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La noche de los libros… mutantes

AutorRaquel Vallés el 23 de abril de 2010 en Noticias

Libros mutantes

Como todos sabéis, coincidiendo con el Día del Libro se realizan diferentes actividades centradas en la cultura y en la venta de libros. Tradicionalmente, la Feria del Libro de Madrid, junto a la de Barcelona, la más importante de España, no empieza con el Día del Libro si no que se espera hasta final de mayo, aunque esto no evita que el día 23 de abril la Comunidad de Madrid esté plagada de actividades culturales que van desde la tradicional lectura del Quijote o la Noche de los Libros cuyo lema de este año es ¿Me regalas un libro? Te regalo un libro. Cuentacuentos, magia, teatro, lecturas dramatizadas, encuentros con el lector, ferias del libro en diferentes ciudades,… más de quinientas actividades concentradas entre el día 23 y el 24.

Pero esta idílica escena tiene un lado tenebroso:

Año 2010. Durante cuatro años una gran banda de editoriales, autores y librerías monopoliza en Madrid la noche del 23 de Abril. Al margen del circuito oficial, un grupo de publicaciones independientes trama algo: es el momento de emerger…

¡Salvaje! ¡Terrorífica! ¡Empieza La Noche de los Libros Mutantes!

La Noche de los Libros Mutantes es una iniciativa que gira entorno a publicaciones autogestionadas, fanzines y proyectos editoriales independientes, manifestaciones culturales emergentes que se mueven fuera de los circuitos institucional, lo que permite más libertad creativa. Sin subvenciones ni patrocinadores, totalmente autogestionada, esta iniciativa llenará viernes y sábado de actividades editoriales y artísticas: más de treinta editores nacionales y más de sesenta proyectos nacional e internacionales, reuniendo a más de cien artistas y creadores emergentes.

Con ocho los espacios participantes: Cineshock, Espaciovalverde, Galería Rina Bouewn, La Eriza, La Paca, La Realidad, Montaña Sagrada y Valverde ‘23, los libros mutantes también tendrán una feria editorial independiente, donde los editores presentarán sus iniciativas en los diversos espacios.

Una iniciativa más que interesante para los que estéis en Madrid estos días y que puede ser combinada perfectamente con algunos de los actos de la Noche de los Libros y así poder elegir entre mutación o tradición.

Mayo florido y librero

AutorAlfredo Álamo el 23 de abril de 2010 en Opinión

Feria Libro

Llega el Día del libro y, de repente, el mundo de la literatura, por unas horas, se hace con el centro mediático y ministros, cantantes y demás gente del espectáculo aparecen en la lectura continuada del Quijote o en alguna de las numerosas presentaciones cargadas de canapés que las editoriales tienen a bien ofrecernos estos días.

Así que, por unas semanas, parecerá que en este país, España, incluso se lee algo más y muchos saldrán a las calles en busca de ese descuento goloso que se nos ofrece como un caramelo y que desconozco si, como el IVA, no se aplicará a los libros electrónicos, esos que no se venden en caseta y que producen desconfianza y asco entre grandes literatos e intelectuales de edad provecta.

A mí, sin embargo, que trato de leer todo lo que cae entre mis manos a lo largo del año, estas fechas no me dicen demasiado, si acaso una sobrecarga de trabajo con tanta novedad concentrada en los mismos días, y casi dejo pasar las citas ineludibles con grandes gurús editoriales que se sientan a mesas redondas para hablar de lo divino y de lo impreso.

Reconozco que nunca he sido carne de feria más que de la de ocasión, donde acudía acuciado por el hambre lectora y la falta de dinero, y que la caza y captura de novedades no me entusiasma más de lo que me gusta deambular por librerías a ver qué me puedo encontrar por casualidad. Es cierto, además, que tampoco entendí nunca hacer una cola larguísima para encontrarme frente a frente con un escritor hastiado ya de darle a la firma para hacerle marcar a fuego el ejemplar con mi nombre dedicado.

No quiero decir que no sea una fecha ideal para comprar, el ambiente que se respira alrededor de las casetas es de puro amor por los libros y es, además, cuando las editoriales se engalanan para enseñar esos autores suecos que han estado siguiendo a lo largo del año y también, como escritor, es momento apropiado para dejarse caer por aquí y por allí para hacer alguna pregunta supuestamente inteligente o molestar con ese manuscrito que ya das por perdido.

