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¿Qué es el test de Bechdel? Discriminación de género en la literatura

AutorAlfredo Álamo el 7 de marzo de 2014 en Divulgación

Bechdel

Aplicado principalmente en el mundo del cine, el test de Bechdel es una manera rápida de comprobar si una historia, sea en cómic, cine o literatura, sigue ciertos parámetros discriminatorios o se aferra a estereotipos por cuestiones de sexo. Utilizado por primera vez en 1985 por la dibujante de tebeos Alison Bechdel, el test es bastante sencillo:

1 – En la historia salen al menos dos personajes femeninos.

2 – Dichos personajes deben hablarse en algún momento.

3 – Dicha conversación debe tratar sobre algo que no sea un hombre.

Si no se cumplen las tres condiciones, se entiende que la narración no trata como debería la figura de la mujer y que sigue primando ciertas actitudes con respecto a los roles que deben desarrollar los personajes en base únicamente a su sexo.

Lo cierto es que estos tres puntos, aplicados de manera inmisericorde, señalarían una gran parte de los libros, películas y tebeos más populares. Pero, ¿con razón? Esa sería una cuestión interesante. El test de Bechdel es una herramienta interesante con la que trabajar, pero tiene grandes limitaciones. Si en una obra no hay presencia femenina, no pasa el test… pero, ¿es eso discriminatorio? Yo creo que no: hay cientos de historias donde la ausencia de mujeres, o su falta de encuentro, es perfectamente plausible y lógica de manera narrativa sin caer en el machismo o la misoginia.

Otra crítica que suele recibir es si dos mujeres no pueden nombrar a hombre alguno en sus conversaciones para pasar este test. ¿No es una manera de buscarle tres pies al gato? Otra cosa sería que sólo hablen de hombres, pero la simple mención a una figura masculina ya invalida el test.

En cualquier caso, no es una mala idea. A veces, como escritores, no somos conscientes de la influencia que recibimos y que, a la vez, transmitimos. Personajes femeninos mal descritos, sumisos o limitados son más peligrosos, a mi entender, que lo que busca el test de Bechdel, pero entiendo que es una manera de llamar la atención sobre un problema recurrente. ¿Extremo en su aplicación? Sí. Pero interesante en lo que quiere decirnos.

Muere Leopoldo María Panero

AutorAlfredo Álamo el 6 de marzo de 2014 en Noticias

Panero

La primera vez que leías a Leopoldo María Panero era una bofetada bien dada que te sacaba los mocos y te hacía ver que todo lo que habías estado escribiendo tenía la fuerza de un gusano. Sus poemas eran, a falta de un adjetivo mejor, tremendos. Nacidos de unas oscuridades, de unos escondrijos del alma, al que no todo el mundo puede, ni quiere, ni necesita, llegar.

La vida de Panero fue una revuelta, una partida de malas cartas de la que no te puedes retirar, una espiral que le llevaba y traía de la locura. Siempre sincero hasta la náusea, hoy nos deja uno de los poetas que marcaron el final del siglo XX en España. Su familia, como analogía de nuestra sociedad, ejemplo de tormentas.

Yo he sabido ver el misterio del verso
que es el misterio de lo que a sí mismo nombra
el anzuelo hecho de la nada
prometido al pez del tiempo
cuya boca sin dientes muestra el origen del poema
en la nada que flota antes de la palabra
y que es distinta a la nada que el poema canta
y también a esa nada en que expira el poema:
tres son pues las formas de la nada
parecidas a cerdos bailando en torno del poema
junto a la casa que el viento ha derrumbado
y ay del que dijo una es la nada
frente a la casa que el viento ha derrumbado:
porque los lobos persiguen el amanecer de las formas
ese amanecer que recuerda a la nada;
triple es la nada y triple es el poema
imaginación escrita y lectura
y páginas que caen alabando a la nada
la nada que no es vacío sino amplitud de palabras
peces shakespearianos que boquean en la playa
esperando allí entre las ruinas del mundo
al señor con yelmo y con espada
al señor sin fruto de la nada.
Testigo es su cadáver aquí donde boquea el poema
de que nada se ha escrito ni se escribió nunca
y ésta es la cuádruple forma de la nada.

