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Grandes villanos de la literatura (II)

AutorAlfredo Álamo el 28 de julio de 2010 en Divulgación

Fu Manchu

Sigamos hablando de villanos en la literatura. Tras nuestra primera entrega de grandes bastardos literarios es hora de nombrar a otros cinco personajes a los que no invitaríamos a pasar el fin de semana en nuestra casa. Además, como extra, vamos a destacar algunos de los que han logrado hacer carrera en el cine, mostrando su horrible rostro, en el caso de que tengan uno, en la gran pantalla.

-El conde Drácula: Mucho se ha hablado de dónde sacó Stoker su inspiración para el personaje, que si fue más de la Condesa Bathory que de Vlad Drakul… lo cierto es que Drácula es un excelente villano. Tiene un maléfico plan, elegantes modales, muchísimo poder y no se corta en utilizarlo en cuanto tiene ocasión. Hoy en día puede que de menos miedo que antaño, pero cuando el libro original fue publicado, en el Londres de la época a más de uno se le atragantó el té con pastas leyendo algún capítulo.

-El Capitán Garfio: No nos engañemos, miedo, miedo, lo que se dice miedo, el Capitán Garfio no acaba de dar. Es posible que Disney tenga algo que ver en todo esto, pero lo cierto es que hay que reconocerle su malignidad. Después de todo es un adulto mutilado obsesionado con un jovencito vestido con mallas verdes. ¿Y el cocodrilo? Ese sí que da verdadero miedo…

-Mr. Hyde: La verdad es que tanto Hyde como Jeckyll son igual de malvados a su propia manera, pero Hyde, que representa todo lo animal y bestia que hasta un refinado doctor inglés puede llevar dentro, se lleva la palma en cuanto a su representación y falta de escrúpulos. Dentro de las incontables adaptaciones que se han hecho, la de Fredric March, que se transforma en Hyde a base de correas y trabajo físico, resulta espectacular.

-Fu Manchú: Otro de los grandes malvados de todos los tiempos que está siendo injustamente olvidado, aunque tuvo su época de Manchuxplotation en los setenta, en parte gracias al trabajo de Jess Franco. Fu Manchú es el mal refinado por la milenaria cultura china, experto en torturas y ambicioso conquistador mundial. Lástima de su mala suerte.

-Sauron: La sombra que se alza, el Señor Oscuro, convertido en un ojo gigante en lo alto de su torre, lo ve todo. Malvado y cruel, dominador más allá de lo humano, Sauron se muestra como el reflejo de aquello que fue en El Señor de los Anillos; una entidad antigua y capaz de roerte el cerebro en una fracción de segundo. Por desgracia, debió haber prestado atención a los hobbits mucho antes.

¿Y vosotros? ¿Cuál es vuestro malo favorito de la literatura que ha conseguido su papelito en el mundo del cine? Las respuestas, como siempre, a los comentarios.

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Guionistas de Hollywood

AutorVíctor Miguel Gallardo el 27 de julio de 2010 en Divulgación

Guionistas

Puede parecer una cuestión de perogrullo, pero la realidad es que algunos de los escritores que más dinero ganan anualmente con sus escritos no escriben novelas, ni poesía, ni sesudos ensayos, sino guiones para cine y televisión. Son los menos, por supuesto: la famosa huelga de guionistas que sacudió Estados Unidos no hace mucho fue una reivindicación clara de un colectivo que, en conjunto, se siente marginado por la industria que sostienen con sus ideas. El convocante de la huelga, el Writer’s Guild of America, pedía un aumento en las regalías y que de una vez los guionistas pudieran sacar tajada de la distribución de películas y series de televisión utilizando las nuevas tecnologías. El caso de las regalías era especialmente sangrante debido a que casi la mitad de los guionistas afiliados a la WGA se encontraban en ese momento viviendo de ellas ya que, por lo general, este colectivo puede estar largo tiempo sin un trabajo concreto entre proyecto y proyecto. De cada DVD vendido, por ejemplo, el guionista recibía la ”exorbitante” cantidad de cuatro centavos de dólar. Puede parecer muy poco, pero en la década de los 80 no recibían absolutamente nada por este concepto ya que la industria cinematográfica estuvo durante años obviando el tema de que las ventas y alquileres de VHS generaban bastantes beneficios. También se solucionó entonces el tema con una huelga, por supuesto.

