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El Crowdfunding literario

AutorAlfredo Álamo el 1 de marzo de 2011 en Divulgación

Crowdfunding Condenados

El sistema tradicional basado en editoriales como fuente principal de dinero y recursos a la hora de publicar un libro se tambalea con la llegada de las nuevas tecnologías, ya que se presentan diferentes escenarios capaces de rivalizar, a largo plazo, con los actuales.

¿Qué es el crowdfunding?

El crowdfunding es una manera eficiente de aprovechar la capacidad de Internet y de las redes sociales para encontrar patrocinadores de un proyecto. En el caso del que hablamos ahora, de un proyecto literario. Si bien algunos hablan de mecenazgo como lo más parecido al crowdfunding, deberíamos matizar el término a un mecenazgo descentralizado, ya que se busca la mayor cantidad de participantes posibles a un bajo precio. Por otro lado, el mecenas clásico influía -y de qué forma- en el producto artístico que pagaba, algo que no tiene por qué pasar en el crowdfunding, a menos que esa sea una de las condiciones acordadas entre las múltiples partes.

Existen varias páginas web en las que se presentan proyectos y se solicita una pequeña cantidad de dinero, en busca de un total que permita, en el caso de la literatura, la correcta publicación de una obra, bien en papel, en digital, en ambos y con el tipo de licencia que se considere oportuno. Existen varios proyectos, unos ya completados, como el de Santiago Eximeno y su novela Condenados, o el más poético In absent(i)a, todavía por completar. Depende de la cantidad de dinero, el colaborador obtendrá algo especial, algo que le permitirá conectar a un nivel diferente con la obra, formando parte de su creación.

Por otro lado, la búsqueda de este tipo de financiación puede ser entendida como un intento de primar la popularidad sobre la calidad de las obras a producir, generando un ruido que oculte obras muy interesantes ocultas tras proyectos capaces de generar más espectáculo mediático.

El crowdfunding es una manera más de trabajo en la que el autor puede desvincularse de una editorial, con el único filtro de la confianza que genere su trabajo en un determinado número de personas. ¿Se debe funcionar siempre así? No creo, la diversidad en formatos y escenarios debe ser lo suficientemente grande como para que se ofrezcan alternativas suficientes para cada tipo de autor.

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El oro de Poseidón, de Lindsey Davis

AutorAlfredo Álamo el 28 de febrero de 2011 en Reseñas

El oro de Poseidón, de Lindsey Davis

Marco Didio Falco se enfrenta en esta novela de Lindsey Davis a uno de sus peores enemigos: su propia familia. El oro de Poseidón es otra aventura del más conocido detective de la Antigua Roma.

Dentro de los libros de Davis sobre Didio Falco encontramos ciertas pautas, ciertos temas recurrentes que normalmente sólo menciona de pasada pero que, llegado el momento, sabe aprovechar para desarrollar el argumento de una novela. En El oro de Poseidón, Davis saca a relucir uno de los momentos más tristes en la vida del informador romano: la muerte de su hermano en heroico acto de batalla.

Lo cierto es que Didio Falco ha acabado por tomarse esa desgracia con un cinismo ácido y mordaz, si bien quería a su hermano no hay que menospreciar la capacidad de este para meterse en líos -y de paso a su hermano pequeño- aun después de muerto. Esa figura, la del hermano mayor, héroe de Roma, enfrentada a Falco -informador de mala muerte, buscavidas-, es una de las sombras que acarrea con dificultad nuestro protagonista.

La familia de Didio Falco es otra de esas constantes, pero hasta este libro no sabíamos mucho de su padre, si acaso que era un subastador y que había abandonado a su madre y a sus hijos por una pelirroja. La familia… como Pater Familias oficial, Falco es el responsable de sus hermanas, cuñados, sobrinos y madre, un verdadero pandemónium que le provoca no pocos quebraderos de cabeza. Cuando el nombre de la familia es puesto en entredicho por un negocio poco claro obra de su hermano muerto, a Falco le sube la tensión a un nivel estratosférico.

