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El ejército furioso, de Fred Vargas

AutorAlfredo Álamo el 16 de enero de 2012 en Reseñas

El ejército furioso - Fred Vargas

El ejército furioso es la nueva dosis concentrada de la droga que Fred Vargas nos ofrece tras Un lugar incierto. Tres años de espera para seguir las andanzas del detective que da golpes de remo entre las nubes, el bearnés Jean Baptiste Adamsberg.

Vargas nos ofrece una historia situada otra vez en la Normandía que tanto le gusta mostrar en sus novelas, en la que el comisario Adamsberg retoma un protagonismo casi absoluto que había ido dejando en manos de sus apabullantes compañeros de reparto. Con esto no quiero decir que la teniente Retancourt o Danglard no tengan su cuota del libro, pero parece que Vargas ha enfocado la lupa un poco más sobre el comisario.

La historia de El ejército furioso nos lleva, como ya he dicho, a la Normandía mítica que Vargas recrea mientras mantiene otro caso en París, el cual involucra a unos industriales de muy alto nivel. Mientras en Normandía se suceden los cadáveres y Adamsberg se desespera por encontrar al (o los) culpables, el caso de París parece claro… pero sin pruebas. Adamsberg aprovecha el caso normando para alejarse de las presiones en la capital mientras trama uno de sus planes sin sentido aparente, para el sufrimiento de Danglard.

Vargas sigue la estela de sus últimos libros y por momentos se refugia cada vez más en las leyendas, en este caso en el Ejército Furioso, conocida leyenda de la cacería salvaje en la que los muertos se llevan a los pecadores durante la noche, logrando por momentos un ambiente más cercano a una fantasía-noir que a una novela negra propiamente dicha. Esto se veía también en Un lugar incierto, pero en esta ocasión la autora francesa usa un ancla a través del caso iniciado en París y de las andanzas del hijo de Adamsberg.

El ejército furioso cumple las expectativas depositadas en Fred Vargas y resulta un libro entretenido de principio a fin, fiel a su estilo lleno de nubes y sangre, lectura de obligado cumplimiento para todos los seguidores de la autora francesa. Por otro lado, para un lector ocasional quizá suponga tanto un esfuerzo como un shock adentrarse de golpe en la mitología que Vargas ha creado alrededor de su tormentoso comisario.

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Libros a medida

AutorGabriella Campbell el 15 de enero de 2012 en Noticias

Libros a medida

¿Harto de que el lector medio se guíe por la lista de superventas y haga caso omiso a libros menos conocidos pero de mejor calidad? ¿Cansado de que los centros comerciales y las grandes librerías sólo ofrezcan obras mediocres, producidas en masa? No te preocupes, siempre puedes hacer lo mismo que Katsuyoshi Shimizu, un antiguo vendedor que decidió montar una librería para ofrecer sólo los libros que él recomendaría personalmente a sus clientes.

Y recomendar es, precisamente, lo que hace Shimizu. Dokusho no susume (“recomendación lectora”) es una pequeña librería de Tokio en la que cada cliente recibe un trato completamente personalizado. Su dueño conversa con cada visitante, analiza su estado de ánimo y necesidades y escoge un libro especialmente para éste. Shimizu asegura que ha leído todos los libros que tiene en la tienda, y que en la actualidad se está concentrando en libros que puedan ayudar a sus clientes a comprender y a sobrellevar el desastre del terremoto del 11 de marzo de 2011 y la tensión generalizada para con el gobierno que ha surgido desde entonces. Su tienda está llena de mensajes escritos a mano que pretenden animar o hacer reflexionar a los visitantes, y aunque al principio algunos lectores se sienten irritados o intimidados por el ahínco de Shimizu, la mayoría acuden ya con preaviso, buscando el consejo de un hombre que ha llevado hasta límites insospechados la experiencia de comprar un libro. Cualquier librero que ame su trabajo encontrará placer en poder ayudar a sus clientes a comprar libros que pueden gustarle, pero pocos se dedicarán, como éste, a venderles libros que además puedan aportarles mucho a nivel personal.

