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Alfredo Álamo (Página 170)

¿Qué es Pottermore?

AutorAlfredo Álamo el 21 de junio de 2011 en Divulgación

Pottermore

Pottermore es una página web creada por J.K. Rowling que alberga un secreto todavía no desvelado, un proyecto que está generando una gran expectación entre los aficionados a la serie de libros protagonizados por el joven mago Harry Potter.

Con la última parte de las películas a punto de estrenarse, Las reliquias de la muerte II llegará a las pantallas el día 15 de julio, Rowling ha preparado una sorpresa que está generando numerosas especulaciones. Muchas de ellas apuntan a un sitio definitivo para los seguidores de Harry Potter donde poder hacerse con cualquier producto relacionado con los libros y las películas, además de relacionarse con otros adictos a las aventuras de Potter y sus amigos.

Por otra parte, también se rumorea la posibilidad de que Pottermore sea una especie de espacio virtual ambientado en el universo creado por J. K. Rowling y en el que los más aficionados puedan participar explorando y disfrutando de nuevas aventuras.

Diez coordenadas fueron diseminadas entre las webs más conocidas entre los fans, revelando cada letra que componía la palabra P-O-T-T-E-R-M-O-R-E creando una gran expectación. Sea lo que sea, la campaña de promoción es más que interesante, Pottermore tiene una cuenta atrás en YouTube en la que ya nos dicen que los búhos están preparados para viajar con cartas suficientes para todos. También existe una cuenta de Twitter en la que van informando con cuentagotas de las novedades relacionadas.

Por el momento habrá que esperar al 23 de junio para conocer de primera mano qué es Pottermore, pero, según la gente de The Leaky Cauldron -unos auténticos pottermaníacos que ya han podido echarle un vistazo- nos va a dejar prácticamente sin aliento.

Vía: The Leaky Cauldron

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Corazón salvaje, de Barry Gifford

AutorAlfredo Álamo el 20 de junio de 2011 en Reseñas

Corazón Salvaje

La primera vez que me acerqué a esta historia fue a través del cine, recuerdo con simpatía la alucinógena versión que rodó David Lynch de esta historia en 1990 con Nicholas Cage y Laura Dern como protagonistas. Lo cierto es que la historia rodada por Lynch tenía momentos más cercanos a El mago de Oz que a la novela de Gifford, pero, desde luego, nada que ver con la orgía de sangre que trajo Oliver Stone cuatro años después con Asesinos Natos y que levantó una polémica que todavía colea en los Estados Unidos. También me gustó, por cierto.

Con estos dos claros referentes cinematográficos en la cabeza afronté la lectura de Corazón salvaje con unas expectativas cercanas a un libro surreal y ultraviolento, dos condiciones que están muy alejadas de la realidad de la obra de Gifford. La verdad es que creo que ese aura alrededor del libro no hace justicia al trabajo del escritor que plasma en las aventuras de Sailor y Luna una historia mucho más realista de lo que esperaba y que pese a su brevedad me ha dejado un buen sabor de boca.

Corazón salvaje nos cuenta la historia de Sailor y Lula, una pareja funcionalmente disfuncional en la que él es un exconvicto romántico y ella una soñadora de cortos vuelos para los que su relación, no sólo el sexo -que practican a todas horas, eso sí-, es lo único que tienen para llenar una vida mediocre y sin esperanzas más allá de escapar y viajar, recorrer toda la distancia posible entre su pasado y un imaginario nuevo comienzo.

El libro está contado a partir de pequeños relatos entrelazados, tanto del viaje de Sailor y Lula como de su madre y el detective que ha contratado para que los encuentre. A destacar también los relatos del propio investigador -que quiere ser escritor- intercalados en la narración como capítulos.

La sensación final que deja Corazón Salvaje es la de no haber explorado por completo el universo que plantea Gifford, pero ese no es un problema irresoluble ya que Sailor y Lula, y hasta Perdita Durango -que también tiene su adaptación al cine gracias a Álex de la Iglesia-, continuaron sus aventuras en posteriores libros del autor.

