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Extraños subgéneros: la asombrosa literatura de la metacrítica

AutorGabriella Campbell el 10 de abril de 2011 en Divulgación

Critica literaria

Todos hemos oído en alguna ocasión la expresión cualquier publicidad es buena, o es bueno que hablen de ti, aunque sea mal. Numerosos estudios han demostrado que, a nivel comercial, estas máximas pueden cumplirse. La publicidad, aunque sea negativa, acerca de un producto poco o nada conocido, le confiere fama, y el carácter positivo o negativo de dicha fama no es necesariamente recordado por el consumidor una vez se encuentra delante de éste. Algo parecido puede pasar con los libros (un caso muy distinto sería el de libros muy conocidos que adquieren una fuerte publicidad negativa que actúa en su contra, aunque dudo que el polémico libro de Ana Rosa Quintana perdiese ventas tras su acusación de plagio).

Recientemente, esta mala publicidad llega, además, de las manos de los propios escritores. Toda persona que haya lanzado al arriesgado mercado de lo público algo que haya escrito con sus propias manos conoce el atroz miedo a una mala reseña, y el sentimiento de frustración e impotencia ante la mala crítica que, inevitablemente, suele venir de alguna u otra fuente. No es necesario ser vilipendiado en The Times, basta con una palabra poco considerada de un amigo o familiar. El problema surge cuando el escritor, en vez de sufrir su desilusión en silencio, decide compartir con el mundo su ira, dirigiéndola habitualmente contra el responsable de la crítica.

Éste ha sido el caso de la escritora Jacqueline Howett, cuya novela autoeditada The Greek Seaman (El marino griego) obtuvo una crítica poco favorable por parte del blog Big Al’s Books and Pals. Howett contestó a dicha reseña de manera soez y poco profesional. Todo habría quedado en una simple pataleta de autor de no ser por las nuevas y fantásticas posibilidades de Internet: Twitter, Facebook y la blogosfera anglosajona se ocuparon de que Howett pasara de la oscuridad literaria a la fama más embarazosa, partiendo de una serie de comentarios inmaduros en una página web casi desconocida. Este quite y desquite entre autor y crítico no es, en absoluto, algo nuevo, lo que sí lo es es la posibilidad de promoción que pueden recibir sus entretenidos forcejeos gracias a la web 2.0. Algunos autores han llevado estas rencillas hasta el nivel de lo personal de manera ridícula (y peligrosa); la escritora Alice Hoffman, tras una reseña negativa en el Boston Globe, puso en su Twitter el nombre, email y número de teléfono del reseñador para que sus fans pudiesen molestarlo personalmente. Está por ver si las novelas de Howett y de Hoffman se ven beneficiadas por esta línea de acción. Es muy posible que así sea. En estos momentos de saturación de información, en los que lo que ayer era relevante hoy no tiene más importancia que un cotilleo olvidado, es muy probable que los lectores recuerden el nombre de Howett, por ejemplo, sin recordar por qué les es familiar, lo que resultaría en un crecimiento exponencial de ventas para una obra que, sinceramente, no merecía tanta prensa.

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Henry James y un millón de ventanas

AutorGabriella Campbell el 9 de abril de 2011 en Divulgación

Henry James

Es muy frecuente que algunos de los mejores teóricos literarios y narratólogos sean escritores (y viceversa, que algunos de los mejores escritores sean teóricos literarios y/o narratólogos). Henry James, escritor estadounidense nacido en 1843, es uno de los principales referentes en el mundo del estudio de la narración, debido a su tremenda intuición en lo que a éste se refiere. Se adelantó en muchos aspectos a algunos de los grandes teóricos posteriores (grandes nombres como Todorov o Genette), reflexionando constantemente acerca de la relación del autor y el narrador con sus personajes y con su receptor o lector. Las mejores observaciones del autor están, precisamente, en el prólogo a la que es generalmente considerada su mejor obra literaria, el complejo y algo cínico análisis social llamado Retrato de una dama.

