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Alfredo Álamo (Página 209)

Los cuentos de hadas originales

AutorAlfredo Álamo el 8 de julio de 2009 en Divulgación

Caperucita Roja

Todos conocemos cuentos de hadas, leyendas populares que creemos apropiadas para contar a nuestros hijos o sobrinos. Lo cierto es que no está nada claro su origen y las versiones que tenemos en la cabeza son mucho más edulcoradas que las versiones con las que fueron recopiladas por primera vez y no digamos con la crueles originales.

Los cuentos de hadas forman parte de la tradición popular, con elementos que nos pueden mostrar detalles de la cultura de un pueblo de una forma detallada y concisa. Lo cierto es que muchos de los cuentos que conocemos hoy en día tienen un origen desconocido, ya que distintas versiones de las mismas historias pueden escucharse desde la India hasta Escocia.

Frente a las leyendas o mitos, los cuentos de hadas -donde, aunque parezca extraño, apenas aparecen hadas– mantienen una narración más compleja y llena de detalles. También es cierto que a partir de que la tradición oral es fijada por los grandes compiladores, como Andersen, los hermanos Grimm, Perrault o Basile, los cuentos quedan atrapados en un momento histórico concreto y no evolucionan, excepto, y es mi opinión, si consideramos las leyendas urbanas como los nuevos cuentos de hadas.

Hay que tener en cuenta también que los cuentos de hadas encierran una cierta rebeldía: suelen ser historias narradas por mujeres para mujeres en una época en que el rol femenino estaba muy limitado en la sociedad. Las moralejas edificantes son añadidos que poco a poco se van instaurando en los cuentos. Además, los cuentos son propiedad del pueblo frente a las élites intelectuales: se enfrentan historias con estructuras medievales a la literatura de imitación clásica que era la predominante.

Como ya he dicho, los cuentos de hadas que recordamos quizá no son los que contamos alegremente. Por ejemplo, si pensamos en Caperucita Roja mucha gente suele olvidar ciertos detalles. Cuando el lobo se come a Caperucita y a su abuela aparece el leñador quien, con unas tijeras, le abre la panza al lobo para rescatar a las mujeres. Luego, Caperucita rellena al lobo de piedras, lo cose y dejan que se arrastre hasta que el leñador lo mata a hachazos y lo despelleja. La verdad, yo ahí estoy con el lobo. También hay una versión en la que Caperucita se mete en la cama con el lobo y le dice algo así como “Caray, abuelita, que brazos más fuertes tienes” y el lobo responde “Para abrazarte mejor…” Dejémoslo ahí.

Existen más ejemplos, como el que cuenta que La Bella Durmiente no es despertada por un beso casto y puro por parte de su príncipe azul, sino que el despertar corresponde a una actividad física mucho más movida e interesante. Qué motivos llevan al príncipe a practicarla con una joven en apariencia muerta no se nos desvelan.

Blancanieves

Por último, uno de mis favoritos: La reina en el cuento de Blancanieves baila hasta la muerte con los pies enfundados en unos zapatos de hierro calentados al rojo vivo. Creo recordar que eso no sale en la versión de Disney.

Así son los cuentos de hadas en su origen: crueles como cruel era la sociedad en la que se crearon, pensando más en la supervivencia que en el entretenimiento.

Black Books, una serie de TV sobre libros, libreros y librerías

AutorAlfredo Álamo el 5 de julio de 2009 en Divulgación

Black Books

En Londres existe una librería regentada por Bernard, un irlandés borracho (además de pendenciero y misántropo), acompañado de Manny, un inglés medio calvo y a la vez con pelo largo (y borracho), a los que suele visitar Fran, una joven inglesa dueña de una tienda de regalos (también con cierta querencia a la botella).

La librería necesita cierto repaso. Quizá por los montones de libros repartidos sin control por todas partes, la suciedad en el suelo, el polvo por todas partes y los mejillones que han empezado a crecer en las tuberías. Además, no se permiten móviles, música o recomendaciones.

