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Los diez finales de libros más odiosos (I)

AutorGabriella Campbell el 10 de diciembre de 2012 en Divulgación

Final de Amanecer

¿Cuántas veces os habéis enganchado (en el peor sentido del término) a un libro, os habéis entusiasmado con las aventuras del héroe o de la heroína, os habéis enamorado del secundario graciosete, os habéis comido las uñas hasta haceros sangrar, solo para encontraros con un final de esos que os han impulsado a lanzar la obra por la ventana, entre improperios e insultos variados dirigidos a la familia del autor? No hablamos, claro, de los finales que quedan abiertos a propósito, con objeto de que se publique una segunda parte, sino de aquellas obras cuyos finales son apresurados, sin sentido, incoherentes o simplemente frustrantes.

Seguramente no hará falta advertiros de los spoilers o datos acerca de finales desvelados que os encontraréis a continuación. No sigáis leyendo si sois de los que gustan de las sorpresas, o por lo menos id con ojo y cuidado para no toparos con ningún título que tuvierais en mente leer. O tal vez sí, tal vez así os estéis evitando una posible decepción. La responsabilidad, como siempre, es solo vuestra.

Y allá va la primera entrega de nuestra lista (sin ningún orden particular), de aquellas obras que más reacciones negativas han tenido en cuanto a cómo terminaban. Nuestra prioridad ha sido enseñaros los finales más odiados por sus lectores, no necesariamente los más terribles de manera objetiva (al final y al cabo, siempre hay una nota subjetiva y es posible que cualquiera de los libros de la lista tuvieran un final que a alguno de vosotros le parezca muy justo e inteligente). ¡No olvidéis añadir vuestros propios finales despreciables en los comentarios!

1. En literatura juvenil, parece que los finales que más ampollas levantan son los de Amanecer (de la saga Crepúsculo de Stephanie Meyer) y Sinsajo (de Suzanne Collins). Ninguno de los dos está a la altura de las expectativas de los que habían disfrutado con las entregas anteriores. Harry Potter, sin embargo, tuvo reacciones mixtas, hay quien asegura que el final de la saga es adecuado y hay quien considera que Rowling no supo darle un final digno a una larga serie de aventuras con tantos personajes e hilos argumentales.

2. Otro de los más vilipendiados es Apocalipsis (o La danza de la muerte), de Stephen King (aunque It no le va a la zaga). Muchos se sintieron defraudados por la intervención deus ex machina que cierra el arco principal, mientras que algunos lo defienden gracias al final secundario posterior y al epílogo que King incluyó en la versión extendida de 1990. Debido al desarrollo excelente de tantísimos personajes y a la extensa lucha entre las dos facciones de supervivientes, el lector no puede evitar sentirse decepcionado al ver que la conclusión más importante surge de una mano divina.

3. ¿Recordáis La semilla del diablo, aquella fantástica película de Polanski basada en la novela de Ira Levin. Si os quedasteis con un buen sabor de boca con la película o con la novela, desistid entonces de darle una oportunidad a El hijo de Rosemary, la segunda parte que Levin escribió unos treinta años más tarde. En esta segunda parte, Levin recurre al temido cliché de todo era un sueño, mandando a freír espárragos toda la narrativa anterior.

En la próxima entrega hablaremos de tres obras más que han enfadado a sus lectores una y otra vez debido a sus finales inesperados, incoherentes o simplemente estúpidos.

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Nacidos de la bruma de Brandon Sanderson

AutorAlfredo Álamo el 8 de diciembre de 2012 en Reseñas

Nacidos de la bruma

Nacidos de la bruma es una de las mejores series de fantasía de los últimos años y que confirma a su autor, Brandon Sanderson, dentro de los escritores más prometedores del género. Sus tres primeros libros dedicados a la serie son El imperio final, El pozo de la ascensión y El héroe de las eras, aunque recientemente también ha aparecido Aleación de ley, si bien es una novela independiente situada en el mismo universo.

Uno de los principales aciertos de Sanderson a la hora de crear la serie de Nacidos de la bruma estriba en su peculiar concepto de la «magia», la alomancia, ligada al poder de quemar ciertos metales dentro del cuerpo para obtener unos beneficios, tales como mayor fuerza, aumentar sentidos o poder atraer y repeler otros metales. La manera en que está diseñado este sistema y el cómo lo aplica en la práctica supone la columna vertebral de la serie y, pese a que al principio puede parecer algo complicado, pronto pasa a formar parte de los protagonistas y se integra en la lectura sin más problemas.

