Lecturalia Blog: reseñas, noticias literarias y libro electrónico

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La caída del gigante

AutorGabriella Campbell el 17 de agosto de 2010 en Opinión

Barnes & Noble

Cuando hablamos de la revolución digital del libro, muchas veces no nos damos cuenta de otra revolución, tal vez menos obvia, pero de una importancia suprema: el cambio del establecimiento físico. Se trata de un cambio que todos vivimos hasta cierto punto; a excepción de puntos de venta notables como la Fnac, que ha sabido compaginar el ambiente masificado de un supermercado con la tranquilidad de una librería moderna a la perfección, proporcionándonos espacios innovadores sin perder el gusto por el objeto-libro. Este cambio es el paso del espacio de venta específico, es decir, la librería, a las grandes superficies. Por comodidad, cada vez recurrimos más a estos comercios multitudinarios para obtener todo lo que necesitamos, desde fruta a desodorante, desde macetas a libros. Sí, también libros porque, seamos sinceros, la mayoría de los lectores no busca una edición específica de poesía hindú, sino la última novela de vampiros, la última novela romántica de moda, o la última opinión política repetida una y otra vez a lo largo de 200 escasas páginas de partidismo a fuente 14 e interlineado doble. Y ahí entran nuestros comercios habituales, que sustituyen, con mayor y mayor frecuencia, a las pequeñas tiendas de barrio, a la frutería de la esquina, a la droguería de la tía de nuestra vecina, a la librería pequeña, silenciosa y abigarrada que nos espera, paciente, a cien metros de casa. Sin entrar en cómo está afectando esto a los pequeños negocios familiares en general, concentrémonos por un momento en las librerías, puntos de venta de productos muy específicos que cada vez más son simplemente un artículo más en nuestro carro de la compra. Tampoco entraré en cómo afecta esto a las propias editoriales, que tienen que pagar un porcentaje bastante superior de sus ventas a las grandes superficies que a las librerías, ya que éste sería otro tema digno de un artículo propio.

¿Pero qué ocurre cuando los afectados ya no son los pequeños negocios familiares vendedores de libros? ¿Qué ocurre con las grandes cadenas de librerías? Éstas también sufren las consecuencias de la popularidad de los centros comerciales, y analistas y expertos se han llevado las manos a la cabeza cuando se han enterado de que el gigante librero estadounidense Barnes & Noble se ha puesto a la venta, incapaz ya de sostenerse frente a la competencia cada vez mayor de los grandes hipermercados. No es que Barnes & Noble se haya dejado llevar por la desidia y no se haya adaptado a los nuevos tiempos: tienen su propio punto de venta online donde ofrecen tanto libros físicos como electrónicos, y hasta han producido su propio e-reader, el Nook, al mismo nivel que el Kindle y más barato que el Ipad. Aun así no pueden competir con Amazon y similares, y mucho menos con el gigante Walmart o la ultrabarata Target, por poner dos ejemplos claros. En España sigue existiendo un público fiel a La Casa del Libro, ¿pero cuánto tardará en ser sustituida por Carrefour o Alcampo? Si el gigante e intocable B&N está en dificultades, ¿cómo podrán sobrevivir los pequeños comercios libreros independientes? ¿Y qué oportunidad de supervivencia tendrán los libros de autores desconocidos o de editoriales alternativas? ¿Es la literatura electrónica su único futuro? El tiempo lo dirá, por ahora sólo podremos teorizar sobre todas estas cuestiones que significan, para bien o para mal, un cambio radical en toda una industria.

Sueño profundo, de Banana Yoshimoto

AutorRaquel Vallés el 16 de agosto de 2010 en Reseñas

Sueño profundo

De Banana Yoshimoto conocía algunos datos: es una de las autoras japonesas que más premios y reconocimientos ha acaparado en los últimos veinte años y es, junto a Murakami, el principal exponente de esa literatura japonesa contemporánea que tanto está triunfando en occidente. Sus novelas más conocidas son N.P. y Kitchen, la primera de ellas, consiguió multitud de premios y ya lleva más de sesenta ediciones en Japón, desde finales de los ochenta, y dos películas basadas en esta historia. A si que, a priori, es una escritora más que recomendable pero mi primer acercamiento a ella no ha sido a través de sus novelas si no con Sueño profundo, una recopilación de tres relatos; los cuentos son para el verano.