Leer a Panero muchas veces era odiarlo. Descanse en paz. Esta noche nos tomaremos una por él antes de irnos todos al infierno.

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La mujer loca, de Juan José Millás. Una falsa reseña

AutorAlfredo Álamo el 6 de marzo de 2014 en Reseñas

La mujer loca

Me pregunto qué sintió el libro de Millás cuando lo recibí en la oficina. Estaba tan tranquilo, en un sobre de papel grueso, dentro de otro de plástico más grande, que casi me dio pena sacarlo a la luz y, sin mucho calentamiento, lo reconozco, abrirlo por la mitad y hacer una revisión somera de su tipo de papel, sus márgenes y su tipografía. Me habían dicho que los libros de Millás eran fáciles al principio, pero que luego se hacían los estrechos, así que decidí que lo mejor era empezar a leerlo en la cama y luego, pues ya veríamos.

La mujer loca se me apareció a las primeras líneas. Una mujer con visiones de frases a las que vivisecciona y arregla, cura (o revienta) en una suerte de consultorio gramatical, un gabinete de los horrores sintácticos y semióticos. Además es pescadera. Hasta ahí el libro se mostró, aunque extraño, sugerente. Lo más surreal, por raro que parezca, no había llegado.

Aprovechando que Seix Barral presentaba el libro en Madrid, me metieron en un tren con el libro a medio leer. Ahí ya nuestra relación era diferente. Además de la mujer loca en el tren viajaba conmigo otro Millás; no, qué digo, un mínimo de otros dos Millás. El Millás que escribía el libro y el que lo vivía, pues en la narración, en tercera persona, es el propio (o ajeno) Millás el que vive la ficción.

La mujer loca además cohabita con otros personajes, algunos de ellos fugaces y otros que se retuercen a medida que avanza la historia, convirtiéndose en sorprendentes, dejando claro que en una novela, aunque sea en una novela falsa como esta, siempre hay espacio para la revelación, e incluso la expiación.

Al llegar a Madrid bajé solo del tren. La mujer loca y los dos Millás habían desaparecido a cambio de una buena historia cargada con balas de amor a la literatura, a su posesión, a su poder catártico y de curación. Luego, en la presentación, no podía dejar de pensar si el Millás que allí estaba sentado era el Millás de aquí o el Millás de allá, o acaso otro Millás más, capaz de hablar de sí mismo en tercera persona, padre de todos los anteriores, que yo mismo me había inventado, incluso antes de sacar de su sobre aquella maravillosa y tímida novela falsa.

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La Guerra de Crimea y el conflicto ucraniano en la literatura

AutorAlfredo Álamo el 5 de marzo de 2014 en Divulgación

Crimea

La situación que se vive hoy en día en Ucrania nos hace recordar pasadas campañas y situaciones políticas, de entre las que habría que destacar tanto la Guerra de Crimea como el enfrentamiento entre nacionalistas ucranianos y rusos durante la Revolución de Invierno en 1917.

La Guerra de Crimea duró desde 1853 a 1856 y supuso una guerra abierta entre las grandes potencias de la época. Rusia -el estado más poderoso- se enzarzó con el Imperio Otomano, Reino Unido y Francia. Esta guerra, bajo excusas de religión y viejos acuerdos, trataba de limitar la salida al mar del Imperio Ruso y frenar su constante expansión. Tras un millón de muertos entre civiles y militares, Rusia se rindió tras el asedio y conquista de Sebastopol.

Este conflicto fue duro, largo y sangriento. Para saber más de él es recomendable acudir al ensayo de Orlando Figes, Crimea. La primera gran guerra, donde se deja claro que esta fue, posiblemente, la primera guerra contemporánea, en la que los intereses geoestratégicos de varias potencias delimitaron una estrategia que sería precursora de lo que luego se daría en la Primera Guerra Mundial.

