Lecturalia Blog: reseñas, noticias literarias y libro electrónico

113.483 libros, 24.682 autores y 95.058 usuarios registrados

Cincuenta sombras de Grey, de E. L. James

AutorRaquel Vallés el 29 de agosto de 2012 en Reseñas

50 sombras de Grey - E. L . James

Cincuenta sombras de Grey, de E. L. James, es uno de los best sellers del año gracias en buena parte a una enorme campaña de publicidad por parte de la editorial y que amenaza con llenar las estanterías de las librerías con libros similares. Normalmente en Lecturalia no hacemos reseñas de libros que no nos parecen interesantes, excepto si tiene una buena puntuación por vuestra parte en nuestra web o, como en este caso, el mercado editorial pierde la cabeza por un título determinado.

Anastasia Steele es una estudiante de Literatura inglesa con la cabeza llena de pájaros gracias a lecturas como Jane Eyre, que espera a que su príncipe azul aparezca y que permanece, a punto de terminar la carrera, inocente y casta. Entonces conoce a un hombre que podría ser la pareja perfecta: rico, guapo, intrigante, pero que tiene un lado oscuro y que quiere iniciarla en el sadomasoquismo. Con semejante argumentos se podría haber contado una historia entretenida pero, lamentablemente, la autora se toma demasiado en serio su historia.

Cincuenta sombras de Grey no pasa de ser un típico libro de género romántico con todos los ingredientes que esperarías encontrar: mujer insegura que se encuentra con macho protector que le ayuda a entenderse; macho que, por supuesto, tiene un pasado complicado que la heroína está dispuesta a ayudarle a superar. Desconozco el tratamiento de las escenas de sexo en la romántica actual, pero es uno de los aspectos en que se ha basado la campaña publicitaria para presentarlo como un libro diferente; no esperéis maravillas, la prosa es tan pobre que pierde la capacidad de ser algo más que un puñado de escenas de mala pornografía.

Este es uno de los grandes problemas del libro: la limitada capacidad literaria de la autora, que nos presenta una historia en primera persona contada por una protagonista cuya vida interior es similar a la complejidad celular de la ameba, de forma que la supuesta exploración del yo a la que se ha de enfrentar la protagonista queda en poco más que un chiste mal contado. Es una lástima que estudiar literatura inglesa sólo le sirva para tener una visión adolescente del mundo en lugar de para mejorar su capacidad de introspección.

Es un libro que sólo recomendaría a grandes aficionadas a la novela romántica, siempre y cuando tengan una diosa interior como la protagonista (además de pájaros, en su cabeza caben un subconsciente y una diosa interior que le anima con pompones, en lo que debe ser el equivalente al angelito y demonio de los dibujos animados en versión lectora de Cosmopolitan).

Mi consejo es que no perdáis el tiempo. Si pensáis en leerlo para tener algo que comentar con las amigas, cambiad de tema o buscad información sobre sadomasoquismo, si es que os hace falta, en Internet para epatarlas con vuestros conocimientos sobre máscaras de cuero.

Autores relacionados Autores relacionados:
E. L. James
Libros relacionados Libros relacionados:
Cincuenta sombras de Grey

Portadas de gatitos

AutorGabriella Campbell el 28 de agosto de 2012 en Divulgación

Gatos y libros

La Feria Internacional del Libro de Edimburgo es una gran celebración que lleva convocándose desde su fundación en 1983. Aparte de ser uno de los festivales de este tipo más importantes del mundo, siempre aporta nuevas ideas y encuentros productivos tanto para los profesionales relacionados con el sector del libro como para los lectores de a pie. Más allá de ciertos eventos que nos han llamado la atención, como la reaparición del misterioso escultor de libros del que ya os hablamos hace algún tiempo, que ha dejado nuevos regalos, en forma de exquisitas flores de papel acompañadas de citas de Óscar Wilde (llevaba ya un año sin hacer ningún presente), hemos querido hablaros de la conferencia que dieron los diseñadores Jon Gray y Jamie Keenan en esta feria del libro escocesa acerca de qué es lo que realmente nos hace comprar un libro cuando nos fijamos en su portada. Gray y Keenan (si no conocéis su trabajo, echadle un vistazo, en el de Keenan sobre todo encontraréis cubiertas muy familiares, como las de la colección de Iain Banks para Abacus) enumeran veinte teorías acerca de qué atrae a un lector potencial. Por aquí os dejamos las más llamativas; podéis ver el artículo original con la enumeración completa aquí:

-La teoría del rostro: Hay estudios que afirman que los seres humanos se pasan la mitad de sus vidas descodificando la comunicación facial, así que es normal que las caras, sobre todo si están semiocultas, nos llamen la atención. Gray y Keenan ponen de ejemplo la obra de Nick Hornby Otherwise Pandemonium, que hace uso de la cinta de una casete para componer una cara.

