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Alfredo Álamo (Página 208)

Barnes & Noble a la caza de Amazon

AutorAlfredo Álamo el 21 de julio de 2009 en Noticias

Plastic Logic

El movimiento de la gran cadena librera Barnes & Noble al preparar el lanzamiento de su lector de e-books, basado en Plastic Logic, no era casual. La librería virtual acaba de presentar su tienda en la que se tiene acceso a unos 200.000 títulos propios más la inteligente aparición de 500.000 títulos de Google Books, libres de derechos.

Desde B&N se venden como la alternativa a Amazon y a su Kindle -han elegido bien las fechas con el cabreo que llevan muchos usuarios de Amazon en este momento-, pero incurren en los mismos errores que están lastrando por ahora el despegue del libro digital.

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Lo zombie y lo literario

AutorAlfredo Álamo el 21 de julio de 2009 en Divulgación

Living dead

Uno de los actos que suele ser muy interesante dentro de la Semana Negra de Gijón es la tertulia/mesa redonda en la que muchos de los autores invitados, siempre con algún añadido sorpresa de última hora, participan en torno a un tema dado por la organización.

Este año, sin embargo, me pareció un acto menos redondo que en ediciones anteriores, bien porque el tema elegido -los zombies– no daba para dos días de charla, bien por ser un tema muy parecido al del año anterior -los monstruos– o, simplemente, el tema, pese a la presencia de Jesús Palacios, no era uno especialmente conocido por los presentes.

Sin duda el fenómeno zombie que vivimos ahora, con varias películas recién estrenadas o por estrenar, así como con libros varios sobre zombies, viene determinado por el zombie que plasmó George Romero en los años 70. El término zombie aquí se presenta, no obstante, de una manera ambigua: la película de Romero habla de Muertos Vivientes, lo de llamarlos zombies es una utilización errónea del término proveniente de la tradición mágica afrocaribeña. Es decir: Los monstruos sin mente de la película de Romero no son los seres que se conocían desde el mundo mágico, son herederos de la tradición pulp de terror contemporáneo, sobre todo de la imaginería creada antes del Código Hays, censura que eliminó de las portadas de los cómics decenas de muertos vivientes en busca de justa venganza.

El zombie contemporáneo, o muerto viviente no-afrocaribeño para los amantes del lenguaje políticamente correcto, es posiblemente el primer monstruo pop, nacido en una época en la que la humanidad se movía al borde de la guerra nuclear y los movimientos de la contracultura empezaban a afianzarse en la sociedad occidental.

El zombie pop no tiene objetivos más allá de alimentarse y vagar de un lado a otro. En realidad no se mueve en masa, simplemente se agrupa en torno a la comida, y cuanta más de ella hay más se mueve, más sensación de turba enfurecida ofrece. Romero ha comentado en varias ocasiones que no pretendía dar un aire proletario a sus zombies, tampoco una alegoría del comunismo, como otros han indicado. A mi entender Romero mostró lo que muchos pensaban en la época, que los zombies son la clase media que se mueve a impulsos, sin una razón concreta, mostrando uno de los miedos más profundos del hombre: el vacío que en realidad vive dentro de nosotros.

Es una conexión existencialista, el zombie postmoderno, que nos acecha y que puede ser nuestra madre, padre, hijo o novia, al que tenemos que matar para sobrevivir o dejarnos llevar y convertirnos es un cascarón vacío, se ve reflejado en la frase de Sarte: El infierno son los demás. Alejándose de vampiros y hombres lobo, momias o criaturas de la laguna, el zombie que nos muestra, por ejemplo, Max Brooks en Guerra Mundial Z, sólo tiene sentido después de los años cuarenta.

Juvenil

Se habló un poco sobre la literatura juvenil y los zombies, aunque dejando fuera las novelas dedicadas de la serie de Pesadillas de R.L Stine, en las que puedes encontrar todos los tópicos imaginables de la literatura de terror, o iniciativas en castellano como Cuentos de zombies para niños, así como libros que están saliendo para jóvenes adultos en inglés con temática zombie como The forest of hand and teeth, de Carrie Ryan

Una de las cuestiones que se quedaron en el aire sería la de si tiene futuro el género sobre zombies o si tan pronto como se recuperó de su letargo en los años noventa -mantenido, si acaso, por la productora Troma– volverá a desaparecer hasta la próxima crisis económica.