Las novelas de Davis se enriquecen cuando repite secundarios y la trama incluye personajes conocidos que puedan aliviar la elaborada y edulcorada relación entre Falco y su enamorada, Helena. En esta ocasión, con la aparición de su padre -tan amable, sincero y poco dado a la violencia como Falco-, se alcanzan unos momentos muy bien llevados.

Al final encontraremos un vuelco en la dirección habitual de la historia, con un encontronazo importante frente al poder imperial. Un hecho que se veía venir para poder mantener, más o menos, las aventuras de Falco alrededor del Imperio, como podremos comprobar más adelante con obras como Último acto en Palmira o Una conjura en Hispania.

El oro de Poseidón es una divertida novela de Davis, entretenida y con una trama más asentada que en ocasiones anteriores, pero que repite algunos de los puntos flojos que lastran a veces la narración. En cualquier caso, imprescindible para los seguidores de la serie.

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¿Libros gratis como forma de promoción?

AutorVíctor Miguel Gallardo el 27 de febrero de 2011 en Opinión

American Gods, Neil Gaiman

Reconozco que este es un tema que me interesa especialmente, el de si es posible que la distribución de forma gratuita de elementos de la industria cultural (llámense libros o películas, sobre todo) a través de Internet puede suponer, más que un perjuicio, todo lo contrario, una ventaja competitiva o incluso un acicate para el consumo. Antes de nada tengo que especificar a qué me refiero al mencionar el término de “industria cultural”: estoy hablando de aquellas expresiones culturales que son reproducibles de forma mecánica. Es ésta una simplificación absurda del verdadero significado del término, lo sé, pero creo que es la más comprensible, ya que da a entender que una película o un libro, al ser reproducibles al 100%, forman parte de esta entelequia que yo he llamado “industria cultural”, en contraposición a hechos culturales únicos e irreproducibles (al menos en su totalidad) como pueden ser obras de teatro, espectáculos de danza u obras pictóricas.

Las industrias culturales son, de entre todas las manifestaciones culturales existentes, las más lucrativas, y es obvio que la razón es que pueden reproducirse hasta el infinito sin que la intencionalidad (y la calidad) de la obra se resienta, lo que les confiere un valor económico intrínseco del que carecen otras expresiones artísticas.

Los libros, pues, como elementos reproducibles de forma mecánica, se han convertido en una mercancía de fácil distribución. La piratería está haciendo estragos en la literatura, como antes lo hizo con las obras cinematográficas o musicales. Esto, que es un hecho constatado, ¿es intrínsecamente negativo? Algunos autores consolidados como Neil Gaiman así lo pensaban, pero los hechos les hicieron replantearse sus ideas preconcebidas. Gaiman, vinculado no sólo al mundo de la literatura sino también al del cómic (y al de la música, debido a su relación sentimental con Amanda Palmer) era un firme detractor de la distribución gratuita de obras a través de la red. Sin embargo, se atrevió a dar un paso adelante y permitió que su novela American Gods estuviera durante varias semanas disponible gratuitamente en Internet. El resultado de la experiencia le sorprendió: el libro no sólo no se vendió menos, sino que triplicó las ventas estimadas, al tiempo que se multiplicaron los pedidos de otras obras de Gaiman. Según él, la posibilidad de poder leerle de forma gratuita (y legal) posibilitó que muchas personas que de otra forma no hubieran tenido la posibilidad de acercarse a su obra le conocieran, ampliando el mercado de una manera impensable.

Ya en España, el desconocido autor Bruno Nievas, tras muchos intentos para que su novela Realidad aumentada se editara de forma tradicional, decidió colgar su obra en la Red. Tras unas pocas semanas la novela acumula, a día de hoy, más de treinta mil descargas, número que sigue subiendo de forma espectacular día tras día. Más allá del altruismo que se presupone a muchos autores, que públicamente opinan que prefieren ser leídos a comprados, hay que decir que Nievas ha convertido su novela en un auténtico viral, demostrando que Internet sirve para algo más que para el intercambio de archivos prohibidos y el porno. Sí, la cultura (en este caso la literatura) también puede beneficiarse de la gratuidad y facilidad de uso de la Red de Redes, y ¿quién sabe cuantos ejemplares de su novela podría vender Nievas ahora mismo aunque su novela esté disponible de forma gratuita?

