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Ficción turística (II)

AutorGabriella Campbell el 3 de junio de 2013 en Divulgación

hobbiton nueva zelanda

En la primera parte de este artículo os hablamos de determinados libros y autores que, sin buscarlo de forma directa, acabaron produciendo ficción turística, es decir, obras que animaban a sus lectores a visitar los lugares en los que se ambientaba la acción de los libros. Mencionamos a Rosamunde Pilcher, a James Herriot y a Chris Stewart.

Otro de los grandes promotores del turismo ha sido J. R. R. Tolkien, eso sí, de manera póstuma y de la mano de Peter Jackson, gracias a las adaptaciones a la gran pantalla de su trilogía de El señor de los anillos (y, más tarde, de El hobbit). Las impresionantes vistas de Nueva Zelanda han despertado el interés tanto de aficionados a Tolkien como de cinéfilos mainstream. El gobierno de Nueva Zelanda estima que un seis por ciento de su turismo anual se debe en gran medida a la obra del escritor de fantasía y a las espectaculares adaptaciones para el cine. Tienen hasta una sección dedicada en su web de turismo.

Si nos vamos a otros países, uno de los mayores promotores de turismo en Estados Unidos ha sido Jack Kerouac. Su viaje En el camino ha sido imitado por muchos, y las amplias autopistas vacías estadounidenses por las que circuló el escritor son un atractivo para incontables visitantes, por no hablar del turismo urbano: Nueva York, San Francisco, Denver, Los Ángeles… El ganador del Nobel John Steinbeck ayudó también en este sentido con su novela Viajes con Charley: En busca de los Estados Unidos, en la que narraba sus aventuras recorriendo dicho país acompañado de su caniche. Del mismo modo, Miedo y asco en Las Vegas, de Hunter S. Thompson (adaptada a la gran pantalla también con un éxito notable gracias al director Terry Gilliam) ha prestado un peculiar atractivo a la ciudad del juego y el pecado, dotándolo de un tono surrealista y onírico proporcionado por las narraciones psicodélicas de Thompson, el periodista gonzo por excelencia. Otro caso extraordinario ha sido el de la pequeña ciudad de Forks, en Washington. Aunque sus habitantes apenas sobrepasan los 3500, su turismo anual se acercó a las 73000 personas durante el año 2010. ¿La razón para este interés por una pequeña localidad maderera? Allí es donde se ubicaba la acción de la saga Crepúsculo. Imaginamos, no obstante, que la afición de sus visitantes se debe más a la curiosidad por ver dónde se inspiró Stephenie Meyer que por el atractivo propio de la ciudad, cuyo turismo anterior a la publicación de la saga apenas llegaba a los 10000 visitantes anuales.

Es comprensible que las descripciones de un libro que nos fascine hagan que un lugar nos resulte atractivo, más aún si han sido llevadas a la pantalla con acierto y fotografía magistral. ¿Qué libros habéis leído que os hayan producido el impulso de viajar, hacer la maleta y marcharos a buscar esa ciudad, pueblo, selva o monumento que haya despertado vuestra curiosidad?

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El panorama actual de la ciencia ficción española (I)

AutorJuan Manuel Santiago el 1 de junio de 2013 en Divulgación

Prospectivas

La ciencia ficción española creció y se consolidó durante los años noventa y la primera década del tercer milenio gracias a nombres como Juan Miguel Aguilera, León Arsenal, Elia Barceló, Armando Boix, José Antonio Cotrina, César Mallorquí, Daniel Mares, Rafael Marín, Rodolfo Martínez, Ramón Muñoz, Javier Negrete, Félix J. Palma y Eduardo Vaquerizo. Todos ellos se habían curtido en las mismas publicaciones especializadas y convenciones de aficionados, lo que se da en llamar fandom, y compartían un sustrato común de frikismo e inquietudes; en cierto modo formaban una generación o, para ser más exactos, eran la superposición de media decena de generaciones (la preexistente cuando comenzó el boom en 1991, más varias camadas sucesivas que comenzaron en a publicar en 1991, 1994, 1997 y comienzos de siglo, por resumirle un poco el panorama a los profanos). En todo caso, el concepto clave era este: generación.

