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The Host -La huésped- la nueva película de Stephenie Meyer

AutorAlfredo Álamo el 25 de marzo de 2013 en Noticias

The Host

No nos confundamos: The Host no ha sido un éxito tan abrumador como lo fue en su día la saga Crepúsculo. No sé si es que los extraterrestres tienen menos tirón que los vampiros o bien que su aparición literaria quedó diluida entre miles de títulos de temática parecida, precisamente los que habían surgido a partir de aquella primera trilogía. En cualquier caso, The Host no es un libro que haya vendido precisamente poco, es un superventas, sobre todo en Estados Unidos donde se pasó 26 semanas entre los más vendidos del New York Times, y es más que posible que con el estreno de su versión cinematográfica pueda remontar en las listas de ventas una vez más.

Stephenie Meyer no estaba contenta de cómo se había filmado la primera película de Crepúsculo, así que para esta ocasión se puso el mono de faena y firmó el guión junto al director Andrew Niccol. Desconozco si esto ha sido para mejor o para peor: escribir un libro y escribir un guión son dos cosas completamente diferentes. Lo cierto es que la relación descrita en el libro -ese triángulo amoroso chica-chico-parásito alienígena– funciona mejor en el medio escrito que en el visual, siendo, para los no aficionados a la obra de Meyer, un poco chocante.

Lo mejor de la película, en mi opinión, es el trabajo del director. Pese a los bajones en la carrera de Niccol, este sigue manteniendo una mirada personal y una atención por la puesta en escena y el detalle que marcan la diferencia en una película que, de otro modo, sería absolutamente anodina. También habría que destacar el papel de Saoirse Ronan, nominada a un Oscar por Expiación, que logra sobrellevar su trabajo con bastante dignidad, algo que, en principio, no parecía nada fácil.

La pregunta es si habrá finalmente trilogía literaria y cinematográfica. Por el momento, Meyer ha comentado que está trabajando en dos continuaciones, o secuelas, de The Host , The Soul (El alma) y The Seeker (El buscador/La buscadora) aunque por el momento no parece que haya ningún tipo de fecha anunciada para su publicación.

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Escritores, lectores y privacidad: Posibles futuros del libro (II)

AutorAlfredo Álamo el 23 de marzo de 2013 en Divulgación

Pirvacidad Hangout Escritores

Ya os hemos hablado en otras ocasiones de la posibilidad, cada vez más real, que lo que hoy consideramos como libro vaya convirtiéndose en sólo una pieza más del ecosistema literario, que ese discurso basado en la conexión entre mensaje escrito por el autor y leído en solitario por el lector, sea completado -o sustituido, según los más agoreros-, por otros sistemas.

Dejando a un lado la interactividad multimedia -o transmedia, como vais a escuchar a partir de ahora-, en la que el uso complementario de vídeo, imágenes y música va a ser fundamental, me gustaría hablar de las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías en cuanto a la comunicación.

¿A qué me refiero? A las posibilidades que ofrecen las redes sociales -sean las que sean- a la hora de compartir y redescubrir la lectura. Hasta ahora la manera más sencilla de hacerlo ha sido a partir de replicar el clásico esquema del club de lectura. Hay numerosas maneras de hacerlo, desde el típico foro a los grupos de Facebook, por poner un par de ejemplos, aunque el futuro nos lleva a poder comentar directamente desde el lector electrónico, a compartir pasajes que nos gustan, con todo el mundo que lea el mismo libro que nosotros. Amazon ya ha dado algunos pasos en esa dirección, pero me gustaría pensar que no dependeremos de un sistema cerrado para esto, sino que se podrá usar algún método capaz de agrupar distintas redes sociales y luego aplicar los filtros que queramos (edad, lugar geográfico, etc.).

