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Un incunable en la basura

AutorVíctor Miguel Gallardo el 10 de junio de 2011 en Noticias

Libros Basura

La urraca es un córvido de pequeño tamaño, presente en sus numerosas subespecies en gran parte del planeta, y que constituye uno de los animales más inteligentes que se conocen. Aparte de la peculiaridad de que, con entrenamiento, las urracas son capaces de imitar la voz humana, es uno de los pocos animales que es capaz de reconocerse en un espejo, algo que se creía estaba limitado a algunos primates y otros animales de inteligencia superior como los delfines. Pero la urraca, en el imaginario popular, es especialmente conocida por su afán coleccionista: le gustan los objetos brillantes, y los que encuentra son almacenados en sus nidos, ya sean trozos de metal, vidrios, etc. Se suele decir que algunas urracas han llegado a hacerse con pequeños tesoros de joyas, algo que, en la realidad, es más anecdótico que otra cosa.

El caso es que, esta vez, una urraca muy particular sí ha encontrado un tesoro de gran valor. Estamos hablando de U.R.R.A.C.A., siglas de Uso Racional de los Residuos Almacenados en los Contenedores Azules, una iniciativa creada por el profesor de la Universidad de León Juan Antonio Régil, y en la que colaboran dicha universidad, el Ayuntamiento de León, el Círculo de Bellas Artes, la empresa Desperdicios de Papel del Norte y algunos medios de comunicación leoneses.

U.R.R.A.C.A. encontró, hace unos días, un ejemplar de la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino, editado en 1581, entre los fardos de papel prensado de una planta de reciclaje leonesa. También se encontraron en buen estado un ejemplar de la misma obra pero de 1790 y otro de Teología Tomística, de Jéan Baptiste Gonet, de 1754. Desgraciadamente la prensadora, según Régil, destruyó al menos otros cuarenta volúmenes. El profesor cree que entre esos libros desaparecidos podría estar el resto de la obra de Santo Tomás de Aquino, y ha lamentado su destrucción.

La cotización de este ejemplar salvado es muy alta, por lo que habría sido arrojado a la basura seguramente por desconocimiento. Es habitual, tras un fallecimiento, que los herederos destruyan esas “cosas inservibles” que sus padres o abuelos atesoraban, que es justo lo que parece que ha ocurrido en esta ocasión. Al menos, en su ignorancia de que estaban convirtiendo en basura un pequeño tesoro bibliográfico, tuvieron la fortuna de querer reciclar: de haber tirado los libros a un contenedor normal habría sido casi imposible recuperarlos y el desastre habría sido completo.

U.R.R.A.C.A. nació con la intención de recuperar libros, revistas, fotografías, cromos y sellos que son arrojados a los contenedores de reciclaje de papel, y desde su puesta en funcionamiento ha salvado de la basura 80 toneladas de publicaciones, aproximadamente 30.000 volúmenes. Su intención es la de crear un museo de la basura, para el que están buscando financiación. Precisamente el día 20 de mayo se clausuró la primera edición de la Muestra universitaria y de la cultura escrita recuperada de los contenedores azules, que se expuso en el campus de la Universidad de León, y que mostraba unas 500 revistas y 300 libros que se vendían a precios simbólicos, intentado que calaran en la población universitaria las cuatro erres: recuperar, reducir, reutilizar y reciclar.

Nuestra enhorabuena para Régil y el resto de responsables del proyecto: la recuperación de estos tres volúmenes es una buena muestra de que su iniciativa no sólo no carece de sentido, sino que debería extenderse a otras ciudades a la mayor brevedad.

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Dame un euro y toma mi historia

AutorAlfredo Álamo el 9 de junio de 2011 en Opinión

Euro cuento

Es cierto que pese a que en el mercado americano Amazon ya haya confirmado que vende más libros en formato electrónico que impresos, en el español todavía queda mucho que hacer debido principalmente a situaciones clave como el precio de los dispositivos de lectura o el de los libros electrónicos.