No obstante, repito, algunos guionistas privilegiados hacen mucho dinero con su trabajo. Muchísimo. La mayoría son anónimos, pero hay excepciones. Algunos de esos escritores son claramente mediáticos e influyentes, y pueden darse el gusto incluso de influir en las decisiones últimas del director. Uno de ellos, que además es considerado como una de las cien personas más poderosas de Hollywood por la revista Premiere, es Charlie Kaufman. Nominado al Oscar por el mejor guión original en 1999 por Cómo ser John Malkovich y al de mejor guión adaptado en 2001 por El ladrón de orquídeas, el reconocimiento le llegó finalmente en 2004 al conseguir la estatuilla por el guión original de Eternal Sunshine of the Spotless Mind (traducida en España, de forma particularmente horrenda, como ¡Olvídate de mí!). Kaufman puede darse el lujo hoy día de elegir sus proyectos personalmente e incluso de dirigir sus propias películas o de tomarse cuatro años de descanso si le apetece.

Otra guionista muy conocida, también ganadora del Oscar, es Diablo Cody. Esta famosa bloguera es capaz de lo mejor (la película Juno, por la que ganó el Premio de la Academia, o la estupenda serie The United States of Tara son buena prueba de ello) y de lo peor (también firmó ella el guión de la infecta Jennifer´s Body), pero en todo caso su influencia y popularidad son muchas, y su cuenta corriente no debe ser precisamente parecida a la de la mayoría de sus colegas.

Pero si hay un guionista que actualmente esté en boca de todos este es, indudablemente, el siempre controvertido J. J. Abrams, por supuesto. Creador de series como Felicity o Alias, la fama le ha llegado con la exitosa Perdidos (o Lost, como prefiráis), una de las series de más éxito de la historia de la televisión, que actualmente está dando ya sus últimos coletazos. Hay que indicar que no fue él el creador propiamente dicho, sino Jeffrey Lieber, que fue el encargado de escribir el guión del capítulo piloto de la serie. Sin embargo, completaron finalmente ese trabajo Abrams y Damon Lindelof, el otro guionista de moda en estos momentos (no sólo de cine, también de cómic). Millones de fanáticos de la serie querrían ahora mismo estar dentro de la cabeza de estos dos gurús de la televisión del siglo XXI, desde luego, pese a que los puristas, muchos de ellos guionistas con menos fortuna que ellos, los acusen de falta de talento y de recurrir a trucos baratos para mantener el interés en la serie.

¿De dónde han salido todas esas frases tópicas?

AutorVíctor Miguel Gallardo el 26 de julio de 2010 en Divulgación

Pluma y Espada

Son muchas las frases tópicas que existen, así que vamos a ver de dónde proceden algunas de ellas.

Tempus fugit (traducida habitualmente del latín como “El tiempo se escapa”): Esta frase está documentada por primera vez en las Geórgicas de Virgilio, en el siglo primero antes de Cristo. La frase completa sería “Tempus fugit, sicut nubes, quasi naves, velut umbra”, es decir, “El tiempo vuela, como las nubes, como las naves, como las sombras”.

La venganza es un plato que se sirve frío: según parece fue utilizada por primera vez en literatura por Choderlos de Laclos en su famosa obra epistolar Las amistades peligrosas, publicada en 1782 y adaptada al cine en varias ocasiones.

El fin justifica los medios: todo el mundo piensa instintivamente en Maquiavelo al escuchar esta frase, pero no existe ninguna obra suya en la que la mencione. ¿Es atribuible entonces a él?

El hombre es un lobo para el hombre: fue utilizada por primera vez, que nosotros sepamos, por el autor romano Plauto.

Conócete a ti mismo: esta frase nació, curiosamente, en el Oráculo de Delfos, en la Antigua Grecia, si bien fue el filósofo Sócrates quien la inmortalizó a través de los escritos de Platón.

Las apariencias engañan: la frase como tal parece haber nacido durante el Barroco español, pero tiene su base en obras de la Antigüedad grecorromana. Autores como Plinio el Viejo o Virgilio ya alertaron sobre la poca fiabilidad de lo que vemos.

Beatus ille (o “Feliz aquel”): usado en referencia a todos aquellos que pueden escapar de la sociedad y refugiarse en su propia soledad, es una frase original del gran poeta romano Horacio. También suyos son los tópicos de “el amor todo lo puede” y “carpe diem”, uno de los tópicos favoritos de la actualidad.

