Lecturalia Blog: reseñas, noticias literarias y libro electrónico

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De biografías inventadas y otras falsedades (I)

AutorGabriella Campbell el 14 de abril de 2012 en Divulgación

En mil pedazos

Como ocurre con cualquier sector, el ámbito literario también tiene su larga lista de tramposos, plagiadores, mentirosos y desvergonzados que no han dudado a la hora de fabricar grandes estafas con el objetivo de hacerse ricos y famosos. Uno de los géneros más populares para ello es el de la autobiografía, ya que la tentación de convertir una vida ya de por sí llamativa en una vida espectacular es demasiado grande, y con frecuencia los mayores engaños no proceden de la avaricia sino del propio orgullo.

En este sentido, uno de los casos más impactantes de nuestro tiempo fue el de James Frey, autor de En mil pedazos. Frey describió, utilizando un estilo curioso, casi de monólogo y flujo de conciencia, su difícil experiencia como ex-adicto, y su novela alcanzó un éxito impresionante, sobre todo después de una recomendación personal de la diva estadounidense Oprah Winfrey, cuyas opiniones suelen significar cifras millonarias de ventas para las obras que tienen la suerte de caer en sus manos y, lo más importante, gustarle. Sin embargo, una serie de investigaciones llevadas a cabo por diversas publicaciones como The Smoking Gun o The Star Tribune terminaron por demostrar que muchos de los datos que había dado Frey en su libro, como el tiempo que había pasado en la cárcel o el suicidio de uno de los personajes, eran o bien falsos o por lo menos cuestionables. En un nuevo encuentro televisado con Oprah, Frey tuvo que admitir que había exagerado y modificado partes de su obra, con motivaciones tanto personales como estilísticas, y es más, la propia editora de su libro, la prestigiosa Nan Talese, vicepresidenta de la inmensa firma editorial Doubleday, tuvo que admitir ante el público televidente que no había comprobado la veracidad de la novela de Frey, obra que ante otros había vendido como “brutalmente honesta” y totalmente verídica.

No terminaron aquí los problemas de Frey, que fundó un sello editorial en 2009 llamado Full Fathom Five, buscando emular el éxito de sagas como Crepúsculo creando novelas de consumo rápido dirigidas a un público joven. En noviembre de 2010, una estudiante universitaria publicó en Internet el contrato que había firmado con dicho sello, un acuerdo legal tan injusto y restrictivo (entre otras cláusulas inaceptables, afirmaba que a los autores se les podía eliminar de un proyecto sobre la marcha, y que podía publicarse su obra sin usar su nombre, además de establecer un anticipo bastante ridículo como pago), y poco a poco salió a la luz que Frey utilizaba mano de obra universitaria para producir libros como churros, ofreciéndoles a cambio una escasa compensación tanto económica como personal, con poco o ningún respeto por su posición como autores.

A pesar de todo, Frey sigue activo en el mundo literario, si bien sus libros posteriores a En mil pedazos han recibido críticas muy dispares, oscilando entre reseñas que lo consideran brillante y otras que lo definen como un autor de baja estofa. Siempre habrá escritores dispuestos a mentir para alcanzar el estrellato, y de ello seguiremos hablando en la segunda parte del artículo.

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¡Zas! de Terry Pratchett

AutorAlfredo Álamo el 13 de abril de 2012 en Reseñas

¡Zas! de Terry Pratchett

Si a estas alturas no conoces a Terry Pratchett es que nos sigues desde hace poco en Lecturalia. El maestro británico del humor y la fantasía es uno de nuestros autores favoritos y le tenemos en especial estima, sobre todo desde que decidió seguir escribiendo igual que siempre pese a estar afectado por la enfermedad de Alzheimer. ¡Zas! es su novela número 34 ambientada en el universo del Mundodisco y he de decir que sigue tan brillante como siempre.

¡Zas! es el ruido que hace el garrote de un troll cuando golpea el casco de un enano, un sonido que se ha repetido en los últimos cientos de años unas cuantas veces, ya que ambas razas han escogido un peculiar camino lleno de desencuentros, por así decirlo. Pero en Ankh-Morpok viven juntos trolls, enanos y humanos (además de vampiros, hombres lobo, zombis y un largo etcétera de apariciones) y la guardia de la ciudad tiene que mantener la paz a toda costa, aunque aparezca muerto un líder enano justo antes de los días más tensos del año.