La ciencia ficción española le cedió el terreno al terror gracias a otra generación que dominó la segunda mitad de la pasada década; así, el bacalao empezaron a partirlo nombres como Alfredo Álamo, Santiago Eximeno, Lorenzo Luengo, David Jasso, Roberto Malo o Marc R. Soto, que también provenían mayoritariamente del fandom, aunque ese «mayoritariamente» es lo que marca la diferencia con respecto a la generación anterior.

¿Cuál es el panorama que se nos presenta en esta década? Pues, a tenor de lo visto durante estos años, parece que el terror sigue allí, consolidado (esa fue la gran aportación de la generación del cambio de milenio), pero que está regresando el gusto por la ciencia ficción; protagonizado, eso sí, por autores que, en principio, no le debe nada al fandom, a unas publicaciones que dejaron de existir a mediados de la década pasada. Las revistas y los fanzines especializados le han cedido el testigo a las redes sociales y la prensa generalista. Las hispacones entran en el mismo saco que las Semanas Negras y los festivales Celsius 232. Los premios Ignotus comparten relevancia con los Nocte, Celsius o (mientras duraron) los Xatafi-Cyberdark. Cristina Fernández Cubas, Fernando Marías, José María Merino, Pilar Pedraza, David Roas o José Carlos Somoza son referentes generacionales en idéntica medida que los ya citados Aguilera, Barceló, Mallorquí, Marín, Martínez o Negrete. Las antologías temáticas que han publicado Salto de Página (Aquelarre, Perturbaciones y Prospectivas), Fábulas de Albión (Steampunk. Antología retrofuturista y Bleak House Inn. Diez huéspedes en casa de Dickens) o Nevsky Prospects (Rusia imaginada), o las individuales que editan Páginas de Espuma o Menoscuarto ejercen el mismo efecto catalizador que en su momento jugaron Artifex, Paura o Gigamesh. En resumen, los nuevos autores (que tienen nombre y apellidos, si al tema generacional vamos: Jon Bilbao, Emilio Bueso, Matías Candeira, Ismael Martínez Biurrun y Juan Jacinto Muñoz Rengel, más el verso suelto que es Marc Pastor, cuya carrera va un poco al margen de este grupo pero es igualmente valiosa desde el punto de vista literario, o incursiones puntuales pero meritorias de Luis Manuel Ruiz o Care Santos) tienen menos complejos, no vienen del fandom casi en ningún caso, y le dan indistintamente al terror y la ciencia ficción, aunque esta última está experimentando un indudable repunte gracias a un par de novelas más que meritorias de las que hablaremos en las próximas entradas.

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Ficción turística (I)

AutorGabriella Campbell el 31 de mayo de 2013 en Divulgación

Entre limones

El tema de la publicidad en los libros siempre ha sido un tanto polémico. Para el lector, la idea de encontrarse con un anuncio a media página o incluso con una colocación de producto tipo David disfrutó de una excelente taza de chocolate caliente marca X es repulsiva, en gran medida porque rompe con la magia del pacto narrativo: sentimos que el autor ha abusado de la confianza que hemos depositado en sus manos para crear un mundo que es verosímil pero que sabemos que no es real. También tiene mucho que ver con el romanticismo que rodea al libro; nos gusta pensar en este como en una obra de arte y no como un producto de consumo más (aunque lo sea).

¿Pero qué ocurre cuando la publicidad es sutil, o cuando ni siquiera es a propósito? ¿Qué ocurre cuando un escritor utiliza un entorno tan atractivo que el lector se siente impulsado a visitarlo, a experimentarlo por sí mismo? Para esto existe lo que se conoce como la ficción turística, un género donde la acción literaria se desarrolla en una ciudad, pueblo o incluso país que es presentado de manera benévola y detallada para animar al lector a visitarlo. Hay mucha ficción turística creada ex profeso para promocionar una región (subvencionada y avalada por departamentos de turismo y similares), pero también hay una ficción que obtiene los mismos resultados de un modo completamente inocente. Por ejemplo, gracias a la autora Rosamunde Pilcher, se estima que el turismo alemán en el Reino Unido ha subido nada menos que un 14%.

