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Alfredo Álamo (Página 211)

¡Que llega la reina!

AutorAlfredo Álamo el 18 de junio de 2009 en Noticias

La reina en el palacio de las corrientes de aire

¡Abran paso! ¡Llega la reina!

La reina en el palacio de las corrientes de aire, por supuesto. Hoy -18 de Junio- es el día elegido por Destino para poner a la venta las 500.000 copias de la última novela que escribió Stieg Larsson para la saga Millenium aunque tenía pensadas más entregas para la pareja protagonista, Salander y Blomkvist.

Sin embargo el destino, que no Destino, decidió que ayer mismo muchos pequeños libreros decidieran abrir las cajas por su cuenta y poner sobre los mostradores el que se va a convertir con seguridad en el best-seller de la temporada, adelantando por un paso a todos los centros comerciales y a sus babélicas torres y expositores gigantes a la hora de captar a los más adictos Larssonianos.

Sin duda, si el libro se hubiera presentado un poco antes, las cifras de La Feria del Libro de Madrid habrían sido todavía mejores y no estaríamos hablando de un 10 a un 15 por ciento más. El hecho de juntar el lanzamiento con el de Falcones y su Mano de Fátima es un riesgo que tienen que correr desde Destino si quieren convertirse en el “libro de verano”, aunque la velocidad a la que se lee a Larsson no es la misma que, por citar otro clásico veraniego, Ken Follett.

En Lecturalia ya lo tenemos, así que en unos pocos días os contaremos qué nos ha parecido el desenlace de la saga Millenium y la venganza sin piedad de la inquietante Lisbeth Salander. Por cierto, el título en sueco de este libro es El castillo de aire que fue derribado y en inglés La chica que pateó el avispero… pocas veces he visto tanto cambio en el título de un libro. Yo me quedo con el de castellano, la verdad, ¿y vosotros?

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Rutinas de escritores y otros personajes interesantes

AutorAlfredo Álamo el 18 de junio de 2009 en Divulgación

Truman Capote

En Daily Routines tienen una interesante recopilación de hábitos diarios, todos de artistas, escritores o, simplemente, gente interesante.

Agrupados por arquitectos, directores de cine, científicos o escritores, tenemos acceso a esos pequeños detalles que han entresacado de entrevistas, libros y biografías diversas. También han realizado una agrupación por hábitos distintos, como bebedores o madrugadores, por poner un ejemplo.

Me han llamado la atención varios de ellos, así que voy a traducir un poco:

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Memorias de un hombre de palo, de Antonio Lázaro

AutorAlfredo Álamo el 16 de junio de 2009 en Reseñas

Memorias de un hombre de palo

Antonio Lázaro hace suya la leyenda del hombre de palo en su última novela, una recreación histórica del Siglo XVI ambientada en Toledo.

El hombre de palo, tal y como se cuenta en Toledo, donde hasta tiene dedicada una calle, al parecer era un autómata de madera creado para semejar un pedigüeño que Juanelo Turriano, relojero y matemático mayor de Carlos I y Felipe II. El tal Turriano estaba en Toledo para construir un artificio que llevara aguas del Tajo a la ciudad, algo que nadie nunca había conseguido.

Lázaro recoge la vida de Turriano y la convierte en la de un Da Vinci aventajado, recrea Toledo con fidelidad y crea un ambiente lleno de estampas locales donde se nota que el trabajo de documentación está más que trabajado. Para aquellos que sólo le piden a una novela histórica que recree de manera amena un momento pasado, sin importarles demasiado otros detalles, Memorias de un hombre de Palo [Suma] es una historia que los enganchará sin problemas.

Vaya por delante que soy un auténtico enamorado de autómatas, mecanismos, resortes y engranajes. Adoro las historias de elementos mecánicos que simulan vida, me fascina esa tecnología entre relojera y mágica que se dio sobre todo a finales del XVI al XVIII. Quizá esa esperanza de encontrarme con algo así es lo que ha trastocado algo mi lectura del libro.