De nuevo será Sam Vimes, junto con el resto de la tropa habitual, el encargado de lidiar con una conjura contra la ciudad y que incluso logra traspasar los límites habituales para convertirse en un asunto personal. En ¡Zas! Pratchett toca temas que nos son tan conocidos com la intolerancia, el fanatismo y las dificultades de integración en un mundo multicultural. Claro que Pratchett lo hace a base de oscuras maldiciones enanas, artefactos perdidos, trolls gigantescos y un buen número de ¡Zas!

¡Zas! es un excelente entretenimiento que hará las delicias de los seguidores de Pratchett y que puede ser leído por cualquiera con una mente abierta, ganas de divertirse y asistir a esa crítica ácida y mordaz de la sociedad contemporánea en que se han convertido los últimos libros del autor inglés.

Próxima parada… El Atlético Invisible.

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¿Quién es el autor más joven del mundo?

AutorGabriella Campbell el 12 de abril de 2012 en Divulgación

Escritores jóvenes

¿Quién es, o ha sido, el escritor publicado más joven del mundo? Aunque la pregunta podría parecer sencilla, la respuesta no lo es en absoluto. Cada país, estado y cultura afirma que su propio niño prodigio ostenta el récord mundial, y los datos que pueden encontrarse son confusos. Por un lado tenemos a Christopher Beale, que con sólo seis años ha publicado su novela de 1500 palabras, This and Last Season’s Excursions (Las excursiones de esta temporada y de la anterior), de la mano de Aultbea Publishing Ltd. Hay que tener en cuenta que la autoedición permite que cualquier familia orgullosa pueda lanzar al mercado la obra de su pequeño, tenga ésta valor literario o no, y parece ser que Aultbea es famosa por ofrecer coedición encubierta, por la que exige a sus autores aportaciones económicas elevadas para proporcionarles las publicaciones que ansían. Asimismo, se especializa en la edición de obras de niños y autores muy jóvenes, para las que organiza grandes campañas de publicidad centradas en la escasa edad de sus escritores. Por esto, podríamos preguntarnos si Beale es un candidato válido para la cuestión que nos atañe, que es averiguar cuál es el prodigio que ha podido publicar antes una obra de determinada calidad, avalada por un filtro editorial potente. En cualquier caso, hay que ser un niño especial para soltar 1500 palabras de golpe (el padre de Beale es también escritor, lo que explicaría su afición por el mundo de las palabras).

Todo apunta a que la escritora más joven de la que tenemos conocimiento es Dorothy Straight, que publicó How The World Began (Cómo comenzó el mundo) con Pantheon Books en los años 60. La niña escribió la obra para su abuela cuando contaba con tan sólo cuatro años y sus padres la enviaron a la editorial, que accedió a publicarla. Cuatro años es una edad sorprendente, pero a lo largo de la historia nos encontramos con otros escritores que, si bien empezaron un poco más tarde, impresionan por su precocidad. Nuestro Lope de Vega, por ejemplo, que se estrenó como dramaturgo con tan sólo doce años, es un ejemplo de inmenso talento desde una edad muy temprana. Caso aparte es el de Anna Frank, que tenía trece años cuando escribió su famoso diario. Su obra nos impresiona más por el contenido que por la forma, pero es un libro que se mantiene vivo a día de hoy.

Otra obra interesante es The World Through a Child’s Eyes (El mundo a través de los ojos de un niño), de Michael Brasier, ya que narra las vivencias de un niño durante sus viajes (a más de 35 países), entre la edad de seis y doce años. Aquí, como ocurre con Anna Frank, lo impactante es el relato de experiencias que no suelen asociarse a personas tan jóvenes. Esto mismo ocurre con la obra de Thomas Chatterton, un poeta y autor de libros de misterio que vivió en el siglo XVIII. Con tan sólo 17 años, y ante la perspectiva de morir de hambre, se suicidó, envenenándose con arsénico. Durante su corta y dura vida, fue de lo más prolífico, escribiendo hasta libros de historia y publicando relatos en diversas publicaciones periódicas.

