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Alfredo Álamo (Página 146)

La ciudad y la ciudad, de China Mieville

AutorAlfredo Álamo el 27 de marzo de 2013 en Reseñas

La ciudad y la ciudad

La ciudad y la ciudad es uno de esos libros de difícil clasificación. Desde luego, que su autor, China Mieville, sea uno de los escritores más premiados del género fantástico en los últimos años lastra, o dirige, según cómo se mire, su posición en la mesa de novedades. Lo cierto es que los aficionados al género la han adoptado como suya y han obrado en consecuencia, premiando La ciudad y la ciudad con galardones como el Locus, el Hugo, el World Fantasy, el BSFA o el Arthur C. Clark. Fuera del mundillo es probable que tú, lector, no hayas escuchado hablar de esta novela. Incomprensible.

La ciudad y la ciudad es el libro menos fantástico y más alejado del recargado estilo habitual de su autor. Es más, podría decirse que ni siquiera es un libro de género fantástico, ya que su manera de ser narrado y desarrollado pertenece por completo a la novela policial y al género negro. Sí, es cierto que la acción transcurre en una ciudad ficticia (bueno, dos) y que hay ciertos elementos no del todo explicados, pero, al igual que El sindicato de policía Yiddish, son novelas cuya permanente dualidad las hace imposibles de situar, como a ciertos personajes de la novela.

Pero vayamos al argumento, desde luego nada convencional. En La ciudad y la ciudad nos encontramos con un extraño fenómeno: dos ciudades, Brezsel y Ul Qoma conviven en el mismo espacio geográfico. Unos edificios y habitantes pertenecen a una y otros a la otra. Entre ellos no hay interacción, los ciudadanos aprenden desde niños a desver todos los elementos de la otra ciudad, a esquivar sus coches, a desoír sus voces. La historia de convivencia de las ciudades no ha sido fácil, hay ecos de guerra, de bloqueo… movimientos políticos que piden la unidad o la exterminación de los otros. Y en medio de todo eso, un asesinato cuya resolución supondrá la colaboración de las fuerzas policiales de ambos países.

La novela está protagonizada por el veterano inspector Tyador Borlú, que cuenta en primera persona, al más puro estilo negro, la extraña experiencia de investigar el asesinato, unas pesquisas que le llevarán a los rincones más misteriosos de las dos ciudades y le harán descubrir secretos que pondrán en peligro algo más que su placa.

Sin duda, la idea de Mieville es original, pero cuesta de imaginar. ¿Es su propuesta de las ciudades empotradas una alegoría de, por ejemplo, la Jerusalén compartida entre judíos y musulmanes? ¿O habla de todas nuestras ciudades modernas, donde hemos aprendido a desver, como explica en el libro, aquellas partes que no consideramos nuestras, a esos vagabundos que piden en las esquinas, a esos ancianos haciendo cola en la beneficencia?

La ciudad y la ciudad es un libro con una gran influencia de autores como Kafka, en el que se aprecia el tortuoso laberinto de una burocracia masiva e intocable, un conjunto de normas absurdas e inalterables que dan como resultado un precario e inestable equilibrio. Borlú, el protagonista, parece en ocasiones ese K. atrapado en un procedimiento interminable o en un castillo de dimensiones cambiantes.

En resumen, La ciudad y la ciudad es más que recomendable a todo público dispuesto a dejarse atrapar por la arriesgada propuesta de Mieville, y que esté dispuesto a dejar atrás prejuicios sobre géneros literarios para disfrutar, sencillamente, de una gran historia.

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The Host -La huésped- la nueva película de Stephenie Meyer

AutorAlfredo Álamo el 25 de marzo de 2013 en Noticias

The Host

No nos confundamos: The Host no ha sido un éxito tan abrumador como lo fue en su día la saga Crepúsculo. No sé si es que los extraterrestres tienen menos tirón que los vampiros o bien que su aparición literaria quedó diluida entre miles de títulos de temática parecida, precisamente los que habían surgido a partir de aquella primera trilogía. En cualquier caso, The Host no es un libro que haya vendido precisamente poco, es un superventas, sobre todo en Estados Unidos donde se pasó 26 semanas entre los más vendidos del New York Times, y es más que posible que con el estreno de su versión cinematográfica pueda remontar en las listas de ventas una vez más.