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Gris de campaña, de Philip Kerr

AutorAlfredo Álamo el 16 de junio de 2011 en Reseñas

Gris de campaña

Philip Kerr retoma el personaje que le ha encumbrado, el detective Bernie Gunther, para llevarnos a ese juego de espejos que se dio tras la Segunda Guerra Mundial, en el que los servicios secretos occidentales y soviéticos luchaban en las sombras de un Berlín en plena reconstrucción.

Bernie Gunther no podía quedarse quieto en Cuba, sentado tranquilamente en una terraza bebiendo mojitos, no: tenía que meterse en líos, problemas que su turbia relación con autoridades y mafia de la isla iban a convertirse en un asunto de vida o muerte. En Gris de Campaña, Kerr hace que Gunther caiga en manos del ejército americano y de ahí, debido a su pasado en las SS, directo a Alemania para evaluar su caso, ya que podría ser acusado de crímenes de guerra.

Kerr continúa en este libro las historia que dejó en Si los muertos no resucitan, obra que le hizo ganar el Premio RBA de Novela Negra. Siguiendo con el mismo estilo, el autor nos relata dos tiempos diferentes, el presente de Gunther, encerrado e interrogado por americanos y franceses a la busca y captura de un jefe de inteligencia de la RDA, y la época que hasta ahora se había mencionado sólo de pasada: la militancia en las SS del detective y su participación en la guerra. También nos cuenta en detalle algo que sólo se había mencionado, su estancia como prisionero en un campo de prisioneros soviético y su posterior fuga.

Gris de campaña sigue la misma línea de calidad que las anteriores obras de Kerr, con una gran labor de documentación y un dominio perfecto del personaje. Gunther es como de la familia si has llegado a este libro y la verdad es que Kerr explica claves necesarias que hacen cobrar sentido a acciones y actitudes del detective berlinés en libros pasados. Desde luego, es más que recomendable a todos los seguidores de Berlín Noir, sobre todo a los más aficionados al aspecto «espía» que al «detectivesco», aunque, como siempre, encontraremos un poco de todo.

El libro no cierra las aventuras de Gunther, de nuevo en marcha tras una historia que lo lleva al límite de su resistencia. Kerr parece no querer jubilar a su personaje favorito aunque es probable que en el próximo libro se adentre peligrosamente en la sesentena. Tendremos que comprobar si el detective más mordaz de Alemania se acerca a la jubilación o tiene cuerda para rato.

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Las alas de la esfinge, de Andrea Camilleri

AutorAlfredo Álamo el 15 de junio de 2011 en Reseñas

Las alas de la esfinge

¿Dottore Montalbano?
¿Sí?
Acabo de leer la última novela en la que sale.
Ya. No está mal. Aunque Camilleri parece empeñado en llevarme por el camino de la amargura.
No se queje, dottore, que la situación con Livia es dura, pero menos que en Ardores de Agosto. Usted ya me entiende.
No, no le entiendo. Y si no quiere usted acabar en el calabozo haría bien en no mencionar lo que pasó en ese libro.
De acuerdo. En Las alas de la esfinge se ha enfrentado, de nuevo, a un asesinato.
Sí. Un chica guapa, joven. Una lástima. Además, con todo ese circo que se monta en Sicilia en cuanto preguntas a un cura, casi no puedo ni resolver el caso.
Se refiere usted a la Fundación Buena Voluntad.
Exacto, pero permítame que no hable mucho de ellos por no adelantar la historia.
Comprendo.
Camilleri ha tenido la decencia de darme un par de recetas nuevas y no fastidiarme demasiado con el calor. En eso hemos salido ganando, la verdad. Además, con la doble trama que me da con un secuestro por aquí, el asesinato por allá, que no hay pescado en la trattoria…
Y ya no está usted tan joven como antes.
Oiga, sin ofender. Que aunque me guste tomar un poquito de vino en las comidas, todavía puedo enseñarle un par de trucos a cualquiera que se crea demasiado listo.
Pero si puede evitarlo…
Mejor, claro. Tampoco hay que exagerar las cosas. Todo a su tiempo.
Pues nada, dottore, le dejo a la espera de nuevos casos.
Gracias. ¿Se queda a comer?

