Lecturalia Blog: reseñas, noticias literarias y libro electrónico

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Cultura y propaganda

AutorGabriella Campbell el 5 de febrero de 2012 en Divulgación

Putin

El presidente ruso Vladimir Putin, que ejerce su mandato por tercera vez consecutiva, sorprendió a los medios de comunicación hace unos días al anunciar su intención de introducir un listado de lectura obligatoria para estudiantes. Putin formaría un grupo profesional que seleccionaría cien libros que todo estudiante pre-universitario* deberá haber leído (en su propio tiempo, no en horario escolar) al terminar sus estudios. El presidente asegura que la idea le llegó inspirado por el canon occidental que comenzó a proponerse en las universidades estadounidenses allá por los años veinte. Explica su decisión y la procedencia de ésta en un muy extenso artículo publicado en el periódico ruso Nezavisimaya Gazeta.

El canon, o conjunto de obras consideradas “clásicas”, trascendentes, aquellas que definen la esencia de lo literario, aquellas que gozan de una calidad superior y merecen una lectura meticulosa y repetida, ya sea de una zona en concreto, de una época, o de la literatura universal a lo largo del tiempo, es un monstruo que muta y se desarrolla de una manera que ni los más avezados críticos y teóricos han sabido explicar de manera convincente. Si bien intervienen las leyes de mercado, el poder de la opinión pública y académica, las condiciones socioculturales y económicas de cada época y país, no hay una definición exacta que explique por qué algunas obras sobreviven al paso del tiempo, por qué algunas obras trascienden dictados políticos y culturales para asentarse de manera indiscutible en el trono de la calidad y el eterno retorno. Cada obra elegida responde a cientos de factores entrelazados que trabajan, de manera abierta o soterrada, para convertirla en una lectura obligada. Precisamente por esta conjunción de motivos, es absurdo hablar de un canon artificial, condicionado, sin pensar en propaganda, más aun cuando la experiencia nos enseña que el canon preseleccionado suele ser centrista, limitado, y responder a intereses que van más allá de lo meramente cultural. El listado de Putin poco tiene que ver con una pequeña selección de lecturas recomendadas para escolares, se trata de un compendio de información obligatoria seleccionada por alguien en una posición de poder casi supremo sin conocimientos ni formación educativa.

Desconocemos todavía cuáles serán los libros seleccionados por Putin, pero algunas voces detractoras apuntan a que serán títulos con una intensa carga propagandística, orientados a glorificar la política soviética. Todos serán, por supuesto, títulos rusos, lo que dificulta a dichos estudiantes que puedan dedicar parte de su tiempo de lectura a libros extranjeros. El presidente ruso es consciente, sin duda, de la influencia que ejercen las lecturas realizadas a determinadas edades, y su interés por establecer un rígido corpus de lectura (que exigiría, además, una cantidad extra de estudio en horario extraescolar, lo que restaría oportunidades para otras formas de ocio) son, cuanto menos, sospechosas. Su canon, que por ahora parece no ser más que una simple propuesta, pretende proteger y reivindicar la esencia rusa frente a una imparable globalización, o por lo menos en esa dirección apuntan las palabras del presidente. Propone que las cien obras sean escogidas por un grupo de personas “culturalmente influyentes”, una de esas expresiones que a uno siempre hace que se le pongan los pelos de punta (al fin y al cabo, Justin Bieber y Belén Esteban son figuras culturalmente influyentes, y la idea de que pudieran meter mano a un canon preseleccionado es preocupante, si bien mucho menos aterradora que la idea de que dicha mano pertenezca a profesionales políticamente condicionados, como podría ser el caso ruso).

El verdadero trabajo del escritor

AutorAlfredo Álamo el 4 de febrero de 2012 en Opinión

El trabajo del escritor

Pasar la tarde en el Twitter, contestar a los mensajes del Facebook, revisar la página del G+, actualizar la biografía en la página web, escribir algo ocurrente para el blog, discutir en los foros por culpa de los libros electrónicos, preguntarse si debería publicar con Amazon a 0,99 o aparecer en las redes sociales ligero de ropa.