Mientras las empresas de tecnología estén contentas con sus beneficios, los primeros no bajarán. Aquí todavía no ha llegado Amazon para reventar los precios con su política de venta de contenidos. En cuanto a los segundos, los libros, dependen de una voluntad editorial que se debate entre la depreciación del valor del libro y el miedo a la piratería.

De hecho, autores que se autoeditan con éxito como Amanda Hocking, acaban siendo fichadas por editoriales como MacMillan… que lleva una política de precios completamente diferente a la que hizo que la joven americana vendiera libros como rosquillas. Y es que, ¿hasta que punto se valora un contenido digital? ¿se aprecia ese valor añadido que pueden ofrecer las editoriales, como la corrección, el diseño o la garantía de calidad?

No olvidemos que el precio de la mayoría de aplicaciones, tonos musicales o canciones acaba rondando el euro o el euro con algo; tienes que ofrecer un producto muy diferente, y bueno, para convencer a alguien para que pague cinco o seis euros. En un libro, además, añade la incertidumbre de no saber si te va a gustar o no… ahora, si sólo es un eurillo…

Aquí, claro, los escritores tienen que decir algo. Crear no es algo sencillo y menos escribir una novela, al menos tal y como muchas editoriales de hoy en día entienden como novela, es decir, vendiéndola más al peso que por su calidad. Ese peso no existe en el mundo digital, una canción de seis minutos va a costar igual que una de cuatro. El ebook de una novela corta va a costar ese «precio mínimo» igual que el de una de seiscientas páginas.

Durante décadas, la industria editorial ha impuesto sus preferencias a los escritores por cuestiones de tipos de papel, modo de encuadernación o tiradas, además de por sus análisis de mercado y previsiones. La edición digital rompe limitaciones de formato y precio y quizás sea el momento de aprovecharlo. De cómo puede cambiar la profesión de editor, hablaremos próximamente.

¿Qué pasará con la entrega final del Ciclo de la Luna Roja?

AutorVíctor Miguel Gallardo el 8 de junio de 2011 en Noticias

Ciclo de la Luna Roja

Hace unos días nos sorprendía la noticia, dada por el propio autor en su página web, de que Alfaguara había decidido no publicar la tercera y última entrega del “Ciclo de la Luna Roja”, del escritor vitoriano José Antonio Cotrina. La editorial había apostado muy fuerte con el primero de los libros, La cosecha de Samhein, editando el volumen en tapa dura y publicitándolo por todo lo alto. Pese a los esfuerzos de los editores y la indudable calidad del libro, una de las mejores novelas juveniles de temática fantástica de los últimos años, las ventas no acompañaron, y así la segunda entrega, Los hijos de las tinieblas, se editó directamente en rústica. Esto no fue comprendido por muchos de los lectores, entre los que me incluyo, ya que solemos tener la fea manía de querer que los volúmenes de una trilogía se publiquen en el mismo formato, no sólo por una cuestión estética sino también para mantener la coherencia en nuestras bibliotecas personales. Alfaguara, ahora, da un paso más y decide no publicar la tercera entrega, que Cotrina ya ha avanzado que se llamará La sombra de la luna.

Las reacciones, algunas muy airadas, no se han hecho esperar en la página web del autor, que se ha visto obligado a lanzar el siguiente mensaje:

Por desgracia no me ha quedado más alternativa que borrar ciertos mensajes dejados en el blog que eran muy duros con la editorial, en ocasiones bastante ofensivos. Espero que lo comprendáis; entiendo el enfado general pero no debemos caer en el insulto. Alfaguara confió muchísimo en la saga, luego no le salieron las cuentas y decidieron cancelarla; es triste y frío, pero es así. En una empresa de este tamaño ni siquiera puedes tener claro quién ha tomado esa decisión (al menos yo no lo sé), pero estoy casi convencido de que dentro del departamento de juvenil hay gente a la que esto le ha gustado tan poco como a nosotros.