Stephenie Meyer no estaba contenta de cómo se había filmado la primera película de Crepúsculo, así que para esta ocasión se puso el mono de faena y firmó el guión junto al director Andrew Niccol. Desconozco si esto ha sido para mejor o para peor: escribir un libro y escribir un guión son dos cosas completamente diferentes. Lo cierto es que la relación descrita en el libro -ese triángulo amoroso chica-chico-parásito alienígena– funciona mejor en el medio escrito que en el visual, siendo, para los no aficionados a la obra de Meyer, un poco chocante.

Lo mejor de la película, en mi opinión, es el trabajo del director. Pese a los bajones en la carrera de Niccol, este sigue manteniendo una mirada personal y una atención por la puesta en escena y el detalle que marcan la diferencia en una película que, de otro modo, sería absolutamente anodina. También habría que destacar el papel de Saoirse Ronan, nominada a un Oscar por Expiación, que logra sobrellevar su trabajo con bastante dignidad, algo que, en principio, no parecía nada fácil.

La pregunta es si habrá finalmente trilogía literaria y cinematográfica. Por el momento, Meyer ha comentado que está trabajando en dos continuaciones, o secuelas, de The Host , The Soul (El alma) y The Seeker (El buscador/La buscadora) aunque por el momento no parece que haya ningún tipo de fecha anunciada para su publicación.

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Escritores, lectores y privacidad: Posibles futuros del libro (II)

AutorAlfredo Álamo el 23 de marzo de 2013 en Divulgación

Pirvacidad Hangout Escritores

Ya os hemos hablado en otras ocasiones de la posibilidad, cada vez más real, que lo que hoy consideramos como libro vaya convirtiéndose en sólo una pieza más del ecosistema literario, que ese discurso basado en la conexión entre mensaje escrito por el autor y leído en solitario por el lector, sea completado -o sustituido, según los más agoreros-, por otros sistemas.

Dejando a un lado la interactividad multimedia -o transmedia, como vais a escuchar a partir de ahora-, en la que el uso complementario de vídeo, imágenes y música va a ser fundamental, me gustaría hablar de las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías en cuanto a la comunicación.

¿A qué me refiero? A las posibilidades que ofrecen las redes sociales -sean las que sean- a la hora de compartir y redescubrir la lectura. Hasta ahora la manera más sencilla de hacerlo ha sido a partir de replicar el clásico esquema del club de lectura. Hay numerosas maneras de hacerlo, desde el típico foro a los grupos de Facebook, por poner un par de ejemplos, aunque el futuro nos lleva a poder comentar directamente desde el lector electrónico, a compartir pasajes que nos gustan, con todo el mundo que lea el mismo libro que nosotros. Amazon ya ha dado algunos pasos en esa dirección, pero me gustaría pensar que no dependeremos de un sistema cerrado para esto, sino que se podrá usar algún método capaz de agrupar distintas redes sociales y luego aplicar los filtros que queramos (edad, lugar geográfico, etc.).

Pero el avance de las redes sociales no acaba en compartir la lectura o las opiniones con otros lectores, existe la posibilidad de interactuar con el autor de una manera que jamás antes había existido. Sí, es cierto, ahora los escritores tienen su perfil Facebook y su cuenta de Twitter, aunque cada uno lo maneja mejor o peor, una tendencia que pronto se hará casi universal. En este sentido, los autores tienen que tener cuidado, ya que se enfrentan al reto de estar siempre presentes y a la vez, mantener la distancia. Para que os hagáis una idea: un escritor puede firmar libros en la feria, hablar un poco con cada lector y dedicarle un ejemplar, pero no puede irse a tomar unas cañas con todos los que acuden. Internet y las redes sociales son así, el autor debe estar allí para atender a sus seguidores, pero no puede dejarse arrastrar por ellos.