Por lo general parece ser que, como ocurre con niños prodigio en otros sectores, los jóvenes escritores suelen ser fenómenos de un día que no suelen arrastrar su fama y prestigio hasta la edad adulta. ¿Se os ocurre alguna excepción? ¿Hay algún escritor al que sigáis que empezara a publicar a una edad muy temprana? Como siempre, esperamos vuestras aportaciones en los comentarios.

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Nuevas formas para reciclar libros

AutorGabriella Campbell el 11 de abril de 2012 en Noticias

Reciclar libros

¿Recordáis que debatimos en un artículo anterior sobre cuál era la mejor forma de reciclar y darle nueva vida a los libros que ya no necesitábamos? En los comentarios encontramos muchas opiniones enfrentadas; algunos de vosotros abogabais por convertir los libros en algo nuevo, aprovechable (como aquellas obras de arte que os enseñamos, o incluso bolsos o muebles), mientras que otros defendíais el valor de todos los libros, y su derecho a seguir existiendo como tales cuando su dueño ya no los quería. Puede que el artista japonés Koshi Kawach haya dado con una forma más que interesante de proporcionarles nueva vida, si bien su proyecto, el “manga farming”, es sólo una muestra de la influencia que podría tener la industria del libro en el mundo del cultivo.

Kawach expuso su idea en un centro comercial de Nagoya, en 2010, exhibiendo grandes tomos de manga que se habían utilizado para plantar brotes de rábano (kaiware-daikon). Con añadir un poco de agua y sol fue suficiente para que las plantas brotasen, produciendo un efecto divertido y agradable a la vista (por lo menos dentro de una instalación artística). Pero más allá de su impacto artístico Kawach reflexiona sobre las posibilidades del papel, cuya pulpa podría usarse como un fertilizante barato y eficiente, sobre todo teniendo en cuenta la inmensa cantidad de libros no vendidos que se destruyen cada año.

El mayor inconveniente del uso de la pulpa de papel como fertilizante es su bajo contenido en nitrógeno, pero ya existen estudios y propuestas rentables que ofrecen salidas a esta complicación. Teniendo en cuenta que en los Estados Unidos, uno de los mayores productores de libros del mundo, la industria del papel produce cinco millones de toneladas de pulpa en forma de sedimento sólido, no estaría de más que pudiera, por un lado, reducirse dicha cantidad (algo que seguramente ocurrirá con el ascenso del libro electrónico) y, por otro, aprovecharse para algo más productivo que llenar vertederos. La elección de Kawach del manga como base para el cultivo no es gratuita; en Japón el manga ocupa una tercera parte del sector editorial, ya que hablamos de una industria muy lucrativa que se traduce en aproximadamente 10 billones de dólares en ventas anuales. Se venden unos 2 mil millones de tomos de manga al año en Japón, y suele tratarse de ejemplares baratos, de baja calidad, destinados al consumo rápido. Por esto, el desecho que pueden generar debe de ser también espectacular. Aunque el objetivo de Kawach haya sido tan sólo estético (se le presupone intención de, por lo menos, hacernos reflexionar, aunque es dudoso teniendo en cuenta que algunas de sus instalaciones anteriores eran de patatas fritas lacadas, aperitivos en forma de anillo con diamantes incrustados, o mapas realizados con ramen seco), no deja de sugerirnos que esta forma de reciclaje es una posibilidad más para los libros, revistas y periódicos que ya no necesitamos.

La película de La Huésped coge forma

AutorAlfredo Álamo el 10 de abril de 2012 en Noticias

The host - La huésped

Hola, aficionados a las novelas de Stephenie Meyer. Espero que hayáis disfrutado de todas las entregas cinematográficas de la Serie Crepúsculo, a las que sé que habéis ido en masa visto el monto total de recaudación de la trilogía (alargada). Tengo noticias frescas para vosotros.

Ya tenemos disponible la primera imagen de la adaptación de The Host (La Huésped), esa novela de Meyer que no sé si habéis leído, ya que ha tenido muchísimo menos movimiento que sus novelas vampíricas. Lo cierto es que en Estados Unidos sí que ha vendido bien y por eso decidieron emprender un proyecto sobre este triángulo amoroso con tintes de ciencia-ficción.

