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Feria del libro de Valencia

AutorRaquel Vallés el 14 de abril de 2009 en Noticias

Fira del Llibre

Durante esta semana y la que viene serán muchas las noticias sobre el Día del Libro y las diferentes ferias que arrancan coincidiendo con este día. Este año se celebra la edición número cuarenta de la Feria del Libro de Valencia y con ella empiezan a escucharse el que será el estribillo que, mucho nos tememos, acompañará a muchas de estas ferias: la crisis, por una parte excusa perfecta para que las instituciones recorten las ayudas o, como en el caso que nos ocupa, aun no hayan pagado las subvenciones del año anterior, por otra muletilla de este año, si va bien será a pesar de la crisis, si va mal será culpa de la misma. De todas formas, y tal y como comenta la presidenta del Gremi de Llibrers de València, Glòria Mañas, el sector de las librerías está en crisis perpetua por lo que igual está más preparado que otros sectores para afrontar los problemas económicos. Otro de los temas recurrentes de estos días será, como no, el reto del libro electrónico.

Sea como sea, el día 22 arranca la Feria del Libro de Valencia, en su ubicación tradicional, los jardines de Viveros, con ochenta casetas y un programa variado, con el que acercarán las novedades del mundo editorial hasta el domingo tres de mayo, a través de presentaciones de libros, talleres o conferencias de lo más variado. En la página web de la Feria del libro podréis encontrar el programa y toda la información que necesitéis.

Ojos azules, de Pérez Reverte

AutorAlfredo Álamo el 14 de abril de 2009 en Reseñas

Ojos Azules

Ojos azules es una apuesta por parte de Seix Barral para su colección Únicos, dedicada a la literatura de corte personal, difícil de encontrar, a la que se provee de una edición cuidada, perfecta para el coleccionista o el regalo.

Sólo así, pensando en el libro fetiche, se comprende la edición de esta miniatura ilustrada que apenas ocupa sesenta páginas contando las ilustraciones y el prólogo. En realidad el texto de Reverte es un cuento realmente corto en el que se condensa la esencia del escritor con un tema que le viene que ni pintado: Los sucesos de la noche triste durante la conquista de México. Se puede resumir en pocas palabras: Españoles abocados a su negro destino por hijoputas pero echándole unos huevos tremendos.

De la calidad del texto, la habitual en Reverte, que levantará pasiones en sus seguidores, que seguramente ya lo habrían leído con anterioridad en el año 2000, fecha en que fue publicado originalmente en el diario El País, pero que dejará fríos a casi todos los demás. Mención aparte merece la “escapada” de Reverte al sello editorial de Seix Barral para esta publicación cuando lo habitual en él es publicar en Alfaguara.

Los 14 euros del libro, por muy bien editado que esté, que así es, parecen excesivos para esta pequeña pieza. Como ya he dicho, un libro para los completistas o para un regalo concreto. Quizás sea este el camino de la edición en papel en un futuro, buscando unas tiradas concretas para un público dispuesto a pagar un sobreprecio por libros especiales.

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Grandes obras para descargar en Internet. La Isla del Tesoro

AutorCarlos Sánchez el 14 de abril de 2009 en Divulgación

La Isla del Tesoro

Si la Isla del Tesoro del escocés Robert Louis Stevenson no hubiera existido los piratas no tendrían la pata de palo ni cantarían aquello de “ron, ron, una botella de ron“. Tampoco reposaría sobre su hombro ningún loro parlanchín ni les aguardaría en una ninguna isla perdida un tesoro escondido. Todos estos mitos que forman la médula ósea de las historias de piratas tuvieron su bautismo en la obra de R.L. Stevenson, que además de ser una de las mejores novelas de aventuras de todos los tiempos dibujó el perfil del pirata literario más famoso, el temible e ingenioso Long John Silver. El libro fue escrito hace tanto tiempo que ya circula por Internet libre de derechos de autor, a pesar de lo cual las aventuras que relata siguen siendo emocionantes.

Ahora podemos leer y repasar, en español y gratis, las andanzas del joven Jim en varios lugares de Internet y de varias formas diferentes, acudiendo al correspondiente enlace de Cervantes Virtual o, gracias al gobierno uruguayo, disfrutando de su edición en PDF.