El propio autor cifró las ventas conjuntas de los títulos ya publicados en unos 10.000 ejemplares, una cifra que seguramente para Alfaguara es una minucia, pero por la que matarían muchos pequeños y medianos editores. La pregunta es sencilla: ¿cuántos ejemplares se vendieron del primer libro y cuántos del segundo? Porque, sinceramente, aún en el hipotético caso de hecatombe total con la continuación, pongamos que vendiendo sólo 1.000 ejemplares en comparación con los 9.000 de la primera parte, cosa que no sabemos, ¿le compensa más a Alfaguara perder esas 1.000 ventas seguras (porque nadie compra una segunda parte si no piensa hacer lo propio con la tercera) y, de paso, cabrear a un público tan joven como el de este ciclo que no tendrá ningún reparo en estigmatizar para siempre a la editorial por esta decisión que publicar el tercer volumen en rústica, con una tirada ajustadísima y sin publicidad alguna? Alfaguara puede argumentar, y con parte de razón, y repito que las cifras 9.000 contra 1.000 son mías y no se basan en ningún argumento sólido, que una editorial como ella no puede permitirse tiradas tan cortas por temas de distribución, pero creo que el esfuerzo merece la pena por una sencilla razón: ningún lector de esta saga, o al menos casi ninguno, se arriesgará jamás a comprar una primera parte de una obra editada por esta casa editorial por miedo a que la dejen inconclusa.

Hay que decir que lo que ha hecho Alfaguara es, lamentablemente, algo muy habitual, sobre todo en editoriales de menos peso para las que la poca rentabilidad de una obra puede suponer un auténtico desastre. Alfaguara no tiene ese problema: sospechamos que tiene una estabilidad envidiable en comparación con muchas otras editoriales del país, y tal vez sea esta la razón por la que el ambiente entre los lectores está más que caldeado. Eso sí, no peligra la publicación del tercer libro. Cotrina ya ha manifestado públicamente que la obra verá la luz con toda seguridad antes de que acabe el año, y aunque de sus palabras (que demuestran el compromiso personal que el autor siente hacia sus lectores) se infiere que una opción que se la ha pasado por la cabeza es la de la autoedición, no hay que negar que algunas pequeñas editoriales del círculo de la ciencia ficción y la fantasía ya se han interesado por La sombra de la luna. Después de todo, lo que para Alfaguara puede ser irrisorio para otras editoriales supone un caramelo más que apetitoso y la diferencia entre la quiebra y la supervivencia.

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El escándalo Naipaul

AutorGabriella Campbell el 7 de junio de 2011 en Noticias

S. V. Naipaul no es un nombre que le resulte familiar a muchos, y sin embargo es una persona que ha hecho bastante por ser conocida. En 2001 Naipaul ganó el Premio Nobel de Literatura, y ha tenido siempre, además, una personalidad polémica y muy pública, como muestra su enfrentamiento durante 15 años con el también escritor Theroux.

Naipaul, de origen indio, nació en Trinidad pero ha vivido la mayor parte de su vida en Gran Bretaña, licenciándose en Oxford y construyendo una sólida carrera como literato de éxito. Pero parece ser que, a pesar de su inmenso talento como autor (Naipaul tiene también en su posesión el premio Booker), sus habilidades sociales pueden ser menos que perfectas.

Naipaul

En una reciente entrevista con La Real Sociedad Geográfica anglosajona, ante la pregunta de si Naipaul consideraba que existiera alguna escritora que estuviese a su altura, el escritor contestó “no lo creo”. A continuación, comenzó a explicar las razones de su afirmación, aduciendo que las mujeres, como escritoras, eran sentimentales y con una perspectiva limitada del mundo. Puso como ejemplo a la que durante años fue su editora, Diana Athill, de quien alabó su gran talento como crítica y editora, y de quien se burló como escritora, definiendo sus escritos como “un montón de tonterías”. Naipaul critica la limitada visión de la mujer, y escoge como ejemplo precisamente a Jane Austen, una mujer que, a pesar de su limitación, obligada, a la vida que ella conocía, la vida doméstica, supo crear literatura trascendente que ha sobrevivido con fuerza a los años, leída y disfrutada tanto por hombres como mujeres. Sin embargo, para Naipaul, se trata de una autora mediocre, irremediablemente perjudicada por el sexo con el que nació.

