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Alfredo Álamo (Página 116)

The Bat, el verdadero origen de Batman

AutorAlfredo Álamo el 12 de agosto de 2014 en Divulgación

batman

Mary Roberts Rinehart fue una pionera de la novela de suspense e intriga a principios del siglo XX. Su obra es muy prolífica y hoy en día se la conoce como la «Agatha Christie americana» pese a que la carrera de R. Rinehart se inició años antes que la de la autora inglesa. De hecho, se le atribuye a ella el lugar común de «el asesino es el mayordomo», así como la invención de un tipo de narración dentro de la novela de asesinatos que luego se convertiría en un clásico: el si yo hubiera sabido… en el que el narrador nos cuenta la historia desde una óptica posterior a los hechos, dejando claro que en algún momento va a pasar algo terrible y que él podría haber hecho algo para evitarlo.

R. Rinehart es conocida sobre todo por su novela La escalera de caracol, pero muchas de sus obras fueron llevadas tanto a la televisión como al cine. Además, se dedicó al teatro, también con obras de misterio. Una de las más conocidas fue The Bat (El murciélago), que se estrenó en Broadway en 1920 y que logró unas mil representaciones. Esta obra fue adaptada al cine, primero en 1926 en una película muda y luego en 1930, con The Bat Whispers.

El murciélago (The Bat) es un criminal de renombre que decide retirarse tras años en activo. Al mismo tiempo, una joven se traslada a la casa de un famoso banquero. A partir de ahí se ponen en marcha una serie de misteriosos eventos en los que el misterioso The Bat aparece capturando a los protagonistas de uno en uno. Hay una versión más, de 1959, protagonizada por Vincent Price.

Pero es esta figura encapuchada, The Bat, la que inspiró el aspecto y actitud de Batman a su creador, Bob Kane, en 1930, que desarrollaría el personaje en su primera aparición de 1939. Así que ya sabéis, gran parte de ese icono moderno que es Batman, un depredador solitario que acecha en la oscuridad, con capa y capucha, nació de la mente de Mary Roberts Rinehart, una autora hoy en día casi desconocida en lengua castellana y que merecería alguna que otra nueva traducción.

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Libros legendarios: el First Folio, de William Shakespeare

AutorAlfredo Álamo el 11 de agosto de 2014 en Divulgación

Shakespeare

La colección de comedias, historias y tragedias del señor William Shakespeare se publicó en 1623 y es considerada la compilación más importante de las obras del bardo inglés, incluyendo la mayoría de las obras que le son actualmente atribuidas. Más conocido como First Folio, esta edición contiene 36 obras de teatro, 18 de las cuales nunca antes habían sido publicadas, incluyendo algunas de las más famosas hoy en día, como Macbeth, Julio César o La tempestad.

El First Folio aparece tras algunas ediciones en las que se habían publicado obras de Shakespeare sin tener claros los derechos de autoría y de pago, o incluso utilizando textos que no eran del propio autor (como se dio en el caso del False Folio). Como anécdota, decir que tanto en un caso como en otro, el impresor fue el mismo, William Jaggard.

El término folio tiene diversos significados en el mundo de la impresión (se puede referir al tipo de encuadernación o a la numeración de las páginas) pero en este caso se refiere al tamaño de la página, 38 centímetros de alto y que se correspondía en la época con las ediciones de mayor calidad. Hasta esa edición, las obras de Shakespeare habían aparecido en formato de quarto, más habituales, pero de peor impresión.

El caso es que el First Folio trató de agrupar las últimas versiones corregidas de Shakespeare, así como las obras inéditas de mayor éxito, y fue publicado de manera póstuma, siete años tras la muerte del autor. En su momento se hizo una tirada de 1000 ejemplares, de los que apenas quedan poco más de doscientos en todo el mundo. ¿Su valor? Si eres el afortunado poseedor de un First Folio, podrías subastarlo por unos cuatro millones y medio de euros.

Sin embargo, no hace falta ser millonario para poder disfrutar de esta primera edición canónica de las obras de Shakespeare, ya que se puede acceder a él a través de varios sitios web dedicados a su estudio, como el de la Universidad de Leeds. Desde luego, un libro singular que ayudó a consolidar la obra de Shakespeare tal y como la conocemos hoy en día.

