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¿Estamos todos representados? (I)

AutorGabriella Campbell el 28 de septiembre de 2011 en Opinión

Jordi Sierra i Fabra

A raíz del artículo en el que hablamos de los problemas que tenían algunos escritores estadounidenses de literatura juvenil para encontrar un agente dispuesto a representarlos sin que le asustara la inclusión de personajes homosexuales en sus libros, podríamos preguntarnos cuál es la situación a este lado del charco. Personalmente, no tengo constancia de ningún caso de discriminación en este sentido, por parte de agentes ni de editores, y de hecho sí recuerdo un episodio en particular en el que los profesionales de una editorial se hallaban divididos entre fomentar una relación entre dos personajes femeninos o eliminarla por completo. Al final, el escritor hizo lo que quiso y la editorial respetó su decisión. Parecería que en nuestro país, de hecho, hay cierta preocupación por la corrección política, y los editores, si bien suelen tratar al libro como producto y mirar ante todo por su rentabilidad, no consideran que la sexualidad de los personajes sea una prioridad absoluta. Pero hablo de mi propia, limitada, experiencia, y me pregunto qué ocurrirá, realmente, entre bambalinas.

En España tenemos la suerte de contar con un importante escritor de juvenil, Jordi Sierra i Fabra, que nunca se ha limitado al prototipo personaje blanco, heterosexual y occidental, abriendo así camino para otros escritores que quieran crear, del mismo modo, protagonistas de todo tipo, interesantes y complejos. Tal vez si J. K. Rowling hubiera hecho gay a Harry Potter, o si Stephenie Meyer hubiese convertido a Edward en una chica, habrían ayudado a abrir este camino de manera significativa en sus respectivos géneros y países. Pero por otro lado, y aceptemos la cruda realidad, tal vez los libros no habrían gozado de la misma aceptación.

Con todo, estamos muy lejos de gozar de una representación adecuada de personajes gays, lésbicos, bisexuales, asexuales o cualquiera que entre en el amplio espectro de lo no heterosexual. No se trata de llenar un cupo, sino de percatarse de una realidad llamativa: hay un porcentaje de adolescentes que comienzan a cuestionarse sus preferencias en una sociedad en la que todavía existe la discriminación por orientación sexual. Recordemos cómo muchos nos perdíamos en los libros cuando teníamos catorce o quince años, identificándonos con tal o cual protagonista. ¿No sería lo ideal que cualquiera de estos adolescentes pudiera tener esa misma sensación, al conocer la historia de alguien que está pasando, o ha pasado, por experiencias parecidas a las suyas? ¿No le ayudaría esto a aceptarse, a rechazar el estigma de la diferencia que la sociedad se encargará, probablemente, de otorgarle en algún momento? No me refiero a que la literatura juvenil tenga que llenarse de tramas que narren salidas del armario (que también), sino simplemente a que empecemos a incluir más personajes que, además de salvar el mundo, descubrir reinos de fantasía o embarcarse en una nave pirata, puedan enamorarse de alguien de su mismo sexo. Es precisamente por esto por lo que hablamos de literatura juvenil, por la importancia que tiene la lectura a una edad en la que todo es más intenso y confuso, y por la interesante actitud que muestran las editoriales del género en nuestro país, que parecen cada vez más dispuestas a tratar temas que realmente atañen a su público objetivo. En la segunda parte de este artículo examinaremos qué autores pueden suplir este vacío, analizaremos qué títulos cubren esta necesidad, y veremos hasta qué punto están representados, o no, los lectores.

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Más opciones para la literatura futura (o no)

AutorVíctor Miguel Gallardo el 27 de septiembre de 2011 en Opinión

Foto y autógrafo

Se compensará de alguna manera, a lo mejor los libros se leen gratis y cobramos por hacernos fotos, pues ahora en vez de pedirte la firma la gente se hace una foto, cobraré un euro por foto y me ganaré la vida así…

La frase es del escritor, que a estas alturas no necesita presentación, Eduardo Mendoza, y ha aparecido en un par de medios digitales de gran calado en los últimos días, en una entrevista en la que, seguramente sin pretenderlo, toca un par de temas polémicos. Éste es el primero, proponer que se traslade al mundo de la literatura generalista un modelo que ya funciona en algunos ámbitos, especialmente el de la televisión. El segundo también tiene miga: afirma Mendoza que los escritores han vivido en los últimos años un período de bonanza desconocido, al menos al compararlo con épocas anteriores en las que incluso autores de éxito apenas podían disfrutar las migajas de los beneficios obtenidos de sus obras, período de bonanza que ahora desaparece.