El problema del asunto Naipaul es que, a pesar de la monstruosidad de su acusación, que una mujer no puede ser equivalente a un hombre a la hora de escribir, tiene dos puntos a su favor. Primero, su desapego por las condiciones sociales y por lo políticamente correcto: hablar de manera tan ridículamente conservadora exige una valentía de la que pocos escritores de éxito pueden vanagloriarse. Y segundo, que la verdad duele; Naipaul tiene una pequeñísima parte de razón: No ha habido una mujer Shakespeare, ni una Tolstoi o Cervantes femenina. Por supuesto, éste es un síntoma más del lamentable estado de la mujer en los últimos siglos. No tener acceso a una educación en condiciones, por ejemplo, durante tantísimo tiempo, es un impedimento que las mujeres de hoy en día intentan compensar con creces. No hay ninguna duda de que con el actual progreso de la mujer la aparición de una Shakespeare es simplemente una cuestión de tiempo, y de que la calidad de las mujeres escritoras ha crecido de manera exponencial en el último siglo. Las palabras de personas como Naipaul son simplemente un triste recuerdo de lo que sigue siendo la postura de tantos lectores que asocian “emocional” con “cursi”, “doméstico” con “trivial” y “femenino” con “extraño”.

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¡Indignaos! ya es un best seller

AutorVíctor Miguel Gallardo el 6 de junio de 2011 en Noticias

Indignaos

Era de esperar. El libro ¡Indignaos!, del francés Stephane Hessel, se está acercando ya al medio millón de copias vendidas en toda España, divididas entre las casi 400.000 (nueve ediciones) de su edición en español y las 40.000 (cinco ediciones) en catalán, además de las de su versión en gallego. Este libro, casi desde la creación hace pocas semanas de eso que ha venido a denominarse Movimiento del 15-M o de los Indignados, ha sido publicitado sotto voce entre los numerosos ciudadanos que integran el movimiento como un libro imprescindible para entender todo lo que está pasando, casi como si fuera un libro de cabecera de lectura obligatoria.

Hessel, que cuenta ya con la respetable edad de 93 años, se ha mostrado gratamente sorprendido por la repercusión del libro en España, tal y como ha admitido su editor en nuestro país, Ramón Perelló. Hessel ha tenido una larga y activa vida: fue un resistente a la ocupación nazi de su país durante la Segunda Guerra Mundial, siendo capturado por la Gestapo y recluido en los campos de concentración de Dora-Mittelbau y Buchenwald. Años más tarde, en 1948, participó en la redacción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. También fue embajador de Francia ante las Naciones Unidas.

Indignez vous! fue, en las últimas navidades, uno de los libros más vendidos en el país vecino, con aproximadamente millón y medio de ejemplares, siendo traducido inmediatamente a varios idiomas, entre ellos el español, el catalán y el gallego.

A la sombra del libro de Hessel, que además lo prologa, se ha aupado a los primeros puestos de las listas de ventas el libro Reacciona, una obra escrita por diez autores entre los que destacan los populares José Luis Sampedro, Baltasar Garzón, Federico Mayor Zaragoza o Ignacio Escolar. Es una obra promovida y coordinada por Rosa María Artal, una conocida periodista de RTVE (sobre todo por su participación durante lustros en Informe Semanal) que abandonó el Ente tras un ERE en 2008.

Sin embargo, no acaba aquí la cosa. Dos nuevas obras de temática parecida van a ser publicadas en España de forma inminente: por un lado, Después de la crisis. Por un futuro sin marginación, del sociólogo francés Alain Touraine (premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades el año pasado), en el que opina que la crisis está lejos de terminar y pide que estos años difíciles sean aprovechados por la población para elaborar una nueva vida social alejada de los convencionalismos que imperaban durante la época de bonanza. El otro libro se titula La vía. Para el futuro de la humanidad, y lo firma el filósofo y sociólogo Edgar Morin, también francés. Este libro ha sido recomendado públicamente por el propio Hessel, que opina que las respuestas a los problemas de nuestra sociedad hay que buscarlas en La vía de Morin.

