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Lecturalia llega a su artículo número 2.000

AutorAlfredo Álamo el 28 de octubre de 2013 en Noticias

Lecturalia Infografía

El 1 de diciembre de 2008 abrimos el blog de Lecturalia con la intención de informar de las mejores novedades editoriales y, sobre todo, publicar artículos divulgativos sobre literatura. Desde esos primeros, y tímidos, inicios han pasado ya cinco años a lo largo de los cuales hemos publicado 2.000 artículos. Un millón de palabras sobre un tema que nos apasiona y a través del cual hemos encontrado a miles de seguidores que han decidido compartir este viaje con nosotros.

Los números están ahí, podéis verlos en esa genial infografía que muestra cómo Lecturalia está construida gracias a vosotros, a vuestro esfuerzo por hablar de los libros que os hacen disfrutar, un trabajo que nos ayuda día a día a ofreceros la mejor información sobre literatura. Hemos llegado a 2.000 artículos, sí, pero todavía estamos empezando nuestro viaje y esperamos seguir a vuestro lado durante los próximos años para contaros nuevas y mejores historias.

Me gustaría dejaros con algunos de los artículos que más éxito han tenido entre nuestros lectores en los últimos años.

El mundo del ebook y la literatura digital siempre ha estado presente en el blog, así que me gustaría destacaros una reflexión sobre los derechos del lector digital, aprovechando un pequeño listado que en su día escribiera el genial Daniel Pennac.

Pocos temas levantan tanta polémica como la piratería del libro, otro de los temas de los que hemos hablado por activa y por pasiva. Desde la perspectiva del autor publicamos Han «pirateado» mi libro, ¿y ahora qué? que dio lugar a un interesante debate, tanto en el blog como en redes sociales.

Una de nuestras mejores colaboradoras, Gabriella Campbell, publicó un artículo sobre Amanda McKittrick Ros, considerada en su día como la peor escritora del mundo. Para nuestra sorpresa, lo que parecía una sencilla anécdota se convirtió en uno de los artículos más leídos de Lecturalia.

Las bibliotecas son parte fundamental del universo literario. Sin ellas es prácticamente imposible que la sociedad disfrute plenamente de la libertad de acceso a la cultura y a la información, sobre todo si hablamos de los menos favorecidos o incluso de los más pequeños, ya que las bibliotecas suelen ser su primer contacto con la literatura. Neil Gaiman nos avisa de eso en Cerrar bibliotecas es como dejar de vacunar.

Y por último os dejo con uno de los artículos más leídos, y más polémicos, de estos últimos años, donde reivindicamos la lectura más allá de lo intelectual y reconocemos que es un acto divertido, mágico y hasta sensual. Así es, lo decimos bien alto, Leer es sexy.

Esos son cinco ejemplos, pero en esos 2.000 artículos con los que hemos tratado de desmitificar la literatura y mostrar los secretos de escritores, editores, traductores y hasta de los mismos lectores, hay verdaderas joyas por descubrir, desde anécdotas increíbles a consejos para ganar premios literarios. ¿A qué estáis esperando? Acompañadnos en este viaje a Ítaca. No os arrepentiréis.

Los escritores no son personas normales (II)

AutorGabriella Campbell el 25 de octubre de 2013 en Divulgación

Dan Brown botas

En la primera entrega de este artículo, al hablar de rarezas y manías de escritores, os hablamos de aquellos que escribían de pie. Otra que prefería esta opción era Virginia Woolf, pero no por una cuestión de salud ni comodidad, sino por algo más retorcido: rivalidad. Woolf se pasó la infancia en dura competencia con su hermana, la pintora Vanessa Bell. Como Vanessa pintaba de pie, usando el caballete, y a Virginia le daba la impresión de que esto hacía que sus padres la favorecieran, debido al esfuerzo extra que implicaba trabajar de pie, decidió que ella haría lo mismo. Aunque si hablamos de la Woolf, como os podréis imaginar, no faltan preferencias curiosas, y una de ellas era el color morado. Escribía todo lo que podía con tinta morada, en libretas encuadernadas en piel violeta. Tenía también opiniones muy firmes sobre la experiencia lectora: Do not dictate to your author; try to become him. Be his fellow-worker and accomplice (No le dictes a tu autor; intenta convertirte en él. Sé su compañero de trabajo y cómplice).

