Lecturalia Blog: reseñas, noticias literarias y libro electrónico

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Escrito sobre papel. O no.

AutorGabriella Campbell el 31 de marzo de 2011 en Divulgación

Skin Project

Cuando alguien menciona la palabra libro, inevitablemente pensamos en un formato estandarizado, es decir, en un cuaderno de papel fresado o cosido, lleno de palabras impresas con tinta. Las nuevas tecnologías comienzan a hacer que nos replanteemos esta asociación, ahora esos mismos libros pueden estar formados por píxeles en una pantalla. De la misma manera que el formato libro tradicional se asocia con funciones no necesariamente propias del libro (como por ejemplo, la función decorativa o estética), cada vez encontramos más creaciones narrativas presentadas de maneras muy diferentes a las esperadas.

Éste fue el caso del Skin Project (Proyecto piel) de Shelley Jackson. El proyecto se llevó a cabo en el 2003, año en el que Jackson pidió 2000 voluntarios para llevar a cabo algo nunca visto. La autora escribió un relato de 2000 palabras, y solicitó a cada uno de los voluntarios que se tatuara una de las palabras en la piel. De esta manera, el relato se convirtió en una narrativa viva, que mantenía su existencia en el cuerpo de cada una de estas personas. Ya en el 2011, Jackson ha revisado el proyecto, y ha reinventado su cuento de manera que esta vez constara de 895 palabras, las 895 palabras de las personas participantes del proyecto inicial que ha conseguido reunir en un vídeo que muestra a cientos de personas mostrando su palabra tatuada y leyéndola en alto. Jackson llama a sus voluntarios tatuados “palabras”, y explica que su historia es efímera, y que poco a poco va muriendo, conforme las palabras en sí mueren (desde el 2003 han fallecido algunos de sus voluntarios). Ciertos participantes han decidido eliminar el tatuaje, pero para Jackson esto no significa la eliminación de su palabra, ya que, para ella, los participantes se habían convertido en las propias palabras. Según Jackson, las palabras sólo desaparecen cuando mueren sus portadores, y comenta que la historia morirá, finalmente, con su propia muerte. En su propio cuerpo lleva tatuado el título del relato, Skin (piel). Podéis encontrar toda la información sobre el proyecto y el vídeo con el relato reestructurado aquí.

No es, ni mucho menos, la primera vez que algún autor elige un medio sorprendente para compartir su obra con el mundo. En el caso del reconocido escritor estadounidense James Frey, el medio elegido ha sido el lienzo, mostrando la obra escrita como si de una selección de cuadros se tratase. Huyendo de las editoriales habituales, Frey ha sido subvencionado por una galería de arte, la galería Gagosian de Nueva York, que ha preparado la exposición del original en lienzo (acompañado de numerosas ilustraciones de pintores de moda de la Gran Manzana), y además ha publicado unas 10000 copias de la obra en formato tradicional (una cifra irrisoria para un autor de la talla de Frey). El escritor también se ha autoeditado en ebook, optando por controlar él mismo su promoción, venta y beneficios. Además, Frey anticipa el recibimiento negativo que podría tener su obra entre los sectores más conservadores, debido a su argumento (relata el regreso del Mesías, en este caso un Cristo alcohólico y bisexual que deja embarazada a una prostituta) haciendo uso de formatos más difíciles de controlar y destruir. Conforme crecen los gigantes distribuidores, autores como Frey o Jackson prefieren reinventar el género. Lo que para unos puede ser una forma extrema de creación artística, como en el caso del relato tatuado, para otros puede ser una manera justa y eficiente de vender y promover su trabajo.

Adiós a Diana Wynne Jones

AutorGabriella Campbell el 30 de marzo de 2011 en Noticias

El castillo ambulante

Todos los lectores tenemos un escritor con el que nos hemos hecho adultos. Alguien con quien hemos crecido, que nos ha hecho disfrutar como nunca, y que nos ha ayudado a madurar. Alguien que parecía comprendernos, en ese terrible y extraño mundo intermedio entre la infancia y el mundo “de los mayores”.

Para mí seguramente fue Diana. La desbordante imaginación de esta autora británica la ponía por encima de otros similares, por la sencilla razón de que parecía comprender mis miedos, aunque estuviesen en entornos muy distintos (o no tanto) del mío. La caza de brujas de Witch Week (Semana bruja) tenía tantos elementos del mundo que me rodeaba en esos momentos que asustaba, y la protagonista de Black Maria (creo que no se ha traducido al español, por favor corregidme si me equivoco) se parecía asombrosamente a mi propia abuela paterna.