En este sentido son geniales los encuentros virtuales que pronto se pondrán en marcha, mucho más dinámicos que los actuales chats. Por ejemplo: un hangout de G+ de vez en cuando con charlas y preguntas conseguirá que la relación entre autores y lectores dé un paso hacia delante sin que se pierda la privacidad que todos nos merecemos.

Hunter S. Thompson y el periodismo gonzo

AutorAlfredo Álamo el 19 de marzo de 2013 en Divulgación

Hunter S. Thompson - Gonzo

Hace poco que la figura de Hunter S. Thompson ha cobrado fuerza de nuevo. La reedición de alguno de sus libros más conocidos ha despertado el interés general por uno de los tipos más controvertidos del periodismo y la contracultura estadounidense del siglo XX.

Thompson pasó por el ejército, donde pese a ser alabado por su inteligencia no hizo buena carrera debido a sus pocas ganas de seguir órdenes. Allí dio sus primeros pasos como periodista y tras abandonar la armada se dedicó a estudiar escritura creativa mientras trabajaba como articulista freelance, en una carrera irregular que le llevó a viajar por todo el país. Sin duda, sus mejores artículos se publicaron en la Rolling Stone, analizando a su manera la política nacional.

Pero por lo que es más conocido Thompson es precisamente por su estilo a la hora de escribir, y vivir, sus artículos. El periodismo tiene un antes y un después en la obra de este peculiar escritor; si Truman Capote en A sangre fría noveliza el frío periodismo de la época, Tompson decide formar parte de la noticia y escribir periodismo como si se tratara de una novela. A lo largo de su carrera, Thompson se la jugó en varias ocasiones, como cuando se infiltró en la banda de los Ángeles del Infierno, que en la época eran de los más importantes traficantes de drogas, armas y blancas. No siempre se trataba de «infiltrarse», su seguimiento de la campaña presidencial de 1972 dio como resultado Miedo y asco en Las Vegas -obra que luego sería llevada al cine- o El Derby de Kentucky es decadente y depravado.

Esa manera de hacer propias las historias, de vivirlas en primera persona y luego volcar todo su propio pensamiento sobre el tema ha resultado de gran influencia en la obra de otros autores americanos de última generación, como Chuck Palahniuk o el malogrado David Foster Wallace.

Hunter S. Tompson se quitó la vida en 2005. La nota que dejó dice mucho de su personalidad y de cómo entendía la vida:

La temporada de fútbol se ha terminado. No más juegos. No más bombas. No más paseos. No más diversión. No más ir a nadar. 67. Eso son 17 más que 50. 17 más de los que necesitaba o quería. Aburrido. Estoy siempre cabreado. No es divertido -para nadie. 67. Te estás volviendo codicioso. Compórtate como deberías a tu (avanzada) edad. Relájate – Esto no dolerá.

Para profundizar más en la vida de Thompson aconsejo dos libros: El escritor gonzo, recientemente publicado por Anagrama, que comprende una selección de su enorme correspondencia, y también El último dinosaurio, a punto de salir en Gallo Nero, una recopilación de las entrevistas que concedió a lo largo de su vida.

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Las mejores aplicaciones móviles para escritores

AutorAlfredo Álamo el 14 de marzo de 2013 en Divulgación

Evernote para escritores

Si te gusta escribir y te pasas el día arriba y abajo y no quieres, o puedes, llevar el ordenador a cuestas, está claro que necesitas una buena selección de aplicaciones para tu teléfono o tablet. En Lecturalia hemos seleccionado unas cuantas que nos parecen interesantes para los sistemas más comunes, como son Android e iOS. En cualquier caso, antes de continuar, recomendamos a todo escritor llevar encima libreta y bolígrafo. Todavía no se ha inventado aplicación en movilidad más fiable y versátil que esa.

