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El negro literario

AutorAlfredo Álamo el 1 de junio de 2010 en Divulgación

Negro Literario

Aprovechando el estreno de la película de Polanski El escritor The Ghost Writer o, como se llamaba hasta hace poco el libro, El poder en la sombra– no estaría de más hablar de esa figura -la de El escritor fantasma– que en el acervo popular español se conoce más como Negro literario, es decir, una figura que en origen era cercana a la esclavitud creativa y que además se quedaba siempre en la sombra.

¿Cómo surge esta figura? Pues desde que la literatura se convierte en un negocio y aparecen autores, normalmente de folletín, como Alejandro Dumas, por poner un ejemplo, que no pueden cubrir la demanda de aventuras y amoríos correspondiente y deciden alquilar a otros, normalmente aspirantes a escritor famoso o a otros caídos en desgracia, para que les rellenen las cuartillas a cambio de unas pocas monedas.

También es un clásico la figura de negro editorial como aquel que se presta a escribir las memorias de alguien famoso pero sin poner su nombre en el producto final. Esto se da, claro, desde tiempos de la aristocracia europea y las primeras casas burguesas con inquietudes. Los mecenazgos no eran tan altruistas como muchos podían creer.

Así que podríamos hablar de un negro literario más dedicado al dinero, al mercado, y otro hijo directo del orgullo y el ego. Los dos se mantienen hoy en día, aunque con diferencias con respecto a los días del folletín y los mecenas, aunque ha aparecido el negro editorial, aquel que escribe el libro-modelo que le pide la editorial y que firma con un nombre falso.

Todo esto se hace por dos motivos claros: Dinero y Contactos.

Lo del dinero está claro. Ganarse la vida -honradamente- con la literatura -es decir, sin insultar demasiado en tertulias-, es muy pero que muy complicado. Entonces llega alguien y te ofrece escribir la tercera parte de una serie de novelas muy populares… por un fijo y módico precio. Que sea el nombre de otro el que aparezca en las cubiertas es un mal necesario… peor se vive picando en la mina, ¿verdad?

Los contactos. Esto no es un tema baladí. Firmarle las obras a tal o cual escritor de renombre es un secreto a voces en el mundillo editorial. Los tiempos de los grandes secretos ya pasaron a la historia. Si un negro literario se muestra bien dócil y gentil es más que probable que pueda, en algún momento, sacar cabeza por sí mismo y dejar atrás esos folios manuscritos con las palabras de otros.

Escribir las autobiografías de futbolistas, folclóricas y estrellas de Gran Hermano es también una actividad habitual de los negros literarios, pero en esta ocasión hay muchos que incluso rechazan firma con su nombre aunque les dejen hacerlo: prefieren cobrar un fijo y luego, al llegar a casa, ducharse con agua muy, muy caliente.

Existen incluso agencias dedicadas a la negritud literaria que, con sus tarifas ya establecidas, ofrecen sus servicios. No me queda claro si son cooperativas o es una plantación esclavista en la que van captando escritores despistados, pero lo cierto es que la vanidad es la estrella del S.XXI y más de uno está encantado de pagar por unas loas y unas glosas a buen precio. Vanitas, vanitatis…

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El traje del muerto, de Joe Hill

AutorAlfredo Álamo el 31 de mayo de 2010 en Reseñas

El traje del muerto

Tras dejarme un gran sabor de boca con su excelente antología Fantasmas, Joe Hill atacó de nuevo mi biblioteca con su primera novela, El traje del muerto, dispuesto a cumplir las expectativas que había creado.

Hay que decir una cosa: la sombra que arrastra Joe Hill es alargada, para los amantes del género es casi imposible evitar la inmediata comparación con su padre, Stephen King, aunque con el cambio de nombre haya hecho posible que muchos lectores hayan sido capaces de leerle sin entrar en ese juego tan desigual.