Pero el avance de las redes sociales no acaba en compartir la lectura o las opiniones con otros lectores, existe la posibilidad de interactuar con el autor de una manera que jamás antes había existido. Sí, es cierto, ahora los escritores tienen su perfil Facebook y su cuenta de Twitter, aunque cada uno lo maneja mejor o peor, una tendencia que pronto se hará casi universal. En este sentido, los autores tienen que tener cuidado, ya que se enfrentan al reto de estar siempre presentes y a la vez, mantener la distancia. Para que os hagáis una idea: un escritor puede firmar libros en la feria, hablar un poco con cada lector y dedicarle un ejemplar, pero no puede irse a tomar unas cañas con todos los que acuden. Internet y las redes sociales son así, el autor debe estar allí para atender a sus seguidores, pero no puede dejarse arrastrar por ellos.

En este sentido son geniales los encuentros virtuales que pronto se pondrán en marcha, mucho más dinámicos que los actuales chats. Por ejemplo: un hangout de G+ de vez en cuando con charlas y preguntas conseguirá que la relación entre autores y lectores dé un paso hacia delante sin que se pierda la privacidad que todos nos merecemos.

Consejos para escribir de grandes autores (III)

AutorGabriella Campbell el 22 de marzo de 2013 en Divulgación

Laura Gallego

En esta tercera y última entrega de nuestra serie de consejos de los famosos, los grandes, los escritores de éxito y los de inmenso talento (aunque estas dos cosas no tengan siempre que ir de la mano), seguimos investigando qué tienen que decir sobre el acto de escribir aquellos que más experiencia tienen en el asunto.

¿Y qué tiene que decir John Grisham, por ejemplo? A Grishman lo conoceréis por obras de suspense y acción como La tapadera, además de por su nutrida cuenta bancaria. Este abogado tenía muy claro que no podía sobrevivir con la escritura, por lo menos no al principio, e insiste en la importancia de vivir y experimentar antes de publicar, para tener toda una serie de conocimientos y recuerdos con los que trabajar. Explica que al principio uno debe de tomárselo como una afición, eso sí, una afición a la que se le dedica un tiempo todos los días (Grisham recomienda una página al día para empezar). Aunque tengas un trabajo a tiempo completo, debes encontrar tiempo para escribir, conseguir que se convierta en un hábito.

Laura Gallego, a la que conoceréis por obras de fantasía juvenil como Memorias de Idhún, ha expresado en varias ocasiones la importancia de escribir a destajo, y de no rendirse. Antes de que le llegara la publicación de su primera obra, Laura ya había escrito unos catorce libros que no habían conseguido despertar el interés de ningún editor (como veis, el mito del autor al que descubren y publican en cuanto escribe sus primeras 50000 palabras suele ser nada más que eso, un mito). A esta recomendación unimos aquella que ya mencionamos en la primera entrega de estos artículos, y en la que insistía tanto Stephen King: leer. El escritor no debe encontrar siempre tiempo solo para escribir, sino para leer mucho, muchísimo.

Uno de los libros más consultados sobre el arte de escribir es Pájaro a pájaro, de la novelista Anne Lamott. En él nos habla de la importancia de los primeros borradores, esos en los que lo importante es soltarlo todo, y sobre los que luego volveremos para editar, recortar, revisar mil veces:

Para mí, y para la mayoría de los escritores que conozco, el acto de escribir no es como si entraras en trance. De hecho, la única manera de conseguir escribir algo, en mi caso, es hacer un primer borrador realmente malo. Este primer borrador es el borrador del niño pequeño, donde dejas que todo salga y que salte por todas partes, ya que sabes que nadie lo va a ver y puedes darle forma luego. Dejas que esta parte infantil de ti mismo canalice cualquier voz o visión que surja y que aparezca luego en la página (…). Simplemente ponlo todo en el papel, porque puede haber algo genial en esas seis páginas locas que nunca habrías encontrado de forma racional, adulta. Puede que haya algo en la última línea del último párrafo que te encante, que sea tan hermoso o salvaje que haga que ahora sí sepas de qué quieres escribir, más o menos, o en qué dirección podrías ir… pero no había forma de llegar hasta ahí sin haber escrito esas primeras cinco páginas y media.