Uno de los sucesos más conocidos de la Guerra de Crimea fue la tristemente famosa carga de la brigada ligera. Una serie de órdenes mal entendidas más la obediencia ciega de los oficiales ingleses condujo a que cinco regimientos de la caballería británica fueran diezmados en un ataque suicida. Esta carga fue inmortalizada por Lord Tennyson en su famoso poema La carga de la Brigada Ligera. Además, en una visión diferente a la épica de Tennyson, Rudyard Kipling publicó El último de la Brigada Ligera, donde describió la realidad de los veteranos de guerra a su vuelta a Inglaterra, convertidos en indigentes.

La situación de Ucrania y su nacionalismo es más difícil de encontrar en el mundo literario. El libro más interesante sobre el tema que os podemos recomendar es La guardia blanca, de Mijaíl Bulgákov (al que muchos conoceréis por El maestro y Margarita). Esta novela, publicada en 1925, nos sitúa en uno de los momentos más explosivos del siglo XX, la Revolución de Invierno. Ucrania se convierte no sólo en un lugar de enfrentamiento entre rusos blancos (partidarios del zar) y rusos rojos (revolucionarios) sino que el sentimiento nacionalista ucraniano aprovechó el momento para tratar de independizarse. Symon Petlyura fue el líder de este movimiento, que llegó a hacerse con el poder de 1918 a 1920, y que, por si alguien busca paralelismos, se oponía a la Unión Soviética, reprimió a la población judía, eliminó a rivales políticos y silenció a los medios de comunicación antes de que los soviéticos retomaran el control.

También es interesante la obra de Nikolái Gógol en su conjunto: un ucraniano que llegó a ser uno de los más grandes autores rusos, pero al que no le gustaba Rusia, una contradicción cultural y social que ha sido analizada posteriormente por la crítica y que hoy en día puede ser considerada como un ejemplo de la situación en Ucrania.

¿Y vosotros? ¿Conocéis algún ejemplo más sobre la situación en Ucrania, con Rusia y Crimea? Os esperamos, como siempre, en los comentarios.

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Batalla de reyes, de M. K. Hume

AutorAlfredo Álamo el 4 de marzo de 2014 en Reseñas

La batalla de los reyes

La escritora australiana M. K. Hume se arriesga con Batalla de reyes (Grijalbo) a contarnos la historia de uno de los mitos más famosos y misteriosos de la vieja Inglaterra: Merlín. Tras su primera serie sobre el rey Arturo, Hume ha tratado de profundizar más y más en la raíz de alguna de las leyendas menos conocidas.

Aquellos que estén esperando en La batalla de los reyes una novela llena de magia y fantasía épica con Merlín de protagonista se verán decepcionados. El estilo de Hume trata de conjugar la leyenda y lo histórico, dándole a La batalla de los reyes, donde se narran los primeros años del mago, un enfoque más parecido al de los grandes autores de novela histórica que a los de fantasía. Sin embargo, que nadie espere una narración realista: la autora deja en el aire ciertos aspectos legendarios, por otra parte necesarios, sobre la figura de Merlín.

Aceptar las leyendas y al mismo tiempo ser riguroso históricamente no es sencillo, hay que ser flexible como lector y aceptar ciertas licencias, así como la mezcla entre lo que se explica como cierto y lo que algunos personajes entienden como verdadero. Merlín nace como Myrddion (luego Merlinus), que crece considerado como medio demonio. ¿Lo es? Desde luego, no es un chico normal. A lo largo de estos primeros años se revelará como un auténtico genio en numerosos campos, aunque su principal interés sea el de convertirse en sanador. Además, posee un don para la profecía -esto sí, inexplicable- que le convierte en un personaje singular y valioso en mitad de una situación de guerras, batallas e incertidumbre.

Hume presenta, pues, una novela que bordea lo histórico y lo fantástico, pero que no acaba de casarse con ninguno de los géneros, exigiendo al lector una cierta complicidad que trata de atraer con el uso de lugares comunes. Novela interesante para todos aquellos interesados en la figura de Merlín en un entorno de aventura, ágil y, eso sí, a la espera del crecimiento del personaje, en esta todavía demasiado verde, en las dos siguientes partes de la trilogía.