James crea una famosa analogía entre la ficción narrativa y una casa, diciendo que dicha ficción tiene un millón de ventanas que le permiten asomarse al interior del edificio. El perspectivismo al que alude James, ese múltiple punto de vista, es, sin duda, una de las características fundamentales de la novela moderna. El escritor estadounidense va más allá, llegando a comunicarnos la acción de la novela a través de la propia conciencia de sus personajes. Esta herramienta trasciende la novela de su tiempo y se acerca revolucionariamente a la nuestra. Se ha asociado esta forma de narrar tan personal de James con lo que muchos teóricos han llamado psiconarrativa, una forma de escribir presente en otros escritores como Tolstoi, donde abunda el monólogo interior, llevando cada personaje el peso de su propia narración, independizándose de la tradicional figura de un narrador objetivo, externo y omnipresente. Este formato encuentra su máxima expresión en métodos más modernos (particularmente en escritores posteriores a James Joyce, que dominó esta técnica de manera espectacular), como el famoso flujo de conciencia, donde el monólogo pierde las restricciones clásicas de la narración y se libera, convirtiéndose en una especie de locución entre el personaje y su propio yo, mezclándose, mediante la palabra escrita, lo racional con lo emocional.

Es precisamente esta serie de monólogos interiores, junto a la perspectiva múltiple del autor, lo que confiere una fuerza extraordinaria a los personajes de James. La acción en Retrato de una dama es limitada, hay pocos acontecimientos realmente significativos; sin embargo hasta la acción más pequeña se torna importante, debido a la capacidad de empatía que despierta James entre nosotros hacia sus protagonistas. Al eliminar parte de esa muralla invisible entre autor, personajes y lector, nos permite un acceso mucho más directo a las vidas, emociones y creencias de los actores en escena. Tenemos una visión, asimismo, más completa, más perfecta, de dichas acciones, ya que las observamos desde múltiples puntos de vista. Si un acontecimiento, pequeño o grande, llegase a nosotros de una sola fuente, ¿no sería nuestro conocimiento mucho más limitado, más frío que si leyésemos varios periódicos diferentes, viéramos varios telediarios y escuchásemos diferentes programas de radio que tratasen este asunto? ¿Y si, además, pudiésemos estar en la cabeza del que transmite la noticia, conocer sus miedos, sus inclinaciones, incluso sus falsedades? Cualquier autor que recuerde que el ser humano es complejo, y que además cualquier acción permite decenas de lecturas, está, al igual que James, en el camino adecuado.

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NaPoWriMo 2011, un maratón de escritura de poesía

AutorAlfredo Álamo el 8 de abril de 2011 en Divulgación

NaPoWriMol

Ya os hemos hablado en otras ocasiones de NaNoWrimo, ese infernal divertimento en el cual miles de participantes tratan de escribir una novela en treinta días, sin apenas tiempo para otra cosa que no sea teclear como un loco. Pues bien, la cosa no ha quedado ahí, no señor, si el mes elegido para realizar el NaNoWriMo es Noviembre, ahora en Abril le ha salido, no un competidor, pero si un rival a la hora de captar autores en busca de desafíos: el NaPoWriMo.

¿Cuál es la diferencia? Pues una bien grande, la primavera es el despertar de la naturaleza y los poetas se inspiran mientras caen en las fauces del amor… exacto: el Po de NaPoWriMo se refiere a la poesía y esa es la clave de este divertido certamen.

Si en la versión novelística encontramos una gran libertad a la hora de trabajar, en la poética nos encontramos con un desafío más, eso sí, opcional, pues no sólo tendríamos que escribir un poema cada día, no, además desde la web nos plantean una serie de características diferentes para cada uno de ellos. Esto quiere decir, por ejemplo, que tendríamos que escribir poemas visuales el martes o unos versos a partir de un oxímoron -no perderos el Serendipitous Oxymoron Maker si domináis el inglés- el miércoles. Cada día sugieren una cosa diferente por si las musas te han abandonado.

Por ahora llevan más de 500 participantes, algo alejados del NaNoWriMo, pero todavía es posible que se apunten unos cuantos más. Sólo queda que para posteriores ediciones se contemple algún idioma más, o bien que alguien recoja el desafío y se encargue de hacer una versión en español.

La verdad es que es un desafío, sobre todo ahora que el sol empieza a calentar y no apetece tanto encerrarse en casa. Ahora, nada nos impide, armados de lápiz y papel, tomar por asalto las terracitas de los bares y pasar un buen rato juntando versos y enamorándonos perdidamente de desconocidos.