La afirmación que abre este post nace de una declaración polémica que, por lo menos a mí, me ha extrañado muchísimo. Que la extrañeza nazca del verdadero sentir de Mendoza, de la tergiversación de los medios de comunicación o de un simple lapsus del escritor, eso ya no lo sé; lo que sí sé es que no es muy habitual que un escritor admita sin reparos que la mayor razón que le mueve a escribir es la económica. Porque este comentario vino precedido de otro en el que afirmaba que saber que sus libros podrían ser leídos gratuitamente podría quitarle parte de la motivación para escribir.

La opción que señala Mendoza, la de cobrar por fotos (o por autógrafos) está más que suficientemente extendida, ya no sólo en Estados Unidos, donde empezó hace treinta años aproximadamente, sino en Europa. Es un complemento perfecto al sueldo de actores y actrices (también guionistas y directores, por supuesto) especialmente de series de televisión llamémoslas de culto, que no suele ser muy alto, y además cumplen otra función: posibilitan la asistencia de estas estrellas alternativas en convenciones de aficionados que, de otra manera, no podrían, por presupuesto, traerles. Aunque se suele asociar este fenómeno a la franquicia Star Trek, en la que probablemente nació, es mayoritario en género de la ciencia ficción y la fantasía. Un ejemplo reciente sería Battlestar Galactica: algunos de sus actores incluso visitaron una convención en España bajo este método, en una convención que establecía tarifas de todo tipo: asistencia, fotografía, autógrafo, kit de bienvenida, estar sentado en las primeras filas durante la comparecencia de los actores, tener la posibilidad de preguntarles algo sobre la serie…

¿Es aplicable esto al mundo de la literatura? No lo creo. En primer lugar, dudo mucho que haya mucha gente dispuesta a pagar por una foto con Eduardo Mendoza o Arturo Pérez Reverte. El tema de vender autógrafos también pierde el sentido: a los lectores nos gusta (a algunos nos gusta muchísimo) tener un libro dedicado por el autor, no un simple trozo de papel con un garabato. Supongo que Mendoza es tan consciente de ello como todos, y que simplemente hizo un comentario que desafortunadamente trascendió. Aún le sigo dando vueltas a su segunda afirmación, la de que el período de bonanza para los autores ha desaparecido. Esta afirmación en boca del autor que ganó el año pasado el premio literario con mayor dotación económica del mundo, sumada a la de que tal vez deba cobrar un euro por foto, duele, sobre todo para los que conocemos a docenas de escritores que desgraciadamente no pueden vivir de su trabajo y buen hacer.

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Agentes políticamente incorrectos

AutorGabriella Campbell el 26 de septiembre de 2011 en Noticias

Manos unidas

Hay un artículo que ha estado dando tumbos por internet durante las últimas semanas, firmado por los escritores estadounidenses Rachel Manija Brown y Sherwood Smith. Ambos son autores muy reconocidos en su campo (han publicado numerosas novelas dirigidas al público juvenil), y decidieron escribir juntos una novela juvenil de ciencia ficción (en concreto se trata de un libro llamado Stranger, ambientado en un mundo post-apocalíptico). Presentaron su obra, como tenían ya por costumbre, a diversos agentes literarios, con la esperanza de que quisieran representarlos en la siempre complicada búsqueda de editor. Y cuál no sería su sorpresa cuando la respuesta de los agentes, casi unánime, hacía referencia a un cambio en particular: eliminad a Yuki.