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La no tan secreta Vida de las Abejas

AutorVíctor Miguel Gallardo el 13 de abril de 2009 en Divulgación

Vida secreta de las abejas

Es habitual quejarse de que, en España, existe una serie de temas recurrentes en la literatura, cine y televisión de los últimos treinta años que, de tanto repetirse, han acabado por hacerse cansinos. El principal de ellos (y más criticado, especialmente por el sesgo político que se le suele dar a las obras ambientadas en esos años) es la Guerra Civil de 1936-1939 y su ulterior posguerra, retratadas hasta la saciedad en relatos, novelas, largometrajes, cortometrajes y series de ficción para la pequeña pantalla. Otros de esos lugares comunes de la producción española de ficción histórica serían la transición democrática (con un subgénero relacionado, el de los “años de la movida”) y, en mucha menor medida, los años bajo la dinastía de los Austria y las obras de temática “colonial”.

El caso español no es, desde luego, único: en Alemania llevan ya un tiempo hablando mucho y muy bien, tanto en literatura como en cine, del nazismo, en Francia es habitual poder leer/ver dramas “de época” ambientados en Versalles o en los teatros del París dorado del XVIII y en Japón hablar de los yakuza o de la época del shogunato parece ser un valor seguro. No existen muchas obras japonesas que versen sobre el conflicto de las Kuriles por la misma razón que no existen muchas obras españolas que hablen sobre la dictadura de Miguel Primo de Rivera, la Guerra de Sucesión o los reinos godos. Y vaya si hubo reyes godos.

En Estados Unidos uno de esos temas recurrentes, más allá de guerras de Independencia, Secesión, Mundiales o de Vietnam, es el Sur (su Sur, quiero decir) y todo lo que ello implica: pequeñas comunidades rurales chapadas a la antigua, blancos latifundistas, negros explotados, caimanes en los pantanos y campos de algodón y tabaco sobre los que fácilmente podrían ondear banderas confederadas. Sin entrar de lleno en las razones de tal proliferación de obras de diversa índole ambientadas en ese puñado de estados “sureños”, está claro que, al igual que a muchos españoles la Guerra Civil les toca la fibra sensible (bien porque ganaron, bien porque perdieron, y en todo caso por los miles de muertos de uno y otro bando que cayeron en el conflicto), al estadounidense medio, ese que llena salas de cine y lee los últimos bestsellers desde un cómodo salón de Boston, Seattle o San Diego (nótese que no estamos hablando de ciudades enclavadas en antiguos estados esclavistas) le pirra sumergirse en el sur profundo de la Unión mientras asiste perplejo a una amagalma de situaciones estereotipadas. Poniendo por caso la recientemente adaptada al cine novela de Sue Monk Kidd La vida secreta de las abejas estas situaciones serían:

Libro abejas

Años sesenta del siglo XX, una época en la que, mientras el civilizado Norte y el libertino Oeste se llenaban de hippies drogados (otra constante de la literatura yankee), en el Sur parecía no haber pasado el tiempo.

Pequeña comunidad abandonada de la mano de Dios; aunque, paradójicamente, tendrá, para el correcto desarrollo de la historia, iglesias de diez confesiones cristianas distintas en cinco kilómetros a la redonda. Es inútil señalar que blancos y negros no van a los mismos templos, y que mientras las celebraciones religiosas de los blancos son serias y basadas en lecturas bíblicas sobre la acción del diablo y la corrupción humana, las de los negros son festivas y todos cantan.

Familia blanca desestructurada con ama de llaves, criada o cocinera negra. Si el marido es alcohólico, mucho mejor. Si hay una niña, o un niño, o directamente una parejita de lindos mocosos de raza caucásica, perfecto. Si uno de los niños protagonistas, o dos, o todos, consideran como mejor amiga a la ama de llaves/criada/cocinera negra (o al jardinero, siempre y cuando sea negro también), miel sobre hojuelas.

Indispensable un conflicto étnico latente: tal vez el ama de llaves/criada/cocinera tiene un hijo en la cárcel. Tal vez su difunto marido falleció en circunstancias no muy claras después de un encontronazo con la autoridad (o con un grupo de furibundos blancos, para el caso es lo mismo).

