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La Confusión, de Neal Stephenson

AutorAlfredo Álamo el 1 de septiembre de 2009 en Reseñas

La confusión

Hablar de La Confusión resulta, como su nombre ya nos indica, algo confuso. Hay que dejar claro que bajo ese título se recoge el segundo volumen de El Ciclo Barroco, libro dividido en dos para su primera edición y en tres para su publicación en bolsillo. A su vez El Ciclo Barroco está compuesto de Azogue y de El sistema del mundo, a su vez divididos también en varias partes. También, todo hay que decirlo, todo el ciclo está relacionado también con El Criptonomicón, una obra anterior de Stephenson. La verdad es que el sistema de publicación ha quedado realmente barroco.

A lo que vamos. La Confusión es la continuación de Azogue, novelas situadas a caballo entre el siglo XVII y el XVIII, por lo tanto, a primera vista, de naturaleza histórica. Sin embargo, me resisto a calificar estos libros de esa manera. Es cierto que son novelas de época, de eso no hay duda, pero el componente principal, sobre todo en La Confusión, es el de aventuras. Pero no de aventuras como se trata el género hoy en día, un poco de acción, unos cátaros perdidos y un misterio de la iglesia, en realidad me refiero a las Aventuras con mayúsculas que tienen sus mejores referentes en Alejandro Dumas y Emilio Salgari.

En La Confusión viajamos de Londres a Versalles, de Irlanda a Argel, de Egipto a la India, de Japón a Nuevo México… idas y vueltas, robos, conjuras, asesinatos, transacciones bancarias de primer orden; nos encontramos con reyes, piratas, vagabundos, soldados y personajes que además son todo eso a la vez y mucho más. La Confusión es el punto medio de una historia compleja y que se extiende desde las revoluciones protestantes al fin de la alquimia, de los católicos conservadores del orden a los filósofos naturales, de Mediapicha Shaftow a Isaac Newton… desde luego no es un libro al que acudir sin haber leído antes Azogue, pero, en mi opinión, tiene mucho más ritmo que el anterior. Deja a un lado cuestiones matemáticas y de filosofía para centrarse más en nacimiento de la economía moderna, y, sobre todo, da prioridad a los viajes y aventuras de Jack Shaftoe y su camarilla.

Neal Stephenson se ha vuelto un autor inclasificable, que sigue tonteando con la ciencia ficción pero que ha encontrado mucho que contar en la época de El ciclo Barroco. El universo que creó en el Criptonomicón se ha extendido profundamente y resulta curioso encontrar sitios descritos en aquellos primeros libros a través de los ojos de un descendiente de Shaftoe y luego, años después, encontrar el mismo sitio –Manila– descrito por su lejano antepasado.

Todo el Ciclo Barroco no es una obra a la que atreverse sin más, no es sencilla de leer y requiere cierto esfuerzo seguir la incesante trama, entre lo narrativo y epistolar, que se desarrolla dando saltos de una parte a otra del globo. Pero claro, a veces las mejores cosas cuestan un poco más de conseguir.

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Novedades en el mundo del libro electrónico en Agosto.

AutorAlfredo Álamo el 31 de agosto de 2009 en Noticias

Asus book

Tras un mes de Agosto que a piori no parecía que nos iba a dejar demasiadas sorpresas dentro del mundo de los libros electrónicos nos encontramos que, casi al final, se nos han acumulado unas cuantas noticias en la recámara.

Sony anunció la aparición de nuevos modelos de e-readers, lectores electrónicos, tanto para el segmento del Kindle, con conexión 3G, como para un target de mercado que se estaba haciendo de rogar: el de los lectores sencillos y más baratos. Se ha llegado a hablar de 150€ por modelo, algo que acerca mucho el lector de Sony al gran público. Además, Sony abandona formatos arcanos y cerrados para pasar sus e-books al estándar ePub.