La primera aplicación que recomendamos es una de las más importantes: Evernote. Un gestor de notas (y libretas) en el que cabe de todo. Podemos escribir, tomar fotos, tomar notas de voz (que luego pasa a texto), subir documentos… una maravilla para organizar la documentación de una novela o capturar ideas rápidas. Uno de sus mejores puntos es que sincroniza la información entre nuestros dispositivos, móvil, tablet y ordenador. Es gratis y está para Android e iOS.

La segunda app puede salvarte el trabajo de varios días. Dropbox es un sistema de almacenamiento en la nube que te permitirá grabar tu documento en el ordenador y revisarlo posteriormente en movilidad (y viceversa). Los cambios se sincronizan y es sencillo de usar. Está para todas las plataformas y su plan básico es gratuito. Del mismo estilo puedes encontrar BOX o Google Drive, que además se complementa con la aplicación de Google en la nube para editar documentos, Google Docs.

Instapaper te permite trabajar y navegar almacenando esas páginas llenas de información que tanto te interesan para leerlas más adelante. Está preparado para que no te pierdas nada y la información se clasifica con facilidad, sincronizando ordenador, teléfono, tablet y hasta lector de ebooks. De pago, pero existen alternativas, aunque quizá no tan completas.

Otras aplicaciones ideales para un escritor serían las que entran dentro de la categoría de «mapas mentales», o en lenguaje más prosaico, las que te permiten hacer unos esquemas bien estructurados. Yo destacaría, por ejemplo, Mindjet, que permite crear árboles de conceptos enriquecidos con fotos, enlaces y etiquetas. Disponible para varias plataformas y con versión tanto gratuita como de pago. En cualquier caso, hay muchas aplicaciones parecidas y lo mejor es probar unas cuantas hasta encontrar la que mejor se adapta a nuestra rutina.

Si sólo queremos una aplicación para escribir, podemos recurrir a Writer, para Android, un ejemplo de herramienta creada para un único propósito: la escritura. Ligera y rápida, no tiene muchas opciones, pero lo que hace, lo hace bien. En realidad, cualquier programa de notas avanzado nos serviría y, para los que usan tablets, no estaría de más que pegaran un vistazo a alguna de las numerosas suites ofimáticas que hay disponibles en los markets de cada sistema, pese a que ninguna llega realmente a la potencia de un buen sistema para ordenador.

My writing spot es uno de los pocos programas pensados para el trabajo del escritor. Te permite escribir, tiene contador de palabras y algunas funciones de formato. Lo interesante: pues su integración con el correo, contraseña en documentos y sincronización en la nube. Además, el sistema de notas está muy bien organizado para seguir una secuencia de capítulos. La contra, que no es gratuito y no está traducido al castellano, con lo que sus opciones de diccionario y tesauro no nos serán de mucha utilidad a menos que escribamos en inglés.

Por último, recomendaros llevar instalada siempre una aplicación de OCR, es decir, de reconocimiento de texto. Después de escribir en cualquier papel que tengáis a mano, nunca está de más sacar el móvil, hacer una foto al texto y que lo pase directamente a un formato electrónico con el que poder trabajar. Yo recomiendo alguno como el Mobile OCR, pero eso sí, letra mayúscula y clara. También sirve para copiar textos que encontremos en folletos, enciclopedias, flyers o demás papeles que, por algún motivo, no podamos llevar con nosotros.

¿Y vosotros? ¿Qué aplicaciones consideráis imprescindibles a la hora de ayudaros en la tarea de escribir? Os esperamos, como siempre, en los comentarios.

El jinete de la onda del shock, de John Brunner

AutorAlfredo Álamo el 13 de marzo de 2013 en Reseñas

Jinete en la onda del shock

Antes de empezar esta reseña, tengo que manifestar mi más profunda admiración por John Brunner. De todos los autores que surgieron alrededor de la New Wave, Brunner es posiblemente el que siento más cercano, no sólo por su calidad literaria y su voluntad de experimentación, sino también por su compromiso y su visión del futuro. Leer hoy en día obras como Todos sobre Zanzíbar o El rebaño ciego produce un cierto cosquilleo desagradable: Brunner proyectó una serie de futuros que, si bien no son nuestro presente, no se alejan demasiado de lo que podría llegar a ser nuestro futuro más inmediato. Quizá sea, junto con Ballard, uno de los autores cuya ficción ha sonado con más fuerza en mi cabeza durante los últimos años.

