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El recuerdo de una gran figura literaria, la Poemanía

AutorAlfredo Álamo el 21 de marzo de 2011 en Noticias

Anillo Cuervo Poe

En realidad yo pensaba que el año especial de Poe iba a ser 2010, después de todo se celebraba su centenario y ya sabemos qué es lo que pasa cuando se acercan esas fechas: todo el mundo se apunta a la moda correspondiente, siendo, en este caso, alabar la obra del poeta mórbido y esperar la tradicional entrega de las rosas y el bourbon junto a su tumba.

Pues bien, aunque el año pasado la figura de Poe estuvo presente en festivales literarios y en los medios tuvo cierta cobertura, hay que aclarar que en 2010 y en 2011 nadie se acercó a la verdadera tumba de Poe para hacer la entrega anual. Quizá el homenajeador secreto quería alejarse un poco del circo mediático y de los fans oportunistas. Esperemos que vuelva en el 2012, aunque tenga que levantarse de entre los muertos para conseguirlo.

Por eso me resulta curiosa la avalancha de proyectos sobre Poe que se van a materializar este año, de entre los que habría que destacar la serie que ya ha comprado la ABC americana, llamada -sorpresa- Poe y que se trataría de un procedimental situado en el Boston de 1840 y en el que el propio Edgar Allan se encargaría de resolver crímenes y misterios a su particular y etílica manera.

También se espera con ansia la película protagonizada por John Cusak, The Raven, de la que ya hemos hablado en otra ocasión, y que promete, a juzgar por las primeras imágenes, una más que digna película de misterio. Esperemos que el director, James McTeigue -que ya nos ofreció V de Vendetta-, se ciña bien a la historia y no veamos a Poe esquivando cuchillos en bullet-time.

¿Algo más sobre Poe? No puedo dejar este artículo sin señalar el anillo que ilustra el post y que es una verdadera joya para cualquier amante del bourbon a medianoche, las capas, las rosas rojas y la hermosa sonrisa de treinta y dos dientes que guardo en una caja, en la mesita de noche.

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Del ¡Que inventen ellos! al ¡Muera la inteligencia!

AutorVíctor Miguel Gallardo el 20 de marzo de 2011 en Divulgación

Unamuno

Algunos personajes, y muchos escritores entre ellos, han tenido y tienen una especial querencia hacia la polémica pública y privada, tanta que, muchas veces, al pensar en ellos, más que en sus obras nos vienen a la mente tal y cual hecho en el que participaron. Por poner un ejemplo actual y cercano, el autor cartagenero Arturo Pérez Reverte es uno de los escritores españoles actuales más vendidos, algo que se repite desde hace dos décadas. Sin embargo, al ser referido en una conversación entre amigos o conocidos, la mayor parte de las veces saldrán a la palestra algo más que libros y opiniones sobre ellos. La causticidad de sus artículos de opinión en la prensa es un tema recurrente desde hace una década; ahora, con la web 2.0 en plena efervescencia, sus manifestaciones recogidas en tiempo real en la red también ocupan un lugar destacado en charlas bizantinas, discusiones de corral y tertulias de baja estofa. ¿A quién puede interesar que una (otra más) de sus novelas vaya a ser llevada al cine o la televisión si lo realmente interesante es hablar de sus últimas afirmaciones en Twitter, por ejemplo? Reconozco que es mucho más chocante ver a un escritor superventas y miembro de la Academia tachar de “niña” a un ministro saliente que leerle y comentar su obra.

Pero Pérez Reverte y otros muchos escritores polémicos (por su vida, que no por su obra) de nuestro tiempo tales como Sánchez Dragó pueden ser considerados como meros aficionados de lo que, en una parodia del movimiento hippie de los años 60, el personaje de animación Homer Simpson (Homero Simpson para nuestros lectores americanos) resumió notablemente en la frase “¡Vamos a escandalizar!”; efectivamente, es difícil alcanzar los extremos a los que llegó uno de nuestros literatos más universales, el vizcaíno Miguel de Unamuno, a veces con rivales más que conocidos e influyentes. Dos de esos rivales dialécticos de Unamuno fueron, precisamente, el filósofo madrileño José Ortega y Gasset y el militar coruñés José Millán-Astray. Poco se puede decir de ambos si no queremos extendernos, así que podríamos, resumiéndolo mucho, afirmar que, cada uno en su ámbito, estamos hablando de personajes más que notables.