Si el nombre de esta escritora no os resulta familiar, es posible que los fans de Hayao Miyazaki (La princesa Mononoke, El viaje de Chihiro) hayan visto su película El castillo ambulante, basado en la novela del mismo nombre de Wynne Jones. Diana fue una de las muy afortunadas estudiantes británicas que tuvieron de profesores universitarios tanto a J. R. R. Tolkien como a C. S. Lewis. Diría que esto la influyó notablemente, pero también es cierto que la autora tenía cierto oscuro sentido del humor del que éstos carecían. Llevaba ya más de un año luchando contra un cáncer que la consumía, al que finalmente tuvo que rendirse, pero podemos decir que gozó de una vida larga (Diana nació en Londres en 1934) y plena. No dejó nunca de escribir, habiendo publicado más de cuarenta libros (y dos más que están todavía por salir a la luz de manera póstuma). Tenía una estrecha relación con el escritor de literatura fantástica Neil Gaiman, de quien decía que era de los pocos adultos que disfrutaba de su obra sin ser profesor ni bibliotecario. Wynne Jones le dedicó a Gaiman su novela Hexwood, y Gaiman dedicó sus Libros de la magia a “cuatro brujas”, de las cuales una era la autora británica.

Aunque Diana escribía para el público juvenil, sus obras están abiertas a que las disfruten personas de todas las edades. Personalmente, pienso rendirle homenaje releyendo sus libros y buscando aquellos que todavía no he leído. Podría hacer aquí una larga lista de sus numerosos méritos, títulos y premios, como también podría daros más datos biográficos y anécdotas variadas. Pero creo que es mejor pediros que os toméis la molestia de leer algo suyo, o por lo menos que se lo recomendéis a vuestros hijos. Creedme, ya le gustaría a J. K. Rowling escribir como ella, crear los mundos complejos y adolescentes que ella ha creado (paradójicamente, sus libros han experimentado un incremento de ventas gracias a la pottermania, debido a la similitud de algunos de sus temas).

Adiós, Diana. Aquellos que crecimos con tus libros te echaremos de menos. Y aquellos que todavía no te han leído también lo harán, estamos seguros.

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Lecturalia inaugura su tienda de ebooks

AutorAlfredo Álamo el 29 de marzo de 2011 en Noticias

Tienda de ebooks de Lecturalia

A partir de hoy no hay mejor opción para comprar y descargar ebooks que la nueva tienda de eBooks de Lecturalia, un proyecto con el que hemos estado ocupados los últimos meses y que esperamos suponga una mejora importante para todos los amantes de los libros.

Hace bastante tiempo que la idea de ofrecer una tienda de libros electrónicos nos parecía ideal como complemento de Lecturalia. A partir de ahora se podrá echar un vistazo a las opiniones y valoraciones de los usuarios de nuestra red social de literatura y luego comprar el ebook que queramos en apenas unos minutos. Esto no quiere decir que prefiramos lo digital frente al papel, en Lecturalia nos encantan los libros, tengan el formato que tengan.

La principal característica que me gustaría señalar de la tienda es su sencillez, hemos trabajado para que, una vez registrado en la tienda, la compra y descarga de un ebook apenas cueste dos clicks de ratón y sin salir de la misma pantalla. Aunque se mantiene la instalación de Adobe Digital Editions -con una serie inicial de registros-, una vez hemos superado ese pequeño trámite el proceso de compra resulta de lo más transparente. Además, también hemos preparado una serie de guías para resolver las dudas más frecuentes a la hora de comprar ebooks, algo que muchos usuarios estaban pidiendo.

Seguro que muchos os estaréis preguntando si era el momento. ¿Está el mercado de los libros electrónicos maduro? La verdad es que todavía está en desarrollo y con muchas incógnitas. El proceso de unificar vendedores y distribuidores es una labor titánica pero esperamos contar con la colaboración de todos nuestros usuarios -ya somos casi 50.000- para mejorar cada día nuestro sistema de descarga de ebooks.

Como siempre, os invitamos a recorrer la nueva tienda de ebooks de Lecturalia y a que compartáis vuestra opinión con nosotros, ¿qué mejoraríais? ¿echáis algo en falta? Somos todo oídos y os esperamos con ganas en los comentarios.