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Pulp, de Charles Bukowski

AutorAlfredo Álamo el 20 de julio de 2009 en Reseñas

Pulp

Podríamos decir que la inmensa mayoría de la obra de Bukowski es autobiográfica, siempre aliñada con los toques de ficción que sabía añadir como nadie. Pulp, sin embargo, se sale de su corriente habitual aunque sigue escrita con el mismo estilo rápido y efectivo del resto de su producción.

Pulp. El nombre ya empieza por darte más de una pista de dónde te vas a meter. Aunque la novela tiende al género negro –negro pulp, claro-, Bukowski logra enredar la historia de tal manera que también resulta ser una historia pulp de ciencia ficción, pulp del terror light de los cómics de la era post-code y también logra meter todas sus habituales filias y fobias personales. Es, por lo tanto, un juego metaliterario en el que puedes entrar o no, por propia voluntad, como ante las puertas cerradas del infierno.

Nick Belane es un detective incompetente, algo cortito y que apenas llega al fin de semana con alguna moneda en los bolsillos. No tiene excusa, simplemente es así de tonto. Como a todos los detectives de las novelas, de repente llega el gran caso hasta su puerta: La mismísima Muerte -ella en persona, una persona además que no está nada mal- decide contratar a Belane para encontrar a Celine, escritor de culto francés y una reconocida influencia en Bukowski.

La cosa no queda ahí, al mismo tiempo recibe otros encargos: encontrar el Gorrión Rojo, referencia directa al Halcón Maltés, sin importar el dinero o el tiempo invertido para ello y además demostrar la infidelidad de la esposa de otro cliente llamada Cindy Bass. Entre medias, además, tendrá que ayudar a un empleado de funeraria acosado por una exuberante Jeannie Nitro, una femme fatal que pronto se revelará como algo mucho más interesante.

Como en toda novela de detectives que se precie, todos y cada uno de los casos están, como no, relacionados entre sí de alguna manera completamente absurda, así que el lío que se le acaba montando al pobre Belane es espectacular. No hay en Pulp una trama tranzada, propiamente dicha, es una novela pensada para disfrutar y reírse un rato entre copa y copa de vino o pack de seis cervezas convenientemente puestas en la mesita de noche.

Esta fue la última novela que escribió Bukowski, un divertimento para un viejo borracho, maestro de escritores y gurú de veinteañeros que descubren la literatura americana contemporánea.

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La metamorfosis, de Franz Kafka

AutorAlfredo Álamo el 16 de julio de 2009 en Reseñas

Samsa

Cuando Gregor Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto.

Hay pocas maneras mejores de empezar un relato de una manera tan directa, esa frase es como un directo de izquierda que lanza el escritor justo al cerebro del lector. De entrada lo importante es que nos dice lo que no nos va a contar: nada de un proceso de transformación, nada de una maldición misteriosa, nada de explicaciones. Gregor Samsa se despierta una mañana y es un insecto parecido a una cucaracha gigante mientras que su pensamiento sigue siendo el que era, un hombre atrapado dentro de la apariencia más repugnante que nos podamos imaginar.

Esa es la esencia de La Metamorfosis, el pensamiento de un hombre atrapado frente al rechazo, la incomprensión y la falta de empatía de todos aquellos que lo rodean, incluyendo a los que amaba y que creía que lo amaban. También aparece la vergüenza, la sensación de sentirse impotente y miserable frente a una condición que se antoja irreversible.

Explicaciones simbólicas a la obra de Franz Kafka hay a centenares. Lo cierto es que repite las pautas de otras de sus obras, la incompresión, la soledad, que aparecen en El Castillo o El proceso. Kafka volcaba su propio y desgraciado mundo en sus obras, logrando ponernos en la piel de personajes con los que identificarse resulta profundamente doloroso.

La Metamorfosis es un clásico de la literatura de recomendada lectura; Apenas una novela corta pero que deja, sin duda, un hondo calado en aquellos que se atreven a sentir lo mismo que Gregor Samsa a partir de esa mañana en la que despierta transformado.

Descargar La Metamorfosis [PDF] Actualización: El enlace de descarga gratuita que proveía la Universidad de Bolivia ha dejado de funcionar.

