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Entradas de agosto de 2010

¿Tienen futuro las lenguas artificiales?

21 de agosto de 2010 en Opinión

Esperanto

No son pocas las lenguas creadas expresamente por el hombre, ya sea para enriquecer el contexto de obras literarias (la fantasía épica y la ciencia ficción son especialmente propensas a introducirlas, baste mencionar a J. R. R. Tolkien, a George Orwell o a Anthony Burgess), bien por motivos menos mundanos. Así, por ejemplo, la más importante de ellas, el esperanto, nació como lengua auxiliar. Así es: Lázaro Zamenhof, el oftalmólogo polaco que la creó, no quería que el esperanto se convirtiera en una lengua común de uso mayoritario, sino que pensaba que serviría a la perfección como segunda lengua en encuentros entre personas de diferente nacionalidad. No obstante, una corriente dentro de los esperantistas defiende que el esperanto se convierta en lengua universal, desplazando a los idiomas existentes. En mi opinión sus pretensiones están bastante desfasadas: es lógico pensar, hace un siglo, en un idioma que pudiera servir de puente entre hablantes de diferentes lenguas para así no imponer a nadie la enseñanza de una segunda lengua extranjera, pero a día de hoy, y debido tanto a la influencia de los mass media (nótese que no es gratuita la inclusión de este término en estos momentos) como a otros factores, entre los cuales no es precisamente el menos importante el avance de la educación obligatoria en gran parte de los países, educación obligatoria que usualmente incluye en sus programas de estudio segundas y hasta terceras lenguas, ya no es necesario inventarse una lengua que conozca una gran parte de la población mundial. Y no es necesario porque ya existe: nos guste o no una gran parte de la humanidad puede hacerse entender, mal que bien, en inglés. Existen ya países, tal es el caso de los escandinavos, en el que la fluidez en inglés de gran parte de la población es, si no comparable al idioma nativo, sí al menos equiparable al de muchos angloparlantes.

De todas formas, la influencia de los principales idiomas artificiales en estos momentos podría calificarse, siendo muy generosos, de residual. El esperanto, el más extendido, apenas es hablado por unos cientos de miles de personas en todo el mundo, siendo muy pocos (estoy hablando de unos pocos miles) los nativos esperantistas. Se podría pensar, teniendo en cuenta los idiomas que fueron su base, que debería estar más extendido en países cuya lengua principal es una lengua romance. No obstante es China uno de los países con una comunidad esperantista más activa: para un chino resulta más fácil aprender otro idioma (uno que, además, no tiene connotaciones políticas para el régimen comunista) que ciertos dialectos de regiones vecinas.

El ido es otra de las lenguas construidas más populares. Se trata de una variación significativa del esperanto: occidentalizó aún más su grafía (eliminando los signos diacríticos) y acometió ciertas reformas que eran demandadas por la comunidad esperantista de principios del siglo XX. Aunque en un primer momento adquirió cierta fuerza a costa de su lengua matriz, acabó cayendo en desuso, y no ha sido hasta fechas recientes (en parte gracias a Internet) que ha vuelto a adquirir protagonismo. Un protagonismo, ya lo habrán adivinado, mínimo.

Klingon

La interlingua, en cambio, sí vivió en tiempos recientes un cierto auge. En contraposición al esperanto, en cuyo idioma se han escrito novelas, se han rodado películas y se han grabado canciones (y que además aparece como idioma universal en algunos libros y películas ambientados en el futuro), la interlingua ha tenido su caldo de cultivo dentro del ámbito científico, siendo considerada por muchos como un idioma perfecto para la difusión de estudios y análisis. Sin embargo, y pese a que en un principio intentó convertirse en la nueva lengua franca europea (comparándose con el latín que, lingüísticamente, unió al continente durante la dominación romana), hay que hacer notar que el empleo y uso del inglés en la parte occidental de Europa y del alemán y el ruso en la parte oriental hacen innecesaria, repito, la difusión de un idioma que, de partida, cuenta con el inconveniente de ser casi desconocido para millones de personas.