Tampoco es tan sorprendente encontrarse con una librería tan especial en Tokio, una capital en la que algunos son capaces de viajar más de una hora en tren sólo para gastarse el sueldo en un neko cafe, una cafetería con gatos. Aunque se trata de cafeterías a las que acuden los visitantes para ver y, con suerte, jugar con los gatos residentes (hay que tener en cuenta que en Tokio, debido a las limitaciones de espacio y a reglas con frecuencia muy estrictas de alojamiento, es complicado tener mascota en casa), podríamos hablar casi de cafeterías-bibliotecas, ya que suele haber disponible una gran cantidad de libros y manga (además de videojuegos, máquinas expendedoras y cómodos sofás donde echar la siesta). Un auténtico paraíso para aquellos que son, a la vez, amantes del libro y de los animales. Cierto que no llegará ningún empleado tipo Shimizu para recomendarte la mejor lectura para tu estado de ánimo actual, pero pocas cosas hay que no puedan mejorar con un par de ronroneos. Parece ser que de esto se han dado cuenta también en Estados Unidos, donde cada vez es más común encontrarse un amigo felino en librerías pequeñas de barrio. Algunos de estos residentes tienen hasta nombres literarios, como Asimov, el pequeño protagonista de la librería Seek Books, de Massachussetts, que se especializa en ciencia ficción y fantasía. En el siguiente enlace podréis encontrar toda una lista de los mejores gatos libreros de los Estados Unidos. Algunos, como todo buen librero contemporáneo, hasta tienen cuenta de Twitter y Facebook.

La juguetería errante, de Edmund Crispin

AutorAlfredo Álamo el 14 de enero de 2012 en Reseñas

La juguetería errante - Edmund Crispin

Novela curiosa y sorprendente, La juguetería errante es, en sí mismo, un juguete obra de Edmund Crispin, un auténtico académico de Oxford con un peculiar sentido del humor.

Hay que decir que el verdadero nombre de Crispin era Bruce Montgomery, licenciado en Lenguas Modernas en el St. John”s College y maestro de coro durante algunos años. Esto quiere decir que el autor de La juguetería errante estaba bien empapado de la peculiar naturaleza de la ciudad de Oxford, santo y seña del academicismo occidental, tanto para lo bueno como para lo malo.

Crispin utiliza dos personajes de gran carisma, el poeta Richard Cadogan, típico bohemio con ínfulas, vago e inglés hasta la médula, y el que sería el gran protagonista del resto de sus obras, el profesor de literatura inglesa Gervase Fen, siempre al volante de su incontrolable deportivo rojo, el Lily Christine.

Es a partir de estos dos personajes y Oxford, un Oxford alejado de esa oscuridad rancia que destilaría la obra de autores como Colin Dexter, y que se erige como una ciudad en la que puede pasar cualquier cosa, por extravagante que sea, sin que se muestre por ello la más mínima atención.

Crispin se burla con fina ironía de las novelas enigma, sobre todo de las de «puerta cerrada» creando una trama barroca, enrevesada, llena de trampas, algunos deus ex-machina, investigaciones llevadas por pistas absurdas, engaños y persecuciones a través de los colleges de Oxford. Todo esto aderezado, como no, por numerosas citas a grandes clásicos de la literatura y algunas eruditas referencias culturales. Gran trabajo en la traducción, que no debe haber sido un trabajo sencillo.

La juguetería errante es una pequeña joya para los enamorados de las historias rocambolescas y con mucho sentido del humor. Un ejercicio de estilo que alcanza la excelencia literaria por el puro placer del disfrute literario.