Puede que esta sea una visión cínica de la Feria, pero cada uno la cuenta como le va y a mi, no sé si es por la astenia primaveral, la alergia o una sobredosis de novedades de todos los tamaños, colores y vampiros adolescentes, pues no me pilla con tantas ganas como antaño. Será, quizá, porque dentro de un par de semanas el viento se llevará los catálogos y sólo dejará atrás cartones de embalaje y camiones repletos de libros de Reverte, Asensi y la armada imperial sueca mientras el libro electrónico sigue banalizando cada noche, entre otras terribles torturas que imagina Vargas Llosa, obras maestras en mi habitación.

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La censura y sus miserias

AutorRaquel Vallés el 22 de abril de 2010 en Divulgación

Censura

Nos ofrece elpais.com un interesante reportaje sobre la censura en nuestro país durante la época del franquismo, cuando lectores adoctrinados eran los privilegiados en leer las últimas obras escritas en España y podían decidir, bolígrafo rojo en mano, si esta era publicada o no. Ocultos tras el anonimato que les otorgaba ser un número en una lista se permitían el considerar que Gil de Biedma era un poeta cursi y snob; aunque de poco le servía que otro número censor le considerara un buen poeta, en ambos casos el bolígrafo rojo marcaba el destino del libro.

El Archivo General de la Administración custodia los expedientes sobre la censura literaria y en ellos podemos encontrar los casos concretos de la tijera censora que, aunque puedan llevar a la anécdota y al chiste, como ocurre tantas veces cuando se habla de la censura en el cine, no hemos de perder de vista de lo que se trataba: intentar controlar el pensamiento y el que algunas medidas fueran ridículas o ridiculizables no minimiza ni la intención ni los hechos ni la culpabilidad de los que las pusieron en marcha.

Dicho esto, vamos a reírnos un poco.

Tal y como nos cuenta elpais, no sólo Gil de Biedma era un poeta cursi y snob o un buen poeta “cuya poesía es francamente buena” según el censor con el que se topara sino que Marsé parecía ser una de esos “pseudointelectuales que cuando salen al extranjero leen y ven marranadas y puerquean con mujeres fáciles“. Aunque, sin duda, el premio a la clarividencia y al conocimiento literario deberían dárselo al número censor que no entendía como los hermanos Goytisolo pueden gozar de tanto reconocimiento en el extranjero y considera que en este caso no debería censurarse la obra ya que así los desenmascararían:

No hacerles el juego. No darles pies a heroísmos y martirios. Olvidarlos, que se pudrirán solos. No tiene consistencia literaria. Condenémosles a la libertad, libertad vigilada

El censor debía ver si la obra atacaba de alguna forma al dogma, la moral, la Iglesia o sus ministros, al Régimen y sus instituciones, a las personas que colaboraban con el Régimen,… porque ese es uno de los peores rasgos de todos los totalitarismos: considerar que la cultura, la libertad de expresión y pensamiento son un peligro.

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Libros para la Feria del libro 2010

AutorAlfredo Álamo el 21 de abril de 2010 en Noticias

La estrategia del agua

Bien, ya os hemos contado nuestros favoritos, al menos parte de ellos, para el Día del Libro y también para la Feria. No estaría de más que analizáramos los grandes lanzamientos de las principales editoriales para ver qué es lo que nos vamos a encontrar en grandes cantidades.

El hipnotista: Curiosa palabra, hipnotista. Mezcla de hipnotizador y mentalista, supongo. Puestos a inventarse oficios, también habría valido El hipnopeuta o tal vez El hipnador. Dejando a un lado esa curiosidad en el título, El hipnotista es uno de esos libros que se venden a precio de oro en las ferias profesionales y que están predestinados al top de ventas. Con autor sueco -autores, de hecho, Lars Kepler es un seudónimo- y argumento de novela negra, pretenden repetir el éxito Larsson.

El asedio: Reverte es mucho Reverte. Cuando saca novedad las estanterías tiemblan. Cuando la novedad es sobre una batalla histórica, más todavía. Las primeras críticas apuntan a que El asedio es… otro libro más de Pérez Reverte: ideal para regalar a los padres y fieles seguidores de este autor muchas veces controvertido.

Venganza en Sevilla: Matilde Asensi llevaba tiempo sin sacar libro y eso se nota. Había cierta orfandad en el mundo del best-seller hispano y la segunda parte de Tierra Firme está haciendo buenos números en su carrera previa a la Feria. Uno de los candidatos a “pila de libros” del mes.

