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Letras en peligro de extinción

AutorVíctor Miguel Gallardo el 11 de noviembre de 2010 en Noticias

Letra Y

Ya hablé en otro post de la letra eñe y de algunas de sus características, desmontando el mito de que es exclusiva de la lengua española. Afortunadamente para todos, nuestra querida eñe, que ya intentó ser defenestrada por las autoridades comunitarias (sin mucho éxito), goza de una salud envidiable: no sólo es impensable su desaparición de nuestro alfabeto, sino que se ha convertido en el símbolo por antonomasia de los millones de hablantes de nuestro idioma en todo el mundo. No corren la misma suerte otras letras.

Así, dos de ellas fueron degradadas en 1994 durante el X Congreso de Academias de la Lengua Española, en Madrid. Tanto la elle (“Ll”) como la che (“Ch”) fueron expulsadas entonces de forma definitiva del alfabeto, aunque han seguido siendo consideradas letras del idioma español justo hasta hace unos días. El caso de estos dos dígrafos es particular dentro de nuestro abecedario, desde luego: la elle, por ejemplo, no apareció como letra hasta la cuarta edición del Diccionario de la Real Academia, en 1803, por lo que no llegó a los dos siglos de implantación. Sin embargo, para muchos de los que memorizamos hace años nuestro alfabeto, la che y la elle son letras imprescindibles, aunque (o quizás debido a que) las nuevas generaciones de alumnos no vayan a estar tan familiarizadas con ellas.

El nuevo órdago de la RAE, más allá de la “expulsión” de che y elle, está trayendo cola: si ya hace tiempo que la letra “i latina” abandonó su apellido para ser conocida simplemente como “i”, ahora le llega el turno a su prima helénica, aprobándose el cambio de denominación de la “i griega”, que pasará a llamarse exclusivamente “ye”. El cambio de nomenclatura afecta también a otras letras, y tiene por objetivo el que cada una de ellas tenga un solo nombre, sea el país que sea. No entiendo demasiado este cambio: no todas las letras de nuestro alfabeto se llamaban igual en todos los países de habla hispana, siendo especialmente llamativos los ejemplos de la be y la uve, que eran llamadas, respectivamente, be grande, be larga o be alta y ve, ve chica, ve corta y ve baja dependiendo del país. También hay gente que a la erre la llama “ere” (yo mismo lo hago, para diferenciarla del dígrafo “Rr”). Todo esto ha cambiado ahora: muchos hispanoamericanos tendrán que adaptarse ahora a las denominaciones “be” y “uve”, mientras que en España haremos lo propio con la “ye”. ¿De verdad molestaban estas denominaciones?

No son los únicos cambios polémicos: me gustaría que cualquier académico me explicara por qué es más correcto escribir Catar que Qatar, o por qué “guión” pasa a ser obligatoriamente “guion” si yo percibo en esta palabra claramente un hiato. Lo de las tildes diacríticas en los demostrativos o en el adverbio “sólo” tampoco es muy comprensible: ¿debemos dejar de usarlas aunque haya ambigüedad y se pueda inducir al error?

Muchas son las voces que se alzan tras cada Congreso o nueva edición del DRAE en contra de los designios de los académicos, pero difícilmente podrán enojar más que ahora a una buena parte de la población en años venideros, o al menos eso espero. Yo, por lo pronto, seguiré llamando “i griega” a la “y” y escribiendo quórum en vez de cuorum o quorum (en cursiva y sin tilde, como si se tratara de un extranjerismo y no de una palabra con siglos de historia en nuestro idioma).

Michel Houellebecq, Premio Goncourt 2010

AutorRaquel Vallés el 10 de noviembre de 2010 en Noticias

El mapa y el territorio

El mapa y el territorio de Michel Houellebecq ha ganado el premio Goncourt de novela, el más importante concedido en las letras francesas a una novela. Si bien el premio parecía cantado ya que Houellebecq, quien había sido finalista en otras dos ocasiones, partía como gran favorito, el carácter poco convencional del escritor hace esperar que convierta en polémica este fallo; muchos periodistas estarían desencantados si no lo hiciera.