Por supuesto, hay mil consejos más, algunos mejores y otros peores, algunos útiles para algunos e inútiles para otros. ¿Cuáles son los que os funcionan a vosotros, los que os llaman la atención, o incluso los que os parecen que hacen más daño que provecho? Nos encantaría que lo compartierais con nosotros en los comentarios.

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Buda en el ático, de Julie Otsuka

AutorRaquel Vallés el 21 de marzo de 2013 en Reseñas

Buda en el ático

Con Buda en el ático de Julie Otsuka ganó el Premio PEN/Faulkner de 2012 y se reafirmó como una de las voces más interesantes de la literatura contemporánea estadounidense tras Cuando el emperador era dios, su primera novela, de la que se vendieron más de 250.000 ejemplares y que ha sido recientemente publicada por la editorial Duomo, al igual que el libro que hoy nos ocupa.

Otsuka nos cuenta la historia de las mujeres japonesas que llegaron a principios del siglo XX a San Francisco, a vivir una vida imaginada y mejor, al lado de maridos a los que no conocían y de los que tan solo sabían lo leído en las cartas y lo visto en las fotografías que les enseñaron las casamenteras, imágenes tan falseadas como la vida que les habían prometido. Eran mujeres, algunas casi niñas, de todo el país que esperaban un futuro lejos de la vida dura del campo o de la casa de geishas. Estados Unidos se presentaba como el marco perfecto para un futuro perfecto y ellas, ataviadas con sus mejores galas, con todos sus miedos y, desarraigadas en un país extraño, sin más apoyo que la ilusión y la esperanza en un buen matrimonio, llegaron a su puerto de destino para descubrir que el de la foto no era su esposo, que el de la buena posición económica no era su esposo, que el temporero que necesitaba una mujer que trabajara sin quejarse, ese sí, ese era su marido.

Las veremos trabajar en el campo, como criadas, como dependientas, como putas y amantes. Las veremos odiar a sus maridos, amarlos, soportarlos, abandonarlos, tener hijos, llorar a sus muertos. Integrarse en la sociedad, algunas, o quedarse en el barrio japonés, la mayoría. Estar orgullosas de sus hijos mientras estos se avergüenzan de ellas. Y la vida avanza, el tiempo pasa. Hasta que llega la guerra y ya no eres el temporero que recoge fruta, o el de la tintorería, sino que eres un posible enemigo. Y los políticos han de tomar medidas: puedes ser un quintacolumnista. Y tus vecinos demostrarán, de nuevo, lo fácil que es construir al otro con lo difícil que es construirse a sí mismo. Y lo fácil que es mirar y no ver, no querer ver, porque la voluntad humana, como dicen del agua, siempre va por el camino más sencillo.

La guerra del Pacífico, durante la Segunda Guerra Mundial, supuso el internamiento de más de 110.000 personas de origen japonés, muchas de ellas con nacionalidad estadounidense, en campos de concentración situados en el centro del país. Tuvieron pocos días para evacuar, abandonando negocios, trabajos, propiedades. Y estas mujeres volvieron a abandonarlo todo, con la misma incertidumbre que entonces, pero sin la esperanza de una vida mejor reluciendo en el horizonte.

La novela está construida como un relato coral, una elección que, con un lenguaje preciso y precioso, permite construir una historia sensible sin sentimentalismos, una narración redonda de las que impactan, tanto por la historia en sí, como por la prosa.

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Consejos para escribir de grandes autores (II)

AutorGabriella Campbell el 20 de marzo de 2013 en Divulgación

Mark Twain

En la primera parte de este artículo os hablamos de algunos de los consejos más interesantes que ofrecieron Ernest Hemingway y F. Scott Fitzgerald a aquellos que quieren aprender a escribir (o mejorar su habilidad, o simplemente, como lectores, entender un poco mejor el funcionamiento del texto y de su proceso creativo). Ahora nos centraremos en otros escritores, que también tienen bastante que aportar al respecto.

Anton Chéjov, uno de los autores de relato más importantes de la historia de la literatura, nos habló de la importancia de mostrar los detalles de forma indirecta, evitando los clichés y las obviedades: “No me digas que brilla la luna; enséñame un reflejo de luz en un cristal roto”.