-La teoría del zurullo: Esta noción parte de que si coges un elemento feo y/o repulsivo, y lo multiplicas en una portada utilizando colores llamativos, obtienes un feísmo atractivo. Lo que era desagradable se convierte en armónico y a la vez sorprendente.

-La teoría molecular: Las partes forman un todo; un elemento que puede tener relación con el texto del libro se combina una y otra vez hasta crear un objeto mayor, también relacionado con éste. Un claro ejemplo es Comitiva de embusteros, de Karen Maitland, cuya portada inglesa muestra la imagen de un lobo compuesto de pequeñas cruces (la novela trata de la peste negra).

-La teoría de la ofuscación: Hay elementos semiocultos o parte de la imagen principal desaparece para dar lugar a la rotulación. Así, lo que no está a la vista de manera directa hace más interesante todo lo demás, ya que el cerebro tiene que trabajar para recomponer la imagen.

Y por supuesto, terminan con la Teoría del gatito mimoso, que hace referencia al uso de elementos monos o tiernos en el diseño para despertar un instinto maternal o de protección en el receptor. Porque no hay nada que nos atraiga tanto como un lindo gatito, y si no que se lo pregunten a Internet.

Autores relacionados Autores relacionados:
Iain Banks
Karen Maitland
Nick Hornby
Oscar Wilde

REAMDE, de Neal Stephenson

AutorAlfredo Álamo el 27 de agosto de 2012 en Reseñas

REAMDE - Neal Stephenson

El autor americano Neal Stephenson se ha labrado una sólida reputación dentro del género de la ciencia ficción, aunque dentro de su obra le ha dedicado más tiempo a la historia con su flamante Ciclo Barroco, así como al llamado tecnothriller gracias a libros como el que nos ocupa en esta ocasión, REAMDE.

Con REAMDE Stephenson trata de acercar al gran público una realidad cada vez más notable, la de la globalización del ocio gracias a la aparición de los juegos online multijugador, en especial aquellos que forman a su alrededor comunidades de cientos de miles de usuarios, como el conocido WoW. El autor americano crea un juego en teoría mucho más popular y, en un principio, lo convierte en eje de la narración. Es interesante cómo va cambiando del mundo real al virtual y cómo las acciones y desarrollos en ambos entornos pueden influirse mutuamente. Interesante y contado en un tono didáctico en ocasiones, pero que permite a la historia desarrollarse de manera natural.

Stephenson mezcla este elemento «tecno» con un «thriller» que empieza bastante bien con una intriga que incluye a la mafia rusa y algunos elementos de espionaje hasta que lo entronca, gracias a una total y absoluta casualidad, con el terrorismo yihadista internacional. Pese a estar por encima del clásico best-seller de género, Stephenson alarga las situaciones a partir del momento en que aparece este elemento terrorista y, en mi opinión, cambia completamente de registro, derivando más hacia una novela en la que no aporta nada más que la mera pirotecnia de unos personajes carismáticos, marca de la casa.

Si bien los elementos más tecnológicos de REAMDE pueden encontrar un precedente claro en la novela de Mark Fabi, Wyrm, Stephenson logra un gran acierto al introducirnos en la realidad actual de ese mundo virtual que apuntaba Fabi en 1998 (y hoy completamente desfasado, claro). Por desgracia no va más allá y se contenta con un ejercicio de narración sencilla y, por momentos, interminable.

REAMDE es un libro que decepcionará a los que esperen un Stephenson en estado de gracia, pese a lo cual agradará a aquellos que no busquen algo más complicado que un buen best-seller para pasar todo el verano (gracias, sobre todo, a sus más de 1000 páginas).

