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Alfredo Álamo (Página 162)

La construcción del Literaverso

AutorAlfredo Álamo el 5 de enero de 2012 en Divulgación

Literaverso

Podría decirse que cada libro contiene su propio universo, sus personajes, sus reglas, sus lugares secretos… y, al mismo tiempo, comparte el universo en el que vivimos, con ciudades, cantantes, platos de cocina o políticos, por mencionar unos pocos.

La barrera entre ficción y realidad es, pues, difusa y muchas veces, además, puede parecer que el universo privado del escritor nos es completamente ajeno debido a esas referencias oscuras a saxofonistas de jazz, razas desconocidas de gatos o barrios pintorescos de una ciudad de Tokyo. ¿No sería maravilloso poder acceder a esas referencias? Sólo con acceder a las recetas sicilianas del Comisario Montalbano o a los listados de música en Alta fidelidad ya valdría la pena.

Pues bien, la gente de Small Demons se ha puesto en marcha y está creando un completo mapa del Literaverso (storyverse) en el que pretenden crear un mapa -más bien una corografía universal y virtual– en la que tengan cabida desde lugares, personajes, obras, películas, y cualquier otro tipo de cosa que aparezca en un libro, tanto si es real como si no lo es.

Literaverso

Las búsquedas, en teoría -están trabajando en ello- partirían tanto desde las propias obras como por los ítems a buscar. Es decir, se podría buscar cada pueblo que aparece en el Quijote o, directamente, ver en cuántos libros aparece El Toboso. Y así con cada cosa del universo en un mapa trenzado a través de la literatura.

De entrada parece una labor descomunal e infinita sacada de uno de los libros de Jasper Fforde. El mundo de los libros es amplísimo, por no hablar de las simples «cosas» que se podrían aplicar. Por el momento no sé si el proyecto pretende ir más allá de una prueba de concepto, ya que sin contar con el apoyo directo de una enorme comunidad de usuarios es imposible que el proyecto avanzara más allá de una pequeña muestra. Eso sí, las posibilidades comerciales parecen muy interesantes tanto a nivel publicitario como en ventas. Desde luego, una idea a la que habrá que ir siguiéndole el rastro.

Más información: Small Demons (Inglés)

Parafernalia deliciosa y literaria

AutorAlfredo Álamo el 1 de enero de 2012 en Noticias

Para los que no lo conozcan, Etsy es un lugar de obligada visita en Internet. Allí es donde miles de personas compran y venden pequeños objetos, curiosidades, manualidades y maravillas que antes sólo podían verse en pequeñas tiendas locales o, sencillamente, sólo servían como regalo entre amigos.

Ya hemos puesto en Lecturalia alguna vez colecciones o detalles relacionados con el mundo de los libros, pero creo que todo el mundo debería perder unos minutos navegando por la sencilla búsqueda que acabo de realizar, simplemente con la palabra «books» (libros).

Etsy

De libros ilustrados y encuadernados a mano a dibujos creadas a partir de hojas, llaveros y marcapáginas, colgantes o pulseras en forma de libros. Posters y cuadros creados con textos clásicos, libros troquelados, tazas, ropa, monedas, fundas para móvil y hasta lámparas. Parece que no hay límite a la imaginación humana. Un ejercicio calmado y tranquilo para este día de año nuevo en el que tampoco apetece pensar demasiado.

Godzilla

No sé vosotros, pero a mí este cuadro de Godzilla me parece irresistible…

Alonso Tudela, el hombre del millón de libros

AutorAlfredo Álamo el 28 de diciembre de 2011 en Noticias

Millón de libros

Lo primero que llama la atención cuando llegas a la finca de los Tudela, cerca de Albarracín, es su lejanía. No tanto física, apenas a veinte kilómetros del pueblo más cercano, sino espiritual. Con cada kilómetro que nos acercamos a su casa menos parecemos habitar en el mundo ruidoso, artificial y tecnológico que tan bien conocemos y tan bien nos domina. Allí, entre campos de trigo, álamos solitarios y pequeños riachuelos, el tiempo parece haber adoptado una actitud diferente.