Volviendo al principio, a la pregunta que da título a este post, tengo que responder que no, que no tienen futuro, al menos las lenguas construidas serias. Lo más probable es que dentro de un siglo las lenguas artificiales más extendidas sean aquellas surgidas del ámbito literario o fílmico. Será cuanto menos curioso ver triunfar al sindarin o al klingon allí donde el esperanto y la interlingua fracasaron.

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Novela histórica II: La Prehistoria

20 de agosto de 2010 en Divulgación

Clan del oso cavernario

Vamos a comenzar la serie de artículos sobre los subgéneros de la novela histórica haciéndolo de una manera cronológica. Nada mejor entonces que comenzar por el verdadero principio, por aquellas novelas que han situado su historia antes de la cultura escrita, justo en el filo de nacimiento de la humanidad tal y como la conocemos hoy en día. Estamos hablando, como no, de la prehistoria, aunque, debido a su enorme extensión temporal, lo haremos de un modo muy general.

Como es lógico, al no existir registros a los que poder acceder, y estamos hablando de decenas de miles de años, la escritura sobre este periodo se tiene que basar en los hallazgos arqueológicos y en teorías antropológicas, eso, claro, si se intenta mantener un mínimo rigor. Desde el punto de vista de la fantasía tenemos ésta época ampliamente tratada de una manera mítica, y desde puntos de vista tan extraños como el de un Mamut en varias novelas de Stephen Baxter.

Si hay que destacar una serie de libros situados en esta parte de la historia, está claro que Jean Auel dio en el blanco con El clan del oso cavernario (1980) y todas sus novelas-secuela posteriores, como El valle de los caballos o Los cazadores de mamuts, que forman la saga de Los hijos de la tierra.

Para los que no se hayan acercado a estos libros, decir que hablan del momento en que todavía conviven los hombres de Neanderthal y los de Cromagnon. Auel se documentó en profundidad para la escritura de estos libros aunque desde los años 80 se han realizado descubrimientos que dejan el libro un tanto cojo desde el punto de vista teórico, pero que no afectan a la calidad y desarrollo de la historia.

Bernard Cornwell, conocido por su personaje Sharpe, inmerso en las guerras napoleónicas, tiene también una incursión en la prehistoria, aunque mucho más cercana en el tiempo que El clan del oso cavernario. Stonehenge nos narra la construcción del grupo megalítico más conocido del mundo desde el punto de vista de la tribu que llevó su construcción. Bien documentado, aunque con un alto componente de ficción, es uno de los libros quizá menos conocidos de su autor, pero que resulta muy interesante.

Si además de la ficción os interesa la realidad sobre la prehistoria, no estaría de más echarle un vistazo a Atapuerca y la condición humana o a Atapuerca, perdidos en la colina, donde además podemos conocer cómo se realiza una investigación arqueológica de la más grande proyección mundial.

Como bonus extra, en película podemos encontrar En busca del fuego, basada en la novela de J.H Rosny, que es más de aventuras que histórica, pero que está muy bien realizada -se llevó un Oscar de maquillaje, el César de 1982 a película y director y un Saturno, entre otros-, y os puede dar una idea -lejana- de los parajes y seres que poblaban las estepas europeas hace miles de años. Para los menos exigentes, también se realizó una adaptación de El clan del oso cavernario protagonizada por Daryl Hannah… que no resultó tan interesante como el libro. Para eso mejor perder el tiempo con joyas tales como Cuando los dinosaurios dominaban la tierra.