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Sherlock Holmes contra Houdini, una historia real

AutorAlfredo Álamo el 3 de marzo de 2014 en Divulgación

Espiritismo

Esta es una de mis historias favoritas, la del enfrentamiento entre Arthur Conan Doyle y Harry Houdini. Uno, el creador del detective racionalista y pragmático por antonomasia, era un enamorado de lo paranormal; el otro, artífice de ilusiones y de engaños, era el mayor de los escépticos y dedicaba parte de su tiempo a desenmascarar falsos mediums.

Doyle era seguidor de Houdini (incluso le creía con poderes sobrenaturales) y trató de convencerle de la existencia de un plano espiritual tras la muerte de la madre del escapista. Hicieron una sesión y la cosa no salió nada bien: un enfurecido Houdini comenzó a usar todo su ingenio para desmontar a todos los charlatanes que proliferaban a principios de siglo, y de los que Doyle era un absoluto defensor (en su creencia de lo sobrenatural, claro, no por el engaño).

Houdini era imbatible y pocos se atrevían a realizar sus trucos delante de él. Parecía que nadie podía engañarle… y así fue mientras Houdini estuvo vivo. Tras su muerte en 1926 llegó la oportunidad de Doyle para vencer a su rival. Houdini y su esposa Bess habían desarrollado un código secreto e indescifrable que sólo ellos dos conocían, una idea perfecta para comprobar que no existía el más allá. Bess puso un anuncio en prensa anunciando un premio para quien descifrara el código… y Doyle respondió con Arthur Ford, un desconocido medium que, con la ayuda de un espíritu (según él), dio con la clave correcta.

Esta increíble historia está documentada en el libro Sherlock Holmes contra Houdini, que publica La Felguera, y que recorre también de manera gráfica los inicios del movimiento espiritista y las imágenes tan impactantes que se tomaron durante sus primeros años. Desde luego, una aventura real en la que no faltan todos los elementos de una buena novela.

¿Y vosotros? ¿Pensáis que Doyle encontró a un medium auténtico? ¿O que si Houdini hubiera estado vivo les habría pillado el truco?

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Disfraces literarios para carnaval

AutorAlfredo Álamo el 28 de febrero de 2014 en Noticias

Llega el carnaval de 2014, una fiesta pagana como pocas, y que logró sobrevivir a duras penas a sucesivas intentonas de prohibición a lo largo de la historia. Algo tiene que tener esta fiesta en la que todo el mundo se disfraza para dar rienda suelta a ese pequeño ser burlón y lujurioso que todos escondemos bajo una máscara invisible.

Pues bien, de entre todos los disfraces posibles a elegir, que en los últimos años se reducen a Guardia Civil, Elvis del infierno, enfermera sexy, gatita sexy, policía sexy (y así cualquier cosa con un sexy añadido al final) también se puede uno transformar en un personaje literario. Os dejamos con algunas de las ideas que pululan por la red y que más nos han llamado la atención.

1. Alicia en el País de las Maravillas

La cantidad de personajes de este cuento permite no sólo un buen disfraz individual, sino una oportunidad para que los amigos, y hasta la familia, formen parte de la fiesta. ¡Será por cartas en la baraja!

Disfraz Literario

2. Bibliotecaria Zombi (sexy opcional)

Sí, ya, no es exactamente un personaje literario, pero nos ha parecido un disfraz tan genial que no hemos podido dejarlo de lado. Ya sabéis que un bibliotecario siempre anda con los libros en la cabeza.

Disfraz Literario

3. Lord Voldemort

Si pensáis que disfrazarse del innombrable mago malvado más poderoso del mundo es algo complicado, no os preocupéis. Sólo tenéis que cumplir un requisito: tener una calva como toca. Bueno, también se permiten las calvas falsas, pero tienen menos mérito que un buen afeitado capilar.

Disfraz Literario

4. 50 Sombras de Grey

Esto sí que es un pedazo de disfraz, con pinzas, cables, esposas y otros complementos para… eh, ¡un momento! Este chico sí que ha sabido captar la verdadera esencia que desprende el título del libro. Hay que darle un 10. Al menos en esfuerzo.

Disfraz Literario

¿Y vosotros? ¿Ya tenéis pensado vuestro disfraz de carnaval? Un personaje literario siempre da mucho que hablar, incluso si lo convertís en sexy. Esperamos, como siempre, vuestros comentarios.