En un mundo dominado por el Lord Legislador -un autoproclamado Dios-, una casta de nobles domina el territorio esclavizando al pueblo de los Skaa. La rebelión siempre ha estado latente entre los oprimidos, pero nunca ha llegado a nada: el poder militar y de los nobles alománticos es muy superior al de ellos. Sin embargo, la aparición de Kelsier, un skaa con dichos poderes, en busca de venganza, sitúa al Imperio Final en una situación donde nunca antes había llegado.

Sin duda, la joven Vim, recogida de las calles por la banda de Kelsier, es la protagonista de la trilogía, aunque en cada libro otros personajes igualen su importancia. Digamos que ella es el hilo narrativo que une los tres libros. Sanderson también hace un gran trabajo aquí, muy realista a la hora de detallar motivaciones, sentimientos y cambios en cada uno de sus personajes.

En resumen, Nacidos de la bruma es una serie muy interesante y que es plenamente recomendable para todos los aficionados al género que quieran darle una oportunidad a una visión nueva y original de la fantasía, alejada de clichés repetitivos.

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Crimen en el Barrio del Once, de Ernesto Mallo

AutorRaquel Vallés el 7 de diciembre de 2012 en Reseñas

Crimen en el barrio del once - Ernesto Mallo

Crimen en el Barrio del Once es el primer caso del comisario Lascano, el Perro, un policía que intenta hacer su trabajo en plena dictadura argentina, cuando cualquier sentido de justicia se ve desbordado por la realidad. Al igual que su país, Lascano está herido y paralizado, en su caso por la muerte de Marisa, su mujer, cuyo recuerdo le acompaña continuamente debatiéndose entre la nostalgia y el dolor de la pérdida, que le lleva incluso a plantearse acabar con su vida.

La acción arranca con la aparición de tres cuerpos en lo que parece un ajusticiamiento militar lo que para la policía significaría mirar para otro lado, pero uno de los cadáveres parece haber sido colocado allí, como si alguien hubiese pretendido librarse de él sabiendo que nadie en su sano juicio va a investigar un asesinato político perpetrado por los militares. Lascano hace lo único que puede hacer, hacer la vista gorda respecto a los dos jóvenes ajusticiados y centrarse en el cadáver de un hombre mayor, asesinado de manera diferente y, claramente, en un lugar diferente. Pero ¿cómo podía saber el asesino donde iban a abandonar los militares los cadáveres?

Eva es una joven opositora a punto de ser atrapada en una redada y cuyo destino parecía ser el de hacer compañía a los muertos de la cuneta pero, en cambio, un encuentro con Lascano lo cambia todo; el gran parecido de la joven con su esposa muerta le obliga a ocultarla. La relación entre ellos dos, entre Lascano y el recuerdo de su mujer, su miedo a seguir adelante, a aceptar la pérdida, permiten a Mallo escribir algunos de los mejores momentos de la novela.

Otra mujer, Lara, una hermosa representante de la clase alta se encuentra atrapada en un matrimonio que no le reporta el nivel de vida que esperaba y será el detonante que terminará con un superviviente de un campo de concentración como tercero en discordia de la pareja muerta en la cuneta.

Pero no nos despistemos, Crimen en el Barrio del Once es una novela de personajes sí, pero su trasfondo, su escenario, es una dictadura criminal que lo impregna todo. Giribaldi encarna el régimen y es él la pieza que moverá la historia. Su relación con su mujer, lo humaniza pero no precisamente en el mejor sentido de la palabra.

Con Crimen en el Barrio del Once Ernesto Mallo comienza los casos del comisario Lascano que continuarán con El policía descalzo de la plaza San Martín y Los hombres te han hecho mal.