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El efecto Facebook. Zuckerberg en los libros

19 de agosto de 2010 en Noticias

Facebook

Si a estas alturas desconoces la existencia del omnipresente caralibro, es muy probable que sea porque has estado dando vueltas alrededor de la Tierra dentro de una nave espacial. Aunque no seas parte de ese 20% de la comunidad internauta que se conecta todos los días a Facebook, lo más seguro es que conozcas a alguien que tiene una granja virtual, etiqueta a todos sus amigos en fotos en las que salen borrachos, y pierde más tiempo de trabajo enganchado a la red social que en los mejores tiempos del Messenger de Microsoft, que ya es decir. Era inevitable que un fenómeno de esta envergadura engendrase textos, y seguramente el más completo y popular al respecto sea The Facebook Effect (El efecto Facebook), de David Kirkpatrick, periodista de la revista Fortune, una conocida revista sobre internet y tecnología. La obra se ha publicado en dos partes, cubriendo la primera la historia corporativa de la empresa y de su creador, Mark Zuckerberg, siendo la segunda un análisis de su alcance a nivel tecnológico y social.

A pesar de su detallada descripción de los entresijos del nacimiento y desarrollo de Facebook, está clara la postura de Kirkpatrick en favor a Zuckerberg. Su pormenorización de los juicios celebrados contra éste (tanto por abandonar a contribuyentes iniciales del proyecto como por tratar de manera dudosa la privacidad de sus usuarios) no es precisamente objetivo, y su buena relación con el joven dueño de esta red social parece enturbiar su visión de los hechos. Su prosa es mediocre y su imparcialidad, cuestionable, aun así la obra no deja de ser fascinante, narrando el viaje de un visionario que, a pesar de las multimillonarias ofertas que recibe por su empresa, se niega a venderla ya que asegura no querer dinero, sino desarrollar su idea.

La segunda parte, recientemente publicada, es también interesante por su estructurado diagnóstico del estado actual y futuro de las redes sociales y sus posibilidades. Sin embargo, Kirkpatrick peca aquí también de mostrarse demasiado optimista; el inevitable escalofrío que produce saber que Facebook podría poseer la mayor base de datos del mundo no parece afectarle. En supuestas palabras del propio Zuckerberg cuando estaba arrancando su proyecto: “Tengo 4.000 correos electrónicos y sus contraseñas, fotos y números de seguridad social, la gente confía en mí, son tontos del culo”. En cualquier caso, Zuckerberg ya tiene bastantes detractores, existen otros libros que han tenido éxito gracias precisamente a la demonización de su persona y de su empresa. Ben Mezrich publicó con Doubleday The Accidental Billionaires: The Founding of Facebook, A Tale of Sex, Money, Genius, and Betrayal, que ha sido traducido a nuestro idioma con el título de Multimillonarios por accidente. El nacimiento de Facebook, una historia de sexo, dinero, talento y traición, título que, como podéis ver, no deja nada a la imaginación. Según Mezrich, fue precisamente su falta de sexo, es decir, su escasa habilidad social con el sexo opuesto, lo que acabó llevando a Zuckerberg a crear Facemash, una red para puntuar el atractivo de sus compañeras de Harvard, y que fue la semilla inicial para crear una red mayor, en su principio sólo para universitarios. Es obvio que Zuckerberg no sale muy bien parado en este libro, pero es inevitable: el inmenso éxito de Facebook y el carácter especial de su fundador son alimento perfecto para un best-seller, tanto, de hecho, que a finales de año veremos la adaptación cinematográfica.

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Un lugar incierto, de Fred Vargas

18 de agosto de 2010 en Reseñas

Un lugar incierto

No es la primera vez que confieso que Fred Vargas, medievalista, francesa y autora de las más peculiares novelas negras de los últimos años, me tiene completamente ganado. Espero cada nuevo libro con impaciencia y, por fortuna, mi ansia viene recompensada con historias diferentes, personajes inolvidables y diálogos geniales.

Además, he de decir que en Un lugar incierto Vargas no se deja llevar tanto por el Deus Ex Machina tan exagerado en alguno de sus últimos libros y, aunque los que esperan una novela enigma o de gran lógica queden decepcionados, creo que en esta ocasión el argumento está más trabajado que en otras ocasiones.