Encuentro que Memorias de un hombre de palo tiene un desarrollo plano, carente de emoción. La narración es inalterable, con pocos cambios de ritmo, con una acción a cuenta gotas y que se ve venir de lejos. Se nos narra la determinación de Juanelo con su Artificio y la de Aurelio el Comunero con su amistad. No hay desarrollo, ni crecimiento, ni cambio. Tal y como empiezan los personajes, así acaban.

El hombre de palo, que se adivinaba como protagonista, o elemento de capital importancia, queda relegado a un segundo plano -cuando toma protagonismo la historia se vuelve inverosímil– y a un epílogo de lo más extraño. La decepción, quizá, me venga por el abandono de una historia que yo creía de autómatas y relojeros por una en la que no se explica nada y se atribuye todo a una suerte de mística extraña que aparece de la nada para cerrar los hilos al final de la novela.

Una historia que queda convertida en una sucesión de bonitas estampas, bien detalladas, buenos diálogos, pero carente de una vida verdadera, como le sucede, en teoría, al mismo Don Antonio, el Hombre de Palo.

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Al día con los ebooks

AutorAlfredo Álamo el 16 de junio de 2009 en Noticias

Pixel-Qi

En las últimas semanas han surgido diferentes noticias que afectan al novedoso ecosistema de los libros electrónicos, tanto en aspectos puramente tecnológicos como en situaciones de mercado. Vamos a hacer un breve repaso para ponernos al día.

Sin duda, el movimiento de Google para que Google Books se ofrezca como una nueva plataforma de venta para ebooks, dejando los precios en manos de las editoriales, supone un serio aviso para Amazon, que en estos momentos copa el mercado americano, un mercado en el que las ventas de libros electrónicos aumentaron más de un 200% en el último cuatrimestre.

Por otro lado, y sin dejar a Google de lado, el gobierno estadounidense está revisando el acuerdo de la empresa californiana con autores y editores -ese acuerdo al que CEDRO le faltó tiempo para lanzarse de cabeza y aceptarlo- por sospechas de una posible situación de monopolio en el mercado. Es posible que el acuerdo se tenga que modificar en un futuro, aunque todavía no se sabe nada con seguridad.

Los e-readers proliferan. Los hay de colores, más pequeños, con wifi o sin wifi, pero la ley de los 250€, precio del que no se descuelgan, sigue manteniéndolos alejados del mercado real. La opinión de los expertos es la misma: cuando bajen de precio se producirá un cierto despegue, pero ojo, los usuarios leen en cualquier dispositivo cómodo, como ordenadores o incluso smartphones; relacionar exclusivamente e-readers con la situación de demanda de ebooks puede ser un caso de ceguera editorial. En el portal de Scribd -dado a conocer por demandas, o más bien por el anuncio de demandas, desde el mundo editorial- ahora han inaugurado una tienda virtual donde Simon&Schuster -que lleva a gente como Stephen King- ponen a la venta sus ebooks. La traba es doble: no se pueden leer en Kindle y además cuestán sólo un 20% menos que su equivalente en papel

Hablando de pantallas de ordenador, hay que señalar las tecnologías que vienen pegando fuerte y que podrían, en un momento dado, cambiar los ebooks tal y como los conocemos. La tecnologia Pixel-Qi promete integrarse con facilidad en las fábricas de LCD actuales y convertir, con un sencillo botón, la pantalla de nuestro portátil en una pantalla de bajo consumo perfectamente visible incluso bajo la luz directa del sol.

Las implicaciones son enormes -pantallas quizá no tan perfectas a la hora de la tipografía, pero geniales para ver vídeo– y se avecina una dura competición. De entrada Samsung ha presentado una tecnología similar a la Pixel-Qi, así que las grandes empresas es posibile que metan la cabeza en el negocio.