La obra de Rachel y Sherwood se desarrolla desde cinco perspectivas. Una de estas corresponde a Yuki Nakamura, un adolescente que tiene pareja. De su mismo sexo. Por lo visto esto no es aceptable para algunos agentes literarios (e imagino que para algunas editoriales, ya que a los agentes les interesan los libros que creen que pueden, a su vez, interesar a las empresas de edición). Y si no es aceptable damos por sentado que no hablamos de principios religiosos, convicciones morales o políticas, sino de pura y dura rentabilidad. ¿Rechazaban estos agentes a Yuki porque haría menos atractiva la obra para sus lectores y, más importante, para los padres de los lectores? Los autores admiten que algunos agentes eran más abiertos al respecto (solicitando directamente la eliminación o “heterosexualización” del personaje), mientras que otros lo sugerían a media voz junto con otras “modificaciones” (que también pedían transformar a los personajes de razas no blancas en arios de pura cepa). Se reduce, al fin y al cabo, en la discriminación hacia el otro, hacia la diferencia, tome ésta forma de gay, lesbiana o hindú. Lo cual, teniendo en cuenta que hablamos de ciencia ficción, un género que suele abrazar, precisamente, la diferencia (alienígenas, futuros alternativos, tecnologías extrañas…), no deja de sorprender.

En los comentarios y respuestas al artículo de Brown y Smith, hay voces de todo tipo, en su mayoría de escritores. Aunque aparece quien afirma que nunca tuvo este tipo de problema con sus agentes literarios, la mayoría se muestra (generalmente bajo pseudónimo) bastante de acuerdo con éstos, contando experiencias similares. Entre los que sí han dado su nombre real destaca Nicola Griffith, que tiene nada menos que un Nebula, uno de los premios más importantes dentro del género de la ficción especulativa. Griffith cuenta sin tapujos cómo despidió a su primer agente literario por intentar que ella disfrazase o eliminase la homosexualidad de sus personajes. En un mundo en el que a J. K. Rowling no se le ocurrió sacar del armario a Dumbledore hasta que sus libros ya estaban terminados, ¿hay suficientes libros que ofrezcan personajes con quien puedan empatizar los adolescentes gays, bisexuales, o transexuales? Más aun, ¿no es precisamente la diversidad lo que hace más creíbles a dichos personajes, proporcionando por tanto mayor legibilidad a la obra ante sus lectores, sean estos homosexuales, heterosexuales, blancos o verdes?

No hay duda de que existen en Estados Unidos varias editoriales pequeñas especializadas en temática queer. Pero el mainstream todavía está lejos de ofrecer todo lo que puede. Por ahora, Stranger sigue sin editor. ¿Y qué pasa con España? De eso trataremos en otro artículo.

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La génesis del María Moliner

AutorVíctor Miguel Gallardo el 25 de septiembre de 2011 en Divulgación

María Moliner

Inmaculada de la Fuente es bastante conocida como cronista de una época, la de la Guerra Civil y la posguerra, sobre todo desde el punto de vista de mujeres notables de ese convulso período de nuestra historia más reciente. Suyos fueron Mujeres de la posguerra: de Carmen Laforet a Rosa Chacel. Historia de una generación (2002) y La roja y la falangista. Dos perfiles de la España del 36 (2006), en donde nos habla de las hermanas De la Mora Maura, nietas del político Antonio Maura, cinco veces Presidente del Gobierno español entre 1903 y 1922. Ahora se atreve con una figura poco conocida de la posguerra, al menos desde el punto de vista biográfico. Porque, ¿quién no conoce la historia de María Moliner?

El Diccionario de Uso del Español de María Moliner es el diccionario preferido por muchos, incluso por delante del “oficial” de la Real Academia Española de la Lengua, pero lo que la mayoría no sabe es que María Moliner, que había estudiado historia en Zaragoza, no era ni filóloga ni nada parecido, sino una funcionaria del cuerpo de Bibliotecarios y Archivistas. En todo caso, Gabriel García Márquez le dedicó unas famosas líneas en las que ensalzaba la figura de la aragonesa, aunque a juicio de Inmaculada de la Fuente este homenaje póstumo dio una imagen de Moliner que no se ajustaba del todo a la realidad: no fue una ama de casa y abnegada madre que en sus ratos libres (y durante la friolera de quince años) redactó los dos tomos de un diccionario, fue una mujer de su tiempo (por ello lo de madre y esposa), que además tenía un trabajo para el Estado, que sacrificó su poco tiempo libre en la ilusión de su vida, que no era otra que la de realizarse profesionalmente a través de una obra que ya es inmortal. De la Fuente llega a afirmar que Moliner dedicaba el 90% de su vida al diccionario, que empezó a gestarse en 1952 y cuyo primer tomo vio la luz en 1966 (el segundo lo haría unos meses después, ya en 1967).