Un lugar incierto pertenece a la serie de novelas con el comisario Adamsberg como protagonista; Adamsberg el ausente, el dibujante, el que vive en las nubes, el que sigue los rayos de luz alrededor de su cocina moviendo una silla. Adamsberg que se enfrentará en esta ocasión a sentimientos y enemigos que en ocasiones llegan a superar todos sus esfuerzos.

Pero vamos con el argumento. Un montón de zapatos -con pie incorporado- aparecen frente al cementerio de Highgate, lugar temido y odiado por toda la policía londinense. Este hecho, en apariencia anecdótico, coincide con la visita a la capital inglesa de Adamsberg y su lugarteniente Danglard. En realidad es un crimen que no les concierne, pero Danglard -la mayor enciclopedia viviente- cree reconocer uno de los zapatos como un calzado familiar, ¿francés?, no, serbio. Como unos que llevaba su tío.

Esta es la manera que tiene Vargas de soltarnos en medio de una trama que nos llevará de Londres a las aldeas perdidas de Serbia, de las calles de París a los despachos del gobierno francés. En esta ocasión Adamsberg no sólo buscará a un asesino sino que tratará, con desespero, de salvar tanto su propia vida como su carrera dentro de la policía.

Un lugar incierto es la mejor novela de Fred Vargas hasta el momento, recomendable al 100% para aquellos que ya conozcan a la autora francesa y quizás, sólo quizás, un poco hermética para aquellos que se acerquen a sus novelas por primera vez.

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La caída del gigante

17 de agosto de 2010 en Opinión

Barnes & Noble

Cuando hablamos de la revolución digital del libro, muchas veces no nos damos cuenta de otra revolución, tal vez menos obvia, pero de una importancia suprema: el cambio del establecimiento físico. Se trata de un cambio que todos vivimos hasta cierto punto; a excepción de puntos de venta notables como la Fnac, que ha sabido compaginar el ambiente masificado de un supermercado con la tranquilidad de una librería moderna a la perfección, proporcionándonos espacios innovadores sin perder el gusto por el objeto-libro. Este cambio es el paso del espacio de venta específico, es decir, la librería, a las grandes superficies. Por comodidad, cada vez recurrimos más a estos comercios multitudinarios para obtener todo lo que necesitamos, desde fruta a desodorante, desde macetas a libros. Sí, también libros porque, seamos sinceros, la mayoría de los lectores no busca una edición específica de poesía hindú, sino la última novela de vampiros, la última novela romántica de moda, o la última opinión política repetida una y otra vez a lo largo de 200 escasas páginas de partidismo a fuente 14 e interlineado doble. Y ahí entran nuestros comercios habituales, que sustituyen, con mayor y mayor frecuencia, a las pequeñas tiendas de barrio, a la frutería de la esquina, a la droguería de la tía de nuestra vecina, a la librería pequeña, silenciosa y abigarrada que nos espera, paciente, a cien metros de casa. Sin entrar en cómo está afectando esto a los pequeños negocios familiares en general, concentrémonos por un momento en las librerías, puntos de venta de productos muy específicos que cada vez más son simplemente un artículo más en nuestro carro de la compra. Tampoco entraré en cómo afecta esto a las propias editoriales, que tienen que pagar un porcentaje bastante superior de sus ventas a las grandes superficies que a las librerías, ya que éste sería otro tema digno de un artículo propio.