Dejando a un lado esa odiosa comparación, no ya por calidad o temática, sino por la diferencia de generación, tiempo y referentes, Joe Hill presenta una excelente ópera prima que lo sitúa muy alto en lo que al terror más accesible se refiere.

En El traje del muerto nos encontraremos a Jude, un viejo rockero satánico, mezcla de un Ozzy Osbourne y un Marilyn Manson actual, que ya ha pasado la cincuentena y mantiene una cínica actitud frente a la vida. Coleccionista de todo tipo de cacharrería esotérica, más para aumentar su propia leyenda que otra cosa, Jude también colecciona otra cosa: hermosas chicas góticas a las que llama por el nombre del estado en que nacieron.

Georgia es la actual chica de Jude, ex-stripper y sureña hasta la médula, terca y enamorada. Un papel femenino que evoluciona bastante desde su primera aparición en el libro -poco más que una niñata-, hasta desarrollar una personalidad interesante.

La acción comienza con la compra por parte de Jude de un fantasma por Internet. Aprovecha una oferta inusual y adquiere un traje al que está unido el espíritu de un anciano, en teoría afable. Animado por su afán coleccionista, Jude no puede evitar quedárselo y a los pocos días le llega un paquete con el traje del muerto. Lo que no espera es que sí exista ese fantasma, y mucho menos aún que el fantasma en cuestión esté decidido a matarlo a él y a todos los que le rodean.

El traje del muerto sigue un esquema tradicional. De una situación normal se inicia una escalada de sucesos que culminan en un viaje, en este caso por el profundo sur americano, en el que los personajes cambian y aprenden. Tiene también dos finales, el de la trama en sí, a resolver en el final del viaje, y otro en el que, con cierta parsimonia, Hill cierra hilos sueltos y nos muestra el futuro de varios protagonistas.

¿Qué tiene entonces El traje del muerto de especial? Es un libro que mantiene la tensión de manera admirable y cuyos personajes enganchan desde el principio. El escenario está muy bien planteado y, aunque no se regodea mucho en el viejo Sur, ese ambiente caluroso y a veces onírico aparece reflejado a la perfección.

Sus defectos son inherentes al tipo de narración escogida: en algunos momentos es muy previsible, algo que sólo molesta si la lectura se hiciera muy espaciada, pero que leyendo de tirón apenas es un detalle. También repite mucho ciertas escenas y frases, acabé del «pelo sudoroso pegado a las sienes» algo harto, pero son problemas menores.

El traje del muerto es, en definitiva, una pieza de terror fácil y trabajada que mantiene la mirada hipnótica y pegada al libro desde el principio hasta el final.

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Las cenicientas de la literatura

AutorGabriella Campbell el 30 de mayo de 2010 en Divulgación

Escritor Ceniciento

A todos nos encantan esas historias de escritores sin fortuna cuyo manuscrito es rechazado constantemente por editoriales hasta que de repente tienen un golpe de suerte y consiguen un montón de pasta. Tal vez uno de los ejemplos actuales más conocidos es el de J. K. Rowling, que escribió su primera novela de Harry Potter en los escasos momentos que le permitía su frenética vida de mamá trabajadora; y recuerdo cómo en una charla universitaria la española Almudena Grandes contó que se levantaba a las cinco de la mañana para escribir un par de horas antes de tener que entregarse a la rutina diaria del trabajo y los niños. El caso de Marina Fiorato es todavía más llamativo: escribió su primera novela de cafetería en cafetería, con su bebé en brazos. Escribía en bares y cafeterías de librerías para poder utilizar la documentación que estas ofrecían, ya que no podía permitirse viajar a Venecia, donde se basaba su primera novela, El misterio de Murano.