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Aprendices aventajados de panaderos, cerveceros y reposteros

AutorJuan Manuel Santiago el 6 de diciembre de 2012 en Divulgación

Cerveza casera

De un tiempo a esta parte se está regresando a lo que comúnmente se llama lo natural. El hartazgo por los componentes artificiales, unido a la gratificación personal que produce la elaboración artesanal de determinados productos, ha disparado la producción casera de estos, sobre todo en el ámbito alimentario. Así, en los últimos años estamos viviendo una nueva edad de oro de los panes, las cervezas y la repostería. La crisis económica tal vez juegue un papel secundario en este proceso, ya que no se trata de productos excesivamente caros, ni por su precio de venta al público ni por el coste de los materiales. Vamos, que ni vamos a salir de pobres ni nos vamos a hacer ricos por el hecho de hornear un estupendísimo pan de centeno, miel e hinojo en vez de comprárnoslo en la enésima panadería de moda del barrio más guay de nuestra ciudad. En el caso de la repostería, además, se da cierto componente entre vintage y cool que hace que las magdalenas de toda la vida se hayan puesto de moda bajo la denominación de cupcakes.

¿En qué se traduce todo esto si nos ceñimos al aspecto editorial del asunto? Evidentemente, en que la oferta de publicaciones se ha incrementado. Muchísimo. Resulta casi imposible abarcarlo todo, aunque, puestos a destacar algún título sobre el primer ámbito, el de los panes, recomendaría sin reservas Aprendiz de panadero, de Peter Reinhardt. No obstante, en esta entrada me gustaría hacer un más difícil todavía y recomendar libros más «literarios» sobre estas materias.

En cuanto a la repostería, no hay color: la apuesta más lúdica es Un zombi se comió mi cupcake, de Lilly Vanilli, que tal vez fuera más apropiada para recomendarla de cara a Halloween, pero también podría valer para darles ideas carnavalescas. El libro de cocina que uno le regalaría a Calvin y su tigre Hobbes.

Sobre el aspecto etílico del asunto, háganme caso: tienen que leerse La cerveza… poesía líquida. Un manual para cervesiáfilos, de Steve Huxley. El autor es un personaje: dejó su Liverpool natal hace más de tres décadas para radicarse en el barrio barcelonés del Poble Sec, desde donde ha sido uno de los animadores incontestables del boom de la cerveza casera catalana de los últimos años. Este manual para elaborar cerveza en casa puede llegar a ser demasiado técnico, pero también contiene infinidad de datos interesantes, desde citas relacionadas con la cerveza hasta una breve semblanza histórica que despeja para siempre la eterna duda: sí, el proceso de elaboración de la cerveza fue el primer descubrimiento bioquímico de la humanidad, miles de años antes que el pan o el vino. Eso se merece otro brindis, ¿no?

Y por último, el libro panarra que necesitan leer es Hecho a mano, de Dan Lepard, EL gurú del pan casero, quien abrió durante este verano una panadería pop-up en San Sebastián, The Loaf, junto con el traductor de este hermoso libro, Ibán Yarza. A medio camino entre el recetario y el libro de viajes, Lepard consigue convertir el arte de hacer pan en una pasión. El libro que debería haber leído Patrick Rothfuss antes de meter la pata hasta el fondo con la receta de pan casero que hace Kvothe en el primer capítulo de El temor de un hombre sabio. (Una pista: página 16, dos últimos párrafos. Si encuentran el gazapo, compártanlo en los comentarios. Muchas gracias.)

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La sangre de Montalcino, de Giovanni Negri

AutorAlfredo Álamo el 5 de diciembre de 2012 en Reseñas

La sangre de Montalcino, de Giovanni Negri

Un enólogo de fama mundial es asesinado en la Toscana y desde Roma mandan al comisario Cosulich para que se encargue de resolver el caso manteniendo la mayor discreción posible, ya que el asesinato ha despertado un interés internacional y hay varias personalidades importantes envueltas en la investigación.

El mayor acierto de La sangre de Montalcino es la extensa y laboriosa documentación que Negri ha preparado sobre el mundo del vino, no sólo en Italia sino también sobre otros países. Describe con acierto ese mundo de terratenientes, publicistas, enólogos y fanáticos que viven para y por el vino, creando una sociedad cerrada compuesta por grandes conocedores, acólitos y científicos vistos como artistas.

El resto del libro zozobra. Si bien el comisario Cosulich parece más interesante al principio, el personaje se va desinflando a medida que la novela se desarrolla, pasando de un prometedor inicio a una novela más de misterio que negra y que termina con un final en el que todos los sospechosos se reúnen a la misma mesa para que el detective desenmascare al pérfido (o pérfidos) culpables.