¿Cómo puede ser esto? No ha sido solo por las novelas de esta prolífica escritora de género romántico. Han tenido mucho más que ver las innumerables adaptaciones para televisión que se han producido en las últimas décadas en Alemania. Varias generaciones, sobre todo de mujeres, se han sentado por las tardes a ver estas pequeñas producciones sentimentales donde se luce la bonita campiña inglesa en todo su esplendor. Estas mismas generaciones han decidido visitar dicha campiña, las amplias y frías costas y muchas otras atracciones del país que figuran en los libros y en las películas basadas en obras de esta señora. Y no es la única responsable, ya que la serie Todas las criaturas grandes y pequeñas, adaptada de una serie de libros de tintes autobiográficos del veterinario y escritor James Herriot, también tiene parte de culpa. Desde los sesenta, varios alemanes se han decidido a visitar las zonas descritas en esta serie, y algunos hasta se han quedado a vivir allí.

El caso del Reino Unido no es aislado, por supuesto. En España ya tuvimos una invasión de reconstructores y renovadores de viviendas de origen británico en la Alpujarra granadina gracias al éxito internacional del escritor (y antiguo batería del grupo Genesis) Chris Stewart con Entre limones, que narra la experiencia real del músico cuando decidió abandonar su vida inglesa, agarrar a su mujer y presentarse en el monte andaluz a vivir la vida tranquila. No resultó ser tan tranquila, como era de esperar, pero sus peripecias y lo idílico del paisaje granadino inspiraron a muchos compatriotas suyos a imitarlo. No todos tuvieron el mismo éxito (muchos acabaron invirtiendo sumas absurdas de dinero en viejas chozas que se caían a pedazos, para acabar rindiéndose ante el duro clima de Granada, las diferencias culturales para con sus vecinos y la incomodidad continua de vivir perdido en una montaña). Es una vida que no es para todos, pero Stewart supo describir muy bien sus muchas ventajas. En la segunda parte del artículo veremos más ejemplos de novelas que han servido como aliciente para que sus lectores acaben visitando los parajes descritos en las obras.

¿Te ha gustado este artículo? Lee su continuación en Ficción turística (II)

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Escritores aficionados a otras artes (II): Juan Ramón Biedma

AutorGabriella Campbell el 30 de mayo de 2013 en Noticias

Juan Ramón Biedma

En la primera entrega de esta serie de artículos, le preguntamos a Susana Vallejo a qué otro tipo de actividades artísticas dedicaba su tiempo, además de a la escritura. En esta ocasión le hemos pedido lo mismo a Juan Ramón Biedma, autor conocido sobre todo por sus novelas de género policíaco. Biedma nos ha hablado de su afición a las series de televisión:

“Durante una cena, mi amigo Fernando Marías me dijo que no veía series televisivas; como él es sobradamente listo para haber calibrado los pros y los contras de tal vicio antes de descartarlo y yo no soy tan imbécil como para intentar hacerle cambiar de opinión con nuevos pros de mi cosecha, la cosa quedó ahí.

Pero de vez en cuando, en aquellos momentos en los que un rastro de fuerza de voluntad resurge en el fondo de mi conciencia y me hace abominar de mi adicción, no puedo evitar acordarme de él con la envidiosa mirada del que se sabe encadenado para siempre a su asquerosa perversión.

Mi intoxicación televisiva me ha acompañado toda la vida, primero como una inocente diversión doméstica, después como esparcimiento perfectamente compatible con el resto de mis actividades y al final como una fijación que determina gran parte de mis días y mis noches.

Lo peligroso de las series, el gran reclamo, es su justa duración; mientras que la extensión de una película nos obliga a acotar una parte de nuestras jornadas para dedicársela en régimen de exclusividad, los capítulos televisivos, esos cuarenta y cinco minutos de media en las series americanas y europeas, encajan a la perfección con nuestras comidas y cenas –las españolas, en general, por desgracia, van clasificadas en categoría aparte según el tiempo que tardamos en verlas y olvidarlas-; después, según que el vicio se afianza, nosotros afinamos: si la comida es tranquila y reposada podemos permitirnos los casi sesenta minutos de un Juego de tronos o un The Wire, mientras que si es más apresurada nos inclinaremos por los cuarenta de un Hannibal o un Expediente X, e incluso si debemos ser especialmente frugales, deberemos contentarnos con los veintidós de un Bored to Death o un Becker.

No sólo es su extensión lo que nos atrae de las sagas catódicas; a medida que aumenta nuestra instrucción en el medio, también irá creciendo nuestra pericia para elegir el título que mejor se adecue a nuestra disposición anímica, de manera que si nos levantamos deprimidos, nos administramos un capítulo de Boston Legal; si con ganas de dinamitar el mundo entero, uno de Misfits; si con defecto de adrenalina uno de 24; si con exceso de adrenalina un Hércules Poirot; si místicos uno de Carnivale; si exquisitos uno de Retorno a Brideshead

Hay una serie de televisión para cada estado de ánimo. Lo malo es que al final, en esa última fase que citaba más arriba, hay un estado de ánimo para cada serie de televisión, y somos nosotros los que terminamos modificando nuestro talante para adaptarlo a nuestros episodios predilectos.