¿Pero qué ocurre cuando los afectados ya no son los pequeños negocios familiares vendedores de libros? ¿Qué ocurre con las grandes cadenas de librerías? Éstas también sufren las consecuencias de la popularidad de los centros comerciales, y analistas y expertos se han llevado las manos a la cabeza cuando se han enterado de que el gigante librero estadounidense Barnes & Noble se ha puesto a la venta, incapaz ya de sostenerse frente a la competencia cada vez mayor de los grandes hipermercados. No es que Barnes & Noble se haya dejado llevar por la desidia y no se haya adaptado a los nuevos tiempos: tienen su propio punto de venta online donde ofrecen tanto libros físicos como electrónicos, y hasta han producido su propio e-reader, el Nook, al mismo nivel que el Kindle y más barato que el Ipad. Aun así no pueden competir con Amazon y similares, y mucho menos con el gigante Walmart o la ultrabarata Target, por poner dos ejemplos claros. En España sigue existiendo un público fiel a La Casa del Libro, ¿pero cuánto tardará en ser sustituida por Carrefour o Alcampo? Si el gigante e intocable B&N está en dificultades, ¿cómo podrán sobrevivir los pequeños comercios libreros independientes? ¿Y qué oportunidad de supervivencia tendrán los libros de autores desconocidos o de editoriales alternativas? ¿Es la literatura electrónica su único futuro? El tiempo lo dirá, por ahora sólo podremos teorizar sobre todas estas cuestiones que significan, para bien o para mal, un cambio radical en toda una industria.

Sueño profundo, de Banana Yoshimoto

16 de agosto de 2010 en Reseñas

Sueño profundo

De Banana Yoshimoto conocía algunos datos: es una de las autoras japonesas que más premios y reconocimientos ha acaparado en los últimos veinte años y es, junto a Murakami, el principal exponente de esa literatura japonesa contemporánea que tanto está triunfando en occidente. Sus novelas más conocidas son N.P. y Kitchen, la primera de ellas, consiguió multitud de premios y ya lleva más de sesenta ediciones en Japón, desde finales de los ochenta, y dos películas basadas en esta historia. A si que, a priori, es una escritora más que recomendable pero mi primer acercamiento a ella no ha sido a través de sus novelas si no con Sueño profundo, una recopilación de tres relatos; los cuentos son para el verano.

Escritas en primera persona, en las tres historias encontramos mujeres jóvenes que están atravesando un momento crucial en sus vidas, un impasse donde el pasado, marcado por la muerte de alguien cercano, lastra al presente y ellas se dejan llevar, inmóviles; por que ninguna de ellas tiene una actitud valiente, activa (tan solo Shibami en el segundo relato, aunque no sea ella realmente la protagonista). En los tres casos, el sueño, más bien la somnolencia, parece haberse convertido en la realidad para estas mujeres, una manera (auto)impuesta de alejamiento del mundo y es una acción ajena la que rompe esa relación sueño/muerte, dando por cerrado ese ciclo.

En Sueño profundo, Terako mantiene una relación con Iwanaga, un hombre casado cuya esposa está en coma, y que mantiene económicamente a Terako. El recuerdo de la fallecida Shiori, su mejor amiga, y del extraño trabajo de esta, junto a la relación con Iwanaga, va arrastrando a Terako a una situación en que sólo el sueño parece tener sentido.

Si en Sueño profundo es la muerte de una amiga uno de los detonantes de la situación de Terako, en La noche y los viajeros de la noche, es la muerte de Yoshihiro, el hermano de la narradora, el eje central del relato. Shibami nos cuenta como esa muerte, ocurrida hace unos años, ha incidido en Marie, la novia de Yoshihiro y en Sarah su ex novia americana, a la que hace años que han perdido de vista.

Una experiencia es el último de los relatos y el más corto. Recupera parte del componente fantástico del primero y nos presenta a Fumi quien, en lugar de no poder evitar dormir como Terako, utiliza el alcohol para poder conciliar el sueño. Cuando, completamente borracha, cae en la cama siempre tiene el mismo sueño, aunque en su estado de semiinconsciencia no sepa muy bien si es o no real: escucha una hermosa música y parece estar en un lugar seguro. Ya por el día empieza a recordar a Haru, joven con la que mantuvo una fuerte rivalidad por un hombre y de la que hace tiempo no sabe nada.