La carte et le territoire es la quinta novela del francés, afincado en el sur de España, que en relativamente pocos años ha conseguido ser comparado con Albert Camus o ser considerado por algunos el mejor escritor francés vivo. Si su primera obra Ampliación del campo de batalla fue toda una sorpresa que le convirtió en uno de los autores a tener en cuenta, Las partículas elementales le consagraron para muchos. Luego llegó la polémica Plataforma, cuya descripción sobre el turismo sexual, acompañado de unas poco políticamente correctas declaraciones sobre el islam, sobrepasaron a la novela que fue un éxito de ventas, eso sí.

De Houellebecq se puede esperar buena literatura y pocos paños calientes. El mapa y el territorio, que aparecerá en España a final de año, es una descripción de la Francia contemporánea, centrándose en el mundo del arte, en una historia que se promete mordaz y despiadada, y en la que el autor se autoparodia.

El premio Goncourt lleva otorgándose desde principio del siglo XX a la mejor novela publicada en lengua francesa, siendo un premio meramente simbólico pero que ha conseguido gracias a la calidad de su selección ser el más importante de Francia y la obra premiada suele convertirse en un éxito de ventas. Novelas como El amante de Marguerite Duras, La roca de Tanios de Amin Maalouf o A la sombra de las muchachas en flor de Marcel Proust, son algunas de las obras galardonadas a lo largo de estos más de cien años de premios. El año pasado la ganadora fue Tres mujeres fuertes de Marie NDiaye editada es España por Acantilado.

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Descargar gratis La caída de los gigantes y CEDRO

AutorAlfredo Álamo el 9 de noviembre de 2010 en Noticias

La caída de los gigantes

Descargar gratis La caída de los gigantes, la última novela de Follet, era posible a las pocas horas de que se pusiera a la venta, justo igual que cualquier película en DVD o disco de moda. Lo cierto es que comprar el libro para un ebook es bastante farragoso y necesitas de un lector compatible con el DRM de Adobe para poder leerlo, así que, por poner un ejemplo, todos los usuarios de Kindle no pueden acceder a ese libro en concreto. Sin embargo, con una simple búsqueda en Google cualquiera podía acceder a una edición libre.

Al cabo del tiempo, en el blog de Kindlespain decidieron poner un enlace a uno de los cientos de lugares donde está almacenado el ebook, señalando, además, la diferencia de precios entre las ediciones españolas y las americanas. De repente saltan todas las alarmas, CEDRO deja un mensaje en el blog pidiendo la retirada del enlace. Como el blogger no hace caso se llega a bloquear de manera temporal -aprovechando la política americana de WordPress para derechos de autor-, el sitio web.

Aquí habría que matizar algunas cosas. La primera es que dejar un comentario en un blog no es la mejor manera de ponerse en contacto con alguien. Seguro que a partir de ahora desde CEDRO buscarán un poco más en las webs o en el WHOIS para conseguir un contacto más directo con el propietario del sitio. Lo segundo, que, tal y como está la ley ahora, enlazar a contenidos no es delito y que, aunque es probable que sea un ilícito civil -que no penal- en el futuro, la ley Sinde va a llevar muchísimo movimiento en los juzgados.

Sin embargo, está claro que CEDRO trata de realizar su función, aunque de una manera muy cercana a la SGAE y que puede degenerar, si sigue en la misma línea, en una gran pérdida de imagen pública. La actitud beligerante y la criminalización del usuario no ha conseguido nada en España en los últimos años, así que deberían plantearse el camino a seguir en los próximos meses, en los que la proliferación de libros digitales se va a disparar por mil.

Si la solución depende de demandas a diestro y siniestro se va a crear un conflicto de imagen entre CEDRO -y CEDRO son, a fin de cuentas, muchísimos escritores- y la gran parte de la ciudadanía. Lo que pasa es que los escritores tienen mucho más difícil lo de dar conciertos con entradas a quince euros y la solución de su modelo de negocio dista mucho de estar resuelto.