Al igual que terminaremos almorzando o cenando cuatro o cinco veces para agotar las últimas entregas de otra de las obras de las que seamos devotos; al fin y al cabo, cuarenta y cinco minutos de media no son nada.

O hasta descargándolas en nuestra tableta y dejando que el autobús nos dé una vuelta completa tras otra por la ciudad mientras sonreímos como lunáticos con los ojos clavados en la pantalla.

Dicen que aún me queda por conocer una etapa ulterior en la que el enfermo prescinde de cualquier actividad –incluyendo el sueño, la alimentación, la literatura y hasta el sexo– para disfrutar de su afición.

Espero con ansiedad la llegada de ese estado”.

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Mis 5 libros para la Feria del Libro de Madrid

AutorAlfredo Álamo el 30 de mayo de 2013 en Opinión

Contra el tiempo - Ana María Shúa

En la Feria del Libro de Madrid se concentra una enorme cantidad de novedades literarias, algunas son excelentes y otras es mejor ni nombrarlas. Decenas de autores pasarán por la feria dispuestos a firmar sus libros, los libreros rezarán a la Diosa de la Primavera para que haga buen tiempo y los editores se lanzarán a revisar cifras y a analizar tendencias.

No hace falta que os cuente las grandes novedades que van a llegar a la feria, no creo que a Dan Brown le haga mucha falta más publicidad de la que lleva, al igual que a Ildefonso Falcones. Hoy, como hacemos en algunas ocasiones, me gustaría hablaros de los libros que más me han llamado la atención y que permanecen ocultos, alejados de grandes focos, pero que son una opción más que interesante si queremos darnos un homenaje literario o hacer un regalo fuera de lo común.

Empezaré con Contra el tiempo, de Ana María Shua, una verdadera pieza de relojería microcuentista que no hace sino confirmar la maestría de esta autora argentina en este diminuto y conciso arte de la narración mínima. Páginas de Espuma presenta esta antología con lo mejor de cada uno de sus anteriores libros. Una delicia.

Marbot se lanza a la piscina publicando Lanark, de Alasadair Gray, un libro, cargado de numerosas influencias, desde la narración más kafkiana al cómic o incluso a la ciencia ficción, sin dejar de lado un sentido realismo. Lanark es la obra de toda una vida, un clásico americano que permanecía descatalogado desde hacía veinte años.

Quaterni sigue con su colección de literatura japonesa y nos trae Fantasmas y samuráis. Cuentos modernos del viejo Japón, de Kido Okamoto. Os preguntaréis, y con razón, si es otro libro más de viejas leyendas japonesas… pero la respuesta no es tan sencilla. Okamoto (1872-1939) era un grandísimo aficionado a la literatura de fantasmas victoriana, así que escribió sus propios cuentos, adoptando el estilo europeo al mundo japonés. Delicioso, la verdad.

El devorador de hombres y otras novelas cortas comprende algunos de los textos menos conocidos de Horacio Quiroga, más extensos que sus incomparables relatos, es cierto, pero que mantienen el mismo poder de fascinación por lo extraño, lo salvaje y las pasiones más radicales del ser humano. Bien por la gente de Menoscuarto

Y para terminar, no puedo dejar de recomendar El gran dios Pan y otros relatos de terror, que reedita Valdemar y que contiene algunos de los mejores cuentos de horror y fantasía del poco conocido Arthur Machen, uno de los autores clave en la literatura fantástica del siglo XX. Atención a El pueblo blanco, uno de mis relatos favoritos.

Reviso la lista y veo que la mayoría de libros que me han llamado la atención son antologías de relatos. Dicen los expertos que los cuentos no venden, que son una pérdida de dinero para las editoriales, pero de los últimos títulos que han pasado por mis manos he de decir que han sido precisamente las antologías las que mejor sabor de boca me han dejado.

En cualquier caso, la Feria está ahí y las novedades se acumulan. ¿Qué libros os han llamado la atención estos días? ¿Qué autor vais a buscar para que os firme? Os esperamos, como siempre, en los comentarios.