No me cabe la menor duda, sin haber leído la novela ni haber visto la recién estrenada película, que La vida secreta de las abejas tiene esto y mucho más, además de muchas situaciones de congoja y llanto contenido del lector o espectador, además de tiernos momentos en los que la blanca niñita protagonista descubre el valor de la amistad más allá del color de la piel. Lo de siempre.

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La Guerra Civil española y la literatura (y III)

AutorVíctor Miguel Gallardo el 12 de abril de 2009 en Divulgación

Alberti

Muchos fueron los escritores que, ya fuera durante la Guerra Civil o inmediatamente después, se vieron en la obligación de abandonar España, ya fuera por temor a ser encarcelados o para huir de la extrema pobreza y del fascismo. Sin duda, al hablar de los exiliados, un nombre se nos viene a la cabeza por encima de todos: el del genial poeta portuense Rafael Alberti.

Desde principios de los años treinta la obra de Alberti se había ido politizando al tiempo que él se convertía en un activo militante comunista. Durante la Guerra luchó en el bando republicano, llegándose a decir incluso que estuvo al mando de una checa en Madrid. Tras la victoria nacional, hubo de huir junto a su mujer, María Teresa León (también escritora), a América, residiendo en Argentina hasta 1962 para trasladarse posteriormente a Roma. Amigo personal de Stalin y de Fidel Castro, siguió siendo comunista durante su exilio, lo que le imposibilitó volver a España hasta 1977, dos años después de la muerte de Francisco Franco. Ya aquí llegó a ser elegido diputado por Cádiz tras las primeras elecciones democráticas, representando al PCE.

Manuel Altolaguirre huyó de España durante la guerra, residiendo en Francia, Cuba y México, donde se convirtió en un importante autor cinematográfico al amparo de su amigo Luis Buñuel, llegando a ganar en 1952 el Premio de la Crítica al mejor argumento en el Festival de Cine de Cannes. Quiso la mala fortuna que regresara a España en 1959 para presentar una película en el Festival de Cine de San Sebastián, muriendo en Burgos en un accidente de tráfico.

Max Aub tuvo que huir a Francia en enero de 1939, después de haber desarrollado numerosas funciones dentro del gobierno republicano (diplomático y secretario del Consejo Nacional del Teatro, entre otros). En Francia fue acusado de comunista e internado en varios campos de detención como el de Roland Garros o el de Vernet, siendo después expulsado primero a Marsella y posteriormente a Argelia. Desde Argelia pudo pasar a Marruecos, donde embarcó rumbo a México, país en el que pasaría el resto de su vida y del que tomaría su cuarta nacionalidad (ya que era francés de nacimiento, alemán por ascendentes y español por la naturalización de su padre siendo él menor de edad). No volvió a España hasta 1969.

El granadino Francisco Ayala, sempiterno candidato español al Nobel desde hace lustros, había residido en Berlín desde 1929 a 1931, años en los que el nazismo cobraba importancia capital en Alemania. De vuelta a España, trabajó para el gobierno republicano como letrado de las Cortes y funcionario del Ministerio de Estado, por lo que tuvo que huir a Argentina al caer la República. De Argentina pasó a Puerto Rico, primero, y Estados Unidos después. Vuelve a España en 1960, y aunque no da el paso de hacerlo definitivamente, desde ese momento y hasta su definitivo traslado a Madrid en 1976, sus viajes entre América y Europa serán constantes.

Sender

Otros exiliados famosos serían Alejandro Casona (que viajó a Argentina en 1937 y no pudo volver hasta 1963, dos años antes de su muerte), Américo Castro (que fue diplomático republicano y que huyó hasta Estados Unidos), Luis Cernuda (que residió en Reino Unido y Estados Unidos antes de establecerse en México), Rosa Chacel (que, aunque residió en parte en Estados Unidos y Argentina pasó la mayor parte de su exilio en Brasil), León Felipe (que tras la guerra volvió a un México que conocía muy bien, en donde fue diplomático del Gobierno Republicano en el exilio, único reconocido en aquellas fechas por el país americano), el ideólogo socialista Fernando de los Ríos (que pasó los últimos diez años de su vida en Nueva York), Ramón Gómez de la Serna (que aunque fue fundador de la Alianza de Intelectuales Antifascistas y permaneció en Argentina durante la posguerra ayudó económicamente al bando nacional durante la contienda), Jorge Guillén (que vivió en Estados Unidos e Italia), Juan Ramón Jiménez (que se trasladó a Estados Unidos en 1936, pasando después a Puerto Rico que lo vio morir años más tarde), Salvador de Madariaga (Ministro de Educación y Ministro de Justicia durante la República, tuvo que exiliarse en Inglaterra) o Pedro Salinas (que también residió, como Ayala y Juan Ramón Jiménez, en Puerto Rico y Estados Unidos).