No habrá ebooks de Harry Potter… por ahora

AutorAlfredo Álamo el 7 de abril de 2011 en Noticias

Potter Especial Digital

Hay pocos libros digitales más esperados que los ebooks de Harry Potter, sus aficionados sueñan con descargar desde Harry Potter y la Piedra Filosofal hasta su última entrega, Las reliquias de la muerte.

Hace pocos días surgió el rumor de que J. K. Rowling estaba interesada en los nuevos avances en lectores digitales y que pronto saldría una versión digital de la conocida saga. La noticia saltó como una chispa y se revolucionó el mundo de los aficionados, muchos de ellos nativos digitales, que agradecerían copias menos voluminosas y que no se fueran rompiendo con el uso que les dan. Pues bien, nada de nada, no hay libros electrónicos para Harry Potter, al menos no por ahora.

Si tenemos en cuenta que en el mercado americano el ebook está muy establecido y con ventas apreciables, ¿qué puede explicar la ausencia de una de las sagas más vendidas de la historia de la literatura? Quizá la clave esté en las declaraciones del Jefe Ejecutivo de la editorial que posee los derechos, Bloomsbury, en las que, tras desmentir el rumor del ebook, anunció que las ventas de una nueva caja de lujo con los siete libros habían sido todo un éxito.

Parece que en Bloomsbury están esperando a que todos esos fans que compraron los libros de Harry Potter en su día rehagan su colección en ediciones de lujo, muchísimo más lucrativas de lo que un ebook puede ser. Sinceramente, creo que hasta que no salga la edición de lujo para DVD de la segunda parte de Las reliquias de la muerte, ni se van a plantear sacar una edición digital.

Los libros de Rowling no son los primeros en retrasar su aparición en el mercado de los ebooks, otra ausencia famosa fue El señor de los anillos, aunque los herederos de Tolkien cambiaron, por suerte, de opinión y hoy en día no hay problema en acceder a una copia manejable del clásico de la fantasía por excelencia.

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La mediana y pequeña editorial, un bien a conservar

AutorAlfredo Álamo el 6 de abril de 2011 en Opinión

Editores

No nos engañemos, la edición para los grandes grupos es un negocio que mueve millones y que pocas veces va a venir marcado por otra cosa que no sean las directrices de márketing y las campañas precocinadas. Aunque normalmente siempre se reserva un pequeño sello para arriesgar, sus tiradas y objetivos son testimoniales.

Sin embargo, por debajo de esos grandes grupos que compiten entre ellos por los superventas y que negocian tiradas millonarias a meses vistas de la publicación del libro, existe todo un mundo de editoriales medianas y pequeñas que intentan encontrar un camino editorial. La verdad es que ser editor a estos niveles es como ser escritor: una cuestión de fe que en muchas ocasiones viene acompañada de falta de sueño crónica o de progresiva caída en lo comercial.

Sí, he dicho caída en lo comercial, que nadie se alarme. Entiendo que lo comercial es bueno y que da dinero, pero dudo mucho que la mayoría de editores, como de escritores, pensara cuando se metió en este mundo de los libros que iba a acabar publicando, o escribiendo, en el caso de los autores, autoayuda para treintañeros con crisis emocionales. A ese extremo se llega con el tiempo, cuando tratas de vivir de lo que escribes o publicas y necesitas un pequeño empujoncito extra a fin de mes, algo que sepas que se va a vender más o menos sin problemas. Lo de la autoayuda es un ejemplo, que no se me enfade nadie, como contrapunto al editor que cuando empieza lo hace pensando en que va a descubrir un nuevo García Márquez y acaba harto de que le digan que su catálogo no va a ninguna parte.

Todo, claro está, es cuestión de intenciones. Si la intención es dedicarse a géneros populares o de moda, no hay ningún problema, esos libros son necesarios, se venden bien y hacen disfrutar a la gente. El problema llega cuando como editor tienes una obra entre las manos que te parece fantástica y no te atreves a darle salida por no confiar en un mercado cada vez más lleno de ecos que se retroalimentan sin demasiado contenido. De hecho, ahora Amazon permite ver hacia dónde se mueven las tendencias de los lectores, mostrando de una manera todavía más fácil qué es lo que la gente quiere leer. Ante esto, no puedo más que decir una cosa: El editor que sobresale no es el que me da lo que quiero leer, sino el que me ofrece algo que no sabía que quería.