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Los libros más caros de 2011 (II)

AutorGabriella Campbell el 13 de enero de 2012 en Noticias

The Making of a Fly

Más allá de los libros que Abebooks ha vendido este año pasado por precios más que interesantes, el 2011 estuvo marcado por la venta de algunas otras obras por cantidades desorbitadas. Si entramos en el terreno de los manuscritos, la ganadora sería una obra inédita de Charlotte Brontë. La Musee des Lettres et Manuscrits de París adquirió este curioso texto de Brontë por nada menos que 691.000 libras esterlinas (unos 837.350 €), quitándoselo de las manos al que todos pensaban que sería su nuevo propietario, el Bronte Parsonage Museum, un museo del norte de Inglaterra especializado en las hermanas escritoras. Y decimos curioso porque no es una obra muy normal: se trata de un libro en miniatura. La obra, que mide apenas 6,3 por 3,8 cm y consta de 4.000 palabras, es una de seis que escribió la autora anglosajona cuando contaba con tan sólo catorce años (y de las que sólo se han encontrado cinco; el museo Brontë Parsonage posee cuatro).

Mención aparte merecen las obras más caras aparecidas en la gigantesca Amazon. Amazon sigue toda una serie de complicadas fórmulas para alterar sus precios según las demandas del mercado (y la propia cantidad de visitas de cada libro), por lo que a veces aparecen libros con precios más que ridículos. Si un libro de segunda mano figura como agotado, cada vez que es solicitado aumenta su precio, ya que los algoritmos de Amazon lo interpretan como una creciente demanda. Como no hay control individual de cada libro por parte de Amazon ni de las editoriales, el precio puede seguir subiendo hasta alcanzar cotas absurdas, del mismo modo que algunos proveedores prefieren poner precios irreales a obras agotadas para mantener su espacio en la web hasta poder reponer, sin riesgo de que nadie adquiera el libro. También puede ocurrir que un vendedor establezca su precio en relación a otro (y viceversa), de manera que si uno sube su precio, el otro lo multiplica por una cantidad dada, y viceversa. ¿Por qué? Sea por la falta de stock mencionada anteriormente (uno generalmente comprará el ejemplar al proveedor más barato, por lo que el libro agotado o no disponible del vendedor más caro puede permanecer en la web sin peligro de ventas hasta que se repongan ejemplares) o porque uno de los vendedores considera que su prestigio le permite sacar más beneficio que el otro, ocurre que puedan existir libros como The Making of a Fly: The Genetics of Animal Design, un libro bastante común, de uso habitual en departamentos de biología, que asciende al increíble precio de $23.698.655,93, una nada desdeñable cifra equivalente a 18.313.986 €

Por otro lado, para la fecha de publicación de este artículo probablemente sabremos si se ha roto o no el récord de venta en subasta de un libro. Una copia de la obra Birds of America (Pájaros de América) de John James Audubon se subastaba el día 10 de enero en Christie’s. El récord anterior de venta en subasta pertenece a otra copia de la misma obra, adquirida en Sotheby’s de Londres por £7.321.250 (unos 8.871.858 €) el 7 de diciembre de 2010. El tiempo dirá si en esta ocasión se supera la cifra y tenemos un nuevo récord de coleccionista millonario; la obra, que incluye detalladísimos grabados a color que ya en su producción original costaron una pequeña fortuna, parece tener, en principio, mayor atractivo que un manual sobre moscas.

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Libros más caros de 2011 (I)

AutorGabriella Campbell el 12 de enero de 2012 en Noticias

Das Kapital - Karl Marx

Un año más, la empresa AbeBooks ha publicado las ventas más importantes obtenidas este año pasado, ventas singulares a coleccionistas y lectores pudientes que decidieron gastar cantidades significativas en libros raros, primeras ediciones y títulos descatalogados. El rey del 2011 ha sido, curiosamente, un libro que no aboga precisamente por los caprichos del consumo: el Das Kapital de Karl Marx, una primera edición en tres volúmenes, adquirida por la suma de 51.739 dólares americanos, ¡casi 40.000 €!