Fiorato finalmente consiguió que una editorial independiente, Beautiful Books, se fijara en ella. El libro cosechó un tremendo éxito (está traducido a más de veinte idiomas) y recientemente ha firmado un contrato para su adaptación cinematográfica. Su novela más reciente, The Botticelli Secret (El secreto de Botticelli), le ha valido un adelanto de publicación de nada menos que 250000 libras esterlinas (casi 300000 €). Sin embargo, escarbando un poco nos damos cuenta de que tampoco es una madre trabajadora cualquiera: esta licenciada en Historia de la Universidad de Oxford, medio veneciana y medio inglesa, es actriz, diseñadora (ha colaborado en la puesta en escena de giras de los Rolling Stones y de U2), ilustradora y crítica de cine, medio en el que también trabaja su marido, que es director. Se casó en Venecia, ciudad donde obtuvo también una titulación de Historia y que conocía relativamente bien. Así que, aunque su nueva situación económica le haya venido de nuevas, tampoco era precisamente una cajera de supermercado ni estaba fregando escaleras. A los medios les encanta vendernos estas historias de fama y fortuna de la noche a la mañana, si bien raras veces son ciertas. ¿Quién no se tragó aquello de que El Código da Vinci se hizo célebre simplemente por el boca a boca, sin ningún tipo de promoción editorial?

A la mente del ávido lector acuden enseguida mitos de aquellos escritores que realmente subsistían de mala manera, incluso de aquellos cuya obra no se valoró hasta después de su muerte. Gran parte de la generación beat estadounidense se hizo famosa precisamente por no tener un duro y escribir sobre ello (un ejemplo perfecto sería Jack Kerouac, que escribió sus mayores obras durante su vida como marino mercante), por no hablar de tantos poetas malditos franceses que se dieron a la lujuria y al alcohol barato sin que les llegase el dinero para comer. Por supuesto que el escritor, por lo general, desea una compensación económica, y si ésta es enorme, tanto mejor. Pero eso no quita que tantas noticias sobre pobres autores muertos de hambre atrapados en empleos anodinos empiezan a parecer sospechosamente parecidas, y sospechosamente idóneas para la promoción editorial. Porque está claro, ¿a quién prefieres comprarle, al autor establecido y ricachón, o al marginado por las editoriales, padre de familia con un trabajo parecido al tuyo? Queremos sentirnos identificados con el escritor cenicienta, ya que deja las puertas abiertas a la posibilidad de que nosotros también podamos llegar a serlo.

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War Horse, Morpurgo y Spielberg

AutorRaquel Vallés el 29 de mayo de 2010 en Noticias

War Horse

El director estadounidense Steven Spielberg ha anunciado un nuevo proyecto cinematográfico, la adaptación del libro War Horse del escritor británico Michael Morpurgo. Este autor descubrió su vocación como escritor de libros infantiles trabajando en una escuela infantil donde debía leer un cuento cada día a los niños y Morpurgo encontraba esos cuentos muy aburridos. Desde entonces es uno de los escritores más reconocidos y prolíficos en este campo.

Morpurgo nació en 1943 siendo, por tanto, un niño de la guerra que jugaba entre los restos de los edificios y fue evacuado junto a su familia. La Segunda Guerra Mundial fue, por tanto, un elemento que marcó su infancia y la vida de los que le rodeaban. No es de extrañar, por tanto, que la guerra sea uno de sus temas literarios.

War Horse está ambientado en la Primera Guerra Mundial y el protagonista es Joey, un caballo de una granja de Devon que es destinado al frente; cerca de un millón de caballos fueron enviados a Europa desde Inglaterra durante la guerra. A través de los ojos del caballo asistiremos a su lucha por la supervivencia en medio de la pesadilla de la guerra. Como conseguir que esta historia sea una lectura para niños entre ocho y trece años dice mucho del buen hacer de Morpurgo.

War Horse fue publicado en 1982 y ya tiene una versión teatral que sigue en escena y que ha recibido muchos elogios por parte de la crítica. La historia parece hecha a la medida de la parte “blandita” de Spielberg (guerra, caballos, niños) así que esperemos que se contenga un poco.

War Horse no está publicada en España aunque sí lo están algunas de las obras del autor como El delfín de Luis o La espada durmiente. Suponemos que en el momento en que Spielberg empiece a rodar aumentará el número de títulos.