Roald Dahl, el célebre escritor de libros infantiles, no escribía de pie, sino sentado, lo cual sería muy normal y aceptable si no lo hubiese hecho encerrado en un saco de dormir (qué queréis, en Inglaterra hace frío). Pocos llegan, sin embargo, al nivel de Víctor Hugo, quien se imponía tal disciplina para escribir que procuraba evitar toda tentación de abandonar su novela y salir al exterior. Para ello, guardaba su ropa bajo llave para no tener acceso a ella, dejándose poco más que un gran chal gris que ponerse, una prenda de punto que había comprado expresamente. Algo similar hacía el gran orador y escritor griego Demóstenes, quien se rapaba la mitad de la cabeza para obligarse a permanecer en su domicilio escribiendo hasta que creciera, por miedo a salir y hacer el ridículo. Ninguno de los dos llegaba a los extremos de T. S. Eliot, que al parecer en los años veinte se escondía en apartamentos desconocidos haciéndose llamar “el Capitán” o “Capitán Eliot”. Si alguien acudía a verlo, se pintaba la cara de verde para parecer enfermo.

Pero los hay que llevan todavía más lejos su obsesión por su arte. Aaron Sorkin, el guionista detrás de La red social, El ala oeste de la Casa Blanca o The Newsroom, prueba en voz alta todos sus diálogos para comprobar su verosimilitud. Este es un truco bastante utilizado por parte de escritores, pero Sorkin lo lleva al extremo, en el 2010 se tomó tan en serio el diálogo que estaba interpretando que le dio un cabezazo a un espejo. Sorkin se lamentó de tener que confesar que se había roto la nariz escribiendo, en vez de en una pelea de bar o algo por el estilo.

No obstante, el que se lleva la palma es Dan Brown. Cuando Brown se bloquea, se coloca unas botas de inversión y se cuelga boca abajo de un marco especialmente diseñado para ello. Asegura que funciona; desde luego así se asegura de que le llegue la sangre al cerebro.

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Yibuti, de Elmore Leonard: Conoce a los piratas somalíes

AutorAlfredo Álamo el 24 de octubre de 2013 en Reseñas

Yibuti - Elmore Leonard

Yibuti fue la última de las novelas publicadas por Elmore Leonard antes de morir (si exceptuamos Raylan… una obra menor escrita tras el éxito de la serie de televisión). Leonard está considerado como uno de los grandes maestros de la novela de acción y misterio norteamericana, con decenas de números uno de ventas y un buen lote de películas y series de televisión basadas en sus obras (como Jackie Brown, Cómo conquistar Hollywwod, Justified o Karen Sisco).

Yibuti nos lleva a un lugar alejado de los escenarios estadounidenses a los que Leonard nos tiene acostumbrados. Yibuti es la capital de una pequeña república entre Etiopía y Somalia, situada en el golfo de Adén, en pleno Mar Rojo. Lugar de paso durante miles de años y que resulta el lugar perfecto para que los piratas somalíes acudan tanto a refugiarse como a gastarse los cientos de miles de dólares que ganan con cada rescate.

Leonard utiliza el personaje de Dara Barr, una dura, guapa y premiada directora de documentales que, con su ayudante Xavier -un experto en cámaras y exmarino mercante, conocedor de la zona-, se acercará a ese mundo entre frenético y calculador en el que se mueven los piratas y los que, en el fondo, se lucran con ellos. Y es que los piratas se organizan en grupos con unos líderes bien determinados que negocian con grandes abogados de la City londinense para sacar el máximo beneficio posible. Una vez que tienen el dinero, sólo piensan en una cosa: mujeres, alcohol y Toyotas de color negro.