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Inés Fernández-Ordóñez ya es académica

AutorVíctor Miguel Gallardo el 26 de febrero de 2011 en Noticias

Inés Fernández Ordóñez

A sus 49 años la filóloga Inés Fernández-Ordoñez se ha convertido en la académica de la Lengua más joven, y en una de las primeras mujeres en conseguir esta distinción. Aunque su ingreso no finalizó hasta la semana pasada, su designación para ocupar el asiento P (pe mayúscula) de la Real Academia de la Lengua Española, que anteriormente pertenecía al poeta ovetense Ángel González acaeció en 2008. Con ella la RAE tiene, en la actualidad, cinco mujeres académicas (y no cuatro, como han afirmado algunos prestigiosos medios de comunicación como ABC), ya que a Férnandez-Ordoñez hay que añadir los nombres de Ana María Matute, Carmen Iglesias, Margarita Salas y Soledad Puértolas. Esta última se hizo con el sillón g (ge minúscula) el año pasado.

En su discurso de ingreso, titulado La lengua de Castilla y la formación del español, Fernández-Ordoñez recalcó que la configuración básica del idioma español no se basa exclusivamente en el castellano: es más, según ella muchos de los rasgos distintivos de nuestro idioma provienen de otras lenguas. Achacó que se haya considerado el castellano como fuente principal del español a la labor de Menéndez Pidal y su castellanismo ideológico, que afirmaba que el castellano se expandió por la península gracias a las conquistas militares (la Reconquista de la España islámica) y a las anexiones políticas que hicieron que la Corona de Castilla dominara los territorios de León, Aragón o Navarra. Fernández Ordoñez no cree que esto fuera así: aunque reconoce que el castellano aportó gran parte de las peculiaridades del actual español, señala que los elementos orientales (del catalán, el aragonés o incluso el vasco) y occidentales (gallego, portugués y asturleonés) están más que presentes en nuestro actual idioma. El español, pues, no responde simplemente a una expansión del castellano desde el norte hacia el sur, el este y el oeste, sino que el castellano, conforme se puso en contacto con otras variedades lingüísticas, se fue transformando poco a poco en español. El tema, ideológicamente hablando, ha dado mucho de sí en las últimas décadas, y tiene su importancia, toda vez que el concepto (manejado por Menéndez Pidal y, por lo general, gran parte de los intelectuales de hace un siglo) de que Castilla es la esencia de la españolidad (en todos sus aspectos, incluido el lingüístico) es sustituido por otro bien distinto: Castilla fue un elemento más en la creación de España y el español, pero no se convirtió en genuinamente España (y su lengua en español) hasta que se puso en relación con el resto de las realidades peninsulares contemporáneas. El castellano no puede ser considerado “español” hasta que el catalán, el gallego, el portugués o el aragonés influyeron decisivamente en él, transformándolo en una nueva lengua.

Volviendo a Inés Fernández-Ordoñez, hay que recalcar que es la primera mujer en formar parte de la Real Academia por méritos exclusivamente académicos y dentro del ámbito de la Lengua: Matute, Salas, Iglesias y Puértolas, así como otras ex académicas como Elena Quiroga y Carmen Conde, son eminentemente escritoras, y María Isidra de Guzmán y de la Cerda, que fue la primera mujer en acceder a la RAE, era del ámbito de la Filosofía.

Antirresurrección, de Juan Ramón Biedma

AutorAlfredo Álamo el 25 de febrero de 2011 en Reseñas

Antirresurrección

La última novela de Juan Ramón Biedma sigue en la línea de sus anteriores libros, como El efecto Transilvania o su más reciente El humo en la botella: sus personajes se enfrentan tanto a un caos externo como interno en una Sevilla de pesadilla.

Inscrito dentro de la línea Z de la editorial Dolmen, Antirresurrección es uno de los títulos más «españoles» dentro de los títulos zombis que nos llegan últimamente. Escrito siguiendo la línea que considera a los zombis como infectados más que como «malditos» o «mágicos», Biedma no profundiza demasiado en causas y efectos de la enfermedad que hace renacer de manera casi instantánea a los muertos, llenos de rabia y hambre.