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El último de los mecanógrafos neoyorquinos

AutorAlfredo Álamo el 28 de mayo de 2010 en Noticias

Royal

Desde La Vanguardia leo una historia algo triste, algo tonta, que me ha hecho descubrir un lugar sorprendente. Pero vamos por partes.

Skye Ferrante es un escritor amateur con la manía de escribir sus textos con la máquina de escribir de su abuela, una preciosa Royal de 1929, que le ha acompañado desde sus inicios en el mundo de la literatura. Si añadimos que estamos en Brooklyn casi estaríamos delante del principio de una obra típicamente Austeriana.

Podría serlo, sin duda, ya que Ferrante tiene un problema. Su lugar escogido para trabajar, The Writers Room en el Village, ha impuesto una nueva norma sobre el ruido que le impide trabajar con su vieja máquina de escribir. De un día para otro el tiempo de los mecanógrafos ha pasado a mejor vida.

Si esto fuera un relato de Auster, Ferrante caminaría por las calles del Village y deambularía, con su pesada maleta cargada con la máquina de escribir de su abuela, sentándose en los bancos, hablando con la gente, tomando café en la calle; incluso podría acabar escribiendo cartas mecanografiadas para un anciano sordo y maniático que vive encerrado en un apartamento lleno de libros al que el sonoro golpeteo de la máquina de escribir le es indiferente. Ferrante, entonces, a partir de esas cartas que le dicta el anciano, escribiría su propia novela.

Por desgracia, la vida no es como en las novelas de Auster. El Writers Room es un lugar en el que se pagan 1500 dólares al año para tener un sitio tranquilo donde escribir abierto las 24 horas del día, 365 días al año. El sitio me ha sorprendido, la verdad. Un loft abierto con 300 clientes escritores anuales. En su web hay algunas fotos y llevan un listado de las obras que se han terminado en sus instalaciones.

No conocía este tipo de iniciativas, claro que el número de escritores -y de aspirantes a- de Nueva York supera con creces a cualquier lugar que haya conocido. ¿Conocéis algún lugar así? ¿Y el pobre Ferrante? ¿Qué ha sido de él y su máquina?

Pues protestando por haberse quedado sin un lugar donde escribir con su vieja máquina. Es triste pero no deja de ser algo con poco sentido. Eso sí, la publicidad que se acaba de dar totalmente gratis no tiene precio. Algo tenía que sacar de todo esto, aunque no fuera una historia de Auster.

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Libros electrónicos en la Feria del Libro de Madrid

AutorAlfredo Álamo el 27 de mayo de 2010 en Noticias

Feria Libro 2010

El año pasado, cuando nadie hablaba de Libranda, el libro electrónico era considerado el paria dentro de muchas de las ferias del libro. Sin ir más lejos, en Madrid se prohibió la participación de las editoriales que se dedicaban al libro electrónico. Teodoro Sacristán, director de la Feria, llegó a opinar que un e-book no era un libro…

Pero la Tierra ha girado alrededor del Sol una vez más y llega la primavera engalanada de bytes en forma de preciosos libros cargados de DRM y acunados con especial mimo por Planeta y Mondadori. Ahora, tras un año de polémicas, el libro electrónico es bonito, sano, una fuente de progreso. O al menos eso es lo que esperan la editoriales tras ver cómo caía la venta de libros un 10% en el primer trimestre del año -tampoco demasiado para cómo va la crisis-.

La presidenta de la Feria este año, Pilar Gallego, ha comentado que se está invirtiendo mucho dinero en el libro digital aunque el mercado permanece incierto. El día 8 de junio parecía la fecha para presentación por todo lo alto de Libranda, pero parece que se retrasará por algunos problemas técnicos.