La casa de Alonso Tudela es grande. Algunos la calificarían de mansión, pero le falta visión señorial para eso; está construida a grandes bloques, creciendo de manera desigual a medida que a la familia le hacía falta espacio. Hoy en día sólo vive en esta casa Alonso Tudela, de noventa y cuatro años, y su cuidadora. Además, claro, entre esos muros de piedra gris y bajo la techada roja les acompaña ese millón de libros por el que Tudela ha ocupado numerosas notas en diarios aragoneses.

La cuidadora, Marta, nos abre las puertas de la casa. Ya en el recibidor se levantan dos o tres filas de libros todavía envueltos en plástico protector. El señor todavía no ha tenido tiempo de clasificar estos ejemplares -nos comenta- a veces se le acumula el trabajo, sobre todo en navidades o en las fechas de la feria del libro. Lanzo un vistazo rápido antes de continuar, Reverte, Zafón, Eco… al parecer Tudela tiene un gusto ecléctico.

El señor de la casa nos espera, como no podía ser de otra manera, en la biblioteca. Nos quedamos sin aliento en medio de una sala no apta para claustrofóbicos. Cientos, miles, de volúmenes se apilan en estanterías que ocupan hasta el último rincón de una habitación que en otro tiempo había servido para apilar enormes cubas de vino. Tudela se da cuenta de nuestro asombro y sonríe tras las gafas redondas que le dan un cierto aire a intelectual de los años 20. Sentado en un enorme sillón orejero, lucha contra el frío aragonés con una estufa de gas y una manta sobre las piernas. El rostro lo tiene surcado de arrugas y viste una chaqueta gris de paño. A su lado se levanta una pila de libros que, mientras nos esperaba, ha ido despojando de sus envoltorios.

La entrevista se desarrolla más deprisa de lo que esperamos en un principio. Tudela nos confirma el número exacto de los volúmenes de su colección: un millón de ejemplares que ocupan esa sala y casi en su totalidad el resto de la casa. A la pregunta de cuándo nació su afición por los libros contesta mientras etiqueta la última novela de Lucía Etxebarría. Los libros son cultura -afirma-, eso decía mi padre. Así que en casa siempre había libros, lo único que hice yo fue coger la costumbre de ir comprando. Primero poco a poco, siempre que bajaba a la capital, y luego ya, con el Círculo, por catálogo. Ahora compro por Internet todas las novedades y me las traen a casa gratis.

Así que hasta aquella casa abandonada han llegado las ventajas de la red. Tudela deja a un lado el libro y continúa. También he comprado varias bibliotecas completas de saldo, tengo un librero de viejo que me visita un par de veces al año y que viene con un camión lleno de libros en perfecto estado.

Mientras Joan, el fotógrafo, sale a la caza de unas buenas fotos, no puedo hacer la pregunta inevitable: ¿Cuántos de esos libros se ha leído? A lo que yo creo que es una pregunta divertida y que, normalmente, hace que el entrevistado se suelte, el señor Tudela parece algo incómodo. ¿Leídos? -repite- Bueno, la verdad es que nunca he leído un libro en mi vida. Entiéndame, sí que he leído los de estudiar en la escuela, y en su día el Código de circulación, pero de estos, de mis libros, todavía no me ha dado tiempo a empezar ninguno. Si casi no puedo ni ordenarlos, imagínese si tuviera que leerme alguno.

No acabo de creerme la historia del señor Tudela, pero su ceño fruncido y la cara de la cuidadora acaban por convencerme. Parece algo irreal, un millón de libros comprados y ninguno leído… así que le pregunto si piensa donar sus libros en algún momento.