Si quieres la paz, prepara la guerra: no se sabe exactamente de dónde procede el original latino (“Si vis pacem, para bellum”), aunque el escritor del siglo IV Vegecio utilizó una máxima muy parecida en su obra Epitoma Rei Militaris.

La pluma es más poderosa que la espada: proviene de la frase “Bajo el imperio de los grandes hombres, la pluma es más poderosa que la espada”, de Edward Bulwer-Lytton, todo un experto en crear tópicos ya que suyas son también las referencias al “todopoderoso dólar” y, sobre todo, el tan manido “Era una oscura y tormentosa noche”, motivo de chanza desde hace años entre los aficionados a la literatura.

París bien vale una misa: atribuida al rey francés Enrique IV, que supuestamente la pronunció tras convertirse al catolicismo para poder convertirse en monarca. No está claro que la dijera.

Quemar las naves: un tópico usado hasta la saciedad en todos los aspectos de la vida moderna, y muy del gusto de los comentaristas deportivos en particular. Se le atribuye al conquistador español Hernán Cortés, que supuestamente la dijo cuando mandó destruir los barcos que habían usado para llegar a México con el fin de que ninguno de sus hombres tuviera la tentación de desertar.

Relación de amor-odio: basada en el Odi et Amo de Catulo, que lo tomó a su vez del poeta griego Anacreonte.

Como podemos comprobar, son muchas las frases tópicas que provienen de los grandes clásicos de la literatura. Otras, en cambio, son más modernas, o provienen de hechos que nada tienen que ver con los libros.

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Las novelas con más Premios Oscar

AutorVíctor Miguel Gallardo el 25 de julio de 2010 en Divulgación

Retorno del rey

Muchas han sido las películas que, basadas en un libro, han conseguido importantes premios. El mayor de esos premios, o al menos el más prestigioso a nivel comercial, es el que da la Academia estadounidense de cine, conocido comúnmente como premio “Oscar”. Estas serían las películas con más galardones basadas en una novela o relato y no en un guión escrito ex profeso para ser llevado al cine.

El Señor de los Anillos, de J. R. R. Tolkien: la epopeya épica del autor sudafricano, llevada al cine en tres partes por el cineasta neozelandés Peter Jackson, cuenta con nada más y nada menos que diecisiete estatuillas, cuatro por la primera película (La comunidad del anillo, 2001), dos por la segunda (Las dos torres, 2002) y la vertiginosa cifra de once por la tercera (El retorno del rey, 2003). Esta última película tiene el récord de premios conseguidos junto a Titanic (1997) y Ben Hur (1959).

Ben Hur es, precisamente, la segunda de la lista, con once premios Oscar. La película del genial director William Wyler, se basó en la novela de Lewis “Lew” Wallace. No era su primera adaptación al cine, ya que otras versiones se habían estrenado en 1907 y 1925. Sin embargo, ninguna de las dos pudo optar al premio ya que la primera edición de este certamen se celebró en 1929.

-En el tercer puesto empatarían, con nueve estatuillas, El paciente inglés (película de 1996 basada en una novela de Michael Ondaatje), Gigi (de 1958, adaptación de la obra homónima de la escritora francesa Colette) y, por supuesto, Lo que el viento se llevó, una de las más famosas historias melodramáticas de la historia del cine que arrasó en los premios de 1939 y que surgió de la pluma de la autora Margaret Mitchell.

-Ocho premios tienen Slumdog Millionarie (2008, basada en una obra de Vikas Swarup), My fair lady (1964, adaptación de la novela de George Bernard Shaw) y De aquí a la eternidad (1953, basada en la novela de James Jones).

Algunas otras películas podrían haber estado en esta lista de haber conseguido más premios de los que finalmente se llevaron. Forrest Gump, por ejemplo, consiguió la buena cifra de seis galardones, entre ellos los de mejor película, director y actor, pero marró en otras siete categorías. La novela en que se basa la película es de Winston Groom. Bailando con lobos tuvo doce nominaciones, pero “sólo” consiguió siete premios. La película que lanzó definitivamente a la fama a Kevin Costner se basó en una novela escrita por Michael Blake. Más conocido es, sin duda, Charles Dickens: la película Oliver bebía de su obra, y aunque tuvo once nominaciones se quedó en cinco premios. La canción de Bernardette, basada en una novela de Franz Werfel tuvo cuatro premios de doce posibles y fue un gran éxito pese a que una historia acerca de la aparición de la Virgen María en Lourdes no parezca, a priori, un argumento llamativo para el público estadounidense. Sin embargo, estamos hablando de 1943: Estados Unidos acababa de entrar en la Segunda Guerra Mundial y una historia sobre milagros en territorio europeo (en territorio aliado europeo, perdón) caló hondo en un país que estaba enviando a sus jóvenes soldados a varios frentes de cuatro continentes distintos.