Con este movimiento se une a Google, que también tenía un acuerdo con Sony, para que Google Books, la gran librería virtual en la red, también permita la descarga en formato ePub, lo que supone un gran cambio y un cierto ataque al formato propietario de Amazon. Y la cosa no queda ahí, ya que desde Sony ya se van lanzando comentarios e insinuaciones sobre el precio de los e-books: son demasiado caros y habrá que ir ajustando los precios. Ahí queda eso.

Pero no se acaban ahí las noticias, ya que parece confirmarse la aparición de un lector de e-books también a precio barato -o al menos se entendía por barato antes de los movimientos de Sony- que será distribuido a través de las librerías de Abacus. ¿Tendrá algo que ver ese e-reader con el anuncio de Asus sobre sus nuevos productos?

Asus es uno de los mayores fabricantes de ordenadores del mundo y sorprendió al mercado hace dos años con la aparición del ultraportátil Asus EEE. Ahora comunica que para finales de 2009 nos podrá ofrecer -ya veremos en qué lugar del mundo- un e-reader de 100 a 150 euros, precio de lo más atractivo viendo cómo está el resto de productos.

¿Y el mundo editorial? Pues además del movimiento en Abacus -y el del Corte Inglés de hace poco- nos encontramos con Carmen Balcells -la mítica agente literaria que lanzó el mercado del ebook en castellano- confirmando con sus declaraciones algo que ya hemos comentado aquí con anterioridad: Los lectores electrónicos son ideales para la gente mayor que disfruta con la lectura, y posiblemente sean sus mayores usuarios en un futuro próximo. Que puedan disfrutar de títulos y novedades, eso ya es cosa de cómo se muevan las editoriales a partir de ahora.

Las fuentes perdidas, de José Antonio Cotrina

AutorAlfredo Álamo el 31 de agosto de 2009 en Reseñas

Las fuentes perdidas

De vez en cuando surge un libro diferente al resto dentro del panorama habitual. Te das cuenta en seguida, apenas cuando llevas tres o cuatro páginas leídas. Si la novela en cuestión es de género fantástico y además de un autor nacional, la circunstancia se vuelve más evidente si cabe.

Las fuentes perdidas es uno de esos libros. ¿La razón? Quizá sea difícil de explicar. Lo cierto es que es un libro que no comparte referencias, un libro en el que se nos cuenta una historia con personajes que tratan de huir del tópico -aunque no siempre lo consigan-, y que nos lleva a través de un mundo complejo y desconocido, parecido tal vez al que nos enseñó Clive Barker con Imajica.

Cotrina nos cuenta la historia de Delano Gris, conocedor de las sendas secretas, guía y mercenario, contratado para encontrar uno de los misterios que todos los habitantes del Otro Lado sueñan con encontrar alguna vez: Las fuentes perdidas, el agua de la inmortalidad, la sabiduría, la santidad

A partir de ese momento nos encontraremos en una novela viaje, casi de descubrimiento, en el que sin darnos tregua, Cotrina nos lanzará escenarios imposibles e imágenes sugerentes, sin dejarnos entrever demasiado cómo se va a resolver la historia.

Sin embargo se notan ciertos problemas, quizá achacables todavía a ser una de las primeras obras del autor. El lenguaje florece en algunas descripciones para cortarse en otras, sin mantener el mismo estilo durante el libro. También, aunque igual es una perspectiva demasiado personal, puede pecar de paisajista, dando más importancia al escenario que a la historia.

De todas maneras, es una obra muy original y que se disfruta leyendo. No es una historia que cambiará el mundo, pero sí que es ideal para pasar un buen rato y que es capaz de dejar al lector con ganas de más, algo que no es demasiado fácil de conseguir hoy en día con la literatura fantástica.