La relación entre Unamuno y estos dos personajes puede reducirse al mínimo utilizando dos frases que han pasado a la historia sobre los respectivos desencuentros. La de “¡Que inventen ellos!”, que nunca fue dicha así, llegó a ser considerada (todavía lo es) como prototípica de la España rancia y ajena a Europa con la que se llegó a identificar a Unamuno, en contraposición a las opiniones de Ortega y Gasset y de otros intelectuales de la época: que la única manera de que España dejara de dolerle al escritor bilbaíno era, simplificándolo mucho, europeizando las maneras y costumbres españolas. Pero Unamuno, no sabemos si pragmáticamente o por simple y llana cabezonería, pasaría el resto de su vida atrapado entre sentimientos encontrados, hasta tal punto que, tras al alzamiento de las tropas nacionales en 1936, y pese a su pasado republicano (él fue el que proclamó la República en Salamanca, por cierto), no dudó en redactar un manifiesto a favor de los sublevados del que luego, tras asistir a los desmanes del nuevo gobierno y ver desaparecer a buenos amigos suyos, se arrepentiría en parte. Justo entonces sucedió el encontronazo con Millán-Astray, en una Salamanca ocupada por las fuerzas franquistas, tras un encendido discurso del profesor Francisco Maldonado en el paraninfo de la Universidad. El famoso “¡Muera la inteligencia!” también es, como la anterior frase citada, apócrifo: realmente Millán-Astray, incendiado por las palabras de Unamuno (que no había dudado en llamarlo inválido y en afirmar que, aunque Cervantes también lo era, las similitudes acababan ahí, básicamente), lo que dijo fue “¡Muera la intelectualidad traidora!”, frase que debido al gran alboroto en la sala se hizo popular ya deformada. Unamuno salió vivo de allí gracias a la intervención de la esposa del general Francisco Franco, aunque sus días ya estaban prontos a acabar. Precisamente, sus últimas palabras en el paraninfo fueron casi sus postreras declaraciones polémicas, y han pasado a la historia como un lúcido alegato y grito de horror ante el futuro que ya intuía para España:

Éste es el templo de la inteligencia, y yo soy su sumo sacerdote. Estáis profanando su sagrado recinto. Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir, y para persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil el pediros que penséis en España. He dicho.

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La revista Triunfo a nuestro alcance

AutorVíctor Miguel Gallardo el 19 de marzo de 2011 en Divulgación

Revista Triunfo

Hablar de la revista Triunfo es hacerlo de una de las publicaciones más importantes de la España franquista, y de una de las que más problemas tuvo con la censura debido a su particular línea editorial. Porque, sobre todo a partir de la década de los 60 (la revista nació en 1946), Triunfo se convirtió en un referente de la España menos conservadora y adicta al Régimen (no me atrevo a llamarla izquierdista, aunque la tentación está ahí). Con un simple vistazo a los nombres de sus colaboradores uno se hace una idea muy aproximada de que Triunfo no podía contar precisamente con el afecto del gobierno de la época. No obstante, y pese a numerosas multas y secuestros de algunos números, sobrevivió a Franco, y no desapareció hasta 1982.

Eduardo Haro Tecglen fue su subdirector, y uno de sus más importantes columnistas, desde 1968 a 1980. Haro Tecglen (1924-2005) fue un republicano convencido que, tras la victoria nacional, tuvo que hacerse pasar por falangista convencido (como él mismo aseguró años después) para poder salvar la vida de su padre. Pero este periodista y escritor pronto se convirtió en uno de los críticos más feroces del franquismo, siempre desde la comedida prudencia que aconsejaba la situación política española de la época. En Triunfo coincidió con Luis Carandell (1929-2002) por primera pero no por última vez (ambos eran colaboradores del programa radiofónico La Ventana, en la cadena SER, hasta poco antes de su muerte), uno de los más lúcidos cronistas del fin de la dictadura y de la transición democrática. Carandell, que fue cronista parlamentario, corresponsal en el extranjero e incluso presentador del telediario de TVE ya en los años 80, es muy conocido por su sección en Triunfo, denominada Celtiberia Show, y que sería recogida a posteriori en volúmenes recopilatorios de gran éxito. Lo que en aquel entonces a Carandell le parecía digno de ser tomado a broma de la España de la época, hoy, cuarenta años después, es simplemente hilarante. Sus recopilaciones, hoy descatalogadas pero aún disponibles en librerías de segunda mano, son imprescindibles para comprender la idiosincrasia de aquellos años.