Habría que destacar a una película que, pese a tener once nominaciones, no consiguió premio alguno. Estoy hablando de la aclamada película de Steven Spielberg El color púrpura, basada en una obra de Alice Walker.

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Los grandes villanos de la literatura (I)

AutorAlfredo Álamo el 24 de julio de 2010 en Divulgación

Moriarty Perro

En todo libro con un mínimo de emoción, sea de aventuras, de terror, fantástico, de novela negra o de época, es necesario, además de un protagonista con el que nos identifiquemos de alguna manera, la existencia de un villano que encarne el mal, lo irracional o el obstáculo que el escritor haya decidido imponerle a sus personajes.

La verdad sea dicha: no siempre tiene que ser un villano, ya que podríamos hablar de, por ejemplo, la naturaleza salvaje, una hecatombe nuclear u otra encarnación de lo inevitable. Pero por hoy vamos a centrarnos en los grandes villanos de la literatura, esos que en ocasiones podrían arrebatarle el puesto al protagonista en cuanto se descuidara un poco.

El Profesor Moriarty: Pese a no aparecer en demasiadas ocasiones en los libros de Holmes, Doyle creó un personaje que se hizo mundialmente famoso al enfrentarse en igualdad de condiciones al mejor detective de todos los tiempos. No sólo eso, claro: llegó a acabar con su vida en El problema final. Desde entonces el Profesor Moriarty es un claro referente para todos los archienemigos cerebrales e inteligentes. Qué demonios, si hasta sale en episodios de Star Trek.

Voldemort: El villano definitivo de varias generaciones criadas con Harry Potter. Es el mago malvado sin piedad ni corazón, capaz de sobrevivir en una forma fantasmal alimentándose de sangre de unicornio. Como todos los grandes villanos, pese a ser derrotado, siempre vuelve. Su debilidad: El poder del amor.

Tom Ripley: Es cierto, es cierto. En realidad Ripley no es estrictamente el “obstáculo”. Es una apisonadora que se dedica a dejarse el terreno libre, haciendo uso de su extraordinario talento para sobrevivir y matar. Uno de nuestros favoritos y que hubiera sido interesante de ver enfrentado a algún detective famoso, también literario.

El Cardenal Richelieu: Nos referimos al personaje que describió Dumas, no al histórico, aunque también fue una buena pieza. Richelieu es otra de esas creaciones amplificada por el cine y la televisión, siempre con una conspiración a mano y manejando a los súbditos de Francia como a perros y los demás como carne para los perros. Inolvidable su apariencia perruna en Los tres mosqueperros. Desde entonces da un poco menos de miedo.

El inspector Javert, de Los Miserables: Más que villano, podríamos decir que Javert es uno de los seres más despreciables de la literatura. Víctor Hugo nos concede un vistazo a la miseria moral en forma de la corrupta visión de los hombres demasiado justos que usan la ley para justificar sus actos. Por lo menos Javert tiene un final apropiado: se suicida.

Arón el Moro: En las obras de Shakespeare hay numerosos y verdaderos villanos. Quizá el más cruel y bastardo de todos ellos se encuentra en Titus Andrónicus -una de las obras más sangrientas y menos representadas en España del bardo inglés-, ya que Arón es una persona que disfruta con el odio de los demás, carece de conciencia o remordimiento. Es un verdadero psicópata, pero dotado de las palabras de Shakespeare se hace todavía más insufrible.

Mientras preparamos la segunda entrega de nuestros villanos favoritos, ¿hay alguno en especial por el que sintáis predilección? No está mal reconocerlo, a todos nos gusta asomarnos al lado salvaje de vez en cuando, ¿verdad?

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Ezra Pound, el poeta de Mussolini

AutorVíctor Miguel Gallardo el 23 de julio de 2010 en Divulgación

Ezra Pound

Pocos autores del siglo XX han sido tan controvertidos como el estadounidense Ezra Pound, ya no sólo por su literatura sino, principalmente, por sus convicciones políticas. Si ciñéndonos a lo estrictamente literario hay que decir que Pound fue uno de los poetas más importantes de su generación, y uno de los primeros en introducir con éxito el verso libre en textos amplios, políticamente fue un personaje más que comprometido con sus ideas, algo que le valió ser vilipendiado por sus compatriotas una vez terminada la Segunda Guerra Mundial.