Autores relacionados Autores relacionados:
Neal Stephenson
Libros relacionados Libros relacionados:
Reamde

Detrás del Pulitzer 2012

AutorGabriella Campbell el 25 de agosto de 2012 en Divulgación

Swamplandia

Hace poco el escritor Michael Cunningham, que seguramente os resultará familiar como autor de Las horas, publicó en uno de los blogs del New Yorker estadounidense un artículo bastante largo y emotivo en el que narraba el proceso de selección del premio Pulitzer de ficción de 2012.

Tal vez recordéis que ya hablamos de los resultados del Pulitzer en un artículo anterior. La entrada de Cunningham es muy interesante, ya que proporciona una ventana al proceso de elegir un libro memorable, un libro adalid de la cultura estadounidense (al fin y al cabo, los requisitos principales de dicho premio son que el autor sea estadounidense, o nacionalizado como tal, y que su obra verse sobre la vida en Estados Unidos, de un modo u otro).

Lo primero que podría sorprendernos es que dicho proceso de selección se realizó entre solo tres personas (Cunningham, que ya había obtenido el Pulitzer en el año 1999, la editora Susan Larson y la crítica Maureen Corrigan), que optaron por tres finalistas, que a su vez se entregaron a un panel profesional que sería el responsable de elegir el ganador. El panel no pudo llegar a una decisión unánime y el premio quedó desierto.

Uno puede preguntarse por la validez de opinión de solo tres personas cuando se trata de elegir la lista de finalistas de uno de los premios literarios más relevantes del mundo. Los finalistas que se presentaron pertenecen a tres libros formalmente abigarrados y complejos; tal vez se echó en falta alguna otra perspectiva muy distinta a las tres que realizaron la selección. Puede, incluso, que hiciera falta una visión más realista de la literatura actual, tal como hicieron, arriesgándose de modo evidente, los miembros del jurado que seleccionaron a Barnes para el Premio Booker británico, al decantarse por una obra en apariencia más sencilla (apunto, en apariencia, ya que la maestría formal de A Sense of an Ending es apabullante, gracias a su texto preciso y a la vez multifuncional) pero con una historia hipnótica; alejándose así (y recibiendo numerosas críticas por ello) del impulso por lo denso, lento, casi barroco de la literatura más académica. Los tres finalistas del Pulitzer tenían fallos evidentes: El rey pálido era una obra inacabada, póstuma, de un autor que dispone de obras mucho mejor valoradas, Swamplandia! era una novela debutante, con limitaciones de autor primíparo, y Train Dreams era una reedición, en formato de novela, de un relato largo publicado diez años antes. Nada como para descalificarlos, por supuesto, pero lo suficiente como para que no terminaran de convencer al jurado final.

Tras leer el artículo de Cunningham, uno no puede evitar tener la sensación de que los tres miembros del jurado, si bien encontraron libros que les parecieron dignos de un premio importante, no terminaron de encontrar ese “One” al que hace mención Cunningham; de entre más de 300 libros leídos no pudieron dar con esa obra maestra indiscutible, esa inmensa joya que los hiciera contener la respiración, que los maravillara, y que por esto decidieron seleccionar como finalistas a aquellos que formalmente estaban mejor construidos, o tal vez aquellos que respondían de manera más acertada a sus parámetros de calidad literaria. Pero ya sabemos que esto de la calidad literaria es difícil de medir, y que si falta la chispa de genio absoluto, aquella que nos hace releer un libro una y otra vez y llorar y reír con su contenido, aquella que nos transforma como lectores y como personas, no tenemos por qué contentarnos con menos. Tal vez fue eso, exactamente, lo que les ocurrió a los encargados de decidir el ganador, aquellos que prefirieron, a pesar de la subsiguiente polémica, declarar el premio desierto.