La gran diferencia con el año pasado es que van a habilitar varias casetas para que la gente pueda comprar y descargar libros electrónicos. Se ha pasado de no querer saber nada del ebook a ponerles un rinconcito. Desconozco si se hará algo directamente en Internet para que el concepto de libro electrónico tenga más sentido o si esto es el principio de «ven a la librería a comprar ebooks en lugar de hacerlo desde casa». ¿Habrá algo de Print on Demand con una Expreso Machine o eso todavía da miedo? Todo se verá.

La idea parece ser la de que «el libro electrónico ayude a vender más libros en papel», aunque la fórmula mágica que induzca a eso parezca todavía desconocida. Gallego destaca que la implantación en España es de sólo un 0.8%. Igual esto es debido -y es una hipótesis personal- a que no hay apenas títulos a precios competitivos en el mercado.

Hay algunas declaraciones interesantes, como la del apoyo a las librerías y a la lucha por mantener el precio fijo del libro. Interesantes ya que el gran daño a la librería pequeña no viene del ebook sino del centro comercial, el cual lleva haciendo estragos desde hace tiempo, y que el precio fijo del libro es el principal impedimento para que entre en el mercado un gigante como Amazon, el cual sin descuentos especiales no quiere saber nada de la edición española.

En cuanto al resto de actividades de la Feria del libro, tendremos 252 editores y 118 librerías, así como ochocientos veinticinco escritores suecos presentes en las casetas. Habrá numerosas actividades, más de 300, y se supone que las largas colas de firmas volverán pese a que este año no haya surgido un fenómeno como el de Larsson con Millenium o Stephenie Meyer con Crepúsculo.

En los próximos días os daremos más información sobre la Feria del Libro por si podéis acercaros a Madrid o queréis saber qué os estáis perdiendo exactamente.

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¿Qué es el Día de la Toalla?

AutorAlfredo Álamo el 26 de mayo de 2010 en Divulgación

toalla

Ayer se celebró el llamado Día del Orgullo Friki, pero la verdad es que no le prestamos demasiada atención. En realidad, el 25 de Mayo coincide con una gran festividad en Internet: El Día de la Toalla.

Es posible que ayer más de uno se sorprendiera al ver muchos de sus contactos de Facebook con el avatar de una toalla, o que más de uno hubiera sustituido su típica cara sonriente del Messenger por un enorme número 42.

¿Cuál es el motivo de todo esto? ¿A quién se le ocurriría celebrar el día de la toalla? ¿Qué relación puede tener el número 42 en todo esto?

Muchos de vosotros conoceréis la respuesta a estas preguntas –y a la vida y a todo lo demás-, pero una inmensa mayoría desconoce que el Día de la toalla es un simpático homenaje a uno de los grandes humoristas de la literatura de ciencia ficción, Douglas Adams, autor de la serie de libros del Autoestopista Galáctico.

Adams nunca fue un superventas en España, así que es más probable que conozcáis algo de su obra por la película La guía del Autoestopista Galáctico. Hay que decir que es una obra inteligente, divertida y que todo aficionado -o simple curioso- debería leer.

Adams también colaboró con, por ejemplo, los Monty Python, y fue guionista de programas de radio y televisión durante años, llegando a escribir varios episodios del Doctor Who en la época en que fue protagonizado por Tom Baker. (¿El mejor de todos los doctores clásicos? Sus comentarios frikis, al final del post)

Pero, ¿y las toallas? Como se comenta en los libros de Adams, llevar una toalla resulta fundamental y es de gran utilidad en cualquier momento, te ayuda con el sudor, puedes utilizarla de almohada, también como manta y, por supuesto, sirve para secarse si te has mojado demasiado. Entre otros usos, claro.

¿Y el 42? ¿Tiene algo que ver con los números de Lost? En absoluto, 42 es el resultado que el mayor ordenador del universo da como respuesta a la pregunta milenaria sobre el sentido de la vida, el universo y todo lo demás. Otro detalle más como homenaje al bueno de Adams.