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Extraños protagonistas

AutorAlfredo Álamo el 16 de julio de 2009 en Divulgación

Hyperion

La mayoría de las veces, cuando leemos un libro, nos encontramos con un buen montón de personajes. Los hay secundarios, terciarios y a veces casi inexistentes; los hay planos, bien desarrollados, con buenos diálogos o que no pronuncian palabra. Pero aquellos en los que el autor se vuelca completamente, por la cuenta que le trae, es en los protagonistas, aquellos que llevan sobre sus hombros el peso de la narración.

Uno de los habituales consejos para lograr un buen éxito literario es lograr que los lectores logren identificarse con el personaje principal. Eso, dicen, hace que la narración fluya y que se consiga una cierta comunión entre libro y lector. Sin duda, es una técnica de lo más habitual y además se ha usado en literatura juvenil como uno de los axiomas del oficio.

Sin embargo siempre aparecen autores que cuentan historias diferentes, narraciones en las que los personajes principales, los protagonistas, están más allá de la razón normal y en las que si el lector acaba identificado con el protagonista quizá sería cuestión de ir pidiendo cita con el psicólogo.

Dejando a un lado muchas novelas de terror, en las que sí que se juega con esa dualidad monstruosa de una manera diferente -digamos que las reglas de relación con el lector no son exactamente las mismas que en el resto de la narrativa– he seleccionado algunos de mis peores y más desequilibrados protagonistas favoritos.

Jean Baptiste Grenouille, protagonista de El Perfume, de Patrick Süskind. Sin duda uno de los personajes más aberrantes y a la vez más tiernos de la historia de la literatura. Obligado a conseguir el aroma perfecto no duda en darle al cuchillo para lograrlo. Yo, a mitad de libro, ya estaba de su parte.

Patrick Bateman, ejecutivo en American Psycho, de Bret Easton Ellis. Vividor, amante de la música, de las marcas caras, del vodka Finlandia, de las abdominales, del sexo, de decapitar mujeres con una sierra mecánica y luego hacer cosas todavía peores. Un tipo que logra llevarte a través de su locura personal y que hace que te enternezcas cuando no puede matar a alguien por ser, en el fondo, un tímido reprimido.

Ignatius J. Reilly, masivo personaje de La conjura de los necios, escrita por John Kennedy Toole. Al contrario que los dos anteriores, a Ignatius Reilly lo que dan ganas es de estrangularlo con tus propias manos. Simplemente, no puedes. Su absoluto desastre personal -similar a contemplar dos camiones de gran tonelaje chocando de manera frontal– resulta hipnótico.

Dexter Morgan, en cualquiera de los libros escritos por Jeff Lindsay. Dexter, también a diferencia de los anteriores, sabe perfectamente que es un enfermo mental, sociópata, asesino y manipulador. Y disfruta con ello. Y hace que camines con él y con su oscuro pasajero haciendo cosas malas a gente mala con cuchillos buenos y afilados.

Quizá identificarse, acompañar con cierto divertimento, a este tipo de personajes completamente reprobables resulte una especie de descarga mental, que nos ayude a superar todos esos sentimientos oscuros y violentos que llevamos dentro. Libros para mantener al monstruo oculto y satisfecho, podríamos decir.

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Lem en El castillo alto

AutorAlfredo Álamo el 15 de julio de 2009 en Divulgación

Lem

Tras leer El castillo alto, no puedo más que recomendar la lectura de esta autobiografía publicada en 2006 por Funambulista..

El público en general conoce a Lem más por las dos adaptaciones cinematográficas de una de sus mejores obras, Solaris. Las versiones son, además, muy diferentes. La primera es del soviético Tarkovsky y la segunda, mucho más cercana en el tiempo, está protagonizada por George Clooney. Digamos que las dos requieren de cierto esfuerzo para su visionado, aunque por motivos diferentes

Pero Lem era, murió hace relativamente poco, en 2006, uno de los mejores escritores de ciencia ficción de todos los tiempos y también uno de los más lúcidos analistas del siglo XX. Con una experiencia vital de paso entre el nazismo, la dictadura comunista y la democracia capitalista, las obras de Lem iban siempre más allá de donde los demás dejábamos de ver.

Sin contar Solaris, una aproximación magistral al contacto extraterrestre -o a la propia mente humana, según se mire-, la obra de Lem está llena de libros tan interesantes como muchas veces completamente diferentes entre sí.

