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El diablo me obligó, de F. G. Haghenbeck

AutorAlfredo Álamo el 29 de noviembre de 2012 en Reseñas

El diablo me obligó, de F. G. Haghenbeck

Lo primero que notas al iniciar la lectura de El diablo me obligó es la cantidad de referencias literarias, cinematográficas y del mundo del cómic que se han dado cita bajo la historia de Haghenbeck. Tanto en la manera de narrar la historia, contada a través de varios personajes en distintos tiempos, pero con un personaje principal definido, como es el diablero Elvis Infante, podríamos decir que nos encontramos en una mezcla maravillosa entre Pulp Fiction, Hellblazer y El corazón del ángel.

Se nota, y mucho, que Haghenbeck está muy involucrado en el cómic, además de en
México ha trabajado para editoriales como Image o DC, y no se corta en absoluto en presentar directamente ese mundo lleno de ángeles caídos, demonios, diableros y miembros de oscuras y crípticas sectas. Además, lo hace sin concesiones, con gruesas pinceladas, forzando al lector a seguir hacia delante sin darle demasiado tiempo a plantearse dónde se ha metido. La idea de las peleas clandestinas entre ángeles y demonios y el submundo creado a su alrededor es, a la vez, imposible y creíble dada la oscura naturaleza del alma humana.

El diablo me obligó contiene en pocas páginas una historia bien llevada y resuelta de manera satisfactoria, pero que deja con ganas de más. El autor deja vislumbrar una realidad en la que podría seguir ambientando nuevas historias, no sólo en el campo de la novela sino también en el del cómic y, por qué no, en el cine o la televisión. Y es que Haghenbeck acierta con el uso del detalle realista en contraposición a lo imposible de su fantasía, logrando un libro ameno, ágil y sorprendente, que pude gustar tanto a los aficionados a la literatura fantástica como a cualquier otro lector con ganas de pasar un buen rato.

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¡Apúntate al sorteo de un ereader Sony PRS-T2 gratis!

AutorAlfredo Álamo el 28 de noviembre de 2012 en Noticias

Sony PRS-T2

Como en otras ocasiones, desde Lecturalia os vamos a ofrecer la estupenda oportunidad de participar en el sorteo de un ereader de última generación, como es el Sony PRS-T2, gracias a la gente de Sony. Además, confiamos en que la difusión de este sorteo sea la más grande hasta el momento gracias a nuestros recién estrenados 300.000 seguidores en Twitter. ¡Gracias por seguirnos!

¿Qué podemos encontrar en el Sony PRS-T2?

Bien, han renovado el diseño con respecto al anterior modelo, con nuevos botones, y mantiene la capacidad WiFi y una pantalla E-Ink Pearl de alto contraste. La velocidad de paso de página es muy rápida, y la duración de la batería promete hasta ocho semanas de duración. En cuanto al peso, se mantiene entre los más ligeros, con 164 gramos de peso.

Como siempre, es compatible con formatos como ePub, Adobe PDF y TXT, y tiene 2 GB de capacidad interna ampliables con tarjetas SD para que metáis todos los ebooks que os hagan falta. Por lo demás, mantiene la línea que Sony lleva ofreciendo desde sus primeros readers. ¿El precio del PRS-T2? 160 euros. Pero eso lo último que os debería preocupar, ya que lo sorteamos gratis.

Para participar en el sorteo del Sony Reader PRS-T2 es necesario dejar un comentario en esta misma entrada del blog (recuerda poner tu email real). El sorteo del Sony PRS-T2 se realizará entre todos los usuarios residentes en España que hayan dejado su comentario en este artículo desde su publicación hasta las 23:59 del 2 de diciembre. El ganador será anunciado en Facebook, Twitter y los comentarios de esta entrada el 3 de diciembre de 2012 y contactado mediante su correo electrónico el mismo día. El sorteo se realizará mediante el sistema de Random.org y a través del mismo se elegirá un ganador. Si en dos días no se recibe respuesta por parte del primer ganador, el Sony Reader PRS-T2 pasará al siguiente nombre del listado obtenido. ¡Suerte a todos los participantes!

Actualización 04/12/2012: Ya hemos contactado con la afortunada ganadora del Sony PRS-T2 y en pocos días recibirá su paquete. ¡Muchas gracias a todos por participar!