Nada de lo anterior es el verdadero trabajo del escritor.

Leer aburridos libros de historia, observar, sin que se den cuenta, a extraños en los bares, apuntar anécdotas que cuentan los amigos, anotar sueños nada más despertar, pasar horas delante del teclado venciendo la tentación del correo electrónico, borrar treinta páginas al darse cuenta que no podían funcionar, descubrir a mitad de novela que te apetece escribir un cuento, alargar un cuento tanto que se convierte en novela, revisar hasta que se caen los ojos, acostarte de madrugada robándole horas al sueño. Escribir. Revisar. Esperar.

A veces, de tanto hablar del mercado, de la industria, del libro electrónico, de las distribuidoras y las nuevas tecnologías parece más que hablemos de chorizos y salchichones que de literatura. En cierto modo, si los lectores no hacen más que vernos hablar de porcentajes, targets, derechos de autor, piratas, descargas y que si Amazon por aquí y Apple por allá, ¿qué imagen damos?

La verdad es que tengo más preguntas que respuestas. ¿Qué quiere un escritor? ¿Ser leído? ¿Triunfar? ¿Qué es triunfar entonces? ¿Vender libros, ser leído, escribir lo mejor posible? ¿Puede todo lo anterior ser compatible? ¿Qué hay que hacer para conseguirlo todo? ¿Quién quieres ser, Pérez Reverte o acabar como John Kennedy Toole?

Sin duda, cada caso individual será diferente, sobre todo si tenemos en cuenta de que el acto de escribir es uno de los más personales que puede ejecutar una persona. Me temo que si siguiera escribiendo acabaría en la eterna discusión de artistas y artesanos, que por ser maniquea y manida es mejor no enfrentar. Tan sólo reflexionemos como escritores la razón que nos mueve a escribir y qué esperamos de ello, qué estamos dispuestos a sacrificar, qué es lo que al final merece la pena y lo que no.

Y es que el verdadero trabajo del escritor es dejarse herir por las palabras y morir en cada página. Nada más.

Escritores en la cárcel (III)

AutorGabriella Campbell el 3 de febrero de 2012 en Divulgación

Burroughs

En los artículos anteriores os hablamos de escritores cuyas opiniones políticas los habían arrastrado a la privación de su libertad. En este artículo nos centraremos en otro tipo de delito, como aquellos que se cometen por amor, o por pasión, o simplemente por estar más bebido de la cuenta.

En lo que se refiere a la pasión, no le trajo más que quebraderos de cabeza y problemas con la justicia a escritores como Paul Verlaine u Oscar Wilde. Verlaine recibió su primera carta del poeta Rimbaud en 1871, y en poco más de un año ya había abandonado a su esposa e hijo para fugarse con su nuevo amante. Su relación era conflictiva y muy intensa, y en 1873, en un ataque de celos mientras estaba borracho, Verlaine disparó dos veces contra Rimbaud, aunque no lo hirió de gravedad. El incidente desembocó en el encarcelamiento del poeta simbolista, quien, ya en la prisión de Mons, se convirtió al catolicismo y creó gran parte de su cuerpo poético.

En cuanto a Wilde, sabemos que sus líos con jóvenes de su mismo sexo no le trajeron más que problemas. Animado por su amante, Lord Alfred Douglas, Wilde acusó al padre de éste, el Marqués de Quensberry, de difamación, acusación que se volvió en su contra conforme caían sobre él cargos de indecencia y sodomía. Fue condenado a dos años de trabajos forzados, durante los cuales escribió la larga epístola De profundis, en la que se aleja de manera radical de su anterior apego al esteticismo. Una vez liberado abandonó Inglaterra para no volver: pasó el resto de su vida en Francia, dedicado a la poesía. El tiempo en prisión afectó severamente su ánimo y su salud: murió a la temprana edad de cuarenta y seis años.