El viaje al poder de la mente: Con Eduardo Punset tenemos debilidad en Lecturalia, así que es uno de los pocos casos en que gran apuesta editorial y nuestro gusto coinciden plenamente. El viaje al poder de la mente es otro de esos grandes libros de ensayo que todo el mundo debería leer.

La estrategia del agua: Aquí se juegan la carta de una serie policiaca, negra y española. Lorenzo Silva tiene mucho tirón y puede ser uno de los éxitos que pocos se esperan. La campaña ya está apretando, con cuñas en radio, por ejemplo, así que, suponemos, este título será bastante visible en los tenderetes.

Mi amigo Stieg Larsson: ¿Logrará un libro sobre la vida de Stieg Larsson meterse en el top de ventas de la Feria? Yo creo que no, pero no al 100%. En un país de cotillas como es España, nunca se puede subestimar el poder de un libro “no autorizado” como el de Kurdo Baski.

Lo que esconde tu nombre: El Premio Nadal se ha hecho fuerte en las listas y tiene un tirón que puede colocar el libro de Clara Sánchez muy arriba. ¿Acompañará la campaña de promoción? Destino tiene aquí un posible best-seller. A tener en cuenta.

Del Premio Planeta de 2009, sin embargo, tenemos menos noticias. El recorrido de Contra el viento no parece el mejor en la historia del galardón, pero no se puede subestimar el poder de la Fuerza (y Fuerza, Fuerza, Planeta tiene más que Yoda)

En cuanto al mundo juvenil, habrá que preparase para una invasión de ángeles, brujas, vampiros y demás fauna sobrenatural en busca de ligue. A destacar Blanca para la magia y Hermosas criaturas, que tienen todos los números para acompañar a la última edición de lujo de Crepúsculo.

En cuanto a Perdona, pero quiero casarme contigo, de Moccia, no sé si al final podríamos calificarlo de juvenil, adulto o peterpanesco, pero lo cierto es que es otro de los títulos que va a ser imposible pasar por alto en las casetas de la feria.

¿Alguna novedad más que teméis se haga omnipresente? Dejad vuestra opinión, como siempre, en los comentarios.

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Ardores de Agosto, de Andrea Camilleri

AutorAlfredo Álamo el 20 de abril de 2010 en Reseñas

Ardores de agosto

Agosto en Sicilia. Sol. Calor. Turistas.

Hace tanto bochorno que nadie puede salir a la calle sin acabar bañado en sudor, las tiendas se han quedado sin aire acondicionado o ventiladores; lo único que apetece es darse un baño en el mar y dejar pasar la tarde con una cerveza fresca en la mano.

O al menos eso es lo que debería pasar según el Comisario Montalbano. Por desgracia para él, y por fortuna para nosotros, no es eso lo que sucede en Ardores de Agosto, una nueva entrega del escritor Andrea Camilleri.

Según Montalbano, “en Agosto no hay asesinatos en Sicilia, hace demasiado calor incluso para los criminales”, pero, tal y como se presenta en el libro, el comisario acaba sin disfrutar de las vacaciones el 15 de Agosto, aunque tampoco es que le hiciera demasiada ilusión.

En Ardores de Agosto asistimos al descubrimiento de un cadáver en un chalet ilegal, una joven de quince años degollada y escondida en un baúl durante casi diez años. Lo malo para Montalbano es que ese chalet ilegal era el sótano de una casa alquilada a los amigos de su novia que iban a pasar el verano. El asunto del muerto no les hace demasiada gracia y, novia incluida, abandonan Sicilia para el resto del verano.

La historia sobre la que Camilleri plantea la historia no es nada nuevo, asesinato, investigación más o menos rápida, un par de giros sorprendentes y una impactante resolución. Pero, como ya debería saber todo el mundo aficionado a la novela negra, lo importante de Camilleri es cómo cuenta las cosas. Es una verdadera delicia asistir a la economía de medios con la que el escritor italiano va trazando pinceladas y llevándonos exactamente por donde él quiere.

No es de extrañar que le de tiempo en apenas doscientas páginas, a hablar de política, corrupción, mafia, sentimientos, amoríos, relaciones entre personajes, asesinatos y comida -la comida es fundamental, como siempre, en esta ocasión en forma de ensaladas varias y platos fríos, por supuesto-, logrando un trabajo que a otros les cuesta miles de páginas y varios libros más.