Por eso, desde aquí, que sirva este artículo como agradecimiento a todas esas pequeñas editoriales que todavía confían en su propio criterio para sacar a la luz obras que nadan a contracorriente, que se alejan de caminos trillados, que nunca venderán un millón de ejemplares, que sudan tinta para conseguir el mejor resultado posible, que leen cientos de manuscritos y no sólo indicadores de venta. Muchos de esos libros así publicados son los que perdurarán durante décadas en nuestra memoria como lectores.

Publicaciones periódicas (I): Nature y Science

AutorVíctor Miguel Gallardo el 5 de abril de 2011 en Divulgación

Nature

Hoy, año 2011, el mundo ya es digital. No es esta una afirmación gratuita: existen incluso voces entre los historiadores de medio mundo que proclaman muy convencidas que la Edad Contemporánea (que empezó con las revoluciones burguesas y las industriales) ha dado paso a una nueva Edad, marcada por la informática, la globalización de las comunicaciones, etc. Está por ver que se llegue a un consenso con esto, y probablemente ninguno de los presentes llegará a ver la definición de esta nueva época, que las pasará canutas para encontrar un nombre adecuado que nos haga olvidar el significado literal que la palabra Contemporánea tiene (ya sucedió algo parecido con el concepto de edad Moderna: esperemos que se imponga la lógica y se acuñe un término para la nueva Edad que sea atemporal).

No obstante, y por muy digital que sea el mundo, inicio con este post una serie que hablará de las publicaciones periódicas más prestigiosas e influyentes del mundo actual, la práctica totalidad de las cuales basan todavía hoy su existencia en la publicación en papel. Al repasar mentalmente la pequeña lista que he elaborado llegué a la conclusión de que el inicio perfecto de esta serie era la revista Nature, posiblemente la más prestigiosa publicación científica de la historia.

Publicar en Nature supone, para cualquier científico del planeta, el colofón a cualquier investigación que se haya llevado a cabo. Conseguir aparecer en esta publicación británica iniciada en 1869 no es fácil, eso por descontado: sólo se llegan a publicar el 5% de los artículos que se les envían, lo que pone de manifiesto el prestigio que tiene la revista entre la comunidad científica. Los artículos, antes de su publicación, son revisados a conciencia y sometidos al arbitraje de comisiones independientes. Se han llegado incluso a realizar experimentos ex profeso para comprobar los resultados expuestos en artículos dudosos. Pero incluso con todas estas medidas encaminadas a convertir a Nature en un referente de credibilidad total, a veces se han colado artículos que, después, se han demostrado como falsos. Uno de los casos más escandalosos ocurrió en el número 333 de la revista, publicado el 28 de junio de 1988, cuando apareció un estudio del inmunólogo francés Jacques Benveniste acerca de la supuesta memoria del agua. Nature, no obstante, hizo aparecer en ese número un editorial de John Maddox, su editor, pidiendo cautela a la hora de valorar la investigación de Benveniste, abogando por la realización de estudios independientes a la menor tardanza ya que, de ser ciertas las teorías del francés, se estarían violando leyes fundamentales de la física y la química.

La revista Nature, británica, tiene su contrapartida estadounidense en la revista Science, iniciada en 1880 gracias al apoyo de Thomas Edison y del posterior de Graham Bell, aunque los problemas económicos no cesaron hasta 1900, cuando pasó a convertirse en el órgano de comunicación de la AAAS (Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia). Publica también artículos de todos los campos científicos, al igual que Nature.

Nature y Science consiguieron, conjuntamente, el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2007, un merecido galardón a dos publicaciones que, pese a que no podamos encontrarlas en nuestros quioscos habituales, han tenido más importancia en nuestras vidas de lo que podemos imaginar a simple vista.

Nuestras brujas favoritas

AutorGabriella Campbell el 4 de abril de 2011 en Divulgación

Brujas

Ya hemos hablado alguna vez de la injusta apreciación de la figura de la “bruja”, que tradicionalmente se ha asociado a cualquier personaje femenino ligeramente fuera de lo normal, generalmente mujeres poderosas, diferentes e inconformistas. Por supuesto también tenemos a la bruja en el sentido clásico: mujer malévola, fea, con poderes mágicos. A continuación vamos a enumerar a algunos de los personajes femeninos asociados al término “bruja” que más han hecho volar nuestra imaginación.