Otra historia curiosa, relacionada con el alcohol y la persona amada, es la que incumbe al escritor estadounidense William Burroughs quien, estando en México, disparó y mató a su esposa por error, mientras jugaba a una versión alcohólica de Guillermo Tell. Burroughs se hizo con la ayuda de uno de los abogados más prestigiosos de México, para perderlo poco después debido a la imputación de éste en otro caso independiente. Desesperado, el escritor huyó del país, donde fue condenado a dos años de prisión por homicidio, pena que nunca llegó a cumplir. Lo curioso es que Burroughs había llegado a la capital mexicana precisamente por huir de la justicia estadounidense, que lo buscaba por un caso de tráfico de drogas, delito al que se dedicaba de manera ocasional para pagar su adicción a la heroína.

Éstos no son, ni mucho menos, todos los grandes escritores que han sido encarcelados por un motivo u otro. Otros nombres que os resultarán familiares y que han pasado por prisión son Cervantes, James Joyce, Ovidio, Daniel Defoe o Ezra Pound. Y sí, el ser escritor y expresar lo que nadie quiere oír puede conllevar una pena durísima, pero no todos acabaron en la cárcel por ser adalides de la libertad de expresión. Algunos, simplemente, eran delincuentes.

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El nuevo arte de cazar libros

AutorAlfredo Álamo el 2 de febrero de 2012 en Divulgación

Cazadores de libros - Nabokov

Se ha celebrado en Nueva York la Digital Book Expo, donde cientos de editores y escritores se han lanzado a pintar un futuro brillante para la edición digital en los próximos años en Estados Unidos. La verdad es que las editoriales americanas están haciendo un esfuerzo para adaptarse a los nuevos tiempos, siendo las editoriales independientes las que ven nuevos nichos de mercado, como la escritura social de libros, que aprovechar con la llegada de nuevas tecnologías aplicadas al mundo del libro y las redes sociales.

Me gustaría señalar las declaraciones de Neil Gaiman al periodista de The Guardian, Richard Lea, preguntado por cómo ve el autor británico el futuro del libro.

Publicar hoy en día es como el Klondike. Nadie sabe qué está pasando. Todo lo que saben es que hay oro en las colinas y quieren hacerse con él. A la publicación tradicional le quedan cinco o diez años, pero eso no va a significar menos libros. Habrá un montón de libros más, sólo que la gente los encontrará de manera diferente.

La gente los encontrará de manera diferente. Ahí está una de las claves más importantes dentro del negocio editorial en los próximos años. No tanto cómo serán los ereaders, los formatos de los ebooks o los royalties para los autores. Lo hemos comentado alguna vez, pero lo cierto es que viendo cómo funcionan los servicios de autoedición digital, en los próximos años asistiremos a la irrupción en el mercado de cientos de miles de ebooks de los que no tendremos ni la más mínima referencia.

Una actitud frente a estos libros puede ser la vía dura, filtrando todos los contenidos que no vengan de editoriales que conozcamos. Esto sería darle un valor al trabajo del editor. Pero claro, de esta manera también nos podríamos perder obras interesantes sólo porque muchos escritores se hayan hartado de llevarse apenas un 10% por sus libros. También hemos hablado de ese filtro que deben introducir algunos libreros digitales para destacar novedades que aparezcan desde editoriales pequeñas o independientes, o desde la propia autoedición.

Las redes sociales, como Lecturalia, también van a jugar un gran papel al juntar en un mismo portal un gran número de opiniones y recomendaciones, accesibles de una manera muy sencilla. El poder prescriptor de la comunidad es algo a tener muy en cuenta en el futuro, que se presenta, al menos en un futuro inmediato, algo caótico.