Uno de los consejos más divertidos viene de la mano de Mark Twain: Cada vez que quieras usar la palabra muy, escribe condenadamente; tu editor lo eliminará y lo escrito estará justo como tiene que estar. La palabra a la que se refería Twain era damn, que en el inglés de su época era bastante más fuerte que condenadamente (aunque esta es su traducción literal), así que podéis usar en su lugar vuestro taco favorito. Es un consejo que podría aplicarse a cualquier modificador o término del que solamos abusar y que sea innecesario: desde adverbios terminados en -mente a la terminación -ísimo o a adjetivos que no aportan nada al sustantivo. La precisión y el conocimiento de la gramática son siempre nuestros aliados.

¿Y qué dice John Steinbeck de esto de escribir? El autor de Las uvas de la ira da seis consejos fundamentales, que recogió en una entrevista el Paris Review. Primero, abandona la idea de que algún día vas a terminar lo que estás escribiendo. De esta manera no te agobias, te concentras en lo que estás trabajando y el final llegará como una sorpresa agradable (más de un escritor, preocupado más por encajar su obra en un número de páginas aceptable para la editorial que en darle forma a la historia, podría hacer caso aquí a Steinbeck. Segundo, escribe con la mayor fluidez y velocidad que puedas, escúpelo todo en el papel; no corrijas ni reescribas hasta que termines (muchas veces la reescritura no es más que una excusa para no avanzar cuando uno está atascado o lo asaltan las dudas y la inseguridad; además puede influir en el ritmo natural de la escritura). Tercero, olvida a tu público. Escribe para una sola persona, no para una masa desconocida a la que no puedes complacer por completo. Cuarto, si una escena o sección se te resiste, pero crees que es necesaria, déjala aparcada y continúa por otro lado. Cuando termines podrás regresar a ella, tal vez descubras que la razón por la que te daba problemas era porque realmente sobraba o no encajaba ahí. Quinto, cuidado con una escena que te gusta demasiado, más que las demás (y aquí podríamos decir que cuidado también con los personajes que gustan demasiado, más que los demás, el peligro de la mary sue acecha siempre). Es frecuente que destaque demasiado y que no termine de conjugar con el resto, y que ese favoritismo le reste verosimilitud. Y por último, el sexto consejo: si escribes un diálogo, léelo en voz alta mientras lo escribes. Así, la conversación parecerá más realista, se acercará más a la palabra hablada.

En la tercera y última entrega de esta serie de artículos, veremos de qué forma otros grandes autores pueden seguir inspirando con su experiencia y maestría a todos los que escriben.

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Hunter S. Thompson y el periodismo gonzo

AutorAlfredo Álamo el 19 de marzo de 2013 en Divulgación

Hunter S. Thompson - Gonzo

Hace poco que la figura de Hunter S. Thompson ha cobrado fuerza de nuevo. La reedición de alguno de sus libros más conocidos ha despertado el interés general por uno de los tipos más controvertidos del periodismo y la contracultura estadounidense del siglo XX.

Thompson pasó por el ejército, donde pese a ser alabado por su inteligencia no hizo buena carrera debido a sus pocas ganas de seguir órdenes. Allí dio sus primeros pasos como periodista y tras abandonar la armada se dedicó a estudiar escritura creativa mientras trabajaba como articulista freelance, en una carrera irregular que le llevó a viajar por todo el país. Sin duda, sus mejores artículos se publicaron en la Rolling Stone, analizando a su manera la política nacional.

Pero por lo que es más conocido Thompson es precisamente por su estilo a la hora de escribir, y vivir, sus artículos. El periodismo tiene un antes y un después en la obra de este peculiar escritor; si Truman Capote en A sangre fría noveliza el frío periodismo de la época, Tompson decide formar parte de la noticia y escribir periodismo como si se tratara de una novela. A lo largo de su carrera, Thompson se la jugó en varias ocasiones, como cuando se infiltró en la banda de los Ángeles del Infierno, que en la época eran de los más importantes traficantes de drogas, armas y blancas. No siempre se trataba de «infiltrarse», su seguimiento de la campaña presidencial de 1972 dio como resultado Miedo y asco en Las Vegas -obra que luego sería llevada al cine- o El Derby de Kentucky es decadente y depravado.