Uno de los aciertos de Biedma es la evolución de los muertos vivientes, ya que al renacer son rápidos y fuertes, pero con el tiempo se van acercando más al torpe monstruo ideado por Romero en los años 70.

En Antirresurrección nos encontramos con una Sevilla cercada por los zombis -como la mayor parte de Europa y, seguramente, el mundo-, en la que apenas quedan policías para mantener el orden y el caos se va a apoderando poco a poco de las calles y de las personas que tratan de mantenerse cuerdas.

En medio de esa situación, el teniente Trespalacios tendrá que averiguar quién es el responsable de una serie de asesinatos, en teoría sin nada que ver con los muertos vivientes, con un marcado componente religioso y con la ayuda, muchas veces insuficiente de Ariza, una ex-policía metida a detective, y Koplos, otro ex miembro de las fuerzas del orden que amortaja a los recién muertos.

El tono de paranoia religiosa es otro de los aciertos de Antirresurrección, logrando formar escenas realmente muy potentes con esa mezcla de catolicismo rancio y cuerpos a medio descomponer. Es más, la trama tiene mucho que ver con esa huida hacia la religión que se ha extendido por la ciudad que plantea el autor.

Por último, el estilo y el uso de capítulos realmente cortos, algunos de apenas una página, junto con el juego de saltos entre unos personajes y otros hace que el libro se lea a toda velocidad, casi al tiempo real en el que viven los personajes. Esto es algo a destacar, pero que a la vez también supone uno de sus defectos: la novela se lee de manera apresurada y deja también esa sensación en los labios, como si se trataran de pasada ciertos momentos y situaciones.

En resumen, una buena novela de zombis e investigación, con escenas muy truculentas y ritmo endiablado. Su único problema, ciertos detalles indefinidos y algunos nombres, como el de los Hermanos Sonambulistas, que, esto ya es personal, se hacen muy raros al oído.

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Extraños oficios

AutorGabriella Campbell el 24 de febrero de 2011 en Divulgación

Vladimir Nabokov

El oficio de escritor no es, como podría ser el de médico, farmacéutico o abogado, una profesión a la que se llega de manera directa, con unos estudios específicos y unas prácticas reguladas. Estudiar literatura no le convierte a uno en escritor: pocos filólogos, periodistas o teóricos de la literatura son escritores (y menos aun, escritores de éxito o incluso talento), por lo menos no en el sentido clásico del escritor como artista y creador. De hecho, muchos de los grandes de la literatura ni siquiera se habían formado en el campo lingüístico, sino en carreras y vocaciones muy distintas.

Tal vez uno de los más conocidos en este sentido sea Vladimir Nabokov, ya que recientemente se han comenzado a valorar algunas de sus hipótesis sobre la evolución de determinadas especies de mariposa, gracias a que los análisis modernos han permitido la validación de teorías que sus coetáneos rechazaron. Y es que Nabokov era un experto lepidopterólogo, que se gastó el dinero que obtuvo por la publicación de su obra Rey, dama, valet en un viaje a los Pirineos junto a su esposa para capturar mariposas. Para otros escritores, sus experiencias laborales sirvieron como inspiración para su obra literaria: Charles Dickens trabajó un tiempo en una fábrica, pegando etiquetas en botes de betún. Las condiciones deplorables de los trabajadores con los que convivía sirvieron para ilustrar varias de sus novelas, entre ellas Tiempos difíciles y David Copperfield. Ésta última también se vio influida por su trabajo como secretario en un despacho de abogados, un puesto muy distinto al arduo empleo de la fábrica.

Para algunos escritores la fama y el éxito fueron inesperados, ya que la literatura no era, en principio, su mayor ocupación. Dan Brown, celebérrimo autor de El Codigo da Vinci, quiso triunfar en un ámbito muy distinto (aunque tenía formación como escritor): la música. Antes de llegar a la cima con obras como Ángeles y demonios, sacó dos álbumes, uno de los cuales se titulaba, precisamente, Ángeles y demonios; también fue profesor de instituto, al igual que Stephen King. Por otro lado, el autor Zane Grey, que publicó unos noventa libros, vendiendo más de 50 millones de copias en todo el mundo, no consiguió sacar su primera obra hasta que tenía 40 años, gracias al cual pudo, por fin, abandonar una profesión que detestaba: dentista. La escritora de suspense Mary Higgins Clark trabajó como secretaria para una agencia de publicidad, para la que ocasionalmente hacía de modelo (posó para varios folletos junto a cierta actriz en ciernes llamada Grace Kelly). También fue azafata, empleo que le permitió viajar constantemente y conocer a personas de todo el mundo. Otro escritor de vida interesante, William Faulkner, fue durante años cartero para la Universidad de Mississippi.