Si hasta ahora encontrar libros nuevos y diferentes era un trabajo complicado, revisando catálogos y autores recomendados entre amigos, pronto se convertirá en un trabajo de caza en una jungla repleta de animales peligrosos. También hay que ir más allá de las listas automatizadas de más vendidos o más visitados por una sencilla razón, acaban por ser listas autoalimentadas. Si se da un espacio privilegiado a una serie de libros acaban siendo siempre los mismos los que reciben un mayor volumen de visitas y ventas. Bueno para el negocio de ventas, no hay duda, pero poco interesante desde el punto de vista de un buen cazador de libros.

¿Y vosotros? ¿Cómo creéis que será el mundo del futuro a la hora de encontrar un buen libro, dejando a un lado el clásico recurso de pasear una tarde de sábado entre las interminables estanterías de una librería?

Febrero, el mes de las cartas

AutorGabriella Campbell el 1 de febrero de 2012 en Divulgación

Proyecto Poema

Resulta difícil concebir, en nuestra era de redes sociales, teléfono móvil y correo electrónico, que no hace tanto tiempo los seres humanos se comunicaban escribiendo (sí, escribiendo, con pluma, o bolígrafo, o lápiz) sobre un soporte físico que luego se introducía en un sobre que era recogido y transportado por una empresa de correo. Seguimos recibiendo cartas, sí, pero en general se trata de facturas, extractos bancarios, tal vez alguna tarjeta de cumpleaños o de Navidad, o paquetes pedidos por internet. Es curioso pensar que personas como Voltaire y sus contemporáneos podían escribir diez epístolas al día, en un rabioso afán de estar “actualizado” que competía con nuestro interés contemporáneo por el e-mail o los mensajes instantáneos.

Con el tiempo, esas cartas en papel han ido desapareciendo, y aunque se conservan iniciativas interesantes como el postcrossing, en la que los participantes envían y reciben tarjetas postales unos a otros por todo el mundo, ya casi no las escribimos. Yo misma inicié un proyecto el año pasado que consiste en enviar poemas ilustrados por correo postal, y la respuesta de los participantes suele ser bastante entusiasta, ya que reconocen la rareza de abrir el buzón y encontrar algo que vaya más allá de recibos o publicidad. Algunos de nosotros incluso conservamos, con afecto, las cartas que nos enviábamos en una época en la que todavía se creaban textos manuscritos para los demás.

Para este mes de febrero, la escritora estadounidense Mary Robinette Kowal ha lanzado el reto de escribir una carta diaria (excepto domingos y posibles festivos). La escritora redescubrió el placer de enviar y recibir cartas al tomarse este septiembre pasado unas vacaciones de internet; al no estar conectada a la red, sus conocidos comenzaron a sustituir el correo electrónico por el tradicional. Disfrutó tanto de la experiencia que ahora anima a los demás usuarios de la red a apuntarse. Sólo hay dos reglas:

1.Durante el mes de febrero (de lunes a sábado), envía por lo menos un texto al día por correo postal. Puede ser una carta, un dibujo, un recorte, una tarjeta postal, no importa.
2.Responde a todos los que te escriban a ti. Estas respuestas también pueden contar como textos enviados.

Mary también proporciona algunas ideas para involucrar a otros amigos, como hablar del proyecto en tu Facebook, para que los que quieran que les escribas te manden su dirección, o en Twitter (el hashtag es #LetterMo, pero podría crearse uno específico para hispanohablantes). Y antes de que penséis “pero es que escribir una carta al día me llevaría mucho tiempo”, pensad en cuánto tiempo diario dedicáis a enviar emails, mensajes por redes sociales, mensajes instantáneos o sms; y considerad también el valor de conservar algo en papel, de abrir el buzón y encontrarlo ahí, de tomaros por fin algo de tiempo para relajaros y disfrutar del placer de escribir a mano.

¿Qué os parece esta iniciativa, os veis capaces de llevarla a cabo? ¿Conocéis otros proyectos similares que recuperen el ya casi extinto arte de la epístola tradicional?