A pesar del tono, deprimente en buena parte, los relatos me han parecido una reivindicación de la vida, no solo de aquellos que se han quedado aquí, si no también de que sea la vida de los que se marchan lo que nos marque, no su muerte. El estilo es sencillo, intimista lo que permite que aunque la actitud de las protagonistas pueda ser exasperante, esta sea comprensible.

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Urueña, la primera villa del libro española

15 de agosto de 2010 en Noticias

Villa del libro

Existe desde hace años una iniciativa que se ha venido desarrollando principalmente en pequeños núcleos rurales europeos (aunque ya está abierta a otras partes del mundo como Estados Unidos, Canadá, Australia o Malasia) que convierte dichos enclaves en “Villas del Libro”, organizándose en torno a estas localidades múltiples actividades relacionadas con el libro y todo lo que tiene relación con él. La más antigua de estas villas del libro es Hay-on-way, una pequeñísima localidad galesa fronteriza con Inglaterra, tan pequeña y olvidada que en su página web oficial recomiendan que los envíos postales que les dirijan, en vez de especificar que van al condado galés de Powys, al que pertenecen oficialmente, indiquen el condado inglés de Herefordshire. Eso sí, se lo toman con humor y especifican que “It is purely for postal reasons!”.

En España la primera de estas “villas del libro” es Urueña, que fue calificada como tal en 2007. Urueña es un pequeño pueblo de la provincia de Valladolid cuyo censo no llega a los 300 habitantes, situada en la comarca de Tierra de Campos. Más allá de las particularidades de su designación como Villa del Libro, constituye un interesante lugar que visitar dada la estructura medieval de sus calles, su bien conservada muralla y, en general, por ser un enclave de gran interés histórico-artístico. No hay que olvidar que en el Medievo la villa tuvo una importancia estratégica clave dada su condición fronteriza entre los reinos de León y Castilla, lo que hizo que se convirtiera en una plaza fuerte, muy bien defendida, entre ambos estados antes de su definitiva integración.

Urueña y sus habitantes, los carrasqueños, han organizado múltiples actividades alrededor del libro, tales como talleres de encuadernación y caligrafía, a lo que hay que sumar el gran número de librerías que jalonan la villa, nada menos que once. Y para todos los gustos, hay que añadir: podemos encontrar, por ejemplo, la Librería-EnotecaMuseo del Vino”, que vende libros publicados por la Diputación Provincial de Valladolid; la librería “El 7”, especializada en temas taurinos; la librería Alcaraván, que vende especialmente libros de temas regionales de Castilla y León; la librería Samuel, con libros antiguos y grabados; el local de Alcuino Caligrafía, que como su nombre indica se especializa en el arte de la caligrafía, etc. Sin embargo, la joya de la corona de muchas de las librerías de Urueña son los libros antiguos y descatalogados, los libros de viejo, las ediciones curiosas, y toda la parafernalia que tanto nos atrae a los amantes de la literatura y de su soporte más universal. Todavía está por ver si el libro digital acabará por hacerse un hueco en la primera Villa del Libro española.

Pero Urueña es mucho más: si ya de por sí es llamativo el número de establecimientos per cápita dedicados a la venta de libros, no hay que olvidar que también cuenta con cuatro museos, a cada cual más interesante: al Centro Etnográfico, patrocinado por uno de sus más conocidos vecinos, Joaquín Díaz, hay que sumar un Museo del Gramófono (también gestionado por la fundación de Joaquín Díaz), un museo de Instrumentos del Mundo y otro de campanas. Urueña es, por tanto, un lugar que cualquier viajero no debería dejar de visitar.