Autores relacionados Autores relacionados:
Julian Barnes
Michael Cunningham

Detente, respira y escoge. La cortísima vida del lector

AutorGabriella Campbell el 24 de agosto de 2012 en Divulgación

Cantidad de libros

Muchos de los que leemos tenemos la costumbre de terminar todos los libros que empezamos, por muy malos, aburridos o densos que sean. Este puede ser un hábito muy positivo: si hubiera abandonado La Regenta en ese primer capítulo descriptivo de Vetusta que se me antojaba insufrible, nunca habría leído una obra magistral que con el tiempo se convirtió en uno de mis libros favoritos. Muchas obras exigen un esfuerzo, y no merecen ser abandonadas a la primera de cambio. Puede ocurrir (y no pocas veces) que la obra que tengamos entre manos mejore de forma espectacular a partir de la segunda mitad del libro, y de habernos rendido nos habríamos perdido horas y horas de disfrute literario. También nos encontramos con libros que nos resultan muy difíciles y lentos, pero que al terminar nos hacen sentirnos recompensados, conforme revaluamos la lectura y descubrimos todo un mundo subterráneo de sentido y belleza que nos ofrece muchísimo más que una obra más rápida y sencilla.

Dicho esto, es importante tener en cuenta que como lectores (y humanos) somos finitos. Tenemos un límite muy real de libros que podemos leer. ¿Cuánto lees al día, y a la semana, y al año? Si eres un lector ávido, tal vez leas un libro por semana. Unos 52 libros al año. Supón que eres un lector joven y saludable, de unos veinte años. Tu esperanza de vida podría ser, siendo muy optimistas, de 70 años más (y eso dando por sentado que con 90 años tu lucidez sea la misma que ahora). Eso significa que en tu vida podrías leer 3640 libros, en el mejor de los casos. Realmente no son tantos. Solo con los considerados “clásicos” podríamos hacer una lista de mil libros (de hecho ya hay algún libro publicado con listas de este tipo, entre ellos el 1001 libros que hay que leer antes de morir editado por Grijalbo). Muchos aficionados a la lectura no llegan al libro por semana, así que imaginaos cómo se reduce la cantidad. En conclusión, tenemos poco tiempo y muchos libros por leer.

A no ser que seas Sarah Weinman, que en 2008 batió su récord personal al leer 462 libros en 12 meses, ni más ni menos. Weinman tiene una habilidad innata que le permite leer a velocidades supersónicas, sin utilizar ningún tipo de técnica (en Lecturalia os hemos hablado del speed reading, pero lo de Weinman es distinto. Asegura que la narrativa, el ritmo y sonido que se proyecta en su cabeza al leer va a una frecuencia diferente al texto que pasa delante de sus ojos, un caso muy curioso). Weinman corrige libros de 350 páginas en menos de 4 horas y lee un mínimo de un libro al día. Esto es muy útil para su trabajo, ya que es crítica y columnista para el periódico estadounidense Los Angeles Times. Puede permitirse leer, entender y tomar notas de un libro en poco más de una hora: lo que demuestra que comprende y asimila realmente lo que lee.

En cuanto a nosotros, meros mortales con velocidades de lectura media, tal vez deberíamos plantearnos en serio que tenemos un cupo relativamente pequeño de libros. A lo mejor va siendo hora de ser más exigentes con las obras que escogemos, a lo mejor deberíamos prescindir de aquello que no nos aporta nada o que no disfrutamos como querríamos. Además, hay que tener en cuenta la famosa Revelación de Sturgeon: El 90% de todo es mierda. Aprovechemos con conciencia ese 10% restante.

Autores relacionados Autores relacionados:
Theodore Sturgeon

El prisionero del Cáucaso y otros relatos, de Vladimir Makanin

AutorRaquel Vallés el 23 de agosto de 2012 en Reseñas

El prisionero del Cáucaso y otros relatos - Vladimir Makanin

Vladimir Makanin, nacido en 1937, desarrolló buena parte de su carrera como escritor durante el período soviético. Sus historias son realistas aunque ha llegado a escribir relatos de anticipación, no traducidos al castellano. Acantilado reúne en El prisionero del Cáucaso y otros relatos 4 cuentos de Makanin que nos permiten conocer mejor a un autor poco traducido en España.

Sus historias nos acercan a la realidad de su país, desde un punto de vista irónico y fatalista, tal y como podíamos esperar de un escritor realista ruso. Sus personajes se ven inmersos en situaciones que no controlan pero en las que desarrollan sus vidas como buenamente pueden.