Manuel Vázquez Montalbán (1939-2003), conocido sobre todo por su personaje Pepe Carvalho, también fue un asiduo de Triunfo en aquellos años, siendo muy populares sus artículos políticos en los que introducía personajes de ficción que daban enfoques novedosos a hechos reales.

Habría que citar a otros conocidos colaboradores: el hispanista Ian Gibson participó, ya a finales de los 70, con varios artículos sobre Federico García Lorca. También en aquella época tardía apareció por primera vez en Triunfo el filósofo Fernando Savater. Fueron también colaboradores el ensayista César Alonso de los Ríos, José Luis Abellán o Diego Galán, entre otros.

La nota curiosa, en referencia a Gibson, fue el ardid que el director de Triunfo, el incombustible José Ángel Ezcurra, ideó en 1971. Aunque la obra de Gibson La represión nacionalista de Granada en 1936 y la muerte de Federico García Lorca, publicada, cómo no, por Ruedo Ibérico en Francia, era una obra prohibida en España, Triunfo la nominó para los Premios Internacionales de la Prensa, en los que participaba junto con otras publicaciones como The Observer, Newsweek, L´Espresso, Le Noveul Observateur o Der Spiegel. Gibson ganó el galardón, por cierto.

Desde 2006 se ha ido digitalizando aquel importante semanario, que está ahora disponible en la red para disfrute de todos los que, por edad, no pudimos conocerlo, además de para los nostálgicos que sí pudieron tener en sus manos una de las publicaciones más importantes de la historia del periodismo español.

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Informe sobre el libro electrónico 2011: análisis

AutorRaquel Vallés el 18 de marzo de 2011 en Opinión

Informe libro electrónico 2011

Al igual que hizo el año pasado la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, en colaboración con la Federación de Gremios de Editores, ha elaborado una encuesta sobre el libro electrónico que ha sido dada a conocer ahora en forma de informe. Las encuestas han sido respondidas por doscientas ochenta editoriales, un 10% más que el año pasado y, en general, se observan menos dudas respecto al mercado editorial aunque las perspectivas a dos años siguen pareciendo más voluntaristas que otra cosa. Hay que destacar que este año se pueden ver los resultados por sector, es decir, podemos centrarnos en literatura y cómic, que no dejan de ser las materias del blog.

La existencia o no de un proyecto digital es el primero de los puntos. Hay muy poca diferencia respecto al año pasado aunque ya nos encontramos con un 75% de las editoriales que tienen un proyecto de estas características en mente. Destaca el sector del cómic en el que un 94% dice tenerlo ya en marcha. Con un 85% y un 77% respectivamente la literatura y la literatura infantil y juvenil se quedan detrás pero por encima de la media.

Otro punto importante es la presencia digital en el catálogo y en las novedades. Aquí vemos como entre 2009 y 2010 la diferencia de digitalización del catálogo ha variado muy poco pero que se espera que en este año y el siguiente haya un aumento importante. Curiosamente las editoriales más favorables a la digitalización serían las más grandes y las más pequeñas. El panorama no vamos a decir que sea desolador pero queda claro, al calor de las cifras, que queda mucho por hacer. En 2010 las editoriales de literatura tenían un 21% de su catálogo en formato digital, por el 8% de infantil y juvenil y un triste 3% de cómic. Las perspectivas para este año son llegar al 28%, al 16% y al 14%, es decir, doblar en el caso de infantil y casi multiplicar por cinco en el caso del cómic. Para el 2012 se llegaría a un 34% en literatura, el 21% en infantil y un espectacular 28% en cómic. Me parecen unas perspectivas muy optimistas aunque está claro que el cómic tiene un gran reto que afrontar: las plataformas web de Marvel y DC. En general, un 26% de las editoriales esperan tener para 2012 más de la mitad de su catálogo digitalizado.

Respecto a las novedades en el período 2009-2010 el porcentaje de digitalización del catálogo era muy similar al de las novedades pero se espera que en el 2011-2012 crezca el peso de la novedad. Así más de un tercio de las editoriales esperan tener para 2012 más de la mitad del catálogo de novedades en formato digital cuando en 2010 están en un 15%. Si miramos los datos concretos de literatura la perspectiva para 2012 es del 35% de las novedades, un 32% en el caso de literatura infantil y juvenil y un rotundo 50% para el sector del cómic.