También habría que tener acceso a otro tipo de datos. ¿Cuántos libros lleva vendidos, sumando físico y digital, La caída de los gigantes? ¿Cuántos se habrán descargado gratis? ¿Cuáles eran los objetivos editoriales para este libro? ¿Se cumplen? ¿Ha llegado el fin de las tiradas gigantescas?

Igual dentro de tres o cuatro años desaparecerán las montañas de libros y los lineales comprados, dejando los best-sellers espacio en las librerías para otros títulos que hoy en día desaparecen bajo el peso de las grandes editoriales si tienen la mala suerte de coincidir con uno de sus faraónicos lanzamientos.

Pálido criminal, de Philip Kerr

AutorAlfredo Álamo el 8 de noviembre de 2010 en Reseñas

Pálido Criminal, de Philip Kerr

En Pálido criminal, Philip Kerr se adentra en uno de los temas más apasionantes del mundo nazi: el ocultismo y lo paranormal.

En esta ocasión la novela de Kerr, que continúa los hechos tratados en Violetas de Marzo, nos presenta a un Bernie Gunther establecido como detective privado en compañía de un viejo camarada de la Krippo. Juntos llevan la agencia especializándose en desaparecidos, un trabajo de lo más rentable en esa época previa a la II Guerra Mundial.

En esta ocasión, Kerr vuelve a utilizar un viejo cliché de las novelas clásicas: todos los casos que acepte un detective al mismo tiempo acabarán por estar irremediablemente relacionados. La investigación sobre un chantaje de tipo sexual llevará a Bernie a la clínica del doctor X, quien luego será un nexo de unión con otro trabajo, e incluso con la desaparición de Y, a quien Gunther no ha olvidado en absoluto.

Pero el caso principal de Pálido criminal es el asesinato ritual de varias jóvenes alemanas, arias y adolescentes, rubias y hermosas, ante el que la policía de Berlín se ve incapaz de actuar. Por ese motivo, Bernie Gunther es vuelto a llamar a sus filas, esta vez con el cargo de comisario, para atrapara a ese presunto asesino en serie, igual que atrapó, años atrás, a Z.

La investigación de esos crímenes, que van en aumento a medida que pasan las semanas, llevará a Gunther a verse envuelto en una conspiración que llega a usar el papanatismo de algunos nazis sobre el ocultismo y los ritos paganos germanos. A destacar el cameo de, entre los conocidos jerarcas como Himmler, Otto Rahn, uno de los artífices de ese movimiento esotérico que tuvo una gran influencia.

Poco más que decir, Kerr mantiene con Pálido criminal la línea marcada por Violetas de marzo y nos entrega una sólida pieza de novela negra, en la que destaca cómo Bernie Gunther va aceptando la realidad que le rodea poco a poco y se doblega a la presión constante del Partido Nazi.

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La discrimiación racial de Estados Unidos como nunca antes: Black like me

AutorVíctor Miguel Gallardo el 7 de noviembre de 2010 en Divulgación

Black like me

En 1961 se publicó en Estados Unidos un libro que fue una auténtica bofetada para gran parte de la sociedad de aquel tiempo. Se titulaba “Black like me” (“Negro como yo”), y estaba escrito por el periodista John Howard Griffin, que relataba la discriminación que sufrió durante un viaje al sur profundo de la Unión (Alabama, Luisiana, Georgia y Mississippi). Lo peculiar del caso es que Griffin era blanco.

Texano de nacimiento, Griffin estudió en Francia y ejerció como médico durante la Segunda Guerra Mundial, enrolado en la Resistencia, que le asignó ocuparse de un pabellón psiquiátrico, donde también ayudó a poner a salvo a varios niños judíos, perseguidos por la Francia de Vichy, aliada de la Alemania Nazi. Más tarde, cuando Estados Unidos entró en la guerra, dejó Europa y se incorporó al Ejército estadounidense, pasando más de tres años en el Pacífico, más concretamente en las Islas Salomón, donde convivió con los indígenas y desarrolló un interés en su cultura que cristalizaría en su novela de 1956 Nuni, de carácter semi-autobiográfico. En 1947 quedó ciego tras un accidente mientras estaba de servicio (para entonces ya había sido condecorado por su valor en combate), volviendo a su Texas natal, donde se dedicó a dar clases de piano y a escribir. En 1957, cuando ya nadie lo esperaba, recobró la visión; su década de oscuridad se vio reflejada en su obra Scattered Shadows: A Memoir of Blindness and Vision.