En El prisionero del Caucaso, publicado en 1995, en la primera guerra de Chechenia un paso ha sido cortado por los rebeldes y no permiten avanzar a los camiones. Los soldados Rubajin y Vovka informan a su superior para que envíe ayuda pero éste, cómodamente instalado en la retaguardia, no ve la necesidad de ir perdiendo hombres para ayudar a unos camiones vacíos. Es entonces cuando Rubajin y Vovka se tropiezan con la solución: negociar con los rebeldes a cambio de un prisionero. El prisionero es, en realidad, rescatado por Rubajin, quien no tiene ninguna duda de lo que le espera al joven, muy atractivo, si lo deja en un campamento militar.

Rubajin tiene así una doble responsabilidad sobre el prisionero, ya que es quien lo ha atrapado y herido, y quien lo está protegiendo, sin poder evitar sentirse atraído por el joven, intentado establecer algún tipo de vínculo con él. Este relato se vincula con facilidad con una historia clásica en la literatura rusa desarrollada tanto por Pushkin como por Tolstoi con el mismo título con una destacable salvedad: en la historia clásica es el ruso el prisionero de los bárbaros orientales. Makanin realiza un corte de un momento concreto en una historia mayor, una ampliación del metraje que nos permite ver mejor los detalles, conocer a los personajes en su vida diaria, en un ejercicio de voyerismo que permite a Makanin contarnos la historia que quiere de manera superpuesta a otras historias.

En Un antilider, en cambio, sí seguimos la historia de Kurenkov a lo largo de diferentes períodos. Kurenkov es un hombre de carácter manso y dócil pero que se transforma en un ser violento ante lo que más odia: los triunfadores. Su mujer detecta enseguida cuando va a tener uno de sus ataques, y también sabe que acabará metiéndose en problemas graves.

La letra A es el inicio de una palabra que los prisioneros de un gulag siberiano están tallando. La palabra es un secreto, ni siquiera los prisioneros que se arriesgan a tallarla clandestinamente saben cual será la siguiente letra que irá formando esa palabra de tamaño gigantesco que se podrá ver perfectamente desde el campo de trabajo. Manakin nos muestra la descomposición del gulag con la caída de la Unión Soviética, la pérdida de la autoridad y como la ansiada libertad se transforma en una burla, lo que no deja de ser una metáfora cruda de la realidad del país.

Un cuento logrado de amor es uno de los mejores relatos que he leído en los últimos años. En él Makanin vuelve al desmoronamiento de la URSS a través de la historia de una pareja que tenían una buena vida con el régimen soviético, ella como censora y él como escritor, y que ven que con la caída de la dictadura todo cambia y no para mejor. Tartásov era un escritor de éxito que se ve relegado a tener que pedir favores para poder sobrevivir hasta que le surge la oportunidad de presentar un programa de televisión donde entrevista a personas del mundo de la cultura. Larisa, tras la caída del régimen, no encuentra trabajo en el mundo editorial, se acaba viendo abocada a trabajar de madame. Cuando eran jóvenes, durante el régimen, eran amantes, y tenían sueños y juventud y mucha ambición. Ahora solo tienen una realidad penosa de la que consiguen escapar gracias al sistema de Tartásov para recordar (viajar) el pasado, las angosturas. Es a través de estos viajes por las angosturas como Makanin nos cuenta la historia de los protagonistas, de la caída de la Unión Soviética. ¿Pueden ser dos cínicos protagonistas de una historia de amor?

Autores relacionados Autores relacionados:
Vladimir Makanin
Libros relacionados Libros relacionados:
El prisionero del Cáucaso y otros relatos

¿Qué leen los famosos?

AutorGabriella Campbell el 22 de agosto de 2012 en Divulgación

La mujer que se daba con las puertas

Para aquellos a los que nos gusta leer, existe cierta curiosidad morbosa por saber qué leen los demás. Tal vez sea porque creamos que podemos conocer más de una persona por su selección literaria, tal vez porque queramos juzgarla por sus preferencias, o quizá nos pueda el cotilleo: una equivalencia literaria a los programas del corazón, que nos impulsa a preguntarnos qué obras están en las mesillas de noche de aquellos que frecuentan nuestras pantallas, radios y periódicos.