Tudela sonríe con un cierto brillo de orgullo en los ojos. Se quita las gafas y las pliega. Por supuesto -anuncia-, ya estoy preparando mi legado. A mi edad estas cosas hay que dejarlas claras. Cuando muera he dejado las instrucciones pertinentes para que mis libros sean donados a un museo y puedan ser contemplados.

¿A un museo? -le interrumpo- Será a una biblioteca. No -contesta-, a un museo. Esta no es una biblioteca para leer, es una biblioteca para mirar. Con lo que me ha costado. Lo dice de manera tajante, tanto que prefiero no seguir discutiendo. Llamo a Joan, que parece entusiasmado con sus fotos, y nos despedimos del señor Tudela, el cual pierde rápidamente el interés en nosotros mientras sigue catalogando sus libros pendientes.

Nos montamos en el coche y abandonamos, entre campos de trigo y caminos sin asfaltar, ese cementerio literario en que se ha convertido la biblioteca del hombre de un millón de libros.

Actualización: Este artículo es en realidad una pequeña broma realizada para el Día de los Inocentes. Ni Alonso Tudela ni su millón de libros existen realmente. ¡Gracias a todos por vuestros comentarios!

¿Debe la cultura ser gratuita?

AutorAlfredo Álamo el 27 de diciembre de 2011 en Opinión

Cultura libre y gratuita

La respuesta a la pregunta que da título al artículo no debería suponer un esfuerzo para toda persona de bien: En las condiciones adecuadas la cultura siempre debe ser gratuita. No sólo eso, debería ser, además, libre. Libre para ser copiada, transmitida, modificada, usada, denostada, ensalzada, mordida, digerida y gastada. Todo siempre, y este es el punto importante, en las condiciones adecuadas.

Sostener que la cultura debe ser onerosa, que hay que pagar por ella sí o sí, sólo puede responder a intereses puramente personales. Pensemos de manera utópica durante unos segundos, ¿no sería maravilloso un mundo en el que toda forma artística, todo conocimiento, estuviera al alcance de nuestras manos con tan sólo quererlo? ¿Acaso se banalizaría la cultura por disponer de un acceso universal y gratuito a ella?

Sin embargo, no estamos en un mundo utópico. La cultura conlleva un coste de creación, no se genera de manera espontánea, aunque a muchos pueda parecerles que el acto creativo no requiera dificultad o esfuerzo. Siempre hay un gasto, aunque no contemos con los entresijos editoriales que hacen que una obra se defina, perfeccione y llegue a nuestras manos de la mejor manera posible, el gasto personal existe y suele ser más grande de lo que pensamos.

Hasta ahora los autores, los creadores, permitidme que hable de los escritores en concreto, reciben un porcentaje por libro vendido, tradicionalmente establecido en un 8 o un 10 por ciento. Con esta premisa no es tan raro que pocos autores clamen al cielo por lo caro de sus libros y también pocos vean con buenos ojos los precios bajos que se reclaman por los ebooks. Ese, más el anticipo, calculado en base a tirada y prestigio, es el maná con el que las editoriales llevan décadas alimentando a los escritores. No me malinterpretéis, es un negocio cómodo para el escritor, que se desentiende de prácticamente el resto del proceso editorial. Ni márketing, ni organizar giras, ni preocuparse de portadistas, correctores o distribuidores. Nada de nada. Es lógico entonces que cuando el sistema se tambalea y las cosas cambian, los propios escritores se asusten al ver amenazado un modo de vida que ha demostrado su solvencia.

O, al menos, eso es lo que nos cuentan los escritores que viven de sus libros. Si hiciésemos un listado de escritores y nos fijáramos en los que única y exclusivamente viven de sus libros con este sistema nos daríamos cuenta de que son muy pocos, una élite de gran éxito, éxito conseguido por sus medios y valía, que conste, pero que no pueden ser representativos de la mayoría.