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Escritores en la cárcel (II)

AutorGabriella Campbell el 31 de enero de 2012 en Divulgación

Voltaire y la cárcel

En el artículo anterior ya os mencionamos a varios escritores que acabaron pasando un tiempo en la cárcel por diferentes razones. En concreto hablamos del Marqués de Sade y de Dostoyevski. En lo que a rusos disidentes se refiere, la lista es muy larga, pero aparte de Dostoyevski es posible que el caso más conocido de encarcelamiento por opiniones políticas sea el de Solzhenitsyn. Acusado de conspirar contra el régimen y de escribir “propaganda antisoviética” (Solzhenitsyn describió con gran detalle la realidad detrás de los gulag o campos de trabajo soviéticos), fue condenado a ocho años de trabajos intensivos y a un destierro posterior (aunque pudo regresar a Rusia muchos años después). En el exilio, trabajaba durante el día como profesor y dedicaba sus noches a escribir. En 1970 recibió el Premio Nobel de Literatura.

La persecución política es una de las razones principales por las que un autor puede acabar pasando largas temporadas a la sombra. Otro de los casos más conocidos, y muy anterior a los ya mencionados es el de Tomás Moro, que nunca aceptó las intenciones de su rey, Enrique VIII, de constituir la iglesia inglesa como una entidad propia independiente de las órdenes de Roma. Debido a la negativa del Papa de concederle el divorcio con Catalina de Aragón para poder casarse con Ana Bolena, el rey anglosajón decidió separarse de la autoridad de Roma de manera definitiva. Si bien Tomás Moro, célebre tanto como consejero de confianza del rey como por ser autor de obras como Utopía y uno de los defensores más acérrimos de la fe católica, terminó por aceptar la separación entre Enrique y Catalina, tomando a la Bolena como legítima reina, no podía consentir la creación de una nueva iglesia independiente, a sabiendas de que ésta se impregnaría con las nuevas creencias que atravesaban la misma Europa que había visto nacer a Lutero, a Calvino y a tantos otros, designados herejes por el Vaticano. Moro pasó sus últimos días en la Torre de Londres, y fue condenado a morir ahorcado y descuartizado, destino reservado a los condenados por alta traición, si bien el rey le conmutó la pena por decapitación, una ejecución bastante más limpia generalmente reservada a nobles y aristócratas.

El escritor francés Voltaire tampoco se libró de la reclusión, durante once meses, en la Bastilla, en gran parte por su propia literatura, de carácter marcadamente crítico y satírico. Durante estos once meses demostró una vez más su gran prolijidad escribiendo su primera obra dramática: Edipo, que llegó a ser una de las obras más representadas del teatro francés. La obra se estrenó el 18 de noviembre de 1718 en la Comédie-Française, estando el propio autor exiliado. Uno de los invitados de honor fue el propio regente, de quien se rumoreaba que mantenía una relación amorosa con su propia hija; por lo que la obra de Voltaire adquirió un carácter satírico sin siquiera proponérselo: dicha representación alcanzó fama y popularidad debido a la polémica asociada al tema de la obra, el incesto.

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Historia de un estado clandestino, de Jan Karski

AutorRaquel Vallés el 30 de enero de 2012 en Reseñas

Historia de un estado clandestino - Jan Karski

Historia de un estado clandestino fue escrito por Jan Karski en 1944 y en él narra en primera persona sus vivencias tras la invasión nazi de Polonia. Karski es un joven de clase media con un futuro en el mundo de la diplomacia y que se enfrenta, al igual que su país, de manera confiada a una posible guerra con Alemania; la guerra relámpago y la humillación del ejército polaco por parte del ejército nazi con la subsiguiente ocupación son el inicio de esta biografía novelada. Karski escribe de manera ágil sin ahorrar demasiados detalles y consigue ofrecernos una visión clara de la resistencia polaca. Esta resistencia toma la forma de un estado clandestino estructurado y con contactos con el gobierno polaco en el exilio.