Escenarios que cambian demasiado rápido, posiblemente el mayor enemigo del ebook, estar basado en una tecnología en continuo desarrollo para un uso muy específico. ¿Serán los aparatos multitarea los que acaben haciéndose con el mercado, dejando a los e-readers sólo para unos pocos? La tecnología Pixel-Qi y similares parece ir por ese camino, pero todo puede cambiar con un anuncio tecnológico mañana, pasado mañana o la semana que viene.

Libros comestibles

AutorAlfredo Álamo el 15 de junio de 2009 en Noticias

Libro comestible

Como complemento al master de edición de UAM-Edelvives, se realizó en la Feria del libro de Madrid una curiosa experiencia que lograba aunar dos mundos tan relacionados como la gastronomía y la literatura.

No estamos hablando de recetas basadas en los menús que salen en algunas novelas, aunque no habría sido una mala idea revisitar tanto las novelas de Vázquez Montalbán con Carvalho, verdaderas joyas culinarias, o bien las del comisario Montalbano, obra de Andrea Camilleri, para apreden cocina italiana. No habría que olvidar un toque gallego, como el que da Domingo Villar en Ojos de agua en la persona de Leo Caldas.

La iniciativa, menos calórica, me temo, era la de presentar las novelas editadas en el master y mostrar sus portadas convertidas en producto comestible gracias al buen hacer del chef Firo Vázquez. La idea viene también por el nombre de la editorial creada a tal efecto, Tinta de Calamar: obleas de pan pintadas con tinta, como no, de calamar, con dibujos o frases que fueron repartidas, como una comunión religiosa entre esos dos mundo, para los asistentes.

Sin embargo, ¿qué más se podría hacer? La verdad es que pan con tinta es original, pero… ¿Una portada de Rebelión en la Granja hecha con bacon recién rustido no estaría mejor? ¿Unas buenas morcillitas de arroz para presentar Nocturna, de Guillermo del Toro? ¿Arroz y pescado crudo formando 1Q84 de Murakami?

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Como una moto, la vida de John Belushi

AutorAlfredo Álamo el 15 de junio de 2009 en Divulgación

Como una moto

John Belushi fue el cómico de más talento de toda una generación de actores americanos, pero por desgracia, ese mismo talento, esa fuerza que lo convertía en único, acabó lastrándolo hasta su misma muerte.

Cuando murió apenas tenía 33 años, se había convertido en una estrella de la televisión gracias al Saturday Night Live -aunque, y esto es un dato a tener en cuenta, el que se llevó el gato al agua del programa fue Chevy Chase-, ya había realizado varias películas y se lanzaba dentro del mundo de la música con la Blues Brothers Band.

Las películas fueron éxitos de taquilla, tanto Desmadre a la Americana -donde su papel de Bluto parece que acabó formando parte de su personalidad- como el Jake de los Blues Brothers -siempre encantador, siempre con una excusa, una mentira, un cigarrillo y una copa en los labios- y acabaron por hacer que Belushi, de algún modo, dejara a esos personajes tomar el control.

En su entorno nadie quería creer qué es lo que hacía, su adicción a las drogas fue tolerada y animada por muchos de sus amigos, que llevaban su mismo camino, nadie supo frenar la carrera hacia el abismo de Belushi que acabó en un cuartucho de mala muerte en Hollywood tras varios días de meterse todo tipo de sustancias en el cuerpo, incluso llegando a inyectarse heroína en vena, último tabú de los actores de la época.

Sin embargo, pese a todo, la viuda de John Belushi no aceptó que su muerte fuera producto de la propia autodestrucción del actor, así que contactó con Bob Woodward, conocido periodista coautor del famoso reportaje sobre el Watergate que acabó con Nixon, y le encargó rehacer las últimas horas de Belushi para conocer quién estaba con él , quién le dio las drogas, buscando alguien que cargara con la culpa de aquella muerte.