¿Y qué le parece a esa mayoría? Bueno, para qué engañarnos, a mi me encantaría dedicarme sólo a escribir, mandar un correo electrónico a mi editor y olvidarme hasta cobrar el cheque. Pertenecer al olimpo literario es una aspiración llena de glamour, vivir bajo los focos, ser conocido, popular… el masaje de ego que todo escritor necesita amplificado por mil. Ahora, tampoco pasa nada por combinar trabajo y literatura, sobre todo, en mi caso, por ejemplo, si mi trabajo, o trabajos, están dentro de ese «mundo literario» (talleres, charlas, artículos). Otros autores, por ejemplo, son muy felices siendo químicos, ingenieros, arquitectos, periodistas o músicos, además de escritores, aunque no siempre se tiene esa suerte (no ya que te guste el trabajo, sino, simplemente, tener uno).

Pues bien, la cultura en un mundo ideal sería gratuita, y la literatura, en el mundo que nos ha tocado vivir, no lo es. Sin embargo, parece que en el futuro es más que probable que el sistema actual de producción y venta de libros cambie, si a mejor o a peor, no se sabe, lo que está claro es que va a ser mucho más grande y más barato. ¿Se repartirá más el dinero en una base amplia y menos en una élite? ¿Se creará una nueva élite que ganará mucho más dinero? ¿Se agruparán los autores para pagar servicios editoriales al margen de las grandes empresas? ¿Conseguirán desde las editoriales controlar las descargas y el modo de consumo al que nos dirigimos?

Todo son preguntas a las que no tengo respuesta, y sé que vosotros, lectores, escritores, libreros, editores, tenéis más preguntas todavía. Creo que es el momento de comenzar a dialogar, de conocer más vuestras inquietudes y propuestas. Os esperamos, como siempre, en los comentarios.

El lamento del escritor analógico

AutorAlfredo Álamo el 21 de diciembre de 2011 en Opinión

Queja del escritor

Desde luego, llueven los ejemplos de autores reconocidos que parecen algo perdidos al afrontar estos nuevos tiempos de redes sociales y cultura compartida. De grandes literatos a mediocres ensalzados, son numerosos los encontronazos, revueltas, malentendidos y salidas de tono en cuanto nos acercamos de puntillas al espinoso tema de los ebooks.

Los hay que reniegan de su esencia, ya que parece que la literatura se banaliza al mutar de papel a unos y ceros, y luego los hay que se asustan ante una bajada de sus ventas en papel y no tardan en acusar a la descargas fuera del mercado. Ni a la crisis, ni a un libro fallido, ni a que su editorial ya no gasta lo mismo en promoción que antes, no, eso, por lo visto, resulta impensable. Es mejor buscar un chivo expiatorio informe, anónimo, y que por lo tanto, no pueda defenderse. Si se hace todo en base a conjeturas y cavilaciones, mejor que mejor. Es más, puede que ponerse en el disparadero sirva para aquellos autores que se han acostumbrado a vivir de la polémica y conseguir esos minutos extra en radios y televisiones que se les había negado en los últimos tiempos.

Pero seamos serios, la pose gamberra tiene su gracia unas cuantas veces, pero lo que no puede hacer un provocador es quejarse de la respuesta que reciba. Es una lección dolorosa, pero el mundo de las redes sociales no es el de los diarios y revistas de antaño, donde unas declaraciones «audaces» sólo recogían el feedback de unos cuantos amigos y un par de críticos. Ahora hay que tener en cuenta que el diálogo es mucho más amplio, Internet es un altavoz prodigioso, pero el eco es tan poderoso que puede llegar a dejarte sordo.

En cuanto a las descargas digitales, hay que dejar las cosas claras. El parque de ereaders en España, aunque en continuo crecimiento, todavía es ridículo como para afectar de verdad a las ventas de un libro en papel. Como ya hemos comentado en otras ocasiones, una descarga no es un libro leído, ni una venta no realizada. Teniendo en cuenta que en el mundo de las ebooks se descargan archivos con cientos de títulos a la vez, mucho hay que afinar para saber qué novelas pueden resultar afectadas en un futuro. Lo que está claro es que los usuarios de lectores electrónicos quieren usarlos, es de perogrullo, sería interesante para los autores cuyos libros circulan por la red que se preguntaran los motivos por los cuales sus editoriales no los ponen a la venta. ¿Acaso no quieren llegar a todos sus lectores? ¿Acaso no quieren ser leídos?