El rey de amarillo, de Robert W. Chambers

AutorAlfredo Álamo el 28 de marzo de 2011 en Reseñas

El rey de amarillo

A veces, cuando te enfrentas a un libro, te da la sensación de que estás leyendo algo realmente especial. Esa fue mi impresión a medida que iba leyendo los relatos que componen una de las antologías más interesantes y malditas de la literatura fantástica norteamericana: El rey de amarillo, de Robert W. Chambers.

Chambers era un neoyorquino de buena familia, bien educado y que logró una cierta fama como ilustrador para revistas como Life o Vogue. Pese a haber publicado alguna novela más, In the Quarter, y antologías como The Maker of Moons o The Tree of Heaven, es sin duda El rey de amarillo una obra singular en su carrera, ya que luego pasó a escribir novela romántica y, finalmente, ficción histórica.

Aunque se ha ligado habitualmente la obra de Chambers con la de H.P. Lovecraft, hay que resaltar que cuando El rey de amarillo fue publicada, en 1895, el autor de Providence apenas contaba con cinco años de edad. Aquellos que ven una extensión de los mitos en Chambers están equivocados y, pese a la floja opinión de Lovecraft sobre su colega, la huella de El rey de amarillo se aprecia en numerosos relatos del Círculo de Lovecraft, casi al mismo nivel que Lord Dunsany.

¿Cuáles son los méritos de El rey de amarillo? A mi entender, es la manera con la que se mezcla, casi por primera vez, un numeroso batiburrillo de elementos mitológicos, románticos, propios del suspense o de la fantasía y la ciencia ficción. Es difícil lograr que esa variedad de elementos case en una antología, pero Chambers lo consigue gracias a ese elemento de unidad que es el libro dentro del libro, El rey de amarillo dentro de El rey de amarillo.

La idea que hila la antología es la presencia e influencia de un libro maldito, El rey de amarillo, una obra de teatro con la capacidad de volver loco a quien lo lea, que está conectada a una extraña entidad, también llamada El rey de amarillo y a un extraño signo de capacidades sobrenaturales. Es mediante estos elementos que Chambers articula los cuentos sobrenaturales -a mi juicio los de mayor calidad y que se editan hoy en día- sin mucha relación con otros textos incluidos en la antología, casi como relleno, y sin apenas interés.

Las influencias de Ambrose Bierce y Edgar Allan Poe son evidentes, como se aprecia en las menciones a Carcosa, por ejemplo, así como un cierto simbolismo francés. Chambers estudió arte en Francia y Alemania, así que ese cierto «aire europeo» está presente en el libro. A su vez, la manera de describir sin describir, de hablar sin mencionar los más profundos horrores, sería una marca que dejaría en autores posteriores, como el ya mencionado Lovecraft o en Clark Ashton Smith.

Pese a todo, los relatos adolecen de una cierta pátina de ingenuidad, está claro que lograr inquietud y malestar psicológico a finales del siglo XIX no requería la misma intensidad que hoy en día, pero, pese a todo, como comentaba antes, la sensación está ahí, profundamente grabada en los relatos que parecen poseer un aura especial que el paso del tiempo no ha logrado arrebatar.

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H. P. Lovecraft
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Marginalia (bis)

AutorGabriella Campbell el 27 de marzo de 2011 en Divulgación

Al margen

Cuando escribí el artículo Marginalia, acerca del controvertido tema de escribir en los libros y mi propia experiencia al respecto, lo hice inspirada por un artículo que había leído en el New York Times en el que se hablaba de esta práctica (el artículo, de Sam Anderson, se centraba más en el ejercicio de escribir en los márgenes como práctica referencial, hecha para uno mismo; sin embargo para mí y para otros “anotadores”, como para los amantes y amigos del siglo XIX, se trata de una práctica social). Debe de ser un tema bastante llamativo porque semanas después de enviar mi texto encontré otra referencia al respecto por parte de otro articulista del mismo periódico, que también hacía mención de obras que han tratado, de una manera u otra, esta costumbre más o menos polémica.