Por qué mentimos… en especial a nosotros mismos, de Dan Ariely

AutorAlfredo Álamo el 27 de noviembre de 2012 en Reseñas

Por qué mentimos... en especial a nosotros mismos, de Dan Ariely

La verdad es que no hace falta ser un as de la deducción para descubrir que gran parte de nuestra sociedad está construida en torno a mentiras y medias verdades, necesarias en muchas ocasiones para lograr una agradable convivencia con el vecino.

Dan Ariely, psicólogo y catedrático en la Universidad de Duke, deja atrás la anterior temática que ya le hizo famoso en su anterior libro Las trampas del deseo, para hablarnos en Por qué mentimos… en especial a nosotros mismos [Ariel, 2012] de los motivos que nos llevan a mentir en determinadas ocasiones, e incluso cómo nuestro cerebro acaba aceptando dichas mentiras como ciertas, sobre todo si nos estamos mintiendo a nosotros mismos y está en juego nuestra propia supervivencia o felicidad.

Además, Ariely analiza distintos entornos para averiguar si el uso de la mentira cambia sustancialmente entre los más creyentes o si se dispara en entornos de trabajo en grupo. También nos explica si hay temas favoritos en eso de la mentira, si sirven para reforzar nuestro propio ego y si, de algún modo, aceptamos y permitimos determinadas falsedades.

Desde luego, no es un tema muy políticamente correcto, aunque si hablamos de mentiras, está claro que la política sería un campo abonado para dedicarle un capítulo entero de Por qué mentimos, aunque en ese caso sería más interesante hablar de por qué nos lo creemos.

Aquí os dejamos con un magnífico booktrailer en el que podemos ver explicadas las principales claves del libro de Ariely, sin duda uno de los ensayos más interesantes del año.

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Historia Cero, de William Gibson

AutorAlfredo Álamo el 26 de noviembre de 2012 en Reseñas

Historia Cero - William Gibson

William Gibson es un autor conocido por sus novelas de ciencia ficción que han sido de gran influencia en la creación del término cyberpunk, gracias a títulos como Neuromante, Idoru, Conde Cero o Mona Lisa acelerada. Si bien esta era la visión de los seguidores de género, hace ya unos años que Gibson dio un giro a su manera de escribir y, aunque sin dejar de lado su estilo, ha aparecido en las listas más genéricas de superventas.

Gibson, tras terminar la Trilogía del Sprawl, se planteó explorar las posibilidades ficticias de nuestro presente o, para ser más exactos, nuestro más inmediato pasado. La ficción de Gibson en novelas como Mundo Espejo, País de espías o Historia Cero trata de explorar conceptos actuales, explorando sus posibilidades y llevándolos al límite, creando una especie de presente alternativo, casi indistinguible del real. En ese presente podemos encontrar ideas sobre los límites de la tecnología actual y las tendencias sociales todavía underground relacionadas con moda, marketing y arte.

En Historia Cero Gibson recupera algunos de los personajes de Mundo Espejo y País de espías para, de nuevo, enseñarnos el poder las tendencias sociales en estado embrionario y cómo averiguar ciertos elementos, todavía poco conocidos, dentro de la sociedad puede suponer la diferencia entre ser rico y absurdamente rico. Aderécese todo lo anterior con una trama corportativa, persecuciones, grandes diálogos y tendremos algo que muchos podrían definir como un clásico tecnothriller, pero que Gibson transforma en algo diferente y mucho más sugestivo, siempre con un punto más de reflexión.

Aunque Historia Cero se puede leer de manera independiente yo recomendaría a cualquiera a quien este planteamiento le resulte atractivo que comenzara por Mundo Espejo y siguiera hacia delante. En ningún momento parece que falte información, pero se disfruta mejor si vienes con los deberes hechos. Finalmente, destacar el buen trabajo de Rafa Marín en la traducción.

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No queremos tu novela. Historias de rechazo (II)

AutorGabriella Campbell el 24 de noviembre de 2012 en Divulgación

Zen y el arte del mantenimiento de la bicicleta

Por alguna extraña razón, cuando se habla de los grandes éxitos que en un principio no conseguían despertar el interés de las editoriales, siempre sale a colación el nombre de Margaret Mitchell, la autora de Lo que el viento se llevó. Internet está llena de artículos y comentarios que aseguran que la escritora estadounidense recibió 38 rechazos antes de dar con el editor que finalmente reconocería su potencial y la elevaría a la condición de superventas.