Bromas aparte, Las alas de la esfinge es el decimoquinto libro publicado con el Comisario Montalbano como protagonista. Camilleri sigue por un lado su vida personal, ajetreada como siempre, y sus andanzas culinarias, en las que sigue el ejemplo de su inspirador, Vázquez Montalbán.

En este libro de Camilleri se respira el mismo ambiente de los anteriores, la ausencia de un malvado enemigo, una amenaza para el protagonista, como parece ser la nota imperante en la mayoría de novelas negras y criminales que están apareciendo. Montalbano sólo corre el peligro de atragantarse con el hueso de una aceituna negra, pero no le hace falta más. Camilleri crea una historia corta, la viste de Sicilia y nos deja husmear un rato, justo el que quiere. Sin embargo… queda una sensación de rutina, de calma antes de la tempestad. ¿Me espera una gran historia de Montalbano en la pila de lectura? Espero que sí, Camilleri tiene material de sobra para conseguirlo.

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El libro de las ilusiones, de Paul Auster

AutorAlfredo Álamo el 13 de junio de 2011 en Reseñas

El libro de las ilusiones

En 2002 apareció El libro de las ilusiones, la décima novela del autor americano Paul Auster, en la que nos acerca a la ficticia y extraordinaria vida del actor de cine mudo Héctor Mann, a través de los ojos del profesor de universidad David Zimmer.

Auster deja que sea Zimmer el que lleve la voz narradora en el libro. Profesor de universidad, sufre la muerte de su mujer y su hija de una manera devastadora que le lleva a la autodestrucción. Borracho y ya sin amigos encuentra una risa oculta en su interior gracias a una vieja película de Héctor Mann, un cómico olvidado de la época muda que desapareció sin dejar rastro a finales de los años 20. Aferrado a esa sensación de nueva vida, Zimmer dedica un año entero a buscar las copias de sus películas, repartidas en varias filmotecas de Estados Unidos y Europa, para escribir un análisis pormenorizado de las cintas.

Zimmer usa el libro como una catarsis que le aleja del valle más profundo de su dolor y pronto recibe una oferta para traducir las Memorias de ultratumba, o Memorias de un muerto, de Chateubriand. Enfrascado en ese nuevo trabajo recibe una inquietante misiva: Héctor Mann está vivo, ha leído su libro y quiere conocerle en persona.

Tengo que reconocer que tengo debilidad por las obras literarias que exploran aspectos de la creación y el arte, y en El libro de las ilusiones hay mucho de las dos cosas. La responsabilidad del autor frente a su obra, la obra misma frente al mundo e incluso la desaparición de dicha obra son temas fundamentales que Auster retuerce con maestría.

La novela se divide entre la creación del libro de Zimmer, la historia de Mann a través de los años de la Gran Depresión y, finalmente, la resolución de ese posible encuentro entre los personajes. Da la impresión de que las dos primeras partes están mejor resueltas que el final, un doble final, ya que Zimmer se extiende más allá del final de la historia con Mann, y que Auster disfruta más contando las increíbles historias del joven Mann que con el sufrimiento y curación de Zimmer.

A Auster se le exige mucho, tanto que a una novela casi redonda como El libro de las ilusiones podamos sacarle punta por ese final un tanto arrastrado en el tiempo que se permite. Sin embargo, aunque anticlimático, yo creo que es necesario, estamos hablando de la historia de una caída a los infiernos y una curación, la historia de Mann es el cuento dentro del cuento que Auster prepara y con esa estructura es muy difícil salir sin sufrir algún efecto colateral.