Pese a todo, el libro es entretenido. Las historias y anécdotas sobre el vino y su historia alegran la narración, siendo cada vez más bienvenidas que el propio desarrollo de la investigación del caso. Libro para pasar el rato, que agradará a los amantes de la novela enigma más clásica y, cómo no, a los que sientan curiosidad por los secretos de la industria del vino.

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Victus, de Albert Sánchez Piñol

AutorJuan Manuel Santiago el 4 de diciembre de 2012 en Reseñas

Victus - Albert Sánchez Piñol

Es una pena que la coyuntura política que vive Cataluña en los últimos meses haya desvirtuado una novela tan estimable como Victus, que ha levantado ampollas, de manera simultánea, entre los lectores y críticos españolistas y catalanistas. Entre los primeros, por su revisionismo (necesario) sobre la guerra de Sucesión y el concepto mismo de España, cuya inexistencia llega a defender el protagonista. Y entre los segundos, porque no le perdonan a Sánchez Piñol el haberla escrito en castellano. Una lástima, porque es un producto más que digno, y supera los logros literarios (y el tiempo dirá si también los comerciales) de su primera y más conocida novela, La pell freda.

Hay tres tipos de protagonistas de novela histórica: los actores de los hechos (Yo, Claudio, de Robert Graves), los personajes inexistentes y ni siquiera probables que pasaban por ahí (Creación, de Gore Vidal) y los personajes secundarios cuya existencia está documentada pero, al estar limitada a notas a pie de página, nos permite darle rienda suelta a la imaginación. Es el caso de Martí Zuviria, de quien hablan las crónicas como nota a pie de página: ayudante de Villarroel, mediador entre sitiadores y sitiados, exiliado de oro en Austria… y poco más.

El personaje de Martí es uno de los grandes aciertos de la novela. Narrador impertinente y cobarde patológico, bocazas pero incapaz de resumir su vida y su profesión en una sola palabra, consigue hacerse querer. En la primera parte, Veni, es un joven alumno del mariscal Vauban, el genio de las fortificaciones del siglo XVII, con lo que sienta las bases de su futuro enfrentamiento con Joris van Verboom, el expugnador de Barcelona. Si la crítica vio Pandora en el Congo como una reescritura de El corazón de las tinieblas, podemos afirmar que el autor reescribe aquí otra novela de Conrad: El duelo. En la segunda parte, Vedi, Martí relata la guerra de Sucesión con un tono que la crítica ha interpretado como una versión catalana de Guerra y paz, de León Tolstói, aunque el toque entre picaresco y tremendista la hermana más con El aventurero Simpliccíssimus, de Hans Grimmelhausen. Por último, en Victus, el autor nos ofrece lo mejor de la novela, con detalladas y muy documentadas descripciones del interminable asedio a Barcelona (buenas excusas para redimir a Martí y convertirlo en héroe a su pesar, como un Antonio de Villarroel que Sánchez Piñol no deja de recordar que ni era catalanoparlante ni estaba a favor de la defensa a ultranza de la ciudad, no obstante lo cual se convirtió en el símbolo de la resistencia), así como de los personajes históricos y fuerzas políticas (la crítica a Rafael Casanova y las élites barcelonesas es una crítica tal vez demasiado transparente a dirigentes y situaciones actuales).

Victus se convierte, de este modo, en un intento de novela total, un resumen del nudo gordiano que ha marcado los últimos tres siglos de las historias de Cataluña y España. Conviene leerla como la buena novela histórica que es, pero también como resumen de la coyuntura catalana actual, como novela picaresca (mucho ojo a la troupe de Martí, con un anciano, una puta, un enano y un niño cleptómano como símbolos malintencionados de la heroica Barcelona asediada) y, esto no es menos importante, como una muestra muy depurada de las inquietudes temáticas de Sánchez Piñol: ¿cómo no acordarse de las incursiones nocturnas de los monstruos de La pell freda cuando uno lee las descripciones de los ataques borbónicos sobre Barcelona, o ver paralelismos entre el sexo mutante de Batís Caffó o el narrador anónimo de dicha novela con su mascota Aneris y algunas escenas de Martí con Jeanne y Amelis?