No obstante, esta historia de rechazos continuos no parece corresponderse con la realidad. El editor de Mitchell, Harold Latham, que trabajaba para MacMillan, conoció a la escritora cuando no era más que una humilde periodista en Atlanta, en 1935. Latham andaba a la búsqueda de nuevas voces, y su empleada Lois Cole le pidió a una amiga suya que le hiciera de guía por Atlanta. Esta amiga era Mitchell, y Latham quedó tan encantado con ella que le comentó que si alguna vez escribía un libro que se pusiera en contacto con él. Mitchell no le dijo nada al editor del manuscrito que tenía guardado en casa, pero ese mismo día una amiga suya hizo un comentario bastante hiriente respecto a las palabras de Latham: Imagínate, ¡una chica tan tonta escribiendo un libro!. Mitchell corrió a recoger su obra y se la dio a Latham justo cuando este se disponía a marcharse; era la primera vez que un editor entraba en contacto con Lo que el viento se llevó. El resto es historia.

En cuanto a Robert Pirsig, no hay ninguna duda respecto al largo camino que recorrió hasta encontrar un editor dispuesto. El autor de Zen y el arte del mantenimiento de la motocicleta, uno de los libros más vendidos de la historia, hasta tiene un récord Guinness por libro más rechazado. Pirsig fue rechazado en 121 ocasiones. Sí, habéis leído bien, 121 editores le dieron el no a uno de los libros que más ha influido en los libros de superación personal de nuestro tiempo. Su autor, licenciado en filosofía y antiguo combatiente en Corea, escribió este tratado acerca de los valores y actitudes del ser humano, que pretendía repasar la historia de la filosofía y combinar aspectos del pensamiento occidental con el oriental, entre las dos y las seis de la mañana a lo largo de cuatro años, mientras intentaba compaginar la escritura con su empleo habitual.

Algo más sórdido, y que nos dice mucho del mundo editorial, de las tendencias y de la importancia del nombre, es el caso del escritor novel Chuck Ross, que en 1975 mecanografió unas veinte páginas de la obra Steps del aclamado escritor de origen polaco Jerzy Kosinski y las envió como muestra a cuatro editoriales diferentes. Entre ellas estaba Houghton Mifflin, la editorial que publicaba en ese momento a Kosinski. Las cuatro rechazaron la obra. Entre 1978 y 1979 Ross repitió el experimento, pero envió esta vez el manuscrito completo, a 14 editores y a 13 agentes literarios. De nuevo, fue rechazado por todos. Parece ser que nadie reconoció la obra, que había obtenido el Premio Nacional de Ficción estadounidense en 1968.

Hay muchísimos casos interesantes de grandes autores que recibieron negativa tras negativa pero que supieron mantener la ilusión y resistir hasta dar con el editor adecuado. ¿Cuáles son vuestros favoritos, cuáles os llaman más la atención? Os esperamos, como siempre, en los comentarios.

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Las furias de Alera, de Jim Butcher

AutorAlfredo Álamo el 23 de noviembre de 2012 en Reseñas

Las furias de Alera

Jim Butcher es conocido en España gracias a su serie sobre el mago más golpeado de Chicago, Harry Dresden, una serie que cuenta con una legión de seguidores y que sin duda ha sido su escaparate más internacional hasta el momento. Con Las furias de Alera (RBA), el primero de sus libros enmarcados en la serie del Codex Alera, Butcher nos presenta un perfil muy diferente a lo que nos tenía acostumbrados, pasando de fantasía urbana a épica, pero cuyo resultado no podría ser más satisfactorio.

Las furias de Alera se publicó originalmente en 2004 y es el primero de seis títulos ya terminados que han llegado a la lista de los más vendidos del New York Times, y la verdad es que no me extraña. Butcher presenta un escenario fantástico en el que, gracias a su capacidad para el diálogo y la descripción rápida, pronto nos encontramos como en casa. El autor es capaz de dotar de un notable verismo a toda la estructura social y económica de Alera sin caer en engorrosas explicaciones y dando más importancia a esos pequeños momentos en los prefiere mostrar a los personajes de una manera más realista.