No obstante, Pound tuvo relativa suerte: fueron bastantes los autores, muchos de ellos políticamente opuestos a él, que intercedieron tras la guerra para que Pound, durante su juicio por traición en Estados Unidos, no fuera condenado a la pena de muerte. Finalmente la defensa consiguió que Pound fuera considerado un demente, lo que le salvó de la pena capital. A cambio pasó más de una década recluido en una institución mental, volviendo tras su alta médica a su amada Italia, en donde hoy día sigue siendo una figura plenamente admirada de la extrema derecha, existiendo incluso una agrupación de voluntarios fundada a principios de esta década denominada Casa Pound, de carácter neo-fascista (de hecho son considerados “okupas” de derechas), que promueve iniciativas contra la pérdida de viviendas tras impagos de hipotecas y ayuda a familias italianas que han perdido su casa, entre otras actividades.

Ezra Pound se habría sentido orgulloso, desde luego, al repasar el ideario de Casa Pound y de otros grupos afines del nuevo fascismo italiano tales como Radio Bandiera Nera, más que inspirados en las teorías políticas y económicas que convirtieron en importantes a Benito Mussolini y al fascismo italiano. Nacido en Idaho en 1885, se trasladó al Reino Unido a principios del siglo XX, llegando a convertirse en el secretario personal de William Butler Yeats. De hecho, fue Pound el que consiguió interesar a Yeats en la literatura asiática, una literatura que Pound devoraba: fue un importante traductor, y también muy criticado ya que, según muchos, no dominaba a la perfección los idiomas que traducía, por lo que fueron constantes las omisiones o los cambios de significado. Después del Reino Unido pasó a Francia en los años 20, donde tuvo contacto directo con las vanguardias. Tras su llegada a Italia todo empezó a cambiar: apoyó decididamente la política de Mussolini y empezó, algo extraño en él hasta entonces, a ser un decidido antisemita. Su colaboración con el régimen fascista fue más o menos clara dependiendo de la fecha. Durante la guerra fueron muchos sus artículos propagandísticos (ya antes de ella había usado su influencia en ciertos círculos culturales estadounidenses para advertir de que el peligro que podía venir de Europa no era el fascismo), pero cuando Italia cayó y se proclamó la efímera República de Saló, sus esfuerzos no decayeron, permaneciendo fiel al Duce hasta el final de la guerra en Italia, cuando tras ser detenido por los partisanos y liberado por ser un individuo que no les interesaba se entregó a las tropas estadounidenses.

Aún faltaba un tiempo para su juicio por traición, pero el tiempo en que fue recluido en un campo de prisioneros en Pisa no fue en balde: fue allí donde escribió buena parte de sus Cantos Pisanos, que dentro de la numeración de esta obra inconclusa y monumental que son Los Cantos conformarían los capítulos que van del 74º al 84º. Para muchos es una de las obras más importantes ya no sólo de Pound, sino de la poética mundial del siglo XX, en una amalgama temática que va desde la justificación económica de la guerra que se avecinaba (tomando como referencia una conversación acaecida en 1939) como los recurrentes temas mitológicos. Luego vendría su juicio, su reclusión y su vuelta a Italia, donde permanecería hasta su muerte en 1972. Se puede estar o no de acuerdo con muchas de las motivaciones de sus obras, pero obviar por cuestiones ideológicas a uno de los mayores genios de la historia de la literatura sería un error por parte de cualquier lector que se precie de serlo.

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Ken Follet: La caída de los gigantes

AutorAlfredo Álamo el 22 de julio de 2010 en Noticias

La caída de los gigantes

Hace pocos días que saltó la noticia: Ken Follet vuelve a la actualidad literaria iniciando su serie Century (¿Siglo? ¿Centuria? ¿Trilogía del siglo? Ya veremos con qué nos sorprenden) dispuesto a arrasar en las listas de ventas y hacer frente a vampiros, ángeles, templarios y a cualquiera que se le ponga por delante.

Con La caída de los gigantes, que saldrá a la venta el 28 de septiembre, Follet da un salto a una época en la que no nos tiene acostumbrados a escribir, los convulsos años a principios del siglo XX, y anuncia que entrelazará los destinos de varias familias, una americana, una rusa, una alemana, una inglesa y una galesa, a lo largo de la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa.