De ella dice:

Se pensaba que con ser abnegada y con estar entregada era suficiente, y por eso esa mujer recoleta era la imagen que nos iban difundiendo. Claro, era recoleta porque era una señora que estaba en su contexto, en su época y en su mundo. Pero tenía una gran ambición intelectual porque, aunque ella decía en plan chusco que era tenaz porque era aragonesa, que nunca habría terminado el diccionario si no hubiera sido una tozuda y una bruta, su motor era dejar una obra.

María Moliner fue considerada, según De la Fuente, como una intrusa por los académicos de su tiempo. ¿Quién era aquella bibliotecaria que había dedicado tres lustros en inventarse un diccionario que pretendía convertirse en esencial (y que, digámoslo claro, lo consiguió sobradamente)?

De la Fuente también aporta datos hasta ahora inéditos. Sí se sabía que había sido Dámaso Alonso el que puso a la editorial Gredos sobre aviso de que María Moliner estaba en mitad de algo que merecía la pena, pero no que firmó un contrato con ellos en 1955, y que el proceso de composición del diccionario, que ella iba entregando en fichas, sacó de sus casillas a los empleados de la imprenta, que estuvieron tentados de contactarla para pedirle, con muy buenos modales eso sí, “que no haga más cambios porque nos va a volver locos y humanamente esto no puede ser”.

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Amores que matan (II)

AutorGabriella Campbell el 24 de septiembre de 2011 en Divulgación

Ana Karenina

A veces el amor parece una simple excusa, una gota más en el vasto océano de la disconformidad, la depresión y el hastío. Que se lo digan a Emma Bovary, que con aquello de serle infiel a su marido y ser adicta a ciertas sustancias poco recomendables, decidió convertirse en una heroína romántica como las de las novelas y suicidarse ingiriendo arsénico. En situación parecida se vio Anna Karenina, el célebre personaje de Tolstoi, si bien para ella no fueron las deudas y el miedo, sino los celos y la ira, las manos que la empujaron a la vía del tren, en un memorable suicidio digno de una gran novela. Eso sí, ambas compartían el gusto por los opiáceos y el odio hacia la reclusión rural, con el aburrimiento que ello implicaba. Y no es raro en la literatura que el amor trascienda a la propia muerte, de un modo más o menos amable. No parecía muy contento Heathcliff con las apariciones de su amada Catherine en las noches tormentosas de Cumbres borrascosas, la novela escrita por Emily Brontë, cuya visión extrema de la devoción amorosa contrasta con su vida personal, en la que parece que no hubo ningún gran romance (probablemente porque ya tenía que lidiar con su propio hermano, un personaje de lo más byroniano que ya era protagonista de grandes historias pasionales y adúlteras). Otra aparición fantasmagórica más bienvenida es la intervención estelar de Doña Inés, quien salva de la condenación eterna al incorregible Don Juan Tenorio; y en lo que a regresos desde el más allá se refiere, podemos incluir en dicha categoría a gran parte de la literatura de vampiros (¡o de zombies!), por la que aquellos que se ven separados por la muerte pueden volver a encontrarse, para bien o para mal, como la Berenice de Edgar Allan Poe, que regresó en busca de su amado y de sus dientes.

En lo que se refiere a muertes literarias asociadas al amor, el suicidio acompañó a la esposa enajenada de Rochester, que se lanzó desde el tejado tras provocar un gran incendio que devoró su vivienda, dejando vía libre para que éste pudiese vivir feliz para siempre (o por lo menos, una vez recuperó la vista) con su querida Jane Eyre. Y es que para que triunfe el amor con frecuencia tienen que sufrir otros, añadiendo el asesinato, el suicidio o el desafortunado accidente al pecado de los amantes. En otras ocasiones, es la tercera persona la que origina el fallecimiento de uno o dos de los enamorados, como en el cuento de La doncella de hielo de Hans Christian Andersen, donde una entidad femenina que vive bajo un lago helado reclama para sí al personaje principal, quitándole la vida con sus besos de nieve. Y el amor y su tragedia pueden ir también más allá del tiempo, como ocurre con la pareja protagonista de La mujer del viajero en el tiempo, de Audrey Niffenegger. En todos estos supuestos, en relación con todas estas variantes de lo trágico y lo amoroso, todos tenemos nuestros favoritos, todos recordamos esa triste historia amorosa que nos llevó a la relectura y tal vez a la lágrima. Como siempre, os animamos a que mencionéis los vuestros en los comentarios al artículo.