Si tuviera que decidirme por mis favoritos no sería nada fácil, aunque reconozco que el Lem que más me gusta es el que se suelta con ese fino humor negro que se aprecia en Congreso de Futurología, Aventuras estelares del piloto Pirx o Ciberíada. Memorias encontradas en una bañera, por ejemplo, disecciona la estupidez de la guerra fría y de las posiciones burocráticas –burrocráticas tal vez- que gobernaban la política mundial durante los años 50 y 60 del pasado siglo.

En el apartado científico, Lem fue uno de los escritores más exigentes y consecuentes con su ficción, siempre rigurosa, al menos para los conocimientos de los que disponía en su época, desde luego, mezclar física cuántica y novela negra no es algo al alcance de cualquiera, y siempre será recordado por su maestría en el difícil arte de crear literatura de primer orden con la ciencia y la ficción.

Tanto para pasar un rato divertido con cualquiera de sus cuentos, o profundizar en el alma de la posguerra europea, aunque en apariencia hablara de viajes en el tiempo y el espacio, con alguna de sus novelas, Lem siempre es una buena elección. Averiguar parte de su pensamiento con El castillo alto, lo es todavía más.

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H.P. Lovecraft: el niño al que no le gustaba el pescado

AutorAlfredo Álamo el 14 de julio de 2009 en Divulgación

Cthulhu

Si hablamos de escritores de culto que tuvieron una vida entre la desgracia y el anonimato, una de mis primeras elecciones siempre será Howard Philips Lovecraft.

Conocido ahora en todo el mundo por sus historias entre el terror y la ciencia ficción, lo incognoscible, misterioso y primigenio, lo cierto es que sus historias apenas llegaron durante una temporada a revistas profesionales. Sin embargo su cosmogonía, ese universo de dioses extraterrestres, fue asumido como un legado por muchos escritores que continuaron su obra llevándola a una primera línea que Lovecraft jamás habría imaginado en su época.

Nacido en 1890, Lovecraf fue criado casi en solitario por su madre, con la que mantuvo una relación entre el amor, el odio y la incomprensión mutua. Niño superdotado, ya a los cinco años eligió el nombre Abdul Alhazred, con el que luego haría firmar al autor de la obra inexistente más famosa de la historia: El Necronomicón.

Poeta precoz y joven autodidacta, participó en revistas astronómicas y de poesía. Sin embargo, tras la muerte de su abuelo y la pérdida de una vida acomodada, Lovecraft fue incapaz de conseguir su entrada en la universidad. A partir de 1914, Lovecraft participa en fanzines amateurs donde se hace un cierto renombre con sus primeras historias.

También comienza una de sus actividades que acabaría por lastrar su carrera de escritor: Lovecraft, como buen caballero de Providence, jamás dejaba de contestar una carta. Y si se ponía a escribir, lo hacía bien. Así que H.P Lovecraft se convirtió en uno de los más prolíficos escritores de correspondencia de principios del S.XX. Siempre se ha dicho que si hubiera invertido el mismo tiempo en la escritura creativa habría logrado dar el paso necesario para escribir novelas y no quedarse en cuentos o novelas cortas.

En 1924, Lovecraft se casa con Sonia Haft y se muda a Nueva York dejando atrás su Providence natal. Es entonces cuando empieza a publicar de manera profesional en la revista Weird Tales, y parece que puede despuntar. Hace varios amigos en la Gran Manzana pero problemas económicos, que derivan en problemas matrimoniales, dan al traste con la aventura lovecraftiana fuera del hogar. Vuelve a Providence en 1926 y se divorcia en 1929.

Durante los años siguientes, Lovecraft se centra en la escritura y realiza algunos viajes. Es entonces cuando termina la que sería su obra más conocida: Los mitos de Cthulhu. Sigue con su escritura de cartas y también de ensayos. Tras la muerte de una de sus tías vuelve a mudarse y sus dos últimos años de vida se vuelven caóticos. El suicidio de su amigo Robert E. Howard lo sume en una profunda depresión y dedica su tiempo a trabajos menores como corrector y negro literario para otros autores.

Aquejado de fuertes dolores, se le diagnostica un cáncer en 1937 y muere a los pocos días de su ingreso en el hospital. Tenía 46 años.

Sus historias fueron retomadas por el círculo de amigos que mantenía, casi todos escritores. Durante años, las creaciones de Lovecraft recayeron en manos de otros que, poco a poco, fueron cimentando el mito de uno de los autores de culto más leídos del mundo entero.