Camilleri nos muestra a un Montalbano mayor, maduro, que se resiste por un momento a aceptar su propia edad y que vive en carne propia el efecto secundario de ese calor asfixiante que, por momentos, le impide pensar con claridad, volviéndose, quién lo diría, casi un adolescente.

En resumen, un buen libro de Camilleri que se lee con facilidad y no defrauda en ningún momento, si acaso alguna coincidencia traída por los pelos, pero que se perdona con facilidad. Después de todo, es verano en Sicilia y se hace muy difícil concentrarse en los detalles.

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iPad y los eBooks: Lo hemos probado

AutorAlfredo Álamo el 19 de abril de 2010 en Opinión

iPad Lecturalia

Gracias a nuestro habitual seguidor, el cuñado de Jobs, pudimos manosear un iPad nuevecito y probar la mayor parte de sus aplicaciones, especialmente aquellas dedicadas a la lectura de libros electrónicos y documentos de texto.

Como todos los gadgets de última generación, el iPad posee muchas virtudes y a la vez unos cuantos defectos. Comenzaremos por lo que más nos ha llamado la atención en el sentido positivo.

El iPad posee una pantalla más que notable, 9,7 pulgadas, con un brillo ideal para ver fotos, navegar o pasar el rato con algún videojuego. El diseño no es sorprendente -es como un iPhone pero en grande-, pero sigue la línea de Apple.

Desde un punto de vista de fluidez en las aplicaciones, el iPad funciona sin problemas y mueve con soltura sus aplicaciones al tiempo que responde inmediatamente al ponerle los dedos encima. Hay que anotar que la respuesta de los acelerómetros es muy buena y reacciona con numerosos detallitos al movimiento.

Ahora, entremos al trapo del mundo del libro electrónico que es el principal motivo de probar el tablet de Apple.

Para acceder a los libros, el iPad posee su propio programa de lectura que hemos encontrado muy básico en algunos puntos, aspectos, que, no obstante, pueden quedar resueltos haciendo uso de otro software distinto, como el de Amazon o, supongo que aparecerá en breve, el Stanza.

iPad Lecturalia

La representación gráfica del libro es muy bonita y detallista, pero, pese al control de brillo, la elección de tipografía y tamaño o la posibilidad de ver el libro a doble página, cosas como la imposibilidad de poner un modo de contraste negativo (una de las pocas maneras de leer bastante rato en una de estas pantallas) hacen que el software pierda bastante. Desde el de Amazon sí que se controla más el aspecto final del libro y puede sincronizarse con otros dispositivos para continuar su lectura, algo muy interesante pero que ya hace el Kindle.

El sistema de marcadores es muy bonito gráficamente –simula una marca de rotulador fluorescente y se añade al índice-, pero no deja tomar notas, así que pierde gran parte de su utilidad, sobre todo porque, al no ser multitarea, no podemos tener un editor de textos abierto al lado del libro. Un gran fallo.

El lector del iPad lee ePub -no probamos con ePub DRM, pero con libros propios maquetados para otros e-readers funciona francamente bien y no ha dado problemas. Sin embargo, las exportaciones desde sistemas como Word u OpenOffice pueden dar algún problemilla y es mejor tratarlas como texto y no como ebooks.

iPad Lecturalia

La tienda de Apple, la iBook Store funciona de una manera similar a la App Store, con apartados de pago y gratuitos -con todo el fondo del Proyecto Gutemberg bien maquetado-, populares y por géneros. La verdad es que está muy bien montada y, en ese aspecto, es donde una pantalla brillante luce su potencial.

A la hora de leer, como ya habréis imaginado, cansa los ojos como cualquier otra pantalla, así que para una lectura concentrada o larga no es lo más apropiado. A eso hay que sumar otro inconveniente, el peso. Con casi 700 gramos de peso, algo que parece que no es mucho, se hace imposible una lectura larga sosteniendo el iPad sin un atril o soporte. Es posible que su larga autonomía -unas 10-12 horas- necesite una batería pesada. Incómodo, la verdad.

En cuanto al PDF, hay varios programas en el iPad para leer y funcionan bien, tienen muchas funciones y es bastante útil para consultar o mostrar informes. Hay incluso aplicaciones de descarga de PDF donde puedes encontrar casi cualquier libro, eso sí, maquetado con las manos del diablo.