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Tenga éxito escribiendo y viva de la literatura

AutorAlfredo Álamo el 8 de agosto de 2014 en Opinión

¿Pasa el día con la cabeza en las nubes? ¿Siente la inquietante necesidad de escuchar atentamente las conversaciones ajenas en busca de alguna historia interesante? ¿Lleva siempre con usted una libretita negra donde apunta en letra minúscula las ideas que se lo ocurren? ¡No se preocupe! ¡No está enfermo! Sólo sufre un leve desajuste de los humores que le incita a la escritura.

Con su primera novela terminada se dispone a mandarla a numerosas editoriales, las cuales, imagina usted, pronto responderán con alguna frase elogiosa y un sustancioso contrato que le permitirá dejar su actual trabajo para dedicarse gozoso a la literatura. Antes de que lo haga, permítanos darle algunos consejos desde Lecturalia.

¿Qué es lo que busca con su novela? ¿Tener éxito? ¿Y qué es tener éxito con una novela? Algunos podrían decir que con terminarla ya es suficiente; otros que al publicarla ya está todo hecho; los menos sólo quedan satisfechos al vender más de cien mil ejemplares. ¿Y bien? ¿Es convertirse en un best-seller lo que busca? Pues anote.

Busque las tendencias del mercado. Ahora, por ejemplo, tenemos la I Guerra Mundial de fondo. ¿Se desarrolla su novela, de alguna forma, alrededor de este conflicto? Nada como una buena historia familiar truncada por el estallido de la guerra. Esa vieja Europa dañada, ese Imperio Austrohúngaro que desaparece…

Utilice personajes femeninos como protagonistas. Sí, la mayoría de lectores son mujeres y les gusta verse reflejadas en un personaje en apariencia débil, pero que demuestra su fortaleza superando dificultades, tanto en lo personal como en lo profesional.

No se complique la vida con el lenguaje. Deshágase de las complicadas revueltas lingüísticas y los ejercicios de chulería gramatical. Frases cortas. Conceptos sencillos. Comparaciones con imágenes impactantes.

Póngale picante. El erotismo está de moda desde 50 sombras de Grey y los editores siguen a la caza de un nuevo éxito parecido. No deje pasar la oportunidad de plasmar una relación difícil, tormentosa, imposible y lujuriosa en su libro.

No se limite. Escriba tres libros. Las series están de moda. ¿Cómo que empieza y termina? Debe dejar un buen gancho al final de la primera entrega para que los lectores sientan la necesidad de seguir con el segundo libro.

Escoja un buen nombre. Sencillo. Con fuerza. Puede ser de una sola palabra (Susúrrame, Límpiame, Arrebátame) o más elaborado, (El club de las señoras ardientes, El suave despertar de los sentidos de Anne bajo la Toscana). No se olvide de combinar una profesión corriente con una gran desgracia (El zapatero del Hindenburg, El camarero del Tsunami) o al revés (El destripador de los jardines colgantes, La asesina del carrito de bebé). Al gusto del consumidor.

Así que ya sabe. Si quiere tener éxito, fama y fortuna y que desde CEDRO le llegue un sobre con las llaves de un Ferrari, revise su manuscrito y aplique estas sencillas claves. Sin duda, la historia de una joven enfermera durante la I Guerra Mundial que se enamora de un partisano italiano de origen aristócrata, al cual, tras separarse al finalizar el conflicto, encuentra 20 años más tarde, convertido en un poderoso empresario, y que le hará plantearse el amor que siente por su actual marido, tiene muchas posibilidades de pasar el filtro editorial. Sólo le falta el título.

¿Alguna idea?

Corona de damas, de Tosca Soto

AutorAlfredo Álamo el 7 de agosto de 2014 en Reseñas
Corona de damasGrijalbo

Hace unos días pudimos asistir a la presentación de Corona de damas en Barcelona, gracias a Grijalbo, donde pudimos conocer a las dos autoras que firman tras el nombre de Tosca Soto: las españolas Susana Tosca y María Soto. Corona de damas es su primera novela y por el momento parece que van a descansar antes de acometer otro proyecto tan largo como el de este divertido libro de aventuras históricas.

Susana Tosca y María Soto se conocieron en la universidad y han tejido historias desde entonces. Ni siquiera la distancia, una vive en Madrid y la otra en Dinamarca, han impedido que Corona de damas viera la luz. Desde luego, no es un trabajo fácil, ya que a los problemas típicos de escribir a cuatro manos se sumaron los de la distancia. En cualquier caso, se fueron repartiendo el trabajo y poco a poco, con muchos viajes de por medio, la novela fue tomando forma.