Del futuro de la edición

14 de agosto de 2010 en Noticias

periodismo analógico

Del siete al nueve de julio tuvo lugar el XXXV Encuentro sobre la Edición en la Universidad Menéndez Pelayo. Este encuentro está organizado por la Federación de Gremios de Editores de España y está bajo el patrocinio de CEDRO. El lema de este año ha sido El futuro de la edición: papel y e-book siguiendo así la estela del gran número de encuentros, mesas redondas y similares que se han centrado en la relación entre el libro electrónico y las editoriales. A través de dosdoce seguimos algunos de los temas tratados y varias de las puntos principales del evento.

La principal conclusión parece ser que el libro en papel tiene una salud de hierro y que aún le quedan muchos años por delante; no dudamos que esto sea así, pero también vemos como las generaciones más jóvenes están muy acostumbradas a leer en una pantalla y quizás el cambio de tendencia tarde algunos años pero es probable que sea más brusco de lo esperado. Aun así, estoy de acuerdo en que al papel aun le queda mucha vida, sobre todo, al formato tocho-regalo del que parece ser viven algunas editoriales en este país.

Se habló del papel de los diferentes agentes no ya ante el libro electrónico sino ante la nueva realidad tecnológica; los lectores están (estamos) tomando un papel más relevante, más protagonista ante la mayor oferta de información y de contenidos y hay que tenerlo en cuenta. Así el editor debe “venderse” mejor, utilizando las nuevas redes sociales, actuando como gestor de comunidades y acercándose a sus usuarios. Como veis, todo muy bonito.

Una de las conclusiones más interesantes, y repetida hasta la extenuación en otros foros, es que contra la mal llamada piratería sólo se puede actuar con contenidos de calidad a buen precio. Y, añado yo, con suficiente oferta.

Personalmente, estoy un poco cansada de escuchar a expertos y protagonistas del sector en diferentes encuentros llegando a unas conclusiones que ya sabemos y que vemos que no se aplican (al DRM imperante o a la falta de oferta me remito).

Supongo que en pocos meses en lugar de discutir tanto del e-book y teniendo en cuenta que se está desarmando la alarma editorial, esa que hizo aumentar de manera desmesurada las novedades editoriales, tendremos menos machaconería sobre el e-book y más análisis de la situación. Porque, o mucho cambian las cosas en pocos meses, o me temo que la “burbuja informativa” de las editoriales y el libro electrónico va a tener que deshincharse.

La novela histórica I: Datos básicos

13 de agosto de 2010 en Divulgación

Histórica

La novela histórica, que tanto predicamento tiene en nuestra lengua en los últimos años, nació, tal y como la conocemos, como una evolución de la novela de aventuras en el S. XIX y podemos considerar a Walter Scott, autor de obras como Ivanhoe, el pionero en dotar de importancia vital a la visión romántica del pasado dentro de la trama.

En el siglo XIX, con todo el auge de los nacionalismos y con las clases burguesas en busca de legitimidad, el pasado histórico era una excelente opción para encontrar valores y justificaciones para sus nuevas pretensiones sociales y políticas. Así que la novela histórica, llena de aventuras y, además, interesante para el núcleo lector de la época, comenzó su andadura por Europa a buen paso con nombres como Alfred de Vigny o León Tolstoi, que con Guerra y Paz logró una de las cumbres del género.

En España tendríamos a Larra y Espronceda, además de Francisco Navarro, aunque además de los románticos, los escritores realistas también utilizaron, y casi para lo mismo, la novela histórica con grandes referentes como Galdós y sus Episodios Nacionales.

El gran Robert Graves, con obras como Yo Claudio o Rey Jesús, junto con Mika Waltari formaron la punta de lanza de la novela histórica en el S.XX, y con la llegada de Noah Gordon, Ken Follet, Christian Jacq o Pérez Reverte nos encontramos con el salto a la edad de oro de este tipo de novelas, con la proliferación absoluta de títulos, muchos de ellos pseudohistóricos.