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Todo irá bien, de Matías Candeira

AutorAlfredo Álamo el 29 de mayo de 2013 en Reseñas

Todo irá bien - Candeira

Todo irá bien es la frase que le susurras al oído a tu hija pequeña cuando ves, a lo lejos, cómo la ola de un tsunami está arrasando la playa donde os encontráis. Ella no puede verla, te está abrazando, y tú apenas puedes hacer otra cosa que decir esa última mentira que no quiere ser mentira. Todo irá bien. Y luego las olas os hacen desaparecer.

Además, Todo irá bien es el título de la tercera antología de Matías Candeira, una de las nuevas voces a seguir de la literatura en castellano, colaborador de numerosos medios culturales y profesor de la Escuela de Escritores de Madrid. Un título bien escogido, ya que esa sensación de ambigüedad, de mentira piadosa, se extiende por cada uno de los relatos que Candeira firma en esta ocasión.

En Todo irá bien, Candeira nos narra el horror que vive dentro de nosotros mismos, el miedo a no poder controlarlo o, en ocasiones, a disfrutarlo. Situaciones cotidianas, momentos con la persona amada, con los hijos, en casa, en el coche… donde una vena terrible palpita en el interior del protagonista, que nos cuenta, con un estilo impresionista de tintes oníricos, las más terribles atrocidades y los amores más hermosos.

Se nota que Candeira lleva años puliendo sus relatos, buscando las palabras exactas, las metáforas incorrectas, pero que encajan, utilizando un simbolismo muy personal pero con el que es fácil identificarse. De todas maneras, no es una lectura fácil: la empatía con el monstruo que se desarrolla puede no ser del gusto general. En cualquier caso, relatos inquietantes con los que asustarnos de nosotros mismos y de lo que podríamos llegar a hacer, a veces sin motivo aparente. Sin necesidad.

Así que no os asusten mis palabras y dedicadle un rato a esta excelente antología. No os preocupéis. Todo irá bien.

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Escritores aficionados a otras artes (I): Susana Vallejo

AutorGabriella Campbell el 28 de mayo de 2013 en Noticias

Susana Vallejo

Muchas veces hablamos de escritores famoso que compaginaron su labor de autores con otros trabajos, ya fuera por gusto o por la simple necesidad de disponer de unos ingresos que la literatura les negaba. Así, ya sabréis que Kurt Vonnegut trabajaba vendiendo Saabs en un concesionario, Hilary Mantel era asistente social en un hospital geriátrico o que Stephen King era conserje. ¿Pero qué hay de las aficiones? ¿Y qué hay de otros campos artísticos? No es raro que una persona creativa que dedique su tiempo y talento a la literatura tenga también interés por otras ramas artísticas. Para muchos de ellos, además, esta afición por otras artes tiene mucho que ver con la forma en la que enfocan su propia producción literaria.

Por esta razón, le hemos pedido a algunos escritores españoles que nos hablen de sus artes favoritas, de sus aficiones predilectas, y de cómo afectan estas a sus propios libros. Una de las primeras en responder a nuestra petición fue Susana Vallejo, una escritora de origen madrileño conocida sobre toda por su trayectoria en la literatura fantástica con la saga Porta Coeli. Susana se licenció en Publicidad y Relaciones Públicas, y su vida laboral se desarrolla en este entorno, pero cuando no está trabajando o escribiendo (hace poco se ha publicado su obra más reciente, Calle Berlín, 109, una novela de trama negra), está dibujando o cosiendo:

Además de escribir, me encanta pintar y dibujar. No soy demasiado mala en ello y de jovencita llevé a cabo alguna exposición y llegué a trabajar en el mundo de los dibujos animados. Ahora es una actividad más que me relaja y me divierte, a la que me entrego cuando puedo y quiero. Por comodidad dejé el óleo y ahora pinto con acrílicos. Me puede dar tanto por hacer paisajes, como cuadros de pequeño formato de los motivos más variados (hojas, naturaleza, objetos cotidianos, personajes de cómics…).

Creo que cada vez pinto menos porque mis pocas horas de ocio se reparten entre demasiadas actividades.