Lo cierto es que no sé cómo le han sentado las películas de Crepúsculo a Stephenie Meyer, pero está claro que con La Huésped no ha querido cogerse los dedos con el director, y menos con el guión, ya que parece suyo, y ha elegido a Andrew Niccol, un hombre en el que todos depositamos nuestras esperanzas tras ver su excepcional opera prima, Gattaca, allá por el 1997 -somos unos viejunos, lo sé-, y que nos dejó fríos con la segunda, Simone (2002). Volvió a dar signos de vida con la más que interesante El señor de la guerra (2006) (en la que hasta Nicholas Cage lo hace bien), antes de quedarse a medias con In Time (2011) con Justin Timberlake de protagonista.

Con estos antecedentes puede que toque una buena de Niccol, a ver si es verdad, apoyado en una serie de actores que no están nada mal, como Saoirse Ronan, William Hurt, Diane Kruger o Max Iron. (Bueno, de este último lo mejor es el nombre, qué os vamos a contar)

De todas formas, no hace falta que hagáis cola en la puerta de los cines, la fecha de estreno de La huésped en España todavía no se sabe. La aproximada en Estados Unidos es para el 29 de marzo de 2013, así que si todavía no os habéis leído el libro, tenéis tiempo de sobra para poneros al día.

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¿Quieres mi libro, editor? ¡Paga!

AutorAlfredo Álamo el 9 de abril de 2012 en Opinión

J. K. Rowling

Si el otro día hablábamos de cómo J. K. Rowling se había liado la manta a la cabeza y puesto en marcha su propia tienda en Pottermore para vender los ebooks de Harry Potter, dando de lado a su editorial en papel y también a grandes tiendas online como Amazon, que ahora funcionan como «resellers», la escritora inglesa vuelve a sonar, pero esta vez en el mercado español.

No, no se trata de la fecha de los ebooks de Potter en español, ese sigue siendo un secreto bien guardado, en esta ocasión Rowling ha comenzado a subastar los derechos de su siguiente novela, esa de la que os informamos aquí, y de la que no se sabe prácticamente nada. Lo cierto es que los rumores apuntan a que será novela «negra» aunque personalmente veo más a Rowling haciendo novela enigma o detectivesca que acercándose a la crítica social revólver en mano. Sea como sea, las grandes editoriales españolas han sido invitadas a pujar por el libro sin nombre, sinopsis o género confirmado.

Hasta ahora la obra de Rowling era publicada por Salamandra, pero en esta nueva aventura Rowling no se lleva amigos y busca nuevos compañeros de viaje. Desde luego, puede que algunos consideren arriesgado pujar por un libro tan misterioso. Si no cambiara de registro de manera tan radical se darían puñetazos por hacerse con el libro, pero al elegir un nuevo camino tan diferente sí que nos enfrentamos a una decisión empresarial arriesgada.

Pocos autores pueden aparecer sin nada real entre las manos y convocar así a las editoriales, provocando la competencia entre grandes grupos. Rowling se aprovecha de su enorme tirón, pero, ¿será suficiente? En caso afirmativo, ¿será un primer paso para que las grandes estrellas literarias se salgan hasta de las Ferias? Sin duda es otra demostración de fuerza, quizá la primera hacia un definitivo abandono de editoriales que no contribuyan de manera muy activa a la mejora, venta y distribución del producto final.

Más razones para leer: El poder de los recursos estilísticos (y II)