Escritas en primera persona, en las tres historias encontramos mujeres jóvenes que están atravesando un momento crucial en sus vidas, un impasse donde el pasado, marcado por la muerte de alguien cercano, lastra al presente y ellas se dejan llevar, inmóviles; por que ninguna de ellas tiene una actitud valiente, activa (tan solo Shibami en el segundo relato, aunque no sea ella realmente la protagonista). En los tres casos, el sueño, más bien la somnolencia, parece haberse convertido en la realidad para estas mujeres, una manera (auto)impuesta de alejamiento del mundo y es una acción ajena la que rompe esa relación sueño/muerte, dando por cerrado ese ciclo.

En Sueño profundo, Terako mantiene una relación con Iwanaga, un hombre casado cuya esposa está en coma, y que mantiene económicamente a Terako. El recuerdo de la fallecida Shiori, su mejor amiga, y del extraño trabajo de esta, junto a la relación con Iwanaga, va arrastrando a Terako a una situación en que sólo el sueño parece tener sentido.

Si en Sueño profundo es la muerte de una amiga uno de los detonantes de la situación de Terako, en La noche y los viajeros de la noche, es la muerte de Yoshihiro, el hermano de la narradora, el eje central del relato. Shibami nos cuenta como esa muerte, ocurrida hace unos años, ha incidido en Marie, la novia de Yoshihiro y en Sarah su ex novia americana, a la que hace años que han perdido de vista.

Una experiencia es el último de los relatos y el más corto. Recupera parte del componente fantástico del primero y nos presenta a Fumi quien, en lugar de no poder evitar dormir como Terako, utiliza el alcohol para poder conciliar el sueño. Cuando, completamente borracha, cae en la cama siempre tiene el mismo sueño, aunque en su estado de semiinconsciencia no sepa muy bien si es o no real: escucha una hermosa música y parece estar en un lugar seguro. Ya por el día empieza a recordar a Haru, joven con la que mantuvo una fuerte rivalidad por un hombre y de la que hace tiempo no sabe nada.

A pesar del tono, deprimente en buena parte, los relatos me han parecido una reivindicación de la vida, no solo de aquellos que se han quedado aquí, si no también de que sea la vida de los que se marchan lo que nos marque, no su muerte. El estilo es sencillo, intimista lo que permite que aunque la actitud de las protagonistas pueda ser exasperante, esta sea comprensible.

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N.P.
Sueño profundo

Urueña, la primera villa del libro española

AutorVíctor Miguel Gallardo el 15 de agosto de 2010 en Noticias

Villa del libro

Existe desde hace años una iniciativa que se ha venido desarrollando principalmente en pequeños núcleos rurales europeos (aunque ya está abierta a otras partes del mundo como Estados Unidos, Canadá, Australia o Malasia) que convierte dichos enclaves en “Villas del Libro”, organizándose en torno a estas localidades múltiples actividades relacionadas con el libro y todo lo que tiene relación con él. La más antigua de estas villas del libro es Hay-on-way, una pequeñísima localidad galesa fronteriza con Inglaterra, tan pequeña y olvidada que en su página web oficial recomiendan que los envíos postales que les dirijan, en vez de especificar que van al condado galés de Powys, al que pertenecen oficialmente, indiquen el condado inglés de Herefordshire. Eso sí, se lo toman con humor y especifican que “It is purely for postal reasons!”.

En España la primera de estas “villas del libro” es Urueña, que fue calificada como tal en 2007. Urueña es un pequeño pueblo de la provincia de Valladolid cuyo censo no llega a los 300 habitantes, situada en la comarca de Tierra de Campos. Más allá de las particularidades de su designación como Villa del Libro, constituye un interesante lugar que visitar dada la estructura medieval de sus calles, su bien conservada muralla y, en general, por ser un enclave de gran interés histórico-artístico. No hay que olvidar que en el Medievo la villa tuvo una importancia estratégica clave dada su condición fronteriza entre los reinos de León y Castilla, lo que hizo que se convirtiera en una plaza fuerte, muy bien defendida, entre ambos estados antes de su definitiva integración.