Fue en 1959 cuando se decidió a investigar la discriminación racial en el sur de los Estados Unidos, pero era consciente de que desde su posición de hombre blanco sólo podría acceder a una visión sesgada del tema. Se propuso aparentar ser un hombre negro, para lo cual se puso en contacto con un dermatólogo de Nueva Orleans, que le aconsejó una serie de drogas y de cremas que oscurecerían su piel, todo ello acompañado de arduas sesiones de bronceado. El pelo de Griffin era lacio, por lo que se afeitó la cabeza para disimularlo. Ya con su nueva identidad de afroamericano se instaló durante varias semanas en Nueva Orleans y en algunos pueblos de Mississippi, haciendo viajes complementarios a las vecinas Alabama y Georgia, viajando principalmente en autobús y haciendo auto-stop. El relato completo apareció en la ya mencionada Black like me, que se convirtió rápidamente en un best-seller, haciendo a Griffin un personaje muy popular en los años 60. Los problemas como hombre negro fueron constantes, incluso en lo más básico (como puede ser comprar comida, viajar o encontrar alojamiento), y aunque encontró a personas de raza caucásica que fueron amistosas con él (y especialmente interesadas en hacerles preguntas sobre su vida sexual), no fue lo habitual.

Pese a ser una celebridad, Griffin tuvo que abandonar su hogar texano debido a la manifiesta hostilidad de una parte del vecindario hacia él y su familia: lo consideraban poco menos que un traidor a la raza por haber puesto de manifiesto lo que todo el mundo sabía, que existían ciudadanos de primera y de segunda categoría en Estados Unidos. Se instaló en México, y siguió investigando y escribiendo acerca de relaciones entre razas y justicia social. Finalmente murió en 1980 a la edad de 60 años por complicaciones con su diabetes. No era el único problema de salud que arrastraba, y pronto apareció la leyenda urbana de que su muerte había sido provocada por los tratamientos que veinte años antes habían tratado de oscurecer temporalmente su piel.

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Lecturas no tan infantiles

AutorGabriella Campbell el 6 de noviembre de 2010 en Divulgación

Der Struwwelpeter

Como ya hemos hablado en otras ocasiones en este blog, hoy en día la literatura infantil y juvenil se ha vuelto, afortunadamente, bastante menos conservadora y moralista de lo que era antaño. Muchos libros dirigidos a adolescentes no temen incluir temas como el sexo, la violencia, las drogas o la muerte, como si el afán educativo se hubiese vuelto más realista y se diese cuenta de que es necesario tratar temas más cercanos al presente y a la situación posible de cualquier persona joven. Incluso los libros para niños comienzan a tratar temas socialmente candentes, como determinadas enfermedades o el problema de la discriminación racial o sexual. Sin embargo, ninguno de estos libros, de claridad cristalina, puede compararse con aquellas obras que, tal vez por su carácter sutil y difuso, repleto de símbolos, nos aterrorizaron, preocuparon o sencillamente incomodaron de pequeños, ya sea por las propias características de la obra, o porque se trataba de obras dirigidas a un público más adulto. Así, no me cabe la menor duda de que no fue muy acertado por mi parte leer Rebelión en la granja con doce años, o incluso la explícita La rata con quince, pero ninguno de ellos me provocó tanta inquietud como las obras de Hans Christian Andersen o incluso de Lewis Carroll. El “que le corten la cabeza” de la Reina Roja todavía me produce escalofríos, y algunas obras de Andersen que Disney y coetáneos se han encargado de dulcificar, como La sirenita o La reina de las nieves, son auténticos relatos de terror. Posiblemente, lo más cruel de Andersen era su intención moralizante, en La niña que pisó el pan, el autor danés presenta a una chiquilla que sufre los más elaborados tormentos como castigo a su soberbia, ya que pisa una hogaza de pan que ha tirado en un charco para no mancharse sus zapatos nuevos. Otra historia de este tipo, Los zapatos rojos, vuelve a purgar el pecado de una joven que se ha encaprichado de unos zapatos mágicos que no paran de bailar. El tormento de la protagonista, que llega a suplicar que le corten los pies con un hacha para poder dejar de danzar, es imaginativo y malévolo. Con todo, el lenguaje de Andersen es claro y sus propuestas quedan expuestas, tal vez el maleficio de Lewis Carroll se manifiesta en un lenguaje ambiguo y elevado, en el que los niños lectores se pierden y aturden. La moraleja perversa de Andersen recuerda a otro libro que marcó la infancia de tantos niños, Der Struwwelpeter, un compendio alemán de relatos ejemplarizantes donde los niños sufrían todo tipo de torturas por actos considerados perniciosos como, por ejemplo, chuparse el pulgar. Personalmente, me resultaría difícil decir qué me produjo más pavor durante mi infancia, si La doncella de hielo de Andersen, donde la fijación del autor escandinavo por el frío se traduce en la figura de una especie de sirena fatal de las profundidades glaciares, o el misterioso gato Cheshire, con su inconfundible sonrisa y palabras misteriosas. Seguramente, mucho más que la inmoralidad de los cerdos de Orwell.

