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Los mejores relatos de terror (I)

AutorAlfredo Álamo el 28 de octubre de 2011 en Divulgación

Relato de terror - Libros de Sangre

Si hay un campo en el que el género de terror destaque por encima de otros parientes de la literatura fantástica, ese es el del cuento y el relato corto. Pese a que la ciencia-ficción y la fantasía tengan grandes relatistas, el terror se convierte en un arma afilada y precisa cuando un buen escritor decide narrar de manera breve horrores con los que seducir y asustar a sus lectores.

Es más, me atrevería a decir que los grandes autores de novela de terror funcionan mejor en los terrenos cortos. Stephen King, sin ir más lejos, se pierde en novelas de miles de páginas repitiendo arquetipos de sus últimos libros, pero, sin embargo, muestra más frescura cuando se dedica al relato. Ahora mismo tenemos Todo oscuro sin estrellas como un ejemplo más de lo que es capaz de hacer el veterano de Nueva Inglaterra.

Algo parecido le pasa a Clive Barker, cuyas novelas, sobre todo las primeras, no acaban de avanzar sin dispersar la narración y, en ocasiones, hacer que el lector se pregunte qué es exactamente lo que trata de contar el autor. Sin embargo, Barker es un cuentacuentos magistral, incluso podría arriesgarme y decir que con sus primeros relatos de terror logró un impacto sobre los aficionados -y autores- del género que pocos han conseguido hasta el momento. Su dominio de la llamada «nueva carne» y su estilo que une lírica, garfios y mitología propia no ha sido superado todavía.

Por eso me gustaría destacar uno de esos cuentos, aparecidos en la conocida antología de los Libros de sangre en su primer volumen, En las colinas, las ciudades, como un ejemplo de lo que debería ser un buen relato de terror.

En primer lugar, teniendo en cuenta cuándo está escrito, 1984, el hecho de que la pareja protagonista sea homosexual y que contenga sexo explícito nos lleva a una importante característica: el desafío. De entrada nos enseña a una pareja exactamente igual que cualquier otra de sexo indefinido, y lo hace con una naturalidad y sentido del humor envidiable. Sin embargo, en los años 80 este tipo de relaciones producían más rechazo que ahora… al menos hasta hace poco. Lo dicho: Barker ya te dice que la cosa va a ir por donde él quiere, que va a ser poco complaciente con un lector generalista y que no sabes bien por dónde va a salir.

Luego, el lugar, ambientado en los Balcanes, un lugar mezcla de leyendas, comunismo, turismo incipiente, lo suficientemente alejado de la «sociedad conocida» pero todavía tan cercana que resulta plenamente reconocible, jugando con la idea de pasar de una ciudad cosmopolita a un erial en apenas un giro equivocado. Por supuesto, que los Balcanes sea un lugar histórico de luchas y matanzas desde tiempos inmemoriales ayuda bastante a crear ambiente.

La narración se desarrolla a dos niveles mientras Mick y Judd, la pareja turista, se adentra en busca de su próximo destino, mientras en el pueblo de Popolac se está organizando… bueno, se organiza una especie de… comunión masiva de carne y almas. No voy a contar más, ya que el cuento depende en buena forma de este amasijo entre demoníaco y puramente carnal. Suficiente decir que, hasta el momento, a nadie se le había ocurrido utilizar la imaginería que presenta Barker. Espectacular hasta decir basta.

Así que ya sabéis, el primer relato que os recomiendo, ideal para la noche de Todos los Santos, Halloween, Samhain (como queráis), En las colinas, las ciudades, de Clive Barker. Qué demonios, recomiendo todo el volumen de Los libros de Sangre. Si os gusta el terror, no quedaréis defraudados.

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Leyendo en el excusado

AutorAlfredo Álamo el 27 de octubre de 2011 en Noticias

Lectura en el baño

El tiempo del que disponemos al día para leer es limitado, el trabajo, los desplazamientos, las comidas, la compra, los quehaceres domésticos… al final nos queda una cantidad tan exigua para dedicarle a la lectura que son muchos los que aprovechan… sus momentos más íntimos, a puerta cerrada y sin nadie que moleste, sentados en el cuarto de baño con un buen libro en las manos.