Urueña y sus habitantes, los carrasqueños, han organizado múltiples actividades alrededor del libro, tales como talleres de encuadernación y caligrafía, a lo que hay que sumar el gran número de librerías que jalonan la villa, nada menos que once. Y para todos los gustos, hay que añadir: podemos encontrar, por ejemplo, la Librería-EnotecaMuseo del Vino”, que vende libros publicados por la Diputación Provincial de Valladolid; la librería “El 7”, especializada en temas taurinos; la librería Alcaraván, que vende especialmente libros de temas regionales de Castilla y León; la librería Samuel, con libros antiguos y grabados; el local de Alcuino Caligrafía, que como su nombre indica se especializa en el arte de la caligrafía, etc. Sin embargo, la joya de la corona de muchas de las librerías de Urueña son los libros antiguos y descatalogados, los libros de viejo, las ediciones curiosas, y toda la parafernalia que tanto nos atrae a los amantes de la literatura y de su soporte más universal. Todavía está por ver si el libro digital acabará por hacerse un hueco en la primera Villa del Libro española.

Pero Urueña es mucho más: si ya de por sí es llamativo el número de establecimientos per cápita dedicados a la venta de libros, no hay que olvidar que también cuenta con cuatro museos, a cada cual más interesante: al Centro Etnográfico, patrocinado por uno de sus más conocidos vecinos, Joaquín Díaz, hay que sumar un Museo del Gramófono (también gestionado por la fundación de Joaquín Díaz), un museo de Instrumentos del Mundo y otro de campanas. Urueña es, por tanto, un lugar que cualquier viajero no debería dejar de visitar.

Del futuro de la edición

AutorRaquel Vallés el 14 de agosto de 2010 en Noticias

periodismo analógico

Del siete al nueve de julio tuvo lugar el XXXV Encuentro sobre la Edición en la Universidad Menéndez Pelayo. Este encuentro está organizado por la Federación de Gremios de Editores de España y está bajo el patrocinio de CEDRO. El lema de este año ha sido El futuro de la edición: papel y e-book siguiendo así la estela del gran número de encuentros, mesas redondas y similares que se han centrado en la relación entre el libro electrónico y las editoriales. A través de dosdoce seguimos algunos de los temas tratados y varias de las puntos principales del evento.

La principal conclusión parece ser que el libro en papel tiene una salud de hierro y que aún le quedan muchos años por delante; no dudamos que esto sea así, pero también vemos como las generaciones más jóvenes están muy acostumbradas a leer en una pantalla y quizás el cambio de tendencia tarde algunos años pero es probable que sea más brusco de lo esperado. Aun así, estoy de acuerdo en que al papel aun le queda mucha vida, sobre todo, al formato tocho-regalo del que parece ser viven algunas editoriales en este país.

Se habló del papel de los diferentes agentes no ya ante el libro electrónico sino ante la nueva realidad tecnológica; los lectores están (estamos) tomando un papel más relevante, más protagonista ante la mayor oferta de información y de contenidos y hay que tenerlo en cuenta. Así el editor debe “venderse” mejor, utilizando las nuevas redes sociales, actuando como gestor de comunidades y acercándose a sus usuarios. Como veis, todo muy bonito.

Una de las conclusiones más interesantes, y repetida hasta la extenuación en otros foros, es que contra la mal llamada piratería sólo se puede actuar con contenidos de calidad a buen precio. Y, añado yo, con suficiente oferta.

Personalmente, estoy un poco cansada de escuchar a expertos y protagonistas del sector en diferentes encuentros llegando a unas conclusiones que ya sabemos y que vemos que no se aplican (al DRM imperante o a la falta de oferta me remito).

Supongo que en pocos meses en lugar de discutir tanto del e-book y teniendo en cuenta que se está desarmando la alarma editorial, esa que hizo aumentar de manera desmesurada las novedades editoriales, tendremos menos machaconería sobre el e-book y más análisis de la situación. Porque, o mucho cambian las cosas en pocos meses, o me temo que la “burbuja informativa” de las editoriales y el libro electrónico va a tener que deshincharse.

La novela histórica I: Datos básicos

AutorAlfredo Álamo el 13 de agosto de 2010 en Divulgación

Histórica

La novela histórica, que tanto predicamento tiene en nuestra lengua en los últimos años, nació, tal y como la conocemos, como una evolución de la novela de aventuras en el S. XIX y podemos considerar a Walter Scott, autor de obras como Ivanhoe, el pionero en dotar de importancia vital a la visión romántica del pasado dentro de la trama.