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Déjame entrar, terror sueco

AutorAlfredo Álamo el 14 de julio de 2009 en Reseñas

Déjame entrar

Frente a los exuberantes y poderosos vampiros de la saga de Crepúsculo, nos llega una película sueca basada en un libro que había tenido cierto renombre entre los aficionados del género de terror. Del mismo título, Déjame entrar de John Ajvide Lindqvist es una historia que engancha casi desde el principio con un ambiente plano y sencillo.

Con un estilo parecido, aunque con ciertas divergencias de guión -¿necesarias? es posible- Tomas Alfredson elabora una película de ritmo pausado y fotografía fría, tan fría como los suburbios de Estocolmo donde se desarrolla la acción. Sin necesidad de grandes alardes, se nos despliega una historia intimista en la que no falta algún que otro desangramiento y varias muertes por el medio.

Tanto el libro como la película son una demostración palpable de que no todo está dicho en el horror contemporáneo, además de que las historias de amor adolescente tienen mil y una vueltas de tuerca o simplemente una y nada más. Lo mejor de Déjame entrar es la sencillez con la que muestra personajes muy bien construidos.

La historia no tiene nada de especial a priori. Oskar, un enclenque niño de doce años, colecciona recortes de asesinatos violentos, le gusta jugar con cuchillos y es tratado en el colegio como un bicho raro por parte de sus compañeros -me pregunto la razón…- hasta el punto de sufrir alguna que otra paliza. Una noche conoce a una niña misteriosa llamada Eli, que sólo sale de noche y vive en un piso cercano con un hombre mayor muy extraño…

A partir de aquí la historia funciona sin problemas, se desliza por el propio hielo ensangrentado de la narración. ¿Es una historia de amor adolescente? Puede. Pre-adolescente uno de los dos seguro que es, en cuanto a la otra mitad de la ecuación, no parece que esté demasiado claro.

Los momentos de tensión vienen por la relación de Oskar en el colegio, que va empeorando a medida que su relación con Eli crece, y la necesidad de Eli por alimentarse o ser descubierta, una de las preocupaciones básicas de cualquier vampiro.

En el libro se explora más el resto de personajes pero en la película quizá habría sido demasiado para la estructura simple que el director había planteado. Tanto el libro como el film son recomendables, incluso para los que no sean especialemente aficionados al género, están trenzados con buenos mimbres y en ningún momento pretenden ser nada más de lo que son.

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Libros y videojuegos, una aproximación

AutorAlfredo Álamo el 13 de julio de 2009 en Divulgación

Video1

Algunas voces alarman, siempre son las mismas voces, sobre el peligro que puede suponer para los niños el jugar demasiado a la consola, dejando de lado otras formas de ocio como es, por ejemplo, la lectura de libros.

Dejando a un lado que los niños, jugando a la consola, yendo a clase, jugando en la calle y viendo la televisión, leen más que los adultos, creo que no estaría mal hablar de la relación que podemos encontrar entre libros y videojuegos.

Del libro al videojuego ha habido siempre cierto trasvase, sobre todo desde la literatura de corte fantástico, mucho más adecuada para la consola o el PC que la novela decimonónica. Las primeras versiones para PC de El señor de los anillos eran, comparadas con los juegos que sacaron a partir de las películas, simples y planas; eso sí, entretenían durante horas.

De Harry Potter, sin embargo, los juegos beben más de las películas que de los libros, al menos en el apartado visual. Hay que tener en cuenta que los libros de nueva generación son ya un todo integrado dentro de los medios, sean imprentas, ordenadores o salas de proyección.

Encontramos adaptaciones en los años 90 de cuentos como “No tengo boca pero debo gritar” de Harlan Ellison, que se convirtieron en verdaderos clásicos de las aventuras gráficas. Dentro de las novedades que se anuncian, destaca sin duda la adaptación que se está preparando de los libros de Canción de Hielo y Fuego, la exitosa saga de fantasía creada por George R.R. Martin.

Sin embargo, existe también el camino inverso. De los videojuegos también se puede pasar al libro, aunque en muchos casos no sea más que un franquiciado (con lo que nunca sabes qué te puedes encontrar exactamente una vez comienzas a leer).

Los pasos del juego al libro más famosos son las adaptaciones de Resident Evil, que llevan más de seis libros publicados por Timun Mas y no parece que vaya a detenerse mientras la franquicia siga produciendo juegos y películas. Otro de los juegos más vendidos de todos los tiempos también tiene sus libros: Halo, novela bélica y de ciencia ficción, supongo.