En El jinete de la onda del shock, Brunner critica, no sólo a la sociedad capitalista -me pregunto cómo habrían definido al autor americano hoy, ¿anarquista radical antisistema? Casi peor que en los 70- sino a la propia naturaleza humana, atraída por un sistema que da rienda suelta a lo peor de nosotros.

Brunner anticipa esa red de comunicaciones móvil que hoy tanto utilizamos, aunque a su manera, claro, en mitad de unos Estados Unidos polarizados por movimientos religiosos. La novela sigue a Nick Hafflinger, un genio fugitivo que ha logrado mantenerse al margen del sistema durante años… hasta que es atrapado. Su interrogatorio, sus vivencias, sus secretos, se vuelcan en la historia hasta darle forma. No es una lectura fácil, de hecho, Brunner experimenta con la narración, con el estilo, con el tiempo de la acción, formando un primer muro que puede provocar el rechazo del lector que no busca más que un rápido entretenimiento. Una vez superado este escollo, la novela va cogiendo forma y se convierte en una de las mejores obras de anticipación de los años 70, hoy más de actualidad que nunca.

En resumen, una excelente novela que requiere cierto trabajo por parte del lector, un pequeño esfuerzo que se verá recompensado con creces a medida que el libro avanza. Destacar la nueva traducción de Antonio Rivas para la edición de Gigamesh. Recomendable también leer El shock del futuro, obra de Alvin Toffler para redondear la experiencia.

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El incierto futuro de las bibliotecas en España

AutorAlfredo Álamo el 11 de marzo de 2013 en Opinión

biblioteca

Con los recortes presupuestarios diezmando ayuntamientos y comunidades autónomas, las bibliotecas públicas se han convertido en un elemento superfluo para muchas administraciones. El presupuesto anual para la compra de libros, así como el del mantenimiento del acceso público a la información en Internet, se ha reducido en los últimos años de una manera cada vez más preocupante. Mucho se habla de la biblioteca como alternativa a la descarga masiva de ebooks, o de su transformación en centros de difusión de literatura electrónica… pero, al ritmo que llevamos, es posible que antes se conviertan en meros almacenes de libros y poco más.

Aunque el modelo español ha sido siempre gratuito, la normativa europea nos dicta que hay que pagar un cierto canon por derechos de autor. Hasta ahora se planteaba el pago directo del Estado… la verdad es que no estaba nada claro. En el nuevo borrador de la ley que se está preparando la cosa cambia, y la verdad es que a peor. No sólo se pagará por copia de libro al año en la biblioteca, sino que ese pago se va a contabilizar en el presupuesto asignado a los ayuntamientos o entidades públicas responsables. Eso quiere decir que el mismo estado va a ejercer de controlador y recaudador para las gestoras de derechos.

Pero lo que realmente cambia en este proyecto de ley, y es preocupante, es la aparición de un nuevo concepto, que es el pago por préstamo, a razón de 0,05 céntimos por operación. Esto, además, castiga el presupuesto de las bibliotecas que mejor hagan su trabajo, ya que cuanto más libros presten, menos dinero van a recibir al final. Si a esto le sumamos la reducción de presupuesto general para adquirir nuevos libros, el resultado final no puede ser más preocupante.

Por ahora esto es un borrador, pero pronto será aprobado. No sé hasta qué punto la sociedad española comprende la importancia de las bibliotecas como centro de información y de acceso a la cultura. Son un bastión. Y si su uso, por los recortes y las nuevas leyes, disminuye, que a nadie le extrañe ver por la red archivos comprimidos con más de diez mil ebooks, sin duda la semilla fuera del sistema de las nuevas bibliotecas digitales.

¿Se ha estancado el desarrollo de los lectores electrónicos?