Nadie debería verse sorprendido si afirmo que la lectura en el cuarto de baño es una de las costumbres más arraigadas entre los lectores, tanto de España como del mundo entero, acercándose a casi un 75% de la población. Lo que desconocía es que, al parecer, muchos médicos del aparato digestivo desaconsejaban esta práctica; algo que un grupo de doctores, encabezados por Y. Shaham decidieron investigar para ver qué aspectos médicos podían derivarse de leer un par de Mortadelos -o el Ulises, como hacía Henry Miller- en cada visita al baño.

Pues bien, tras echarle un vistazo al Abstract del artículo, disponible aquí, lo que queda claro es que aquellos que leen pasan más tiempo en el baño -obvio- y que no se aprecian desviaciones estadísticas notables entre los sujetos del estudio que leían y los que no lo hacían. Es más, se comenta la posibilidad de que la lectura favorezca una mayor relajación en esos momentos, con lo cual incluso sería beneficiosa para el cuerpo, además de para el alma.

Yo reconozco que leo en el cuarto de baño y que conozco gente que incluso se ha instalado una cómoda estantería al alcance de la mano con clásicos universales y un buen montón de tebeos. Siempre se ha afirmado que en España la revista más leída en el baño era El Jueves, la publicación satírica por excelencia. ¿Y vosotros? ¿Tenéis algún autor favorito para esos momentos o preferís el ascetismo de la mirada al techo?

El Arte del Hobbit

AutorAlfredo Álamo el 26 de octubre de 2011 en Noticias

Tolkien - Hobbit

A estas alturas hablar de El Hobbit y de J.R.R Tolkien parece sinónimo de poder traer noticias frescas, a menos que estén relacionadas con el próximo estreno de la película dirigida por Peter Jackson, pero a veces nos encontramos con alguna genuina sorpresa relacionada con la obra del autor británico.

En esta ocasión nos llega la noticia de la publicación por parte de la editorial Harper Collins de Art of the Hobbit, una edición que nació al preparar una edición especial dedicada al 75 aniversario de su publicación y que sacó a la luz más de 100 ilustraciones del propio Tolkien que no se conocían hasta el momento, permaneciendo ocultas en su archivo de la Bodelan Library en Oxford.

Esto es una muestra del imponente legado del autor, que pese al trabajo de su hijo Christopher, todavía puede resultar interesante, tanto para estudiosos de su obra como para la legión de seguidores que mantiene hoy en día. ¿Habrá algo similar oculto relacionado con el resto de sus libros? Seguro que más de uno está impaciente por ponerle las manos encima a esta colección de dibujos, de los que apenas veinte se conocían con anterioridad, siendo utilizados para ediciones ilustradas.

Tolkien - Hobbit

Tras la digitalización y rehabilitación de los originales se decidió sacar un libro con las 110 ilustraciones, entre bocetos, dibujos y acuarelas, que muestra exactamente la idea que tenía el autor sobre el mundo que tan famoso se hizo posteriormente gracias al éxito universal de su novela más conocida, El Señor de los Anillos.

Vía: The Guardian

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El archivo millonario de J.M. Coetzee

AutorGabriella Campbell el 25 de octubre de 2011 en Noticias

J.M. Coetzee - Archivo

Parece ser que no todas las bibliotecas del mundo están sufriendo los devastadores efectos de la crisis. Que se lo pregunten al premio Nobel John Maxwell Coetzee, que acaba de vender sus archivos literarios al centro Harry Ransom de la Universidad de Texas en Austin, por la nada despreciable cantidad de un millón y medio de dólares (unos 1,085.000 euros). Según el propio centro, la compra se ha realizado con fondos propios de la universidad y con donaciones de particulares.