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Las muertes menos atractivas de la literatura

AutorGabriella Campbell el 3 de diciembre de 2012 en Divulgación

Peligro: Escritores

La muerte rara vez nos llega de la manera que querríamos. Parece ser, además, que para aquellos que han llevado una vida singular, la muerte es también un evento digno de atención, diferente. Y cuando pensamos en las muertes más curiosas del mundo de la literatura, no consideramos solo los personajes literarios, sujetos ficticios que hacen más interesante una narración tanto con su vida como con su fallecimiento, sino también las mentes brillantes que les han dado vida.

Tal vez una de las muertes más absurdas de la historia de la literatura fue la de Thomas Lanier Williams III, el dramaturgo más conocido como Tennessee Williams. Encontraron al escritor muerto en su suite del Hotel Elysee de Nueva York con 71 años. Había perdido la vida al atragantarse con el tapón de un tubito de medicamentos (parece ser que tras una ingesta masiva de alcohol fue en busca de barbitúricos, e intentó abrir el bote con la boca. Se tragó el tapón por accidente y se asfixió).

El ruso Nikolái Gógol tampoco se queda atrás. A lo largo de su vida estuvo obsesionado con la muerte y le aterrorizaba la idea de ser enterrado con vida. Durante los últimos diez años de su vida nunca durmió acostado, por miedo a que pensaran que había fallecido (en una carta a un conocido le pidió que solo lo enterraran cuando su cuerpo mostrase ya signos muy evidentes de descomposición). Al final de su vida su estado mental estaba seriamente deteriorado; por influencia de su amigo, el religioso Matvey Konstantinovsky, llevó a cabo determinadas prácticas ascetas que fueron minando su salud física y psicológica. Poco a poco cayó en una depresión profunda, y la noche del 24 de febrero de 1852 llegó a quemar algunos de sus manuscritos (entre ellos la mayoría de la segunda parte de Almas muertas), afirmando después que se había tratado de un error, una broma pesada del Diablo. Poco después, dejó de comer y falleció, al cabo de nueve días de ayuno.

También era ruso el poeta Sergei Yesenin, cuyo poema más famoso, una auténtica despedida, lo escribió con la sangre de su propia muñeca, justo antes de colgarse de las tuberías del techo de su habitación. Yesesin era alcohólico y tenía diversos problemas mentales. Solo contaba con treinta años de edad cuando escribió esa poesía, y su peculiar muerte contribuyó a convertirlo en un auténtico mito literario.

Y pocos pueden competir con el novelista y autor de relatos estadounidense Sherwood Anderson. Con 64 años, en un crucero hacia Sudamérica, comenzó a quejarse de dolores graves en el abdomen, que al cabo de unos días se complicaron hasta convertirse en una peritonitis que le fue diagnosticada finalmente en un hospital de Panamá. En la autopsia se descubrió que había tragado un palillo de los dientes, bien de la aceituna de un martini, o de algún canapé consumido en el crucero, que había desencadenado el incidente. En su epitafio puede leerse: La vida, no la muerte, es la Gran Aventura. Si bien su vida fue de lo más trepidante, su muerte fue, cuanto menos, poco corriente.

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Cómo ser papá y no haber leído a Carlos González en el intento (I)

AutorJuan Manuel Santiago el 1 de diciembre de 2012 en Divulgación

Fantom Town - Parenting Cels Piñol

Cuando vas a ser padre primerizo te resulta imposible no sucumbir a la tentación de prepararte psicológicamente para que, cuando llegue el momento, sepas qué hacer. Comprar la cunita, el carrito, la bañera, el cambiador y la habitación de la criatura. Acudir a las clases de preparto. Atosigar a las amistades con la última ecografía enedimensional, incluidas las cábalas acerca de a quién se parece el nonato… y, por supuesto, leer y documentarse.

En fin, todas esas cosas que tanta risa les dan a padres, suegros, amigos secundíparos (obsérvese que he leído sobre el tema) y demás personas que ya han pasado por este trance, y que te aconsejan que, dado que los niños vienen sin manual de instrucciones y, por lo tanto, ya aprenderás a ser padre sobre la marcha, lo mejor que deberías hacer con el tiempo empleado en esas lecturas es aprovechar para dormir, ahora que puedes. A lo que iba. Sí, durante el embarazo lees un montón. Por un lado, porque crees que va a ser ahora o nunca, que lo que no hayas leído durante estos nueve meses ya no lo podrás leer durante dos semanas, o cuatro meses, o, quién sabe, tal vez un par de añitos, dependiendo de tus circunstancias laborales y de cómo os vayáis a organizar. Y, por otro, porque tal vez sean ustedes de los que, como yo, no han cogido en brazos a ningún niño que no estuviera en edad de salir huyendo, y llegan a este momento digamos que un poquito verdes e inexpertos. Y ¿qué mejor manera de ir adquiriendo conocimientos que leer acerca de la materia?