Es más, creo que ya es hora de que muchos autores dejen el apesebramiento del 10% y comiencen a explorar los nuevos caminos que se abren ante ellos en este momento. Es difícil para un escritor novato, pero los que mantienen una fiel comunidad de seguidores lo tienen mucho más fácil para dar un paso hacia delante y negociar nuevos contratos, dejar de lado a editoriales tradicionales e incluso, para los más valientes, liarse la manta a la cabeza y publicar en solitario.

Nadie ha dicho que sea sencillo, desde luego, nos enfrentamos a un cambio profundo en la industria cultural y va a suponer un reajuste doloroso para los autores ya establecidos y con pocas ganas de actualizarse. Espero que todos, desde los más grandes a los que viven de rentas antiguas, sean capaces de darse cuenta.

Alejandro Dumas y sus recetas de cocina

AutorAlfredo Álamo el 20 de diciembre de 2011 en Divulgación

Diccionario de cocina

A nadie se le escapa que los libros de cocina son un regalo perfecto para Navidad, aunque en muchas ocasiones no sean más que un recopilatorio de fotos bonitas con recetas que te exigen tener en la cocina desde extrañas algas a instrumentos como sifones.

Tampoco es raro regalar ediciones curiosas de grandes autores clásicos de la literatura y son muchas las editoriales que realizan un gran trabajo de documentación buscando obras poco o nada editadas en castellano y que puedan resultar de interés. Pues bien, uniendo estos dos preceptos de la obra perfecta para regalar en fiestas, nos encontramos con un libro de lo más curioso, el Diccionario gastronómico de Alejandro Dumas (padre).

Desde luego, la figura de Dumas parece fuente de inagotables anécdotas, que todavía hoy resultan frescas y sorprendentes. Dumas, autor -con o sin «ayuda»- fue el responsable de innumerables folletines hoy ensalzados como clásicos literarios, como Los tres mosqueteros o El conde de Montecristo, pero no hay que olvidar sus libros históricos, de viaje o incluso periodísticos. Que Dumas era un personaje más grande que la vida también es cierto, se enriqueció varias veces, lo perdió todo, se compró una mansión a las afueras de París y al final tuvo que esconderse en casa de su hijo mientras los acreedores le daban caza. Mujeriego, provocador y bon-vivant, el autor francés fue toda una estrella de su época.

Aunque su padre fue un general del ejército francés, su abuelo trabajó como maître del Duque de Orleans y se ve que esa curiosidad por la cocina se le metió en la sangre y aprovechaba siempre que podía para pasar un rato entre fogones. Es más, su fama como conocedor de la cocina francesa era la comidilla entre otros autores de la época como Bouilhet o Flaubert; se decía que incluso pagaba en el hotel que se alojaba en París para que le dejaran hacer sus pinitos en la cocina.

El Diccionario gastronómico que comenzó a escribir en 1858 es fruto de esa pasión, aunque casi serviría como remate a su obra, once años más tarde, poco antes de morir. Que nadie se engañe, esta no es una obra que se tomara a la ligera y tampoco es un recetario basado en sus obras. Es un libro de cocina que combina también la pasión de Dumas por las anécdotas, por las increíbles historias escritas y vividas a lo largo de su vida. Un libro a todas luces diferente que la editorial Gadir recupera para el disfrute de todos los amantes de la cocina, la historia y los grandes autores.