Los formatos preferidos siguen siendo epub y pdf con un aumento de mobipocket, libre o versión kindle. Me llama la atención que el formato para ipad/iphone sólo haya sido considerado por siete editoriales, cuando las tabletas crecen bastante a la hora de considerar entornos de lectura, aunque muy detrás aun del binomio e-reader/ordenador. En este punto, sin embargo, da la impresión de que igual no se tiene demasiado claro sobre que les están preguntando. Otro elemento interesante es el crecimiento de la opción de streaming y la pregunta vendría a ser la misma ¿queda clara en la encuesta la diferencia entre la opción ordenador y streaming/online?

Informe libro electrónico 2011

Por último, vamos al punto que más interesa al lector habitual, el precio del libro electrónico. Al igual que en el resto de opciones ha habido más contestaciones, abandonando en parte la sensación de “no sé de que me habla pero pongo cara de que sí” que dejaba la encuesta del año pasado en algunos momentos, aunque sigue siendo llamativa la falta de respuesta (casi un 25%) en el caso de las editoriales entre 5 000 y 10 000 ejemplares en el catálogo. También desaparece el apoyo a que el libro electrónico valiera más que el impreso. En general, la opción de rebajar el precio un 30% es la mayoritaria, también en literatura pero en este caso hay que destacar que el apoyo a una reducción del 50% llega a un 32% en el caso de literatura general, bastante por encima de la media. En el caso del cómic destacan dos cosas, la reducción al 30% apoyado por un 63% de las editoriales y el apoyo a otro concepto que me parece muy interesante: un 13% de las editoriales de cómic se plantean precios del material digital de rangos de precio fijo no dependientes del papel, opción muy minoritaria en el resto.

Es una buena noticia que se realice de nuevo está encuesta y esperamos que así siga siendo cada año. Nos parece una buena manera de diagnosticar el estado del mercado digital en España centrándose en uno de sus pilares básicos, las editoriales, al tiempo que puede hacer que estas se planteen hacia donde quieren ir o se fijen en los movimientos de las demás. Esperamos que para el año que viene participen más editoriales y que esas perspectivas optimistas de las que hablamos se materialicen.

Novela Histórica VIII: La Edad Media (I)

AutorAlfredo Álamo el 17 de marzo de 2011 en Divulgación

Northumbria

Dejando atrás la Antigüedad Clásica, que aunaba a partes iguales sofisticación, misterio, leyenda y acción, nos encontramos con la Edad Media, un periodo más o menos enclavado entre el siglo V y el XV, es decir, unos mil años en los que en Europa hubo prácticamente de todo: guerras, revueltas, herejías, cruzadas, pestes y cristianismo.

Tantos años dan para infinidad de historias y leyendas: los grandes castillos, los magníficos caballeros, las conjuras entre reyes y papas, las batallas por Jerusalén, el misterio de los cátaros… vamos a ver qué puede ofrecernos la vieja Europa Medieval.

Lo primero, quizás, sería analizar una serie de novelas relacionadas con esta época desde un punto de vista más mítico. Creo que es necesario mencionar las novelas artúricas de Chrétien de Troyes, ya que sin sus Cuentos del Grial quizá la percepción de esa época habría sido diferente. Así mismo, comentar otro hermoso libro, La muerte de Arturo, de Thomas Malory, también una de esas obras necesarias para comprender nuestra imagen del mundo medieval.

También podríamos hablar de Flecha negra, de Stevenson, o de Ivanhoe, la gran obra de Sir Walter Scott, posiblemente el pistoletazo de salida a la este género literario, íntimamente ligado al movimiento romántico, grandes clásicos, poco fieles históricamente hablando, pero de una gran calidad literaria.

Empezaremos por Bernard Cornwell, del que ya hemos hablado y hablaremos, también tiene varias novelas de tipo medieval, entre las que destacan Las crónicas del Señor de la Guerra, los Arqueros del rey y su serie sobre sajones y vikingos en Northumbria.

Para los que gustan de leer mucho, Jean Plaidy, seudónimo histórico de Eleanor Burford Hibbert, más conocida como Victoria Holt, la cual escribió numerosos libros históricos, muchos de ellos situados en la Edad Media. A destacar su serie dedicada a los Plantagenet.