La pintura tiene una enorme relación con mi mundo literario, o mejor dicho, con mi mirada literaria. “Veo” los paisajes, las calles, los personajes… Veo los colores de un cielo, de una pared y de un vestido… Lo observo y lo veo todo, e intento plasmar esa mirada con palabras en un papel o en un lienzo a base de pintura. El resultado puede ser un producto diferente, pero la mirada es la misma. Dibujo con palabras o con acrílicos. En suma, yo soy una escritora visual: tengo que verlo todo en mi imaginación, para después poder escribirlo.

También coso (patchwork) y de vez en cuando NECESITO coser”.

Durante las siguientes entregas de este artículo, os iremos presentando a más escritores e iremos analizando cuáles son los otros campos en los que les encanta moverse, y qué vínculo tienen estos con su ocupación literaria. Y aprovechamos para preguntaros a los escritores que nos leéis: ¿A qué otras actividades artísticas dedicáis vuestro tiempo? Esperamos vuestras aportaciones, como siempre, en los comentarios.

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Cartas de fans (II)

AutorGabriella Campbell el 27 de mayo de 2013 en Divulgación

Cartas de fans Heinlein

Al hilo de lo que hablábamos en la primera parte del artículo, es fascinante encontrar cartas de fans, de lectores admiradores, dirigidas hacia escritores conocidos. Más aun cuando la carta la escribe un autor que a su vez ha terminado por convertirse en una referencia literaria.

Siguiendo en el terreno de la ciencia ficción, muchos conoceréis al escritor y filósofo británico Olaf Stapledon, que nació a finales del siglo XIX y falleció en 1950. Lo que muchos no sabréis es que entre sus muchos fans se encontraba una lectora de bastante prestigio, nada menos que la mismísima Virginia Woolf. En una carta de 1937, esta le confesó:

Te habría dado las gracias antes por tu libro, pero he estado muy ocupada y acabo de leerlo ahora. Creo que no he entendido más que una pequeña parte de este, pero aun así lo que he comprendido me ha interesado en gran medida, y me ha regocijado además, ya que en ocasiones tengo la sensación de que te acercas a ideas que yo he intentado expresar, de forma mucho más torpe, en la ficción. Pero tú has ido mucho más allá y no puedo dejar de envidiarte por ello, como ocurre siempre cuando te encuentras con alguien que ha alcanzado aquello a lo que aspiras.

Pero no hace falta ser famoso para escribirle una carta llamativa a un autor conocido, por supuesto. Las mejores son, sin duda, aquellas donde los fans solicitan favores o dinero. Algunas son tan honestas como la siguiente, que una mujer de Massachusetts llamada Ola A. Smith le escribió a Mark Twain en abril de 1880:

Sr. Clemens,

mi gentil caballero;

ud. es rico. Perder diez dólares no le haría miserable.

Yo soy pobre. Obtener diez dólares no me haría miserable.

Por favor envíeme diez dólares.

En inglés la atrevida señora utiliza la palabra miserable, que podría referirse a miserable, triste, o a muy pobre. Sea lo que sea lo que quisiera decir la amable oriunda de Massachussets, no parece ser que el escritor le respondiera. Se limitó a escribir un Oh, my (Oh, Dios mío) en el margen del documento. No todos los escritores han sido tan educados, claro, y la recepción de numerosas misivas de manera periódica acaba por irritar hasta al más paciente. En la primera parte del artículo os hablamos de la carta que Bradbury le envió a Heinlein. Aunque desconozco cómo le respondió (si lo hizo), este era famoso por su lista de respuestas predeterminadas, que incluían opciones como las siguientes, que dicen bastante del tipo de epístola que recibía:

-Dice ud. que ha disfrutado de mis narraciones durante años. ¿Por qué ha esperado a que le disgustara un relato en concreto para escribirme?
-No intente llamarnos a casa; trabajamos hasta tarde todos los días del año.
-Por favor no me escriba de nuevo.

Heinlein encabezaba las cartas con una introducción que explicaba que, por cuestiones de tiempo, debía elegir entre escribir ficción o contestar cartas, y a continuación incluía una lista con todas estas respuestas, donde solo tenía que marcar la adecuada, la correspondiente al emisor concreto (podéis verla completa aquí). Con todo, también tenía respuestas positivas y amables:

-¡Recibí su carta con gran alegría! Estaba llena de amabilidad y no contenía peticiones ni exigencias. Dio a entender que no era necesario que respondiera, pero necesitaba decirle lo mucho que me ha gustado. Le deseo aguas tranquilas, vientos a favor y una travesía feliz a lo largo de su vida.