Es de esperar que, si el movimiento de los indignados continúa en España, las editoriales sigan traduciendo más obras afines que ya han aparecido en otros países, especialmente Francia, que parece ser el país que ideológicamente está marcando la pauta en estos tiempos interesantes.

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El oficio del escritor en Argentina

AutorGabriella Campbell el 5 de junio de 2011 en Divulgación

Escritor anciano

A diferencia de tantas otras profesiones, la labor de ocho (o más) horas diarias dedicadas al acto de escribir es, raramente, considerada un oficio. El hecho de definirse uno mismo como escritor casi nunca implica que se gana la vida mediante la literatura creada por uno mismo. Si evaluamos los ingresos y la agenda de muchos de los que consideramos escritores, de aquellos que han alcanzado la meta tan deseada de ganarse la vida mediante su arte, habitualmente nos encontramos con que la mayor parte de su beneficio económico se obtiene de actividades más relacionadas con la fama y el prestigio que de derechos de autor o de pagos directos por su ejercicio literario. Generalmente, un escritor reconocido obtiene la mayor parte de su compensación económica gracias a tertulias, puestos de jurado en concursos, docencia, conferencias, etc. Sólo los pocos afortunados que están realmente en la cúspide pueden sobrevivir, e incluso vivir holgadamente, con la remuneración por sus obras.

El oficio como tal, aunque implique el mismo trabajo y esfuerzo que cualquier otra profesión, rara vez está reconocido. Es por esto que el gobierno argentino está considerando seriamente ofrecer una pensión especial a sus escritores, que de otra forma no tendrían ningún tipo de compensación económica una vez jubilados. Argentina siempre se ha sentido, con razón, orgullosa de su producción literaria, y se plantea proteger a sus escritores, ya que de muchas maneras protege así a sus propios intereses. Los escritores de más de 60 años que puedan acreditar que han publicado un mínimo de cinco obras (no autoeditadas) podrían recibir un subsidio digno para evitar el lamentable caso de ver morir a buenos escritores en la más absoluta miseria. Uno no puede dejar de preguntarse si esto no podría llegar a ser contraproducente, ya que en un país en que, a pesar de su emergente poderío económico, siguen preocupando el desempleo y las pensiones, podría verse la carrera de escritor como un seguro de jubilación, desequilibrándose aún más la balanza de oferta y demanda literaria, desequilibrio del cual se aprovechan, de manera similar a tantos países, las editoriales, que ofrecen cada vez más publicaciones coeditadas o directamente pagadas por el escritor bajo el disfraz del prestigio que otorga el libro impreso con el resplandeciente nombre del autor en cubierta. De cualquier modo, parece ser que estas pensiones se otorgarán sólo tras un estricto análisis llevado a cabo por un jurado especializado, como ya se lleva haciendo desde el 2009 en la ciudad de Buenos Aires, donde varios escritores residentes presentaron su solicitud de pensión cuando la ley se comenzó a aplicar en la capital. De seguir así, esta medida, hasta ahora aplicada en la ciudad principal de Argentina, podría llegar a tomarse también en el resto del país, o por lo menos así ha informado el diario Clarín, dando la noticia que ha sido recogida por los más importantes periódicos del resto del mundo. Parece ser que la iniciativa, por lo menos la que se aplicó inicialmente en la capital, lleva intentando llevarse a cabo desde el 2003.

Como sabemos que tenemos lectores hispanohablantes desde todos los rincones del mundo, animo a nuestros lectores argentinos a expresar su opinión respecto a esta medida. ¿Consideran que esta medida beneficiará a la sociedad argentina o se trata de una inversión de recursos que podrían emplearse de manera más productiva en otro sector?