La Malvada Bruja del Oeste: Tanto en la versión original del Mago de Oz como en la más reciente versión de Gregory Maguire (Wicked), el personaje de la bruja verde levanta miedos, curiosidad y cierta compasión. Con un toque de Dr. Frankenstein genetista, Elphaba crea, además, a sus monos voladores, criaturas que han pasado al imaginario popular.

Morgana Le Fey: En las diferentes versiones de las leyendas artúricas la figura de Morgana, hermanastra del Rey Arturo, se entremezcla con la de Morcadés, su hermana, con quien Arturo cometió incesto y tuvo al hijo que finalmente habría de derrotarlo, Mordred. Curiosamente, la figura de Morgana se nos muestra en ocasiones como la de una hechicera poderosa y benévola, otras como una mujer despiadada y ambiciosa.

Las brujas del Mundodisco: Terry Pratchett creó a las que seguramente son las brujas más entrañables de la literatura contemporánea: un trío fatal y muy divertido compuesto por Yaya Ceravieja, la Tata Ogg y Magrat Ajostiernos …. Posteriormente, y tras la retirada de Magrat, Agnes Nitt ocupa su puesto y llevará sobre sus hombros responsabilidades tan terribles como servir el té a una vieja gruñona y a una anciana bastante obscena.

Las brujas de Roald Dahl: Lo maravilloso de Dahl es que era capaz de crear villanos surrealistas. Las intenciones y comportamiento de sus villanos no tienen que tener un sentido lógico, y ese es parte de su encanto. Las malignas señoras de Brujas, son una raza aparte, diferente de la humana, que se disfraza y oculta y comete terribles atrocidades como encerrar a los niños en cuadros, donde quedan prisioneros el resto de su vida.

Las brujas de Macbeth. Entraría en esta categoría cualquier grupo de parcas, brujas, o sibilas que disfrutan amargándole la existencia al héroe o heroína prediciéndole su futuro de manera poco clara. Las predicciones fatalistas están estrechamente vinculadas al concepto clásico griego de ironía, por el que los personajes se comportan de manera extrema para intentar eludir (u obtener, en el caso de Macbeth y su esposa) el destino predicho, consiguiendo precisamente con dicho comportamiento que éste se complete.

Por supuesto que hay muchísimas más brujas que los lectores llevan en el corazón. Tenemos a Bellatrix LeStrange de la saga de Harry Potter, a la Bruja Blanca de C.S. Lewis, a las clásicas brujas de los cuentos de hadas (Hansel y Gretel, Blancanieves, la Sirenita), a brujas que nos son menos conocidas pero que están enlazadas al folklore de diferentes países: éste es el caso, por ejemplo, de Baba Yaga.

¿Cuál es tu bruja favorita? Esperamos, como siempre, que contribuyáis con vuestras propias hechiceras favoritas en los comentarios.

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Desmontando a Ernesto Che Guevara

AutorVíctor Miguel Gallardo el 3 de abril de 2011 en Divulgación

Che Guevara

Ernesto “Che” Guevara es uno de los iconos más emblemáticos del siglo XX, y una de las personas que más literatura ha generado. En el buen y el mal sentido: para la izquierda internacional es una figura esencial de los movimientos revolucionarios; para la derecha, un personaje injustamente considerado héroe. Es muy difícil ser objetivo con el Che, el término medio no existe: o se le ama o se le odia. Por supuesto, podemos disentir en cómo ha sido utilizado su legado después de muerto, no me refiero a eso: es lícito preguntarse hasta qué punto el gobierno cubano se ha beneficiado de la épica de su historia personal, hasta qué punto esta historia es verdadera y, desde luego, cómo podemos aceptar que un símbolo marxista haya devenido en prácticamente un señuelo comercial que ha hecho ganar millones a empresarios de todo el mundo. Camisetas, pegatinas, pines… la imagen de Ernesto Guevara es rentablemente usada por cientos de visionarios que pronto comprendieron que su mítica personalidad vendía. Mucho. Lo mejor de los mitos, al menos para el libre mercado y sus depredadores, es que mueran pronto. Si, encima, no dejan bien atados sus derechos de imagen, mejor que mejor: Michael Jackson, Kurt Cobain o Jim Morrison deberían haber sido guerrilleros y no músicos.