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Roberto Saviano, el autor condenado

AutorAlfredo Álamo el 27 de febrero de 2014 en Divulgación

CeroCeroCero

Cuando Roberto Saviano publicó Gomorra en 2006 no podía imaginar que se iba a convertir en el Salman Rushdie del siglo XXI. Si la fatwa lanzada contra el autor indio lo condenaba a muerte por una cuestión religiosa, a Saviano la cosa le venía por otro lado, de la Camorra, una organización conocida por dos cosas: su crueldad y su memoria.

Desde entonces, Saviano vive protegido, siempre alerta, cambiando de residencia de vez en cuando y limitando el contacto con sus seres queridos para evitar ponerlos en riesgo. Saviano ha manifestado en varias ocasiones que no es lo que él quería ni lo que preveía al publicar Gomorra; pecó, tal vez, de juventud, de impetuoso… y ahora tiene que vivir con ello. ¿Hasta cuándo? Nadie lo sabe.

Lo cierto es que esta horrible situación que atraviesa Saviano tiene un efecto positivo. Sí, aunque cueste creerlo, el autor italiano ya tiene poco o nada que perder. Sus escritos y ensayos no tienen pelos en la lengua y habla sin complejos de la situación social en Italia, sobre todo en zonas donde la influencia del crimen organizado es ya una forma de vida.

Otro gran ejemplo lo tenemos en su último libro, CeroCeroCero, donde, según su sinopsis:

Mira la cocaína: verás polvo. Mira a través de la cocaína: verás el mundo. «Escribir sobre la cocaína -en palabras del autor- es como consumirla. Cada vez quieres más noticias, más información, y las que encuentras son suculentas, ya no puedes prescindir de ellas… Cuanto más desciendo en los círculos blanqueados de la coca, más me percato de que la gente no sabe. Hay un río que corre bajo las grandes ciudades, un río que nace en Sudamérica, pasa por África y se ramifica hacia todas partes. Hombres y mujeres pasean por la Via del Corso y por los bulevares parisinos, se reúnen en Times Square y caminan con la cabeza gacha por las avenidas londinenses. ¿No oyen nada? ¿Cómo lo hacen para soportar todo ese ruido?»

En CeroCeroCero, Saviano habla sobre una de las drogas presentes en todos los escalones de la estructura social: desde políticos a militares, de estudiantes a amas de casa, la cocaína es uno de los negocios más grandes del planeta. Sin duda otro de esos libros de Saviano que dará mucho que hablar en el futuro.

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¿Debería J. K. Rowling dejar de escribir?

AutorAlfredo Álamo el 26 de febrero de 2014 en Opinión

J. K. Rowling

A pocos meses de que su tercera novela para adultos (y segunda bajo el nombre de Robert Galbraith), El gusano de seda, vea la luz, J. K. Rowling ha sido puesta en el punto de mira de la autora inglesa Lynn Shepherd, en una polémica columna de opinión.

Shepherd, quien asegura no haber leído a Rowling, manifiesta su desacuerdo con el hecho de que a Rowling se le haya ocurrido dejar la literatura juvenil para pasarse a la narrativa para adultos. Según esta escritora de misterios victorianos -autora de títulos como Crimen en Mansfield Park– no está el mercado editorial como para que un solo autor concentre la mayoría de librerías, portadas y ventas, simplemente por el hecho de ser una escritora muy, pero que muy famosa.

A eso añade que, como Rowling ya es inmensamente rica, no debería escribir ya que no le hace falta el dinero. O, en todo caso, que se vuelva al juvenil, que, por lo visto, ahí a Shepherd no le molesta que publique, ya que es otro tipo de mercado.

Como es lógico, a Shepherd ya le están cayendo críticas por todas partes. ¿Acaso si ella lograra un gran éxito editorial vería bien que alguien le dijera lo que puede o no puede publicar? En cualquier caso, comprendo a la autora: en ocasiones las librerías se vuelven locas amontonando la misma novedad con la esperanza de lograr un efecto avalancha y vender miles de ejemplares del mismo libro. Si te toca lanzar libro al mismo tiempo que Rowling (o cualquier otro best-seller) lo más seguro es que tus ejemplares acaben debajo de algún rincón oscuro y sean devueltos al almacén sin pena ni gloria.

