frankenstein o el moderno Prometeo
Julia
La llave de cristal