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Naturaleza muerta, de Víctor Conde

AutorRaquel Vallés el 30 de agosto de 2009 en Reseñas

Naturaleza Muerta

Naturaleza muerta es el último libro del escritor español Víctor Conde que, tras un acercamiento a la fantasía oscura en su anterior novela, El teatro secreto, se adentra en un subgénero muy de moda en estos momentos, el de los muertos vivientes, sin que ello implique que se deja llevar por los clichés típicos ni sin abandonar su estilo, reconocible en cada una de las páginas. No estamos, por tanto, ante un libro de muertos vivientes para adolescentes, y es recomendable no sólo para los amantes del fenómeno zombie sino para cualquier lector que quiera hacerse con una lectura entretenida, en la que el miedo y las escenas truculentas están al servicio de la historia y no al revés.

La civilización está sumida en el caos, una catástrofe que nadie alcanza a explicar está convirtiendo el mundo en un infierno. El fenómeno afecta a todos los países, nadie está a salvo. ¿Estamos ante el fin del mundo? ¿Podrán los tripulantes de la estación internacional encontrar una explicación?¿Habrá alguien para escucharla?

Gael y Natalia huyen por las calles de Madrid intentando encontrar un refugio frente al ataque de los pellejos, muertos vueltos a la vida a los que nada parece afectarles, pero a los que parece no gustarles la oscuridad. Quizás en el metro este matrimonio pueda encontrar un lugar donde esconderse. No son los únicos que lo han pensado y allí se encuentran con otros supervivientes, con un extraño tren que todavía funciona a pesar del caos y con el peligro constante de ser alcanzados por los pellejos. El grupo de supervivientes inician una huida hacia lo desconocido, en un mundo que se ha vuelto loco, donde seguir vivos es lo más importante, pero saber que está pasando, que ha pasado, puede ser la única manera de seguir adelante.

Uno de los puntos fuertes del libro es el retrato de los personajes a quienes vamos conociendo gracias a diversos flashbacks con los que podemos intentar adivinar por que son ellos los supervivientes, al tiempo que vemos como son, o como eran antes. Es a través de sus ojos como conocemos la historia, cuando aparecieron los pellejos, que medidas se tomaron. El libro, los personajes, se mueve entre la mística y la cordura, entre la locura y la racionalidad, un equilibrio difícil de conseguir cuando el mundo se está viniendo abajo.

El ritmo está muy bien llevado y las vueltas al pasado de los personajes no sólo no interrumpen la historia sino que ofrecen información que se va volviendo cada vez más interesante. Hay que destacar también el sentido del humor del libro bastante alejado del lamentable que podemos encontrar en libros de zombies al uso, así como continuas referencias populares, que se unen sin problemas a las más místicas; personalmente, la historia final del psiquiatra me ha parecido desternillante.

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La playa de los ahogados, de Domingo Villar

AutorAlfredo Álamo el 29 de agosto de 2009 en Reseñas

Playa de los ahogados

La segunda novela de Domingo Villar es también la segunda entrega de las aventuras de Leo Caldas y su ayudante Estévez, de nuevo en el mismo escenario principal, Vigo, pero adentrándose en el mundo de los pequeños pueblos de pescadores que componen el paisaje de la costa gallega.

Se nota la diferencia con su primera novela, sobre todo en el tamaño. Parece que Villar ha podido dedicarle un poco más de tiempo a la escritura y se permite ampliar más el espacio dedicado a su protagonista, a Caldas, en una serie de pequeños capítulos sobre su vida personal que recuerdan poderosamente la influencia del sueco Mankell.

El peso de la novela sigue girando en torno a la investigación de un suicidio/asesinato, en esta ocasión el de un pescador solitario y depresivo encontrado en una playa famosa por ser punto final de muchos ahogados. Leo Caldas y su ayudante, que, aragonés de pura cepa, es incapaz de comprender la ambigüedad gallega, se enfrentarán al habitual muro de desconfianza de las poblaciones rurales a la hora de desentrañar tanto el misterio de esa muerte como la de unos hechos sucedidos diez años antes. A eso habrá que añadir sus problemas personales, que incluyen esta vez la enfermedad de un familiar, así como su trabajo en la radio, que ama y odia al mismo tiempo.