El alemán Peter Berling consiguió uno de los grandes best-sellers medievales con su novela Los hijos del Grial, de la que llegó a publicar cuatro secuelas. Además, Berling tiene libros notables como La condesa hereje o La cruzada de los niños.

Otro de los grandes escritores que han contribuido a la novela histórica es Umberto Eco. El nombre de la rosa fue un éxito editorial arrollador y su paso a la gran pantalla logró publicitar más aun un libro no demasiado convencional. Las aventuras de Guillermo de Baskerville son todo un referente. Menos conocido es su libro Baudolino, escrito en tiempos, y tierras, del Preste Juan y que sólo es recomendable a seguidores de Eco y amantes de las historias entre verdaderas, oníricas y relatadas a la antigua usanza.

Si os interesa la Peste Negra, esa plaga que arrasó Europa sin dejar títere con cabeza, podéis acercaros desde un punto de vista científico con La Plaga y Ruta del fuego, escritas por Ann Benson. Eso sí, dudo de si meterlo como género histórico o de ciencia ficción. Recomendable, de todas formas.

Llegamos a uno de los grandes clásicos por excelencia en el mundo de la ficción medieval, Los pilares de la tierra, de Ken Follet. Un best-seller que, todavía hoy, se sigue buscando, vendiendo y leyendo casi como el primer día. Para los adictos a Follet, también está la continuación: Un mundo sin fin. Los pilares de la tierra es uno de los libros que más ha marcado tendencia dentro de la literatura histórica contemporánea.

Hablando de best-sellers medievales: El médico, de Noah Gordon, fue uno de los grandes éxitos de los años 80 en todo el mundo. La mezcla de historia y medicina, mundo occidental y árabe, fue una verdadera sorpresa para todos los aficionados al género. Lástima que, en mi opinión, el resto de su producción no llegue a la altura de esta novela.

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El bulevard dels francesos, de Ferran Torrent

AutorRaquel Vallés el 16 de marzo de 2011 en Reseñas

El bulevard dels francesos

El bulevard dels francesos es la última novela del escritor valenciano Ferran Torrent que abandona en esta ocasión la novela negra para adentrarse en una de sus obras más ambiciosas. Torrent fue finalista del premio Planeta en 2004 con La vida en el abismo, y es uno de los escritores más populares y reconocidos en lengua catalana.

Torrent centra su novela en la familia de los Baixauli en dos momentos temporales: la Valencia de principio de los sesenta y el momento actual. La vida de los Baixauli está marcada por la muerte del padre, maqui desaparecido tras la guerra civil, y su ideología, son un ejemplo para el mayor de sus hijos, Josep, quien milita en el clandestino Partido Comunista, a pesar de salir con una joven modosa y tradicional a la que no le habla de política para que no se le asuste.

Teresa, hija de una familia burguesa, y Felo, camarero irremediablemente enamorado de una vedet, son dos de sus camaradas que comparten la visión de que el PC está actuando con un guión que no es el que le conviene al país, por lo que buscan acciones más contundentes que demuestren que hay ganas de cambio y dinamizar a la sociedad.

La investigación del asesinato de una rica heredera de la que es testigo un ladrón de guante blanco con mala suerte, tendrá consecuencias directas en la vida de estos jóvenes, ajenos a los problemas con los que se encontrará el comisario Piñol encargado del caso hasta que es apartado por la presión ante la falta de resultados rápidos, pasando al jefe de la Políticosocial, más centrado en cerrar el caso que en solucionarlo.

La historia actual está narrada en primera persona por el hijo pequeño de los Baixauli, Robert, a quien han hecho una oferta para vender su casa y el terreno por una cantidad impensable en otro momento que no fuera en plena burbuja inmobiliaria. Esta parte de la historia es un monólogo interior del propio Robert a lo largo de un día, con sus recuerdos, sus reflexiones, su constatación de cómo había pasado, junto a su generación, de iluso a perdedor. No perdedor por falta de dinero o de trabajo, sino, quizás, por exceso de esperanza en el mundo que había de llegar.

Torrent nos traza un retrato de la Valencia de los años sesenta creíble y sin concesiones melancólicas, donde Josep, Felo y Teresa se relacionan, viviendo en el pasado, persiguiendo amores imposibles o justificando contradicciones. Se trata de una historia de perdedores, como los son ellos tres, pero también Piñol o Robert, o el señor Puig, quien se encarga de mantener la familia Baxauli en pie, y que no puede evitar ser civilizado. Una historia donde las ideologías no salen bien paradas, tampoco los utópicos.