En el siglo XIX, con todo el auge de los nacionalismos y con las clases burguesas en busca de legitimidad, el pasado histórico era una excelente opción para encontrar valores y justificaciones para sus nuevas pretensiones sociales y políticas. Así que la novela histórica, llena de aventuras y, además, interesante para el núcleo lector de la época, comenzó su andadura por Europa a buen paso con nombres como Alfred de Vigny o León Tolstoi, que con Guerra y Paz logró una de las cumbres del género.

En España tendríamos a Larra y Espronceda, además de Francisco Navarro, aunque además de los románticos, los escritores realistas también utilizaron, y casi para lo mismo, la novela histórica con grandes referentes como Galdós y sus Episodios Nacionales.

El gran Robert Graves, con obras como Yo Claudio o Rey Jesús, junto con Mika Waltari formaron la punta de lanza de la novela histórica en el S.XX, y con la llegada de Noah Gordon, Ken Follet, Christian Jacq o Pérez Reverte nos encontramos con el salto a la edad de oro de este tipo de novelas, con la proliferación absoluta de títulos, muchos de ellos pseudohistóricos.

En la España franquista encontramos, de nuevo, la búsqueda de la justificación histórica, así que abundan las novelas sobre la Guerra Civil, sus inicios y consecuencias, con obras como Los cipreses creen en Dios o Madrid de Corte a Checa. Así mismo, desde el exilio, se escribían obras en una dirección opuesta, como las de Ramón J. Sender o Max Aub. Con la llegada de la democracia se produjo un auge en las novelas sobre el conflicto, muchas de ellas cortadas por el mismo patrón y que acabaron adaptándose al cine.

Lo cierto es que con el fin de la necesidad de una nueva concepción del pasado y la nacionalidad, la novela histórica gira de nuevo hacia la novela de aventuras de la que nació: hoy en día muchos títulos son calificados de históricos simplemente por su ambientación en el pasado y no por el trabajo realizado en la reconstrucción de la sociedad.

La novela histórica de hoy es más producto de hibridaciones, sobre todo con la novela negra o de enigma, y tiene mucho del viejo folletín de aventuras también muy propio del S.XIX, consiguiendo pasar de una literatura creada para forjar la identidad popular a ser un rápido entretenimiento merecedor de auparse en lo más alto de las listas de ventas. Las biografías noveladas de personajes históricos han comenzado a salir también con buenos números de ventas, convirtiéndose, con toda probabilidad, en la siguiente tanda de novedades, junto a los volúmenes en los que, por azarosas coincidencias, confluyen un buen número de grandes protagonistas del pasado, convirtiendo la narración en un amplio desfile de notables. En posteriores entregas sobre la novela histórica hablaremos en profundidad de cada uno de estos subgéneros.

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Nadie lo ha visto, de Mari Jungsted

AutorAlfredo Álamo el 12 de agosto de 2010 en Reseñas

Nadie lo ha visto

La isla de Gotland pertenece a Suecia, es la isla más grande del mar Báltico y cuenta con unos cincuenta y siete mil habitantes. Su capital, Visby, es Patrimonio de la Humanidad y se considera a la isla como una reserva natural de gran belleza.

Además, Mary Jungsted parece empeñada en acabar con gran parte de esa escasa población a base de hachazos y cuchilladas, ya que la autora sueca ha elegido este bello paraje, de donde es su actual marido, para situar sus novelas criminales.

Nadie lo ha visto, publicado en 2003, fue su primera novela y en la que presenta los personajes que serán principales en sus libros, Anders Knutas al frente de la policía de la isla y a Johan Berg como el periodista «del continente» que se ve normalmente involucrado.

Siguiendo la oscura tradición de Se ha escrito un crimen -la mítica serie de televisión- Gotland parece un nuevo Cabot Cove donde a cuantos menos habitantes quedan, más muertos aparecen.

Lo cierto es que la premisa de Nadie lo ha visto no me ha convencido del todo. Siguiendo un esquema clásico de la novela negra nórdica, el libro empieza con una joven muerta de manera atroz para luego presentarnos las líneas de investigación -en las que la autora trata que empaticemos con los policías- y también el mundo del periodista –Jungsted trabajó también para varios diarios- con una historia personal. El problema es que no me he creído a ninguno de los personajes, no me he puesto en la piel de Knutas y la verdad es que Berg no me ha parecido un personaje interesante.

En cuanto al desarrollo de los crímenes, todo sucede de una manera absolutamente lineal, sin sobresaltos y ofreciendo un final que pretende ser cinematográfico pero que tras el descubrimiento de la identidad del asesino, se alarga en exceso y es del todo anticlimático.