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P.D. James se lanza al pastiche

AutorAlfredo Álamo el 23 de septiembre de 2011 en Noticias

Pemberly House

Un pastiche no es ni más ni menos que coger por un lado un libro ya editado, preferentemente un clásico, y por otro meterle una trama e historia que no tiene por qué tener mucho que ver con la del libro original. El resultado no puede ser otro que un híbrido cuyo resultado final tiene mucho que ver tanto con los géneros mezclados como con la maestría del escritor.

Por ahora, los pastiches que más conocemos son los que tienen una vertiente gamberra, como Orgullo y Prejuicio y Zombis o Androide Karenina, en los que la mezcla es radicalmente diferente y, además, se reescribe el libro por completo. Otra gran víctima de los pastiches es Sherlock Holmes, que se ha visto envuelto desde en aventuras con el doctor Freud a viajes en el tiempo o incluso a luchar contra zombis.

Pues bien, P.D. James, una de las «damas del crimen» inglesas más conocidas y creadora de uno de los grandes detectives literarios del siglo XX, el policía Adam Dalgliesh, ha decidido que le apetecía hacer meterle mano a Orgullo y Prejuicio y realizar una novela policiaca con la novela de Jane Austen, por lo visto, víctima propiciatoria en esta moda del pastiche, o mashup, como lo llaman en inglés, ya que hay decenas de novelas ambientadas en la mansión de los Darcy, Pemberly House.

La idea de James es continuar la historia que Austen deja con los Darcy viviendo tranquilamente seis años después, cuando, poco antes del tradicional Baile de Otoño, la hermana pequeña de Elizabeth, Lydia, aparece por sorpresa con la noticia de que su marido ha sido asesinado. A partir de ese momento, comienza la investigación, en la que supongo que el hecho de que Darcy pagara a Whickham, un pretencioso egocéntrico, para que se casara con Lydia y así evitar un escándalo, tendrá mucho que ver con la trama.

Lo cierto es que produce cierta curiosidad el asomarse a este título, La muerte llega a Pemberley, ya que P.D. James es una excelente escritora y da toda la impresión de que se lo ha pasado pipa con esta historia. Por otro lado, no puedo quitarme de encima la impresión de que en cualquier momento de la novela aparecerá Thursday Next investigando el caso, como si se tratara de una novela de Jasper Fforde.

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Hacia un nuevo concepto de biblioteca

AutorAlfredo Álamo el 22 de septiembre de 2011 en Noticias

biblioteca online

La irrupción de las nuevas tecnologías relacionadas con el libro electrónico e Internet pueden llevar a las bibliotecas públicas a replantear, en parte, su función.

Para muchos ciudadanos, una biblioteca es simplemente un lugar donde conseguir libros de manera gratuita por un periodo limitado de tiempo. Si bien desde algunas administraciones públicas ese es el modelo que quieren mantener -cuestiones de presupuesto y falta de interés por la cultura a partes iguales- una biblioteca pública debe, y en ocasiones consigue, ofrecer mucho más que eso.

Una biblioteca es un lugar de encuentro, un punto de acceso libre a la información, un lugar de consulta y estudio, un sitio donde no sólo hay libros sino que se puede conseguir cualquier tipo de contenido audiovisual; las bibliotecas, además, son sitios imprescindibles para exposiciones y actividades culturales.

Pues bien, Amazon ya está poniendo en marcha un sistema de préstamo para bibliotecas públicas a través de su plataforma de ebooks y el Kindle, hoy por hoy el lector número uno en Estados Unidos. El usuario tan sólo tiene que acceder a la web de la biblioteca en cuestión, seleccionar el libro que desea y descargar el libro a su lector, donde permanecerá los días tipificados en el préstamo. Los libros pasan a estar «licenciados», es decir, que cada biblioteca compra un número determinado de «copias» por libro, es decir, las que podrán ser utilizadas al mismo tiempo.