No es casual que Austin haya elegido a Coetzee, ya que éste dedicó varios años de su vida a doctorarse en dicha universidad, utilizando como base de su tesis los cuadernos en los que Samuel Beckett escribió su novela Watt. De modo parecido, ahora los estudiantes de la universidad podrán estudiar a Coetzee directamente a través de sus manuscritos. La compra incluye nueve versiones manuscritas de su obra Vida y época de Michael K.

No es la primera vez que el centro adquiere grandes archivos de importantes autores contemporáneos. El año pasado se hizo cargo de varias cajas de documentos pertenecientes a David Foster Wallace, entre los que se encontraba gran parte del material de su novela inacabada El rey pálido, que quedó en manos de su editorial hasta terminar de publicarse. También figuraban cientos de libros de su colección personal, miles de hojas fotocopiadas y anotadas por Wallace de diversas obras del escritor estadounidense Don DeLillo; además de correspondencia personal, material didáctico y todo tipo de documentación relacionado con su escritura: desde anotaciones a relatos.

El interés de la biblioteca tejana por conservar la palabra escrita en su formato original en papel siempre ha sido una de sus prioridades, y llama la atención en un mundo en el que cada vez se favorece más la digitalización de documentos. La inversión de millón y medio en un archivo personal contrasta con fuerza con todas las iniciativas que buscan, precisamente, reducir el espacio que ocupan libros y documentos escritos. Algunos, como la empresa nipona Bookscan, obtienen beneficios escaneando libros, pasándolos a .pdf y reciclando el papel del ejemplar. En su filial estadounidense, 1dollarbookscan, ofrecen 100 páginas de digitalización por tan sólo un dólar. El director y fundador de la empresa, a diferencia de la biblioteca de la universidad de Austin, no tenía espacio en su pequeño apartamento de Tokyo para alojar sus dos mil libros, por lo que decidió escanearlos y pasarlos todos a su iPad, y seis meses más tarde había contratado a cientos de personas para escanear y destruir los libros de aquellos que, como él, no tenían espacio físico para sus libros pero no encontraban los títulos que buscaban en formato electrónico (o no estaban dispuestos a pagar un precio elevado por dicha versión electrónica). Tal vez estemos ante dos extremos de la conservación literaria: por un lado, el afán por idolatrar a los grandes escritores, convirtiendo en memorabilia todos sus documentos, justificando gastos inmensos en aras de lo académico; y por otro, la imposición del espíritu práctico y la paulatina muerte de nuestro amigo el libro en papel.

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La distopía en la literatura

AutorGabriella Campbell el 24 de octubre de 2011 en Divulgación

Los desposeídos

La palabra utopía, acuñada por Tomás Moro en su obra homónima, influenciada por la famosa República de Platón, podría provenir de la palabra griega “u-topos“, (no lugar) o de “eu-topos“, (buen lugar). Moro buscaba una manera de designar un lugar perfecto, un mundo ideal, una civilización evolucionada. Sin embargo, como demostró la propia experiencia de Platón, que intentó llevar su utopía a la realidad en Siracusa, con frecuencia el futuro no nos trae perfección y mejoría, sino desastre. Y aquí es donde comenzamos a hablar de distopía. Por su carácter futurista y especulativo, se trata de un subgénero temático que suele encuadrarse en el género de la ciencia ficción.