Para mi gusto, Nadie lo ha visto es una obra demasiado primeriza. Todavía no sé si las siguientes obras de Jungsted corrigen los interminables párrafos que no aportan nada a los personajes, definidos por completo en los primeros capítulos y que no sorprenden ni evolucionan durante la novela.

En resumen, Nadie lo ha visto es una novela policiaca con poca carga emocional y que sirve para pasar el rato en el autobús o en la consulta del dentista. De usar y olvidar.

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Las Canarias, uno de los viajes más desconocidos de Julio Verne

AutorVíctor Miguel Gallardo el 11 de agosto de 2010 en Divulgación

Verne

Algunas de las obras de Julio Verne son auténticos clásicos universales. Novelas como “Cinco semanas en globo”, “Viaje al centro de la Tierra”, “De la Tierra a la Luna”, “Los hijos del capitán Grant”, “Veinte mil leguas de viaje submarino”, “La vuelta al mundo en ochenta días”, “La isla misteriosa”, “Miguel Strogoff”, “Un capitán de quince años” o “Escuela de Robinsones” son algunas de las más leídas de la historia reciente de la literatura. Las adaptaciones al cine, a la televisión o al teatro, o en general su influencia en la cultura popular del siglo XX, hablan bien a las claras de la influencia inmortal de las letras del autor francés en el imaginario actual. Algunos de sus personajes son, asimismo, ejemplos claros de cómo puede convertirse un simple personaje de una historia en una celebridad. Porque, ¿quién no conoce, por ejemplo, al capitán Nemo, al profesor Otto Lidenbrock o a Phileas Fogg?

Sin embargo, dada la extensa producción literaria de Verne, resulta impensable que todas sus obras tuvieran tanta repercusión como esa docena que conforman su obra más popular. “Agencia Thompson y Cía” es una de esas novelas más o menos desconocidas. El que se trate de una obra parcialmente apócrifa tampoco ayuda.

La historia de esta novela es muy confusa. Tras la muerte de Julio Verne, su heredero, su hijo Michel Verne, presentó a su editorial un listado de novelas sin publicar de su padre, algunas de las cuales fueron publicadas posteriormente con éxito. En esa lista, sin embargo, no se encontraba esta novela, que sin embargo fue publicada en 1907 (dos años después de la muerte del autor) de forma seriada, en un primer momento, y finalmente conformando una novela. Investigaciones posteriores sugirieron que la novela no pertenecía a Julio Verne, sino a su hijo, aunque finalmente se ha impuesto la teoría de que Verne padre escribió los primeros veinte capítulos, siendo los diez restantes obra de su vástago. Se da la curiosa circunstancia de que el capítulo veintiuno, el primero de los apócrifos, empieza con el barco de los protagonistas abandonando el puerto de La Orotava, en Tenerife. Al menos fue el auténtico Julio Verne el que escribió uno los pasajes en los que los protagonistas visitaban (y de qué forma) las Islas Afortunadas.

Dejando a un margen la polémica por la autoría de la obra, “Agencia Thompson y Cía” es una obra muy divertida que, en un principio, debió llamarse “Un viaje económico”, un nombre seguramente más acertado dado el argumento de la obra: dos compañías londinenses de viajes, la Agencia Thompson y la Agencia Baker, se enzarzan en una disputa para organizar una “Grandiosa excursión a los tres archipiélagos: Azores-Madeira-Canarias” al mejor precio posible, lo que desencadena una guerra de precios en la que, al llegar a un momento concreto, Baker desiste continuar con el viaje asegurando públicamente la imposibilidad, con esos precios, de llevar a buen puerto la travesía.

No se equivocaba la Agencia Baker, por supuesto, pero la Agencia Thomson, a bordo del sufrido buque The Seamow, intentará por todos los medios posibles, que son pocos y muy precarios, ofrecer el viaje pactado a un nutrido grupo de ingleses de alta cuna (y también a un holandés para el que no se cuenta intérprete alguno). Las peripecias del The Seamow son narradas por el intérprete-cicerone de la expedición, un francés llamado Roberto Morgand, al que más le habría valido no saber hablar español y portugués. Lectura muy recomendable, sobre todo en verano, aunque no para aquellos que vayan a embarcar próximamente en un crucero de lujo, no vayan a asaltarles dudas.