Como ya suponíamos, el iPad no es un buen lector de libros electrónicos pero puede servirle a aquellos que, usando el dispositivo para otros usos, le dedican un poco de tiempo a la lectura. Lectores casuales o con poco tiempo libre.

iPad Lecturalia

Sin embargo, el iPad, como, supongo, la mayoría de tablets que se nos vienen encima, son muy manejables para tres tipos de lecturas y que pueden suponer una cierta ventaja sobre los lectores de tinta electrónica: Revistas, Cómics y Cuentos para niños.

El brillo, el color, los vídeos y los enlaces de Internet son perfectos para las revistas que tampoco pretenden a un lector que esté dos horas mirando la pantalla. Contenidos cortos que son tan interesantes como entradas de blog. Ese es, quizás, el futuro de las revistas.

Los cómics también se leen muy bien en la pantalla de iPad, pudiendo leer página a página con un zoom rapidísimo, o bien seleccionando el modo cinemático, donde una ruta de zooms y encuadres prefijados en el propio tebeo nos lleva por todo el número. La verdad es que es una experiencia diferente y muy bien implementada.

Los cuentos para niños. Estuvimos trasteando con dos: Alicia en el País de las Maravillas -no exactamente sólo para niños, pero bueno- y uno de Toy Story creado por Disney. Bien, hay que contemplar el de Alicia… como un juguete precioso que agitar y disfrutar visualmente, está muy bien hecho, claro que es eso: un divertimento al margen casi del libro.

iPad Lecturalia

En cuanto al de Toy Story, Disney plantea un libro para niños con unas mínimas animaciones y la posibilidad de que el iPad cuente de viva voz la narración acompañando el texto de pantalla. Queda muy bonito, aunque dejar a los niños trastear demasiado un aparato de 500$ ya es una decisión personal.

En resumen: un gadget cuya aplicación lectora es secundaria y está más orientado a otras facetas del entretenimiento, haciendo siempre hincapié en su ventaja multimedia y gráfica pero con grandes desventajas a la hora de la lectura no intermitente.

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Las lenguas de la Tierra Media

AutorVíctor Miguel Gallardo el 18 de abril de 2010 en Divulgación

Ejemplo de escritura creada a partir de los libros y textos de J. R. R. Tolkien

J. R. R. Tolkien, aparte de una gran labor de creación mitológica que sirviera de base para sus obras, también se tomó el tiempo necesario de elaborar, de forma más o menos completa, una serie de lenguas y alfabetos que se correspondieran con las diferentes razas que poblaban los imaginarios mundos de Arda. No es, desde luego, el único autor que lo ha hecho, pero sí uno de los más importantes, si no el que más, cuyas creaciones lingüísticas han trascendido de forma más clamorosa, hasta el punto de que algunos seguidores de sus libros han llegado a dominar uno o varios de esos idiomas y sistemas de escritura.

Aunque no es poco habitual que miembros de una misma etnia hablen idiomas distintos debidos a diferentes evoluciones históricas, las lenguas y sistemas de escritura en la obra de Tolkien suelen identificarse con las diferentes razas imaginadas por Tolkien. No obstante, y debido a los acontecimientos que se detallan en la mastodóntica obra de El Silmarillion, algunas de estas lenguas y sistemas de escritura pasan de unas razas a otras: así, algunos humanos que vivieron en contacto con las grandes familias élficas tomaron el idioma élfico como propio, así como su alfabeto.

Los dos idiomas élficos por excelencia son el quenya y el sindarin. El primero, que después de ciertos hechos narrados en el mencionado libro se convierte en una lengua prácticamente reservada para la vida privada y erudita, está basado en las dos grandes lenguas clásicas, latín y griego, así como en el finés (uno de los idiomas europeos, junto con el euskera y el húngaro, del que no se conocen antecedentes) y, en menor medida, el galés. Es precisamente el galés la base del segundo de los idiomas élficos, el sindarin. Así, se contrapone el clasicismo del quenya a las influencias celtas del sindarin. Hay que precisar que las influencias de estos idiomas son, más que a nivel de construcción, a nivel visual y estético: ambos se pueden considerar idiomas artificiales completos y no variaciones o amalgamas de otros lenguajes.

También existen idiomas de influencia semítica en la obra de Tolkien. El idioma de los enanos es llamado khuzdul (literalmente “lengua”), y tiene puntos en común con el hebreo y el árabe, aunque no derive expresamente de ellos. Los enanos fueron muy celosos de su idioma, considerando ellos mismos que el khuzdul, que era un regalo que les había ofrecido Aulë, su creador, les era racialmente exclusivo. Así, aunque se hace referencia en las obras de Tolkien a que el idioma khuzdul fue dominado por un puñado de elfos (que, de todas maneras, lo consideraban un lenguaje inferior a los suyos propios), no fue muy habitual que la raza enana quisiera difundirlo más allá del ámbito exclusivamente privado.