A todo esto se une, por supuesto, el maestro del terror adolescente, Stephen King, que supo tocar la fibra sensible de tantos con obras como It o Christine, lo que explicaría la animadversión de tantos adultos de cierta edad hacia los payasos en general, o por qué a veces nos parece ver una sonrisa demoníaca en el frontal de un coche. Desde luego, a cada lector le afecta particularmente una serie de temas, una serie de cualidades. Y a ti, ¿cuál fue el libro que te quitó el sueño de niño?

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Piel de fantasma, de Rafael Marín

AutorAlfredo Álamo el 5 de noviembre de 2010 en Reseñas

Piel de fantasma

Para quienes no conozcan a Rafael Marín habría que decir que hablamos de una de las figuras claves de la ciencia ficción en los años 80 y 90, autor de novelas tan conocidas como Lágrimas de luz, La leyenda del navegante o su más reciente Juglar.

Marín, además de un gran novelista, cultiva el relato con singular precisión, aunque cada vez son menos los sitios en los que publicar literatura fantástica de manera profesional debido a la desaparición de la mayoría de revistas en papel, como Asimov, Artifex, Solaris o Gigamesh. Hacía mucho tiempo que no podíamos disfrutar de las piezas cortas de Marín, creo, si la memoria no me engaña, que su última antología fue Unicornios sin cabeza, publicada en la mítica colección de Ultramar en 1987.

Hay que alabar la valentía de la editorial AJEC a la hora de preparar este volumen de relatos, ya que hoy en día, según se dice, es casi un suicidio publicar antologías de cuentos y más si no tienen una «identidad temática» determinada. La portada es muy sugerente y no desmerece en absoluto a los relatos; estamos, pues, ante un libro muy interesante

La antología presenta varios de los cuentos de Marín a lo largo de los últimos años, con algunos de sus relatos más conocidos, como Bibliópolis, La piel que te hice en el aire o La sed de las panteras. Todos presentan la conocida habilidad técnica del autor, cuya vertiente cercana al terror, o a una cierta inquietud, no se ha prodigado como en la ciencia ficción o en la fantasía, aunque algunos esperemos la publicación de una novela completamente de género.

En cuanto a los relatos que forman la columna vertebral de la antología habría que señalar tres, Una canica en la plamera, El último suspiro y Son de piedra, quizá los más adscritos desde un principio al terror. El resto de cuentos es más completista, con curiosidades como A veces corren, un guiño zombie, o That’s all right, mama, un minicuento.

Sin duda, un libro de gran calidad y que nos da una oportunidad para conocer la obra corta de Marín, necesaria para cualquiera interesado en conocer el género fantástico escrito en castellano, lejos de la literatura juvenil donde parece haberse refugiado en busca de tiempos mejores.