Los puntos fuertes de la novela siguen siendo los mismos, unos buenos personajes, incluyendo los secundarios, una buena representación de la sociedad gallega, un buen tour gastronómico cada vez que Caldas se acerca a un bar, y mejora, como ya he dicho, la vida personal de algunos personajes. La parte más floja quizá sea la resolución de la investigación, algo acelerada y a partir de una casualidad -plantada, eso sí, desde el principio de la historia- pero que permite a Villar jugar un poco a lo Agatha Christie para despistar al personal.

La playa de los ahogados será del agrado de los aficionados al género, que podrán disfrutar de algún guiño que otro como el que se hace a la autora francesa Fred Vargas. Una buena novela para consumir las tardes de verano.

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Sherlock Holmes, de Guy Ritchie

AutorAlfredo Álamo el 28 de agosto de 2009 en Noticias

Downey-Holmes

Sherlock Holmes, el más famoso detective de todos los tiempos, va a tener una nueva adaptación al cine que llegará a los Estados Unidos el 25 de Diciembre y a España unas semanas después, el 15 de Enero del 2010.

La figura de Holmes es, casi con toda seguridad, la que más veces ha sido llevada al cine, con más de doscientas adaptaciones. Sin embargo, tras ver el tráiler que nos ofrece el director Guy Ritchie, surgen preguntas sobre la película.

Hay que tener en cuenta que la imagen de Holmes clásica que a todos nos viene a la mente es la del gran Basil Rathbone, el cual protagonizó doce películas entre 1939 y 1946, las primeras en situar al detective en el entorno victoriano de las novelas. A partir de Rathbone, la estética holmesiana, y también la del doctor Watson, queda definida y las películas siguientes aceptan la caracterización del personaje. A destacar también la serie de la BBC sobre Sherlock Holmes, que incide más en algunos aspectos oscuros del detective, pero que apenas cambia la imagen formal.

Por eso, ver a Robert Downey Jr. como Holmes y a Jude Law como Watson provoca una extraña sensación, como si nos hubieran intercambiado los papeles. No tendria por qué ser así, si hablamos de un Holmes joven como es el caso, en plenitud física, que Watson sea más alto que él tampoco influye demasiado y además, no ha más que verlo, representa al Watson joven, mujeriego y algo jugador.

Pero es que la película es de Guy Ritchie (Lock&Stock, Snatch, Revolver, Rockanrolla) así que hay que tener clara una cosa: ritmo, carreras, cámara lenta y más ritmo. Así de claro. Holmes sale en las imágenes peleando como una fiera, con bastones, a boxeo y con una especie de arte marcial (el Bartitsu). Que nadie se lleve las manos a la cabeza: en los libros de Doyle, Holmes hace todas esas cosas (vale, no es un aspecto principal, pero lo hace).

Sinceramente, dudo que los amantes de las películas de Rathbone puedan con esta película de Ritchie, pero a aquellos que no les importen las revisiones de un mito y disfrutan con la peculiar manera de hacer cine del director escocés, desde luego que se lo van pasar de primera.

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Rutas literarias por París (II)

AutorRaquel Vallés el 27 de agosto de 2009 en Divulgación

Literatura restaurante

Podemos decir que todos tenemos un París imaginario en la cabeza, construido a base de literatura, películas o libros de arte. Parece que cada esquina, cada buhardilla desde la que se adivina la torre Eiffel, cada vista del Sena, ha sido retratado por un artista o ha sido protagonista de algún hecho histórico. Sin duda, fue Víctor Hugo uno de los escritores que más hicieron por construir ese París imaginario a través de sus novelas. Podemos seguir la pista del genial escritor por toda la ciudad, como en Notre Dame, pero es obligatoria la visita al Museo Víctor Hugo en el Hotel de Rohan-Guéménée donde estuvo viviendo dieciséis años. Ediciones originales, manuscritos, dibujos, entre otros, forman parte del material que ofrece el museo.