Según su sinopsis:

París, 1625. Una ciudad turbulenta en cuyos recovecos bullen las conjuras y las implacables luchas por el poder. En el palacio del Louvre, el joven rey Luis XIII vive atenazado por funestos augurios: sobre él se cierne una amenaza que pone en peligro la estabilidad del reino y la salvación de su propia alma.

Dos amigos, Charles Montargis, aprendiz de espía del poderoso cardenal de Richelieu, y Bernard de Serres, modesto gentilhombre recién llegado de los Pirineos, se verán arrojados por la fatalidad al corazón de una tenebrosa intriga que les hará descubrir los secretos más oscuros de las altas esferas del reino.

Corona de damas es, ante todo, un libro heredero de los clásicos folletines de Dumas, una novela de aventuras y acción que usa a su favor el trasfondo histórico para buscar una mayor verosimilitud, algo importante, ya que uno de los puntos fuertes de este libro es el tratamiento del esoterismo y la magia, visto desde la óptica de la época. Ahí se nota la excelente labor de documentación realizada por las autoras, que no trata en ningún momento de imponerse a la historia, sino que la complementa con fluidez.

Para las autoras, embarcarse en esta aventura les ha supuesto varios años de trabajo duro, pero divertido, logrando como resultado un volumen de aventuras e intriga bien armado que ofrece, no lo dudéis, horas y horas de lectura, ya que con sus más de mil páginas os puede mantener ocupados todo el verano.

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El principio del fin de las bibliotecas españolas

AutorAlfredo Álamo el 6 de agosto de 2014 en Opinión

Bibliotecas

La batalla a tumba abierta, cuchillo en mano, por arañar hasta el último céntimo de todo lo que huela a derechos de autor ha llegado, finalmente, a las bibliotecas públicas. El día 1 de agosto de publicó en el BOE el pistoletazo de salida al pago por préstamo en las bibliotecas, lo que supondrá, si nada lo cambia, el inicio de la desaparición y privatización de estos servicios.

La nueva ley, bueno, para ser exactos un Real Decreto, impone un pago por parte de los centros públicos en localidades de más de 5.000 habitantes por cada libro prestado y cada usuario de la biblioteca. Esto no quiere decir que como usuario vayas a pagar algo cada vez que saques un libro, sino que este pago vendrá a cargo de los presupuestos de la biblioteca. ¿Qué quiere decir esto? Que cuantos más libros se presten, menos dinero habrá para comprar nuevos libros, mejorar los sistemas informáticos o realizar actividades de promoción de la lectura. Hay que decir que esto viene de lejos, de una directiva europea que, según se dijo, no afectaría directamente a los centros ya que el estado iba a destinar una partida presupuestara aparte. Claro.

Este atraco a la cultura pública, denominado derecho de remuneración a los autores por los préstamos de sus obras realizado en determinados establecimientos accesibles al público, supone la culminación de una constante persecución a las bibliotecas públicas que lleva años en marcha, primero con constantes reducciones de presupuesto y últimamente tratando de sustituir a bibliotecarios con parados de larga duración, siempre con la idea final, aunque no lo digan, de privatizar estos servicios y desentenderse de la gestión y desarrollo de las bibliotecas públicas.

Por si fuera poco, este pago que se realizará por cada préstamo será gestionado por empresas privadas gestoras de derechos de autor. No hace falta que diga aquí cómo suele ser el reparto que se hace de este dinero, sobre todo teniendo en cuenta que no importa si los libros prestados están sujetos a derechos o no en la actualidad: todo préstamo generará un pago, que luego será repartido quién sabe cómo, a quién o dónde.

Hasta ahora, a muchos autores se les llenaba la boca acusando a los llamados piratas de libros, mandándolos a las bibliotecas públicas, diciendo que ahí podían encontrar sus libros «gratis». Espero que salgan todos a defender estas entidades y dejando claro que la cultura pública y las bibliotecas son un bien fundamental de nuestra sociedad.

¿Y tú? ¿Ya eres un booktuber?

AutorAlfredo Álamo el 5 de agosto de 2014 en Divulgación

WebCam

Ya os hemos hablado de las nuevas formas de prescripción literaria, muchas de ellas alejadas del clásico crítico literario que hasta hace poco parecía el único medio válido, siempre comentando a través de las páginas de un diario físico. La llegada de las nuevas tecnologías ha cambiado esto para siempre, como muchos de vosotros ya sabéis. El primero de los cambios fue la irrupción de los foros dedicados a la literatura, y luego la llegada de los bloggers literarios, siempre dispuestos a recoger información y escribir sus propias críticas. Las redes sociales literarias, como Lecturalia, llegaron después, buscando crear comunidades lo más grandes y horizontales posibles.