Esa manera de hacer propias las historias, de vivirlas en primera persona y luego volcar todo su propio pensamiento sobre el tema ha resultado de gran influencia en la obra de otros autores americanos de última generación, como Chuck Palahniuk o el malogrado David Foster Wallace.

Hunter S. Tompson se quitó la vida en 2005. La nota que dejó dice mucho de su personalidad y de cómo entendía la vida:

La temporada de fútbol se ha terminado. No más juegos. No más bombas. No más paseos. No más diversión. No más ir a nadar. 67. Eso son 17 más que 50. 17 más de los que necesitaba o quería. Aburrido. Estoy siempre cabreado. No es divertido -para nadie. 67. Te estás volviendo codicioso. Compórtate como deberías a tu (avanzada) edad. Relájate – Esto no dolerá.

Para profundizar más en la vida de Thompson aconsejo dos libros: El escritor gonzo, recientemente publicado por Anagrama, que comprende una selección de su enorme correspondencia, y también El último dinosaurio, a punto de salir en Gallo Nero, una recopilación de las entrevistas que concedió a lo largo de su vida.

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Consejos para escribir de grandes autores (I)

AutorGabriella Campbell el 18 de marzo de 2013 en Divulgación

Hemingway

Es frecuente encontrar en Internet listas de consejos de autores famosos para aquellos que buscan mejorar en el arte de la escritura. Estas pequeñas joyas de sabiduría, algunas muy ocurrentes y otras más obvias y manidas, nos dicen mucho además del escritor de quien surjan. Pero esta vez hemos decidido ofreceros una lista de lo mejor de estas listas; es decir: una lista de grandes consejos de grandes autores. Esta lista no es solo para aquellos que escriben, sino que también son interesantes desde el punto de vista del lector; nos ayudan a entender mejor el proceso de creación de un texto y, por ende, el mismísimo texto.

1. Empezamos por Ernest Hemingway. Hemingway no escribió ningún tratado ni ensayo concreto sobre el arte de escribir, pero sí que opinó bastante al respecto en cartas, artículos y algún que otro pasaje en sus libros. Aconsejó mucho; pero sus apuntes más prácticos son, tal vez, los que se refieren a la brevedad (indispensable, según él) y qué hacer en los ratos en los que no estás sentado escribiendo: Lo mejor es parar de escribir cuando vayas bien, cuando sabes qué va a ocurrir a continuación. Si haces eso todos los días mientras escribes una novela, nunca te atascarás. Esta es la cosa más valiosa que puedo decirte, así que procura recordarla. Del mismo modo, decía que el escritor no debía pensar en su texto cuando no estaba escribiendo, de esta manera tu subconsciente trabajará en ella (la historia) todo el tiempo. Pero si piensas en ella o te preocupas por ella, la matarás, y tu cerebro se cansará incluso antes de que empieces a escribir.

2. Seguimos con F. Scott Fitzgerald. El autor de El gran Gatsby tenía mucho que decir acerca del oficio de las palabras, e insistía en la importancia de los verbos frente a los adjetivos. Decía en una carta que escribió a su hija en 1938 que toda la prosa de calidad se basa en los verbos, que cargan con el peso de las frases. Los verbos hacen que las frases se muevan. En un artículo de 1933 que publicó en el Saturday Evening Post, insistió en la importancia de ser objetivo con el texto de uno, de no apegarse demasiado a este y de recortar y eliminar sin misericordia. Para él era fundamental deshacerse de todo lo que no funcionara, aseguraba que aquí era donde realmente se veía si un escritor era profesional o no: Surgen ocasiones a menudo en las que dicha decisión es aún más difícil. Por ejemplo, en la última parte de una novela, donde nos resulta impensable eliminar toda la obra, pero donde debemos sacar a rastras, por los talones, gritando, a un personaje favorito, que en el proceso se lleva media docena de buenas escenas con él. Otro de sus consejos más conocidos es el siguiente: Deshazte de todos los signos de exclamación. Los signos de exclamación son como reírte de tu propio chiste.