El segundo puesto se lo lleva Matar a un ruiseñor, de Harper Lee, en concreto una primera edición, ¡y además firmada! (Puede leerse “con mis mejores deseos, Harper Lee). La obra se ha vendido por nada menos que 25.000 dólares (unos 19.200 €). Tras Lee, llega un conjunto completo de diez volúmenes de la revista Aspen Magazine, publicados entre 1965 y 1971. Considerada la “primera revista tridimensional”, cada volumen se halla dentro de una caja especial que contiene tarjetas postales, carteles, discos y otra parafernalia. Considerando que se trata de diez tomos, el precio no parece tan escandaloso como los anteriores: 22.915 dólares (unos 17.500 €). El siguiente en la lista ha sido El Hobbit, de J. R. R. Tolkien, una primera edición con sobrecubierta intacta. De esta edición sólo se imprimieron 1.500 copias, lo que explicaría su valor de colección, y que se haya vendido por 20.447 dólares, unos 15.700 €.

Menos conocido es el Fourteen Pages on Thomas Carlyle (Catorce páginas sobre Thomas Carlyle) de John Ruskin, un compendio de notas manuscritas del estudioso del siglo XIX sobre la obra Historia de Federico II de Prusia de Thomas Carlyle. Al tratarse de un manuscrito, entendemos su valor, nada menos que 18.750 dólares, aproximadamente 14.400 €. Le siguen The Camels Are Coming de W. E. Johns, una primera edición (en su primera impresión) de la serie de Johns que se publicó en 1932, vendida por 17.754 dólares (13.566 €), y An Authentic Account of an Embassy from the King of Great Britain to the Emperor of China (la traducción sería más o menos Relato auténtico de una embajada del Rey de Gran Bretaña para el Emperador de China), del diplómata británico Sir George Leonard Staunton, en concreto una segunda edición corregida y firmada por el autor, publicada en tres volúmenes entre 1979 y 1978, por 17.000 dólares (12.990 €). Los siguientes de la lista son The Botany of the Antarctic Voyage of H.M. Discovery ships Erebus and Terror in the Years 1839-1843, under the Command of Sir James Clark Ross (algo así como La botánica de la travesía antártica de las naves Erebus y Terror en los años 1839 a 1843, bajo el mando de Sir James Clark Ross), de J. D. Hooker, de 1844, vendido por 16.000 dólares (12.226 €), y de nuevo An Authentic Account of an Embassy from the King of Great Britain to the Emperor of China, aunque de una edición distinta (esta se vendió por 15.800 dólares, unos 12.000 €). La décima en la lista nos es más familiar, se trata de Las flores del mal de Baudelaire, vendida por 14.925 dólares en su primera edición, unos 11.400 €.

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Satori, de Don Winslow

AutorAlfredo Álamo el 11 de enero de 2012 en Reseñas

Satori - Don Winslow

El autor de novelas tan conocidas como El poder del perro o Salvajes se lanza fuera de su terreno habitual con Satori, una obra de espionaje clásico ambientada en plena guerra fría.

Antes que nada hay que dejar clara una cosa, Satori es la precuela de Shibumi, una de las novelas de espías más vendidas del siglo XX y escrita por Trevanian, un escritor y académico estadounidense que vivió durante muchos años en el país vasco-francés. Shibumi supuso un ejercicio de estilo en busca de la novela de acción y espionaje definitiva, pasando a ser una obra de culto y con millones de seguidores. Desconozco si en un intento de revitalizar la novela -corren rumores de su adaptación al cine con Leonardo Di Caprio– se buscó a un autor de gran prestigio en la actualidad para poner de nuevo la franquicia en movimiento. En teoría, según reza la solapa del libro, Don Winslow se declara gran fan de Trevanian…

Lo cierto es que Satori nos lleva al nacimiento como espía y asesino de Nicolai Hel, de familia aristocrática rusa, infancia china y adiestramiento japonés. Amante del Go, de mente analítica y adiestramiento marcial impecable. En la novela de Winslow se nos cuenta cómo llegó a ser el asesino perfecto de Trevanian a través de una intriga que se mueve entre escenarios tan exóticos como el Vietnam todavía bajo el dominio francés al Pekín de la revolución cultural.