Prueba de esto es el éxito inusitado del que gozan las obras que aparecen en las listas de lectura de personajes como el presidente Obama: cada vez que menciona haber leído un libro este multiplica sus ventas. Otros son menos abiertos en lo que se refiere a sus preferencias literarias, pero una mínima investigación por Internet proporciona una amplia información acerca de los libros que decoran las estanterías de algunos famosos… o por lo menos los libros que quieren hacernos creer que las decoran. Así, podemos saber qué lee una actriz de Hollywood o un político francés, una escritora de éxito o un periodista deportivo, si alguno de éstos ha decidido compartir en algún momento de manera pública sus intereses literarios (o aunque no lo compartan de manera directa, como ocurre con artículos como el que nos narraba qué tenía en la mesa de su despacho el ex-entrenador del Barcelona Pep Guardiola. Algunos no se limitan a compartir qué leen, sino que se dedican también a la edición de libros, como ocurre con el actor Viggo Mortensen, fundador de Perceval Press y admirador confeso de escritores como Martin Amis o ensayistas y poetas activistas como Chris Abani. Mortensen también escribe, y ha publicado varios títulos que combinan poesía y fotografía, entre los que destaca su selección bilingüe, Canciones de invierno Winter Songs, de 2010.

Una de las listas que más se ha compartido por la red es la de la autora británica J. K. Rowling. Según la conocida revista estadounidense O (de Oprah Winfrey, una de las mujeres cuyas promociones literarias más afectan a la industria editorial de su país), entre los favoritos de Rowling están los siguientes: Emma, de Jane Austen; Chéri, de Colette; y La mujer que se daba con las puertas, de Roddy Doyle. Rowling afirma que adora los libros de estilo aparentemente sencillo y sin pretensiones ni grandes sentimentalismos que, a la vez, esconden una gran maestría en el arte de escribir. Asegura que sus libros favoritos de infancia fueron El pequeño caballo blanco, de Elizabeth Goudge (insiste en que le encantaba que la autora describiera siempre todo lo que comían sus personajes) y Los buscadores de tesoros, de Edith Nesbit, que le chocó por su realismo y personajes creíbles (frente al moralismo imperante en los libros infantiles de la época). En cuanto al libro infantil actual que más le ha gustado, Rowling recomienda Skellig, de David Almond, que tiene tanto el Premio Whitbread como la Medalla Carnegie, dos de los premios más importantes de la literatura británica, en su correspondiente categoría de obra infantil.

Autores relacionados Autores relacionados:
David Almond
Elizabeth Goudge
J. K. Rowling
Jane Austen
Martin Amis
Libros relacionados Libros relacionados:
El pequeño caballo blanco
Emma
La mujer que se daba con las puertas
Querido

La invasión zombi

AutorGabriella Campbell el 21 de agosto de 2012 en Opinión

Invasión zombi

Aunque haya monstruos atractivos y bien vestidos que inundan las estanterías de la literatura para jóvenes adultos (vampiros, hombres lobo, ángeles y demonios que satisfacen las fantasías de los lectores medios), últimamente el terror ha tomado una dirección muy definida.

Frente a la purpurina de chupasangres relucientes y licántropos de gimnasio, parece como si el género del horror necesitara resarcirse recurriendo a la bestia más desagradable de todas: el muerto viviente clásico, el zombi. No hay más que asomarse a la muestra cinematográfica para recordar que los zombis no brillan, practican poco sexo y representan el culmen de la repugnancia orgánica, al fin y al cabo son cadáveres regresados que se pudren y descomponen mientras llevan a cabo sus tradicionales tareas de zombi, esto es, devorar carne humana, contagiar su condición de zombi y diezmar a la población viva.

Lo positivo de cualquier saturación temática es la aparición de creaciones muy originales que pretenden destacar por encima de sus competidores introduciendo nuevos conceptos y giros de tuerca sobre mitos y figuras bien establecidas. Todas las secciones de terror de las librerías rebosan de obras inspiradas por el arquetipo del muerto viviente, y es por esto por lo que surgen nuevas formas, reinvenciones del monstruo clásico con aire a renovación que intentan salvar al género de un inevitable colapso; son joyas creativas que podrían rescatarse de la explosión de la burbuja zombi, de la pira en la que arderán estos cadáveres tarde o temprano (aunque esto, como ocurre con vampiros, brujas, hechiceros y hadas, no es más que un ciclo. Los zombis renacerán, cómo no, de sus cenizas antes o después, si es que llegan a morir del todo). De vez en cuando asoman criaturas diferentes, como las protagonistas muertas de Juan Díaz Olmedo en Zombi (NGC! Ediciones), que en vez de andar aterrorizando al mundo en un súmmum de cadáveres animados son identidades ocultas, personajes ya muertos que se esconden, minoritarios, del resto de la población.