Yibuti es como la Casablanca de la II Guerra Mundial, un lugar en el que se encuentran los piratas, agentes de la CIA, Al Qaeda, periodistas y, cómo no, la Legión Extranjera Francesa. Leonard cuenta la historia a través del rodaje de Dara -ahorrándose mucha paja narrativa en un uso cinematográfico de la elipsis narrativa- y se permite mostrarnos al verdadero antagonista casi a mitad de libro.

Leonard construye, como es habitual en él, con precisión y siempre que puede a base de diálogos, cortos como disparos. La narración avanza fluida y los personajes se clavan en la retina, esculpidos con maestría. Quizá el uso de la elipsis y la perspectiva de Leonard -totalmente estadounidense- puedan llegar a cansar al lector que no conecte bien con la historia, pero en general el libro se lee con interés y los tiempos están perfectamente marcados.

En definitiva, un libro de acción a la vieja usanza, con un Elmore Leonard que sabe usar todos los trucos del manual para conseguir una lectura entretenida con personajes memorables.

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Los escritores no son personas normales (I)

AutorGabriella Campbell el 23 de octubre de 2013 en Divulgación

Escritores normales

Cuantos más escritores conozco, más tiendo a encontrar grupos y subgrupos de autores. Cada hombre o mujer es un mundo, es cierto, pero es divertido clasificar a los demás en la cabeza de uno de manera casi inconsciente. Por un lado, está el escritor experto en mercadotecnia, el que concibe su obra como un producto y lo vende como tal; por otro lado está el artista, el escritor puro, aquel cuya creación es un acto excelso fruto de la inspiración más elevada. Por supuesto que casi todos los escritores caen en el grisáceo terreno intermedio, y de vez en cuando uno da con un escritor de gran talento que invierte una considerable cantidad de tiempo en trabajar sus habilidades y en promocionar, con gusto y tiento, su obra, pero nada es tan interesante (o irritante) como dar con alguno de los que se encuentran en el lado más alejado del espectro.

No nos centraremos ahora en los grandes vendedores, en esos comerciales de lo escrito que utilizan cualquier medio a su alcance (sea legal, ético, o no) para intentar que su obra sea rentable. Ya os hemos hablado de autores que pagan por recibir reseñas positivas, por ejemplo, y de los negocios que se crean alrededor de este tipo de escritor, desde tipos de coedición poco ortodoxos al tráfico directo de influencias más descarado y nefasto. Hablaremos ahora de los que consideran la escritura como el más sublime arte, y que se enfrentan a esta tarea con rituales que se distancian de la normalidad.

Algo hemos comentado ya de las pequeñas (y grandes) manías de los escritores reconocidos, pero es que el tema da para bastante. Una de mis manías favoritas es aquella que lleva a los escritores a realizar su trabajo de pie, y aunque esto puede partir de muchas razones, algunas lógicas y otras no tanto, hoy en día es una costumbre que empieza a ponerse de moda, debido al poco saludable hábito de estar sentados delante del ordenador durante demasiadas horas, con sus correspondientes problemas de espalda y de postura en general. Podemos encontrar inventos como las mesas para trabajar de pie, o incluso bicis estáticas que nos permiten hacer ejercicio mientras usamos el ordenador. Pero mucho antes de que comenzaran a aparecer estas novedades, muchos escritores famosos ya tenían esta costumbre de trabajar de pie. Hemingway, por ejemplo, Lewis Carroll, Thomas Wolfe (que escribía sobre un frigorífico) o Nabokov. Más cercanos a nuestro tiempo tenemos a Philip Roth, que escribe (o escribía, ya que asegura que se ha jubilado) usando un atril, andando de un lado a otro mientras reflexiona sobre lo escrito. Asegura que anda unos 800 metros por cada página que crea.