Mención aparte merece Ramón J. Sender por todas las vicisitudes que padeció (esa es la palabra) durante la Guerra. Combatiente republicano y esposo de una mujer asesinada por las tropas nacionales, a duras penas recuperó a sus hijos en Francia para pasar de nuevo a España y seguir luchando hasta que, cansado de las disputas internas republicanas, abandonó la lucha, no sin antes dar con sus huesos en un campo de concentración. Pasó posteriormente a México y Estados Unidos, y no volvería a España hasta los años setenta, aunque murió en San Diego sin cumplir su sueño de volver a establecerse en España.

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El locus: de ficción a realidad

AutorGabriella Campbell el 11 de abril de 2009 en Divulgación

Mundo disco

En el mundo literario es más que habitual encontrarnos con ciudades, países y regiones inventadas que beben de lugares reales; sin embargo es bastante menos común que dichas ciudades, países y regiones adopten nombres procedentes de la ficción. Por ello siempre es llamativo descubrir estos homenajes a los grandes (y pequeños) topónimos de la literatura. Recientemente la ciudad de Wincanton, en la región inglesa de Somerset, ha nombrado a dos de sus calles Peach Pie Street y Treacle Mine Road, en honor a dos célebres paseos de la serie del Mundodisco, una saga de libros del autor británico Terry Pratchett. No es de extrañar, ya que Wincanton está hermanada con la gran capital del Mundodisco, Ankh-Morpork, siendo la primera ciudad del Reino Unido en hermanarse con un lugar ficticio. Gran Bretaña es aficionada a este tipo de referencias, en una de sus estaciones de tren más conocidas, King’s Cross, podemos encontrar una plataforma 9¾ que hace las delicias de todo fan de Harry Potter. La artúrica isla de Avalon también ha sido el origen de numerosos nombres de calles, no sólo en el Reino Unido sino también en Australia y en Estados Unidos.

Capitán Trueno

Nosotros también tenemos nuestros homenajes: en Oviedo existe la calle de Vetusta en recuerdo del burgo de Clarín en La Regenta; esas primeras páginas que nos describen esa ciudad, obviamente inspirada en la capital asturiana, constituyen motivo de orgullo para sus residentes. Pero en España tendemos a poner nombres de escritores a nuestras calles; no solemos llegar tan lejos como para nombrar pueblos o ciudades en recuerdo de hitos de la literatura, el cine o incluso el cómic, como hacen frecuentemente (cómo no), los estadounidenses. El estado de Illinois tiene un pueblecito encantador a orillas del río Ohio llamado Metropolis, como aquella conocida sede de Superman, con un periódico local denominado The Metropolis Planet en honor al Hombre de Acero. La ciudad ya se llamaba así antes de que surgiera el superhéroe, pero ¿por qué no aprovecharse de la coincidencia como reclamo turístico? Aquí no somos tan extremos, pero sí que recordamos a algunos de nuestros favoritos de Ibáñez, como muestran la Calle Rue del Percebe o la Mortadelo y Filemón en Rivas-Vaciamadrid, que parece especializarse en el tebeo patrio (también podemos encontrar la Calle Capitán Trueno o la Calle Zipi y Zape).

Mundo disco

En Holanda han ido más allá: existe un barrio del municipio de Geldrop, a las afueras de Eindhoven, cuyas calles tienen todas nombres de personajes y conceptos de El Señor de los Anillos. Así, uno podría vivir en Legolas 37, o en Galadriel 2. ¿Y qué ocurre cuando un libro inspira algo más que un nombramiento? El libro A travel from Altruria, de William Dean Howells, que versaba sobre una comunidad utópica de carácter altruista, impulsó a una comunidad cristiano-socialista estadounidense a formar su propia Altruria en California en 1894, si bien es cierto que no duró mucho.