AutorGabriella Campbell el 8 de abril de 2012 en Divulgación

Cerebro y palabras

Como ya comentábamos en la primera parte de este artículo, la lectura de determinadas palabras y expresiones produce reacciones en el cerebro muy similares a las que se experimentan en la vida real. Ya hemos hablado del llamativo efecto de la metáfora y de la antítesis, pero según Véronique Boulenger, del Laboratorio de Dinámica del Lenguaje de Francia, los verbos y términos que expresan traslado y movimiento activan del mismo modo las partes de nuestro cerebro que utilizamos para movernos. De este modo, si leemos que un personaje le da una patada a una pelota, en nuestro cerebro se “iluminan” las secciones dedicadas a realizar acciones motoras. En el departamento de psicología cognitiva de Toronto han llegado a sugerir que el cerebro, al leer, “carga” las experiencias percibidas en el cerebro, como si se tratara de una simulación, de un videojuego hiperrealista. Además, nos ofrece algo que la vida real no puede: entrar en los pensamientos, sensaciones y aventuras de otra persona, alguien que puede ser completamente distinto a nosotros, lo que nos ofrece vivir una serie de momentos, emociones y acciones que de otro modo nos serían imposibles; un ejercicio, además, que mejora nuestra empatía y nos prepara para entender y relacionarnos mejor con aquellos que nos rodean. Parece ser que nuestro cerebro crea una especie de mapas, de lugares, sentimientos y datos, dedicados en exclusiva a los personajes de los textos que leemos. Para ello, claro, el medio estrella es la novela, ya que nos da la suficiente información para crear mapas muy complejos y detallados.

En el artículo que mencionamos de Annie Murphy Paul sobre la neurociencia y la ficción, ésta nos habla de una serie de estudios realizados en colaboración por el departamento de Toronto y especialistas canadienses de la Universidad de York, que demostraban que aquellas personas que leían con frecuencia tenían mayores habilidades para empatizar con los demás, para entenderlos, para ver el mundo desde otras perspectivas. Llegaron a estas conclusiones a través de una serie de pruebas que descartaban que todo esto partiera de que los individuos de naturaleza más empática disfrutaran más de la lectura que otro tipo de individuos: se realizaron pruebas a niños de muy temprana edad, en las que se descubrió que los niños a los que se les leían cuentos de manera habitual desarrollaban de manera mucho más significativa esta cualidad empática (esto también ocurría con los que veían películas, pero no con los que veían programas de televisión, posiblemente porque al ver la televisión a solas los niños no gozaban de una interacción provechosa con sus padres, lo cual da bastante que pensar respecto al valor del diálogo posterior a la lectura, a ese análisis en común que nos ayuda a percibir todo tipo de elementos que antes no habíamos descubierto en el texto, como nos ocurre al leer una crítica bien hecha o al comentar un libro con amigos). Todo esto indicaría que no sólo se trata de la lectura, sino que la exposición a cualquier tipo de narrativa estructurada y de calidad produce seres humanos más comprensivos y tolerantes. Y nada mejor para ello que una buena película o, cómo no, una joya literaria.

La tribu amazónica que desafió a Chomsky

AutorGabriella Campbell el 7 de abril de 2012 en Divulgación

Tribu Amazónica Pirahã

Cuando el misionero Daniel Everett visitó por primera vez a una tribu que vivía escondida en una de las zonas más remotas del Amazonas, su intención era convertirla al cristianismo. No sólo no lo consiguió sino que, varios años después, ha perdido su propia fe, y de evangelista con conocimientos de lingüística se ha transformado en académico laico, obsesionado con compartir con los demás todo lo aprendido del fascinante lenguaje de la tribu con la que convivió: el Pirahã.

No sería la primera historia de misionero reconvertido, ni la primera historia de investigador centrado en una lengua desconocida para el resto del mundo. Lo que hace que el caso de Everett sea realmente excepcional es que sus escritos sobre el Pirahã desafían algunas de las teorías más estables e importantes de la lingüística contemporánea, y ante todo atacan a la Gramática Universal de Noam Chomsky. Chomsky asegura que el fundamento común de las lenguas humanas es su recursividad, un proceso, generalmente asociado a la subordinación, que permite a un hablante incluir una cláusula dentro de otra de manera teóricamente ilimitada. Este fundamento sería lo que nos permitiría mantener una comunicación rica y compleja que nos diferenciaría, por ejemplo, de los animales; y este es un principio que Everett discute al presentarnos a los “cabezas rectas”, una tribu cuyo lenguaje carece de esta característica, sin perder por ello su facultad comunicativa. Tal vez responda al hecho de que esta tribu piense siempre en presente, careciendo de memoria histórica o concepto de futuro (eliminando por tanto ideas trascendentales como la existencia de una divinidad superior, razón por la que Everett no podía presentarles la religión cristiana, ni ninguna religión, como plausible), pero sea como sea, pone en duda las afirmaciones del que posiblemente sea el mayor lingüista de nuestros tiempos.