Karski es uno de los oficiales derrotados por los alemanes y hechos prisioneros por los soviéticos, en una demostración de que en Polonia saben perder guerras como nadie. Tras conseguir huir de los soviéticos comienza su regreso a Varsovia esperando encontrar noticias sobre la resistencia o supervivencia del ejército polaco pero solo encontrando pruebas de la gran derrota sufrida. Una vez en Varsovia consigue contactar con la resistencia y comenzar a trabajar para ellos.

En el libro veremos a Karski sirviendo de enlace entre Varsovia y París, ser descubierto por la Gestapo, torturado, rescatado, volver a trabajar como propagandista, … hasta que llega su misión más importante: viajar a Londres para contactar con el gobierno polaco y con el resto de gobiernos aliados e informar de la situación en Polonia, con su peculiar estado clandestino, y de la situación de los judíos.

En el relato se explican algunas de las maneras que encontró la resistencia polaca de luchar contra el poder prácticamente omnipresente de los nazis, creando una red clandestina bajo la premisa de “sin contacto hacia arriba de manera que una detención o traición no afectara a la estructura o apelando al patriotismo polaco y a una actitud inflexible frente al ocupante. Los Volksdeutche era el nombre que se daba a los colaboracionistas con los nazis que conseguían prebendas en base a una más o menos creíble ascendencia germana y son los protagonistas de una de las acciones de boicot de Karski en su faceta de propagandista cuando está refugiado en la granja Sawa, una de las partes más ágiles del libro.

Pero sin duda, la parte más llamativa del relato de Karski es la relativa a la situación de los judíos en Polonia. Como parte de la preparación de su viaje a Londres, donde debe ofrecer la imagen más amplia y real de lo que está ocurriendo en Polonia, se pone en contacto con dos líderes judíos que consiguen introducirlo en el gueto de Varsovia y en el campo de concentración de Belzec donde es testigo de las ejecuciones. Los dos capítulos son terribles ya que se trata de un relato en primera persona de un testigo directo pero la totalidad de su horror llega varias páginas después cuando Karski les narra a una pareja alemana amiga lo que ha visto en Belzec. Belzec fue el primer campo de exterminio nazi y también el primero en desmantelarse y sus números son terribles: únicamente dos supervivientes del más de medio millón de personas, mayoritariamente judíos pero también gitanos o polacos, que se calcula llegaron al campo.

Creo que es un libro imprescindible para cualquier aficionado a la Segunda Guerra Mundial o a la historia, aunque por la manera de narrar de Karski y los temas que trata lo recomendaría sin dudar a cualquier buen lector. La edición de Acantilado es, como es habitual, muy cuidada con una introducción a la figura del autor y las circunstancias de libro y con extensas notas que apostillan la memoria del escritor, aunque, para los lectores perezosos a los que nos les gusta tener que buscar las notas a final de libro, tampoco son imprescindibles para seguir la narración.

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Escritores en la cárcel (I)

AutorGabriella Campbell el 29 de enero de 2012 en Divulgación

Zheng Yichun

Como parte activa del entramado cultural e intelectual de un sistema político, es inevitable que la voz del escritor, pertenezca o no al subgrupo periodístico y/o de comunicación de un país, pueda llegar a representar una amenaza al statu quo, sobre todo en regímenes autoritarios o en estados sometidos a la propaganda de los grupos de poder. Es muy frecuente, por tanto, que nos encontremos con casos como los del escritor y disidente chino Zheng Yichun, autor reconocido a nivel internacional, ganador del primer premio internacional de derechos humanos Dr. Rainer Hildebrandt, y liberado hace poco de la cárcel de Nanshan, donde había cumplido una condena de seis años por escribir reivindicando reformas políticas en su país.

Sin embargo, no todos los grandes escritores acaban en prisión por exigir libertades cívicas. Los hay que han dado con sus huesos en la cárcel por tratar temas de discutible moralidad, censurables en su país o época, o simplemente por comportarse como delincuentes comunes. A continuación enumeraremos algunos de los más llamativos.