Winslow presta especial atención a los detalles, su ambientación está muy lograda y el nivel de documentación (social, política, cultural) se agradece bastante. La historia no se pierde demasiado en profundidades argumentales y sigue una línea recta llena de acción pero sin giros imprevisibles. El resultado final es, a mi juicio, un tanto decepcionante. No dudo que Winslow haya respetado el estilo original, pero puede que el problema sea ese. A falta de leer Shibumi, Satori destila un aire a ya visto, a recursos gastados; además de un Nicolai Hel demasiado hierático y perfecto hasta límites insospechados. Reconozco que el género de espías no es mi favorito, pero parece que Winslow se ha esforzado por lograr una recreación perfecta del material original y no ha sido capaz de insuflarle ese toque especial necesario para sobresalir por encima del resto.

Satori es una novela correcta, de buen ritmo y con grandes escenarios. Agradará a aquellos que no busquen sorpresas y me temo que decepcionará a los que busquen al Winslow de El poder del perro.

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Cuando los archienemigos se convierten en amantes: el peculiar caso del matrimonio entre la literatura y la televisión

AutorGabriella Campbell el 10 de enero de 2012 en Divulgación

Televisión y libros

Quién no recuerda aquella conocida frase de Groucho Marx: “Encuentro la televisión muy educativa. Cada vez que alguien la enciende, me retiro a otra habitación y leo un libro”. Parece que desde siempre la televisión ha sido antónima de cultura, de conocimiento, mientras el libro se ha considerado parangón del aprendizaje. Del mismo modo, el formato largo y elaborado de la novela es muy distinto a la entrega rápida e inconsecuente de la serie de televisión. Hasta ahora, claro.

Ya hemos hablado aquí en Lecturalia de algunas adaptaciones planeadas por el canal estadounidense HBO, que ya ha tenido en sus manos, con un éxito indiscutible, obras maestras de la televisión como Deadwood o Juego de tronos, al igual que planea adaptar a la pequeña pantalla a grandes nombres de la literatura contemporánea como Jonathan Franzen (Las correcciones) o Neil Gaiman (American Gods). No es casualidad que HBO siga apostando por las adaptaciones literarias, incluso con producciones orientadas a un público un poco más joven (True Blood). No se trata sólo de contar con una fuente casi inagotable de material, sino de percatarse de que adaptar no sólo el argumento sino también el ritmo de una novela produce, con frecuencia, resultados espectaculares. En Juego de tronos, la atención al detalle es tan obsesiva como en la obra de Martin, y la ambientación igual de meticulosa, pero es el enredo lento y complejo de personajes el que nos absorbe, el hecho de que la acción transcurra de una manera distinta a la habitual, totalmente al servicio de los personajes, como ocurre en otras series de la misma cadena (Carnivale, Roma) o de otras similares como Showtime, que también cuenta con adaptaciones de libros de gran éxito (ahí tenemos la tenebrosa Dexter). Por primera vez, nos encontramos con creaciones televisivas donde por fin los protagonistas son los propios personajes, que se definen a través de sus actos, sus gestos y su diálogo, apoyados por un cásting que antepone la calidad a la fama y popularidad de sus intérpretes.