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Ladrones de guante blanco y libros viejos

AutorRaquel Vallés el 10 de agosto de 2010 en Noticias

biblioteca

Cada pocos meses aparecen noticias de subastas de libros singulares a precios imposibles y noticias de robos en bibliotecas de manuscritos o libros históricos, dos caras de un mismo fenómeno, la conversión del libro en el objeto del deseo de los coleccionistas (y de los amantes del blanqueo de dinero, uno de los mejores clientes de las casas de subastas). Y no es que este fenómeno sea nuevo, ni mucho menos. Tampoco es nuevo el robo en librerías de best sellers o novedades como ya comentamos en un post sobre la pasada feria de libro de Madrid.

La noticia de esta semana ha sido la condena a tres años y medio de cárcel del conocido como “Tome Raider”, sobrenombre de William Jacques quien había sustraído a lo largo de tres años libros por valor de más de cuarenta mil libras de la Biblioteca Lindley de la Royal Horticultural Society de Londres, a la que consiguió acceder dando una identidad falsa y con el sofisticado método de esconder los ejemplares en su chaqueta. La Biblioteca Lindley posee una colección con libros que se remontan al siglo XVI.

Este no es el primer crimen de Jacques quien se calcula que consiguió un botín de un millón de libras esterlinas a finales de los noventa, saqueando unos quinientos volúmenes de bibliotecas históricas siendo condenado a cuatro años de cárcel. Entre los libros que robó entonces se encontraban primera ediciones de Newton y la intención última de los robos era la venta en casa de subastas de toda Europa.

Tras su detención en la misma biblioteca (el personal terminó por darse cuenta del comportamiento extraño del recurrente visitante) se le encontró un listado de setenta obras y notas manuscritas con su precio aproximado en el mercado.

Según Jacques los libros de la lista correspondían a los que necesitaba para su investigación mientras que fue el miedo a que reconocieran su nombre como ladrón de libros lo que le llevó a utilizar un nombre falso. El jurado, no sabemos porqué, no creyó una palabra de su clamor inocente.

La sentencia resalta que Jacques, como graduado en Cambridge, conoce perfectamente el daño al patrimonio que suponen sus actividades y como estas se mueven únicamente por el afán de lucro, en un tipo de crimen que encuentra fácil y económicamente muy beneficioso.

La evolución de Calpurnia Tate, de Jacqueline Kelly

AutorRaquel Vallés el 9 de agosto de 2010 en Reseñas

La evolución de Calpurnia Tate

Calpurnia Tate es una niña de casi doce años la única hija de siete hermanos (tres menores que ella) de una familia acomodada de un pueblo algodonero tejano. Estamos en 1899, va a empezar el nuevo siglo, las noticias sobre inventos y descubrimientos se amontonan en las páginas de los diarios pero, aun así, hay cosas que se resisten a cambiar. Y es que, la curiosidad científica y la aventura del descubrimiento parece cosas muy lejanas en ese lugar del mundo (como tantos otros) y la espabilada Calpurnia, que se dedica a apuntar los animales que ve, se siente bastante sola. Hasta que un día su intento fallido de conseguir El origen de las especies de Darwin de la biblioteca local, le lleva a hablar con su abuelo, un ser huraño siempre encerrado en su laboratorio haciendo experimentos y del que dudaba que supiese su nombre y que le sorprende gratamente: no sólo tiene un ejemplar del libro de Darwin sino que la anima a acompañarlo en su aventura naturalista.

Gracias a su abuelo Calpurnia descubre lo que es el método científico, lo que es la deducción, como recolectar ejemplares,… en un mundo en el que aun existe un grupo que defiende que la tierra es plana, en que los esclavos (la guerra de secesión sigue siendo un recuerdo vivo) han pasado a ser trabajadores mal pagados y donde, si la educación de los niños está muy alejada del conocimiento de la ciencia, peor es la de las niñas donde coser, bordar y andar erguida parecen las bases de su educación.

Por que el problema de Calpurnia no es solo tener una mente científica si no, además, ser chica. A lo largo del libro, que nos lleva desde un caluroso verano hasta año nuevo, vemos como Calpurnia aprende sobre el mundo natural, como su curiosidad aumenta y como también, se va planteando su vida, un futuro que ya parece totalmente decidido por sus padres y la sociedad. Por que en ese mundo tanto los niños como las niñas tienen muy marcado su rol y las niñas no pueden ser científicas (ni independientes) ni los niños pueden llorar por que han matado al pavo de Navidad.