Alfabeto Quenya

La contraposición entre razas puras e impuras en la obra de Tolkien afecta de forma directa a las lenguas de dichas razas. Por poner un ejemplo, las lenguas élficas y enanas permanecieron durante el paso de los siglos inalteradas tanto en sus versiones escritas como orales. Las lenguas de los orcos y la de los humanos, en cambio, sufrieron alteraciones cada vez más significativas. Así, de la lengua negra original, aquella que hablaron Morgoth y Sauron en un principio, apenas quedaron vestigios en épocas posteriores. Los orcos de la Tercera Edad, aquella cuyo final relata El Señor de los Anillos, hablaban un dialecto totalmente diferente. La carencia dentro de la raza orca de una cultura escrita generalizada posiblemente dificultó el inmovilismo de su idioma, que fue cambiando hasta hacerse irreconocible de su raíz. El único texto completo que se conserva en esta lengua negra original es la inscripción del Anillo Único, por lo que no es un idioma artificial propiamente dicho (seguramente Tolkien, que lo creó a propósito para que fuera desagradable al oído) no se preocupó en desarrollarlo más que lo básico. Algunos afirman que la lengua negra tendría similitudes con idiomas desaparecidos del Próximo Oriente tales como el hitita o el hurrita.

Los humanos, para finalizar, hablaban en gran parte un lenguaje denominado como “occidental” (traducido como oestron al español), también llamado “idioma común”, en realidad un dialecto proveniente del adunaico hablado en la isla de Númenor antes de su caída. Este idioma no fue desarrollado por Tolkien ya que, al ser el habitual de humanos y hobbits de la Tercera Edad, se sustituyó por el inglés para la elaboración de sus novelas, por lo que lo único que podemos suponer es que era parecido fonéticamente al ya mencionado adunaico (que guardaba más similitudes lingüísticas con el khuzdul enano que con los idiomas élficos).

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La historiadora, de Elizabeth Kostova

AutorGabriella Campbell el 17 de abril de 2010 en Reseñas

La historiadora

Uno de los principios necesarios de la crítica responsable es huir de la valoración más o menos subjetiva y centrarse en el análisis productivo de una obra. Es posible que esto parta de la suposición de que el crítico se encuentra con una obra con un mínimo de calidad, que ha superado un filtro editorial y que se presenta al gran público superados unos requisitos básicos. Sin embargo, a veces el lector se encuentra con una obra, sea esta novela, ensayo, relato o compendio de aforismos, cuyo análisis se ve impedido, una y otra vez, por diversas circunstancias: un ritmo pobre, desigual; unos personajes planos que evitan de manera continua la identificación con el lector; la introducción de una serie de tópicos repetitivos; la imposibilidad de un pacto narrativo por la escasa credibilidad del argumento y de su desarrollo o (y ésta seguramente será la peor) el simple y llano aburrimiento. Cuando estas circunstancias se dan en un superventas como ha sido La historiadora de Elizabeth Kostova, uno no puede dejar de plantearse si es verdad aquello de que toda lectura es buena.

La trama de Kostova, autora obviamente apasionada por, valga la redundancia, la historia, gira en torno a la figura del príncipe Vlad el Empalador, comúnmente conocido como Drácula. A través de una serie de recursos retorcidos y poco prácticos, una serie de personajes comienza a investigar a esta figura y a sospechar que el temible Tepes siga vivo y rondando por el mundo. La trama de la novela se ayuda del manido sistema de describir la acción a través de cartas y documentos pseudohistóricos, que se entremezcla con una narración más o menos lineal que repite, de manera ardua, aquello que ya nos han dado a entender dichos documentos. La historiadora es, sin duda, una de esas obras que presupone que el lector es falto de entendederas, ya que la repetición se convierte en uno de sus recursos más comunes. Por otro lado, la autora parece gozar de las descripciones topográficas, lo cual se agradecería si no fueran insulsas y superfluas. Su empeño en usar metáforas muertas y su amor por los tópicos llega a su culmen en el párrafo en el que una habitación se nos describe como “desnuda”, para pasar a continuación a enumerar los numerosos muebles y adornos que llenaban la habitación. Kostova cae, una y otra vez, en ese gran sinsentido narrativo que es el de instruir al lector qué debe sentir, en vez de sugerirlo con las acciones y el comportamiento de los personajes. Una y otra vez se nos recuerda que los personajes sienten miedo, pero no sabemos muy bien por qué: constantemente les invaden temores sin fundamento ni razón. Se nos indica que la figura de Drácula y de sus secuaces es temible, pero no entendemos muy bien qué tienen de espantosos. La autora olvida que el hecho de indicarle a su lector “ahora es el momento en el que debes tener miedo” no suele funcionar para insuflar terror en su corazón.