En España no solemos tener tanta suerte con las adaptaciones de libros para televisión, pero la influencia estadounidense es poderosa y sin duda nos encontraremos pronto con algún amago imitativo. Ya hay ejemplos de libros y series que interactúan con relativo éxito comercial, como es el caso de la serie de libros de Águila roja de Andrés Carrión, ambientada en la serie televisiva homónima, y de series nacionales basadas en libros de éxito, como ocurrió en su momento con Celia, inspirada por los libros infantiles de Elena Fortún, o con Cañas y Barro (basada en la obra de Blasco Ibáñez), ejemplos que han gozado de una gran respuesta del espectador sin ofrecer necesariamente una calidad óptima. Esperemos que, tanto en nuestra televisión como en otros canales que se atreven con producciones narrativas propias, podamos disfrutar en el futuro de cada vez más creaciones de calidad que nos acerquen más a la escritura de talento y a las adaptaciones íntegras. Un matrimonio de éxito entre la novela y la serie de televisión sería, sin duda, de un provecho incalculable para todos los amantes de la buena narración, tenga esta el formato que tenga.

Así que aprovechamos una vez más para preguntar a nuestros lectores: ¿Qué grandes obras te gustaría ver llevadas a la televisión? ¿Y cuáles de las adaptaciones televisivas del presente o del pasado han estado a la altura, a tu juicio, de la novela en la que se basaban?

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Libros antiguos y usados, ¿guardar, destruir, reciclar?

AutorGabriella Campbell el 9 de enero de 2012 en Divulgación

Postales literarias

Hace poco hablábamos de diversos usos poco convencionales que podían darse a los libros. Uno de los ejemplos fue el reciclaje del libro como obra de arte (recientemente he encontrado otro ejemplo espléndido de esta faceta artística, en manos del escultor de libros Guy Laramee). En esta misma línea, en un blog de diseño se publicó recientemente un artículo sobre cómo convertir libros no deseados en tarjetas postales, dándoles así una nueva vida. Podéis encontrar el artículo en concreto en la web Apartment Therapy, una página enfocada al diseño de interiores y a la creatividad. Lo que me llamó realmente la atención del artículo, y lo que su autor probablemente no se esperaba, fue la avalancha de comentarios negativos respecto a su idea. Para muchos, la idea de destruir un libro, aunque sea para reciclarlo de una manera tan original, era inconcebible. Muchos de vosotros expresasteis también sorpresa en mi artículo de Lecturalia sobre la marginalia, o la costumbre de escribir (¡sí, incluso con bolígrafo!) en los márgenes de los libros.

El debate que se generó al hilo del artículo de Marginalia fue interesante, más que nada porque todos expresaban puntos de vista válidos: por un lado, había quien consideraba que escribir en un libro era mancillarlo y estropearlo, por otro había quien pensaba que enriquecía el contenido y la propia lectura de la obra. Imaginad que aplicásemos el mismo debate al hecho, ya no de escribir en los márgenes de los libros, sino de transformarlos completamente, ya sea para crear una obra artística, ya sea para darle una vida nueva como proyecto rudimentario, como en el caso de las tarjetas postales. Por un lado, parece un crimen estropear de esta manera un libro, pero por otro… ¿qué hay de la cantidad de libros que todos los años se convierten en pulpa, se queman, o acaban en los vertederos? ¿No se merecen, acaso, la bondad de una nueva vida? A la hora de destruir un libro para concederle un nuevo uso, nadie implica que debamos romper a tiras una obra favorita o un ejemplar valioso. ¿A cuántas personas conocéis que en vez de regalar o donar sus libros sobrantes simplemente los tira a la basura? Muchas bibliotecas, editoriales y librerías se quejan de acabar con almacenes llenos de libros que ya han agotado su vida útil, y el simple hecho de buscar a quién revender estos libros, o a quién y cómo donarlos, es un proceso con frecuencia muy frustrante. Por otro lado, todos tenemos algún libro que consideramos de valor nulo, algún superventas de baja calidad que no encontrará nunca una salida a su estado inamovible de decoración de estantería.