Trasladado a España me surgen un montón de posibilidades y dudas. Desconozco cuál es la postura general de las bibliotecas frente al préstamo digital -por lo que comentamos aquí, da un poco de miedo- ya que el trabajo que se está haciendo es el de prestar lectores electrónicos como si fueran libros, en lugar de que el usuario se lleve un ebook en su propio lector.

Tal y como están planteadas muchas bibliotecas en España me pregunto si la aparición de bibliotecas públicas virtuales, creadas exclusivamente para el préstamo online, no mejoraría la situación de las actuales o, al menos, forzaría a algunos dirigentes políticos a ofrecer esos servicios adicionales al préstamo que hacen tan importante a las bibliotecas de barrio o de pueblo. Lo que temo profundamente es que, con esa concepción decimonónica que caracteriza a la clase dirigente de este país, encuentren que el paso a lo virtual es una excelente opción para ir cerrando bibliotecas físicas con la excusa de que se hayan quedado obsoletas.

Ian Rankin y el misterio de las figuritas de papel

AutorAlfredo Álamo el 21 de septiembre de 2011 en Noticias

Papel

Ian Rankin es uno de los autores de novela policial con más éxito en Reino Unido y una figura pública muy conocida en Escocia, donde reside. Sus libros protagonizados por el inspector Rebus son superventas en varios países y fueron llevadas a la televisión en la cadena ITV.

La obra de Rankin mezcla la peculiar idiosincrasia escocesa con un estilo muy cercano al hard-boiled americano, como puede ser, por ejemplo, la obra de James Ellroy. Lo cierto es que sus novelas se venden muy bien y el autor escocés es muy conocido en Edimburgo, donde reside.

Pues bien, en las últimas semanas han ido apareciendo una serie de curiosas esculturas en puntos clave de Edimburgo y todas parecen señalar, de una manera u otra, a Ian Rankin. Por ejemplo, las esculturas están hechas a partir de novelas de Rankin y en una de ellas aparece incluso el propio escritor, sentado en un cine. Las esculturas han aparecido en la Biblioteca Nacional de Escocia o en la Filmoteca, siempre en lugares relacionados con la cultura y la transmisión de ideas. El autor, además, deja notas en las que explica que sus creaciones son un regalo por la labor incansable de estos centros en favor de la lectura y la imaginación.

Papel

Algunas de ellas son realmente curiosas y muy trabajadas, aunque no han sido dejadas en cualquier lugar para ser rápidamente descubiertas, sino que han aparecido en sitios poco transitados, casi escondidos. Ante estos descubrimientos, Rankin ha declarado que él no tiene ni idea de quién está dejando estos curiosos regalos, aunque reconoce que es cierto que hay una conexión con su obra. Además, la obra dejada en la Biblioteca Nacional representaba un poema del poeta escocés Edwin Morgan, con lo que puede que todavía falte por aparecer algún homenaje esperando ser descubierto en una biblioteca, librería o cine de reestreno.

Quién sabe, quizá estemos ante la inspiración de una nueva novela del inspector Rebus. Sería curioso asistir al nacimiento de una historia creada de un modo tan sugerente, ¿no es cierto?

Vía: Booklicious

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Harlan Ellison contra El precio del mañana (In Time)

AutorAlfredo Álamo el 20 de septiembre de 2011 en Noticias

In Time

Harlan Ellison es uno de los grandes autores de la ciencia ficción norteamericana, ganador de premios como el Hugo, el Nebula, el Stoker o el Edgar, entre otros. En concreto, Ellison es un maestro del relato y la novela corta, con títulos tan famosos (y especiales) como Un muchacho y su perro, No tengo boca y debo gritar o ¡Arrepiéntete Arlequín!, dijo el señor Tic-Tac.

Pues bien, es precisamente por su cuento ¡Arrepiéntete Arlequín!… -con el que ganó un Premio Nebula- que Ellison ha saltado a primera plana de la actualidad cinematográfica. Sí, no me he equivocado, resulta que una de las películas de ciencia ficción más esperadas de los últimos años, El precio del mañana (In time), sobre todo por su director y guionista, Andrew Niccol (El show de Truman, Gattacca), que no por su protagonista, Justin Timberlake, tiene un singular parecido con el cuento de Ellison.