Ese es el extraño mundo en el que se mueve la serie de televisión británica Black Books, una de las pocas incursiones de la ficción televisiva en el mundo de los libros desde una perspectiva externa, es decir, que no sea una adaptación. Black Books es una comedia absurda, una de esas comedias británicas llenas de mal gusto, dolor ajeno, exentas de cualquier sentido del ridículo y creadas para aquellos que disfrutan con la humillación y la vergüenza ajena. Eso sí, no te sientas mal: La serie ganó dos premios BAFTA, así que hay más gente por ahí que está igual de mal de la cabeza.

A lo largo de tres temporadas -que se hacen demasiado cortas- los personajes de Black Books liberan el Homer Simpson (o Peter Griffin) que todos llevamos dentro. Comedia Slapstik dentro de una librería, sin duda una vuelta de tuerca al concepto.

La serie tiene momentos memorables, sobre todo aquellos en los que lucha contra las grandes cadenas de librerías, esas en las que te puedes tomar un café y una magdalena de chocolate sentado en un cómodo sofá devorador de hombres. También tiene un par de episodios dedicados a la presentación de libros que son de primera línea

Si eres amante de la comedia británica más salvaje –The Young Ones, Fawlty Towers, Bottom– y eres un adicto a los libros, no deberías perderte esta serie, perfecta para las largas y eternas noches de verano. Acompañada, eso sí, de un buen vino.

Una visión sobre el futuro de los libros

AutorAlfredo Álamo el 4 de julio de 2009 en Opinión

Futuro

El mundo del libro se acerca poco a poco a un cambio inexorable con la llegada de una red global, un acceso permanente a ella y a una necesidad -justificada o no- cada vez mayor de información.

La mayor parte de los artículos en los que hablamos de este tema se centran sobre el corto medio plazo: cómo las editoriales preparan sus fondos, cómo van a ser las próximas pantallas de e-tinta o qué papel pueden jugar las operadoras de telefonía y las grandes cadenas comerciales en todo este negocio.

Ahora que estamos en verano, y casi nadie nos escucha, me gustaría ir un poco más allá, avanzar unos veinte años en el tiempo, realizar un ejercicio de anticipación sobre el futuro del libro y hablar un poco de cómo es mi visión personal de hacia dónde nos dirigimos (si superamos el año 2012, que según algunos significará el fin de la civilización tal y como lo conocemos).

Dentro de los avances tecnológicos y de soporte doy por hecho que el papel electrónico flexible e interactivo será una realidad, sobre todo teniendo en cuenta que ya hay prototipos hoy en día. Eso nos lleva a gadgets multifunción, de gran pantalla y resolución, finos como una hoja de papel, plegables o enrollables. El acceso a una red global de comunicación a velocidades muy superiores a las actuales nos daría capacidad vídeo y música en streaming desde prácticamente cualquier lugar en el que nos encontremos. Eso, claro, se aplica con mayor facilidad a los ebooks.

Los libros en papel se convertirán -si no lo son ya- en elementos de lujo personal. La edición de bolsillo barata, la que más se vende hoy, es probable que desaparezca a favor de sistemas de suscripción o de alquiler temporal, como ya pretende instaurar Google. Se comprarán en papel aquellos libros que realmente se quiera poseer o regalar. La compra compulsiva o de prueba desaparecerá de los libros físicos.

El desarrollo de las tecnologías de nube y almacenamiento externo nos ofrecerán acceso en cualquier momento y lugar a nuestra propia biblioteca. Incluso el formato de los libros podrá ir cambiando de manera automática a medida que la tecnología o el software avance, evitando la obsolescencia de antiguos textos.

Las actuales distribuidoras de libros tendrían que empezar a buscar nichos alternativos de mercado: el volumen de libros en movimiento o almacenados bajará muchísimo. El viejo dicho de “Si quieres hacer dinero con la literatura, cómprate un camión” pasará a ser “Si quieres hacer dinero con la literatura, monta un servicio de suscripción lo más amplio posible a través de la red”

¿Dónde deja esto a editores, escritores y libreros?

Los editores, si siguen el modelo que deberían seguir y no se aferran al formato en papel hasta la muerte, comprenderán que su fondo editorial pasa a ser un todo, un conjunto por el que la gente estará dispuesta a pagar para tener acceso a él. Si la demanda se genera sin que exista una oferta correcta, la piratería se convertirá en un fenómeno imparable.