En fin, un libro muy recomendable, duro en ocasiones, mordaz en otras y que esperamos que no tarde en ser traducido al castellano.

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Manuales de amor

AutorGabriella Campbell el 15 de marzo de 2011 en Divulgación

Arte de amar, Ovidio

Cada año el mercado se ve inundado por una nueva oleada de libros de pseudociencia, autoayuda, cuentos con moraleja y similares, enfocados al tema del amor y a las relaciones sentimentales, aprovechando el “antes” de San Valentín y, por supuesto, el “después”, por el que la saturación de cajas de bombones en forma de corazón con descuento empujan a más de uno a buscarse una pareja, esta vez en serio. Sin embargo estos manuales de amor no son, ni mucho menos, un fenómeno moderno.

Tal vez las dos obras más conocidas al respecto, que han sobrevivido con encanto intacto a lo largo de los siglos, son El arte de amar, de Ovidio, y el celebérrimo Kamasutra, de Vatsaiana. De orígenes muy distintos, ambos coinciden en su interés por “aconsejar” al amante, ya sea en su pericia sexual o en sus hábitos de higiene. Algunas ideas son curiosamente contemporáneas: Ovidio nos aconseja que salgamos a pasear con nuestra pareja en días festivos en los que los comercios estén cerrados, para evitar gastar de manera innecesaria, impulsados por el arrojo del amor o por las obligaciones estándar. Ovidio, en resumen, nos diría que saliésemos en domingo y que ignorásemos convenciones como San Valentín u otras fiestas comerciales. En otras cosas, sin embargo, se nos queda obsoleto, si para las romanas estaba de moda oscurecerse el entrecejo en busca de la “uniceja” perfecta, ésta no es una preferencia aplicable a la mujer contemporánea. Ovidio también habla de manera favorable del adulterio, lo que le valió, bajo el estricto régimen de Octavio, el destierro (aunque contaban las malas lenguas que su conocimiento de los deslices de Julia, la hija de Octavio, pudo ser la razón principal para su expulsión).

Es complicado, sin embargo, encontrar similitudes entre el contenido del Kamasutra y nuestra realidad actual. Aunque suele concebirse con un manual sexual (que suele editarse, además, en formato ilustrado, por razones evidentes), es mucho más que eso, es toda una enciclopedia de comportamiento para el cortejo, el amor, el adulterio y la etiqueta en una corte. La obra ofrece todo tipo de recetas para mejunjes variados, destinados a obtener a la pareja deseada, a mejorar la potencia sexual, o a procurar la fidelidad del cónyuge. Y por supuesto está su combinación de ocho maneras de hacer el amor y ocho posiciones principales, lo que daría un total de 64 “artes” o posturas que forman, seguramente, la parte más aprovechable de la colección para el lector de hoy en día. Con todo, cuando el Kama sutra habla del uso de ungüentos realizados con hierbas y excrementos de animal que debían utilizarse para todo tipo de proezas sexuales (y fruncimos el ceño, horrorizados), sí que puede encontrarse cierta similitud con el extenso compendio de ingredientes que forman parte de numerosos cosméticos, medicamentos y demás orientados a la satisfacción erótica y al embellecimiento personal. Por otro lado, nuestros complejos rituales de cortejo actuales pueden llegar a ser, a ojos de alguien ajeno a éstos, totalmente bizarros, a lo mejor casi tanto como los explicados por Vatsaiana.

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El misterio del Bellona Club, de Dorothy L. Sayers

AutorRaquel Vallés el 14 de marzo de 2011 en Reseñas

Bellona Club

El misterio del Bellona Club es el quinto libro de la serie de Lord Peter Wimsey de la escritora inglesa Dorothy L. Sayers. En esta aventura Wimsey hará gala de su extravagante y, a ratos, insufrible personalidad y de su agudeza, en un caso que se enreda cada vez más.

El general Fentiman, veterano de la guerra de Crimea, aparece muerto en su club, el Bellona, el mismo día de la celebración del armisticio. La muerte le llegó sentado en su sillón favorito, leyendo el periódico, en lo que parece una insuficiencia cardiaca en un hombre mayor muy enfermo, tal y como certifica su médico. Se trata, por tanto, de un hecho lamentable pero que, exceptuando el trastorno que sufre el club y el ataque de nervios del nieto del muerto, no hubiese tenido mayor trascendencia.