El Che Guevara vende, está claro, y los libros son un producto comercial que busca ser rentable. Sumando dos y dos podemos adivinar que no hay en el mercado una o dos obras hablando de su vida y milagros, precisamente. No todas laudatorias, por supuesto, aunque sí la mayoría.

Uno de los libros más interesantes para conocer a este controvertido argentino está firmado por Jon Lee Anderson, y fue publicado en España en 2006 (casi diez años después de que viera la luz en Estados Unidos) bajo el título Che Guevara. Una vida revolucionaria. Esta obra tiene algo de las que el resto carecen, ya que el autor consiguió que la viuda de Guevara, Aleida March, aportara sus impresiones al relato. March siempre ha sido cauta en sus relaciones con la prensa, no queriendo hablar apenas de Guevara, así que Anderson se apuntó un tanto al convencerla para colaborar. El gobierno cubano también abrió sus archivos al escritor estadounidense, que no es precisamente un desconocido: habitual del The New Yorker, ha colaborado activamente con muchas de las publicaciones periódicas más importantes del mundo (podemos citar al Financial Times, New York Times, The Guardian, Harper´s, Time, The Nation, Life, Le Monde, El País o Clarín, entre otras) y ha hecho biografías, más o menos extensas, de personajes como Juan Carlos I, Augusto Pinochet, Fidel Castro, Hugo Chávez o Saddam Hussein (pido encarecidamente que nadie saque conclusiones precipitadas de este listado). El libro, de más de 800 páginas en su edición original, es considerado por la mayor parte de los críticos como la biografía más completa sobre Ernesto Guevara.

Pero no todo son libros de los que el Che salga beneficiado. Por poner un ejemplo hay que mencionar uno muy reciente, publicado por la editora argentina Edivern, titulado El canalla. La verdadera historia del Che Guevara, escrito por Nicolás Márquez, en el que se intenta desmitificar al revolucionario y guerrillero más famoso del siglo pasado. Es una pena, para aportar algo de credibilidad, que Edivern y Márquez no sean conocidos precisamente por su imparcialidad: otro libro del mismo autor y editorial, La mentira oficial, niega tajantemente los asesinatos masivos que las dictaduras militares argentinas de hace treinta años cometieron. Habrá que ser cautos, por tanto, con esta biografía no autorizada de Guevara.

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Maneras de decir

AutorVíctor Miguel Gallardo el 2 de abril de 2011 en Noticias

Morente

Acaba de inaugurarse en Granada, de la mano de la joven y ambiciosa empresa de gestión cultural Caravansar y del Área de Cultura de la Diputación Provincial, el ciclo Maneras de decir, un evento que durante los próximos meses aunará a poetas y músicos variopintos. La idea del ciclo es la de ofrecer en cada conferencia a un poeta y un músico cuyas propuestas artísticas sean similares “en forma o en ánimo”, haciendo un recorrido paralelo a sus carreras. En los próximos meses podremos disfrutar, en el Palacio de los Condes de Gabia de la capital granadina, de Javier Ruibal y Luis Muñoz (moderados por Mariano Maresca y con el título genérico de Raíces, el 25 de marzo), Señor Chinarro y Rafael Espejo (moderados por José Carlos Rosales y con el título Sobriedad e ironía, el 29 de abril), Antonio Arias y Jesús Aguado (con Pepa Merlo de moderadora y con el título Misticismos. La tercera cultura) y, por último, El existencialismo es un humanismo” el 3 de junio, con Javier Corcobado y Chantal Maillard, con Enrique Novi como moderador.

La primera de las citas, el pasado 25 de febrero, fue el verdadero plato fuerte (a nivel mediático) de la iniciativa: moderados por el incombustible Tato Rébora, un icono de la cultura granadina desde hace años gracias a La Tertulia (lugar de encuentro ineludible de la ciudad), presentó a dos de las grandes voces de la poesía y la música españolas. Por un lado, Luis García Montero, uno de los poetas más prestigiosos de la actualidad; por el otro, Joaquín Sabina. Sabina, que había pedido a la organización que tuviera a punto una guitarra afinada (aparte de la consabida botella de champagne bien fría que todo músico quiere tener en el backstage), finalmente no pudo cantar, presuponemos que por problemas en su garganta, lo que no impidió que el acto, que llevaba el título de Lo cotidiano urbano y que al final fue un homenaje póstumo a la figura del recientemente fallecido Enrique Morente, fuera un rotundo éxito.