Aunque hay muchas formas de clasificar la distopía, tal vez podríamos dividirla en dos grandes subgrupos que hacen referencia a la actitud del lector y/o de los personajes frente al mundo en que viven. Podríamos hablar por un lado de distopías patentes, en las que es más que obvio que algo va mal, que este futuro es terrible; y por otro lado de falsas utopías, en las que la situación distópica no es, de primeras, aparente, ya sea porque los propios ciudadanos no sean conscientes de la realidad que se esconde bajo una situación en apariencia perfecta y feliz, o bien porque la perspectiva principal (la del protagonista y, por tanto, del lector) no descubra dicha situación hasta bien avanzada la narración. Este sería el caso de obras como Los desposeídos, de Ursula K. Leguin, donde el exuberante mundo de Urras acaba mostrándose como clasista, injusto y deshumanizado frente al duro mundo de Anarres, que termina por descubrirse como funcional y éticamente evolucionado, a pesar de su excesiva burocracia y tensión interna; o de Un mundo feliz, de Aldous Huxley, donde la supuesta felicidad de una civilización consumista y drogadicta se pone en entredicho con la aparición de un extraño que todavía conserva algunas de las costumbres de una cultura más antigua y moralmente férrea. En éstas, el mayor giro argumental suele producirse cuando el lector y/o los personajes descubren, en una revelación bien progresiva o bien repentina, que están siendo engañados y que se enfrentan, sin haberlo sabido, a un mundo cruel y despiadado. Con frecuencia, es la crueldad de este mundo la que permite su propia supervivencia, como ocurre en la película Cuando el destino nos alcance (basada en la novela de Harry Harrison de 1966 ¡Hagan sitio! ¡Hagan sitio!), en la que los habitantes de un mundo con escasez de alimento consumen carne humana sin saberlo. En este tipo de libros, suele insistirse en el poder mediático, religioso y de propaganda política, que, de manera perturbadora, asegura el mantenimiento del statu quo, y la sumisión de los habitantes. En esto era todo un maestro George Orwell, que con el paradójicamente llamado Ministerio de la Verdad de su 1984, reescribía la historia según las necesidades políticas del momento, del mismo modo que se reescribían los mandamientos de los animales en Rebelión en la granja, que se levantaban para encontrarse con sutiles cambios en las palabras que definían su existencia. Junto al poder mediático suele cobrar importancia el uso de herramientas de distracción, que mantienen sosegados y felices a los ciudadanos, como el poder de la televisión (o su equivalente futurista) en Farenheit 451, o de las drogas y el consumismo exacerbado en obras como Un mundo feliz o Mercaderes del espacio.

Por lo general, cuanto más se acerca una distopía a temas que están presentes en nuestro tiempo, es decir, cuanto más plausible nos resulte, más incómoda y cercana será y, por tanto, mayor impacto tendrá en el lector. El poder de los medios de comunicación, la superpoblación, la escasez de alimentos, el neoliberalismo más extremo, la devastación ecológica… todos son problemas que reconocemos en nuestro mundo actual y que nos dirigen hacia un futuro poco prometedor.

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Asfixia, Chuck Palahniuk y la Generación X

AutorGabriella Campbell el 23 de octubre de 2011 en Reseñas

Asfixia, de Chuck Palahniuk

Para muchos, el nombre de Chuck Palahniuk no significará nada, pero el nombre de su obra más conocida, El club de la lucha, despierta el interés de lectores y entusiastas del cine por igual. La adaptación cinematográfica de su libro por David Fincher, protagonizada por Brad Pitt, Edward Norton y Helena Bonhan Carter, se ha convertido con el tiempo en una película de culto. El film fue criticado por su contenido violento, al igual que la obra original fue considerada impactante por sus escenas explícitas, tanto de violencia como sexuales. El feísmo y la brutalidad con la que Palahniuk describe las relaciones humanas aparece de nuevo en otra de sus novelas, Asfixia. Ésta recoge de nuevo los temas presentes en El club de la lucha, mostrando la desesperación humana bajo el peso del materialismo y lo socialmente convencional.