La propuesta de Follet abarca en realidad todo el siglo, ya que en los siguientes libros, que saldrán en 2012 y 2014, seguirán con las familias a lo largo de la Gran Depresión, la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría, suponemos que hasta la caída del muro y la Perestroika.

Con estos libros, Follet parece decidido a realizar una trilogía capaz de abarcar todo el siglo XX tanto temporal como geográficamente. El autor galés nos tiene acostumbrado a grandes volúmenes, pero en este caso parece que tendrá que aprovechar al máximo el espacio para lograr resumir un siglo en apenas tres libros.

Además, Follet sigue estando de actualidad por otros motivos y se espera que las ventas de Los pilares de la tierra vuelvan a alcanzar lo más alto de las listas tras el inminente estreno -el 23 de julio llega una previa desde Estados Unidos- de la miniserie de televisión que se basa en su célebre best-seller. La serie consta de ocho horas con actores como Ian McShane, Donald Sutherland, Sarah Parish o Hayley Atwel y tratará de convertirse en un fenómeno mundial gracias a un presupuesto de 40 millones de dólares.

¿Habrá segunda parte de la miniserie? La verdad es que adaptar Un mundo sin fin tampoco sería barato, así que todos los fans de Follet estarán deseando no sólo ver la miniserie de Los pilares de la tierra, sino que el resultado final le valga a la productora a meterse en un nuevo proyecto, tanto o más complicado que el primero.

Vía: KenFollet.com

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La literatura de la conspiración

AutorVíctor Miguel Gallardo el 21 de julio de 2010 en Divulgación

Skull & Bones

Es evidente que para las sociedades secretas resulta un problema que se pongan en conocimiento del público ya no sólo sus objetivos y miembros más relevantes, sino su propia existencia. La máxima de que sólo existe aquello que puedes nombrar se complementa con aquella otra que menciona que sólo puedes odiar aquello que conoces. No obstante, muchos se ceban con las sociedades secretas y les atribuyen horrendos propósitos que, la mayor parte de las veces, poco o nada tienen que ver con sus verdaderas motivaciones. Está claro que saber de la existencia de una organización no es equivalente a conocerla.

Muchos han sido, a lo largo de los siglos, los personajes importantes relacionados en mayor o menor medida con sociedades secretas de todo el mundo. Aunque habitualmente los más polémicos fueron los políticos y miembros del alto clero, en el siglo XIX se democratizó la demonización de miembros de estos grupos. La razón es sencilla: ya eran muchos los que, pese a no desempeñar labores políticas (ya fueran laicas o eclesiásticas), tenían poder e influencia. Así, los escritores empezaron a ser uno de los objetivos de los autores de teorías de la conspiración. Aún sorprende que las nuevas presas de estos “teóricos” (muchas comillas) no sean en estos momentos deportistas de élite. Todo se andará.

Algunas sociedades secretas con miembros literatos tienen, en realidad, un objetivo muy sencillo e inocente. Los llamados Apóstoles de Cambridge, por ejemplo, forman un club universitario de debate al que han pertenecido escritores tales como Frederick Maurice, Arthur Hallam, Lytton Strachey o Jonathan Miller, así como el político y filósofo Bertrand Russell. Cruzando el charco, y alrededor de otra famosa universidad, la de Yale, se desarrollan las actividades del grupo Skull and Bones. Dejando a un lado su carácter mucho más histriónico (y bastante tétrico), también ha contado entre sus filas, aparte de varios presidentes estadounidenses y del creador del fútbol americano, al poeta Archibald McLeish, al escritor y guionista Donald Ogden Stewart o al dos veces ganador del Pulitzer, David McCullough.

Una “sociedad” (realmente es sólo una reunión anual, no una asociación que requiera de membresía) de la que más se habla y escribe, ya que al parecer controlan absolutamente todos los resortes de poder del mundo actual, sería el Grupo Bildeberg. No se conocen con exactitud las listas de asistentes, pero no ha sido habitual (más bien lo contrario) la inclusión de escritores entre los “posibles“. No ocurre lo mismo con editores de literatura o, sobre todo, de prensa, lo que nos puede ayudar a entender por qué tantos escritores han criticado las reuniones anuales del grupo.