Silent Hill, videojuego tenebroso donde los haya, tiene también su libro, aunque aquí nos encontramos con una adptación al cine que también tiene su paso al libro: libro del videojuego y libro de la película basada en el videojuego. Un lío, vamos.

Otro videojuego famoso: Diablo, también tiene su propia franquicia de novelas por los que han pasado diversos autores especializados en este tipo de novelas. Hay que decir que existe un gran mercado dedicado a adaptaciones de videojuegos, juegos de rol o de tablero, como es el caso de Warhammer y Warhammer 40K.

Por último, me gustaría comentar el caso de PJ Haarsma, escritor de novelas para jóvenes adultos que elabora al mismo tiempo la novela y el videojuego, creando un mundo común en el que es necesario leer y jugar para avanzar en la trama. Algo parecido sucede con la contratación de plumas famosas para realizar las historias de los videojuegos, como es el caso de Clive Barker, que ya lleva unos cuántos títulos en su haber, demostrando que un escritor puede hacer más cosas que dar charlas o robar canapés en las presentaciones editoriales.

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El Teatro de la Magia en España

AutorAlfredo Álamo el 9 de julio de 2009 en Divulgación

Teatro de la magia

Una de las grandes excusas del fracaso de la literatura fantástica en España es la falta de una tradición de lo fantástico dentro de la tradición literaria española, al contrario de la anglosajona o germana. Si bien, a mi juicio, el género fantástico viene determinado por la fuerza del romanticismo, me gustaría hablar de el mayor exponente popular de lo fantástico durante los siglos XVIII y XIX, que, lejos de la narrativa tradicional, aparecía en el espectáculo popular por excelencia: el teatro.

Las comedias de magia aparecen a principios del S.XVIII, aunque el germen de este tipo de teatro se remonta has el S.XVI en algunas obras de Lope de Vega o Calderón de la Barca, donde el elemento sobrenatural estaba más que presente. Sin embargo, para que el teatro de magia cuaje y se erija como uno de los espectáculos populares por excelencia, faltaba un elemento: La tramoya.

Tras toda obra de este calado, llena de apariciones, desapariciones, relámpagos, cambios bruscos de escenario, fantasmas atravesando las paredes, jarrones cayendo sin que nadie los toque, armaduras vacías andantes o personajes volantes, hacía falta una técnica depurada a la hora del montaje teatral. El salto tecnológico para las obras más arriesgadas aparece con la llegada de un grupo de ingenieros italianos que ya habían dominado la técnica y preparado nuevos ingenios en su país de origen, donde el teatro de magia también era muy popular.

De ese modo se inaugura una época dorada para la comedia de magia en el S.XVIII, con gran afluencia de público y estreno de decenas de obras. Sin embargo, a la crítica no le gustaba nada de nada ese tipo de teatro, basado más en el artificio y la superstición que en el drama y el personaje. De ese modo se intentó prohibir y hasta se consiguió censurar en 1788 y 1883. Las razones, las mismas que hoy en día se esgrimen frente a las obras de género fantástico o de terror: que las mentes populares se pueden influenciar y torcer ante espectáculos denigrantes. Ehem.

Teatro de la magia

A mediados del S.XIX cambia la percepción del público y la de los creadores. Según muchos estudiosos, se debió al aumento del nivel cultural de la sociedad en general, pero creo que, unido a esto último, la situación en España empezaba a girar hacia lo que acabó siendo la percepción realista y pesimista de 1898. Se deja atrás el elemento sobrenatural como punto clave de la historia y se utiliza más como objeto de burla y mecanismo moralizante.

El movimiento romántico bebe de las fuentes del teatro mágico, compartiendo tramoyas, efectos y escenarios. No hay más que echarle un vistazo al Tenorio para darse cuenta de dónde sale gran parte del envoltorio de la historia de Zorrilla.

La última gran historia del teatro mágico parece ser La Pata de Cabra, una obra en la que se mezclan ya los elementos féericos de tradición más europea, con un alto componente cómico. Aunque luego siguió la tradición unos años, casi todas las obras eran reestrenos, sin apenas obras nuevas.

Con el teatro mágico muere una de las más importantes tradiciones literarias fantásticas en lengua castellana, un fenómeno popular que hasta la llegada del cine, y sobre todo el cine extranjero, no se volvió a recuperar.