Sin embargo, las últimas tendencias dentro de la recomendación literaria, donde se habla de libros, novedades editoriales y próximos lanzamientos, da un paso más, abandonando el medio escrito para abrazar de manera natural el medio audiovisual. Estamos hablando del fenómeno de los Booktubers, usuarios de YouTube cuyos videoblogs (vlogs) están dedicados a la literatura.

Está claro que el videoblogging es la apertura definitiva del emisor ante el receptor. La comunicación se hace todavía más personal que en el caso del blog tradicional y el mecanismo de comunión, cuando funciona, es mucho más importante. De este modo tenemos ya a miles de personas, en su mayoría jóvenes, que comentan sus últimas lecturas y hablan de sus autores favoritos delante de una cámara: son los booktubers y están aquí para quedarse.

Existen ya varias comunidades de gran tamaño en castellano -en inglés hay algunas realmente grandes- y cada vez son más los que abrazan este medio para comunicarse. Se me ocurren pocos medios tan directos para recomendar libros que este y espero que los libreros más avispados en esto del medio digital tomen buena nota y creen sus canales de recomendación en YouTube, además, claro, de participar en las comunidades de booktubers, ya que la interacción social es fundamental hoy en día para crear reputación.

¿Y vosotros? ¿Qué opináis de este tipo de comunicación? Algunos lo ven demasiado personalista, como si el vlogger quisiera ser el centro de atención, y otros encuentran que así el mensaje es mucho más fresco y sincero.

Os esperamos, como siempre, en los comentarios.

Censura y libros en el franquismo

AutorAlfredo Álamo el 4 de agosto de 2014 en Divulgación

Censura

Hacer una lista completa y exhaustiva de los libros que durante parte del franquismo estuvieron prohibidos en España sería una labor ardua y complicada. A los que no se dejaban publicar habría que añadir los que fueron expurgados de las bibliotecas y librerías, además de aquellos que, al no pasar el filtro censor, acabaron muertos antes de nacer. De hecho, algunas de las obras publicadas durante la época vieron caer con lápiz rojo muchas frases y expresiones referidas al sexo, la política o, sencillamente, por ser consideradas de mal gusto. Censores los hubo de todo tipo y pelaje, desde los más cerriles hasta los que dejaban pasar ciertas cosillas de vez en cuando. Hasta hubo censores y escritores, como Camilo José Cela, quienes tampoco se libraron, a su vez, de ver cómo su propia obra pasaba por el «filtro de estilo» del momento.

Es evidente que tras la victoria del bando franquista en la Guerra Civil no había demasiado sitio para libros sobre política o filosofía que olieran demasiado a comunismo o, incluso, librepensamiento. Así pues, de una tacada se eliminaron los libros de Lenin y Marx (y de paso, en principio toda la literatura rusa, fuera cual fuera su época), Blasco Ibáñez, Pardo Bazán, Valle Inclán, Pérez Galdós y hasta La Celestina. Ideas extrañas, como las de Darwin, o consideradas decadentes y anticlericales, como Rabelais, también fueron purgadas. Se cuenta la anécdota de que mientras que en Barcelona Salgari estaba prohibido, en Valladolid se dejaba leer.

Con los años se afinó el criterio y se abrió la mano con los clásicos, sin dejar, claro, que llegaran ideas extrañas desde el extranjero, no fueran a calar idas difíciles de controlar. Autores como Simone de Beauvoir, Sartre, hasta Antonio Machado, por no hablar de Mao o Carpentier y casi toda la producción de autores en el exilio. Mención aparte tendría toda la literatura española no escrita en castellano, que vio cómo casi pasó completamente a la clandestinidad: en 1954 sólo se publicaron 96 libros en catalán.

Pero aunque la censura se fuera relajando, ahí estuvo hasta el final del franquismo. Un ejemplo sería la novela de Juan Marsé, Si te dicen que caí, que, pese a no ser esencialmente política, reflejaba el momento de decadencia y desencanto de una España que no podían dejar mostrar en su momento.