El protagonista de Asfixia recurre a todo tipo de métodos para sobrevivir, tanto mental como económicamente. Se define como adicto al sexo, si bien nunca queda claro si las relaciones que establece con mujeres, aparentemente de manera casual y superficial, están tan desvinculadas de emociones como querría hacernos creer; y en todo momento parece que busca una adicción como escapatoria a sí mismo (muestra a lo largo del libro cierta admiración por las actividades y comportamiento, que él ve como liberador, de otros adictos). Trabaja en un centro de reconstrucción histórica, donde a diario debe disfrazarse de colono del siglo XVIII, y por las noches dedica su tiempo a ir a restaurante en restaurante, fingiendo una situación límite (asfixiarse con la comida) para que otros puedan salvarlo y poder crear un vínculo de responsabilidad con éstos por el que se sientan obligados a cuidar de él y enviarle dinero, dinero que necesita para poder mantener con vida a su madre, que se halla recluida en una institución mental. Poco a poco se ve obligado a enfrentarse a sus propias limitaciones y sentimientos: a través de la Dra. Paige Marshall, en la que por primera vez confunde sexo y afecto; y a través de su propia madre, cuyo delirio se nos va desvelando mediante frecuentes flashbacks a lo largo del libro.

El estilo rápido, de párrafos cortos, monólogos internos y recuerdos visuales, ayuda a navegar un texto cargado de símbolos (como expresa la madre del propio protagonista, que insiste en que el mundo se ha cargado tanto de definiciones, de reglas y símbolos que ha perdido su sentido) y diferentes líneas narrativas. Bailan los argumentos entre las relaciones personales del protagonista (con su madre, con las mujeres, con su mejor amigo Denny) y los actos surrealistas que se suceden a su alrededor (las piedras de Denny, los “héroes” que “salvan” al asfixiado todas las noches, la madre secuestradora y su parafernalia de información absurda), todo cargado de una conveniente dosis de escenas incómodas y a veces nauseabundas, y de la habitual “pistola escondida” de la que suele hacer gala Palahniuk, un giro argumental inesperado que trastoca la información recibida y que, lejos de ofrecer un final, complica la intriga y cierra la obra con la sensación agridulce de que el personaje central sigue siendo tan complejo e inescrutable como al principio y que en la obra de Palahniuk siempre hay que leer con cuidado, ya que nada es realmente lo que parece.

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Una mirada a Fridtjof Nansen

AutorAlfredo Álamo el 22 de octubre de 2011 en Divulgación

Hacia el Polo

Aprovechando el 150 aniversario de la muerte de Fridtjof Nansen no estaría de más hablar de uno de los más arriesgados viajes que emprendió el explorador noruego a lo largo de su vida, llena de innumerables anécdotas y hechos.

Nansen empezó como esquiador antes de pasarse a la exploración ártica, siendo uno de los pioneros en acercarse al Polo Norte, en un viaje que si bien no alcanzó su objetivo, lo situó, junto a su compañero Fredrik Hjalmar Johansen, en una zona donde nadie había logrado llegar con anterioridad. Éxito o fracaso, eso es relativo; lo cierto es que salió con vida tras dos años de infierno polar compartiendo hasta el saco de dormir. Precisamente, Nansen publicó un libro contando este viaje, Hacia el Polo, que se convirtió en todo un éxito en su tiempo y que hoy en día publica en español Interfolio. De la introducción del editor me gustaría destacar un pequeño texto:

Sabemos que Nansen y Johansen no consiguieron llegar al Polo, aunque nadie había estado tan cerca hasta la fecha. Casi perdidos tomaron la dirección que, suponían, los llevaría a la Tierra de Francisco José y tuvieron que pasar dos inviernos metidos en un agujero en el hielo.Para que su temperatura corporal no descendiera mortalmente durante la noche, durmieron ambos dentro del mismo saco durante dos años para darse calor. Conociendo a los noruegos, me los imagino cediéndose el paso uno al otro educadamente para entrar en el saco.

–Entre usted, Dr. Nansen
–No, por favor, entre usted primero, amigo Johansen.
–Ni hablar, después de usted, querido amigo.

Cuenta la historia que, tocando a su fin el segundo año, y a poco tiempo de que el destino los pusiera a salvo, Nansen le dijo a Johansen una noche, estando dentro del saco:

–Estimado amigo, después de dos años…¿usted no cree que ya va siendo hora de que empecemos a tutearnos?