En mi opinión, El libro de las ilusiones no es de los mejores libros de Auster pero contiene suficiente reflexión, arte y maravilla como para que perdure en nuestra memoria y nos haga soñar con imágenes en blanco y negro que nunca existieron en realidad.

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Dame un euro y toma mi historia

AutorAlfredo Álamo el 9 de junio de 2011 en Opinión

Euro cuento

Es cierto que pese a que en el mercado americano Amazon ya haya confirmado que vende más libros en formato electrónico que impresos, en el español todavía queda mucho que hacer debido principalmente a situaciones clave como el precio de los dispositivos de lectura o el de los libros electrónicos.

Mientras las empresas de tecnología estén contentas con sus beneficios, los primeros no bajarán. Aquí todavía no ha llegado Amazon para reventar los precios con su política de venta de contenidos. En cuanto a los segundos, los libros, dependen de una voluntad editorial que se debate entre la depreciación del valor del libro y el miedo a la piratería.

De hecho, autores que se autoeditan con éxito como Amanda Hocking, acaban siendo fichadas por editoriales como MacMillan… que lleva una política de precios completamente diferente a la que hizo que la joven americana vendiera libros como rosquillas. Y es que, ¿hasta que punto se valora un contenido digital? ¿se aprecia ese valor añadido que pueden ofrecer las editoriales, como la corrección, el diseño o la garantía de calidad?

No olvidemos que el precio de la mayoría de aplicaciones, tonos musicales o canciones acaba rondando el euro o el euro con algo; tienes que ofrecer un producto muy diferente, y bueno, para convencer a alguien para que pague cinco o seis euros. En un libro, además, añade la incertidumbre de no saber si te va a gustar o no… ahora, si sólo es un eurillo…

Aquí, claro, los escritores tienen que decir algo. Crear no es algo sencillo y menos escribir una novela, al menos tal y como muchas editoriales de hoy en día entienden como novela, es decir, vendiéndola más al peso que por su calidad. Ese peso no existe en el mundo digital, una canción de seis minutos va a costar igual que una de cuatro. El ebook de una novela corta va a costar ese «precio mínimo» igual que el de una de seiscientas páginas.

Durante décadas, la industria editorial ha impuesto sus preferencias a los escritores por cuestiones de tipos de papel, modo de encuadernación o tiradas, además de por sus análisis de mercado y previsiones. La edición digital rompe limitaciones de formato y precio y quizás sea el momento de aprovecharlo. De cómo puede cambiar la profesión de editor, hablaremos próximamente.

Leonard Cohen, Premio Príncipe de Asturias de las Letras

AutorAlfredo Álamo el 2 de junio de 2011 en Noticias

Leonard Cohen

Leonard Cohen parecía el invitado de piedra junto a los otros dos finalistas del Príncipe de Asturias de las Letras, Alice Munro e Ian McEwan. Todos hemos escuchado en otras ocasiones cómo cantantes y poetas, el nombre de Dylan me viene a la mente, aparecen siempre como eternos finalistas sin llegar a alcanzar los premios más conocidos.

En esta ocasión, sin embargo, ha sido Cohen quien se ha llevado el gato al agua, logrando uno de los premios más prestigiosos de los que se otorgan en España y que el año pasado se llevó un peso pesado de la narrativa y el ensayo como es Amin Maalouf. La verdad es que a veces puede dar la impresión de que los Premios Príncipe de Asturias se otorgan más buscando aumentar la notoriedad del propio galardón que la excelencia del premiado. ¿Es esta una de esas ocasiones?

Pero descubrir a Leonard Cohen como algo más que el autor de algunas de las canciones más conocidas del siglo XX sería como sorprenderse de que el agua moja. El mundo literario del cantante canadiense va mucho más allá que las letras de Suzanne, First we take Manhattan o Hallelujah, ya que su primer libro de poemas, Comparemos mitologías (1956) y su primera novela El juego favorito (1963), son anteriores a su primer disco de estudio, Songs of Leonard Cohen (1968).