Este segundo artículo, de Pamela Paul, nos presenta algunas publicaciones interesantes acerca de este tema. La reciente obra de Matthew Grenby, The Child Reader: 1700-1840 (El niño lector: 1700-1840), se centra en las anotaciones de lectores infantiles, y sus curiosas percepciones y arreglos del texto en el que se estaban concentrando. Uno no puede dejar de pensar que sería tal vez más interesante saber qué anotan los niños de nuestro tiempo, quienes, a pesar de la imposición escolar de mantener los libros impolutos, siguen garabateando en sus páginas. Reconozco que mis propios libros de texto están repletos de anotaciones y dibujos, algo que me encanta redescubrir ahora que han pasado los años. La sensación de libertad y rebeldía al trasladar esta destructiva costumbre a los libros de ficción fue importante, algo así como comenzar a colorear los dibujos saliéndome de las líneas, o a escribir poesía que no rimase. Los libros perdían su inocencia, su pureza, pero precisamente esto les proporcionaba vida, experiencia.

La obsesión por los márgenes puede llegar, sin embargo, a ser enfermiza. Paul nos habla también del tratado Marginalia de H. J. Jackson, que reúne miles de anotaciones de escritores conocidos. Curioso, pero lejos de ser apasionante. Aunque dichas notas puedan darnos cierta información sobre la personalidad e intereses de dichos autores, no son tan inspiradoras como pueden ser las notas de nuestros propios conocidos o nosotros mismos (reencontrarse con una anotación propia es, frecuentemente, bucear en los recuerdos y en el mismísimo subconsciente, de una forma parecida, pero más sutil, a la de un diario). Lo que sí es llamativo de esta obra de Jackson es su narración de la “guerra” existente entre los anotadores y los bibliófilos, entre los que garabateaban y los que consideraban dicho garabateo pecado mortal; el enfado de De Quincey con Wordsworth cuando éste le devolvió un libro prestado lleno de marcas de mantequilla es, seguramente, muy razonable, pero hay una gran distancia entre los que simplemente no sienten aprecio físico por el libro y aquellos que llevan su aprecio a límites distintos. El amor hacia el libro se demuestra, sin duda, de diferentes maneras; como el amor, la afición por el libro puede ser de respeto, virginal y platónico, casi religioso, o puede ser terrenal, pecaminoso, repleto de lujuria, con un fálico lápiz (o, perversión de las perversiones, un bolígrafo) para impregnar a la obra de nuestros pensamientos, opiniones y persistente creación de recuerdos.

Derribando el muro

AutorGabriella Campbell el 26 de marzo de 2011 en Divulgación

El cuarto muro

Cuando hablamos de la cuarta pared, estamos usando una expresión que se originó en el mundo del teatro. En el escenario, contamos con tres paredes que rodean la acción, y una cuarta (transparente, imaginaria), que separa el escenario del público. En el teatro es fácil derribar este muro ilusorio, cualquier momento en que los actores se dirigen al público es un momento en el que la ilusión de otredad se rompe, donde el público se convierte en un participante más del espectáculo. Esta herramienta, relativamente sencilla en el entorno dramático, ha trascendido y ha invadido el espacio de otros ámbitos literarios, importando un ejercicio de interacción y transformándolo en un movimiento casi existencialista. Algunos teóricos hablan también de la existencia de una quinta pared, que sería la existente entre los miembros individuales del público de una obra, es decir, la que separa a un espectador de otro.

Dentro de la complejidad de la estructura narrativa, habitualmente podemos confiar en un principio casi inamovible: disponemos de un autor y disponemos de una serie de personajes. Nos adentramos en un mundo artificial en el que nosotros no somos más que meros espectadores, y los personajes no son más que marionetas de la voluntad omnipotente de su creador. Pero del mismo modo que Calderón cuestiona la propia validez de la realidad en La vida es sueño, algunos personajes gozan de tal calidad de existencia que pueden empezar a comportarse como seres reales, es decir, a cuestionarse su propio mundo y la autoría de éste, en una especie de acto religioso donde la divinidad es el narrador, y la narración queda en manos de una entidad bifurcada y/o especular, que es, a la vez, omnisciente y personaje. Así, en Niebla el protagonista decide salirse del marco impuesto por Unamuno y reclamar su derecho a la vida, a la decisión, al libre albedrío, del mismo modo que Adán come del Árbol de la Ciencia. El reciente género del webcómic (y antes de éste, el cómic y la novela gráfica) utiliza generosamente, tal vez de manera abusiva, este recurso, valiéndose de la flexibilidad que ofrece una publicación periódica y la combinación de texto e imagen, llegando a presentarse esta cuarta pared como algo gráfico, identificado con el marco de las viñetas, que los personajes utilizan como soporte físico a la vez que metafórico. Algo que podría parecernos, visto en pantalla, tremendamente sencillo, se convierte en un proceso autorreferencial que, visto desde la perspectiva del sistema narrativo, es confuso y difícil de describir y delimitar, un poco como situarse entre dos espejos y verse uno reflejado ad infinitum. Los resultados más espectaculares, sin duda, son aquellos en los que uno se sumerge de lleno en la ficción, convencido de su carácter, precisamente, ficticio; para verse sorprendido, de repente, por su propia inclusión en la intriga.