Nansen, sin embargo, sería todavía más conocido por su carrera política como diplomático, en la Primera Guerra Mundial durante la cual jugó un papel destacado ayudando a cientos de refugiados, que le llevó desde Washington como Alto Comisionado de la Sociedad de Naciones a Rusia para negociar la vuelta a casa de prisioneros rusos tras la revolución, entre otras muchas acciones dedicadas al acuerdo entre naciones. Sin duda un hombre notable que recibió el Premio Nobel de la Paz en 1922, vamos, igualito que algunos que ha concedido posteriormente la Academia Sueca.

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El escritor novel a la caza de lectores

AutorAlfredo Álamo el 21 de octubre de 2011 en Divulgación

Cazando lectores

Escritor con su primera novela por promocionar busca interesados en la literatura. Este podría ser un buen anuncio para toda una nueva generación de autores que han encontrado en la red el hueco perfecto para darse a conocer. Los medios han contribuido a ello y a veces parece que puedas llegar a ser el próximo Pérez-Reverte con tal de tener muchos contactos en Facebook y Twitter.

Antes de nada habría que preguntarse qué es lo que quiere un autor novel. ¿Quiere ser leído o nombrado? ¿Qué tira más, el ego mediático o el literario? No es una pregunta baladí, en ocasiones es casi imposible saber qué te está vendiendo ese contacto que acaba de dejar cuatro mensajes en tu muro de Facebook, inmerso en su cruzada virtual. Así que vamos a dar unos pequeños consejos que todo escritor debería conocer en la era digital.

Las redes sociales son un gran sitio donde estar presente. Ofrecen mecanismos para dejar gran cantidad de información de manera accesible, la comunicación con los lectores, o curiosos, es muy rápida y genera una sensación de cercanía. De todo esto, la cercanía es una palabra clave. En las redes sociales estamos como en casa, y no hay cosa más molesta que estar tranquilo en el sofá tomando una siesta y que no hagan más que llamar a la puerta para venderte cosas que no te interesan. Pues bien, cada vez que como escritor entras en el muro de un «conocido» -siendo extremadamente generoso- y le plantas un cartelón de tu libro y de tu próxima presentación, estás haciendo lo mismo.

Una norma básica de las redes sociales es que debes, por lo menos, presentarte antes de solicitar amistad a alguien. También es de buena educación hablar un poco con tus contactos antes de lanzarte al spam puro y duro; es más, es probable que con un poco de atención te des cuenta de a quién puede o no interesarle tu libro. Por no hablar de corregir esa insistencia de invitar a presentaciones en Santiago de Compostela a gente que vive en Mallorca.

Quizá toda esta confusión pueda resultar sorprendente para aquellos que la practican. Habría que recordarles que no están solos en su camino al olimpo literario y que no son los primeros ni los únicos en promocionarse, con lo que, a poco que estés interesado en la literatura, tu vida virtual se verá inundada de noticias sobre libros y más libros que aparecen de la nada. Eso por no hablar de los que consideran que deben mantenerte informado de todas sus actividades y de lo que consideran importante de su libro. Señores y señoras, creen canales, creen grupos, mantengan actualizada sus webs, que si a nosotros, posibles lectores, nos interesa ya haremos el pequeño esfuerzo de suscribirnos a las noticias. Eso sí, si como autor decides crear un grupo en Facebook, procura no meter a la gente sin avisar antes: es de muy mala educación y puede crear un efecto contrario a tus intenciones.

En realidad estas normas se podrían reducir a una muy sencilla: trata a tus contactos como a personas, habla con ellos, pregunta y dialoga. No sólo conseguirás que conozcan tus libros, es posible que consigas que te conozcan a ti.

El hacedor (de Borges), Remake y la muerte de la literatura

AutorAlfredo Álamo el 20 de octubre de 2011 en Opinión

El hacedor (de Borges), Remake

La noticia saltó hace unas semanas tras mantenerla en secreto, la novela de Agustín Fernández Mallo, El hacedor (de Borges), Remake había sido retirada de las tiendas debido a la protesta de María Kodama, viuda de Jorge Luis Borges y poseedora de los derechos sobre la obra literaria del autor argentino.