En la siguiente entrega de esta lista, os ofreceremos más palabras sabias sobre el arte de la escritura de mano de aquellos que sabían lo que se hacían. Con todo, cuanto más investiga uno y más consejos busca, encuentra algo que se repite, una y otra vez, como un mantra: Escribe. Lee. Escribe. Lee. Escribe. Y entonces escribe un poco más. No hay nada más importante para aquel que quiere aprender de los grandes.

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¿Qué fue de la fantasía de cachava y boina?

AutorJuan Manuel Santiago el 16 de marzo de 2013 en Divulgación

Cachava y boina

Hacia finales del siglo pasado, la irrupción de nuevas publicaciones especializadas en fantasía, ciencia ficción y terror produjo algunas obras que se cuentan entre las más originales del género jamás publicadas en español. Esta pequeña edad de oro se tradujo en el surgimiento de algunos autores hoy plenamente consolidados, pero también de otros que prometían mucho y cayeron en el olvido. A lo largo de la década de 1990 se constató la existencia de una tendencia «cañí», de carácter claramente localista, que bebía de fuentes como la serie de las Tierras Vagas, de Enrique Lázaro, Los cuentos del Sabio Loco de Majadahonda, de Ignacio Romeo, y novelitas ye-yé como Viaje a un planeta wu-wei, de Gabriel Bermúdez Castillo, en la que la capital del mundo era una Toledo de apenas ochenta habitantes, y en la que se editaba un periódico llamado El Clarinazo Matinal y el Avisador Irregular de la Gran Región Europea. Todo este sustrato estalló en forma de nova con la publicación de un relato singular de César Mallorquí, El mensaje perdido. A orajabiá suncai e Gedeón Montoya, en el que un gitano del Sacromonte adquiría el don de la omnisciencia. Después de aquello se publicaron obras como Estado crepuscular, una de las primeras incursiones narrativas del hoy muy famoso Javier Negrete, que también jugaba con las connotaciones fantásticas más cañís de la España profunda.

Por fuerza, todo este caldo de cultivo tuvo que traducirse en un movimiento que, de manera harto irónica, se dio en llamar de cachava y boina, por contraposición a la fantasía de espada y brujería (o a las películas de katana y gabardina). Fruto de estas inquietudes fue una antología absolutamente inencontrable hoy en día y que, pese a ser bastante irregular y haber quedado superada por el tiempo, conserva no obstante cierto valor histórico y literario, más allá del de mera curiosidad: Cuentos españoles de la España profunda, editada por José Miguel Pallarés. En ella se citaban los autores más destacados de aquel subgénero, desde José María Faraldo hasta Eugenio Sánchez, pasando por Ramón Muñoz, Elia Barceló, Javier Cuevas y Daniel Mares. Después de aquella antología parecía como si el subgénero fuera a hacer fortuna y consolidarse, pero nada más lejos de la realidad: apenas si consiguió despegar, y las publicaciones de género fantástico con componente castizo quedaron muy atenuadas, tal vez por la globalización del cambio de milenio y las posibilidades comerciales, hasta entonces inéditas, que empezaron a acompañar al género. Así pues, novelas como El enfrentamiento, de Elia Barceló, se quedaron en hitos excepcionales, y la corriente de la cachava y boina fue diluyéndose, cultivada, si acaso, por algún autor (casi siempre aragonés) como Óscar Bribián, Roberto Malo o Carlos Martínez Córdoba, pero en todo caso nada que justificase una segunda parte de la antología fundacional. El peso del género basculó hacia el terror y la ciencia ficción distópica, y de este modo las apariciones de la España rural en el género fantástico pasaron a convertirse en algo meramente decorativo, en vez de plantearse como parte de la premisa argumental. Las únicas excepciones de fuste ya no eran novelas de cachava y boina, sino obras de género fantástico en las que la España profunda formaba parte de la razón de ser de la novela, pero sin elementos exóticos o chuscos. ¿Ejemplos? Fin, de David Monteagudo, o Cenital, de Emilio Bueso. Resultaban impensables si no se ambientaban en la España profunda, pero estaba claro que no eran fantasía centrada en elementos tradicionales o cañís.