Todo se complica cuando se intenta averiguar exactamente a qué hora murió el general Fentiman ya que de ello depende una fortuna de varios millones de libras. Para concretar la hora de la muerte se le encarga a Lord Peter Wimsey, detective aficionado, amigo de la familia y testigo del hallazgo del cadáver que indague sobre las últimas horas del anciano. A partir de aquí Sayers nos presenta un menú lleno de antiguas disputas familiares, intentos de fraude o mentirosos engañados.

La fortuna a repartir corresponde a la hermana del general, Lady Dormer, que se casó por dinero en lugar de por posición por lo que llevaba años sin hablar con su hermano. Ya en su lecho de muerte la anciana llama a su hermano que acude a darle el último adiós y a enterarse de que el testamento de su hermana establece una curiosa clausula: si ella muere después que él la gran beneficiada será la señorita Dorland, su protegida, si muere antes serán los nietos de Fentiman. Esta es la razón por la que es necesario establecer la hora de la muerte del anciano.

Esta novela enigma es muy entretenida, con un personaje central fuerte y unos diálogos y descripciones que llaman la atención. El snobismo de Wimsey, los giros de la trama y el acompañamiento de los secundarios, conspiran para conseguir una lectura ágil y perfecta para un domingo por la tarde.

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Marginalia o cómo aprovechar al máximo los márgenes de tu obra favorita

AutorGabriella Campbell el 13 de marzo de 2011 en Divulgación

Escribir al margen

Uno de mis libros favoritos es El ladrón de cuerpos, de Anne Rice. Antes de que os llevéis las manos a la cabeza, en un claro concierto de gritos, haré una aclaración: es uno de mis libros favoritos, entendiendo “libro” como una entidad única física de tapa dura, más de doscientas páginas y papel ahuesado. Y es que no me refiero a la obra de Anne Rice en sí, poco disfrutable a partir de mis quince años, sino al libro en concreto que ha pasado por mis manos y por las de muchas otras personas.

Ahí radica, precisamente, mi amor por la obra. Con El ladrón de cuerpos hice algo que he hecho pocas veces con un libro. Aparte de invertir mi paga juvenil de varias semanas en un libro de tapa dura y papel deliciosamente poroso, me decidí a hacer algo que me parecía, hasta entonces, pecado: me decidí a escribir en el libro. Y no sólo tenía mi propia marginalia, mis notas en márgenes a lápiz, sino que me dediqué a prestar el libro a la mayor cantidad de personas posible, y a animarles a que ellos mismos también incluyeran pensamientos e impresiones, a lápiz (o incluso, ¡herejía!, a bolígrafo), del libro. Pretendía crear una especie de obra coral, donde la voz del autor era sólo una más en una masa tremenda de pequeños autores/lectores que se sintieran libres de comentar, a su juicio y libertad, lo que se les viniera a la cabeza respecto a la obra en sí. El resultado fue un libro único, maravilloso, donde yo leía no sólo una crónica vampírica, sino una crónica de lectores, un poco como una edición crítica, sin tanta pedantería y datos extravagantes y con más sinceridad e improvisación.

Es posible que algunos bibliófilos se vean reconocidos con esta anécdota: es posible que ellos también tengan libros maltrechos y violados donde figure la letra ajena; también es posible que algunos se sientan insultados; quiénes somos nosotros, después de todo, para mancillar la pureza del libro. Pero ésta debe de ser una práctica más extendida de lo que creemos, ya que muchos lectores electrónicos tratan de imitarla: ofrecen la posibilidad de anotar, de crear contenidos extra para lo que leemos. Sin embargo, hasta que consigan imitar a la perfección la sensación física de tomar el lápiz entre los dedos y deslizarlo, a tropiezos, sobre el desigual papel, nos sentiremos como cada vez que hemos de usar un lápiz electrónico sobre una pantalla: inseguros, temerosos de que nuestra firma no sea reconocible. Aunque hablamos siempre del fetichismo del libro tradicional, del olor y la textura del papel frente a lo antiséptico de la opción electrónica, me temo que éste es uno de los aspectos donde el hiperenlace es nuestro aliado: imaginad un libro donde podríamos hacer aparecer notas de otros lectores, de críticos profesionales o incluso del propio autor. Es innegable que la conexión a internet podría hacer del e-book un sustrato para miles de niveles de información, de la misma manera que es innegable que nos agarramos, con una nostalgia casi enfermiza, a una hermosa noción de libro táctil, realizado en imperfecto papel, maleable tinta y tangibles hilos de costura, en un surco intermedio entre una generación pasada, abrazada a la época pre-informática y una generación futura donde los libros, posiblemente, sean tan inútiles y extraños como para nosotros son los códices medievales: hermosos pero frágiles, sensuales recuerdos del pasado.