Empalando

Constantemente se nos recuerda que Drácula es malo, muy malo, malísimo, pero más allá de sus crímenes históricos no entendemos muy bien qué es aquello tan terrible a lo que se dedica, ya que el pobre no-muerto se limita a coleccionar libros y a secuestrar (¡oh, el horror!) a eruditos amantes de los libros para que (¡qué tortura!) le ayuden a organizar su espléndida biblioteca. Por supuesto no pueden faltar numerosos deus ex machina aparecidos de la nada y cuya existencia y función se nos explican en apresuradas y escasas líneas, mientras que se dedican extensos párrafos y capítulos a un simple paseo de camino a un monasterio. Las habilidades de intriga de la autora pueden recordar a un mal planteado episodio de la serie CSI, en el que tres cuartas partes de su duración se dedican a plantear el misterio y sus pistas, y en el que se resuelve el asesinato de forma rapidísima e incoherente, con la intención de que el espectador no tenga tiempo de pararse a pensar que dicha resolución, realmente, no tiene sentido.

El éxito de ventas de una novela puede deberse a una excelente campaña de promoción, a una gran calidad literaria o a un uso adecuado de la intriga que impulse al lector a tomar el libro para no soltarlo. Como, a mi juicio, la obra no cumple con ninguno de los tres requisitos, animo a aquellos que han leído La historiadora de Elizabeth Kostova y la han disfrutado a que comenten este artículo, señalando qué aspectos de la obra encuentran interesantes y qué les ha animado a leerla. Si a alguien, como a mí, le ha parecido que los árboles talados para imprimir este libro no merecían una muerte tan poco digna, le animo también a que exprese su parecer.

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El escritor y sus obsesiones

AutorVíctor Miguel Gallardo el 16 de abril de 2010 en Divulgación

Obsesiones

Reconozcámoslo, para muchos escritores la literatura, además de un oficio, es una auténtica obsesión. Parafraseando un famoso refrán, viven para escribir, no escriben para vivir. La mayoría de ellos, por añadidura, no son profesionales de la literatura y, aparte de esta afición/obsesión, deben trabajar casi de cualquier cosa para pagar las facturas. No parece que con las nuevas tecnologías, gracias a las cuales todo escritor o escritor en ciernes puede dar a conocer sus letras casi instantáneamente, esto vaya a cambiar: las razones para escribir y querer ser leídos siguen siendo las mismas, y afortunadamente para los lectores la cuestión monetaria sigue sin tener demasiado peso para la mayoría de los que escriben.

Esto no quiere decir, por supuesto, que no haya escritores que quieran, ante todo, “hacer caja”. No seré yo el que se atreva a negar lo que es más que evidente.

Pero el hombre no suele tener una única obsesión: las más de las veces son varias las que compiten en su cabeza, de una forma algo caótica, para ocupar el mayor tiempo posible de la vida (y el esfuerzo) de su inquilino. Para el que escribe, esto puede ser, a la vez, una bendición y una maldición; así, no es extraño que en ciertos escritores encontremos temas recurrentes que aparecen una y otra vez en diferentes obras. ¿Alguien duda de que Michel Houellebecq siente una profunda perplejidad ante los intrincados mecanismos de la sociedad actual? ¿No son sino obsesiones, muy diferentes pero de raíz única, las que mueven a César Vidal a escribir lo que escribe? ¿Es Umberto Eco un escritor que habla de semiótica o un teórico literario que, además, escribe?

Habrá quien diga, y tal vez con razón, que es más fácil escribir sobre lo que se conoce. Eso es evidente: el proceso de documentación, si se tiene ya un cierto bagaje sobre el tema, será más liviano (esto es válido sólo para los que se documentan, por supuesto). El proceso de escritura también se agilizará: para un historiador especializado en la Edad Media española escribir una novela sobre la Reconquista le será mucho más fácil y cercano que ambientarla en una época de la que desconoce prácticamente todo, pongamos por caso la Indochina colonial francesa. A no ser, claro, que aunque especialista en el Medievo su obsesión sea Indochina.