Más sobre el efecto Oprah

AutorGabriella Campbell el 4 de junio de 2011 en Divulgación

Efecto Oprah Libros

Hemos hablado ya en Lecturalia de la inmensa influencia que ha tenido siempre el club de lectura de Oprah Winfrey, una de las figuras más populares de la cultura estadounidense. La señora Winfrey dedicó durante años un pequeño espacio, de manera más o menos periódica, a la promoción de libros en su programa, uno de los más seguidos de la televisión americana, The Oprah Winfrey Show. Este programa ha llegado recientemente a su fin, tras 25 años de emisión. Parece ser que Oprah pretende establecerse con una nueva cadena propia, OWN, y asegura que dicha cadena tendrá varios espacios dedicados exclusivamente a la literatura.

Aunque el apartado literario de su programa no era el que obtenía mejores resultados de audiencia, su poder en el mercado editorial era francamente temible. Una aparición en el Show de Oprah significaba, casi siempre, un aumento considerable de ventas, elevando tiradas de miles de ejemplares a reimpresiones monstruosas de seis cifras. La obligatoria reedición con el logotipo de “visto en Oprah” atraía a televidentes por doquier, llegando muchas librerías a encargar entregas de miles de ejemplares sin conocer siquiera el título del libro. Oprah sabía hacer interesantes a sus autores, sabía conseguir que el público conectara con ellos y con sus libros. Esto también podía destruirlos, obviamente. Ante la queja de Jonathan Franzen, quien inicialmente se negó a aceptar la aplicación del logotipo del programa, y quien consideró que su obra no era, probablemente, la más indicada para el lector medio (Franzen no es, precisamente, una lectura fácil), la gran diva televisiva se dedicó a una batalla campal de poder muy desequilibrado. Está claro que al final Franzen tuvo que agachar la cabeza y volver al redil, pidiendo humildemente perdón por su atrevimiento.

Mientras sus fans señalan que el poder de convocatoria de Winfrey ha impulsado la lectura entre sus seguidores (y, la verdad sea dicha, generalmente las obras que seleccionaba no eran productos de fácil comercialización), la crítica ataca los medios que utiliza para ello, y el aspecto edulcorado, casi de autoayuda que confiere a la literatura en general. Recordemos que la buena literatura no es sólo la que te hace sonreír o la que te hace sentirte mejor persona, sino también la que realmente te remueve por dentro, te asusta, te incomoda, y esto es algo de lo que Winfrey parecía rehuir. Por otro lado, la reina de la televisión conseguía algo que muy pocos pueden: hacía que la cultura fuera algo interesante, divertido. Atraía a lectores potenciales utilizando todo el encanto del entretenimiento mediático, y recordaba a los que lectores ocasionales que los libros existen, que están ahí, algo que en una vida diaria acelerada se nos olvida a menudo. ¿A cuántas personas habéis oído decir antes leía mucho, pero ahora no tengo tiempo? Winfrey instauró una moda, hizo que leer fuera un pasatiempo válido, atractivo, y es por esto por lo que, a pesar de sus discutibles medios y actitud, ha llevado a cabo una labor impagable. Esperemos que todo no se quede en papel mojado y pueda seguir promocionando el acto de leer en su nueva cadena. En cuanto a nosotros, siempre nos queda la esperanza de que, entre tanta prensa rosa y cotilleo, las grandes figuras influyentes de los medios españoles puedan prestar un poco de atención a la promoción de algún libro que no trate sobre dietas milagro o la biografía del político de turno.

Enrique VIII, una inagotable fuente de inspiración (II)