¿Conocéis más cartas divertidas, emocionantes o simplemente curiosas dirigidas a escritores famosos? Nos encantaría que lo compartierais con nosotros en los comentarios.

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Kindle Worlds: Amazon y el Fan Fiction

AutorAlfredo Álamo el 25 de mayo de 2013 en Divulgación

Kindle Worlds

El fan fiction es una de las expresiones más genuinas de la literatura popular y que gracias a Internet había encontrado su momento de expansión más grande. Para los que esto les pille un tanto por sorpresa, explicar que el fan fiction consiste en la creación de obras derivadas de la literatura, el cine, la música, etc., por parte de aficionados, de fans, que lejos de quedarse tranquilos con las historias que les cuentan los autores, usan esos personajes que tanto les gustan para escribir sus propios relatos.

Durante años se han creado webs y foros dedicados a este tipo de literatura, con sus propias y, en ocasiones, complicadas reglas de comportamiento. Se han escrito fanfics sobre sagas como Harry Potter o Crepúsculo, no olvidemos que 50 sombras… de E.L. James empezó así, aunque con el boom de las series de televisión han surgido más y más autores aficionados, en un crecimiento casi exponencial.

¿Y los autores profesionales? De su trabajo derivan los fanfics y no todos están de acuerdo con el uso de sus historias y personajes, algunos por defender el concepto de su propia obra, otros por la aparición de nuevos textos -incluso libros- sobre los que no tienen control ni beneficio.

Pues bien, Amazon, que siempre está atenta a las nuevas oportunidades de negocio, lanza Kindle Worlds, un espacio donde publicar fanfics derivados de numerosas obras, con cuyos propietarios han llegado a un acuerdo: se quedarán con el 35% de las ventas. Hay que tener en cuenta que, hoy por hoy, los sitios de fanfics son gratuitos, pero no ofrecen los servicios en ebook y de publicidad, que Kindle Worlds va a ofrecer.

Así que ahora, frente a ese caos en ocasiones alegal del fanfic artesano, va a aparecer la versión Amazon, reglada y con acuerdos, especialmente creada para que aquellos que no pueden esperar a publicar sus historias de Crónicas Vampíricas o crear nuevas tramas para Gossip Girl tengan un lugar donde, a partir de una pura afición, alguien consiga sacar dinero. Amazon, en ocasiones, me inspira tanto miedo como admiración.

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Series literarias (IV): Californication

AutorAlfredo Álamo el 24 de mayo de 2013 en Divulgación

Californication

En 2007 se estrenó el primer capítulo de Californication una de las series que mejor representa esa visión idealizada del joven autor norteamericano, hambriento de fama, sexo, drogas y emociones fuertes que se revuelca en su propio nihilismo existencial mientras trata, desesperado, de encontrar sentido a su vida, de volver a escribir como lo hacía antes, cuando no era más que otro tipo jodido por el mundo.

Hank Moody es el hombre. Una mezcla histriónica de autores como Bret Easton Ellis, McInerney o Lindquist, el Brat Pack, que vive de un éxito literario adaptado al cine, cuya adaptación odia profundamente, y que vive en California pese a ser un tipo de Nueva York hasta la médula. Moody intenta recuperar a su familia, una familia que perdió en parte por esos excesos e infidelidades de los que se intenta redimir… sin demasiado éxito. Moody carece de autocontrol y a veces no puede resistirse a dejarse llevar. Por eso, creo, nos cae bien.

Moody está interpretado de manera magistral por David Duchovny, quien se ha quitado gracias a esta serie la imagen del agente Mulder de encima. Ya llevan seis temporadas, han renovado para una séptima, en la cadena Showtime, donde la mezcla de sexo, drogas y rock and roll, así como la ironía inteligente, siempre es bienvenida.

Californication es el reflejo de las estrellas del rock de la literatura, jóvenes, con demasiado talento, abocados a un mundo que no les comprende del todo, pero que se les ofrece con facilidad, dispuesto a perdonarles su actitud arisca y hedonista. Es la historia de un hombre condenado a ser demasiado débil para decir que no.

Además, claro, la serie nos muestra los entresijos de la industria editorial, con agentes sin escrúpulos, editores poderosos, escritores fantasma y adaptaciones cinematográficas que no siempre salen como uno espera. La vida del escritor de éxito y de la persona rota. Un clásico del star-system americano. No os la podéis perder.

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