Y así fue como murió, sin haber llegado a nacer del todo, lo que podría haber sido un subgénero propio y distintivo, a la manera de las piernas amputadas que se entierran en Las sombras peregrinas, de Ramón Muñoz. Y así fue, también, como la única referencia válida de la cachava y boina española, después de tantos años, es una película inmortal y atemporal: Amanece, que no es poco, de José Luis Cuerda.

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Simon Armitage, el regreso del trovador

AutorGabriella Campbell el 15 de marzo de 2013 en Divulgación

Simon Armitage

Hoy en día, el trabajo del escritor está integrado, como cualquier otra labor, en el sistema económico; por lo menos en el mundo occidental. El escritor ofrece un producto, el texto artístico, y recibe una remuneración por su trabajo (o por lo menos, así sería en una situación ideal, en la que el producto tiene una demanda suficiente como para generar beneficios). Si el texto no es de interés para el público y sus intermediarios (las editoriales, distribuidoras y puntos de venta), el escritor no recibe remuneración alguna, como en el caso de cualquier otra venta, de cualquier otro servicio que tenga que competir en un entorno capitalista.

¿Qué ocurre cuando el escritor sale del sistema, cuando el producto ya no es una mercancía pura y dura, un elemento de ocio por el que, con suerte, recibe dinero? ¿Qué ocurre cuando el escritor, el artista, el poeta, ofrece su trabajo a cambio de cosas que no son dinero? ¿Qué ocurre cuando recurre a otros sistemas, como el modelo tradicional de trueque?

Algo así es lo que se ha planteado Simon Armitage, un poeta y novelista británico que no se limita a cosechar reconocimiento con su obra (ha sido finalista y ganador de algunos de los premios de poesía más prestigiosos del país que lo vio nacer), sino que de vez en cuando se mete en proyectos más que curiosos. Así, en 2010 recorrió a pie lo que se conoce como el Pennine Way, un caminito de 430 km que comienza en el centro rural de Inglaterra y que llega hasta la frontera con Escocia; y partió sin un mísero penique en el bolsillo. ¿Cómo lo hizo? A la antigua usanza, intercambiando poesía por comida, alojamiento y, sí, en ocasiones dinero.

El viaje de Armitage en el 2010 no fue fácil, como podréis imaginar. Anunció su recorrido en su página web, y solicitó en esta alojamiento, comida y compañía para el camino; hubo días en los que viajaba acompañado por otros poetas y amantes del senderismo. Otros iba solo; se perdió a menudo. Tras cada lectura, pasaba un calcetín a la espera de amables donaciones y este se llenaba no solo de monedas, sino de tiritas para sus ampollas, sobrecitos de salsa, galletas, naipes y todo tipo de obsequios bizarros. Narró todos los detalles de su viaje en el popular libro Walking Home.

Y este año lo hará de nuevo, si bien esta vez visitará la costa inglesa, desde un pueblecillo de Somerset hasta uno de Cornwall, sin dinero, solo con su poesía. Recitará, como ya hizo en el 2010, en tabernas, en colegios y hasta en casas particulares. Uno podría argumentar, claro, que Armitage es conocido en su país y que es un artista de éxito. Pero es poco probable que los que comparten cervezas con él en algún pub perdido en mitad de la nada hayan oído hablar de sus libros de poesía, de sus documentales en la BBC o incluso de su título de comendador de la Orden del Imperio Británico. No es el primer poeta que atraviesa los campos a pie, de hecho se decía del poeta Wordsworth que gustaba tanto de andar e inspirarse en el medio rural que había andado casi 300000 km en total, a lo largo de toda su vida. Ahí es nada.