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Decorando con libros

AutorAlfredo Álamo el 12 de diciembre de 2011 en Noticias

La pasión por los libros es una pulsión difícil de ocultar. A los que nos gusta leer a cualquier hora y cualquier lugar solemos traspasar ese gusto por los libros a todos los aspectos de nuestra vida, siendo nuestra casa un lugar donde se nos reconoce a primera vista, bien sea por las largas estanterías llenas de libros o por las pilas de novelas que esperan su lugar, amontonadas por todas partes.

Pues bien, si por fin habéis arreglado vuestra casa, no tenéis libros en bendito desorden hasta debajo de los sillones y vuestra mesita de noche no alberga una copia a escala de la Biblioteca Nacional -como es mi caso, por desgracia-, os recomiendo esta galería de tipos de papel pintado relacionado con la literatura, una verdadera maravilla con distintos estilos que a mi me ha convencido. En cuanto despeje alguna pared de libros, seguro que encuentro espacio para poner más… libros dibujados.

Papel pintado
Papel pintado

La verdad es que son impresionantes y espero que puedan comprarse en España algún día. Podéis pegar un buen vistazo a la colección completa aquí. Por si acaso, ¿conocéis otros diseños parecidos? La respuesta, como siempre, en los comentarios.

Los libros de Lecturalia en 2011 (II)

AutorAlfredo Álamo el 11 de diciembre de 2011 en Noticias

HHhH

En esta segunda entrega de nuestros libros de 2011 pasamos de fijarnos en editoriales minoritarias, como Sajalín, Impedimenta o Valdemar, para comentaros dos novedades en editoriales un poco más grandes. Tampoco es que Seix Barral o Siruela sean las habituales acaparando escaparates en los centros comerciales, pero sí que tienen un punto más en cuanto a presencia en librerías.

HHhH, de Laurent Binet. El título del libro de Binet se refiere a la frase en alemán Himmlers Hirn heisst Heydrich (por lo visto una frase muy repetida en la Alemania Nazi) y recrea el plan para matar al líder de la Gestapo Reinhard Heydrich en la Praga de la II Guerra Mundial. Un libro de lo mejorcito del año y que ganó el Premio Goncourt a mejor Primera Novela en 2010. Acierto de Seix Barral que este año parece que ha dado un salto hacia delante con títulos como este.

HHhH. Tras este misterioso título se esconde la frase en alemán Himmlers Hirn heisst Heydrich, «el cerebro de Himmler se llama Heydrich». Esto es lo que se decía en las SS de Reinhard Heydrich, jefe de la Gestapo, considerado el hombre más peligroso del Tercer Reich y una de las figuras más enigmáticas del nazismo. En 1942, dos miembros de la Resistencia aterrizan en paracaídas en Praga con la misión de asesinarlo. Después del atentado, se refugian en una iglesia, donde, delatados por un traidor y acorralados por setecientos hombres de las SS, se suicidan.

El ejército furioso, de Fred Vargas. Podría estar mucho rato hablando de Fred Vargas; como ya he comentado en alguna ocasión, es una de mis autoras favoritas gracias a sus diálogos irreales, sus tramas enroscadas y sus personajes más grandes que la vida misma. Vargas es exceso en estado puro. Con El ejército furioso sigue con el protagonista que más éxito le ha dado, el comisario Adamsberg y, en la línea de sus últimos libros, mezclando lo policial con leyendas y mitos tradicionales que revive para nosotros con maestría.

El infalible comisario Adamsberg tendrá que enfrentarse a una terrorífica leyenda medieval normanda, la del Ejército Furioso: una horda de caballeros muertos vivientes que recorren los bosques tomándose la justicia por su mano… Una señora menuda, procedente de Normandía, espera a Adamsberg en la acera. No están citados, pero ella no quiere hablar con nadie más que con él. Una noche su hija vio al Ejército Furioso. Asesinos, ladrones, todos aquellos que no tienen la conciencia tranquila se sienten amenazados. Esta vieja leyenda será la señal de partida para una serie de asesinatos que se van a producir. Aunque el caso ocurre lejos de su circunscripción, Adamsberg acepta ir a investigar a ese pueblo aterrorizado por la superstición y los rumores. Ayudado por la gendarmería local, por su hijo Zerk y por sus colaboradores habituales, tratará de proteger de su macabro destino a las víctimas del Ejército Furioso.