Dentro de colecciones como la Línea Z de Dolmen, por ejemplo, dedicada exclusivamente a libros de esta temática, aparecen también títulos que nos llevan más allá de lo esperado. Observamos diferentes modos de explicar la invasión, de explicar la vivencia del muerto (y quien dice muerto puede decir también infectado), de reflejar la reacción de los supervivientes o de analizar la de los propios zombis (que comienzan a convertirse en protagonistas conscientes de la narración, más allá del tópico de cadáver descerebrado). En Antirresurrección, de Juan Ramón Biedma, los zombis deben lidiar con una no-muerte que no los ha privado de su inteligencia ni percepción, al mismo tiempo que protagonizan una narración con claros tintes de novela negra. La perspectiva de los supervivientes es también fundamental, inmersos en una situación que no entienden, víctimas no solo de la amenaza de los muertos sino también de otros vivos, participantes involuntarios de un auténtico Armagedón bíblico, como refleja Víctor Conde en Naturaleza muerta, donde los despropósitos del fin del mundo anunciado por San Juan cobran una existencia macabra. O pueden convertirse ellos mismos en criaturas espantosas que dejan a los zombis en un segundo plano, horrorizándonos con su comportamiento de vivos desquiciados, como ocurre en El manantial de Alejandro Castroguer.

El gore, el miedo y la acción desenfrenada son puntos en común que suelen encontrarse en todas las obras de zombis. Pero mientras sigan produciéndose obras en esta línea, mientras sigamos teniendo libros de muertos vivientes, seguirán publicándose novelas donde nada es lo que parece, donde nuestras expectativas se vean truncadas. Ya solo queda preguntar: ¿Y vosotros? ¿Cuál es la mejor novela de zombis que habéis leído?

Autores relacionados Autores relacionados:
Alejandro Castroguer
Juan Díaz Olmedo
Juan Ramón Biedma
Víctor Conde
Libros relacionados Libros relacionados:
Antiresurrección
El manantial
Naturaleza muerta
Zombi

Las mejores (y peores) promociones de libros

AutorGabriella Campbell el 20 de agosto de 2012 en Opinión

Ray Dolin

En un mercado en el que autores y editores deben crear un producto realmente excepcional para conseguir unas ventas llamativas, en un mundo en el que la oferta de libros es variadísima y, en ocasiones, apabullante, son las campañas de publicidad las que pueden marcar la diferencia. Una campaña promocional inmensa no garantiza la venta de un libro, pero la originalidad suele funcionar para atraer la atención hacia la obra en concreto, como lo demuestran algunas barbaridades llevadas a cabo por escritores y editoriales con el único fin de vender un libro.

No todas estas grandes ideas promocionales salen bien. Ray Dolin, un estadounidense que estaba escribiendo un libro sobre la generosidad de sus compatriotas, llegó a los titulares de los periódicos al recibir un disparo de un conductor que se acercó a él en su coche mientras Dolin hacía autostop como parte de un largo recorrido por su país recopilando actos de bondad por parte de las personas con las que se encontraba. El ataque tuvo una gran polémica (qué triste recibir un disparo no provocado de un desconocido cuando escribes precisamente sobre la bondad de otros), pero más adelante se descubrió que todo era una elaborada farsa. Dolin se disparó a sí mismo para conseguir publicidad para su libro. Sobra decir que, en este caso, la jugada promocional no le salió muy bien, e incluso fue detenido por la policía.

Otros han sido también arriesgados pero con final feliz. El historiador Herodoto se coló en los juegos olímpicos del 440 a. de C. para leerle sus Historias al público. Walt Whitman se escribía sus propias reseñas, de lo más laudatorias, por supuesto. El editor de Random House Bennet Cerf obtuvo una publicación muy efectiva del Ulises de James Joyce en Estados Unidos al conseguir que los agentes de aduanas confiscaran el libro al llegar a Nueva York, lo que aumentó su notoriedad.