¿Qué opináis vosotros? ¿Merece la pena destruir un libro si de éste nacerá algo bello o útil? ¿O consideráis que todo libro es sagrado y debe conservarse? ¿Qué ideas se os ocurren para reutilizar esas obras que ya no caben en vuestras estanterías? Como siempre, esperamos vuestras respuestas en los comentarios.

Nuevas (y viejas) maneras de editar y de escribir

AutorAlfredo Álamo el 8 de enero de 2012 en Divulgación

Folletín

A nadie se le escapa que el formato de novela es el rey indiscutible del sector editorial, donde se centran los mayores esfuerzos tanto por parte de los escritores como de las propias editoriales. La novela en sí se ha convertido en un icono literario que lleva asociado un lanzamiento y una promoción -así como una producción industrial- que a día de hoy está perfectamente desarrollada.

El público lector también se ha acostumbrado a la novela, incluso a pagar sus buenos treinta euros por un libro con la promesa de que el resultado tras varias horas de lectura va a ser satisfactorio. Las antologías de relatos se siguen publicando pero parece vox populi entre muchos editores que son un negocio ruinoso (yo personalmente no entiendo, entonces, que las sigan publicando) aunque creo que se refieren más que otra cosa a la diferencia de ventas habitual con novelas. Del formato de novela corta parece que nadie se acuerda, con la honrosa excepción de editoriales como Libros del Zorro Rojo, Rey Lear o Nórdica, aunque con la peculiaridad de convertir las novelas cortas en preciosas joyas ilustradas.

Hay que decir también que el desarrollo tecnológico en imprentas y distribuidoras también ha favorecido que las novelas puedan crecer en cuanto a tamaño, hasta el punto en que algunos libros parecen no tener fin, como por ejemplo, las novelas de George R.R. Martin o la última de Patrick Rothfuss. Con esos tamaños a veces me pregunto si una novela de más de mil páginas sigue siendo una novela tal y como la conocimos en el siglo XX, sobre todo si sólo es una parte de una serie mayor.

Lo cierto es que la tecnología, tal y como dio el salto para permitir la aparición de novelas más largas y mejor editadas, ahora nos presenta la oportunidad de retomar una serie de formatos que, como ya hemos señalado, suelen estar marginados o dados de lado por editoriales y público. Hablamos, claro, del salto digital, de qué podemos hacer ahora que nos hemos visto liberados, por decirlo de alguna manera, del corsé impuesto por las tapas y contratapas del libro tradicional.

Los cuentos. Hoy en día los relatos se leen poco… pero son ideales para la lectura ocasional o de tiempo limitado. Leer una novela en el metro se puede hacer eterno, sin contar con el hastío que puede provocar dedicarle semanas a una trama en la que apenas se avanza. Para los viajes de metro el cuento es un producto ideal. Lo malo es que, hoy por hoy, hay que comprarlo en antologías, bien de un autor o de varios, con lo que la probabilidad de encontrarnos un libro descompensado es bastante alto. Sería interesante poder confeccionar nuestra propia antología de relatos a medida que los vayamos necesitando, a precios reducidos. Vamos, de la misma manera que puedes comprar en tiendas de música digital las canciones que componen un disco.

La novela corta. A día de hoy es un formato casi muerto por imposición editorial. Hay unos costes fijos que cubrir con la edición de un libro y muchos lectores no se atreven a arriesgar demasiado dinero con un libro «fino». El síndrome de «caballo grande, ande o no ande», está arraigado en el mundo literario. Sin embargo, y es mi opinión, la novela corta en formato digital puede ser un excelente escaparate de muy bajo precio, o incluso gratuito, para autores no demasiado conocidos por el gran público. También hay que tener en cuenta que escribir una novela corta no lleva el mismo tiempo que una novela larga, y mucho menos del tamaño que algunas editoriales demandan hoy en día. Otra ventaja del digital es que el síndrome del «caballo grande…» es menos acentuado.