Por todo el globo terráqueo estas ubicaciones imaginadas nos inspiran, hasta el punto de que Aracataca, municipio colombiano natal de Gabriel García Márquez, organizó un referéndum para cambiar su nombre a Macondo, en homenaje a la famosa novela de Márquez Cien años de soledad. Curiosamente, los habitantes no mostraron mucho interés, y el municipio mantuvo su nombre original. A veces es cierto aquello de que nadie es profeta en su tierra.

¿Y vosotros, conocéis más casos de lugares literarios que han traspasado la barrera de la ficción?

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La Guerra Civil española y la literatura (II)

AutorVíctor Miguel Gallardo el 10 de abril de 2009 en Divulgación

Buero Vallejo

Terminada la contienda fraticida en 1939, empezó una etapa, conocida como Posguerra, que algunos historiadores han alargado hasta finales de los años sesenta y otros circunscriben tan sólo a la década de los cuarenta. Puestos a colocar fechas de forma aleatoria para delimitar un período marcado por la autarquía y el aislamiento internacional, se podría delimitar la Posguerra española entre el fin de la guerra, 1939, y el fin de la autarquía económica, 1959, sin olvidar que España fue admitida en la ONU, primer paso para acabar con el mencionado aislamiento. En el terreno literario esto nos llevaría a hablar de dos generaciones, la del 36 y la del 50.

La Generación del 36, o Primera Generación de Posguerra, fue definida por el escritor y crítico astorgano Ricardo Gullón, perteneciente a ella. Formarían parte de ella, según las directrices explicitadas por el leonés, todos aquellos escritores que ya publicaban más o menos asiduamente en el año de inicio de la contienda, sin olvidar su edad, los medios en los que publicaban, o la relación entre ellos. Muchos de ellos fueron afines al gobierno republicano, y se posicionaron claramente durante la guerra en contra del alzamiento fascista. Uno de los casos más llamativos es el de Miguel Hernández, combatiente republicano y poeta comprometido, que fue apresado por la policía portuguesa tras salir del país y entregado a las autoridades españolas, que lo condenaron a muerte. Por intercesión de varios intelectuales (como José María de Cossío) y del vicario general de la Diócesis de Orihuela, de donde era vecino Hernández, la pena capital fue conmutada por treinta años de prisión que nunca llegaría a cumplir. Preso en una cárcel alicantina, enfermó de tifus, bronquitis y tuberculosis y falleció en 1942 a los treinta y un años de edad.

Compañero suyo de celda en Alicante fue el dramaturgo alcarreño Antonio Buero Vallejo, también combatiente republicano. Tras ser liberado se convirtió en uno de los autores teatrales más importantes de la historia de la literatura española, aunque algunas de sus obras, de fuerte contenido social, no pudieron ser estrenadas debido al veto de la censura franquista.

El propio Ricardo Gullón también fue encarcelado tras la guerra acusado de colaboracionismo con el gobierno republicano. Aunque fue liberado de forma rápida, se le inhabilitó profesionalmente por un período de tres años.

Tres de los más importantes prosistas de la historia de España pertenecerían a esta generación: hablamos nada menos que de Camilo José Cela, Miguel Delibes y Gonzalo Torrente Ballester. Ninguno de los tres fue republicano, perteneciendo dos de ellos al menos (Cela y Torrente Ballester) al bando nacional: Cela, casi apasionadamente; Torrente Ballester, como mal menor.

Juan Goytisolo

Torrente Ballester, falangista por conveniencia (se afilió durante la guerra siguiendo el consejo de un sacerdote amigo de su familia), pudo desarrollar su carrera literaria con relativa comodidad, aunque tuvo, como casi todos los escritores de su época, múltiples problemas con la censura. En relación con él hay que hablar de Pedro Laín Entralgo, que en 1941 fundó la revista Escorial perteneciente a Falange Española. Fue una de las puntas de lanza de un movimiento que, desde la oficialidad franquista, intentó acabar con la falta de calidad (más allá de la alabanza al régimen y al caudillo) que poblaba las publicaciones de la época. El llamado “Grupo de Burgos” estaba compuesto, además de por él, por otros intelectuales como Luis Rosales, Luis Felipe Vivanco o Dionisio Ridruejo.