AutorAlfredo Álamo el 9 de marzo de 2013 en Opinión

Nuevos e-eraders

Parece que fue ayer cuando salieron a la venta los primeros lectores de tinta electrónica, con toda la expectación que levantaron a su alrededor. Si bien su resolución no era muy buena y la frecuencia de paso de página dejaba bastante que desear, en muy poco tiempo se encontraron soluciones a los problemas y limitaciones más básicas.

De esos modelos quizá demasiado pesados y voluminosos hemos pasado a unos e-readers estilizados y con una resolución de pantalla más aceptable. Sin embargo, pese al rápido desarrollo inicial, avivado, cómo no, por Amazon y su Kindle, parece que nos hemos topado con un techo, un punto estático del que no se sabe bien cómo vamos a salir.

Me explicaré mejor. Los últimos modelos de lectores electrónicos son prácticamente iguales. Resolución, batería, wifi, pantalla táctil… vaya, si analizamos cuál ha sido el último salto de diseño nos encontramos que es una luz integrada. En sí, el e-reader, hoy por hoy, no parece en la lista de «cosas a mejorar» por parte de las grandes empresas tecnológicas. Sony, una de las que más interés ha mostrado, apenas mejora el corazón de sus dispositivos y remoza el exterior, consiguiendo un buen producto, pero muy similar al anterior.

Os estaréis preguntando, ¿pero, qué es lo que quiere este? Si la única función del e-reader es mostrar los ebooks, y esa función se cumple, ¿qué más hace falta? Pues bien, en mi opinión la tecnología de pantalla todavía no ofrece dos cosas fundamentales: un buen contraste y una resolución óptima de la tipografía. No voy a entrar en temas como el del color, que sería ideal para las revistas, o de un buen procesador que permita, en un momento dado, una navegación web decente.

Si miramos un poco al futuro de las pantallas y a la convergencia entre tablets y e-ereaders que nos vendían hace un par años, la verdad es que a nivel comercial no se ha avanzado nada. Teniendo en cuenta que las tablets forman un mercado que se renueva a gran velocidad y que los e-readers se compran con la idea de que van a durar hasta que se rompan, es lógico que los fabricantes inviertan más en el mercado que les va a dejar beneficios. De hecho en los últimos meses el número de lectores electrónicos vendidos se ha reducido muchísimo. A medida que la oferta se cubre pasa mucho más tiempo en surgir la necesidad de cambiar. Y a eso añado: sobre todo si lo que se ofrece no se diferencia mucho de lo que ya tienes.

Las grandes ideas, además, como el papel electrónico flexible, tampoco aparecen por ninguna parte, así que habrá que esperar a ver si aparecen nuevos conceptos sobre la mesa o se va a exprimir al máximo la tecnología disponible, pese al aspecto cada vez más obsoleto que presenta.

¿Para qué comprar nuevos libros?

AutorAlfredo Álamo el 7 de marzo de 2013 en Opinión

Libros nuevos

Nos encanta leer. Buscamos ratos muertos en el metro, en el autobús, en el tren, en un parque después de comer, haciendo cola, en casa justo antes de ir a dormir. Si bien es cierto que no todo el mundo puede leer tanto como le gustaría ya que la falta de tiempo es un problema de difícil solución. Pero leemos. Y compramos libros. Al menos, hasta ahora.

Que nadie se sorprenda. A día de hoy cualquiera con un conocimiento de Internet básico puede encontrar páginas web con ebooks para descargar, o páginas web con enlaces a esos libros (o incluso páginas web con los enlaces escritos, pero desactivados, a libros, no vaya a ser que alguien tropiece y haga clic por accidente) y descargarlos a golpe de ratón en algunos segundos. Sí, no están todos los libros. Pero hay muchos. Muchísimos. Algunos muy buenos, otros sencillamente entretenidos y también una gran multitud de libros aburridos.

Así que mientras se discute sobre el futuro del modelo del copyright y los derechos de autor, se teoriza sobre la naturaleza de la obra original y de la propia autoridad del creador para reconocer un texto como suyo, la gente va a lo suyo y se descarga libros, la mayoría sin entrar en filosofías o pensar en los futuros del libro. Esto es así.