AutorGabriella Campbell el 3 de junio de 2011 en Divulgación

Enrique VIII

Volviendo a la época del rey Enrique VIII, y tras hablar de la figura de la siempre popular Ana Bolena, es interesante destacar que se ha retratado también frecuentemente a los jugadores menores de tan singular partida. Catalina Howard, Cromwell o Catalina de Aragón han protagonizado diversas novelas de gran éxito en los últimos años. En el caso de Howard, tal vez la obra más conocida venga de la mano de la siempre popular autora de género romántico Jean Plaidy (que escribió varios libros ambientados en la misma época), o de otras escritoras del mismo género como Suzannah Dunn o Sarah A. Hoyt. En lo que se refiere a las esposas de Enrique VIII, su presencia abunda en las novelas de corte romántico, si bien de manera reciente aparecen en obras más cercanas al género histórico, con un trabajo avanzado de documentación. Éste es el caso de En la corte del lobo, de Hilary Mantel, que reinventa de manera dramática la figura de Thomas Cromwell, el ingenioso y maquiavélico consejero del rey inglés, que sucedió a su maestro, el Cardenal Wolsey, y al que se le considera primordial en todo el proceso de reforma de la iglesia insular y en el divorcio entre Enrique y Catalina de Aragón. Mantel invierte la popular noción de Cromwell como un hombre cruel, sin escrúpulos, presentándonos a un ser humano progresista y ético que poco encaja en la tradición de la saga de los Tudor, pero cuyo nuevo retrato funciona a la perfección en una obra trabajada y pulida, con un lenguaje elaborado y preciso, casi elíptico, que le valió a Mantel el premio Man Booker y unas cifras de ventas nada desdeñables. La recepción de la novela de Mantel (que parece que será continuada en los próximos años, siendo una primera parte de argumento inconcluso) va mucho más allá de la simple crítica positiva, convirtiendo a Mantel en uno de los nombres clave de los últimos años. Pocas veces ha conseguido una obra histórica tal prestigio para su autor (Mantel es, además, Comendadora del Imperio Británico, es decir, tiene el título de Dama, uno de los más altos honores concedidos por la monarquía británica).

Recientemente también ha acaparado gran atención la figura de Catalina de Aragón, la primera esposa de Enrique, con la que estuvo casado más de veinte años, y no es para menos. Queda bastante claro que de haber aceptado tranquilamente Catalina la anulación de su matrimonio y haberse retirado como reina, dejando que Ana Bolena ocupase su lugar, los ingleses se habrían ahorrado años de sangrienta persecución de defensores de la fe católica, además de detractores del propio rey: Catalina era una reina muy popular y el pueblo británico no se tomó el comportamiento de Enrique de buenos modos. El orgullo de Catalina, su inquebrantable fuerza de voluntad y su resistencia a abandonar su título de reina, suyo por herencia y mérito, son rasgos de su personalidad y biografía que han fascinado a muchos y que se ven reflejados en numerosas obras, entre las que destaca en estos momentos Catherine of Aragon, de Giles Tremlett, un estudio minucioso de la reina española que supo conquistar el corazón de los ingleses. De cualquier forma, siguen apareciendo de manera constante novelas y biografías de todo tipo ambientadas en la época y, aunque pase la moda, no dejarán de venderse obras basadas en uno de los momentos históricos más interesantes de toda Europa.

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Leonard Cohen, Premio Príncipe de Asturias de las Letras

AutorAlfredo Álamo el 2 de junio de 2011 en Noticias

Leonard Cohen

Leonard Cohen parecía el invitado de piedra junto a los otros dos finalistas del Príncipe de Asturias de las Letras, Alice Munro e Ian McEwan. Todos hemos escuchado en otras ocasiones cómo cantantes y poetas, el nombre de Dylan me viene a la mente, aparecen siempre como eternos finalistas sin llegar a alcanzar los premios más conocidos.

En esta ocasión, sin embargo, ha sido Cohen quien se ha llevado el gato al agua, logrando uno de los premios más prestigiosos de los que se otorgan en España y que el año pasado se llevó un peso pesado de la narrativa y el ensayo como es Amin Maalouf. La verdad es que a veces puede dar la impresión de que los Premios Príncipe de Asturias se otorgan más buscando aumentar la notoriedad del propio galardón que la excelencia del premiado. ¿Es esta una de esas ocasiones?

Pero descubrir a Leonard Cohen como algo más que el autor de algunas de las canciones más conocidas del siglo XX sería como sorprenderse de que el agua moja. El mundo literario del cantante canadiense va mucho más allá que las letras de Suzanne, First we take Manhattan o Hallelujah, ya que su primer libro de poemas, Comparemos mitologías (1956) y su primera novela El juego favorito (1963), son anteriores a su primer disco de estudio, Songs of Leonard Cohen (1968).