Muchos libros parten, desde el principio, de la ruptura de la cuarta pared, al dirigirse de manera directa al lector. En Jane Eyre, la protagonista nos habla desde el principio, nos llama “querido lector”. Ésta es una técnica muy común. Sin embargo, en la literatura es interesante llevar esta ruptura más allá, mostrando, dentro de la estructura de ficción, personajes que toman conciencia de su propia realidad de personajes, como el ya mencionado caso de Niebla. Ante todo, se trata de una transformación del ya establecido pacto narrativo, aquel que se establece entre autor y lector, por el que el lector acepta suspender temporalmente su sentido de la realidad para aceptar la realidad ficticia presentada por el autor. Si este sentimiento de ficción se rompe, el resultado es la sorpresa, la incomodidad y, si se realiza correctamente, una profunda reflexión sobre nuestra propia calidad de actores.

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Golpe de efecto, de Harlan Coben

AutorAlfredo Álamo el 25 de marzo de 2011 en Reseñas

Golpe de efecto, Harlan Coben

Golpe de efecto fue el segundo libro publicado de Harlan Coben con Myron Bolitar de protagonista, publicado hace casi quince años y, tras echarle un vistazo a sus últimos libros, podría decir que se nota.

Myron Bolitar es un exjugador de baloncesto metido a representante deportivo que cuenta con una serie de habilidades especiales para proteger, ayudar, y en ocasiones acosar, a sus clientes. De hecho, aunque no se nos cuenta de manera detallada, sabemos que Bolitar trabajó para el gobierno americano durante una temporada.

En Golpe de efecto Coben nos introduce en el mundo del tenis profesional, en el que cada centímetro posible está ocupado por publicidad, los agentes de las grandes marcas se pelean por los jugadores y el dinero que se mueve atrae a lo peor de cada casa de los representantes deportivos. Coben plantea la trama a partir del asesinato de Valerie Simpson, joven, pero antigua, estrella del circuito profesional, justo durante el partido de Duane Richwood, jugador en alza al que Bolitar representa.

El argumento se complica. Como en las clásicas novelas de detectives, todo lo que investiga Bolitar acaba estando relacionado, incluyendo aspectos de su propia vida personal. Como es costumbre en los libros de Coben, el autor nos enseña una parte de la sociedad americana de clase alta, fría y en ocasiones más despiadada que los enemigos mafiosos con los que se relaciona Bolitar.

Como puntos a favor hay que decir que el mundo del tenis está bien reflejado, el libro se lee sin complicaciones y que los personajes son muy carismáticos. Demasiado, quizás, en ocasiones, donde el socio de Bolitar, Win, se muestra como un asesino despiadado y algo desequilibrado en una escena que rompe con la línea de realismo del libro.

La trama avanza bien, pero se ve venir la solución al gran enigma planteado por Coben un par de cientos de páginas antes del final, haciendo que las vueltas y más vueltas que Bolitar le da al problema resulten algo desesperantes.

En resumen, una obra que resulta algo primeriza y con los personajes todavía por afinar en manos de Coben. Interesante, pero no una obra a que recordar o a la que volver más adelante.

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Novela Histórica IX: Edad Media (II)

AutorAlfredo Álamo el 24 de marzo de 2011 en Divulgación

Fray Cadfel

Seguimos con nuestro repaso a algunas de las obras más representativas de la novela histórica medieval. Hoy os hablaremos de los principales escritores de misterio que han decidido situar sus obras en la Europa de los monjes y los siervos, además de uno de los grandes temas históricos: Las cruzadas.

La serie de los Reyes Malditos, escrita por el autor francés Maurice Druon, es una de las sagas más vendidas en el país galo y que ha recibido una reedición en España hace poco. Druon parte de la maldición de Jacques de Molay que afecta la dinastía Capeto: intrigas, asesinatos y conjuras para una de las peores épocas de la historia francesa.