¿Pero es realmente esta lengua amazónica para la Gramática Universal lo que aquel neutrino rebelde pudo ser para la teoría de la relatividad de Einstein, o se trata, como con éste, de un error de procedimiento? Después de todo, nadie puede comprobar, por ahora, si lo que asegura Everett es cierto, ya que es el único académico que conoce la lengua Pirahã lo suficiente como para realizar un análisis útil. A esto se une el hecho de que a los científicos, por razones obvias, les pone muy nerviosos que vayan por ahí desbaratando sus bases teóricas, por lo que Everett ha hecho unos cuantos enemigos en el mundo académico, hasta el punto de que algunos profesionales han llegado a influir en la organización que concede los permisos para este tipo de viajes de investigación en Brasil, y a Everett ya no se le permite visitar a la tribu de la discordia.

Teniendo en cuenta el avance tortuoso y lento de las investigaciones lingüísticas, este debate puede tardar años en cerrarse, ya que no hay forma, por ahora, de probar que las afirmaciones del ex-misionero sean ciertas, ni manera de interpretar qué significarían, a la larga, para el mundo de la lingüística. Como en tantos otros campos de conocimiento, la aparición de nuevos datos, lejos de ayudarnos a confirmar aquello que ya sabíamos, contribuye a abrir más y más puertas de duda y confusión.

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El peor artículo de la historia de Vogue

AutorGabriella Campbell el 6 de abril de 2012 en Divulgación

Vogue - Obesidad infantil

Partamos de la base de que Vogue no es una revista que destaque por sus contenidos literarios. Por sus relucientes páginas han paseado algunos de los mejores diseñadores, modelos y fotógrafos del mundo pero, aunque ha habido alguna pluma notable invitada, la calidad de sus textos no es su mayor baza. Por esto, cuando Jezebel.com, el influyente sitio web estadounidense enfocado a mujeres, criticó con dureza uno de sus artículos, llamándolo “el peor artículo de la historia de Vogue”, uno no puede sentir más que curiosidad por saber de qué trataba dicho texto, sobre todo teniendo en cuenta que la propia Jezebel.com es poco más que un sitio de cotilleo y artículos de opinión.

El artículo de Vogue, titulado Weight Watchers y escrito por Dara-Lynn Weiss, una de estas personas que uno nunca sabe realmente por qué son famosas (parece ser que por ir a muchas fiestas en Manhattan), se centra en los meses de pesadilla por los que pasó Weiss intentando que su hija, la pequeña Bea, perdiera peso. Después de que el pediatra diagnosticara a Bea, de siete años, de obesidad, Dara-Lynn recurrió a la dieta de la Dra. Dolgoff, llamada Red Light, Green Light, Eat Right (Luz roja, luz verde, come bien), para ayudar a su hija a perder peso. La dieta en cuestión, enfocada a niños con problemas graves de peso, es bastante razonable, ya que insiste en la necesidad de comer sano, realizar ejercicio y ayudar a los niños a que tomen ellos mismos las decisiones sobre qué comer, para que adquieran hábitos saludables para el resto de su vida. Sin embargo, parece que Dara-Lynn se olvidó de la parte de “tomar ellos mismos las decisiones”, y describe en su artículo cómo humilló en varias ocasiones a su hija, montando escenas cada vez que alguien le ofrecía un dulce, o cómo en un Starbucks le gritó a un empleado por no saber cuántas calorías contenía una bebida (tras lo cual tiró dicha bebida a la basura). Dara-Lynn reconoce que podría estar proyectando sus propias experiencias con las dietas, y sus problemas con el control de peso, en la dieta de su hija, y celebra, en el artículo, cómo su hija por fin ha perdido el peso necesario. Como recompensa, la llevó de compras para adquirir unos bonitos vestidos nuevos, y Vogue les hizo una sesión de fotos.