Durante la etapa en que trabajé en Larousse descubrí el término parenting, que supongo que habría que traducir como crianza. En todo caso, en la jerga editorial lo deja en inglés, porque ya se entiende a qué nos referimos cuando hablamos de parenting. El caso es que hay libros de parenting para dar y tomar, y esta entrada y la siguiente podrían convertirse en un blog aparte si me diera por reseñarlos todos. Es un mundo fascinante, porque, además de los consejos útiles y de sentido común que cabe esperar en este tipo de libros, te encuentras con auténticas broncas entre las diversas escuelas y teorías sobre la crianza de niños. Es todo un espectáculo leer el fuego cruzado entre los defensores encarnizados de la crianza con apego y los que prefieren el biberón y las actividades extraescolares. O cómo echan chispas los foros cuando alguna madre pone en entredicho la conveniencia de gastarse dos sueldos en el último modelo de cochecitos polivalentes. Sí, amigos, el Bugaboo y el Bebé Car son primos hermanos de Optimus Prime.

No cabe duda de que al lector poco avisado, el que solo pasaba por allí y no quería otra cosa que leer algún libro que le aclarase las ideas con respecto a su futura paternidad, estas disputas ideológicas le pueden resultar un poco ajenas, pero en todo caso son enriquecedoras, porque le demuestran que hay muchas maneras de criar a un hijo, y que casi todas ellas tienen algún punto aprovechable. Si se sabe leer entre líneas, no puedes dejar de reírte con las cargas de profundidad que hace Todo lo que has de saber sobre el primer año de tu bebé, de Penelope Leach, contra los padres que se escaquean de sus obligaciones, o contra las madres sobreinformadas y sabelotodo.

Pero claro, a veces te encuentras con problemas un tanto engorrosos, como la falta de ediciones adaptadas a la realidad española. No me cabe duda de que Los primeros 18 meses de tu hijo, de Anne Yelland, contiene, como reza el subtítulo de la obra, la solución a todas tus dudas, pero ¿de verdad era necesario dejar los consejos prácticos en caso de mordedura de mapache? Porque a los padres tienen que hablarnos en nuestro idioma. Contarnos la película de una manera que podamos entender y, sobre todo, asimilar.

En ese aspecto, puede que a Cels Piñol le falte enjundia doctrinal (¡debe de ser el autor del único libro de parenting que no entra a analizar el espinoso asunto de la lactancia materna!), pero la suple de sobra con humor, frikismo y extrapolaciones de su experiencia como papá primerizo en Fantom Town. Nuevo manual para niños con padres raros. De acuerdo, no es el libro de parenting definitivo, pero sí es capaz de explicarle la paternidad a un friki enganchado al universo de Fanhunter, que los hay, y algunos ya están en edad de procrear.

Dar Vader parenting

Aunque, para frikada definitiva, Darth Vader and Son, de Jeffrey Brown, que no es un libro de parenting en el sentido estricto del término, pero nos ofrece el lado más paternal de un Anakin Skywalker empeñado en educar a su hijo Luke en los valores que él cree correctos. Cierto es que se tiene que llevar a su hijo al trabajo (como le sucedía a Dexter Morgan al principio de la quinta temporada), pero también podemos verlos en la intimidad familiar. Otro hermoso libro para padres frikis, inédito en castellano hasta donde tengo noticia, y que confirma que ahí tenemos un posible filón editorial.

La granny-lit y el éxito tardío

AutorGabriella Campbell el 30 de noviembre de 2012 en Divulgación

Hilary Boyd

Era inevitable. Tras la chick-lit, la hen-lit, los vampiros para adolescentes y las sombras BDSM, solo era cuestión de tiempo. Está claro que las mujeres de más de cincuenta años también querían su trozo del pastel en lo que a novela romántica y picante se refería.