Los escritores se enfrentan a dos cosas: La primera, el cambio que supondrá escribir libros en una sociedad plenamente digital. Muchos libros se convertirán en piezas de hipertexto en los que el autor deberá ser capaz de atrapar al lector entre un mar de datos, ventanas emergentes y mensajes de mail. Por otro lado, la interacción entre el escritor y sus lectores aumentará a niveles nunca vistos. La sociedad digital no perdona ni la reclusión ni los malos modos.

Los libreros. Ahí es donde me surgen más incógnitas. De hecho, la especialización de la pequeña librería me parece la mejor manera de su supervivencia, sobre todo si repunta el Print-On-Demand. A mi juicio, y puede parecer raro decirlo ahora, a quien veo peor dentro de veinte años es a las grandes cadenas de librerías y a los apartados de libros en los grandes centros comerciales. El libro de paso, el libro de batalla, que es el que suele comprar ahí, pasará al dominio de las tiendas electrónicas o al e-book. El librero como guía a la hora de comprar y descubrir autores nuevos siempre ha sido un referente que puede ser borrado por la capacidad de los algoritmos de recomendación en las tiendas virtuales. El trato humano, sin embargo, no puede ser sustituido.

Esta es una visión incompleta, por supuesto, no incluye muchos factores, sobre todo los de presión económica por parte de muchos sectores, pero no creo que se aleje tanto de la realidad del año 2029, año en que por tradición la humanidad debería estar ya colonizando la galaxia.

Festejos por El tambor de hojalata

AutorAlfredo Álamo el 2 de julio de 2009 en Noticias

Tambor de hojalata

Hace ya cincuenta años que el Premio Nobel Günter Grass publicara una de sus obras más conocida mundialmente: El tambor de hojalata.

A mi entender es una obra indispensable dentro de la bibliografía del escritor alemán, que nos sirve además para conocer mucho mejor a esa Alemania de los años cuarenta y cincuenta, la del orgullo nefasto y la de la humildad en la ruina. Sin duda volveremos a hablar de este libro en los próximos meses con un análisis más elaborado

Óscar el niño eterno, adulto niño, con su voz imposible, resulta uno de los mejores personajes que me encontrado en las páginas de un libro. La manera de Grass de llevarnos a través de su vida a la vez que nos disecciona la sociedad rota por la posguerra es impresionante, y todavía lo es más si pensamos que esta es la primera novela del escritor alemán.

Aunque Grass no considera El tambor de hojalata como su mejor obra, su preferido parece ser Años de perro, no puede escapar a la larga sombra de su ópera prima. En Berlín ya están preparando, y estamos en Julio, los actos principales del aniversario del libro que se producirán en Otoño.

Como primer acto se recogerá en el Literarische Colloquiom de Berlín una retrospectiva sobre la trayectoria de la novela. Hay que recordar que en su lanzamiento tuvo malas críticas -aunque muchos críticos luego rectificaron su postura- e incluso llegó a estar tachada como una novela pornográfica. La corriente dominante en la literatura alemana de posguerra era la de un realismo lo más duro posible, lo que de entrada provocaba rechazo por cualqiuer tipo de elemento fantástico como ese punto de realismo mágico que se respira en el libro de Grass.

La Casa museo de Grass en Löbeck pondrá en marcha una exposición sobre el libro y en la Feria del Libro de Frankfurt, posiblemente la más importante del mundo, también se celebrarán diversos actos conmemorativos.

Para los que se desaniman con libros de gran tamaño y que no saben si les va a gustar El tambor de hojalata, pueden acercarse a la obra de Grass con la adaptación que realizó Schlöndorf en 1979 y que consiguió el Óscar a la mejor película en habla no inglesa.