Otro museo importante es el dedicado a Honoré de Balzac, en el lugar donde escribió su Comedia humana, en el barrio de Passy, donde se trasladó tras el embargo de su casa cercana a Versalles por parte de sus acreedores. Se trata de una casa con jardín al lado del Sena que el autor alquiló utilizando como seudónimo el nombre de su ama de llaves. En este museo podemos encontrar una biblioteca, exposiciones temporales o diversas colecciones que nos ofrecen una visión muy completa del París del siglo XIX.

El museo de la vida romántica está situado en el barrio de la Nouvelle-Athènes, surgido en la segunda mitad del XIX y ejemplo de la moda grecolatina del momento. Este barrio podemos ver multitud de palacetes de la época, muchos de ellos con historias muy interesantes, y lugares relacionados por artistas, como George Sand, quién vivió en el barrio y a quien está dedicado parte del museo, ubicado en la que fue la residencia del pintor Ary Scheffer.

Francia y en concreto París, es sinónimo de cocina, más o menos alta y casi siempre cara, y, como no podía ser de otro modo, también podemos encontrar un buen número de restaurantes relacionados con la historia y la literatura. Vamos a ver una mínima muestra de ellos.

El restaurante Grand Véfour está situado en los jardines del histórico Palais Royal y fue abierto primero como Café Chartres y, ya en 1820, convertido en restaurante. Se presenta como uno de los centros culinarios y artísticos de París de los últimos doscientos años, lo cual es mucho decir. Apto para bolsillos pudientes, en sus asientos podemos ver los nombres de los personajes ilustres que lo visitaron, desde Bonaparte, a Víctor Hugo, George Sand, André Malraux o Colette. Desde 1983 es Monumento Histórico Nacional.

Literatura restaurante

Otro restaurante muy conocido es La Procope fundado en 1686 y que ha visto pasar por sus mesas a personajes como Molière, La Fontaine, Voltaire o Jean-Paul Marat. También hay que nombrar el restaurante Laperouse, que vivió su apogeo en la segundo mitad del siglo XIX y sigue ofreciendo cocina de lujo a precios en consonancia. Zola, Víctor Hugo o Maupassant estuvieron en sus salones donde también comieron personajes literarios como el Swan de En busca del tiempo perdido o, el más simple, inspector Maigret.

Ya por último otro restaurante de lujo (qué queréis, es París) muy relacionado con el mundo literario, el Drouant donde cada año desde 1914 se concede el premio Goncourt, uno de los más prestigiosos de la literatura francesa.

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Hemingway, agente de la K.G.B

AutorVíctor Miguel Gallardo el 26 de agosto de 2009 en Divulgación

KGB

Se suceden, en los últimos meses, las noticias en torno a la vida y obra de Ernest Hemingway: Hollywood parece interesada en hacer una película sobre su vida y también adaptará su obra póstuma Islas a la deriva, y el proyecto de digitalizar todos los escritos encontrados en su casa cubana va viento en popa. Ahora nos sorprende su inclusión en el ensayo Spies: The Rise and Fall of the KGB in America (que podría traducirse como Espías: Ascenso y caída de la KGB en América), una obra editada por el servicio de publicaciones de la Universidad de Yale. En ella se revela que el ganador del Premio Nobel fue durante un tiempo agente de la KGB en los Estados Unidos. Escrita por John Earl Haynes, Harvey Klehr y Alexander Vassiliev, el libro está basado en las notas que este último, un oficinista de la agencia de inteligencia y espionaje soviética, tomó en la década de los 90 de los archivos de la época de Stalin.