Y hasta aquí mis recomendaciones. En los próximos días Gabriella Campbell irá desgranando sus libros favoritos de este año. ¿Y vosotros? ¿A qué esperáis para comentarnos vuestras obras más destacadas de 2011?

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Bosque Mitago, de Robert Holdstock

AutorAlfredo Álamo el 10 de diciembre de 2011 en Reseñas

Bosque Mitago - Robert Holdstock

Desde hace un par de años se habla en voz alta de que ha llegado la época de la fantasía para adultos de la mano de autores como George R.R. Martin o Patrick Rothfuss, dejando de lado a numerosos autores que practicaban una literatura de lo fantástico, no sólo orientada a un público adulto, sino a uno exigente con lo que leía. Este es el caso de Bosque Mitago, de Robert Holdstock, un clásico de la narrativa fantástica moderna y que hay que reivindicar para evitar que caiga en el olvido.

Bosque Mitago es un libro que combina de manera magistral el elemento fantástico con la ambientación realista, sobre todo gracias a su inteligente uso a lo largo de toda la narración de mitos bien conocidos y enraizados en la cultura occidental. Holdstock crea un puzle maravilloso en el que va encajando tanto piezas «míticas» reales con las de su propia invención, convirtiendo por momentos el resultado en un cuadro que podemos llegar a aceptar gracias a una pátina de verosimilitud -escasa, pero suficiente- que va dejando caer desde el principio del libro.

Holdstock nos lleva de la mano gracias a los personajes, Steve Huxley es el narrador, junto a los diarios de Harry Keaton y George Huxley, haciéndonos creer en la fantasía de Bosque Mitago a medida que Steve va creyendo también en lo que se encuentra, un bosque en el que encontramos los mitos creados por el inconsciente colectivo de toda la raza humana, pero a través del filtro personal del explorador que se interna en sus profundidades. La historia que cuenta, otra leyenda más que añadir a las que habitan el bosque, se convierte en su propia fantasía dentro de la fantasía, un juego que, a mi juicio, le sale redondo.

Bosque Mitago nació como cuento, ganando premios como el BSFA en 1981 y el World Fantasy Award de 1982, premios que volvería a ganar en 1984 y 1985 con la versión novelada de la historia. Hay que decir que una de las grandes virtudes de Bosque Mitago es que cuenta una leyenda como pocas, con un lenguaje maravilloso -gracias a Cristina Macía por la traducción- en menos de 250 páginas, algo casi imposible de encontrar hoy en día, debido, casi seguro, a criterios editoriales.

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Los libros de Lecturalia en 2011 (I)

AutorAlfredo Álamo el 9 de diciembre de 2011 en Noticias

La juguetería errante

Llega el fin de año y es el momento para que todas las webs y blogs saquen sus listados dedicados a desgranar lo mejor y peor del año literario, así que desde Lecturalia no podíamos ser menos y hemos pensado en prepararos una pequeña selección de títulos, algunos de los cuales ya hemos leído y otros por los que sentimos una necesidad, a veces preocupante, de que caigan en nuestras manos. Esta no pretende ser la lista de lo mejor publicado durante el año 2011, nada más lejos de nuestra intención, sino de esos libros que, famosos o no, han captado nuestra atención.

Empezaré por los que ha caído dentro mi radar personal, y en posteriores entregas el resto del equipo Lecturalia irá añadiendo esas pequeñas joyas que nos gusta destacar entre esa marabunta que es el panorama editorial en español.