Sí que hubo escritores entre los miembros de otras organizaciones ocultas, tales como la Orden de Queronea, una asociación homosexual fundada en Inglaterra en 1897 a la que supuestamente perteneció Oscar Wilde. Su creador, el poeta George Cecil Ives, fue también jurista y gran defensor de los derechos de la comunidad homosexual. Según parece, los poemas de Walt Whitman fueron uno de los ejes de la Orden, hasta el punto de ser llamado por sus miembros como “El Profeta“. Otro escritor que perteneció supuestamente a este grupo fue Laurence Housman, así como el traductor y editor Montague Summers.

La otra cara de la moneda es justamente esa: la existencia de sociedades secretas ha generado una cantidad ingente de literatura al respecto desde hace siglos. Sin ir más lejos, podemos encontrar el excelente trabajo de los escritores León Arsenal e Hipólito Sanchiz Álvarez de Toledo Una historia de las sociedades secretas españolas, en el que hablan de grupos tan desconocidos como el de La Garduña. Pero la mayor parte de los escritores que se interesan por este tipo de organizaciones no suelen crear ensayos, sino novelas más o menos documentadas. Seguro que todos tenemos unos cuantos títulos en la cabeza ahora mismo, ¿verdad?

La desventaja sentimental

AutorAlfredo Álamo el 20 de julio de 2010 en Opinión

Olor Libros

Hablamos mucho de las ventajas del libro electrónico sobre el de papel, no podemos evitarlo, nos encanta la tecnología y los avances, pudiendo parecer que estamos deseosos de la eliminación de los volúmenes tradicionales.

Nada más lejos de la realidad, si nos gustan los lectores de libros electrónicos es por la facilidad que ofrecen para leer libros, para devorar uno detrás de otro con mayor velocidad. Para mi, por ejemplo, eso es una gran ventaja. Leo a todas horas, en cuanto tengo ocasión, a veces por trabajo, a veces por diversión y a veces por una extraña mezcla de ambas que se llama «revisión de manuscrito», aunque ya no está escrito a mano en absoluto.

Un inciso. Soy incapaz de escribir a mano más de una o dos páginas, me resulta tedioso y complicado y tiendo a perder el hilo de lo que estoy haciendo. Mi mano ya se ha desacostumbrado a tomar cientos de páginas de apuntes y se resiente al rato de darle al bolígrafo. Por no hablar de mi facilidad para perderme haciendo dibujos en cualquier hueco en blanco que tengo a mi alcance. ¿Alguien sigue escribiendo a la vieja usanza, como Faulkner sobre el arado? ¿Luego pasa sus notas y las corrige de nuevo? Me temo que he sido asimilado por la tecnología…

Pero hablábamos del libro y el ebook y sus diferencias, más que de sus ventajas. Me llama la atención una cosa: uno de los principales motivos para preferir el libro físico al digital parece ser el olor. Yo, que siempre he sido de economía más bien corta, he construido la mayor parte de mi biblioteca a base de ferias de ocasión y librerías de lance, con lo que, aunque coincido que un buen libro recién comprado tiene un olorcillo característico, yo suelo asociar libro con olor a página húmeda con algo de óxido, y, con suerte, a absolutamente nada. Tengo también libros con olor a tabaco, a vino -permitidme la sensiblería-, a lágrimas… pero no es algo que me mate, la verdad. Yo asocio los libros a lugares, a los olores y sensaciones de allí donde los leí por primera vez; en un parque, en el sillón viejo de casa de mis padres, al lado de una chimenea, justo cuando aquella chica… ehem, creo que os hacéis una idea.

Desconozco qué puede pasar ahora con los e-books. Es cierto que al recorrer mi vista por la biblioteca no voy a ver los lomos de muchos de los últimos libros que ya he leído de manera electrónica. No estará allí un viaje a Barcelona o a Bruselas, o un fin de semana solo en casa, al menos no por separado. Sin ellos allí, ¿seguiré acordándome? ¿o me olvidaré de cómo y cuándo los leí? Ese es, para mi, el componente romántico, por llamarlo de alguna manera, el sentimental, si queréis, de los libros. Ni su olor, ni el sonido de las páginas o la emoción de secar flores entre sus páginas.

Por otro lado, nadie comenta la única ventaja del ebook cargado de DRM: Cuando vienen tus amigos a casa no se pueden llevar prestados tus libros. Y cuando digo prestados me refiero a ese secuestro, rapto y abducción mediante el cual desaparecen cada año un buen número de ejemplares de mi casa para no volverlos a ver jamás.