Pero detrás de costumbres que pueden parecer anormales, puede haber explicaciones perfectamente razonables (por no hablar de que en muchas ocasiones las supuestas manías de los escritores son exageraciones de la realidad perpetradas por familiares y conocidos). Es el caso de Joyce, de quien se dice que escribía siempre vestido con una chaqueta blanca y con una cera gorda azul sobre el papel. Según la escritora y autora Celia Blue Johnson, que publicó un libro muy detallado sobre rituales y costumbres extrañas de grandes de la literatura, esto se debía a una razón muy sencilla. Joyce tenía muchos problemas de vista (se había sometido a más de veinte operaciones que en nada habían mejorado su dolencia), y por esto necesitaba de una cera grande para ver lo que escribía. La chaqueta blanca, por otro lado, reflejaba mejor la luz artificial que usaba para escribir de noche. Así que, como podéis comprobar, no todas las manías responden a la excentricidad. De ello seguiremos hablando en la siguiente entrega del artículo.

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La música que suena en tus libros favoritos

AutorAlfredo Álamo el 22 de octubre de 2013 en Divulgación

Rompepistas

Ya hemos hablado de las mejores canciones y discos basadas en libros, pero hoy me gustaría dar un paso más y bucear entre páginas en busca de canciones, porque, ¿qué es la vida sin música? ¿Cómo crear un universo realista sin ella? ¿Qué escuchan los personajes? ¿Y los narradores?

Hay escritores que se sienten en la necesidad de explicarlo todo al detalle. No se quedan en un simple comentario sobre la música, sino que dan rienda suelta a sus propias obsesiones sobre el tema. Quizá el mejor ejemplo de esto sea Bret Easton Ellis, quien dedica no pocas páginas de American Psycho a que Bateman realice, entre asesinato y asesinato, una crítica en toda regla de artistas como Phil Collins en su época y su etapa con el grupo Genesis.

Otro de los que destacan por el uso de la música en sus novelas es Stephen King. El autor americano se decanta por el rock and roll más americano, con importantes referencias a los años 50 y, en sus novelas más contemporáneas, King se decanta por grupos como los Ramones o Bruce Springsteen como la banda sonora de su obra, junto con los Beatles y su Hey Jude, especialmente en su serie de la Torre Oscura.

Haruki Murakami es otro de los melómanos metidos a escritor que no pueden dejar de mencionar la música en sus novelas. Murakami incluso abrió el jazz-bar Peter Kat, que dirigió durante siete años. No es de extrañar, pues, que sus obras estén cargadas de música (hasta el punto que incluso su propia estructura responde a piezas musicales… pero esa es otra historia), y en especial de jazz: Duke Ellington, Brook Benton, Desmond White… sin dejar de lado a los Beatles, los Stones o incluso a Prince.

Hablar de música en literatura (y literatura en música) es hablar de Nick Hornby y su novela Alta fidelidad. Aquí hay un poco de trampa ya que la propia historia habla de grupos musicales, pero es una auténtica delicia literaria cómo Hornby habla de la música de los 70, empezando por el propio título, que está sacado de una canción de Elvis Costello, y pasando por Springsteen, Marvin Gaye, Peter Frampton, Bob Dylan o Chicago (entre otros muchos).

De entre los autores españoles, Javier Calvo también le da bastante importancia a la música. En El jardín colgante encontramos referencias a Patti Smith, Magazine, Richard Hell, Blondie, Sex Pistols, en una novela que bebe de ese mismo ritmo punkarra y nihilista. Es la misma música que escuchaba Calvo al escribir la novela, así que más relación entre música y literatura no puede haber. En la misma dirección encontramos un montón de punk rock y reggae en Rompepistas, de Kiko Amat, centrada en la época de la vida donde nos agarramos a la música para definirnos o, al menos, no perdernos: la adolescencia.

Si lo que os gusta es la música clásica, podréis encontrar un montón de referencias en los libros protagonizados por el inspector Morse, obra de Colin Dexter. Morse es un verdadero apasionado de la ópera y la música no sólo forma parte del personaje, sino que es importante en la trama de las novelas.

¿Y vosotros? ¿Qué libros conocéis en los que la música sea importante, que dé un paso más allá de la simple ambientación? ¿Hay alguna canción que os haya llamado la atención en un libro? (Como por ejemplo, la Bohemian Rhapsody de Queen en Buenos presagios, de Pratchett y Gaiman)

Os esperamos, como siempre, en los comentarios.