La novela está contada desde varios puntos de vista, aunque está claro que el protagonista del libro, y de toda la saga, es el joven Tavi. Del mismo modo que en otras obras recientes, como El nombre del viento, esta es una historia de aprendizaje que promete una evolución del personaje digna del mejor Miles Vorkosigan. Además, el libro, que deja un final abierto sin caer en un odioso cliffhanger, se lee de un tirón y deja con ganas de más.

¿Qué podemos encontrar en Las furias de Alera? Una historia de conspiraciones, conjuras, amores, traiciones, grandes batallas y un elemento mágico muy original en el uso de las furias, unos poderosos espíritus elementales. También tenemos los típicos personajes duros de Butcher con los que, pese a no alcanzar una complejidad extrema, acabas por encariñarte, incluyendo, además, a los supuestos enemigos.

Creo que Las furias de Alera es un libro imprescindible para los seguidores de la literatura fantástica actual y que Butcher pronto debería estar reconocido en España al nivel de autores como Patrick Rothfuss o Brandon Sanderson.

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No queremos tu novela. Historias de rechazo (I)

AutorGabriella Campbell el 22 de noviembre de 2012 en Divulgación

Rebelión en la Granja

Uno de los comentarios más absurdos a los que se enfrentan editores y lectores encargados de cribar manuscritos es aquello que todos hemos oído en algún momento, la muy conocida a X (inserte escritor famoso aquí) le rechazaron el manuscrito de Y (inserte obra famosa aquí) cuarenta veces, porque era un adelantado a su tiempo. Y mira luego todo lo que vendió. De este modo, el escritor se defiende de un posible rechazo, o intenta defender ante la editorial la rentabilidad y el potencial de su obra.

Por este motivo, hablar de grandes escritores cuyas obras fueron rechazadas en múltiples ocasiones es algo peligroso, ya que suele convertirse en la excusa favorita de aquellos que tal vez no hayan escrito una gran obra, pero que se consuelan pensando que su creación es perfecta y que son los editores los que no saben reconocer su potencial. Lo cual no quita, claro, que puedan tener razón.

Que se lo digan a George Orwell, que con Rebelión en la granja consiguió poner nerviosos a todos aquellos a quienes le presentaba la obra. En 1944 Orwell comenzó a mandar su novelita a varios editores, quienes lo echaban atrás con el pretexto de que era una metáfora demasiado crítica para con la URSS, en los tiempos en los que la antigua Unión Soviética colaboraba con Gran Bretaña en su intento de destruir a la Alemania nazi. Uno de los rechazos más curiosos llegó de la mano de una casa editorial que renegó de Rebelión en la granja por petición del oficial Peter Smollet, que trabajaba para el Ministerio de Información británico, ya que con el tiempo se descubrió que Smollet era un espía soviético. Otro editor le aseguró que era imposible vender historias de animales en América.

El no gracias más célebre de la obra llegó de la mano de Faber and Faber, ya que la carta de rechazo llegó de la mano del mismísimo T. S. Eliot, que la definió como trotskista y de la que afirmó no tenemos la convicción de que este sea el punto de vista más adecuado desde el que criticar la situación política actual. Y así fue, ya que el libro no salió a la luz hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial.

La guerra también afectó al escritor T. H. White, que se las vio y deseó para ver impreso a su clásico de fantasía Camelot. La obra, de temática artúrica, no gustaba a los editores, que consideraban que tenía un final demasiado pacifista que no encajaba con los esfuerzos del pueblo británico en tiempos de guerra. Aunque White concluyó la obra en 1941, tuvo que ir publicándola por secciones a lo largo de los años, hasta que finalmente, en 1958, pudo verla reunida en un solo compendio. En un tiempo en el que el pueblo anglosajón necesitaba al Arturo de leyenda más que nunca, parece ser que no convencía una figura que no terminase de darles la conclusión belicista que ansiaban en un libro inspirado por la celebrada obra de Thomas Malory, La muerte de Arturo.

Y aquí no termina la lista, por supuesto. En la segunda parte del artículo os contaremos más casos curiosos de rechazos editoriales.

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¿De qué se alimentan los escritores?

AutorGabriella Campbell el 21 de noviembre de 2012 en Divulgación

Manzanas

Ya hemos hablado en Lecturalia en varias ocasiones del gusto de los escritores por el alcohol, el café y las drogas de todo tipo. No obstante, algunos de ellos tienen también una gran debilidad: la buena comida.