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El libro electrónico: Guía fácil para editores

AutorAlfredo Álamo el 4 de noviembre de 2010 en Divulgación

Editor moderno

Después de un buen número de artículos en este blog dedicados al mundo del libro electrónico, los ebooks y los e-readers, me he dado cuenta que muy pocas veces nos hemos dirigido al que tiene la sartén digital por el mando: el editor actual.

Hemos hablado de los derechos de los autores, de los lectores, de definiciones varias, del mercado americano, de la situación imprecisa que vivimos en la industria editorial española, de lo que nos gustaría que fuese, de lo que viene con Google Books, de cómo los libreros tienen que adaptarse, en fin, de muchas cosas pero sin concretar unos cuantos mensajes que en muchas editoriales, por lo que he podido comprobar en los últimos meses, hacen falta como el agua. Vamos a ir por partes.

1. El iPad es una tableta no es un lector. Por mucho que a tu maquetador le vuelva loco y todos los diseñadores quieran uno y en el departamento de marketing te insistan porque hablar de Apple es ganar el favor de un sector de la prensa, un iPad sirve para leer libros de manera ocasional y es un mercado que tienes que tener en cuenta, pero no es EL mercado ni sus usuarios son los que debes buscar. Es más, cada vez que hablas del libro electrónico con un iPad como ejemplo son muchos los que piensan que no tienes mucha idea de lo que estás diciendo.

2. El DRM no funcionó con la música, así que no funcionará con tus libros. No importa lo que te cuenten, no hay protección que aguante. Los libros se podrán copiar quieras o no, lo único que consigues con el DRM es molestar a la gente que ha pagado por un libro y se encuentra que todo son problemas para poder acceder o compartir el material con otros de sus dispositivos.

3. El Kindle de Amazon se vende poco en España, pero es probable que suban sus ventas ya que es un modelo subvencionado. Su precio y la conexión 3G están pensados para que la gente compre libros. Es mejor tener a los fabricantes de e-readers como aliados, igual que a las teleoperadoras que pronto querrán entrar en el juego.

4. El precio. Es difícil de aceptar, pero si los precios son más altos que los libros de bolsillo tus potenciales compradores irán a por el bolsillo y el resto se lo bajará gratis. En el caso de que creas que la solución es no ponerlo en formato digital, no te preocupes: ellos lo harán por ti y es posible que hasta arreglen las erratas que se colaran en la edición, como ya está pasando.

5. Los usuarios no quieren todo gratis, lo quieren todo fácil. Haz que la compra de un libro sea una experiencia rápida y agradable, adórnalo de un halo social, que el libro electrónico y el físico se complementen de alguna manera. Innova. Piensa. Crea. No todo es venta directa, existe el alquiler, el acceso on-line, la fragmentación de obras…

6. Todo no va a cambiar de hoy para mañana. Estas cosas van lentas, muy lentas, y todavía quedan interrogantes por delante, pero lo que está claro es que hay que ir empezando a plantar las bases que nos servirán para que el mundo de la literatura siga adelante. Puede que creas que esto no va contigo pero, tarde o temprano, acabará por alcanzarte y para entonces es posible que te cueste muchísimo más subirte a los tiempos modernos.

Violetas de Marzo, de Philip Kerr

AutorAlfredo Álamo el 3 de noviembre de 2010 en Reseñas

Violetas de Marzo, de Philip Kerr

Violetas de Marzo, el primero de los libros protagonizados por Bernie Gunther de la serie Berlín Noir, publicado por Philip Kerr en 1989, es un ejemplo perfecto de novela negra contemporánea, ambientación y personajes creados con precisión.

Violetas de Marzo no es un título elegido al azar, durante el auge del nazismo en la Alemania posterior a la República de Weimar fueron muchos los que se pegaron al partido nazi a posteriori, esos recién llegados fueron llamados así por el propio Hitler.