En lo que se refiere a escribir sobre temas considerados obscenos (y en muchas ocasiones obrar en consecuencia), tenemos el ejemplo notable de Donatien Alphonse François de Sade, mejor conocido como Marqués de Sade. Sus escritos revolucionarios (y actos poco decentes) tuvieron en jaque a varios regímenes, pero se hallaba protegido, hasta cierto punto, por su título nobiliario y contactos en las altas esferas. No queda claro cuánto de cierto hay en las leyendas que rodean a su persona, cuánta verdad existe en las acusaciones y rumores que lo rodearon a lo largo de su vida, pero estuvo recluido en varias prisiones y manicomios, tanto por su comportamiento disoluto como por los manuscritos “peligrosos” que escapaban de su pluma y que se publicaban y circulaban de manera clandestina pero con gran éxito.

Los escritos de Sade han tenido una acogida dispar a lo largo de los años, Para escritores como Bataille, sus obras eran “apologías del crimen”, mientras que para otros autores, como Rimbaud, Apollinaire, o Breton y los surrealistas, eran obras de arte incomprendidas. Entre los que se vieron influidos por su escritura estuvo el escritor ruso Dostoyevski, otro autor que sufrió el encarcelamiento y un posterior destierro para realizar trabajos forzados en Siberia. Había sido arrestado por razones políticos: según las acusaciones realizados contra él formaba parte del grupo intelectual liberal conocido como Círculo Petrasheyski, acusado de conspirar contra el zar, quien desconfiaba de todo tipo de agrupaciones clandestinas debido al clima revolucionario que se llevaba respirando en Europa desde 1848. Aunque sus compañeros fueron condenados a muerte, el escritor consiguió que se le conmutara la pena por trabajos forzados. La segunda parte de su condena lo obligaba a incorporarse al ejército como soldado raso, una vez finalizara su estancia en Siberia, por lo que pasó cinco años más de su vida bajo el poder del estado, acuartelado en Semipalátinsk, en Kazajistán. Con el tiempo obtuvo una amnistía y pudo recuperar tanto su título nobiliario como permiso del nuevo zar, Alejandro II, para publicar su obra.

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Los favoritos de nuestros favoritos: H. G. Wells

AutorGabriella Campbell el 28 de enero de 2012 en Divulgación

H.G. Wells

En la escritura, como en cualquier área de conocimiento, todo el que ejerce, sea profesional, aficionado o algún ente intermedio por definir, cabalga sobre los hombros de gigantes. Todos, en algún momento, nos hemos sentido apabullados por el talento de un gran escritor, y su influencia es inevitable, aunque ni siquiera sea de una manera consciente. ¿Pero cuáles fueron los autores que más prestigio obtuvieron en la estantería de nuestros escritores favoritos?

Más allá de los clásicos innegables, literatos como Shakespeare o Cervantes, aparecen nombres, sean o no sean de primera división, de un modo constante en entrevistas, autobiografías y ensayos de autores. Uno de los nombres recurrentes es el de H. G. Wells, conocido por obras como La guerra de los mundos y favorito de muchos. Borges era un gran admirador y decía de él que era “un admirable narrador, un heredero de las brevedades de Swift y de Edgar Allan Poe”. Para él, parte de la grandeza de Wells se hallaba, precisamente, en sus espléndidos antecesores. Y su herencia no ha sido menos extraordinaria, ya que de su fuente han bebido innumerables escritores de ciencia ficción, entre los que podríamos destacar a Robert Silverberg (él mismo define su obra The Alien Years, publicada en 1997 y nominada al premio Locus en 1999, como un claro homenaje a La máquina del tiempo), o a Arthur C. Clarke, conocido sobre todo por su célebre 2001: Odisea en el espacio, que también era un conocido admirador de Wells, al igual que tantos otros del género de la ficción especulativa. El enfrentamiento del hombre con lo desconocido, su impulso a través de diferentes niveles de existencia (lo social, lo tecnológico, incluso lo político) son aspectos de la obra de Wells que también marcaron con fuerza al gran George Orwell, cuyo 1984 se mantiene en la línea distópica que ya presentó el primero en su engañoso viaje al futuro en La máquina del tiempo. Sin embargo, goza asimismo de seguidores alejados de este entorno fantástico, como Nabokov, que reconocía haber seguido mucho a Wells en su juventud y que estaba enamorado de ciertas escenas de Amigos apasionados, un relato de Wells de 1913.