Lo que Woodward iba a convertir en una serie de artículos se convirtió en un libro –Como una moto [Global Rythm]-, una historia sobre el mundo de Hollywood y las drogas y de los últimos días de Belushi, reflejados casi minuto a minuto. Lo cierto es que no encontró ningún culpable directo, pese a la negligencia del cuerpo de policía de Los Ángeles en la investigación. El resultado es una historia triste pero que cuenta perfectamente una época que llegó a su fin con la muerte de Belushi, un hecho que marcó un antes y un después para toda una generación de actores.

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La tercera virgen, de Fred Vargas

AutorAlfredo Álamo el 13 de junio de 2009 en Reseñas

La tercera virgen

Ya hemos comentado en otra ocasión algún libro de esta escritora francesa. Hay que dejar claro que no es una lectura de novela negra normal. Fred Vargas siempre plantea los libros de una manera en la que te tienes dejar llevar, es un acuerdo en el que si no entras, puede que llegado un punto de la lectura te preguntes si en realidad no tenías nada mejor que hacer.

En La tercera virgen[Siruela] nos encontramos de nuevo al comisario Adamsberg, recién llegado de su valle en los pirineos y tan meditabundo y reflexivo como de costumbre, puede que más. Dos cadáveres de unos criminales habituales levantan las sospechas del comisario pese a que todo indica que es un asunto de drogas. Mientras investiga las muertes, Adamsberg se reencuentra con una forense con la que trabajó cuando iniciaba su carrera, al mismo tiempo que tiene que lidiar con unos asuntos en Normandía y sus secos habitantes y con el fantasma de la monja sangrienta que al parecer vive en su nueva casa.

Vargas retoma al comisario Adamsberg y al microcosmos de la comisaría con Danglard a la cabeza, mientras saca a la luz elementos del pasado pirenaico del comisario en forma de un recién llegado a la unidad, originario del valle montañés contiguo al de Adamsberg, entre los que existe una rivalidad milenaria. Como nota distintiva, este nuevo compañero improvisa versos y habla con ellos para dar explicaciones, lo que saca de quicio a Danglard.

De nuevo nos encontramos con unos diálogos rápidos e interesantes, una narración fluida como es habitual en Vargas, y también con esos elementos peculiares, casi mágicos en ciertos momentos, que tienes que creer casi en un acto de fe, de comunión con el universo tan parecido y diferente al nuestro que ha creado Fred Vargas para situar sus ficciones.

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El mediodía de la Gioconda crepuscular, de J.G Ballard

AutorAlfredo Álamo el 12 de junio de 2009 en Reseñas

Playa terminal

Hace poco que nos dejó Ballard, en mi opinión uno de los grandes visionarios del futuro cercano, un futuro que ya nos ha alcanzado en algunos aspectos, y me gustaría rescatar uno de mis cuentos favoritos del escritor inglés.

La Gioconda del mediodía crepuscular, incluida en Playa Terminal , nos plantea una situación sencilla: Richard Maitland sufre de ceguera temporal y descansa junto a Judith, su mujer, en la casa de la playa. Ballard nos cuenta cómo se adapta progresivamente a esa falta de visión y también el proceso por el cual se agudizan el resto de sus sentidos.

Así contado, desde luego, parece una historia manida y contada cien veces: el descubrimiento de las cosas bellas de la vida, esas que por fijarse sólo en lo que vemos, dejamos pasar por alto. Crecimiento personal, desarrollo, autoestima, algo digno de un telefilme para la sobremesa de los domingos.

Ballard nos lleva un paso más allá, como hace con su protagonista. A medida que pasa el tiempo profundiza, tanto en sí mismo como en un pasado que imagina o cree recordar, un momento, un lugar del que ni puede ni desea escapar. Esta es una de las constantes en Ballard, el mundo interior que más que liberar, atrapa en una mezcla de placer y horror.