Por cierto, y hablando de Perdidos, y de frikis, recordaros que existen varios libros sobre la serie. Uno, que supongo habrán terminado ayer de escribir, Perdidos, la guía definitiva, que el 11 de Junio saldrá a la venta con Dolmen, y también Perdidos: La filosofía, de Simone Regazzoni, en Duomo Ediciones, y en el que analiza aspectos de la serie que, supongo, habrá que contrastar con ese final que nos han dado…

Con todo esto ya tenéis trabajo para poneros al día hasta el año que viene. Don’t panic. Hasta luego, y gracias por el pescado.

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La autobiografía de Mark Twain

AutorRaquel Vallés el 25 de mayo de 2010 en Divulgación

Mark Twain

Como ya os comentamos, 2010 es el año de celebración del centenario de la muerte de Mark Twain, creador de obras como Tom Sawyer o Las aventuras de Huckleberry Finn y considerado uno de los escritores más influyentes de su época. Además de escribir Twain se dedicaba, por motivos económicos, a dar conferencias por todo el país, lo que le convirtió en un personaje conocido y respetado, a lo que sin duda colaboró su sentido del humor.

Los últimos diez años de su vida Twain los dedicó a escribir una autobiografía de más de cinco mil páginas y que ahora será publicada en varios volúmenes, cumpliendo así uno de los deseos del autor, que la obra permaneciera inédita al menos durante un siglo.

Son varias las razones dadas como posibles por los expertos para esta petición. Algunos señalan que intentaba evitar ofender a amigos y conocidos, otros la gran capacidad de Twain para conseguir que la gente se interesara por sus libros. Otra razón esgrimida es el miedo a manchar su imagen pública con opiniones controvertidas en su época sobre personajes famosos, política o religión o sobre su propia vida privada, como los detalles de la relación con su secretaria, Isabel Van Kleek Lyon, tras la muerte de su esposa. Según la historiadora Laura Trombley, a pesar de vivir los últimos años de su vida disfrutando de la fama y el beneplácito general, buena parte de lo escrito en esa época son páginas y páginas de bilis.

A pesar del deseo de que la autobiografía no saliera a la luz, algunas partes de esta fueron apareciendo en pequeñas dosis, conforme el propio Twain necesitaba dinero, dando lugar a varias autobiografías incompletas. Pero más de la mitad de lo publicado ahora es totalmente inédito y nos permitirá hacernos una idea más completa de este escritor. Sin duda, será una lectura entretenida como lo es el estilo de Twain y marcada por la ironía. Ahora a esperar a que llegue al mercado en español, calculamos que dentro de otros 100 años, más o menos.

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Promoción con fantasmas y Edición interactiva

AutorAlfredo Álamo el 24 de mayo de 2010 en Noticias

Skeleton Creek

En Lecturalia nos gusta hablar de las iniciativas originales y las novedades a la hora de crear conceptos nuevos relacionados con el libro de toda la vida, así que hoy os hablaremos de dos interesantes noticias relacionadas tanto con las bibliotecas como con el mundo editorial.

Por un lado tenemos Skeleton Creek: El diario de Ryan, una novela juvenil que trae Anaya y que es obra del escritor Patrick Carman. Según la editorial, nos encontramos con «la primera» -para estas cosas uno siempre parece ser el primero- novela que mezcla elementos multimedia con la lectura tradicional

¿Cómo hacen eso? Siguiendo la idea del creador de CSI que ya comentamos en su día, a medida que se avanza en la lectura del libro aparecen unos códigos que, al meterlos en la página web del libro, dan acceso a una serie de vídeos. La sinopsis nos dice que Ryan y Sarah, a los que les encanta resolver misterios, se adentran en la oscuridad de Skeleton Creek armados con una cámara de vídeo y un diario. A medida que avanza la historia el lector podrá ver exactamente qué han ido grabando y así relacionarlo con lo que leen en el diario.

Al parecer -como no podría ser de otra forma en los tiempos que corren-, estamos hablando de una trilogía, así que veremos si para las siguientes entregas aumentan su contenido multimedia o se mantienen en el vídeo.