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Matar a papá, de Carina Bergfeldt: Asesinato pop

AutorAlfredo Álamo el 21 de octubre de 2013 en Reseñas

Matar a papá - Carina Bergfeldt

Carina Bergfeldt es una de las periodistas más conocidas de Suecia y tiene en su haber premios tan importantes como el Årets stilis o el Aswedish, gracias a su labor como cronista de sucesos y actualidad en el diario Aftonbladet. Con Matar a papá, Bergfeldt ha dado el salto a la novela con un éxito considerable en su país de origen y que pronto será publicado en prácticamente toda Europa.

Según la sinopsis:

Una mujer planifica la muerte de la persona que ha convertido su vida en un auténtico infierno, su padre. Mientras el plan parricida avanza, se encuentra el cadáver de una mujer dentro de un bloque de hielo en un lago. Tres mujeres investigarán el crimen. Las tres esconden algo, pero el secreto que guarda una de ellas es quizás el más inconfesable. Una novela negra que rompe con todos los estereotipos.

Una de las principales características de Matar a papá es que estamos hablando de una novela de mujeres. Las tres narradoras, cada una con su vida, sus problemas, sus sueños y problemas, se alternan con una cuarta, la de una de ellas que planea el asesinato de su padre, pero cuya identidad no se nos revelará hasta el final. Así que tenemos la investigación de un asesinato desde tres puntos de vista que se alterna con la preparación minuciosa de un crimen.

Sin duda, uno de los aciertos de Matar a papá es la preparación del asesinato, con la futura asesina basándose en todo un alijo de cultura popular: desde las películas basadas en Los hombres que no amaban a las mujeres, pasando por las temporadas completas de CSI, o incluso la selección de una banda sonora adecuada para el asesinato, con letras elegidas a conciencia, para poner de fondo mientras prepara el escenario del crimen al más puro estilo Dexter Morgan.

Matar a papá es una novela negra con un estilo sencillo y una estructura muy original, que se lee con agrado y de la que ya se está preparando una continuación. En el debe, quizá la investigación principal resulte un tanto predecible y pierda interés pronto frente al asesinato en ciernes. En cualquier caso, recomendable para los amantes de la novela criminal en busca de una perspectiva fresca de manos de una periodista experta en sucesos.

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Cerrar bibliotecas es como dejar de vacunar

AutorAlfredo Álamo el 18 de octubre de 2013 en Opinión

Neil Gaiman

Al menos eso opina el conocido autor inglés Neil Gaiman en unas interesantes declaraciones realizadas durante un acto en Londres. Gaiman cree que las bibliotecas son fundamentales a la hora de criar a los niños y que es deber de todos los adultos hacer crecer en los más pequeños el amor a los libros.

La defensa de Gaiman no es casual: tanto en Inglaterra como en Estados Unidos las bibliotecas han supuesto una piedra de toque para los amantes de los recortes y son muchos los movimientos sociales que han reivindicado su importancia, ya que las bibliotecas, pese a lo que muchos políticos piensan, no son meros almacenes de libros sino puntos donde aprender a acceder a la información y qué hacer con ella.

Si en el extranjero la cosa va mal, en España tampoco va mejor, ya que en varias bibliotecas se está empezando a sustituir al personal bibliotecario por gente cobrando la prestación de desempleo que se ve obligada a cubrir puestos de trabajo para el que no tienen la formación necesaria. Está claro que los estados no contemplan a las bibliotecas más que como un gasto innecesario que no tiene cabida en sus presupuestos.

Sin embargo, Gaiman hace suya la propuesta de la autora Jeanette Winterson y opina que los grandes gigantes de Internet que están metidos en el mundo del libro, como Google o Amazon, deberían pagar un impuesto dedicado exclusivamente al mantenimiento y apertura de bibliotecas. Desde luego, aquí en España, que ni siquiera pagan el IVA como toca, resulta una propuesta cercana tan fantástica como las obras del escritor británico.