Según un estudio realizado en el 2011 por la organización Oxfam, la comida favorita de gran parte del planeta es la pasta. Y no iba a ser menos el escritor estadounidense Jonathan Franzen, autor de obras como Libertad o Las correcciones, que ofreció en una compilación de recetas reciente su versión particular de Pasta con col rizada, una combinación, en sus propias palabras, hermosa, erótica, privada y virtuosa.

Para Jack Kerouac, sin embargo, no había nada como un buen pastel de manzana con helado. Este plato aparece mencionado en su libro En la carretera, pero también en las cartas que le escribió a su madre durante sus viajes, donde admite que ha probado este postre en innumerables establecimientos (era, además, uno de los platos más económicos de los tradicionales diners estadounidenses).

En las cartas que Jean Paul Sartre le escribió a Simone de Beauvoir, aparece más de una vez su apreciado halva, un postre con miel y nueces que le era indispensable, sobre todo una vez tuvo que entrar en el ejército durante la Segunda Guerra Mundial y dependía de otros para conseguirlo. Los paquetes que contenían halva, en forma de barritas individuales cubiertas de almendra, eran tan importantes como los de libros.

Otra gran aficionada a la cocina fue la escritora Sylvia Plath, que complementaba su afición literaria con una ajetreada actividad culinaria. Plath se especializaba en los postres, sobre todo en las tartas y pasteles. Uno de sus platos de más éxito era su extraña pero deliciosa tarta de sopa de tomate, un manjar salado y dulce a la vez. Hasta su suicidio estuvo relacionado, tristemente, con la cocina: encontraron a la autora sin vida con la cabeza dentro de un horno.

Walt Whitman disfrutaba de curiosos desayunos de carne y ostras, pero su perdición era la tarta de café, potente, densa y especiada, con la que satisfacía su apetito a cualquier hora del día o de la noche. Se conservan textos de este gran poeta en los que se lamenta de haber abusado de este tipo de dulce justo antes de acostarse.

Tal vez la fruta más popular entre los grandes autores sea la humilde manzana, de la que hablaban maravillas tanto Charles Dickens como Scott Fitzgerald. Para el primero, debían comerse asadas, y eran estupendas para el estómago, para el segundo eran la base de su dieta cuando se encerraba para escribir.

Otros, como Kafka, llevaron sus intereses alimenticios hasta extremos peligrosos. El autor nacido en Praga insistía en la importancia de beber grandes cantidades de leche sin pasteurizar, que parece ser que a la larga le acarreó la tuberculosis bovina que le costó la vida. Obviamente, no todos los gustos son igual de sanos.

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El tango de la guardia vieja, de Arturo Pérez-Reverte

AutorAlfredo Álamo el 20 de noviembre de 2012 en Noticias

El tango de la guardia vieja

La nueva novela de Arturo Pérez-Reverte, El tango de la guardia vieja, será puesta a la venta mañana mismo, 21 de noviembre, convirtiéndose en uno de los lanzamientos estrella para la temporada de navidades, donde los libros, sobre todo en época de crisis, se convierten en un regalo seguro.

Con El tango de la guardia vieja, Pérez-Reverte deja atrás las novelas de Alatriste y retoma unas formas más actuales, pese a que la historia transcurre entre los años 20 y los 60 del siglo XX. Si echamos un vistazo a sus últimos libros, encontramos que la mayoría de ellos eran ensayos o bien novelas mucho más históricas, como El asedio o Un día de cólera. De vuelta a un lenguaje en el que, a mi juicio, Reverte se muestra más cómodo, en el que mezcla la palabra de la calle con la suya propia, el autor nos relata un viaje a través de cuarenta años lleno de amor, traiciones e intriga.

En la novela nos encontraremos desde intrigas en la Riviera Francesa a espionaje en la Guerra Civil, pasando por la Italia de los años 60. Una historia de amor entre dos personas contada a través de tres escenas, tres momentos puntuales y magníficamente recreados. Las aventuras de Max, vividor, ladrón y encantador, se mezclan con la vida de Mecha, una dama de la alta sociedad.

Como anécdota, explicar que el término de la Guardia Vieja en Argentina se refiere al periodo de 1880 a 1920, donde se gesta la base musical que luego dará lugar al estilo que hoy conocemos como Tango.