En la España franquista encontramos, de nuevo, la búsqueda de la justificación histórica, así que abundan las novelas sobre la Guerra Civil, sus inicios y consecuencias, con obras como Los cipreses creen en Dios o Madrid de Corte a Checa. Así mismo, desde el exilio, se escribían obras en una dirección opuesta, como las de Ramón J. Sender o Max Aub. Con la llegada de la democracia se produjo un auge en las novelas sobre el conflicto, muchas de ellas cortadas por el mismo patrón y que acabaron adaptándose al cine.

Lo cierto es que con el fin de la necesidad de una nueva concepción del pasado y la nacionalidad, la novela histórica gira de nuevo hacia la novela de aventuras de la que nació: hoy en día muchos títulos son calificados de históricos simplemente por su ambientación en el pasado y no por el trabajo realizado en la reconstrucción de la sociedad.

La novela histórica de hoy es más producto de hibridaciones, sobre todo con la novela negra o de enigma, y tiene mucho del viejo folletín de aventuras también muy propio del S.XIX, consiguiendo pasar de una literatura creada para forjar la identidad popular a ser un rápido entretenimiento merecedor de auparse en lo más alto de las listas de ventas. Las biografías noveladas de personajes históricos han comenzado a salir también con buenos números de ventas, convirtiéndose, con toda probabilidad, en la siguiente tanda de novedades, junto a los volúmenes en los que, por azarosas coincidencias, confluyen un buen número de grandes protagonistas del pasado, convirtiendo la narración en un amplio desfile de notables. En posteriores entregas sobre la novela histórica hablaremos en profundidad de cada uno de estos subgéneros.

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Nadie lo ha visto, de Mari Jungsted

12 de agosto de 2010 en Reseñas

Nadie lo ha visto

La isla de Gotland pertenece a Suecia, es la isla más grande del mar Báltico y cuenta con unos cincuenta y siete mil habitantes. Su capital, Visby, es Patrimonio de la Humanidad y se considera a la isla como una reserva natural de gran belleza.

Además, Mary Jungsted parece empeñada en acabar con gran parte de esa escasa población a base de hachazos y cuchilladas, ya que la autora sueca ha elegido este bello paraje, de donde es su actual marido, para situar sus novelas criminales.

Nadie lo ha visto, publicado en 2003, fue su primera novela y en la que presenta los personajes que serán principales en sus libros, Anders Knutas al frente de la policía de la isla y a Johan Berg como el periodista «del continente» que se ve normalmente involucrado.

Siguiendo la oscura tradición de Se ha escrito un crimen -la mítica serie de televisión- Gotland parece un nuevo Cabot Cove donde a cuantos menos habitantes quedan, más muertos aparecen.

Lo cierto es que la premisa de Nadie lo ha visto no me ha convencido del todo. Siguiendo un esquema clásico de la novela negra nórdica, el libro empieza con una joven muerta de manera atroz para luego presentarnos las líneas de investigación -en las que la autora trata que empaticemos con los policías- y también el mundo del periodista –Jungsted trabajó también para varios diarios- con una historia personal. El problema es que no me he creído a ninguno de los personajes, no me he puesto en la piel de Knutas y la verdad es que Berg no me ha parecido un personaje interesante.

En cuanto al desarrollo de los crímenes, todo sucede de una manera absolutamente lineal, sin sobresaltos y ofreciendo un final que pretende ser cinematográfico pero que tras el descubrimiento de la identidad del asesino, se alarga en exceso y es del todo anticlimático.

Para mi gusto, Nadie lo ha visto es una obra demasiado primeriza. Todavía no sé si las siguientes obras de Jungsted corrigen los interminables párrafos que no aportan nada a los personajes, definidos por completo en los primeros capítulos y que no sorprenden ni evolucionan durante la novela.

En resumen, Nadie lo ha visto es una novela policiaca con poca carga emocional y que sirve para pasar el rato en el autobús o en la consulta del dentista. De usar y olvidar.

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