Más raros son los casos de escritores de profesión que terminan haciéndose célebres por oficios muy diferentes. Sin ir más lejos, Benito Mussolini colaboraba con el periódico socialista italiano Il Popolo d’Italia (periódico del que era fundador), con una novela seriada de corte romántico. Compaginar profesiones siempre es complicado, pero hay oficios más o menos ideales para el escritor en ciernes: tal vez bibliotecario, editor o redactor. O negro literario. Ese, por lo menos, tiene fama de estar bien pagado.

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Anécdotas de escritores X

AutorGabriella Campbell el 23 de febrero de 2011 en Divulgación

Yeats

-El editor Robert Giroux le preguntó en una ocasión a T. S. Eliot si estaba de acuerdo con el famoso dicho de que la mayoría de los editores son escritores fracasados. Eliot se quedó un rato pensativo, para finalmente contestar: “Sí, supongo que algunos editores son escritores fracasados, pero es que también lo son casi todos los escritores”.

-El hijo del escritor Nathaniel Hawthorne, Julian, era escritor al igual que su padre, y la gente los confundía con frecuencia. Una vez una señora se le acercó a Julian exclamando lo mucho que le había gustado La letra escarlata. Julian se encogió modestamente de hombros y le contestó a su admiradora: “Ah, ese libro. Salió al mercado cuando yo tenía tan sólo cuatro años”.

-Tras una agradable velada en la que había disfrutado de una suculenta cena, el poeta Robert Frost salió al balcón junto con otros invitados para ver ponerse el sol. Una joven exclamó: ¡Oh, Sr. Frost! ¿No es una puesta de sol espectacular?. Frost respondió: “Lo siento, nunca hablo de trabajo después de cenar”.

-Un periódico al que el escritor Rudyard Kipling, conocido autor de El libro de la selva, estaba suscrito, publicó por error su epitafio. Inmediatamente Kipling le escribió a uno de los editores, pidiéndole que, ya que estaba muerto, que no se olvidaran de borrarlo de la lista de suscriptores.

-En el diario del abogado John Manningham, hay una entrada de 1602 en la que hace referencia a una famosa anécdota respecto al célebre dramaturgo William Shakespeare y uno de sus actores habituales, Richard Burbage. Aunque Burbage no era un hombre especialmente guapo, su carisma encima del escenario lo convirtieron en un hombre que disfrutaba de un gran éxito con las mujeres. Una dama del público le hizo llegar un mensaje invitándolo a visitarla esa misma noche, diciéndole que se anunciara como Ricardo Tercero (en esos momentos Burbage interpretaba a Ricardo III en la obra honónima de Shakespeare). Shakespeare oyó el mensaje, y se presentó en el domicilio de la dama antes de que llegara Burbage. Cuando llegó Burbage, Shakespeare ya estaba con la dama y, enterado de la llegada del actor, le envió a la criada con un mensaje: William (Guillermo) el Conquistador fue antes que Ricardo III.

-El poeta irlandés William Butler Yeats era un hombre, cuanto menos, peculiar. Aparte de su trato con numerosas sectas y su colaboración con los hermetistas de su época, siendo ya bastante mayor decidió hacerse un transplante de testículos, implantándose unos testículos de mono que, según él, aumentaban su potencia sexual. Los irlandeses lo llamaban su Viejo Hombre Glande”.