Vía: Revista Ñ

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Estoy desnudo, de Yasutaka Tsutsui

AutorAlfredo Álamo el 2 de julio de 2009 en Reseñas

Estoy desnudo

No había leído nada de Tsutsui aunque me habían recomendado mucho la única recopilación de cuentos que había en castellano, editada bajo el sugerente título de Hombres salmonela en el planeta porno, así que me decidí a hacerme con Estoy desnudo y otros cuentos [Atalanta] para ver si el japonés era tan bueno como me decían.

Después de varias sobredosis de Murakami y algo de Kobo Abe, la verdad es que la imagen de la literatura japonesa no era demasiado animada. Interesante, sí, sin duda, como por ejemplo la brutal Out, de Mariko Hasioka, pero divertida, no, desde luego. Hasta que abrí el libro y leí la primera página del cuento que da nombre a la antología: Estoy desnudo.

Se nombra a Tsutsui como escritor de ciencia ficción, quizá en un intento de calificarle de alguna forma. De los cuentos que componen Estoy desnudo podemos encontrar de todo, de la fantasía al realismo, del absurdo puro y duro a la ciencia ficción. Si hay alguien inclasificable dentro de un género, ese es sin duda el escritor japonés.

Hay cuentos que me han recordado bastante a Stanilaw Lem, los que sí podríamos decir que son ciencia ficción, en los que se trata el contacto extraterrestre y los problemas de comunicación entre las especies. Claro que tratadas de una manera completamente aberrante y hasta maníaca, mostrando siempre una mala leche innata que me hacía reír cada cuatro frases.

Mi favorito -además de Estoy desnudo, la odisea interior de un japonés en calzoncillos en su intento de cruzar Tokyo-, es el cuento con el se cierra el volumen, una historia que vuela de Kafka a Cortázar y en la que se muestra de forma hilarante hasta donde puede llegar la locura y la maldad humana*.

Estoy desnudo es una de las mejores colecciones de cuentos que han pasado por mis manos en los últimos años. Si no te asusta horrorizarte con las barbaridades que se esconden dentro del alma humana y no te importa saltar de la historia de un demonio a otra con 18 pasajeros con una cicatriz en la frente dentro de un extraño autobús, esta es una antología que no deberías dejar pasar.

*Spoiler: En el cuento un oficinista llega a casa para encontrarse a la policía: un preso fugado retiene a su mujer y a hijo a punta de pistola. Tras intentar negociar su liberación descubren que todo lo hace por su mujer, que piensa dejarlo. El oficinista entonces retiene a la familia del secuestrador mientras se van amenazando por teléfono y torturando a la familias del otro para lograr liberar a la suya. Magistral.

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Best Sellers, otros mercados

AutorAlfredo Álamo el 1 de julio de 2009 en Divulgación

Bourne

Está claro que en España tenemos la saga Millenium de Larsson y a Ildefonso Falcones con La mano de Fátima como los libros situados en lo más alto del top de ventas. A una distancia prudencial se mantienen los libros de Stephanie Meyer aunque sin alcanzar los picos del año pasado, a la espera del estreno de la siguiente película de Crepúsculo.

Sin embargo, ¿qué es lo que está vendiendo por otras partes del mundo? A veces pecamos un poco de cortos de miras y no tenemos claro qué es lo que arrastra masas en otros lugares.

En Estados Unidos tenemos varios libros sobre la guerra de Irak entre los primeros puestos de ventas, algunos de ficción y otros son testimonios de soldados. En ficción pura y dura encontramos a Jodi Picoult con My sister’s keeper, que se ha lanzado al top de ventas al estrenarse una película sobre el libro.

Ángeles y demonios se relanza también por el estreno de la película y vuelve a entrar en un top 20 del que hacía años había desaparecido. Otros nombres clásicos del best-seller en la lista son Robert Ludlum con su última entrega de la serie Bourne: The Bourne Deception, y Dean R. Koontz con Relentless.

En el mercado chino, un mercado en el que las grandes editoriales norteamericanas se han empezado a fijar y que puede suponer una verdadera oportunidad de negocio por el inmenso volumen que puede llegar a mover, presenta títulos sobre todo extranjeros. Night, de Elie Wiesel, Ángeles y Demonios -en una versión en la que regalan la película con el libro-, El lector, de Bernhard Shlink, así como el último libro de John Le Carré, El hombre más buscado.