Calpurnia está acompañada en este viaje, además de por su abuelo, por sus hermanos, con sus galanteos y sus gatos, su amiga Lula, que si es la hija soñada por cualquier madre en ese momento, sus padres o Viola, la cocinera negra que intenta enseñar, infructuosamente, a Calpurnia los secretos de la cocina.

Hacía tiempo que un libro no me atrapaba de esta manera y, además, sin asesinatos o misterios fantasmales. Si bien se trata de un libro juvenil y con marcado carácter didáctico (no hay que olvidar la ola de creacionismo que asoló los Estados Unidos y que aun siguen padeciendo en parte del sistema educativo) la forma en que Jacqueline Kelly lo ha escrito, amena pero muy cuidada y la cuestión de fondo, el papel de la mujer en la sociedad y la propia razón, dos temas que deberían estar más que superados y que, lamentablemente, continúan siendo discutidos en lugares y tiempos supuestamente civilizados.

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La última estación

AutorGabriella Campbell el 8 de agosto de 2010 en Divulgación

La última estación

León Tolstoi abogó durante su vida por la pobreza y la castidad. En la práctica no se le daban muy bien ninguna de las dos cosas, como explicó en sus diarios su esposa, la condesa Sofia Andreyevna Tolstaya.

Sofía es un ejemplo más del polémico estereotipo de “mujer de”, “esposa de” o incluso “musa de” de un escritor que ha pasado a la eternidad del panteón literario. Cuando se casaron, Sofía tenía 18 años y León tenía 34. Tuvieron 13 hijos, de los cuales 8 sobrevivieron a la infancia. Sofía intentó convencer a su tozudo marido de que utilizaran algún tipo de método anticonceptivo, pero sus ruegos cayeron en saco roto, el adalid del autocontrol y la abnegación tenía ciertos problemas cuando se trataba de mantener sus manos lejos de su adinerada esposa, igual que le costaba conciliar sus teorías obreras con la opulencia de su vida diaria. Sofia era también su amanuense, su secretaria, su editora, pero su opinión no tuvo ningún valor cuando León se decidió por el Creative Commons de la época y lanzó al mundo libre sus derechos de autor. Como si eso fuera poco, el discípulo más importante de Tolstoi, Vladimir Chertkov, dedicó parte de su obra a desprestigiar a la esposa del autor, y casi consiguió impedir que estuvieran juntos en el lecho de muerte de éste.

Curiosamente la revalorización del papel de Sofía ha llegado de la mano de la espléndida y condecorada Helen Mirren, quien tomó su papel en la película La última estación, basada en la novela homónima de Jay Parini. La situación de Sofía recuerda a la de tantas otras viudas y esposas que se vieron relegadas casi al anonimato tras la muerte de un hombre de portentosa fama y talento. Peor aún, hasta la biografía de Parini, era de creencia popular que la mujer de Tolstoi fue una influencia represiva en la vida del autor. Parini ha recuperado la figura de Sofía, demostrándonos la fundamental importancia que tuvo esta mujer en la vida de Tolstoi: primero, como el amor de su vida, segundo como la persona que lo mantuvo a nivel económico y social, y tercero, como editora y correctora constante de sus obras. Parece injusta la imagen que de ella concibió y promocionó Chertkov, la de mujer neurótica y represora, frente a la imagen que ofrece Parini: la de compañera, transcriptora y salvadora, madre de sus hijos y firme ancla de la realidad contra la posición política, ciertamente poco práctica, del espiritualista ruso. El conflicto constante de Tolstoi; realidad contra idealismo, escritura contra fama, influencias externas contra el calor familiar; se muestra siempre presente en la figura de la condesa: la mujer noble y acogedora que supo darle el equilibrio que necesitaba, al tiempo que demostró ser un eficiente contrapeso para una ideología esquiva que dominaba el cerebro del autor ruso. Tolstoi cumple con creces su papel de escritor atormentado, pero es ya común la noción de que dicho tormento afecta no sólo al autor, sino a los que lo rodean, a sus seguidores más cercanos, a aquellos que dedican su vida a atenuar su sufrimiento y a protegerlo del mundo real que acecha. Sofía fue una influencia poderosa en su existencia, un peso fundamental en su balanza de política y literatura, y es maravilloso poder reconocer, por fin, el papel de una esposa en el desarrollo personal y estético de uno de los más grandes novelistas de nuestra época.

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