También encontramos editores que se especializan en lo bizarro, revolucionario o conflictivo, asegurándose así cierta atención por simple morbo. Un ejemplo claro es el de obras biográficas o ensayos de políticos con ideologías extremas: gran parte de sus ventas provienen de personas de ideologías contrarias, a quienes les proporciona cierto placer poder reafirmarse en su aberración por los principios expresados. Lo mismo ocurre, claro, con el sexo y con el cotilleo: es fácil promocionar un libro cuyo contenido despierte la curiosidad de los lectores potenciales.

¿Pero cuáles son las herramientas principales de promoción que utilizan los autores y editores hoy en día? Parece que cada vez son más importantes las redes sociales, y Facebook y Twitter se han convertido en referentes inevitables, por no hablar de que una presencia virtual, una web propia, es una obligación ineludible para todos los autores. Sea como sea, tanto en la web como en cualquier entorno, de poco sirven las grandes campañas publicitarias si el producto no es bueno, si no engancha, si está mal editado, en resumen, si se pierde de vista lo esencial, que es el propio libro.

Autores relacionados Autores relacionados:
Heródoto
James Joyce
Walt Whitman
Libros relacionados Libros relacionados:
Ulises

¿Nos están vigilando?

AutorGabriella Campbell el 18 de agosto de 2012 en Opinión

Vigilantes

Ya hablamos en su momento de una de las desventajas más importantes de tener un lector electrónico: la falta de privacidad. Amazon, Apple y Google saben muchas cosas sobre ti: saben cuánto llevas leído de ese ebook, cuánto tiempo te lleva, de media, terminar un libro electrónico, y cuáles son tus citas favoritas. Y si usas aplicaciones para tabletas como el iPad, el Kindle Fire o el Nook, saben cuántas veces usas dichas aplicaciones y cuánto tiempo dedicas a leer. Esto, en principio, no tiene nada de preocupante: son datos muy útiles para crear estadísticas, una información muy positiva que puede ayudarnos a entender qué y cómo leemos (y por supuesto una herramienta maravillosa para las empresas involucradas en la creación y promoción del libro).

Lo que sí preocupa es el uso de datos personales. En Estados Unidos, el estado de California ha aprobado un acta de privacidad dirigida a los lectores de obras tanto físicas como digitales, que obliga a los agentes de la ley a poseer una orden de registro antes de poder acceder a los datos personales y de lectura de un ciudadano. Esto pone en perspectiva una realidad cada vez más cercana, que es precisamente lo que California intenta evitar: que cualquier Estado pueda conocer en todo momento qué leen sus habitantes (lo que implicaría que determinadas lecturas podrían ser sospechosas o dignas de investigación). En resumen, que si tienes curiosidad por leer en ebook el Mein Kampf o el Manifiesto comunista, a lo mejor Amazon no es el mejor sitio para comprarlo.

Ha sido especialmente conflictivo el caso de Carolina del Norte, donde el fisco reclamaba los datos de cientos de miles de clientes de Amazon pertenecientes a este estado, que han comprado más de 30 millones de obras en Amazon durante los últimos seis años. Estos datos ofrecerían nombres y apellidos de los compradores de obras literarias, visuales y musicales, y si bien las intenciones del NCDOR (la agencia tributaria de Carolina del Norte) son supuestamente para comprobar que el gigante de los libros está haciendo bien sus declaraciones fiscales, caerían en sus manos datos que incluyen una información bastante privada, sobre todo la relacionada con obras que traten temas muy privados relacionados con sus compradores: enfermedades mentales, alcoholismo, infertilidad, o incluso cómo salir del armario, por no hablar de obras polémicas por su contenido político o sexual. Datos que, si bien no van a ser utilizados de manera social, sino tan solo económica, no querríamos, como lectores, que cayesen en manos ajenas. Como ha dicho la principal organización que se opone a la cesión de estos datos, la ACLU (Unión de libertades civiles de América) de Carolina del Norte:

Lo que la gente elige leer, ver o escuchar dice mucho de quiénes somos, de a qué le damos valor y en qué creemos. Por esto, deberíamos poder aprender de todo, desde política a religión o salud, sin preocuparnos de que el Gobierno esté pendiente de ello.