Según parece, Hemingway fue reclutado en 1941, antes de un viaje a China, adoptando el nombre en clave de “Argo”, y expresando repetidamente, siempre según el libro, “su deseo y disponibilidad para ayudar a la KGB en todo lo que pudiera”, como se lo hizo saber a agentes soviéticos que se entrevistaron con él en La Habana y en Londres durante los años siguientes. Sin embargo, su labor no tuvo ninguna repercusión debido “a su imposibilidad de dar a la agencia ninguna información política (…), y nunca se le probó en un trabajo de campo”. Así, los contactos con “Argo” cesaron a finales de la década de los 40.

La “pertenencia” a la KGB podría explicar la insistencia de Hemingway, durante la Segunda Guerra Mundial, de participar en las misiones del barco pesquero “El Pilar”, que patrullaba las aguas al norte de Cuba en búsqueda de submarinos alemanes. Las notas codificadas de la misión fueron abundantes, aunque sólo hubo un avistamiento confirmado.

Según el diario inglés The Guardian, haciendo gala de una meritoria imaginación para enlazar hechos que poco o nada tienen que ver, este supuesto escándalo alrededor de la figura de Hemingway se une a otros que, en los últimos años, han afectado a escritores y artistas que labraron sus reputaciones durante la Guerra Civil Española, tal es el caso del inmortal escritor George Orwell (acusado de “cripto-comunista” por algunos estudios, incluso cuando ya renegaba públicamente del estalinismo), el fotógrafo Robert Capa (su obra más conocida, “Muerte de un miliciano”, podría ser un montaje según se ha podido deducir tras encontrarse algunos viejos negativos) o Martha Gellhorn (la que fue la tercera esposa de Hemingway, curiosamente), acusada de un odio racial intenso hacia los árabes.

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El código de los colegas de Barney Stinson

AutorVíctor Miguel Gallardo el 25 de agosto de 2009 en Noticias

Barney

La serie estadounidense How I Met Your Mother (traducida como Cómo conocí a vuestra madre) empezó a emitirse en la cadena CBS en 2005, y desde entonces su fama no ha hecho más que acrecentarse.

Las comparaciones con la exitosa Friends (en antena entre 1994 y 2004) fueron, al principio, inevitables: serie cómica cuyas escenas discurren principalmente en un pequeño número de lugares reconocibles (como los pisos de los protagonistas, o los bares donde se suelen reunir), grupo de chicos y chicas rondando la treintena, y la ciudad de Nueva York siempre omnipresente.

Sin embargo, para los muchos seguidores de la serie (que no pueden compararse, cuantitativamente, con los de Friends) HIMYM ya es una serie mítica a pesar de (y no gracias a) las continuas comparaciones con la serie protagonizada por Jennifer Aniston y compañía.

Sin duda el personaje más popular de la serie es el de Barney Stinson, interpretado por el actor Neil Patrick Harris, muy popular hace un par de décadas al protagonizar la serie Un médico precoz. Es paradójico que sea precisamente él, homosexual reconocido, el que interprete a este personaje, un ¿ejecutivo? de éxito obsesionado con el sexo y con las mujeres. También con la camaradería para con sus colegas, sus “bros” (de “brother”, hermano en inglés), Marshall (Jason Siegel) y, sobre todo, Ted (Josh Radnor). Uno de los puntos más esperados de cualquier capítulo de la serie, aparte de sus frases recurrentes (que han causado furor entre todos los espectadores adictos a la trama y los personajes), son sus normas de conducta entre colegas. Pues bien, éstas ya se encuentran disponibles en las librerías de Estados Unidos y el Reino Unido, bajo el título de The Bro Code.