Hay que tener en cuenta que los cuentos de Ellison siempre han tenido una gran difusión, han sido reeditados y han aparecido en numerosas antologías. Casi cualquier aficionado a la ciencia ficción se ha leído alguno, siendo ¡Arrepiéntete Arlequín! un clásico entre los clásicos. Pues bien, el cuento nos presenta un futuro distópico y sombrío donde los ciudadanos están vigilados por los Guardianes del Tiempo (Timekeepers) y poseen una cantidad de tiempo de vida establecida que puede ser recortada como castigo. En el film de Niccol aparece prácticamente la misma historia, junto con otros detalles que todavía no han sido desvelados pero que Ellison afirma que son muy parecidos a su famoso cuento.

Ellison estaba negociando un contrato para vender los derechos cinematográficos de ¡Arrepiéntete Arlequín! así que ahora ha decidido demandar a la productora para parar la película. ¿Es sólo una maniobra para conseguir un jugoso fajo de dólares o será cierto que las coincidencias argumentales van más allá de un mero lugar común? Después de todo, tenemos otras historias con ladrones del tiempo, como Momo, de Michael Ende, cuyo resultado final nada tiene que ver con la obra de Ellison. Habrá que ver qué deciden los tribunales a partir de ahora y si nos quedamos sin una de las películas que más prometían para este final de año.

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Kindle en España: Amazon no da el paso

AutorAlfredo Álamo el 19 de septiembre de 2011 en Noticias

Amazon España

Los ebooks son uno de los productos estrella de Amazon y su Kindle el gadget más vendido de su tienda. ¿Cuándo venderá Amazon ebooks en España? ¿Con qué editoriales? ¿Abrirá su tienda de autoedición en breve? La respuesta a todas esas preguntas todavía está en el aire; desde la empresa americana han decidido comenzar su aventura española dejando a un lado los libros electrónicos y pensando más en establecerse con su venta tradicional de libros, películas y electrónica.

Por ahora las negociaciones para entrar en el catálogo del Kindle han chocado con la política de precios de las editoriales españolas, sobre todo por la situación de las más grandes, como Planeta o Random House Mondadori, impulsoras del proyecto Libranda y que entraría en conflicto con Amazon. En Estados Unidos fue la propia tienda la que formó el catálogo sin pasar por una «distribuidora digital» como se ha establecido en España, un punto de paso con unos precios que deberían cambiarse para todas las tiendas en el caso de llegar a un acuerdo. Por el momento, no parece que hayan acercado mucho las posiciones y Amazon busca firmar con editoriales que por el momento no están ni en Libranda ni en la plataforma de Publidisa, pero que tengan un cierto prestigio en el mundo literario.

Por desgracia, la política de precios sigue siendo la misma que parece fija en la mente de los editores españoles y es muy difícil que en editoriales medianas se baje de ese descuento del 30% que tanto está sonando. En cuanto a las editoriales más pequeñas, es de esperar que aprovechen la oportunidad y se lancen a vender con Amazon en cuanto abran las puertas, con todo el mercado Kindle para ellos solos debido a la lentitud y retraso de las más grandes. Veremos cómo van las cosas en los próximos meses ahora que se ha incorporado Koro Castellano, hasta hace poco directora general de BuyVip, al equipo encargado del Kindle en Europa.

También habrá que esperar el movimiento de Amazon con respecto a los libros de texto el año que viene, pieza angular de muchas editoriales y librerías y cuyo precio no está limitado por ley, pudiendo realizarse descuentos más allá del 5%. Por el momento ya han avisado que piensan dar guerra.

En otro orden de cosas, se rumorea la posibilidad de que también comiencen a ofrecer, en Estados Unidos, un servicio de suscripción a contenidos, es decir, una especie de tarifa plana mensual para consultar todo el catálogo Kindle, ideal para investigadores y devoradores de libros, poco atractivo -aún a falta de conocer el precio- para lectores ocasionales. No hay que olvidar que el alquiler en streaming no equivale a comprarse el libro, un paso, el de entender el acceso como más importante que la propiedad, todavía difícil de asumir en objetos tan sentimentales como los libros.