Por último, deja un consejo a editores, políticos y grandes empresas:

Todos quieren saber cómo será la industria editorial en cinco o diez años. Han visto el libro de reglas destrozado, y sus hojas arrugarse y arder. Pero son conscientes de que los lectores adultos vienen de lectores jóvenes, y que tienen una obligación para con ellos.

¿Y vosotros? ¿Qué opináis de que las bibliotecas sufran estos recortes justo cuando el acceso a la cultura -por la vía más clásica- se hace cada vez más complicada? ¿Fomentará esto la aparición de bibliotecas digitales fuera del control de las editoriales y el estado?

Vía: The Bookseller.

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La batalla de las opiniones: Autores y lectores en las redes sociales

AutorAlfredo Álamo el 17 de octubre de 2013 en Opinión

Autores y lectores

Ya hemos hablado en alguna ocasión de cómo las redes sociales logran por un lado una mayor comunicación entre lectores y autores y, por otro, que ese encuentro tan deseado muchas veces toma caminos no del todo esperados por ninguna de las partes.

A medida que avanza la implantación global de Facebook o Twitter parece casi imposible que los autores escapen a tener un perfil activo en una u otra de las redes sociales (incluyendo las literarias, como Goodreads o Lecturalia). Aunque para muchos no lo parezca, los escritores son gente como cualquier otra, con sus filias, sus fobias, sus salidas de tono y sus propios problemas. No todos están acostumbrados a comportarse como una figura pública ya que, tradicionalmente, el escritor siempre ha gozado de una privacidad extra y, por qué no decirlo, un cierto misticismo reverencial a su alrededor.

La cercanía que producen las redes sociales puede dar como resultado auténticos desencuentros entre un autor y sus lectores, sobre todo por parte de aquellos que no aceptan las críticas negativas con el estoicismo que se les supone. Hay que dejar claro que las guerras entre críticos y autores son viejas como el tiempo, pero ahora, con el boom de los autores autoeditados y la facilidad para que cualquiera pueda dejar su opinión pública en un foro muy visitado, vivimos tiempos confusos. Todo escritor debería recordar que es él quién puede, o no, dar validez e importancia a un comentario.

Leo en Salon.com que a raíz de una mala crítica se lía un verdadero cruce de insultos y recontracríticas en Goodreads por parte de un autor y un lector -a quién no le gustó su obra-, además, claro, de todos los amigos de ambos que acudieron a enzarzarse en la discusión. Pero no hace falta irse tan lejos, ya que en los últimos meses han proliferado las discusiones entre bloggers y autores en castellano, criticando libros, criticando las críticas y criticando las críticas de las críticas en un bucle pueril y sin sentido.

A mi juicio, creo que el problema está en el lado de los escritores. Las malas críticas son inevitables y por mucho que nos busquemos en Google y entremos en todas las páginas donde se nombra nuestro libro, no hay que obsesionarse por dar réplicas o tirar de ironía sangrante sobre los lectores. No hay que ser tan inseguro para pensar que tu carrera se acaba porque a un lector con blog no le haya gustado tu novela, ni se puede ir señalando que si no le ha gustado es porque no la ha entendido bien. Lo mejor es tomar nota de lo que dicen y tenerlo en cuenta -o no- para la próxima. En cualquier caso, toda participación debe ser constructiva.

Ahora bien, esto tampoco quiere decir que uno se quede callado en el momento en que la crítica a una novela, un texto, pase a mayores y se entre en el terreno personal. Ahí ya la línea es difusa con respecto a lo que hacer, si contestar, si darlo a conocer; sinceramente, creo que la mejor venganza que puede tomarse un escritor con alguien que le cae mal es retratarlo en su próximo libro.

El cielo ha vuelto: Clara Sánchez ganadora del Premio Planeta

AutorAlfredo Álamo el 16 de octubre de 2013 en Noticias

Clara Sánchez - Premio Planeta

Clara Sánchez añade el Premio Planeta al Nadal y al Alfaguara en su estantería gracias a El cielo ha vuelto. Y no es un premio cualquiera: los 601.000 euros que se lleva y la promoción de todo el grupo Planeta van a convertirla en una de las estrellas mediáticas del próximo año. Junto a ella, la exministra Ángeles González-Sinde se cuela como finalista, embolsándose la nada desdeñable cifra de 150.000 euros, por El buen hijo.