A la Generación del 36 siguió la del 50, autores que se autodenominaban “hijos de la Guerra Civil”. El existencialismo de la anterior generación da paso al realismo social y al intimismo, dando importantes poetas como Ángel González, Jaime Gil de Biedma, José Ángel Valente o Francisco Brines. En prosa, la pujanza de la novela social fue definitiva para conformar una literatura que, a media voz, hablaba de las penurias de un país asolado y empobrecido a través de escritores tan válidos como el propio Cela (con la famosa novela La Colmena), Luis Martín-Santos, Juan Goytisolo, Luis Romero o Josep Maria Castellet.

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En contra de Dan Brown, ¿los nuevos best-sellers católicos?

AutorRaquel Vallés el 9 de abril de 2009 en Divulgación

Padre Brown

En esta época del año en que las calles de muchas ciudades y pueblos se ven inundadas por penitentes y capuchones morados, la televisión se llena de películas de romanos y observamos la penitencia y muerte mientras nos ponemos hasta arriba de buñuelos, torrijas y bacalao, y la resurrección con una mona en una mano y la cometa en la otra, parece que sería un buen momento para fijarse en la literatura con fondo o forma espiritual.

Se quejan algunos de que Dan Brown y sus clones, con sus novelas pseudohistóricas a base de conspiraciones eclesiástica han hecho mucho daño, no sólo a la literatura sino a la idea de religiosidad. Aunque no acabo de entender esta postura, que me parece similar a acusar a los libros de cocina fácil en microondas de la crisis de la alta cocina, parece que si hay un repunte de literatura espiritual, entendida como espiritualidad católica, donde también tiene cabida la novela histórica pero en la que en lugar de conspiraciones se retoma el clásico tema del viaje de héroe con su correspondiente epifanía.

Esta corriente que ha sido bautizada por algún medio como anti Dan Brown, se ve como una continuación de las novelas de Cherteston o Graham Greene en cuanto a la posibilidad de repensar la religión y la idea de Dios. Si continúan por la misma línea en cuanto a calidad nos parecería perfecto, pero mucho nos tememos que se trata, al menos en su faceta histórica, de aprovechar el tirón dado al género por los denostados clones de Brown.

El libro que se pone como ejemplo de este movimiento, La cabaña del canadiense William Paul Young, no es, en cambio, literatura histórica sino que se trata de un relato de superación del rencor tras una desgracia y que, según el autor, puede servir para cualquier cultura o religión, lo que, a falta de leerme el libro y, por tanto, con toda la cautela y posibilidad de equivocarme, me recuerda más a la espiritualidad new age que a la católica.

Lo que llama la atención, es la forma en que repiten mil veces la consigna de que la espiritualidad no está de moda o que Dios está denostado presentándose como damnificados del postmodernismo o algo así. Aunque está claro que se trata de una campaña publicitaria (sino no se entiende que tengan que hablar de Brown en cada entrevista, como si fuera el primero en escribir sobre conspiraciones) no deja de ser un poco irritante.

Mientras esperamos a ver si este movimiento es una simple treta publicitaria que mezcla autores y libros dispares, se acerca más a Coelho que a las catacumbas del Vaticano o, simplemente, se trata de literatura, y mientras no haya un repunte de la literatura espiritual basada en los jedis, nos quedamos con el padre Brown y vamos preparando el estómago para la pantagruélica Semana Santa.

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Novedad editorial: Ardores de Agosto

AutorRaquel Vallés el 8 de abril de 2009 en Noticias

Ardores de Agosto

En 1994 aparece en las librerías La forma del agua, la primera novela protagonizada por Montalbano, personaje creado por Andrea Camirelli quien ya era un autor de reconocido gracias a Temporada de caza publicada un par de años antes y a diversas novelas históricas, pero no es hasta entonces que le llega el éxito editorial. El comisario Montalbano, nombre con el que Camirelli homenajea a Manuel Montalbán, se convierte en poco tiempo en uno de los personajes de novela negra más reconocidos y vendidos y protagonista de su propia serie de televisión.

Gran gastrónomo y lector, el comisario Montalbano trabaja en la provincia de Montelusa, concretamente en la ciudad de Vigata, localidades inventadas pero identificables con cualquier ciudad italiana.