Es cierto que a medida que el Cohen cantante crecía, la obra literaria del Cohen escritor se espaciaba más en el tiempo, pero manteniendo siempre una notable producción hasta mediados de los años 90, coincidiendo con una temporada en la que Cohen parecía haberse alejado poco a poco del mundanal ruido.

La vuelta de Cohen al mundo de la música y las giras interminables vino determinada por una estafa que sufrió en la gestión de sus cuentas en la que perdió más de cinco millones de dólares y lo dejó prácticamente en bancarrota en el año 2003. Desde entonces Cohen ha vuelto a la carretera como un viejo rockero al que los 50.000 euros del premio le van a venir de lujo.

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Tuiteando en Bloomsday

AutorAlfredo Álamo el 30 de mayo de 2011 en Noticias

Bloomday

El Bloomsday es una de las tradiciones más curiosas de la literatura contemporánea, en la que cada año y durante el 16 de junio cientos de seguidores de la obra Ulises, de James Joyce, recrean ese día en la vida de su protagonista, Leopold Bloom.

Además de esa recreación se juntan por todo el mundo grupos de aficionados a la literatura para discutir y conversar sobre la obra de Joyce, una de las más importantes del corpus anglosajón. Muchos de ellos acuden disfrazados con ropas de época, pero no es obligatorio. Hay que aclarar que el Bloomsday no tiene que ver con la reunión anual para descifrar otra de las obras de Joyce, el Finnegans Wake, que también congrega a numerosos seguidores.

Pues bien, dentro de los proyectos que nacen cada año en el Bloomsday tenemos uno que nos ha llamado la atención. Pretenden tuitear el Ulises, dentro de un orden, claro. La idea no es repetir el texto sino interpretarlo y lanzar a través de la red social de 140 caracteres miles de mensajes con el espíritu de esas 24 horas en Dublín.

Como nota curiosa, hay que comentar que Stephen Joyce, actual heredero de los derechos de autor de la obra, es un litigante de primer orden y ya ha tratado en otras ocasiones de incluso suspender lecturas en público del Ulises durante el Bloomsday amenazando con acciones legales. Lo mejor será que nadie le haga un RT por si acaso tiene un mal día.

Los organizadores han habilitado la cuenta @BloomsdayDublin para que sea el punto de inicio de los tweets, que aparecerán cada cuarto de hora comenzando a las 8 de la mañana (hora de Dublín, por supuesto) del 16 de Junio y que terminarán justo 24 horas más tarde. Cualquiera puede condensar a su manera una parte del Ulises, aunque supongo que buscarán tuits en inglés.

De todas formas, una cita imprescindible para los aficionados a la obra del maestro irlandés y sus juegos de palabras que, estoy seguro, se habría divertido enormemente creando acertijos en esos escasos, y a la vez tan grandes,140 caracteres.

Más información: Ulysses meets Twitter

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Ian McEwan, Duque de Perros Negros

AutorAlfredo Álamo el 27 de mayo de 2011 en Noticias

Ian McEwan

La historia del Reino de Redonda es, como no podría ser de otra forma, novelesca. Creado por el escritor M. P. Shiel tras heredar la solitaria isla de Redonda, situada cerca de Antigua, el reino recibió el reconocimiento británico y desde entonces el título de monarca ha ido pasando de escritor en escritor, sobre todo por temas económicos. Hay una cierta polémica sobre a quién pertenece la isla en realidad, aunque parece claro que el verdadero rey literario de Redonda es el escritor español Javier Marías.

Marías recibió el título de manos de John Wynne-Tyson, quien lo había recibido de John Gawsworth, que, harto de los problemas que le daba el reino (reales o imaginarios) decidió abdicar en favor del español tras quedar impresionado por una de sus mejores obras, Todas las almas. Como curiosidad, decir que Gawsworth aparece en ese libro como personaje.