Las mejores aplicaciones móviles para escritores

AutorAlfredo Álamo el 14 de marzo de 2013 en Divulgación

Evernote para escritores

Si te gusta escribir y te pasas el día arriba y abajo y no quieres, o puedes, llevar el ordenador a cuestas, está claro que necesitas una buena selección de aplicaciones para tu teléfono o tablet. En Lecturalia hemos seleccionado unas cuantas que nos parecen interesantes para los sistemas más comunes, como son Android e iOS. En cualquier caso, antes de continuar, recomendamos a todo escritor llevar encima libreta y bolígrafo. Todavía no se ha inventado aplicación en movilidad más fiable y versátil que esa.

La primera aplicación que recomendamos es una de las más importantes: Evernote. Un gestor de notas (y libretas) en el que cabe de todo. Podemos escribir, tomar fotos, tomar notas de voz (que luego pasa a texto), subir documentos… una maravilla para organizar la documentación de una novela o capturar ideas rápidas. Uno de sus mejores puntos es que sincroniza la información entre nuestros dispositivos, móvil, tablet y ordenador. Es gratis y está para Android e iOS.

La segunda app puede salvarte el trabajo de varios días. Dropbox es un sistema de almacenamiento en la nube que te permitirá grabar tu documento en el ordenador y revisarlo posteriormente en movilidad (y viceversa). Los cambios se sincronizan y es sencillo de usar. Está para todas las plataformas y su plan básico es gratuito. Del mismo estilo puedes encontrar BOX o Google Drive, que además se complementa con la aplicación de Google en la nube para editar documentos, Google Docs.

Instapaper te permite trabajar y navegar almacenando esas páginas llenas de información que tanto te interesan para leerlas más adelante. Está preparado para que no te pierdas nada y la información se clasifica con facilidad, sincronizando ordenador, teléfono, tablet y hasta lector de ebooks. De pago, pero existen alternativas, aunque quizá no tan completas.

Otras aplicaciones ideales para un escritor serían las que entran dentro de la categoría de «mapas mentales», o en lenguaje más prosaico, las que te permiten hacer unos esquemas bien estructurados. Yo destacaría, por ejemplo, Mindjet, que permite crear árboles de conceptos enriquecidos con fotos, enlaces y etiquetas. Disponible para varias plataformas y con versión tanto gratuita como de pago. En cualquier caso, hay muchas aplicaciones parecidas y lo mejor es probar unas cuantas hasta encontrar la que mejor se adapta a nuestra rutina.

Si sólo queremos una aplicación para escribir, podemos recurrir a Writer, para Android, un ejemplo de herramienta creada para un único propósito: la escritura. Ligera y rápida, no tiene muchas opciones, pero lo que hace, lo hace bien. En realidad, cualquier programa de notas avanzado nos serviría y, para los que usan tablets, no estaría de más que pegaran un vistazo a alguna de las numerosas suites ofimáticas que hay disponibles en los markets de cada sistema, pese a que ninguna llega realmente a la potencia de un buen sistema para ordenador.

My writing spot es uno de los pocos programas pensados para el trabajo del escritor. Te permite escribir, tiene contador de palabras y algunas funciones de formato. Lo interesante: pues su integración con el correo, contraseña en documentos y sincronización en la nube. Además, el sistema de notas está muy bien organizado para seguir una secuencia de capítulos. La contra, que no es gratuito y no está traducido al castellano, con lo que sus opciones de diccionario y tesauro no nos serán de mucha utilidad a menos que escribamos en inglés.

Por último, recomendaros llevar instalada siempre una aplicación de OCR, es decir, de reconocimiento de texto. Después de escribir en cualquier papel que tengáis a mano, nunca está de más sacar el móvil, hacer una foto al texto y que lo pase directamente a un formato electrónico con el que poder trabajar. Yo recomiendo alguno como el Mobile OCR, pero eso sí, letra mayúscula y clara. También sirve para copiar textos que encontremos en folletos, enciclopedias, flyers o demás papeles que, por algún motivo, no podamos llevar con nosotros.

¿Y vosotros? ¿Qué aplicaciones consideráis imprescindibles a la hora de ayudaros en la tarea de escribir? Os esperamos, como siempre, en los comentarios.