El infierno estaba a sólo un océano

AutorVíctor Miguel Gallardo el 12 de marzo de 2011 en Divulgación

The Pacific

La editorial Suma de Letras va a publicar un ensayo titulado The Pacific. El infierno estaba a sólo un océano, un libro en el que se narran las experiencias en la campaña del Pacífico de la Segunda Guerra Mundial del teniente Austin “Shifty” Shofner, el alférez Vernon “Mike” Micheel, el sargento “Manila John” Basilone y los soldados Eugene B. Sledge y Sidney C. Phillips. La obra, firmada por el historiador Hugh Ambrose, nace al amparo de una de las mayores y más costosas producciones para televisión de la historia, titulada The Pacific.

The Pacific, estrenada en la cadena HBO en 2010, seguía la estela de una de las mejores series de la historia de la televisión, Band of brothers (traducida en España como “Hermanos de sangre”), que en esta ocasión relataba acontecimientos, también basados en experiencias reales, de la Segunda Guerra Mundial, pero en este caso en el frente europeo. Decir que HBO se ha convertido en un referente de calidad en la televisión actual es, posiblemente, quedarse muy corto: algunas de sus series, como las dos referidas u otras como Los Soprano, Deadwood, Roma, Carnivàle o The wire han marcado un antes y un después en la televisión. Sin más. Después de todo, y tal como el lema de la cadena indica, It´s not TV. It´s HBO (No es televisión. Es HBO).

Para los estadounidenses la Segunda Guerra Mundial no es tan solo una guerra, sino probablemente dos: por un lado, una guerra más o menos ajena, la europea; por el otro una guerra directa contra un enemigo que se atrevió a atacarles en su propio territorio. El 7 de diciembre de 1941 la armada japonesa lanzó un devastador ataque por sorpresa sobre la base naval hawaiana de Pearl Harbor, destruyendo gran parte de la flota estadounidense. El país norteamericano se veía así inmerso en una guerra que había intentado evitar a toda costa, aunque sus ayudas al bando aliado fueron constantes utilizando argucias legales que les permitían apoyar al Reino Unido y a otros países implicados sin perder su estatus de nación no beligerante. El ataque de Japón, país aliado de las potencias del Eje, hizo que EEUU no sólo tuviera que contraatacar contra los asiáticos, sino que, paralelamente, se metiera de lleno en el frente europeo. La historiografía tradicional occidental ha afirmado que la intervención estadounidense fue vital para acabar con nazis y fascistas italianos, obviando que el país que realmente ganó la guerra fue la Unión Soviética (más de tres cuartas partes de las tropas alemanas estaban, después de todo, en el frente oriental).

Si bien en Europa fueron varias las potencias aliadas que lucharon juntas (aunque muchas veces no precisamente colaborando entre ellas), en el Pacífico el peso de la lucha recayó casi por completo en los EEUU, si bien es cierto que hubo importantes contingentes militares británicos, australianos y neozelandeses implicados (casi siempre reconociendo el mando estadounidense) y que hay que tener en cuenta la importancia de otros países de la zona, tal es el caso de China.

The Pacific, la serie, no ha llegado al nivel de calidad de Band of brothers, pero para el imaginario colectivo estadounidense es posible que lo que cuenta tenga una importancia al menos igual, si no mayor. Ahora, con el libro homónimo, tenemos la oportunidad de acercarnos a los hechos menos conocidos de la guerra, ya que fuera de Estados Unidos, Japón y el resto de implicados, se suele conceder mayor importancia al frente europeo occidental debido a la mayor cantidad de bibliografía, filmografía, etc. Tal vez sería de vital importancia, para rehabilitar correctamente aquellos seis nefastos años de la historia de la humanidad, que pronto se haga una superproducción hablando del frente europeo oriental: sólo así será factible que se editen libros basados en ella que nos recuerden la importancia que el Ejército Rojo tuvo en la caída del Tercer Reich sin tener que rebuscar en los fondos editoriales más recónditos.

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