En el apartado negro y criminal, mis autores favoritos del medioevo son Paul Doherty, autor de la serie de libros de Fray Athelstan, entre otros personajes, aunque sin llegar a superar en número de libros -por muy poco- a Ellis Peters, genia absoluta del policiaco medieval con Fray Cadfael como uno de los grandes detectives históricos. Títulos como El aprendiz de hereje o La penitencia de Fray Cadfael son una muestra de su trabajo. Más que recomendable.

Uno de los temas medievales favoritos por los lectores es el de Las Cruzadas, las primeras guerras entre Oriente y Occidente, los duros reyes cristianos contra el refinamiento árabe. Además de El médico, que ya hemos mencionado, no estaría de más hablar de la obra de Amin Maalouf, aunque sea en ocasiones más académica que narrativa y mezcle desde el medieval al renacimiento. Uno de los premios Príncipe de Asturias más merecidos de los últimos años A destacar Las cruzadas vistas por los árabes y Samarkanda.

Además tenemos La cruzada de los niños, del ya nombrado Berling, o la famosa Trilogía de las cruzadas, de Jan Guillou, en los que los amantes del tema templario también podrán disfrutar mientras se nos cuenta algunos de los episodios más sangrientos de la época, con vikingos de por medio y todo.

Si os gusta un poco el toque fantástico, no puedo dejar de recomendaros Juglar, de Rafa Marín, una aventura basada en el Cantar del Mio Cid contada de una manera diferente y que se llevó el Premio Ignotus de Novela en 2007 o La locura de Dios (1998) de Juanmi Aguilera, con un viaje de Ramón Llull y los almogávares a tierras lejanas.

En cuanto a géneros quizá más minoritarios, habría que destacar las novelas romántico-históricas de Jean Plaidy y en lo juvenil, es destacable Finis Mundi, de Laura Gallego, novela con la que ganó el premio Barco de Vapor, y Cruzada en jeans, de Thea Beckman.

Y hasta aquí este pequeño resumen. Sé que nos dejamos muchísimos autores y libros en el tintero, sobre todo los dedicados a la Edad Media en España que se merecen una próxima entrada para ellos solos en el blog. Como siempre, vuestros aportes serán bienvenidos en los comentarios.

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Juglar

El 23-F y el libro treinta años incompleto

AutorVíctor Miguel Gallardo el 23 de marzo de 2011 en Divulgación

23-F. Literatura

Hoy, 23 de febrero de 1981, esta mañana en la Secretaría del Colegio Universitario me han dado este libro. He venido leyéndolo en el avión. Cuando he llegado a las Cortes ya hacía unos minutos que había empezado la sesión. Estaba completamente lleno. Lluch y Felipe han estado brillantes.

Esta era la primera anotación que, con tinta verde, el entonces diputado (por Socialistas de Cataluña) Lluís María de Puig, escribió en una página en blanco del volumen de La poesia de Rafael Masó. Per un anàlisi de la poètica noucentista que le habían entregado esa misma mañana. Unas horas antes el guardia civil José Antonio Iglesias se afanaba con un comentario de texto sobre un libro de Pío Baroja (se estaba sacando el Bachillerato en sus horas libres) cuando, de improviso, fue llamado por su superior para un servicio especial.

23 de febrero de 1981: el servicio especial, claro, era el intento de Golpe de Estado que el teniente coronel Antonio Tejero encabezó (para su desgracia).

José Antonio Iglesias, que poco después dejó la Benemérita para, ya con su título de Bachillerato, incorporarse a la plantilla de Telefónica gracias a la intervención a su favor del que era Ministro de Interior durante el golpe, Juan José Rosón, seguramente como agradecimiento a todo lo ocurrido en aquellas peligrosas horas que pudieron cambiar la historia de España (Iglesias actuó como mensajero, a espaldas de Tejero, entre varios ministros y diputados) fue precisamente el que arrancó la página con anotaciones en catalán que Lluís María de Puig había hecho. El libro había sido arrebatado de las manos del parlamentario horas antes por un guardia, y entregado a Tejero. De Puig se ofreció incluso a traducir sus palabras, que ninguno de los golpistas entendían, pero la cosa no pasó a mayores. Iglesias, no obstante, y para evitar males mayores, se quedó en un descuido con la hoja por lo que pudiera pasar. Durante treinta años la guardó cuidadosamente, sin saber a qué parlamentario en concreto había pertenecido aquel libro. Tras publicarse las actas de lo ocurrido aquel nefasto día, hace unas semanas, Iglesias quiso devolver a su legítimo dueño aquella página con inocentes anotaciones. De Puig, ante él y el periodista que propició el encuentro, declaró:

No te estoy agradecido de lo que pasó aquella noche, pero sí de que hayas conservado esa página y de que me llamaras. De eso sí que te estoy muy agradecido.