Esto no quiere decir que la producción literaria española desapareciera durante el franquismo: se escribió mucho y bien. Ahí tenemos los ejemplos de Nada, Hijos de la ira, La mordaza, Tiempo de silencio, Las ratas… grandes autores siguieron publicando, bordeando muchas veces la opresión del aparato censor, aunque está claro que se favoreció desde el poder político las obras menos transgresoras o que encajaban mejor en su ideología nacional-católica (ahí están las obras, de Eugenio D’Ors, Zunzunegui, Foxá o Gironella).

En cuanto a las penas, no era habitual ir a la cárcel por tratar de publicar una obra (ya que el filtro censor actuaba como freno), pero en el caso de vender o editar libros que estuvieran prohibidos y contuvieran injurias a la nación o a la iglesia la cosa se podía poner fea, sobre todo hasta antes de 1966, cuando se relajó la presión, usando la censura más como un elemento de intimidación sobre los autores. Caso aparte serían los libros considerados propaganda política (anarquista, comunista o maoísta) que en algunos casos podía llevar a la cárcel… y quién sabe a qué más, según las circunstancias.

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Libros malditos (II): El coleccionista, de John Fowles

AutorAlfredo Álamo el 1 de agosto de 2014 en Divulgación

Mariposa

A veces un libro se puede convertir en una obsesión, sobre todo cuando el mensaje que intenta transmitir se percibe como un reconocimiento, una excusa para que ciertas terribles necesidades salgan a la luz. Libros que se convierten en coartadas para mentes enfermas y que a lo largo de los años van adquiriendo cierta leyenda funesta.

John Fowles publicó en 1963 El coleccionista, una de las primeras novelas de terror psicológico que analizaba la figura del asesino en serie, aunque con una fuerte carga filosófica, ya que Fowles pretendía explorar el peligro de la división entre clases sociales e intelectuales, dando a entender la diferencia entre una élite minoritaria y una gran masa conformista. Pese a que el autor niega un trasfondo fascista en este planteamiento, su idea de individuos superiores inmersos en una sociedad que no les comprende caló inmediatamente entre muchos lectores que se veían como marginados de manera injusta.

Por desgracia, entre esas personas se encontraban tanto un buen puñado de artistas -que luego harían referencia a El coleccionista en sus obras, como The Jam, Slipknot o Duran Duran- como algunos psicópatas. El éxito de la adaptación cinematográfica de 1965 no hizo sino aumentar la fama del libro, y darlo a conocer a todavía más gente.

Leonard Lake y Charles Ng mataron entre 11 y 25 personas, manifestando la necesidad de encontrar su versión de Miranda, la protagonista de El coleccionista. Lake dejó claras sus intenciones en una cinta de vídeo y llamó todo su montaje Operación Miranda. Otro admirador del libro fue Christopher Wilder, el asesino de la Reina de la Belleza, que raptó y asesinó a 12 mujeres (como mínimo). Wilder había memorizado El coleccionista casi palabra por palabra y se encontró una copia del libro tras su suicido. Robert Berdella mató seis hombres de 1984 a 1987 y tras ser detenido dijo que la inspiración para sus secuestros la encontró en la versión cinematográfica de El coleccionista.

Es indudable que Fowles no pretendía que su novela se convirtiera en espejo de nadie, y mucho menos en inspiración de estos psicópatas. Pero el libro se ha vuelto, a lo largo de los años, en una obra con la fama de maldita, de lectura obligatoria para aquellos que sufren de ciertas pulsiones inconfesables. El coleccionista tiene a sus espaldas una fama funesta de difícil solución y por eso, sin duda, incluimos este libro en nuestra lista de malditos.

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Libros sobre bibliófilos, libreros y lectores.

AutorAlfredo Álamo el 31 de julio de 2014 en Divulgación

Bibliofilia

Es difícil recomendar libros sobre libros, o con muchos libros, a los amantes de los libros, ya que estos son avezados cazadores de los catálogos editoriales; la mayor parte de las veces, ya conocen los títulos que más les interesan o que hablan de su propia, y benigna, enfermedad: la bibliofilia. Así que en esta ocasión vamos a hablar de algunos libros sobre amantes de los libros, sobre libreros empedernidos, sobre editores embarullados y también sobre el mundo de la lectura. No son novedades -al menos, no todos-, pero siguen siendo a día de hoy libros más que recomendables y que el público en general no conoce demasiado.