La segunda iniciativa del día corresponde a la Biblioteca Pública de Nueva York, que en estos momentos se enfrenta a una reducción del presupuesto, y que quiere hacer llegar a la ciudadanía lo importante que es la lectura y la propia biblioteca. Para eso han desarrollado una serie de actos entre los que me ha llamado la atención uno en concreto:

De repente en una de las salas de la biblioteca aparecen varios fantasmas -de los de sábana y agujeros de toda la vida- y se dedican a consultar internet, leer un libro… frente a la pregunta de uno de los guardias de seguridad, comentan: «estamos aquí para encantar a la biblioteca». Un rato después suena la música de una conocida película y… bueno, será mejor que veáis el vídeo:

Yo creo que no es una mala idea para que se hable de la biblioteca con una baja inversión de publicidad, ya que, aunque no es un vídeo muy viral, sí que es gracioso y se moverá bastante, por no hablar de lo curioso que habrá resultado para los usuarios habituales.

¿Y vosotros? ¿Conocéis alguna iniciativa para fomentar la lectura realmente sorprendente?

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Anécdotas de escritores (IV)

AutorGabriella Campbell el 23 de mayo de 2010 en Divulgación

Reina Victoria

-El célebre Maupassant era uno de los muchos parisinos del siglo XIX que no se deleitaban con la vista de la Torre Eiffel. Tanto era así, que solía comer en el restaurante que había al pie de ésta, para no tener que verla.

-Un día, Alfred Jarry, dramaturgo y poeta francés conocido por ser un tanto excéntrico, disparó su pistola hacia un seto, del que de repente salió una mujer. Furiosa, éste le increpó: “¡Mi niño estaba jugando aquí, podrías haberlo matado!”. A lo que éste respondió, con mucha galantería: “Señora, le hubiera hecho otro”.

-La Reina Victoria de Inglaterra era muy aficionada a Alicia en el país de las maravillas, la conocida novela del escritor y catedrático universitario Lewis Carroll. Envió una carta a dicho autor comentándole que le encantaría leer otras obras escritas por él. Carroll, encantado, le envió un ejemplar de su Compendio de geometría algebraica plana.

-El prestigioso periodista británico Henry Porter reveló en mayo de 1986 que había incluido en uno de sus artículos semanales del Sunday Times cinco errores gramaticales deliberados, ofreciéndose a enviarle una botella de champán al lector que identificara estos cinco de manera correcta. Recibió muchísimas cartas, y a la semana siguiente Porter anunció que los lectores no habían sido capaces de encontrar estos cinco fallos… pero que habían encontrado otros veintitrés de los que no había sido consciente.

-La farsa de Isaac Bickerstaff fue un hecho muy comentado y polémico a principio del siglo XVIII. En Gran Bretaña vivía entonces un famoso astrólogo, John Partridge, que se ganó la antipatía del escritor Jonathan Swift por sus referencias críticas a la Iglesia de Inglaterra, de la que Swift era clérigo. Swift se inventó un personaje falso llamado Isaac Bickerstaff, que utilizó para publicar una serie de predicciones para el año siguiente, entre las que se incluía la muerte de John Partridge. Partridge desmintió las predicciones de Bickerstaff, afirmando que se trataba de un profetilla de poca monta en busca de fama. El día para el que había predicho la muerte de Partridge, Bickerstaff publicó una carta supuestamente anónima, anunciando la muerte del astrólogo. Partridge intentó convencer a todos de que seguía vivo, sin éxito, ya que dicha carta había sido publicada en diversos periódicos y varios escritores de renombre se habían hecho eco de ella. El nombre de Partridge fue retirado del registro, y sus seguidores se apresuraron a lamentar su fallecimiento, produciendo una disminución significativa de popularidad y el fin de su carrera. Entre las razones que daba Bickerstaff/Swift para demostrar la muerte de Partridge estaba que era “…imposible que ningún hombre vivo pudiera haber escrito tanta bazofia”.

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