Dejando a un lado la referencia más que evidente del cuento de Borges que alberga la obra de Mallo, que no es más que el punto de partida del libro y no una copia, no deja de ser llamativo que sea a partir de una historia de Borges, amante de la metaliteratura, usuario de artificios y referencias de cientos de obras, que nos encontremos ante este follón.

¿Hasta dónde llegan los derechos intelectuales? La única idea lógica que se me ocurre es que Kodama, y sus abogados, entiendan que Mallo se aprovecha de la imagen de Borges en su conjunto, de la fama de su Hacedor, para vender su producto. Dicho así parece una idea puramente mercantilista y que debe de ser aceptada como muchos ven la literatura hoy en día, un supermercado de salchichones necesitado de protección policial.

Si no es de esa manera, creo que el límite intelectual se lleva demasiado lejos. El mundo del copyright no puede, ni debe, arrasar con la libertad creativa siempre que esta quede patente. Es como si ahora los descendientes de Homero atacaran a Joyce por haber escrito el Ulises. Algo demencial que no tiene ningún sentido. ¿No se va a poder nombrar a personajes populares por miedo a infringir la ley? ¿Tanto miedo tienen los autores a perder esa autoría moral?

Espero que todo este embrollo legal se arregle en breve y podamos leer (o no) el libro de Mallo, ya que estos precedentes pueden acabar con una parte de la creatividad, sobre todo si dejamos que la invención y el arte pasen antes por los juzgados. ¿Os imagináis demandas sobre si tal o cual personaje se parece sospechosamente al que escribí en mi anterior novela? ¿Dónde se pondrían los límites a la hora de sacar dinero? Un verdadero sinsentido que atenta con una certeza: creamos a partir de lo que conocemos. ¿Dónde iríamos sin referentes, sin los hombros de gigantes sobre los que escalar? Está claro: directos a ninguna parte.

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Primer avance de The Raven

AutorAlfredo Álamo el 19 de octubre de 2011 en Noticias

The Raven - Película

The Raven no es la adaptación del mítico poema de Edgar Allan Poe, sino una película en la que le propio autor de Baltimore es el protagonista en una historia que bien podría haber firmado él mismo.

Lo cierto es que el rodaje fue anunciado hace poco más de un año, aprovechando de paso el bicentenario de Poe, y ya llega el anticipo de lo que James McTeigue ha preparado tras dirigir V de Vendetta. Por lo pronto tiene menos movimientos a cámara superlenta, lo que es de agradecer.

Hay que recordar que el año pasado se anunció también la creación de una serie de televisión en la que E.A. Poe actuaría como detective, pero desconozco si el proyecto se abandonó o vendrá tras el estreno de la película. De cualquier modo, este es el primer proyecto importante que llega de todos los presentados durante el centenario. Vamos a echarle un vistazo (está en inglés, aviso).

Por lo que se puede ver en el vídeo, tenemos una historia en la que un asesino se dedica a recrear algunas de las historias de Poe para acabar con sus víctimas, algo que, como es lógico, acaba por convertirle en sospechoso; no en vano Poe era un alcohólico con grandes problemas personales y mala reputación pese a su trabajo como periodista.

¿Qué podemos esperar? Bien, de entrada me encanta John Cusak como Poe, la verdad es que han logrado un gran parecido y, esto ya entra dentro de lo personal, me parece un buen actor. El único resquemor que me queda en el cuerpo es que la historia sea demasiado lineal y más interesada en la acción o en complicados juegos sangrientos (al estilo Saw) que en la presión psicológica (y gore también) que podrían extraer de los relatos de Poe.

En fin, habrá que esperar todavía unos meses para disfrutar de The Raven. ¿Alguien más se animará a ir al cine a verla?

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