He intentado encontrar datos de Japón, pero al parecer 1Q84 de Murakami, que ya va por el millón de ejemplares vendidos en dos semanas, se ha comido el mercado del libro en papel. En el ámbito del libro para dispositivos móviles, está haciendo furor uno que contiene tests para saber si tu personalidad concuerda con el tipo de sangre que tienes, (A, B, AB, O). ¿No es maravilloso Japón?

Lo que está claro es que muchos best-sellers llegan a globalizarse arrastrados por el éxito de las películas que hacen a partir de ellos, algunos, como Ángeles y Demonios, volviendo del sueño de los justos donde habían sido condenados.

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El Aleph, de Jorge Luis Borges

AutorAlfredo Álamo el 1 de julio de 2009 en Reseñas

Aleph

Los cuentos de Borges siguen siendo un ejemplo maravilloso de la invención humana, del engaño y la complicidad por parte del escritor, de la capacidad para crear historias en las que la realidad y la ficción se retuercen hasta que el lector no sabe bien cuál es la diferencia.

Dentro del corpus de cuentos de Borges los hay más realistas, como las historias narradas en su Historias de la Infamia, o de corte mucho más fantástico. Uno de los que combina un elemento más irreal es, sin duda, El Aleph.

Publicado por primera vez en 1945, es un ejemplo perfecto de ese estilo cargado de erudición que Borges era capaz de condensar hasta el extremo, dejando cuentos cortos como este, lleno de matices y complejas referencias que acabaron por convertirlo en uno de los referentes del escritor argentino.

La historia resulta sencilla para un hecho complejo: la propia existencia del Aleph, el punto, el lugar donde se puede contemplar todo el mundo desde todos los ángulos. Borges se narra a sí mismo, se sitúa en un momento de enamoramiento, y en medio de una rivalidad con un ficticio escritor. El descubrimiento del Aleph, sin embargo, más que una epifanía se convierte en un hecho que acaba trivializándose. Una manera de decirnos que todo el conocimiento del mundo no nos haría felices.

Las interpretaciones sobre el cuento de Borges son casi tan infinitas como las aristas del propio Aleph, así que lo mejor es disfrutar del cuento y dejar que sea nuestra propia intuición la que nos guíe a través de las intenciones de su autor.

El Aleph, para leer o descargar en Ciudad Seva.

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Bubok, Millás y los mensajes de móvil

AutorAlfredo Álamo el 30 de junio de 2009 en Noticias

Millás

Bubok, la empresa de autoedición que más está sonando en los medios este año, abre una nueva vía en España para la venta de literatura: la suscripción por móvil. Para inaugurar el servicio ha llegado a un acuerdo con Juan José Millás para publicar de esa manera sus anticuentos -minicuentos autoconclusivos- a partir de una suscripción. Ya sabes, algo con lo que muchos hemos bromeado: Manda ALTA MILLAS al xx-xx y recibe un cuentecillo diario.

La iniciativa surge, más o menos, a semejanza de las populares novelas por móvil que causan furor en Japón y de las que ya hemos hablado en profundidad en Lecturalia. Sin embargo, veo grandes diferencias con ese modelo y me parece que la idea llega tarde para el mercado español. (Esto me recuerda, además, una vieja iniciativa que me hizo llegar David de Ugarte por parte del viejo grupo Cyberpunk hace unos cinco o seis años con una iniciativa muy similar a esta, pero que técnicamente se hizo imposible)

En Japón ese tipo de literatura es principalmente folletín para adolescentes, además de que se puede conseguir normalmente de manera gratuita y no es hasta su paso al papel -o a la publicidad de las páginas a las que se accede por móvil- que generan cierto beneficio. A 0.50 euros más iva el cuento, que es lo que cuesta el servicio de Bubok, nos salen 20 minicuentos por más de 10 euros, algo que, sinceramente y aunque me encantan los minicuentos de Millás, parece algo totalmente excesivo.

En un presente en el que la tendencia de los teléfonos móviles es a la conectividad permanente, bien vía WiFi o 3G -quizá ahora no sea lo normal, pero en poco tiempo va a ser lo habitual-, no tiene sentido este tipo de servicios de suscripción tan limitados.