Es cierto que a medida que el Cohen cantante crecía, la obra literaria del Cohen escritor se espaciaba más en el tiempo, pero manteniendo siempre una notable producción hasta mediados de los años 90, coincidiendo con una temporada en la que Cohen parecía haberse alejado poco a poco del mundanal ruido.

La vuelta de Cohen al mundo de la música y las giras interminables vino determinada por una estafa que sufrió en la gestión de sus cuentas en la que perdió más de cinco millones de dólares y lo dejó prácticamente en bancarrota en el año 2003. Desde entonces Cohen ha vuelto a la carretera como un viejo rockero al que los 50.000 euros del premio le van a venir de lujo.

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Enrique VIII, una inagotable fuente de inspiración (I)

AutorGabriella Campbell el 1 de junio de 2011 en Divulgación

Ana bolena

Uno de los géneros que mayor salud goza en estos momentos en el Reino Unido es el histórico. Concretamente, se ha instalado una moda literaria asociada con la época regida por Enrique VIII, ese monarca infame por haber tenido nada más y nada menos que seis esposas.

Para los españoles es también una época de la que se ha escrito largo y tendido, ya que hablamos del imperio en el que no se ponía el sol, aquel apadrinado primero por los Reyes Católicos y después por Carlos I y Felipe II, con hechos tan significativos como la conquista americana o la derrota de la Armada española. La narración que rodea este periodo está llena de imaginación y fantasía, pero también de relatos bien documentados, interesados ante todo en reflejar la realidad de su momento.

Si para los españoles uno de los personajes más evocadores es el de Juana I de Castilla, también conocida como Juana la Loca, como muestra nuestro acervo literario y cinematográfico, los ingleses han demostrado siempre interés por el peculiar carácter de Ana Bolena, la mujer que muchos consideran responsable de la ruptura de Inglaterra con la Iglesia Católica. Aunque se han aportado numerosas razones políticas y culturales para dicho cisma, entre ellos el poder y la influencia que ya tomaban los seguidores de Lutero, parece que fue básicamente el deseo del caprichoso Enrique VIII, que ya había sido amante de la hermana de Ana, María, el que puso la isla en total desorden para poder anular su matrimonio con la española Catalina de Aragón, su primera esposa y madre de su hija María. De haber agachado sumisamente la cabeza y haber aceptado pacíficamente la separación, Catalina habría podido evitar todo el embrollo posterior, pero ésta era, no lo olvidemos, hija nada más y nada menos que de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, y tía del todopoderoso Carlos I de España y V de Alemania. Además, todas las pruebas apuntan a que Catalina amaba de veras a su marido, y es muy probable que creyese que Ana era simplemente un capricho más de los tantos que Enrique había paseado ya ante sus ojos. La diferencia entre Ana y las demás, sin embargo, era que ésta supo negarle a su soberano su cuerpo hasta que obtuviera su mano en matrimonio. El rey inglés, al que nunca se le había negado nada hasta la fecha, no supo contenerse.

Es una historia llamativa, pasional, que recientemente hemos visto retratada hasta la saciedad, en multitud de obras más o menos novelizadas, más o menos históricas. Por mencionar sólo unas cuantas, ahí tenemos El diario secreto de Ana Bolena, de Robin Maxwell, La otra Bolena, de Philippa Gregory o La reina de la sutilezas de Suzannah Dunn, pero lo cierto es que sobre la figura de Bolena se ha escrito casi ininterrumpidamente desde su muerte. Según la obra, Ana aparece bien como una malévola femme fatale manipuladora, bien como una heroína feminista. A toda esta afición por la figura de Bolena y de sus contemporáneos contribuye, además, la popularidad de la serie televisiva de Los Tudor, que muestra a actores tan conocidos como Jonathan Thys Meyers en el papel de Enrique VIII, o al mismísimo Peter O’Toole interpretando al Papa Pablo III.

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