En esta primera aventura -en orden de publicación, cronológicamente sería posterior a Si los muertos no resucitanKerr nos presenta a Bernie Gunther, ex inspector de la Krippo, la policía berlinesa, justo después de dejar su trabajo en el hotel Adón y que ejerce como detective privado, especializándose en localizar personas desaparecidas, un oficio con mucha demanda en la Alemania de 1936.

Para esta primera entrega, Kerr optó por un desarrollo clásico dentro de la novela negra. Sin dejar sitio a giros demasiado originales, el escritor escocés se centra en lo que sabe hacer bien, y la verdad es que lo borda. En Violetas de Marzo nos encontraremos a un magnate del acero quien contrata a Gunther para que encuentre al asesino de su hija y de su yerno, ofreciéndole una buena cantidad si recupera las joyas de la familia, robadas durante el crimen. A eso hay que sumar que la esposa del industrial es una espectacular actriz que no titubea en utilizar su cuerpo para beneficio propio y que Gunther se ve acosado, como parece que se convertirá en costumbre, por la Gestapo.

El peso de la narración recae en Bernie Gunther y sus frases demoledoras, su sarcasmo y desprecio por los nazis, una posición que si bien en este libro es muy patente, ya en la parte final -con la aparición del campo de Dauchau- nos lleva a un sentimiento que nace en Gunther y que será paradigma de la sociedad alemana de la época: el no querer saber nada, el no involucrarse, el dejarse llevar. Si el horror es demasiado fuerte como para enfrentarse a él, es mejor no hablar de ello y actuar por instinto.

En Violetas de Marzo, Gunther hará tratos ya con personajes tan importantes como Hermann Goering y, como siempre, acabará irremediablemente enamorado de una mujer misteriosa… más elementos clásicos de novela negra que Kerr integra a la perfección en el marco histórico elegido.

Exceptuando lo forzado del final, y eso es un detalle de apreciación personal, Violetas de Marzo es un libro muy entretenido, que ofrece un par de lecturas y que sienta las bases para una de las series de novela negra más importantes de los últimos quince años.

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El hombre que se esfumó, novela negra sueca de Sjöwall y Wahlöö

AutorRaquel Vallés el 2 de noviembre de 2010 en Reseñas

El hombre que se esfumó, de Sjowall y Wahloo

El hombre que se esfumó está protagonizado por el subinspector Martin Beck, creado por Maj Sjöwall y Per Wahlöö, siendo el segundo de los diez libros que escribieron sobre este personaje entre 1965 y 1975. Sjöwall y Wahlöö pretendían con sus obras hacer crítica social valiéndose para ello de la novela negra, uno de los géneros más recurridos para estos casos. No sólo consiguieron su objetivo si no que revolucionaron la novela policíaca.

En este punto, es muy recomendable el prologo de la autora escocesa Val McDermid que, tal y como hizo Henning Mankell en la edición de Roseanna, reconoce la influencia de los dos escritores suecos en su obra ya que consiguieron ampliar los horizontes literarios de la novela negra, presentando personajes más reales, menos heroicos, inmersos en situaciones que les pueden venir grandes.

En El hombre que se esfumó, tal y como parece ser la tónica del personaje, Beck se encuentra envuelto en un caso complicado que no avanza y donde buena parte de sus acciones son palos de ciego. La desaparición sin dejar rastro ni explicación de un periodista sueco, Alf Matsson, en Budapest en plena guerra fría hace intervenir al Ministerio de Exteriores que le encarga a Beck la búsqueda del periodista o, al menos, de una explicación, para lo que el subinspector abandona sus vacaciones y se traslada a la capital del Danubio. Si bien el asunto se está tratando con mucha discreción no le deja de extrañar la falta de colaboración de la policía húngara. Así, se encuentra en un país extranjero, del que no conoce el idioma, sin prácticamente pistas o ayuda y con un periodista por encontrar.

Además de la trama en sí, me ha llamado mucho la atención la descripción de Budapest, una ciudad llena de turistas y vida, alejada de la visión en grises que nos solemos encontrar cuando se habla de las capitales soviéticas. No debemos olvidar que los autores, Sjöwall y Wahlöö, eran comunistas declarados y que los acontecimientos que narran les son contemporáneos.

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