Pues bien, con el título de Rey de Redonda en las manos, Javier Marías decidió convertir la isla en un reino de la razón y las letras. Para ello desarrolló una política de nombramientos nobiliarios a grandes intelectuales, artistas y escritores de todo el mundo. Los títulos no tienen desperdicio tampoco, pudiéndonos encontrar a Pedro Almodóvar como Duque de Trémula, a J. M. Coetzee como Duque de Deshonra o a Arturo Pérez Reverte como el Duque de Corso y Real Maestro de Esgrima, todos en una larga lista de notables. Además, se creó una editorial del mismo nombre en la que se publican obras muy concretas y seleccionadas con mucho mimo.

Pues bien, el último nombre añadido a esta corte ha sido Ian McEwan, nuevo y flamante ganador del Premio Reino de Redonda y del título de Duque de Perros Negros, referencia directa a su novela de 1992, Los perros negros. McEwan es una figura notable de la literatura anglosajona, con galardones en su haber tan importantes como el Booker o el Somerset Maugham.

Vivo en una monarquía constitucional y siempre he pensado que nunca aceptaría un título, ya que me privaría del elemento de ligereza con el que me gustaría pasar por esta vida. Sin embargo, pasar a ser Duque del Reino de Redonda es algo a lo que no me puedo resistir. Deseo expresar mi más sentido agradecimiento a la fraternidad de Duques y Duquesas, tan distinguida, a la que me uno con asombro. A partir de ahora también se me podrá llamar Duke of Perros Negros. ¡Viva Redonda!…. Ian McEwan

Otro nombre más y otro duque más. Me pregunto a qué espera Marías para reunir a toda su corte en Redonda antes de que sean tantos que ni siquiera quepan en el kilómetro y medio escaso que tiene la isla.

Vía: El País

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Usos y costumbres del libro electrónico

AutorAlfredo Álamo el 26 de mayo de 2011 en Divulgación

Libros electrónicos metro

Usar un ebook o una tableta es algo que poco a poco va calando en nuestra sociedad tecnológica, independientemente del cariño que le tengamos a los libros en papel o a los ordenadores tradicionales.

Lo cierto es que la aparición de estos gadgets no sólo transforma a la industria que genera contenidos, su uso diario se va definiendo poco a poco y se hace hueco entre las costumbres que ya nos eran habituales. Para poner un poco de luz sobre todo este asunto no hay nada mejor que acudir a uno de los últimos estudios que la Agencia Nielsen ha realizado entre usuarios de lectores electrónicos y tabletas electrónicas.

De una muestra de 12.000 usuarios encontramos resultados tan curiosos como que casi un 70% usa sus tabletas mientras mira la televisión y que el 61% se lleva su lector de libros electrónicos a la cama. Si bien podríamos decir que el ereader sustituye al libro de papel en su papel tradicional de «vamos a leer un poco para pillar sueño», las nuevas tabletas se integran con el ocio multimedia y las redes sociales, supongo que para disfrute de los expertos en marketing digital. De hecho, también hay usuarios que leen con sus ereaders con la televisión puesta, pero dudo que hicieran algo diferente con el libro tradicional.

Más datos: tanto las tabletas como los ereaders y los smartphones son utilizados por sus usuarios cuando van al baño, en lugar de la tradicional revista. Eso explicaría la aparición de la revista El Jueves para teléfonos Android.

¿Dónde les gusta menos a los usuarios usar sus dispositivos? Esto ya cambia un poco más entre ellos, ya que a los usuarios de tabletas no les gusta llevarlo en el metro o el autobús, al contrario que los lectores de ebooks que prefieren dejárselo en casa cuando salen de compras o salen a hacer recados, aunque supongo que lo cogerán si esperan encontrarse con una buena espera.

¿Y vosotros? ¿Dónde usáis más vuestros gadgets? ¿En la cama, de viaje, en el baño? Os esperamos, como siempre, en los comentarios.