Sin duda, Pérez-Reverte es uno de los autores que más pasiones desata dentro del panorama literario español, y que además, en esta ocasión, ha decidido abrir su proceso creativo a través de la web novelaenconstruccion.com, donde ha desgranado las anotaciones que ha decidido compartir a medida que escribía El tango de la guardia vieja y que son de obligada lectura para aficionados, seguidores y aspirantes a escritor profesional.

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Novelas post mortem (II)

AutorGabriella Campbell el 19 de noviembre de 2012 en Divulgación

El Rey Pálido - David Foster Wallace

Con la publicación y la triunfante recepción de El rey pálido, la novela inacabada de uno de los escritores más prestigiosos de la nueva literatura estadounidense, David Foster Wallace (al que le faltó muy poco, además, para obtener un Pulitzer con esta misma obra), se reabre el viejo debate de la voluntad póstuma del escritor. ¿Querría un autor que se publicara una obra suya no acabada, imperfecta, coja? Mientras la viuda Larsson sigue en litigios con la editorial que hizo grande a Los hombres que no amaban a las mujeres, uno se pregunta si ese montón de papeles que ella guarda con celo serían realmente dignos de la aprobación de Stieg, si consentiría que ella terminase una novela que él dejó a medias.

¿Pero qué habría sido de la literatura sin Kafka, si su buen amigo y confidente hubiera quemado todos sus papeles tras su muerte como él le solicitó? ¿Mereció la pena que se editase El misterio de Edwin Drood, la novela incompleta de Dickens? Uno podría pensar que sí, teniendo en cuenta la cantidad de textos de todo tipo que se han creado a partir de ese misterio que quedó sin resolver en este libro del genio literario anglosajón (una de las más llamativas es Drood, del escritor Dan Simmons, más conocido por obras de ciencia ficción como Hiperion o Ilión, donde se homenajea de manera futurista al poeta Keats y a Homero, respectivamente). El misterio de Edwin Drood es un texto que ha despertado la imaginación de cientos de lectores, que llama la atención una y otra vez de escritores que desean ofrecer una solución única y original a la intriga del libro, tal vez mejor que la que podría haber ofrecido Dickens. Así, una novela que podría haber pasado sin pena ni gloria por el acervo dickensiano se ha convertido en una de sus obras más trascendentes.

Muchos argumentarán que el lector tiene derecho a conocer todos los escritos de sus autores favoritos, pues sus textos pertenecen, al fin y al cabo, a los que leen. Otros afirmarán que el texto pertenece a su autor y a nadie más, y que solo él tiene derecho a tomar decisiones respecto a su publicación. Al final mandan editoriales y herederos, como demuestra la aparición de obras como Alabardas, alabardas, espingardas, espingardas, una novela de José Saramago sobre el tráfico de armas que nunca fue terminada por el autor; o la obra de Nabokov El original de Laura, que se publicó a pesar de la petición del escritor de que no saliera a la luz en caso de no poder terminarla. En otras ocasiones son los propios fans los que exigen la continuación de piezas que el escritor deja incompletas con su muerte (imaginaos qué despropósito si de repente George R. R. Martin dejara a sus lectores sin conocer el final de su Canción de hielo y fuego), y algún que otro autor se prepara para dicha eventualidad.

Así ocurrió con La rueda del tiempo de Robert Jordan. Jordan, aquejado de una grave enfermedad, sabía que no conseguiría terminar su saga de fantasía, y dejó por escrito diversas tramas y otros datos relacionados con los libros para que pudieran utilizarse de modo póstumo. Tras su muerte, su viuda Harriet seleccionó al autor Brandon Sanderson, en cuyas manos quedaría la finalización de su obra (lo cual resultó ser una elección de lo más acertada; la saga se completó en tres libros, que coparon los primeros puestos de ventas del New York Times durante varias semanas, destronando al mismísimo Dan Brown, que desde hacía siete semanas reinaba con su El símbolo perdido). Jordan había mostrado una clara voluntad de que su serie se terminara, aunque para ello tuviera que recurrir al trabajo de otro escritor. No es este el caso de tantos autores que se levantarían de sus tumbas si supieran que sus lectores pueden adquirir copias de sus obras inacabadas, de aquellas que creían haber destruido, o incluso de aquellas ingenuas novelitas o compendios de poesía de juventud que terminan en el fondo de un cajón, con escasa intención de volver a ver la luz, y que reaparecen, para vergüenza y escarnio de sus autores, muchísimos años más tarde.

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