De todas formas, desearle suerte a la gente de Bubok ya que por lo menos es una iniciativa que rompe con la tónica editorial un poco anquilosada en cuanto a la aproximación a las nuevas tecnologías.

Vía: Blog de Bubok

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EL incendio de El Globo

AutorAlfredo Álamo el 29 de junio de 2009 en Divulgación

Globe

Tal día como hoy, pero en 1613, un cañonazo mal ejecutado durante una representación acabó con el teatro mítico de la dramaturgia inglesa: El Globo, lugar donde Shakespeare estrenó sus mejores obras.

Inaugurado en 1599, tenía tres pisos de altura y un aforo de 3000 personas; pese a estar localizado en una zona poco recomendable de Londres, las clases altas se aventuraban para contemplar las obras de Shakespeare durante el verano, única estación del año en que abría sus puertas.

Tras el incendio, el teatro se reconstruyó y siguió en servicio hasta 1642, cuando durante una época de poder religioso Puritano, que consideraban a los teatros como unos antros de pecado, se decidió su cierre.

Su ubicación exacta fue objeto de discusión durante años y hoy en día se puede disfrutar de una réplica de El Globo apenas a 200 metros de su localización original, adaptado al S.XX, eso sí, que se abrió al público en 1997. Su construcción, pese a todo, no es fidedigna y se está planteando una reconstrucción del edificio para respetar las líneas de visión originales sobre el escenario

En Internet tenemos diversos recursos sobre el teatro, como un recorrido virtual por el edificio, además de poder visitar la web del nuevo teatro.

Vía: Encontrando a Dulcinea

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Trópico de Cáncer, de Henry Miller

AutorAlfredo Álamo el 29 de junio de 2009 en Reseñas

La primera vez que leí Trópico de Cáncer, hace ya unos cuantos años, me atrapó de tal modo que no pude despegar los ojos de libro ni por un segundo. Cuando terminé ya no sabía ni en qué ciudad estaba, si en la mía o en ese París entre decadente y surreal con el que Miller me había golpeado en la cabeza con tan mala saña.

Miller, periodista, bebedor e incansable viajero, vivió en París durante los años 30 de una manera bohemia, pero bohemia de verdad, no de esa de recitales los fines de semana para ligar con chicas arreboladas por la poesía: Miller vivía bajo los puentes y apenas contaba con la ayuda de unos amigos casi tan pobres como él.

Tras encontrar trabajo como corrector y gracias a su amante Anaïs Nin -no hay que perderse tampoco los diarios de esta escritora- logra publicar Trópico de Cáncer, su primera novela, en 1934. Llena de apuntes autobiográficos, la novela levantó ampollas en la moral puritana de ciertos sectores norteamericanos, cosa que llevó a un proceso judicial por obscenidad y a que la novela estuviera prohibida hasta la década de los sesenta.

En Trópico de Cáncer se sucede el sexo, la borrachera y el progresivo encuentro de la conciencia de un hombre perdido. En unos años donde se vivía al límite tras una dolorosa guerra mundial y la gran crisis del 29, la gente no quería pensar más en el pasado y se entregaba a una vida hedonista y a veces sin sentido. Ahora, después de releerlo, casi me recuerda a una especie de pequeño Ulises, con un paseo de burdel en burdel, de copa en copa, de un país a otro.

La influencia de Trópico de Cáncer y otras obras de Miller sobre la revolución sexual en los Estados Unidos a partir de los setenta es innegable, sobre todo con la aparición de Sexus, Nexus y Plexus. Muchos escritores, como Orwell, se declararon grandes admiradores del escritor y de su libro.

La continuación, Trópico de Capricornio, sin embargo, me dejó bastante frío. Quizá ya había pasado mi momento Miller, o a lo mejor es que el buen recuerdo de Trópico de Cáncer me impidió hacerme con lo que se me estaba contando.

Sin duda, es uno de mis libros recomendados para verano: es un libro para leer cuando la temperatura sube, ideal para el calor y la lentitud de Agosto.

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