Hace pocos días José Manual Lara decía que le convenía dar el premio a un autor emergente, así que si estáis empezando en el mundo de la literatura y optáis al Planeta, ya sabéis cuál es el concepto de autor emergente que se considera: veinticinco años de carrera, varios best-sellers y el Premio Nadal como mínimo. Esto no le quita mérito a la autora, que hace poco consiguió un gran éxito con Lo que esconde tu nombre (2010), aunque Entra en mi vida (2012) no levantó las mismas pasiones. Con El cielo ha vuelto (2013) nos encontramos de nuevo con una historia de intriga con dosis de erotismo en la que una modelo tendrá que averiguar quién la quiere muerta.

En cuanto a Ángeles González-Sinde, que ha firmado guiones como La buena estrella o Lágrimas negras, así como Mentiras y Gordas, venía apretando fuerte desde la literatura infantil, llegando a ser ganadora del Premio Edebé en 2006. Ahora da el salto a la literatura para adultos con El buen hijo, una historia tragicómica de costumbres. Sin duda, su paso por la política no dejó indiferente a nadie, ¿logrará lo mismo con la literatura?

Clara Sánchez y Ángeles González-Sinde, dos mujeres copando el Planeta. ¿Qué os parecen estas autoras? ¿Superan a la dupla del año pasado, Lorenzo Silva y Mara Torres? Os esperamos, como siempre, en los comentarios.

Foto modificada de Rodrigo Fernández bajo licencia CC S.A

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El canto del cuco: Llega J. K. Rowling, pero disfrazada

AutorAlfredo Álamo el 15 de octubre de 2013 en Noticias

El canto del cuco - Galbraith - Rowling

Que Robert Galbraith es J. K. Rowling es algo que ya conocen casi todos los seguidores de la escritora inglesa, y El canto del cuco la novela con la que intentó, sin demasiado éxito, probar su valía como autora de misterio sin arrastrar tras ella todo el peso de Harry Potter.

Pues bien, tras toda una odisea editorial en Inglaterra, donde se ha convertido cómo no, en un superventas una vez se supo quién era la verdadera autora, llegará a nuestras librerías en noviembre El canto del cuco, firmado, eso sí, con el seudónimo de Robert Galbraith.

El secreto sobre la autoría del libro se descubrió gracias a la insistencia de un periodista, quien, tras recibir un primer soplo, recurrió a una tecnología informática capaz de otorgar una autoría a un texto determinado con un margen de error más que aceptable.

Espasa publicará El canto del cuco el 14 de noviembre, así que no falta mucho para que podamos disfrutar con las aventuras, más bien desventuras, del investigador privado Cormoran Strike (supongo que con ese nombre sólo puedes ser detective, espía o supervillano) y habrá que ver cuáles son las reacciones a esta novela de intriga, escrita con un corte más clásico que Una vacante imprevista.

Aquí os dejamos la sinopsis:

La aclamada primera novela de misterio de Robert Galbraith narra la historia de una joven modelo con problemas emocionales que cae desde su balcón de Mayfair en plena noche. Su cuerpo yace en la calle nevada. Todo el mundo asume que ha sido un suicidio, excepto su hermano, que contrata los servicios del investigador privado Cormoran Strike para que se encargue del caso. Veterano de guerra con secuelas físicas y psicológicas, la vida de Strike es un desastre. El encargo le da cierto respiro económico, pero cuanto más profundiza en el complejo mundo de la modelo, más coscuro parece todo y más se acerca Strike a un gran peligro. Un elegante misterio impregnado de la atmósfera de Londres, desde las calles más selectas de Mayfair hasta los pubs ocultos del East End o el bullicio del Soho.

¿Y vosotros? ¿Os interesaría El canto del cuco si no supierais quién está detrás de Robert Galbraith? ¿O sería una novedad más del montón?

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