La juguetería errante, de Edmund Crispin. Este era uno de esos libros que sólo con leer la sinopsis ya necesitaba leer. De hecho, lo acabo de terminar y ya estoy preparando una reseña que saldrá en los próximos días en Lecturalia. Debo decir que es delicioso, cargado de una ironía divertidísima y que mezcla con dominio el medio literario y el académico. Es como leer un libro del Inspector Morse, pero con una buena dosis de alucinógenos en el cuerpo.

Cuando el poeta Richard Cadogan decide pasar unos días de vacaciones en Oxford tras una discusión con el avaro de su editor, poco puede imaginar que lo primero que encontrará al llegar a la ciudad, en plena noche, será el cadáver de una mujer tendido en el suelo de una juguetería. Y menos aún que, cuando consigue regresar al lugar de los hechos con la policía, la juguetería habrá desaparecido y, en su lugar, lo que encontrarán será una tienda de ultramarinos en la que, naturalmente, tampoco hay cadáver. Cadogan decide entonces unir fuerzas con Gervase Fen, profesor de literatura inglesa y detective aficionado, el personaje más excéntrico de la ciudad, para resolver un misterio cuyas respuestas se les escapan. Así, el dúo libresco tendrá que enfrentarse a un testamento de lo más inusual, un asesinato imposible, pistas en forma de absurdo poema, y persecuciones alocadas por la ciudad a bordo del automóvil de Fen, Lily Christine III.

El callejón de las almas perdidas, de William Lindsay Gresham. La editorial Sajalín lleva un par de años sacando unos libros más que interesantes. Podríamos decir que rascan la superficie de la realidad para enseñarnos un mundo limítrofe con nuestro vivir cotidiano. En el caso de El callejón de las almas perdidas, Gresham nos traslada a una feria de fenómenos, de mediums, adivinos y seres deformes. A mí me ha ganado.

El callejón de las almas perdidas empieza con la extraordinaria descripción de un abyecto espectáculo de feria cuyo principal reclamo es «el monstruo», alguien que ha caído tan bajo que está dispuesto a humillarse, por un trago de whisky, delante de un público ávido de sensaciones extremas. El joven Stan Carlisle, que trabaja en la feria ambulante, está convencido de que nunca acabará así. Es inteligente y ambicioso, y pronto descubre que puede engañar a cualquiera encontrando su punto débil. En poco tiempo se convertirá en un mentalista de primera, pero triunfar en una feria ambulante timando a pobres desgraciados no es suficiente para Stan, quien decide establecerse como falso reverendo y médium para estafar a ricos desesperados que ansían comunicarse con difuntos queridos a cualquier precio. Parece que Stan tiene el mundo a sus pies y que nada ni nadie puede detenerlo? al menos por ahora.

Zothique, el último continente, de Clark Ashton Smith. De todos los integrantes del llamado Círculo de Lovecraft, Ashton Smith siempre fue uno de los que más me intrigaron. Poeta, pintor, de educación autodidacta, su talento parecía uno de los destinados a triunfar, pero en 1937 dejó la escritura y poco más se supo de él. Zothique es una antología de relatos en un futuro oscuro y que mezcla ciertos aspectos más cercanos a Howard con su apabullante imaginación. Un diamante para los aficionados, como yo, a la literatura fantástica más clásica.

«C.A. Smith concibe Zothique como el último continente de la Tierra, en un futuro muy distante en el que el sol se ha oscurecido, el mundo ha envejecido y feroces mares han engullido el resto de los continentes. Las ciencias han sido olvidadas con el devenir de los siglos; las oscuras artes de la brujería y la magia han resurgido. El resultado es un mundo oscuro de misterios ancestrales donde reyes lujuriosos y depravados y héroes vagabundos exploran y viven aventuras en paisajes tenebrosos, luchando con fuerza y sabiduría contra poderosos nigromantes y dioses extraños, bajo un sol moribundo».

Hasta aquí esta primera entrega. Pronto iremos añadiendo libros a nuestro listado y, como siempre, esperamos impacientes en los comentarios vuestras novelas favoritas de este año.

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