Para De Puig, vinculado a la política hasta hace relativamente poco, significa recobrar un poco de su historia personal; para Iglesias, conseguir deshacerse del último recuerdo de una intentona golpista a la que fue empujado por obedecer las órdenes de sus superiores, ya que ha manifestado que no tenía la menor idea de qué iba a pasar o cuál era su función cuando fue movilizado de urgencia aquella mañana del mes de febrero de 1981.

Treinta años después ese ejemplar del ensayo sobre la poesía del gerundense Rafael Masó i Valentí, que fue un importante arquitecto modernista y que también se dedicó a la política, está por fin completo.

Haruki Murakami, Premio Internacional Catalunya 2011

AutorVíctor Miguel Gallardo el 22 de marzo de 2011 en Noticias

Haruki Murakami

El japonés Haruki Murakami, nacido en Kyoto en 1949, es uno de los escritores más importantes de la actualidad, uno de esos autores que es capaz de poner de acuerdo, cosa rara, a público y crítica. Sus libros son devorados por millones de lectores totalmente entregados a su obra, cada nueva novela suya es esperada con expectación y, además, acumula premios internacionales y críticas favorables como pocos literatos superventas. Ahora es reconocido por la Generalitat catalana con el XXIII Premio Internacional Catalunya, que tiene una dotación económica de 80.000 euros y que además incluye una escultura del prestigioso escultor barcelonés Antonio Tàpies.

Durante el acto de comunicación del premio (hasta el 9 de junio no se hará entrega del mismo), el portavoz de la Generalitat, Francesc Homs, leyó una misiva al respecto escrita por Murakami, en la que no podían faltar alusiones a los recientes acontecimientos que han sacudido a su país. El autor manifestó que agradece tanto el premio como el reconocimiento que conlleva, añadiendo que sus compatriotas necesitan, en estos momentos, “cualquier tipo de estímulo en estos tiempos tan difíciles”. Añadió que desconoce qué tipo de contribución le será posible hacer por su país. Ya en 1995, tras el terremoto de Hanshin que asoló la ciudad de Kobe, matando a casi 7.000 personas, Murakami volvió a Japón tras un largo tiempo fuera del estado insular que lo vio nacer. Murakami escribiría sobre esta tragedia en el compendio de relatos titulado After the Quake, que fue editado cinco años después de la catástrofe.

Desde su nacimiento en 1989, el Premio Internacional Catalunya ha reconocido la labor de autores diversos, no estrictamente escritores. Oficialmente, la intención del galardón es la de premiar “a aquellas personas que han contribuido de manera decisiva con su trabajo a desarrollar los valores culturales, científicos o humanos”. Instituciones de todo el mundo y los miembros del jurado son las responsables de presentar las candidaturas, más de 200 cada año, dentro de los ámbitos de la economía, la historia, el arte, la ciencia, la literatura y la diplomacia. Así, el primer vencedor fue el filósofo británico Karl Popper, pero en años posteriores encontramos nombres tan variopintos como el del fallecido oceanógrafo francés Jacques-Yves Cousteau (1991), el también finado violoncelista azerbaiyano Mstislav Rostropóvich (1992), el sociólogo francés Edgar Morin (1994), su compatriota Jacques Delors (1998), político, el antropólogo Claude Lévi-Strauss (2005), el religioso catalán Pere Casaldàliga (2006), que es además el único español que ha recibido el premio (un galardón que, en el caso de este comprometido activista de Balsareny es más que justo), o incluso el estadounidense Jimmy Carter, al que ahora sucede Murakami.

Dentro del ámbito de las letras otros ganadores han sido el checo Václav Havel (1995), el turco Yasar Kemal (1996), la británica Doris Lessing (1999), el sempiterno y omnipresente Harold Bloom (2002), la egipcia Nawal al-Sa´dawi (2003) y el israelí Amos Oz (2004). No es, pues, un premio que haya sido ganado habitualmente por personas relacionadas con la literatura, pero posee un prestigio más que notable que ahora, con la inclusión de Murakami en su palmarés, no hace sino incrementarse.

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