-Aunque era más conocido como pintor, el artista inglés Dante Gabriel Rosetti también escribía poesía. Cuando falleció su mujer, Elizabeth Siddal, de una sobredosis de láudano, en 1862, al poco tiempo de dar a luz a un niño sin vida, Rosetti cayó en una gran depresión y enterró todos sus poemas con su mujer en el Cementerio de Highgate. Con el paso de los años se arrepintió de esta decisión y finalmente acabó desenterrando su cadáver para poder recuperarlos.

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Michel Gondry dirigirá Ubik

AutorAlfredo Álamo el 22 de febrero de 2011 en Noticias

Ubik

Philip K. Dick se ha convertido en uno de los autores contemporáneos cuyos cuentos y novelas más se han adaptado al cine en los últimos años, dando lugar a películas notables, como Blade Runner, o simples entretenimientos como Next o El impostor.

Parece que nuestra sociedad actual es mucho más receptiva a esa paranoia sobre la realidad y la identidad que durante los años 70 practicó Dick casi en soledad, tan sólo apoyado por otros escritores de ciencia ficción. Ubik es una de sus novelas más conocidas y, personalmente, una de mis favoritas.

Después de Matrix o la más reciente Origen, no es de extrañar que hayan querido recuperar para la pantalla grande uno de los títulos que mejor exploran la multitud de niveles y universos dentro de un mismo discurso, como es Ubik. La historia de Joe Chip luchando en un mundo parecido al nuestro -o eso cree él- con la única ayuda de unas visiones que no apuntalan su cordura y el omnipresente y vale-para-todo Ubik.

El director elegido para llevar a cabo la adaptación es Michel Gondry, uno de los pocos capaces de acometer el trabajo, ya que su propia manera de dirigir y contar historias siempre ha jugado con el surrealismo, la sorpresa y, sobre todo, el lenguaje visual, algo muy importante a la hora de contar una historia como Ubik. Suyos son títulos como Olvídate de mí o Rebobine, por favor, quizá no muy conocidas para el público en general, pero con una legión de fieles seguidores.

De hecho, en 1974 Dick realizó un guión de Ubik para el director francés Jean-Pierre Gorin, pero por problemas de producción el largometraje nunca se llevó a cabo. Existe una copia publicada, creo que sólo en inglés, pero que tampoco se corresponde al original del autor americano en su totalidad.

¿Seguirá en algo la nueva adaptación el guión de Dick? No creo, ya ha pasado demasiado tiempo y es probable que el esquema de Dick para la película se alejara ya en su época de lo habitual en una sala de cine. De todas formas, espero que Gondry trate con respeto el material que ponen en sus manos ya que es todo una de las más influyentes novelas de la ciencia ficción del siglo XX.

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El caso Jane Eyre, de Jasper Fforde

AutorAlfredo Álamo el 21 de febrero de 2011 en Reseñas

El caso Jane Eyre, de Jasper Fforde

El primero de los casos de la detective Thursday Next puede parecer tan absurdo como su nombre (Jueves Siguiente), pero encierra toda una sorpresa dedicada especialmente a los amantes de la literatura.

Antes de comenzar a leer El caso Jane Eyre hay que tener clara una cosa: o has leído algo de literatura inglesa del siglo XIX o la verdad es que te vas a perder gran parte de las referencias y los chistes que impregnan de manera constante el texto de Fforde. Y es que el mundo imaginario en el que nos sumerge el autor inglés parte de varias premisas ucrónicas que lo convierten en uno de los libros más originales que he leído en los últimos tiempos.

Pero vayamos por partes. En el mundo de Thursday Next la literatura llega a ser tan importante que miles de personas se cambian el nombre por el de su autor favorito, con muchísimos Miltons, Shakespeares, Marlowes o Dickens, y el público peregrina para ver las primeras ediciones de novelas como Jane Eyre. Se realizan numerosas convenciones y el teatro es una de las actividades más populares. Por otro lado, se vuela en dirigible, Inglaterra y Rusia llevan más de cien años enfrascados en una interminable Guerra de Crimea, existe el viaje en el tiempo, los vampiros, los hombres-lobo… y eso es tan sólo es el principio.