Por otro lado, a pesar de las tendencias izquierdistas del Sr. Herbert George, tenía también importantes aficionados de creencias muy alejadas a las suyas. C. S. Lewis, creador de las archiconocidas Crónicas de Narnia, se declaraba “bajo la influencia” de Wells, tanto que sentía la necesidad de “exorcizarlo” o expulsarlo de su estilo y escritura.

Las influencias siempre son interesantes, y por supuesto necesarias para el estudio literario. Se agradecen también como recomendaciones: si un autor nos encanta, es muy probable que los autores de los que éste, a su vez, disfrute, sean también de nuestro agrado. Para esto pueden ser muy útiles proyectos como el blog Las afinidades electivas, una red de poetas que se conectan y recomiendan entre sí, produciendo una experiencia enriquecedora, preseleccionada, para los amantes de la buena poesía. Si tuviéramos que hacer una red interactiva con un escritor como Wells, seguramente las conexiones serían interminables.

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Charles Dickens en la BBC

AutorAlfredo Álamo el 27 de enero de 2012 en Noticias

BBC - Charles Dickens

En 2012 se conmemora el bicentenario del nacimiento de Charles Dickens (Portsmouth, 7 de Febrero de 1812), uno de los más grandes autores de las letras universales y de las inglesas en particular.

La importancia de Dickens en Inglaterra es enorme, gozando en su tiempo de una enorme popularidad gracias a sus novelas por entregas que llegaron a mantener en vilo a toda la nación. Su crítica social, su ironía y su capacidad para venderse a sí mismo, era todo un showman del siglo XIX, hicieron de su obra un legado permanente y un ejemplo en el que todo escritor debería mirarse.

Pues bien, para el 2012 la cadena pública británica BBC ha decidido ponerse las pilas y dedicarle no sólo una buena dosis de documentales sobre su vida y obra, con entrevistas a sus mejores biógrafos tanto en radio como en televisión, sino que se esperan nuevas adaptaciones de sus obras.

En concreto, la BBC va a estrenar una nueva versión de la que es su obra por excelencia, Grandes esperanzas, dividida en tres partes y que ha contado con un presupuesto de primer nivel. Sería conveniente no perderse esta serie, ya que es posible que la crítica social victoriana se convierta en crítica social contemporánea viendo cómo nos vienen los recortes.

Por otro lado, y de una manera más arriesgada, todo hay que decirlo, ya se está emitiendo El misterio de Edwin Drood, novela de intriga que Dickens dejó inacabada pero que ha gozado de un gran éxito desde su publicación, quizá gracias a las numerosas hipótesis que se llevan haciendo sobre el desenlace. Sobre este particular, el escritor Dan Simmons publicó en 2009 la novela La soledad de Charles Dickens (Drood). El encargado de darle un final a la serie ha sido el autor Gwyneth Hughes, hasta ahora inédito en España.

Creo que el esfuerzo de la BBC obedece sin duda a la necesidad de actualizar las obras de Dickens -pese a lo canónico de sus adaptaciones- a un formato más actual. Es necesario acercar la obra de los clásicos a las nuevas generaciones y no hay nada mejor que la televisión, hoy en día en estado de gracia, para conseguirlo. ¿Y vosotros? ¿Qué clásicos de la literatura en castellano os gustaría ver adaptados… por la BBC?

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