Me gustaría destacar dos libros sobre bibliofilia manifiesta. Primero, El escritor en su paraíso, de Ángel Esteban. Un libro delicioso que nos habla de escritores y bibliotecas. Treinta historias, como las de Carroll, Borges, Casanova o Stephen King, que desnudan el amor de todo bibliófilo por estos templos del libro. El segundo libro es Libros malditos, malditos libros, de Juan Carlos Díez Jayo, un anecdotario de ficción basado en hechos reales a través de todas las épocas. Una joya.

Si queréis libros sobre librerías, otras dos recomendaciones. El Sr. Penumbra y su librería 24 horas abierta, de Robin Sloan, con el que nos vamos ya de manera clara a la ficción, pero que está llena de amor por los libros y el oficio de librero, y La librería, de Penelope Fitzgerald, una tragicomedia que demuestra un conocimiento milimétrico de la fauna y flora librera.

Ahora llegamos al mundo de los bibliófilos embarullados, metidos en líos y tramas rocambolescas. Sin duda, uno de los libros que mejor habla de la trastienda editorial y al mismo tiempo genera una trama tan complicada como el mejor de los seriales, es El péndulo de Foucault, de Umberto Eco, cuya sola bibliografía ya daría para otro libro más. El segundo de los libros que encajan aquí sería Bibliomanía de Gustave Flaubert, basado en una «leyenda urbana» inventada por Charles Nodier y que junta asesinatos truculentos con el amor por los libros.

Finalmente, citar Una historia de la lectura, de Alberto Manguel, un libro apasionante sobre los lectores, sobre el acto de leer como un acto privado, cargado de poder y significado. Un ensayo magnífico (aunque en ocasiones peque de cierto personalismo) pero que resulta imprescindible para todos aquellos que siempre se preguntan sobre la naturaleza del libro y la literatura.

¿Y vosotros? ¿Os gusta leer sobre temas relacionados con los libros? ¿Cuáles son vuestros favoritos? Os esperamos, como siempre, en los comentarios.

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Leyendas urbanas y literatura

AutorAlfredo Álamo el 30 de julio de 2014 en Divulgación

Coche

Las leyendas urbanas se han convertido en el folclore contemporáneo, los mitos que resuenan a nuestro alrededor a veces por boca de amigos y conocidos o, como es cada vez más habitual, mediante las redes sociales. Historias de origen muchas veces desconocido que, a base de repetirse, de contarse una y otra vez, acaban deformadas, con detalles exóticos, convirtiéndose en rarezas mutantes de nuestra sociedad de la información.

La relación de estas leyendas con la literatura se puede estudiar desde varios ángulos. Por un lado está el propio análisis de estas leyendas, desde puntos de vista más o menos rigurosos, como por ejemplo podemos leer en El fabuloso libro de las leyendas urbanas, de Jan Harold Brunvand -un compendio muy norteamericano-, o bien en Leyendas urbanas, del divulgador del misterio Iker Jiménez. A mí me gusta especialmente Mentiras populares, leyendas urbanas y otros engaños, de Bruno Cardeñosa.

Pero un material tan jugoso, ¿ha sido utilizado como toca por la literatura? ¿Son las leyendas urbanas base de nuevos libros? Pues no demasiado, al menos por el momento. Es el cine el que más usa estos nuevos mitos, pero podemos encontrar algunos ejemplos interesantes.

Clive Barker se sumerge no sólo en la creación de un mito urbano en Candyman, sino que a través de la historia nos habla de la semiótica y la sociología del fenómeno. En Candyman, Barker fusiona dos de las grandes leyendas urbanas: María Sangrienta y El hombre del garfio. María Sangrienta tiene muchas variantes, pero todas coinciden en que hay que repetir su nombre delante del espejo tres veces para que aparezca. En cuanto al hombre del garfio… bueno, es un tipo con un garfio por mano que se dedica a destripar adolescentes.

El coche asesino en Christine, de Stephen King, tiene su equivalente en las leyendas urbanas. Según se cuenta, un Dodge 330 «Golden Eagle» tiene a sus espaldas más de catorce muertes entre suicidios, asesinatos y accidentes. Durante los años 80 y 90 se trató de destrozar el coche, pero aquellos que lo intentaron también acabaron muertos. Su actual dueño calcula 32 muertes entre directas e indirectas… ¿mito sacado del libro de King? ¿Realidad? ¿O tal vez la leyenda llegó a King en sus inicios?¿Y vosotros? ¿Conocéis más leyendas urbanas que hayan aparecido en un libro? Os esperamos, como siempre, en los comentarios.

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