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Los cinco libros de Moisés

AutorVíctor Miguel Gallardo el 19 de julio de 2010 en Divulgación

Moises

Si dentro de la Biblia hay libros que puedan ser considerados importantes y que hayan influido en las sociedades cristiana y judía (y, en menor medida, en el Islam), estos son sin lugar a dudas los cinco primeros, el denominado Pentateuco, conformado por los textos que, en la tradición cristiana, son conocidos como Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. Dentro de las tres categorías de libros que se han fijado para la Biblia (libros históricos, sapienciales y proféticos) estos cinco son, técnicamente, históricos, aunque habitualmente, y dada su importancia, se les suele encuadrar en una categoría separada y exclusiva para ellos. Esto responde a la propia naturaleza de los textos, que narran la historia de la humanidad desde su creación hasta la muerte de Moisés. Es el mismo Moisés al que se atribuye la elaboración del Pentateuco, y son estos los libros más importantes para el judaísmo y los que integran la Torá. Para los judíos la Torá es “la Ley”; para los cristianos se suele utilizar el término “ley mosaica” o “ley de Moisés”. La influencia de estos cinco controvertidos libros en ambas religiones es indudable.

Se podría decir que la práctica totalidad de las teorías judeo-cristianas más controvertidas desde el punto de vista científico e histórico aparecen en los cinco libros escritos supuestamente por Moisés: el creacionismo, teoría ya superada excepto en círculos extremistas (y que incluso es considerada como “metáfora” por varias iglesias, entre ellas la católica), queda explícito en el primero de los libros, el Génesis, a través de la archiconocida historia de la creación del mundo, de los animales y plantas que lo pueblan y, en última instancia, del ser humano, todo ello de la mano de un mismo ente (Dios) y en un tiempo récord, lo que supuso un grave problema a investigadores de siglos posteriores, que difícilmente pudieron casar la teoría de la creación recogida en la Biblia con los descubrimientos científicos y arqueológicos que demostraban que el hombre, si bien no viene del mono (como habitualmente se cree), sí posee un tronco evolutivo común con algunas especies de primates, en especial los llamados grandes simios. El creacionismo sigue siendo la teoría oficial acerca del nacimiento de la raza humana para millones de personas en todo el mundo.

El Génesis no habla solamente de la creación, desde luego, y allí podemos encontrar las historias referentes a Abraham, Jacob y José, entre otras, que hacen referencia (sumadas a la de Adán y Eva) a la Promesa, la Elección (del pueblo judío como escogido por Dios) y la Alianza entre Dios y los judíos. El Génesis, que evidentemente no fue escrito por Moisés y que con seguridad recoge (sobre todo en su primera parte) retazos de la tradición oral de los pueblos judíos de la Antigüedad, parece haber sido manipulado posteriormente a su confección para obviar ciertos temas “incómodos” para la sociedad judía, entre ellos el peso de la mujer en la religión. Hay que recordar que la religión judía, monoteísta y con un dios varón, se hizo fuerte en una zona de Oriente Próximo en el que el culto a una Diosa Madre (a veces relacionada con la Luna, otras con la naturaleza), que ellos llamaron Astaroth (equivalente a la Inanna sumeria, la Ishtar acadia o la Astarté mesopotámica, todas ellas provenientes de una tradición fenicia que no podía ser desconocida para los judíos) estaba muy arraigado. Convenía hacer hincapié en un Dios todopoderoso, varón, y que, por añadidura, había elegido libremente a los judíos y había pactado con ellos para ser su única deidad (no es cierto, pues, que el pacto fuera desinteresado: Yahvé, en realidad, está eliminando la competencia más directa, en este caso la de docenas de cultos orientales provenientes del Creciente Fértil o incluso de Europa).

Siendo serios, los cuatro libros siguientes tampoco son atribuibles a Moisés, ni siquiera aunque él sea parte activa de la historia que se está contando (después de todo, en el Éxodo, que narra la salida de Egipto del pueblo judío, Moisés juega un papel más que fundamental). Números, también muy histórico (y algo exagerado), o el Levítico, el más interesante de los cinco desde mi punto de vista al mostrarnos la religiosidad judía de la época en toda su ruda desnudez, no pueden sino ser transcripciones de la tradición oral de la época en que se escribieron, muy posterior a Moisés, pero es el quinto, el Deuteronomio, el que no deja lugar a ninguna duda, ya que ciertos aspectos de la decadencia en las costumbres que se mencionan, así como ciertas referencias documentadas a hechos concretos, son obligatoriamente posteriores a la muerte del supuesto autor.

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