Next es una veterana de Crimea que ha pasado por la policía antes de entrar al servicio de Opsec 27, la rama especial que investiga los delitos relacionados con la literatura. Su especialidad: Shakespeare. Por desgracia, es reclamada por Opsec5, búsqueda y confinamiento, para que les ayude con Acheron Hades, su antiguo profesor de literatura en la universidad, capaz de doblegar a su voluntad a la gente de mente débil, crear ilusiones, resistir disparos y cuyo único interés es sembrar el caos y la destrucción por donde pasa. Las cosas no acaban de salir bien y Next acaba en Swindon, su ciudad natal, mientras los muros de la realidad se tambalean mezclándose con los de la ficción.

¿Interesante, verdad? El caso Jane Eyre es un juego continuo de Fforde con el lector en el que se desarrollan divertidos diálogos, interesantes situaciones y en el que ese mundo ucrónico prácticamente virgen permite al autor ir inventándose situaciones cada vez más embrolladas y, sin embargo, perfectamente coherentes con el tono y el discurso del libro.

Su gran virtud, sin embargo, es su gran defecto. El ambiente fantástico y las referencias literarias crean un extraño ambiente en el que puede ser muy difícil entrar. Eso sí, de hacerlo las horas de diversión están aseguradas, sobre todo por la línea que ha seguido el Fforde con el mismo personaje en sus siguientes libros. También hay que señalar que se han creado un montón de sociedades y grupos en Internet basados en las historias de Thursday Next, aunque es un fenómeno que por ahora sólo parece ser popular en el ámbito anglosajón.

PD. Sí, eso que se ve en la portada del libro es un Dodo en un descapotable.

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La chanson de Roland

AutorVíctor Miguel Gallardo el 20 de febrero de 2011 en Divulgación

La chanson de Roland

Aprovechando que se acaba de estrenar en algunos cines españoles un exhaustivo documental sobre el Cantar de Roldán (o Chanson de Roland, en francés), no está de más hablar de uno de los más importantes textos del Medievo europeo. No deja de ser curioso que una simple escaramuza diera lugar a un cantar de gesta que, aparte de ser el más antiguo en lengua romance que se conserva, tuvo una gran influencia en la literatura del continente durante los siglos inmediatamente posteriores.

En realidad la mal llamada Batalla de Roncesvalles (año 778) no fue casi con certeza más que una emboscada que los vascones tendieron a la retaguardia del ejército carolingio, que habían cruzado los Pirineos para combatir a ciertas facciones de los musulmanes recién llegados a la Península Ibérica. No era intención de este ejército, por cierto, encabezado por un jovencísimo Carlomagno (que posteriormente sería nombrado emperador), expulsar a los musulmanes de la Península: en realidad los carolingios venían a auxiliar a algunos caudillos en sus guerras intestinas. Tras sitiar Zaragoza llegan noticias de que los sajones han iniciado una revuelta, por lo que Carlomagno decide regresar a su reino, no sin antes saquear Pamplona. El ataque vascón puede que estuviera motivado por este saqueo.

Sin embargo, la Chanson de Roland no sólo magnificó este hecho, ensalzando la valentía de los franceses y multiplicando hasta límites increíbles el número de los asaltantes, sino que cambió al enemigo: no son los beligerantes vascones, sino sarracenos, y se habla de nada menos que 400.000 de ellos. Aparte de que resulta imposible de que en pleno siglo VIII existiera un ejército europeo capaz de movilizar tal cantidad de soldados, y dejando a un lado el hecho innegable de que el cantar de gesta fue escrito varios siglos después del incidente armado (seguramente a finales del siglo XII), no hay que olvidar la función que los cantares de gesta tenían, lo cual justifica la exageración. El que en vez de vascones fueran sarracenos también es comprensible: para entonces ya era primordial en el imaginario colectivo europeo la confrontación entre el cristianismo y la religión mahometana, no tanto así todavía en el siglo VIII, cuando apenas acababan de desembarcar en el continente europeo y los monarcas de la época estaban más entretenidos en matarse entre ellos que otra cosa.

Para los franceses la Chanson de Roland es un texto imprescindible de la historia de su literatura, aunque es bastante desconocida en España pese a relatar hechos, ficticios pero con un trasfondo histórico, que se desarrollaron en nuestro país. También es interesante acercarse a esta Canción debido a que influyó notablemente en las letras hispanas de la Edad Media.

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