El cuento finaliza de una de las maneras más horrorosas y poéticas a la vez que yo haya leído, y ahí es donde se aprecia la grandeza de Ballard en un cuento corto e intrascendente capaz de dejarme fuera de combate a partir de una premisa más que usada. La versión onírica de Ballard mezclada con una realidad demasiado cercana, la violencia incontenida e irracional, elementos del universo del escritor que me fascinan y atrapan al mismo tiempo que producen un rechazo visceral.

Por eso no puedo dejar de recomendar a Ballard, sobre todo sus cuentos cortos. Puro veneno para el alma sencilla.

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Aleister Crowley: La Gran Bestia

AutorAlfredo Álamo el 11 de junio de 2009 en Divulgación

Aleister Crowley

A finales del siglo XIX y a principios del XX se produjo en todo el mundo occidental un resurgimiento del ocultismo, la magia hermética y las tradiciones más orientalizantes. Uno de los promotores, por llamarlo de alguna forma, de esa revolución cultural fue, sin duda, Aleister Crowley.

Hablar de Crowley no es nada sencillo. Se trata de una de las figuras más polémicas, extrañas, irreverentes, e incluso profundamente enfermas de la historia de la humanidad. Criado a finales del XIX en una familia millonaria pero fanática dentro del puritanismo -que ya de por sí es duro- creció para contradecir y convertirse en el polo opuesto de todas las enseñanzas que recibió de niño.

Lo que hizo Crowley fue aglutinar diversas tradiciones que parecían dormir el sueño de los justos, arrinconadas en pequeñas sociedades secretas a las que los anglosajones parecen tan aficionados. Formó parte de algunas de ellas, quizá la más famosa fuera The Order of the Golden Dawn, con miembros tan famosos como el poeta Yeats, pero de todas acabó distanciándose, bien por voluntad propia o expulsado por su conducta personal.

Y es que Crowley no hacía concesiones. Drogadicto -politoxicómano, posiblemente- consumió y relató los efectos de todo tipo de drogas, aunque la que le marcó fuera la morfina y posteriormente la heroína. En cuestión de sexo, el mago inglés estaba a años luz de las costumbres sociales de la Inglaterra victoriana: bisexual, organizador de orgías, creador de rituales mágicos con ayuda del sexo tántrico… El objetivo de su vida era encontrar a su Mujer Escarlata, aquella destinada a completarlo y darle un heredero, objetivo que no llegó a cumplir por completo aunque llegó a casarse en dos ocasiones.

Dentro de su carrera en las órdenes misteriosas, Aleister Crowley creó o refundó varias de ellas, como el Ordo Templi Orienti (OTO), Astrum Argentum o el Templo de Thelema. Tras un viaje por Egipto, Crowley sufrió una epifanía frente a Horus e incorporó elementos decididamente orientales a la tradición más hermética y matemática europea, creando unas enseñanzas entre la carne y la mente que rompían con todos los esquemas sociales conocidos.

Acusado de magia negra, fue considerado el hombre más perverso de Inglaterra, lo que para los ingleses es como decir el más perverso del mundo, quizá excluyendo a Francia. Sin embargo, Richard B. Spencer, uno de tantos biógrafos de La Gran Bestia, mantiene que Crowley actuó como agente secreto al servicio de su majestad durante varios años, sobre todo en la I Guerra Mundial, atrayendo conspiradores y descontentos irlandeses, así como otros elementos peligrosos que respondían a las provocaciones del mago.

Aleister Crowley

Durante la II Guerra Mundial, Ian Fleming con la ayuda de Crowley creó la extraña trama de los horóscopos y cartas astrales falsas destinadas a confundir, y finalmente capturar, a Rudolph Hess, jerarca nazi que acabó volando a Inglaterra para instaurar un nuevo rey en el trono… Fleming propuso a Crowley para que interrogara a Hess, quizá por entender que sólo dos mentes tan extrañas podían llegar a comprenderse, pero al final ese encuentro no llegó a producirse.