El Bro Code, nacido de la serie y puesto en boca de Stinson, ha sido coordinado por Matt Kuhn, uno de los guionistas principales de la serie, y enumera una serie de normas que son de obligado cumplimiento entre grupos de amigos varones. Por ejemplo, un colega nunca debe llorar viendo una película, a no ser que eso le haga “ganar puntos con una chica”. Un colega no debe tener sexo con la ex novia de otro colega, ni con su hermana, ni mucho menos con su madre… a no ser que ella sea su madrastra y lleve alguna prenda de leopardo, en cuyo caso la norma no se aplica. Un colega, en definitiva, debe ser fiel a sus amigos por encima de todas las cosas aunque, importante, no debería ver desnudo a otro colega, ni mostrarle afecto públicamente ni, sobre todo, tener contacto visual con él durante una sesión de sexo en grupo.

La intención comercial de los directivos y guionistas de la CBS es evidente, comercializando un producto basado en un personaje que, más allá de su popularidad en la pantalla, ha convertido ciertas “coletillas” en frases que se escuchan en muchos bares, precisamente entre grupos de amigos varones, sobre todo rondando la treintena, que han visto en él el ejemplo perfecto de chico guapo, divertido y con traje con el que quieren compartir unas buenas pintas de cerveza.

Rutas literarias por París (I)

AutorRaquel Vallés el 24 de agosto de 2009 en Divulgación

Montmartre

París ha sido, sin discusión, el centro cultural de Europa de los últimos siglos y continúa manteniendo un aura que mezcla la bohemia y el lujo desproporcionado como sólo puede tener una vieja dama. Su relación con la literatura es inmensa y se podrían escribir varios libros y quedarnos sólo en la superficie. Así que no vamos a intentar ser exhaustivos, sería imposible, sino simplemente dar cuatro pinceladas de lo que podemos encontrar en la capital francesa.

El cementerio de Montmartre fue uno de los cuatro establecidos fuera de la ciudad de París en el siglo XIX tras la prohibición, por motivos de salubridad, de los cementerios en el interior. Situado a los pies del barrio de Montmartre, en una antigua mina, es uno de los destinos más visitados de París y, probablemente, sea el cementerio más famoso del mundo. El motivo de este fama no es otro que sus inquilinos que lo convirtieron, junto al de Montparnasse, en el centro escatológico de la vida bohemia y cultural de la capital francesa. Así podemos encontrar las tumbas de artistas de diversos pelaje como pintores o actrices, poetas o editores. Algunos de los personajes famosos a los que podemos rendir homenaje son el poeta alemán Heinrich Heine, Stendhal o Alejandro Dumas, hijo. También podemos encontrar a la musa de este último, Alphonsine Plessis, más conocida como Marie Duplessis, y que, aparte de contar a Dumas como uno de sus amantes, fue la inspiración para la Dama de las Camelias, una de sus obras más conocidas. A parte del cementerio, el barrio de Montmartre es uno de los que más personalidad tiene de la ciudad y ha sido el lugar elegido por multitud de artistas a lo largo del XIX y el XX como lugar de residencia, pudiendo pasear por sus calles intentando encontrar las huellas de los surrealistas o los cafés donde se reunían.

Así como Montmartre fue el referente artístico durante el siglo XIX, a principios del XX Montparnasse toma el relevo. Ubicado a la otra orilla del Sena, más bohemio si cabe, pero con una historia parecida. Cuenta también con un cementerio creado en el XIX bajo las mismas circunstancias que el de Montmartre y donde también podemos visitar tumbas de ilustres personajes, como Cortázar, Marguerite Duras, Simone de Beauvoir, Jean-Paul Sartre, Samuel Beckett o Ionesco. Montparnasse se corresponde con la imagen de la ebullición artística y las buhardillas insalubres y llenas de ratas, de las comunas de artistas y el hambre, donde pintores cuyas obras llenan ahora portadas por los escandalosos precios de las subastas, vendían sus obras por cuatro duros para poder comer. En Montparnasse podemos visitar los bares donde Hemingway, entre otros personajes ilustres, se emborrachaba, como La Rotonde o El Lilas.

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