La proliferación de novelas ambientadas en la Segunda Guerra Mundial no es casual: este conflicto supone, para muchísimas personas de los cinco continentes, una época de la historia reciente fascinante, sean o no aficionados habituales a la historia bélica. Otro ejemplo: en muchas novelas aparecen perros, gatos o bebés. Puede parecer de perogrullo, pero somos muchos (me incluyo) los que contamos entre nuestras obsesiones a nuestras mascotas o (salvando las distancias) a nuestros hijos pequeños. Yo, por ejemplo, tengo dos gatos: ¿alguien se sorprendería de que, de escribir una novela, el protagonista tenga un minino? ¿Alguien se está sorprendiendo de que, ya que estoy hablando de obsesiones, esté poniendo este ejemplo concreto?

Desde hace tiempo, siempre que me acerco a una novela, me sumerjo en un triple juego. Por un lado, intento adivinar las lecturas que más marcaron, estilística y temáticamente, al autor. Por otro, el estado de ánimo con el que escribió la novela. Por último, la obsesión, u obsesiones, que yacen en el trasfondo de la obra. Leyendo detenidamente podemos saber más del autor que con la escueta información que las editoriales nos ofrecen de él en las solapas del libro o en los dossieres de prensa. O, tal vez, esta no sea más que otra de mis particulares obsesiones, ¿quién lo sabe?

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Primera y última Alicia

AutorAlfredo Álamo el 15 de abril de 2010 en Divulgación

De nuevo el cine arrastra un libro, un clásico, una moda a la que se apuntan editoriales, escritores y libreros, pero en esta ocasión, al contrario que en otras ocasiones en las que se ruega por librarse de tanto libro recurrente, hoy vamos a hablar de la proyección que la última película de Tim Burton está dando al clásico de Lewis Carroll, Alicia en el País de las Maravillas.

Dejemos a un lado que la adaptación se guíe más por los caprichos del director y las guías de producción de la Disney que, a fin de cuentas, es quien manda en la película. Por las críticas, no se parece mucho al libro, por las cifras de taquilla, no parece que eso sea algo que les quite el sueño. Después de todo no quería hablar de la película, en su lugar me gustaría enseñaros dos ejemplos claros de cómo puede cambiar la literatura hablando de la misma obra.

En la Biblioteca Británica se toman muy en serio la digitalización de originales y su puesta a disposición del público, y si uno tiene tiempo y paciencia para escarbar en sus registros se pueden encontrar verdaderas curiosidades dignas de toda nuestra atención. (Siempre, claro está, puede uno perder el tiempo leyendo blogs y páginas dedicadas a la literatura hasta toparse con algo así por casualidad. Es cuestión de gustos)

Bien, lo que decía. En la British tienen el primer volumen manuscrito de Alicia en el País de las Maravillas tal y como lo terminó Lewis Carroll. Está transcrito -en inglés- para que se pueda leer sin problemas y llaman la atención las primeras ilustraciones que acompañan al texto, obra del propio autor. Os dejo unos ejemplos:

Alicia Original

Alicia Original

Y ahora cogemos el tren bala del tiempo y pasamos a toda velocidad por la historia reciente del libro, dejando atrás versiones de todo tipo para Alicia, en imprenta tradicional, offset, retocada para los más pequeños, comentada para los más grandes, con las ilustraciones clásicas, convertida en un libro ilustrado, para llegar, echando el freno y haciendo chirriar las ruedas, al mundo del siglo XXI y las nuevas maneras de contar una historia.

Esto, que ya hace el iPad, en realidad será factible en casi cualquier tablet pc de última generación y pronto será moneda corriente en lectores de libros electrónicos. Quien dice mañana dice pasado, es tan sólo cuestión de tiempo. ¿Tanto ha cambiado Alicia? ¿Es un libro diferente si al moverlo se le gira la cabeza al Sombrero Loco? ¿No es como un libro pop-up? Lo que está claro es que nos fascina lo que pueden hacer los nuevos gadgets con algo que creíamos fijo y estable. Eso sí, que nadie piense que esto es el único futuro de la literatura. En todo caso es uno de los caminos, todavía sin explorar demasiado. Viendo esto parece que el iPad se va a convertir en la Wii de los ebooks. Por cierto, lo hemos probado y sí: es tan divertido como parece.

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