Por desgracia, el artículo no está disponible online, así que la mayoría de opiniones se basan en extractos publicados en Jezebel. Es complicado comprender así el contexto de Weiss, pero no hay duda de que el tema ha levantado ampollas por todo el mundo, y no queda claro si la neurosis de Weiss responde a una preocupación real por la salud de su hija, o si se trata de un miedo irracional a que su niña sea “gorda, el mismo miedo que la ha perseguido a ella misma durante toda su vida. Sea como sea, Random House ya le ha ofrecido publicar un libro sobre el tema en su sello Ballantine, lo que promueve la idea de que obsesionarte sobre lo que come tu hija es algo que merece promoción y aplauso y, más aun, que lo que pueda esto afectar a tu niña, al exponer ante la opinión pública algo tan irrelevante como su peso, te importa menos que ver tu propia imagen, sonriente, en una solapa.

Más razones para leer: El poder de los recursos estilísticos (I)

AutorGabriella Campbell el 5 de abril de 2012 en Divulgación

Cerebro y palabras

Recuerdo haber leído hace un tiempo en un comentario de Scott Adams, a una de sus tiras de Dilbert, que estaba muy impresionado por la letra de la canción Bad Romance, de Lady Gaga. Adams, de formación científica, probablemente nunca se había encontrado con la definición de oxímoron, antítesis o incluso de paradoja (por lo menos no en el sentido literario), y se encontraba muy sorprendido por el efecto de las contraposiciones que podían encontrarse en la canción, ya que obligaban a su cerebro a recurrir a dos conceptos aparentemente irreconciliables y opuestos como “querer” o “desear”, ideas tradicionalmente asociadas a cosas positivas, y “enfermedad” o “venganza”, términos de clara connotación negativa. Esta unión de vocablos de significados tan dispares obligaba al cerebro a realizar un esfuerzo no acostumbrado y a crear conceptos totalmente nuevos. Mientras una parte de mí se burlaba de este señor de aparente superioridad intelectual, que dedicaba quinientas palabras a descubrir él solito la poesía (si tal fue su impresión con Gaga, mejor no dejarle cerca nada de Quevedo), otra no dejaba de preguntarse cómo este tipo de recursos retóricos afectan a nuestra forma de pensar, y cómo podríamos utilizar este conocimiento para reivindicar lo literario más allá de lo estético, artístico y socio-político.

Pero eso ya lo ha hecho por mí la periodista Annie Murphy Paul, quien en un reciente artículo para el New York Times nos explica los resultados de varias investigaciones en el campo de la neurociencia que aportan datos muy interesantes del efecto de la lectura en nuestro cerebro. Ya hablamos en otro artículo de Lecturalia sobre cómo la lectura obligaba a nuestra mente a crear sistemas y planos de pensamientos diferentes y nuevos, pero Paul hace mención a ciertos recursos retóricos que también ofrecen resultados sorprendentes. Del mismo modo que la paradoja de Lady Gaga obligaba al cerebro de Adams a tomar conceptos de zonas muy distintas del cerebro y a unificarlos creando nuevas nociones y conexiones neuronales, Paul explica la importancia de la metáfora, otro de esos recursos fundamentales en la literatura y que produce reacciones en nuestro cerebro del todo asombrosas. Según las investigaciones de la revista NeuroImage, los sujetos que se prestaron a leer determinados textos, mientras sus cerebros eran monitorizados, respondían de manera muy diferente ante expresiones normales (o ante metáforas que, siguiendo al teórico Paul Ricoeur, podríamos denominar como “muertas”, es decir, tan utilizadas y tópicas que no aportan nada nuevo) que ante textos que contenían metáforas “vivas(aquellas que o son nuevas o no las conocemos lo suficiente como para ser indiferentes ante ellas).

Los textos metafóricos incitaban al cerebro a activar zonas que no suelen asociarse con la comprensión comunicativa, como aquellas que se relacionan con los sentidos: de este modo, una persona que leyera las palabras “el cantante tenía una voz aterciopelada”, tendría activada la zona de su cerebro relacionada con el sentido del tacto. En la segunda parte del artículo veremos más ejemplos de cómo ciertos recursos y palabras, al ser leídas, activan diferentes partes de este órgano, convirtiendo la experiencia de leer en una experiencia muy parecida a la experiencia de vivir.