¿Y vosotros? ¿Qué opináis? ¿Debería Rowling dedicarse al juvenil y dejar a los autores de misterio en paz? Os esperamos, como siempre, en los comentarios.

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Frederik Pohl (1919-2013): Adiós al humanista de la CF anglosajona (II)

AutorJuan Manuel Santiago el 26 de febrero de 2014 en Divulgación

Mercaderes del espacio - Frederik Pohl

El Pohl faneditor de la década de 1930, agente literario (el único que tuvo Asimov) de la década de 1940 y escritor contestatario de la década de 1950 le dio paso al editor profesional de referencia de la primera mitad de la década de 1960.

Bajo su batuta, las revistas Galaxy e If dejaron atrás los logros de la Edad de Oro que había propiciado el anterior director, Horace Gold (que le había publicado Mercaderes del espacio de manera seriada en Galaxy), los superaron de largo, y sentaron las bases de la verdadera revolución del género: la New Wave. Pohl comenzó a publicar a autores como Samuel R. Delany, e incluso, pese a que sus hechuras eran clásicas, aportó su granito de arena a las revolucionarias Visiones peligrosas de Harlan Ellison (quien, de este modo, le devolvía el inmenso favor de haberle publicado uno de los mejores relatos de la historia del género: ¡Arrepiéntete, Arlequín!, dijo el señor Tic-Tac), tras las que el género ya no volvió a ser lo que era.

Después del Pohl editor de referencia de la década de 1960 llegó, de manera similar a la trayectoria que estaba siguiendo su viejo amigo Isaac Asimov, la fase de vieja gloria multipremiada. A lo largo de la década de 1970, Pohl ve cómo su impagable novela Pórtico hace pleno (se lleva los premios Hugo, Nebula, Locus y J. W. Campbell). Aunque el resto de la saga de los Heechee, a la que dio origen, oscila entre lo meramente simpático y lo decididamente prescindible, Pórtico es una de las grandísimas novelas del género, un auténtico canto al sentido de la maravilla, la exploración espacial, los peligros de lo desconocido, los límites del amor y la amistad, la cobardía, el complejo de culpa subsiguiente y, por qué no, las miserias del psicoanálisis. La creación de un escenario inolvidable (tan solo equiparable, en aquella década, a la propuesta de Arthur C. Clarke con la serie de Rama) es casi lo de menos: Pórtico es una novela de personajes. Y Robinette Broadhead es, junto con el Mitchell Courtenay de Mercaderes del espacio, uno de los personajes mejor perfilados del género, así como el psicoanalista Sigfrid von Shrink es uno de los robots más conseguidos de la ciencia ficción.

Pórtico fue la mejor novela de su última etapa, pero en absoluto la única destacable. Tal vez Homo plus, una buena historia de colonización marciana protagonizada por un cíborg, haya envejecido mal con el tiempo, cosa que también le sucede a Jem, una estimable novela de colonización espacial con estados-megacorporaciones de por medio (naaada que ver con Prometheus), pero también recibieron su buena ración de premios. Más estimables son Los años de la ciudad, Chernobil o La llegada de los gatos cuánticos, novelas de buena factura e ideas más que interesantes. No obstante, donde Pohl echó el resto fue en la secuela de la mítica Mercaderes del espacio. En efecto, y aunque carece de la grandeza de la novela original, La guerra de los mercaderes retoma las mismas preocupaciones y temática, treinta años después, y consigue que funcionen sin que la cosa ni el paso del tiempo la hagan rechinar. No es poco mérito. Y, desde luego, es una novela tan entretenida como la primera.

Frederik Pohl nos deja, y con él, una época. Ha muerto el autor que fue la esencia misma del fandom estadounidense. Ni que decir tiene que, por encima de toda su obra, recomiendo encarecidamente Mercaderes del espacio y Pórtico, pero cada uno de ustedes tendrá su novela favorita, o incluso es probable que reivindique su nada desdeñable faceta de escritor de relatos. ¿Por qué obra recordarán a Pohl?

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