Ahora, quince años después, aparece Ardores de agosto, publicada por Salamandra y Edicions62, la décima y última de las novelas protagonizada por el comisario y que es señalada por Camirelli como una de las mejores que ha escrito. En ella aparecen temas recurrentes en la historia de Montalbano y en la vida italiana, la corrupción, la mafia, la inmigración… mientras tiene que hacer frente a varios conflictos en su vida personal que harán tambalearse algunos de sus principios. Y todo comienza con el hallazgo de un cadáver dentro de un baúl, en un caluroso mes de agosto.

Camirelli reconoce que tiene ya escrita la que será última novela de Montalbano, pero, mientras tanto, las aventuras del comisario de Vigata continuarán apareciendo.

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Grandes obras para descargar en Internet: Residencia en la tierra

AutorAlfredo Álamo el 8 de abril de 2009 en Divulgación

Neruda

Neruda es uno de los grandes poetas de la literatura contemporánea, sobrepasando las barreras del idioma y la ideología. Premio Nobel de Literatura en 1971, de Neruda se han escrito miles de páginas analizando su obra.

Residencia en la tierra, la obra que os proponemos para leer de forma gratuita, se aleja de su obra quizá más famosa, 20 poemas de amor y una canción desesperada, dejando de festejar la vida para enseñar los recovecos de su ser a través de un lenguaje rítmico y simbolista.

Escrito entre 1925 y 1935, fecha de su publicación en Madrid, responde a una de las épocas más difíciles en la vida de Neruda. Su situación sentimental pasaba un bache profundo, así como la económica. Son años de viaje en los que Neruda desarrolla su actividad como diplomático en lugares tan dispares como Rangún, Singapur o Ceylan. Allí, perdido entre aristócratas ingleses y la estrica sociedad hindú, el poeta se abandona a una soledad creciente.

El resultado es una obra escrita a caballo entre Chile, España y el lejano oriente, una serie de poemas entre el pesimismo y la melancolía. Una obra fundamental en la historia de la literatura y que podemos leer gratis gracias a la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes en un archivo PDF con información adicional sobre los poemas y la vida de Neruda.

Nada mejor que una muestra para animaros a la lectura:

Sólo la muerte

Hay cementerios solos,
tumbas llenas de huesos sin sonido,
el corazón pasando un túnel
oscuro, oscuro, oscuro,
como un naufragio hacia adentro nos morimos,
como ahogarnos en el corazón,
como irnos cayendo desde la piel al alma.

Hay cadáveres,
hay pies de pegajosa losa fría,
hay la muerte en los huesos,
como un sonido puro,
como un ladrido sin perro,
saliendo de ciertas campanas, de ciertas tumbas,
creciendo en la humedad como el llanto o la lluvia.

Yo veo, solo, a veces,
ataúdes a vela
zarpar con difuntos pálidos, con mujeres de trenzas muertas,
con panaderos blancos como ángeles,
con niñas pensativas casadas con notarios,
ataúdes subiendo el río vertical de los muertos,
el río morado,
hacia arriba, con las velas hinchadas por el sonido de la muerte,
hinchadas por el sonido silencioso de la muerte.

A lo sonoro llega la muerte
como un zapato sin pie, como un traje sin hombre,
llega a golpear con un anillo sin piedra y sin dedo,
llega a gritar sin boca, sin lengua, sin garganta.
Sin embargo sus pasos suenan
y su vestido suena, callado, como un árbol.

Yo no sé, yo conozco poco, yo apenas veo,
pero creo que su canto tiene color de violetas húmedas,
de violetas acostumbradas a la tierra
porque la cara de la muerte es verde,
y la mirada de la muerte es verde,
con la aguda humedad de una hoja de violeta
y su grave color de invierno exasperado.

Pero la muerte va también por el mundo vestida de escoba,
lame el suelo buscando difuntos,
la muerte está en la escoba,
es la lengua de la muerte buscando muertos,
es la aguja de la muerte buscando hilo.

La muerte está en los catres:
en los colchones lentos, en las frazadas negras
vive tendida, y de repente sopla:
sopla un sonido oscuro que hincha sábanas,
y hay camas navegando a un puerto
en donde está esperando, vestida de almirante.

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