Y aquí entra Hilary Boyd, que con 62 años está arrasando en Amazon con Thursdays in the Park (Los jueves en el parque), una obra que narra la historia de amor entre dos personas que le sacan bastantes años a los protagonistas del libro de éxito medio. Lo más curioso de Hilary, la nueva reina del digital, es que lleva más de veinte años sufriendo rechazos por parte de empresas editoriales, que obviamente no veían ninguna posibilidad comercial a sus obras.

La obra en sí, la primera que le aceptaron, vio la luz gracias una casa editorial pequeña, Quercus, que apenas vendió mil copias de su libro. Su novela pasó sin mayor pena ni gloria. Mientras, Boyd continuaba trabajando como redactora mercenaria, escribiendo columnas sobre cualquier tema (desde salud en general a embarazos o cómo criar a tus hijos) para las revistas con las que colaboraba. En agosto de este año la editorial reeditó la obra sin grandes aspavientos, pero decidieron incluir también una versión digital, y esa fue la que dio en el clavo. De repente Boyd descubrió que estaba la nº18 en ventas en la página británica de Amazon. Ahora ha llegado al número 1, y vende más que E. L. James y que Ken Follet. ¿Nos encontraremos ante una nueva tendencia inesperada? No deja de resultar curioso cómo las editoriales se apuntan a las nuevas olas de moda, produciendo grandes cantidades de libros de calidad discutible simplemente porque encajan en la corriente actual, y dejan de lado en tantas ocasiones a los que realmente están dispuestos a innovar y a crear tendencias nuevas. Al fin y al cabo, pocas editoriales se habrían apuntado hace un par de años a publicar novelas de sadomasoquismo ligero dirigidas a amas de casa.

Sea como sea, lo que más llama la atención de Boyd no es tanto su edad, sino su perseverancia. En un mundo donde lo deseable es joven, donde tantas grandes estrellas mediáticas no llegan ni a los veinte años, es refrescante saber de una mujer que ha estado escribiendo sin parar toda su vida, y que ha conseguido, por fin, ser reconocida. Desconozco cómo será la obra, pero alegra saber que también hay un rincón para aquellos lectores de los que tantas veces se olvidan las empresas de marketing, y para aquellos escritores que tienen años y años de experiencia vital para aportar a sus obras. Siempre nos queda el caso singular de Mary Wesley, que publicó diez novelas superventas durante los últimos años de su vida; su primera novela publicada apareció en 1983, cuando ella contaba ya con 71 años de edad. Su última obra fue su biografía, que escribió con la ayuda del escritor y periodista Patrick Markham, al que le dictaba desde la cama, ya cerca de su muerte. Al respecto comentó en una ocasión: ¿Tienes alguna idea de lo placentero que es estar tirada en la cama durante seis meses, hablando de ti misma con un hombre muy inteligente? De lo que más me arrepiento es de que yo era demasiado vieja y estaba demasiado enferma como para meterlo en la cama conmigo.

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José Manuel Caballero Bonald ganador del Premio Cervantes 2012

AutorAlfredo Álamo el 29 de noviembre de 2012 en Noticias

Caballero Bonald  Premio Cervantes

José Manuel Caballero Bonald, autor de obras tan conocidas como Ágata ojo de gato o Manual de infractores, ha sido galardonado con el Premio Cervantes, el galardón literario más prestigioso de los países de habla hispana y que en sus últimas ediciones ha sido otorgado a literatos de la talla de Nicanor Parra, Ana María Matute, José Emilio Pacheco o Juan Marsé.

Siguiendo la tradición no escrita de alternar un autor latinoamericano con otro español, el jurado, formado por once miembros que han trabajado en secreto los últimos meses, ha decido encumbrar a Bonald por sus méritos a lo largo de su extensa y fructífera carrera ya que, según el acta, es un autor que, con el conjunto de su obra, haya contribuido a enriquecer el legado literario hispánico.

José Manuel Caballero Bonald ya contaba en su haber otros premios como el Reina Sofía, el Nacional de Poesía y de las Letras, así como el de la Crítica, entre otros muchos. Nacido en Jerez de la Frontera el 11 de noviembre de 1926, es considerado como uno de los grandes autores contemporáneos en lengua castellana.

El premio, con una dotación de 125.000 euros, está considerado como el Nobel español y es un más que merecido reconocimiento a Caballero Bonald, y al trabajo que ha realizado durante tantos años en pro de la literatura en castellano, tanto en su faceta como narrador como en la de ensayista.

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