El Folletín o la Novela por entregas. Una suerte prácticamente desaparecida a día de hoy. Sin embargo, puede que sea una de las que más futuro tenga si los lectores electrónicos acaban formando parte de nuestra vida diaria. Historias largas preparadas para ser leídas en capítulos cortos de gran intensidad… hay obras, ¿hablábamos de Martin?, que ya son folletines en formato de novela. Imaginad no tener que esperar cuatro años a que salga el siguiente libro de Canción de Hielo y Fuego y poder disfrutar de un par de capítulos al mes.

Supongo que a medida que avance la tecnología y los escritores intenten colocar sus obras aparecerán nuevos modos, estilos y formatos, tanto de escribir como de editar. ¿Y a vosotros? ¿Se os ocurre alguno más? ¿Creéis que la novela mantendrá su hegemonía en el siglo XXI?

Extraños usos para un libro

AutorGabriella Campbell el 7 de enero de 2012 en Divulgación

El 21 de diciembre de 2011, en el vuelo entre Washington DC y Chicago, un pasajero fue detenido por llevar encima un libro muy especial, titulado Ninja. El guerrero sombra. Lo realmente extraordinario de esta obra, más allá de su contenido textual, resultó ser su contenido físico: el libro había sido vaciado para portar dos peligrosos cuchillos arrojadizos.

No es la primera vez que nos encontramos con un uso poco habitual del libro común. Aunque no estamos a favor de utilizar los libros como compartimentos secretos donde guardar armas blancas, puede ser una opción divertida simplemente para esconder cualquier objeto privado o incluso como regalo original. En Youtube pueden encontrarse vídeos que nos explican cómo vaciar un libro para utilizarlo como recipiente:

El uso del libro como objeto o material artístico es frecuente y produce auténticas joyas (sólo hay que ver el trabajo que realizan con recortes los artistas Sue Blackwell, o Thomas Allen, que se especializa en la ficción pulp para crear sus puestas en escena de género negro), pero podemos darle también una utilización más cotidiana y práctica. Podemos convertirlo en bolso, por ejemplo:

O también en un práctico mueble. Pueden encontrarse mesas, sillones, lámparas e incluso estanterías creadas con libros, y hay quien hace árboles de Navidad. Con todo, el libro rey para aplicaciones alternativas es, por supuesto, la guía telefónica. Al fin y al cabo, ¿qué hacer con una cantidad tan grande de papel cuyos datos expiran de un año para otro? Hay usos pequeños y sencillos como la creación de lacitos para regalos o como papel de envolver, y cualquiera que haya limpiado una ventana habrá probado el truco, bastante eficiente, de utilizar papel de guía telefónica, de revista o de periódico. Otros usos más complejos, de guía telefónica o de cualquier tipo de papel, se refieren a la moda. En esta ronda de fotos de Flickr podéis encontrar un ejemplo muy elaborado de las posibilidades de una guía telefónica completa, diseñado y producido por una estudiante de arte.

Y no podemos olvidarnos del libro, y del arte asociado a éste, en lo que se refiere al acto de protesta. En Edimburgo ha surgido un artista que ha dejado un rastro de pequeñas esculturas creadas de libros, posiblemente como respuesta a los recortes presupuestarios dedicados a bibliotecas y a otros centros relacionados con la literatura. Las piezas son auténticas muestras de amor por el arte y el libro y han ido apareciendo a lo largo del año a las puertas (o en el interior) de diferentes centros que se dedican a la promoción y conservación del libro. El artista permanece en el anonimato, y deja pequeñas notas junto a sus regalos, generalmente con palabras de agradecimiento por la labor del centro agasajado, además de una extraña fijación con el escritor Ian Rankin. Sólo se sabe, por sus propias notas, que se trata de una mujer. En el blog del “paparazzi literario” escocés Chris Scott pueden encontrarse numerosas imágenes de las obras regaladas, además de información sobre qué han hecho los centros con sus presentes.