Otros encuentros de Su Satánica Majestad -como llegaron a bautizarle los Stones– se dio en Portugal con uno -que era trino- de sus grandes poetas: Pessoa. Al llegar Crowley a Lisboa, una gran niebla obligó al barco en el que viajaba a desviarse de su ruta. Cuando finalmente se encontraron, Crowley miró a Pessoa de manera enigmática y le susurró algo acerca de la gracia que le hacía que alguien le enviara nieblas. La aventura de Crowley en Portugal acabó con la policía de por medio, una cigarretera desaparecida cerca de La Boca del Infierno y un rumor sobre la muerte de Crowley que duró unos cuantos meses.

La vida del mago terminó en el hospital, nadie se pone de acuerdo sobre sus últimas palabras, si es que las hubo. Lo cierto es que Crowley fue un elemento disonante a ambos lados del atlántico y que sus prácticas entre lo sexual, mágico e irracional supusieron un camino dentro de los elementos underground de la cultura occidental que finalemente han conformado gran parte de nuestra cultura popular actual.

Si estáis más interesados en la figura de Aleister Crowley, en el mercado hay varios libros suyos, así como dos biografías, la de Martin Booth Su satánica majestad [Melusina] y La gran Bestia: Vida de Aleister Crowley [Siruela], escrita por John Symonds y cuya lectura recomiendo.

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1984. Orwell y las nuevas tecnologías.

AutorAlfredo Álamo el 9 de junio de 2009 en Divulgación

1984

Hoy hace 60 años que Orwell publicó 1984 y desde entonces las interpretaciones de su obra se han dado por cientos, en busca, normalmente, de arrimar el ascua a su sardina ideológica.

Durante los últimos años el debate estaba más o menos dividido entre los que sólo veían la parte comunista del texto y los que pensaban más en su lado fascista. La corriente menos utilizada en política y más en literatura era la que siempre ha dado igual importancia a ambos elementos.

Si bien es cierto que la figura malvada central en 1984 es prácticamente igual al dictador Joseph Stalin, sus métodos y maneras, la estructura de esa Oceanía imaginaria, se corresponde a un estado fascista. El control absoluto del Estado no es privativo de ninguna dictadura, sea cual sea su color ideológico.

La nueva moda es dejar a un lado ese componente político -total, parece que podemos obviar a China y su dictadura, cada vez más cerca del libro de Orwell– y centrarse más en el lado tecnológico de la historia. Desde el mundo americano sorprende que cada ciudadano tenga un número de identificación y así lo ponen como ejemplo de deshumanización. En muchos países de Europa hace tiempo que tenemos documentos de identidad con huella digital incluida y no parece un atentado tan maligno.

Los conceptos de privacidad, es cierto, no nos engañemos, están amenazados, pero esta vez no desde un estado omnipresente y controlador que quiere saber en todo momento en qué estamos pensando. Ese es la razón de la tecnología en 1984, control del pensamiento, perdida de la identidad a través de un sistema adoración al líder. Ahora, sin embargo, pese a que el control puede ser más efectivo, no estamos en un control de las ideas: los movimientos neoliberales quieres saber qué haces, dónde estás, qué compras. ¿El imperio de la ley a través de la intrusión? Hace pocos días, en Francia, se utilizaron programas militares de rastreo para desmontar un servidor de descargas P2P. Lo cierto es que todo lo que suena a intervención del ejército en la vida civil da un poco de respeto, sobre todo si es para algo tan trivial como descarga de películas.

Las nuevas tecnologías de comunicación o las herramientas de posicionamiento no son malas, dañinas o perjudiciales, pero, y ahí es donde Orwell seguirá vigente, el uso erróneo que le den los estados determinará el nivel de libertad de los individuos. Frente al inmovilismo del pensamiento nos enfrentamos a el análisis del consumo. La nueva era será “Eres lo que consumes” y el rastro, en lugar de en papeleras, lo iremos dejando en las cookies del navegador y los unos y ceros de las transferencias electrónicas.

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