Desgraciadamente, no todo van a ser parabienes: para muchos resulta incomprensible que una iniciativa de tal calado, que reúne a artistas con suficiente poder de convocatoria como para llenar auditorios enteros, se realice en una sala en la que, oficialmente, sólo caben 91 personas. Dejando a un lado las invitaciones que la organización (en este caso Diputación Provincial de Granada) se reserva para sus propios compromisos, que según parece no son pocos, el resto fueron entregadas horas antes del evento por riguroso orden de llegada. Intentar convencer al nutrido público que anhelaba ver juntos a Sabina y García Montero de que éstas se habían evaporado tras los primeros minutos debió de ser un trago difícil para los organizadores. Comprendemos que se quería dotar al ciclo de un carácter intimista, casi de tertulia entre amigos, aunque yo personalmente no conozco ninguna reunión de este tipo en la que haya un centenar de personas. Lo cierto es que la ubicación del acto, el ya mencionado Palacio de los Condes de Gabia, en el que el área de Cultura de la Diputación tiene su sede administrativa y que también cuenta con la oficina técnica del flamenco de la ciudad y con la film commission de Granada, no es tal vez el lugar más indicado para este tipo de eventos, pero fue la única solución posible tras desmarcarse del proyecto la Universidad de Granada, que según parece la apoyaba en un principio, y que, dicen las malas lenguas, no pudo ponerse de acuerdo con Diputación para su organización.

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El techo de cristal del libro electrónico

AutorAlfredo Álamo el 1 de abril de 2011 en Opinión

Techo Ebook

Pocos pueden dudar de que gran parte del futuro del mundo editorial pertenece al ebook, el libro electrónico, aunque hay muchos editores que todavía ven el negocio digital como algo completamente inmaduro y que, al menos en el mercado en español, no merece demasiada atención.

Está claro que una cosa son los libros que vienen ya con una aureola de éxito y best-seller, como puede ser el último de Lorenzo Silva o de Ken Follett, los cuales venden a otro nivel en el que el mercado digital sufre un efecto de arrastre con toda la publicidad y movimiento creado tanto en Internet como en otros medios y que los sitúa en unos números más que correctos. En otro lado del camino estarían las obras de descubrimiento, aquellas que tienen una tirada en papel no demasiado larga. ¿Son esos productos hoy por hoy rentables para el mercado digital?

Según Luis G. Prado, editor de Bibliópolis y Alamut, cuyo catálogo contiene verdaderas perlas, muchas de ellas desconocidas para el gran público, y con tiradas que, muchas veces, no llegan a ese nivel de 5 000 o más ejemplares, su experiencia con publicaciones digitales le lleva a la conclusión -que podéis leer aquí- de que hoy por hoy el techo de cristal, aquel impracticable para un ebook, es de 100 ejemplares.

Está claro que con ese nivel de ventas es imposible plantearse una edición sólo en digital y que a duras penas podría complementar a una en papel. Sin embargo, me asalta una duda. ¿Son esos cien libros realmente lo máximo que da hoy por hoy el mercado? Tras preguntar por blogs y redes sociales, parece que sí, que esa es la opinión general.

Pese a todo, me cuesta creerlo. Estoy seguro que con el esfuerzo que se le dedica a un libro en papel a base de presentaciones, mailings, grupos o propaganda ordinaria se podría aumentar considerablemente esos 100 ejemplares. Es como si se pensara que sólo por el hecho de ser un libro electrónico no hubiera que hacer un gran esfuerzo por venderlo… o que su promoción deber ser igual que la del libro tradicional.

Me temo que a los editores les ha llegado la hora, como ya hemos dicho de los escritores en otras ocasiones, de liarse la manta del social media a la cabeza y empezar a buscar a sus futuros compradores a base de patearse las redes sociales a base de bien, formando comunidades y fomentando los grupos de lectura para determinadas obras. El concepto de colección se va a empezar a diluir en un mundo cada vez más ecléctico en el que los usuarios se guían más por la recomendación literaria que por una supuesta unidad editorial.