Ojo, que no quiero decir que esto sea algo totalmente negativo. Se dan casos donde la descarga de libros ha redundado en un aumento de las ventas de determinados autores (no de todos) y que hay muchos creadores cuya satisfacción se ve resuelta con la propia gratificación de verse reconocido. Hoy, simplemente, me gustaría hacer una reflexión como lector.

Si puedo acceder a, no sé, pongamos unos 300 libros, entre novelas, antologías y ensayos, de buena calidad, que no me haya leído y que pueden estar en mi e-reader en unos diez minutos… bueno, sería genial, ¿verdad? Teniendo en cuenta la media de lectura en España, ese bloque de libros podría durarme unos doce años. 12. Más de una década de buena lectura asegurada. Gratis. Más de diez años en los que no tendría que preocuparme no sólo de comprar libros, sino de estar atento al panorama editorial. ¿Para qué comprar libros nuevos, sin apenas referencias de su calidad, si tengo a mi alcance años de obras ya contrastadas?

He dicho 300 libros, pero podrían ser más de mil. Y sin irme muy atrás en el siglo XX, me parece. Se ha publicado tanto ya, y tan bueno, que, sinceramente, nunca se puede estar al día. Así que ¿para qué comprar libros nuevos? no es tanto una pregunta a la que pretenda dar respuesta con este artículo, sino un interrogante que abro para que vosotros, lectores, participéis de los posibles cambios y soluciones que tienen que llegar de manera inevitable. Y me refiero al momento actual, ahora, ya, no dentro de diez o quince años y a cómo será el futuro, si un oligopolio del copyright o un paraíso de la cultura libre.

Así que esperamos vuestra opinión, hoy más que nunca, en los comentarios.

La ridícula idea de no volver a verte, de Rosa Montero

AutorAlfredo Álamo el 4 de marzo de 2013 en Reseñas

La ridícula idea de no volver a verte - Rosa Montero

La verdad es que el último libro de Rosa Montero es de difícil clasificación. ¿Es un ensayo? ¿Es narrativa? ¿Es una biografía? Quizá una mezcla de los tres y algo más, una narración híbrida para un libro notable.

La semana pasada tuvimos la suerte de hablar con la autora y desgranar con ella las claves del texto. Gestado en sus inicios como un prólogo al diario de Marie Curie, notas que empezó a tomar tras la muerte de su marido Pierre, La ridícula idea de no volver a verte pronto cambia, muta, y toma conciencia propia, convirtiéndose en una narración donde Rosa Montero nos enseña retazos de la vida de Curie y a la vez pone gran parte de sí misma en una obra donde la muerte, el duelo, pero también la vida, la energía y la ligereza, forman un camino por el que perderse.

Montero usa un lenguaje directo, habla al lector de manera sincera y sin tapujos. En este sentido, el libro se comparte con el autor, participamos de su visión y de sus confesiones. Como nota novedosa, Montero introduce una serie de hashtags al más puro estilo tuitero, que usa para remarcar las ideas que le parecen más importantes (como la #intimidad, #honraralpadre o las #palabras) que sirven también para hacerse un mapa visual de la narración.

¿Y qué nos cuenta? Un poco de todo. Admiración por alguien del intelecto y la pasión de Marie Curie, por su fuerza y su valentía, pero también nos destaca esa parte humana, ese lado torturado desde el amor perdido, del sinsentido que resulta enfrentarse a la ausencia y al silencio de una parte de nosotros. Montero proyecta su propio duelo, sus propias historias, que son, al fin y al cabo, universales.

En definitiva, un libro peculiar, personal, cargado de una intensidad poco habitual y que sirve para hacernos reflexionar sobre la vida, la muerte y el amor. Ahí es nada. Apenas doscientas páginas que contienen algo inmaterial y precioso, un trocito del alma de Rosa Montero. Aprovéchenlo. Les vendrá bien.

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